Capítulo 13

Perspectiva de Kagome.

Cuando llegamos al templo, las chicas ya se habían ido.

- Mamá, ya llegamos.

- ¡Hola, mis niñas! ¿Cómo están?

- Bien, mamá.

- ¡Hola, mami!

- Hola, mi pequeña Kikyo, ¿Cómo has estado?

- Bien, mami. ¿Y usted?

- Bien, querida. Vienen por Sota, ¿verdad?

- Sí, mami.

- Está en la sala, pasen.

- Gracias.

Nos fuimos a la sala.

- ¡Sota!

- ¡Kikyo!

- Oh, mi pequeño, ¿Cómo estás? ¿Te dolió mucho?

- No, solo al principio. Rin me cuidó mucho.

- Me alegro, mi pequeño.

Vi cómo Kikyo abrazaba a Sota y empecé a sonreír por lo bien que se llevan esos dos.

- ¿Cómo te caíste, Sota? - le preguntó.

- Pues...

- Anda, Sota, dile a Kikyo cómo te caíste.

- Hermana...

- Dile, dile, que fue porque ibas corriendo las escaleras y por eso te caíste de ellas.

- ¡Por Kami, Sota, pudiste haberte matado!

- Sí, lo sé, Kikyo, pero no lo volveré a hacer. Lo prometo.

- Está bien, ya pasó, mi pequeño Sota.

- Oye, ¿no lo vas a regañar por lo que hizo, Kikyo?

- No, porque tú ya lo hiciste, ¿no?

- Sí, pero...

- Pero nada, Kag. Ya deja al pobre tranquilo. - me regañó mientras acurrucaba a Sota a su lado.

- Oye, no me regañes a mí, es a él a quien tienes que regañar. No me dejes como la bruja. ¡Mamá, dile algo!.

- Ya, niñas, no peleen. Mejor demos gracias que no pasó a mayores el daño de Sota.

- Su madre tiene razón, niñas. - intervino el abuelo.

- Pero, abuelo...

- Pero nada, Kag. Ahora vamos a la mesa para cenar, ¿sí?

- Shhh, está bien. - le respondí cruzándome de brazos y haciendo puchero como una niña pequeña mientras todos se ríen de mí.

- Listo, niños, la cena está lista.

Pero justo alguien tocó la puerta.

- Yo voy. - les dije mientras caminaba hacia la puerta y la abría

- Hola, Kag.

- ¡Sango, pasa! Justo íbamos a cenar. ¿Te quedas, verdad?

- Claro.

- ¡Mamá! Llegó Sango, se queda a cenar.

- Oh, hola querida, ¿Cómo estás?

- Hola, tía. Bien, gracias. ¿Y usted?

- También linda, gracias. Pero pasa, pasa, linda.

- Gracias.

- Hola, Sango.

- Hola, abuelo. ¿Cómo está usted ?

- Bien, mi niña, pasa.

- Gracias.

- Hola, Sango.

- Hola, Kikis. ¿Cómo estás?

- Bien, gracias.

- ¡Sango!

- Mi enano, ¿Cómo estás?

- Bien, ya me siento mejor. ¿Y Kohaku no vino?

- No, Sota. Kohaku le pidió permiso a mi padre para ir a la casa de un amigo para terminar una tarea que es para mañana. Aún no le he contado lo que te pasó.

- Ah, mejor no le digas, Sango. Dile después que entregue su examen. Me dijo que era un examen muy importante.

- Sota, qué lindo eres. Está bien, se lo diré después, ¿sí?

- Ok, Sango.

- Ah, mira, esto es para ti.

- Oh, gracias. ¿Qué es?

- Ábrelo.

Sota abrió su regalo y saltó de emoción.

- ¡No lo creo! Es Majin Buu. ¡Oh, Sango, gracias!

Vi a mi hermano lanzarse a los brazos de Sango para llenarle la cara de besos, mientras yo me acercaba a Kikyo para susurrarle:

- Mira, ya te cambiaron.

Y Kikyo me sacó la lengua para responderme:

- Solo por unos minutos, ya verás que es a mí a quien él quiere más.

- Claro que no.

- Claro que sí.

- Que no.

- Que sí.

- Que...

- ¡Ya niñas, a comer!

- Sí, mamá. - decimos las dos para sentarnos a la mesa y empezar a cenar.

Perspectiva de Inuyasha.

- Inuyasha, mira, ya son las dos de la mañana y tengo sueño.

- Yo igual tengo sueño, pero aún faltan unos diez para envolver y ya.

- Sí, claro. Si el caballero no se hubiera ido a jugar con el hermano menor de la señorita Kagome, no se habría atrasado con esto.

- Ya deja de quejarte, Miroku.

- Sí, como sea. Oye, Inuyasha...

- ¿Mmm...?

- ¿Y en qué quedaron?

- ¿En qué quedamos de qué?

- Eso, ¿en qué quedaron? ¿Se van a ver mañana?

- Claro que sí.

- Y si mañana no tienes lo que quieres, ¿Qué harás?

- ¿A qué te refieres?

- Inuyasha, no te hagas el idiota. Sabes de lo que hablo.

- No sé, Miroku. Ni yo mismo sé qué es lo que quiero.

- ¿Cómo?

- Nada.

- ¿Cómo que nada? ¿Me estás diciendo que ni tú sabes lo que quieres? ¿Qué quieres decir con eso?

- No sé, Miroku. Kagome me está poniendo mi mundo de cabeza y eso que solo llevo dos días que la conozco.

- Eso es bueno.

- ¿Qué? ¿Por qué lo dices, Miroku? ¿No escuchaste lo que dije? Kagome está poniendo mi mundo de cabeza. ¿No entendiste eso?

- Inuyasha, quiero que seas sincero con lo que te voy a preguntar.

- Dime.

- Desde que conociste a la señorita Kagome, ¿has tenido sexo con alguna chica?

- ¿Qué?

- Solo responde sí o no.

- No.

- ¿Ni con tu secretaria?

- No. Bueno, ella me busca, pero no tengo ganas de estar con ella.

- Vaya.

- ¿Qué cosa?

- No, nada. Solo que creo que mi gran amigo está abriendo su corazón para un nuevo amor.

- Claro que no, Miroku. No digas estupideces.

- Bien, no digo nada más. El tiempo me dará la razón.

- Ya cállate.

- Estoy callado, amigo.

Pasaron dos minutos de silencio.

- Oye, idiota, ¿no vas a hablar más?

- No.

- ¿Por qué?

- Porque tengo sueño y quiero terminar con esto.

- Idiota. - le lancé el cojín.

- Oye, déjame terminar, tengo sueño.

- Sí, como sea. - le respondí mientras terminábamos con las últimas cosas que teníamos que envolver para al fin descansar. Pero en ningún momento pude sacarme de la cabeza a Kagome Higurashi.

Continuará...


Si llegaron hasta aquí, ¡gracias! :)

Crédito de la ortografía a la bella autora cbt1996. ¡Gracias, linda!