Capítulo 13: La Verdad

"Mientras haya un Macragge, yo estaré contigo, mi hijo, Roboute. Este no es sólo mi hogar, aquí está mi alma, mi familia, este mundo fue construido sobre mis sueños. Y también es tu familia. Macragge perdurará. Y mientras perdure, no estarás solo" Estas fueron las últimas palabras que Konor Guilliman le pronuncio a su hijo, palabras que aun hoy en día llenan al XIII primarca de la fuerza y voluntad para seguir hacia adelante, pese a que la galaxia misma esta en llamas.

Roboute Guilliman estaba tranquilo, incluso con la culpa de sus pasadas acciones carcomiéndole, él se encontraba tranquilo, más tranquilo de lo que había estado en décadas.

Levanto su mano, sujetando el curioso martillo, recompensa de sus acciones pasadas, su…teatro en Santa Terra. Una insistente voz dentro de su cabeza le culpaba, lo acusaba de traición, y lo insultaba por sus acciones. Aun así, su mente estaba en calma.

Movió su mano levemente, podía sentir como el poder del artefacto se filtraba a su cuerpo, empoderándolo. Si solo hubiese sido poder lo que esta arma ofrecía, Roboute no le hubiese interesado el pacto que la sedienta ofrecía, el poder no significaba nada para Roboute, si con este solo se puede usar para la destrucción. Afortunadamente el martillo del antiguo dios herrero de los Eldars tenía otras habilidades, habilidades, que eran mucho más útiles para el XIII hijo del emperador.

La primera, y posiblemente la que más le llamaba la atención, fue la visión. Roboute podía ver los desperfectos de la mesa, podía ver la distribución de los materiales usados, incluso podía identificarlos. Era fascinante, pese a que su mesa fue construida con el mayor cuidado por un experto artesano, Roboute podía ver las fallas que este cometió mientras la construía.

Roboute soltó el martillo con cuidado, asegurándose que este no estuviese lejos de su alcance, el poder que corría por sus venas se detuvo, y lentamente la visión que tenía regreso a la normalidad. Ya no podía ver esos pequeños errores que hace unos segundos le habían sido tan obvios, tampoco podía identificar los materiales que componían su mesa. En solo unos segundos, todo había regresado a la normalidad.

Roboute Guilliman se froto los ojos con cansancio. Al primarca realmente le hubiese gustado interrogar a la sedienta sobre el martillo. Pero la diosa simplemente no había aparecido, al parecer, esta simplemente se había limitado a dejar el martillo en su escritorio, y luego se fue a… el emperador sabrá que lugar.

Eso era raro. Pero no importante.

Él había esperado que la sedienta estuviese interesada en conversar, incluso podría haber intentado tentar su voluntad, puede que lo hubiese logrado, su voluntad había flaqueado inmensamente después de que el martillo le fuese arrebatado. Pero no, Slannesh simplemente no había aparecido, ¿Debía llamarla? No, eso sería peligroso, sus defensas mentales seguían frágiles. Lo mejor sería esperar, reconstruir su voluntad.

Roboute volvió a sujetar el martillo, mientras recordaba a sus hermanos, en el pasado, antes de esta locura, antes de que Horus cayese en el caos, Vulkan siempre había tenido una inmensa facilidad para forjar cualquier cosa, era como si las llamas se moviesen a su voluntad. Cuando él le pregunto a su hermano sobre su habilidad en la forja, Vulkan no había podido responder de forma clara, en su lugar trato de explicarle que era algo innato, el primarca de la XVIII Legión de Marines Espaciales, simplemente podía "ver" los materiales, y "escuchaba" en que querían transformarse. Roboute Guilliman no había entendido sus palabras, pero ahora, mientras sostenía el martillo sagrado, talvez, comprendía lo que su hermano quiso decirle, o al menos eso quería creer.

Roboute paso su martillo de una mano a otra, una y otra vez, había un curioso efecto de corto circuito en su cerebro, cada vez que el martillo cambiaba de mano, además de que su forma cambiaba ligeramente. ¿El martillo se acoplaba dependiendo de qué mano lo empuñase?

Bueno, eso no importaba.

Perdido en sus recuerdos Roboute recordó que otro de sus hermanos había tenido una curiosa habilidad para crear objetos. Ferrus Manus primarca de la X Legión de Marines Espaciales, sin embargo, sus habilidades, según el recordaba, provenían de una fuente diferente. El metal viviente que envolvía sus manos, mismo metal del cual estaban hechos los necrones.

Esto era interesante, debía regresar a su línea de tiempo, y comenzar a investigar, talvez asaltar uno de los mundos necrones que estaban cerca de Ultramar podría lanzar algunas verdades sobre estas nuevas habilidades a las que tenía acceso.

¿Por qué los Necrones no habían despertado en esta línea de tiempo? ¿Existían los necrones en esta línea de tiempo? Bueno, eso se podía comprobar fácilmente, una vez regresase a su línea de tiempo, sacaría de las bases de datos todas las ubicaciones de los mundos tumba detectados, él personalmente iba a hacer una purga en todos y cada uno de esos mundos.

Bueno, eso ya lo retomaría después, de momento debía concentrarse en el aquí, y ahora.

Belisarius Cawl se encontraba perfeccionando el rubicon primaris, tener el mayor número de marines primaris sería una ventaja táctica, para cuando Alpharius o Magnus lograsen organizar una fuerza de ataque capas de invadir Ultramar. Ninguno de esos dos era bueno en algo referente a la organización.

Aunque el verdadero problema sería Perturabo, primarca de la IV Legión, sería un oponente complicado, aun así, Roboute estaba confiado, su hermano, siempre había tenido una debilidad a la hora de ajustar sus rígidas tácticas, a problemas cambiantes, por lo que planeaba usar el próximo enfrentamiento como prueba para un par de nuevas tácticas que, dependiendo del resultado, podrían o no ser usadas en su línea de tiempo.

Luego estaba Konrad Curze, el carnicero, el castigo de los infieles, la ira del propio emperador, era curioso los títulos que su hermano había conseguido, aun así, incluso en esta línea de tiempo donde su legión había podido mantenerse leal, de alguna forma, el primarca de la VIII Legión, era quien menos había cambiado entre las dos líneas de tiempo. Seguía siendo un monstruo, un monstruo al servicio del imperio, sí, pero un monstruo al final de cuentas.

Bueno, ya se encargaría de eso, necesitaba apurarse y volver, él no podía desaparecer por largos periodos de tiempo, la situación del imperio en su línea de tiempo era precaria, y a ratos, era solo su presencia lo que evitaba que sectores enteros cayesen en la anarquía.

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Alpha Primus, era el hijo de Belisarius Cawl, el monde que sirvió como molde para la creación de los Primaris, el máximo guerrero que el genio de su padre pudiese alguna vez crear, eso, y mucho, mucho más. Aun así, su padre Belisarius Cawl se había negado a que el viajase a una expedición que él iba a realizar junto Roboute Guilliman.

No era como que Alpha Primus no comprendiese porque su padre lo quería lo más lejos posible del primarca. Su padre, Belisarius Cawl, lo había creado reuniendo tantos dones de los veinte primarcas como pudo. Era una especie de quimera, creada a partir de la semilla genética de varios hijos del emperador, tanto traidores como leales, si Roboute Guilliman llegase a enterarse seguramente su padre tendría problemas.

Aun así, se sentía inseguro, en especial porque su padre ya le había revelado al primarca, la existencia de una IA creada a partir de un mapa neuronal del propio Roboute Guilliman. No sabía que medidas disciplinarias había tomado el primarca para con su padre, asumiendo que hizo algo, pero la espera no le gustaba.

Los días pasaban, y su padre y el primarca no regresaban, ya llevaban cerca de dos meses fuera. Esperaba recibir noticias pronto, incluso si estas llegasen a ser malas noticias, cualquier cosa sería mejor que la espera interminable que se había visto obligado a realizar.

Alpha Primus cerro sus ojos, tratando de detectar la presencia de su padre, Belisarius Cawl, en la disformidad, pero esto resulto ser simplemente imposible.

Alpha Primus estaba atrapado en la órbita baja de Ultramar, esperando a que su padre/creador regresase de una expedición secreta. La situación no podía ser peor.

Pero como dice el dicho; "las cosas siempre pueden ir a peor"

Fue por un segundo que Alpha Primus lo sintió, sintió la presencia del hijo del emperador, era aterradora, era como sentir que el sol te quema la piel de la cara, incluso con los ojos bien cerrados.

Alpha Primus rápidamente abandono cualquier intento de buscar a su padre, y se refugió dentro de su cuerpo, levantando cuanta defensa psíquica pudiese. El primarca de la XIII legión había regresado.

Solo que su presencia era diferente, mucho más poderosa que la vez pasada, ya no era como ver a una pequeña llama que se esfuerza por mantenerse encendida en medio de la eterna tormenta que era la disformidad, ahora era un incendio que parecía consumir todo el planeta que tenía debajo. ¿Cómo era posible que él no lo hubiese sentido aproximarse? ¿Teletransportacion? No, el habría podido detectar algo de este tamaño a cientos de años luz de distancia, puede que incluso más. No, eso no importaba, si el primarca había regresado, significaba que su padre también debería haber vuelto, o al menos noticias de que fue de él.

Se preparó para descender al planeta, cuando uno de los asociados de Belisarius Cawl, lo detuvo, al parecer su padre había dejado instrucciones muy claras, de evitar que el desembarcase.

Alpha Primus gruño y maldijo a viva voz, pero termino cediendo, no queriendo acercarse al incendio que parecía estar consumiendo medio Ultramar en este momento. Y entonces desapareció.

De forma tan abrupta que Alpha Primus temió que alguien hubiese asesinado al XIII hijo del emperador en su propio hogar. Lanzo su mente al inmaterium, tratando de buscar respuestas, pero nada, el primarca seguía vivo, simplemente su presencia había regresado a la normalidad. Era una presencia inmensa si se comparaba con cualquier otro mortal, pero solo una pequeña llama, nada, si se le comparaba al incendio que había sido hace solo unos segundos. ¿Qué estaba pasando?

Se movió levemente, tentando las aguas, planteándose cual seguro era acercarse al planeta, pero una nueva presencia llego, esta era oscura, llena de maldad, y tan poderosa que su mera presencia en el borde del sistema solar le dolía.

Movió su vista, tratando de identificar lo que se aproximaba, pero no pudo hacerlo. La nueva presencia movió su mano, y bario a Alpha Primus de la disformidad, como si este no fuese más que un molesto insecto.

Alpha Primus logro regresar nuevamente a su cuerpo, claro que este milagroso escape le había costado toda su fuerza de voluntad, antes de desmayarse, volvió a levantar todas sus defensas psíquicas, a la espera de que lo que sea que llego a Ultramar, no se molestase en buscarlo.

Su último pensamiento consiente, fue una súplica de protección al Emperador.

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Roboute Guilliman regresaba a su línea de tiempo, como siempre, el viaje duro menos que un instante, eso sí, tardaría algunos días en recuperarse de los "efectos secundarios" por el viaje, bueno, eso no se podía evitar.

Lo primero en su lista de pendientes, era guardar el martillo de Vaul, en algún lugar donde los espías Eldar que pululaban su mundo, no pudiesen encontrarlo. Por fortuna había hecho que el archimago Belisarius Cawl le construyese una caja fuerte en la habitación del portal, una medida preventiva en caso de que él obtuviese algo tan peligroso que se viera obligado a guardarlo en otra línea de tiempo, una caja de piedra negra, forjada en los mismos matariles que usaban los necrones para sus pilares negros, además de estar protegida de todo poder psíquico por los dones innatos de un paria(El cual esperaba estuviese muerto, como se lo había ordenado al archimago).

Esperaba que estas medidas bastasen para esconder la herramienta de un dios muerto.

Tan pronto como Roboute dejo el martillo, y cerro la caja fuerte, sintió una extraña sensación de vació, como si le faltase un parte, como si estuviese incompleto. Si su espíritu fuese un poco más débil, no habría podido evitar esa imperiosa necesidad de recuperar el martillo, pero por fortuna su espíritu era fuerte, y logro reprimir ese deseo.

Subió al asesor secreto al final de la habitación, y se dirigió a sus aposentos privados, tenía planeado descansar todo lo que pudiese, al menos hasta que se pudiesen reunir las fuerzas necesarias para asaltar algún mundo tumba ubicado en el sector Charadon.

Aunque primero tendría que quitarse la armadura, era imposible descansar mientras los servos de la armadura del destino siguiesen sonando en su oreja.

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Amberley Vail, era una inquisidora retirada, pero la verdad, era que nadie se retira realmente en la inquisición, como en algún momento lo dijo un gran sabio, cuyo nombre ya fue olvidado hace milenios; "El deber solo termina en la muerte"

Amberley Vail, eran una inquisidora en una misión, una misión otorgada por el propio emperador. Misión que tenía como objetivo recuperar un arma que podría cambiar las tornas en la guerra que estaba librándose atreves de la galaxia.

Al principio tuvo sus dudas, dudas que aumentaron cuando se enteró de la verdad que ocultaba su destino. Un mundo maldito, cuna de una de las legiones traidoras a la humanidad y el emperador, Olimpia. El hogar maldito de la legión de Hierro.

Amberley Vail estuvo a punto de cancelar todo, cuando uno de los custodes, la guardia personal del emperador se presentó en su puerta.

La inquisidora ya había trabajado con los astartes, los ángeles del emperador, los emisarios de su furia. Pero esto era distinto, uno de los 10 000, uno de los santos más santos, uno de los guardias personales de Santa Terra, escogidos por el propio emperador, estaba silenciosamente parado en la puerta de su finca de retiro.

El custode no dijo palabra alguna, ni siquiera un sonido, el inmenso guardia dorado, solo se paró allí, esperando que Amberley Vail comenzase la misión que se le había encomendado, ya que este poderoso guerrero, sería su guarda espaldas en esta búsqueda.

Amberley Vail partió esa misma tarde, usando sus viejos contactos logro conseguir los recursos que dicha expedición iba a necesitar en el camino. Las corrientes de la disformidad fueron extremadamente favorables, logrando realizar santos muy precisos, y en tiempo record.

El Campo Geller que protegía la nave se apagó a mitad de un salto, pero, contrario a cualquier cosa que se podría esperar en una situación como esa, ningún demonio trato de atacar la nave que los transportaba. El Emperador no había escatimado esfuerzos para garantizar el éxito en esta búsqueda.

Al llegar al planeta, el sequito de Amberley se dividió, tratando de ubicar mejor lo que se supone habían venido a buscar, fue tedioso, el planeta había estado muerto por más de 10 000 años estándar. Por fortuna su búsqueda termino cuando su tecnosacerdote, logro localizar una extraña señal de energía.

La señal provenía de un antiquísimo palacio, ubicado cerca del ecuador del planeta. La estructura parecía haber logrado sobrevivir a los años, por la gracia de un ente ajeno al emperador.

Ese ente resultaría ser los Eldars, apenas Amberley hubo aterrisado en las inmediaciones del palacio de roca, dos arlequines saltaron, dibujando piruetas imposibles esquivaron las balas que sus seguidores dispararon, y estuvieron a nada de atacarla. Pero el inmenso Custodio que había venido con ella, se interpuso.

Con un rápido movimiento de una mano, el inmenso guerrero dorado, corto en dos a uno de los asquerosos xenos, el segundo posiblemente sintió miedo al ver a uno de los guardias del emperador, por lo que trato de correr, grave error, su destino había estado gravado en piedra desde el momento que se arrastraron fuera de sus escondites. El Custodio lanzo su lanza, y esta empalo al segundo arlequín. Pero como es su naturaleza, el xeno no murió de forma tranquila, en su lugar murió mientras se reía burlonamente.

Amberley odiaba a los arlequines, ya que estos xenos, incluso para morir, son innecesariamente dramáticos.

Por fortuna el resto de la búsqueda fue fácil. La espada que la inquisidora había visto en sus sueños, estaba clavada en una estatua, estatua que se encontraba anormalmente limpia, y en buenas condiciones. ¿Los arlequines habían estado cuidando la estatua? ¿Por qué? ¿A quién le pertenecía? Muchas preguntas, pero ninguna respuesta.

El tecnosacerdote bajo las órdenes directas de Amberley fue el encargado de retirar la espada de la forma más segura posible, además de guardarla en un lugar seguro. Si los sueños que había tenido en los últimos días eran verídicos, la espada era una poderosa arma, un arma, que solo un hijo leal al emperador, podría empuñar sin ser corrompido por el inmenso poder. Y actualmente solo había un hijo vivo del emperador en toda la galaxia.

La espada fue aislada en un campo de estasis, y luego trasportada a la nave, con el mayor cuidado posible.

Si bien el viaje hasta este punto había resultado ser fácil, el regreso, fue problemático, la nave no hubo salido de orbita cuando cientos de naves xenos la atacaron. Era imposible que una única nave lograse triunfar contra tantos enemigos, así que Amberley tuvo que ordenar un salto de emergencia al inmaterium.

Las cosas no mejoraron después, ya que los xenos parecían estar muy empeñados en recuperar la espada. Tanto que Amberley se vio obligada a usar sus conexiones en la inquisición, para solicitar la ayuda de la mismísima DEATWATCH.

Una coalición de varios inquisidores se tuvo que formar, para detener la incansable persecución de los xenos, por fortuna la presencia de uno de los custodes, le facilito mucho las cosas a Amberley. Ningún inquisidor estaba dispuesto a poner en duda la importancia de una misión, a la que el propio emperador envió uno de sus guardias personales.

La batalla duro casi un mes, un mes en el que Amberley fue incapaz de abandonar su posición, atrincherada en una batalla sin cuartel contra los xenos, los cuales simplemente no parecían tener fin.

Por fortuna hace unos pocos días, la ingente cantidad de xenos que se lanzaban a por su nave, parecían haber disminuido, lo cual le permitió pasar el liderazgo de la coalición a un inquisidor más joven, mientras ella ponía rumbo a Ultramar, era hora de completar su misión.

La sangrienta guerra entre la inquisición y los xenos llego a llamarse como; "la guerra de la espada de cenizas" Fue una guerra rápida, pero sangrienta, diez regimientos del astra militarum fueron desplegados a lo largo de cinco planetas del sistema Talon, y al menos una compañía completa de la DEATWATCH fue necesaria.

Como dato positivo de la guerra, la inquisición logro reconquistar el antiguamente abandonado sistema Talon, y seguramente se convertiría en una base para el ordo xenos.

Bueno, eso no le importaba a la inquisidora Amberley, quien después de experimentar una guerra contra los xenos, estaba convencida de la importancia de su misión. Por fortuna las corrientes de la disformidad le favorecieron nuevamente, permitiéndole un viaje rápido y seguro atreves del inmaterium.

Cuando su nave finalmente llego a Macragge, el custodio que la había estado protegiendo, desapareció, de la misma misteriosa forma en la que había aparecido en un principio. Esto no desanimo a la inquisidora, aquí, en el corazón del Ultramar, poco tenia ella que temer.

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Roboute Guilliman estaba descansando en sus aposentos privados, se había logrado quitar la armadura que Belisarius Cawl había creado en las forjas de marte, hace solo unas horas, seguía siendo doloroso desprenderse de esa maldita armadura, aunque la verdad era que el dolor había disminuido inmensamente desde su batalla contra Mortarion.

La herida que su hermano Fulgrim le había ocasionado seguía siendo dolorosa, pero parecía haber comenzado a sanar, o al menos el primarca quería creer eso.

Su cuerpo sin la armadura se sentía ligero, libre. Era una sensación agradable, la cual le recordaba que él no era únicamente una máquina de matar. Él era humano, un hijo del emperador, sí, pero seguía siendo un humano, uno que se cansa, que se equivoca, que tiene hambre, frio, y miedo, pero que, sin importar los obstáculos, siempre va a tratar de mejorar.

Sus ojos se estaban cerrando. Él podría ser un primarca, pero seguía teniendo un límite, y los últimos eventos lo habían llevado peligrosamente a ese límite. Necesitaba dormir, necesitaba descansar.

Finalmente perdió la batalla, el cansancio gano, cayo dormido, su mente se apagó, y sus preocupaciones le abandonaron. Sus sueños no fueron agradables, pero al menos no eran una amalgama de pesadillas inconexas.

Roboute Guilliman soñó con sus hermanos, soñó con un futuro que pudo haber sido, si Horus no hubiese caído en las manos del caos. Soñó con la era dorada de la humanidad, que el emperador le había prometido cuando se encontraron por primera vez.

Terminada la gran cruzada, la humanidad estaba a salvo, claro que aún había peligros latentes en el imperio, pero ya nada podía negar el destino de la humanidad.

El primer tema al final de la gran cruzada era Agron sin duda, esos malditos clavos del carnicero, que los malditos reyes que lo habían esclavizado le habían instalado en su cerebro, debían ser extirpados. Y con una cuidadosa intervención de Perturavo, Ferrus, y su padre, los clavos finalmente fueron extirpados, no solo de su hermano, sino también de todos los miembros de su legión.

El segundo tema serían los psíquicos, al igual que la legión de Magnus, azotada por las mutaciones y los males de la disformidad. Roboute era consiente que eliminar a los psíquicos era imposible, por lo que se emitirían órdenes para crear una instalación educativa en cada planeta, estas instalaciones serían las encargadas de entrenas a los psíquicos para que estos pudiesen controlar sus poderes de forma segura.

El siguiente tema, y el siguiente problema. Y el que sigue después de ese. Roboute Guilliman soñó con crear una solución para todos los problemas que aquejaban al imperio, a sus hermanos, y a la humanidad.

Retirar el metal de los brazos de Ferrus, controlar los ataques psicópatas de Curze, limitar el desproporcionado ego de Fulgrim. Todos los problemas se solucionarían con esfuerzo. Y el futuro de la humanidad sería más brillante con cada solución que se encontrase.

Pero, lo bueno no dura, y los sueños del primarca se vieron interrumpidos, cuando uno de sus hijos genéticos toco la puerta.

Él había dejado en claro que no quería ser interrumpido a no ser que fuese algo urgente, y el golpeteo algo alarmado de su hijo genético dejaba en claro que la situación era urgente.

Se levantó, arrojando a lo más profundo de su mente ese sueño, ese sueño representaba la esperanza que el aun sentía, y llegado el momento esa esperanza le sería muy útil. Pero no ahora, ahora necesitaba estar centrado.

Se vistió simplemente, todavía estaba sin armadura, pero eso podría esperar.

Dejo que su hijo ingresase, para que este pudiese informarle porque habían interrumpido su descanso.

-Mi señor una inquisidora ha llegado, aleja a ver venido por mandato directo del propio emperador. –Informo el Ultramarin.

Roboute Guilliman rodo los ojos, los inquisidores siempre venían por mandato directo de su padre, o al menos eso creían. La verdad era; que la mayoría de los inquisidores eran solo unos locos, sedientos de poder. Si no fuesen tan poderosos e influyentes en el imperio, ya los habría exterminado.

- ¿Tiene algo que valide su supuesta declaración? –Pregunto diplomáticamente Guilliman.

El ultramarin asintió.

-Si mi señor, un custode la trajo.

-Vale eso es interesante, y ¿Dónde está ese custode en este momento?

-No lo sabemos señor, el custode simplemente desapareció. Seguimos buscándolo, pero tenemos razones para creer que ya no se encuentra en el planeta.

-Vale, un custode, supongo que este inquisidor si ha venido por mandato de mi padre. ¿Alguna idea de que busque?

-No sabría que responder, la inquisidora Amberley Vail ha declarado que solo hablara de sus motivos con usted. Aunque parece estar transportando un artefacto de extrañas cualidades con ella. Le ruego que tenga cuidado, nuestro capellán perdió el conocimiento cuando trato de examinarlo.

-Un artefacto peligroso, si un custode en verdad la trajo, es poco probable que se trate de una treta para asesinarme, aun así, no me puedo imaginar que pueda querer una inquisidora conmigo. –Guilliman se quedó pensando, hasta que llego a una idea. –Bien me reuniré con ella.

-Mi señor, ¿no piensa llevar su armadura?

-No, tratemos de mostrar algo de buena voluntad, eso sí, quiero un equipo armado con armas de plasma en reserva, si esta inquisidora no es quien dice ser, no nos contendremos a la hora de castigarla.

-Por su voluntad.

Roboute Guilliman no quería reunirse con la inquisidora, pero le llamaba la atención el hecho que fuese un custode quien la trajese. Maldijo a los custodes, le había costado mucho deshacerse de su eterna vigilia, pero al parecer seguían molestándolo.

Se paró frente a la puerta, aun sin animarse a entrar.

Reviso su ropa, vestía una cómoda toga blanca, sin arreglos, una apropiada vestimenta si quería dejar en claro que no le guardaba ninguna intención hostil a la inquisidora, podría haber traído la espada de su padre, pero desde los hechos ocurridos en el trono dorado de la otra línea de tiempo, esa espada se sentía extraña cuando la empuñaba.

El equipo de respaldo que había ordenado preparar, ya estaba tomando posiciones defensivas. Una veintena de marines espaciales, tres con armadura exterminador, todos armados con armamento de plasma. Si la inquisidora resultaba ser una enemiga, no le faltarían verdugos.

Roboute suspiro sonoramente, antes de ponerse su mejor mascara de político. Empujo la puerta, y comenzó la actuación.

-Inquisidora Amberley del Ordo Xenos, es un inesperado placer conocerla en persona. –Saludo Roboute Guilliman, mientras hacia una pequeña reverencia con su cabeza. La inquisidora resulto ser mucho más vieja de lo que había anticipado. Era claro que había vivido una larga vida al servicio del imperio, pero ya debería haberse retirado.

Amberley se levantó para saludar al hijo del emperador, lo hizo lentamente, sus piernas ya no eran lo que fueron, pero por fortuna, el primarca no pareció molestarle que se tomase su tiempo.

-Robotute Guilliman, Lord Comandante del imperio, primarca de la XIII legión de marines espaciales, y ultimo hijo leal al emperador. Es un gran placer poder verlo en persona. –Sus palabras fueron honestas, ella como inquisidora que era, admiraba la dedicación de los Ultramarines ponían en la protección del imperio de la humanidad. El imperio habría caído en desgracia hace mucho, si no fuese por el sacrificio desmedido de sus fieles protectores.

-Escuche, que vino por un asunto, un encargo de mí p…., del emperador ¿verdad? –Guilliman se contuvo, el nunca más llamaría padre a esa cosa que se sentaba en el trono dorado, eso no era un padre, ese cadáver putrefacto que se mantenía por el incalculable sacrificio de miles de almas humanas al día, era un parasito, uno que si no fuese por la total dependencia del astronomicon para los viajes por la disformidad…no, no debía pensar en eso ahora, no en este momento, ese sería un problema para después.

Amberley pudo notar como el tono de voz del primarca vacilaba débilmente cuando se refirió al emperador. No le jugaría por eso, mientras el emperador era un dios para la humanidad, Roboute lo había visto caminar, había sido su hijo, e incluso pudo llamarlo padre, seguramente se sentía incómodo por la situación actual del imperio que él y sus hermanos crearon.

-Si mi señor. – Amberley se movió presentando lo que había traído. Una caja, la cual mantenía en éxtasis una reliquia tan valiosa que los xenos que la custodiaban iniciaron una guerra para recuperarla. –Por órdenes del propio Emperador, le traigo esta poderosa arma. La cual le será de gran ayuda en las batallas por venir.

Roboute pudo notar que algo estaba mal con la inquisidora, algo en su voz, algo en la forma en que se movía. Estaba apurada, eso estaba claro, pero había algo que se sentía antinatural en la actitud de la inquisidora.

- ¿Y esa arma, fue el emperador quien dijo que me la trajeses?

-Exactamente mi señor, el emperador me mostro el futuro en su sueño, y, no fue agradable, la oscuridad que amenaza al imperio no será derrotada usando solo la fuerza bruna, y su vida corre peligro, por eso, para nivelar las cosas, el emperador, me pidió que le trajese esta arma.

Amberley se separó del artefacto de arqueo tecnología, encargado de proteger la reliquia que el emperador le había mostrado en sus sueños.

Roboute sintió la impaciencia en la actitud de la inquisidora, aun así, no parecía estar mintiendo, Amberley parecía creer realmente todas y cada una de las palabras que decía.

Guilliman examino el arma, una espada hecha de piedra, o al menos eso parecía. El primarca podía sentir el poder escapándose del campo que trataba de contenerlo. Era un arma poderosa.

Era… hermosa de una forma extraña, no hermosa como un arma ritual, sino más bien, era hermosa por su simpleza, era un arma destinada a la simple matanza, nada más, nada menos.

Roboute Guilliman tembló mientras comprendía, que el poseedor de esa arma, podría seguir matando incluso después de que la última estrella del firmamento se apagase. Alargo la mano, y extrajo el arma, con gran cuidado. Asegurándose que mantener sus defensas mentales firmes en todo momento.

El poder recorrió su cuerpo, desde la punta de sus dedos, hasta sus pies, llenándolo con una fuerza que el primarca no había sentido nunca. Era poder en bruto, nada más.

Con un poco más de confianza agarro el arma con más fuerza. La sensación era parecía a la primera vez que sostuvo el martillo de Vaul, aunque diferente en varios puntos clave, no había sabiduría en este poder, solo furia y fuego, aun así, el primarca podía sentir que mientras empuñase esta arma, podría destruir a todos los enemigos de la humanidad.

La venganza. La justa retribución por todos los horrores que los traidores a la humanidad habían liberado, estaba a su alcance, y terrible seria su juicio.

Primero rompería las flotas de la cruzada negra, y quemaría las almas de esos malditos traidores en las llamas de su furia.

Abadon había liberado una incantable cantidad de crueldad sobre la humanidad, un castigo justo sería necesario. Después de destruir su flota, ataría lo que quedase de su alma a la proa de su barco, para que presenciase el final de todos los traidores que tuviesen la desgracia de toparse en su camino.

Cazaría una a una a todas las legiones traidoras dentro del ojo del terror, y todos y cada uno de sus miembros arderían, de tal forma, que ni siquiera los dioses del caos pudiesen reclamar sus almas.

La humanidad por fin obtendría justicia por todo el derramamiento de sangre y el tormento cometido en su contra.

Millones de demonios se opondrían, y el los mataría a todos, los borraría para siempre de la existencia.

Su furia era tan, que ni los dioses escaparían…

No, eso era falso, él lo sabía, había presenciado los incalculables esclavos que servían a la sedienta, y solo un tonto pensaría que sus hermanos no igualarían dicho número de esclavos.

Era imposible para el luchar en tal desventaja numérica.

Pero el poder

No. esto no era sobre el poder, esto nunca se trató de venganza o gloria, esto era por el futuro de la humanidad, el futuro que el quería construir para sus hijos.

Roboute Guilliman expulso a la molesta presencia que habitaba dentro de la espada. Un eco, una sombra, de su antiguo dueño.

La rabia disminuyo, pero no desapareció, nuca desaparecería, no mientras la humanidad fuese esclava de la ignorancia y el fanatismo.

El primarca forzó su conciencia sobre cualquiera que fuese la entidad que se creía con el poder para controlar su destino. Y la aplasto con su fuerza de voluntad.

-Esta espada, es sin duda un arma poderosa, pero también es peligrosa. –Roboute Guilliman devolvió la espada al lugar de donde la había sacado. Ante la horrorisada mirada de la inquisidora.

-Pero mi señor ¿la espada? ¿su destino?

Roboute Guilliman por fin pudo entender que era eso que le parecía extraño, al mirar dentro de los ojos de Amberley Vail, pudo ver a la sedienta. Esta era quien había orquestado toda esta situación.

Con gran odio levanto su mano, y toco el hombro de la inquisidora, podría matarla, pero eso no afectaría a quien la controlaba. Así que no lo hizo.

Por unos segundos Guilliman se arrepintió de no ser psíquico, deseaba poder usar su poder para expulsar al demonio que se estaba apoderando del cuerpo de Amberley. Pero esto era imposible…

Fue en ese momento que un inmenso alboroto se pudo escuchar afuera de la pequeña sala de conferencias.

Guilliman llevo su mano al comunicador en su oreja, preguntándose cuál podría ser el problema, Marneus Calgar le informo que Eldrad Ulthran había llegado, y estaba exigiendo una audiencia con él primarca.

Roboute Guilliman suspiro cansado, aun así, era una oportunidad, él no tenía los medios necesarios para salvar a la inquisidora, pero los Eldars sí.

-Muy bien, Capitán, dile a Eldrad Ulthran que puedo verlo en este instante, y luego tráelo a esta sala de conferencias. –Roboute pudo ver como la sedienta se retorcía dentro de los ojos de la inquisidora, para luego desaparecer.

¿Qué había pasado? ¿Se había ido? ¿Así de simple? ¿Sin más?

El cuerpo de Amberley parecio perder fuerza, y Roboute tuvo que ayudarla a sentarse, la inquisitoria parecía estar bien, aunque muy, muy cansada.

-Inquisidora, dejaremos de momento esta conversación, parece que tengo otro asunto que atender.

Amberley asintió despacio, y por unos segundos Roboute pudo ver todos los años que la inquisidora tenia de servicio, reflejados en un par de ojos incomparablemente cansados.

Sin la influencia de la sedienta, la enérgica inquisidora quedo reducida a nada más que una pobre anciana, que se esforzaba por respirar.

La rabia que sintió Guilliman al darse cuenta de cuál era el estado de la marioneta de Slannesh fue tan grande, que estuvo a nada de sujetar nuevamente la espada que esta había traído, y lanzarse de cabeza contra la diosa.

Maldijo a los dioses, que se creían con el derecho de jugar con las vidas de la humanidad, y su resolución en acabar con ellos usando cualquier método aumento. Aun así, logro mantener una fachada de tranquilidad, estaba a punto de recibir una molesta visita.

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Eldrad Ulthran caminaba apresuradamente por los pasillos de la fortaleza de Hera, no sabía cuánto tiempo le quedaba, pero este no podía ser mucho, acababa de desafiar a Cegorach, el dios que ríe.

Cegorach deseaba que la sedienta entregase la antigua arma de un dios ya olvidado hace millones de años, a Roboute Guilliman, deseaba que el XIII hijo del emperador buscase la asunción a la divinidad. El dios que ríe, creía que podría usar al primarca para engañar a la sedienta. Él no estaba tan seguro, había combatido demasiado tiempo con/alado de los humanos, como para no haber aprendido algo de estos simios sin pelo.

Los humanos no se rinden, luchan, mueren, e incluso aquellos que se rompen, siempre lo hacen en sus términos. Tratar de controlar a los humanos es una falacia en el mejor de los casos, incluso los dioses del caos tenían problemas a la hora de controlar a estos simios sin pelo.

Por eso, la idea de controlar a un hijo del Anatema, alguien que en su infinita arrogancia obligo a la propia galaxia a arrodillarse no una, sino dos veces, era una estupidez.

Talvez con una mejor preparación se podría manipular a algún otro, pero no a Guilliman, el treceavo, era entre sus iguales, el más humano de todos los hijos del emperador, con todos los problemas que eso implica.

No por nada aquellos hijos de la treceava legión, que habían caído al caos, eran ¡y por mucho! los más salvajes y despiadados señores de la guerra, que recorrían la galaxia. Seres tan retorcidos, que ni Abadon, el señor de la guerra, campeón de los cuatro dioses oscuros, podía controlar.

Cegorach no controlaría a Roboute Guilliman, la sedienta tampoco podría, y cuando el primarca ascendiese a la divinidad, quien pagaría los platos rotos seria su pueblo.

A la humanidad no se le podía controlar, a lo mucho se le podía dirigir (en una dirección aproximada) y a menudo eso requería un gasto inmenso de recursos y tiempo.

Por eso debía detener el plan de su dios, primero trato de evitar que la reliquia cayese en manos de la sedienta, cosa difícil considerando la cantidad de reliquias que hay en la galaxia, y lo extensa que es esta.

Por fortuna, la sedienta no se andaba por las ramas, y apunto a una reliquia poderosa desde el inicio; El espadón de los príncipes gemelos, una reliquia antiquísima, perteneciente a una época ya olvidada.

Un arma poderosa, que había consumido mundos enteros en mares de luz y fuego. Había sido sellada hace más o menos 30 000 años, por los mejores guerreros Eldars de esa época, no sin pagar un altísimo costo. Ya que solo la mitad de la partida de caza volvió a su hogar, el resto ardió, en llamas que consumieron hasta sus almas inmortales.

Eldrad sabía que era un arma poderosa si se quería luchar contra el caos y los no nacidos, pero también era muy peligrosa por la maldición que pesaba sobre ella. La maldición de las llamas y cenizas, atrapaba a su portador en un trance de guerra constante, algo de lo que era muy difícil escapar.

Puede, que el día de hoy Eldrad Ulthran tuviese que matar a un primarca, para defender el futuro de su gente.

La caminata llego a si fin, Marneus Calgar le señalo una puerta frente a él.

-Mi padre te espera escoria xeno.

Eldrad Ulthran movió los ojos con desgana, el encantador tratamiento Mon-keigh, estos humanos habían evolucionado tan poco en tanto tiempo, al final nunca pudieron comprender que fue su modo tan despectivo de tratar a las demás especies sintientes de la galaxia, lo que ocasionó que estas se revelasen a la primera muestra de debilidad de la humanidad.

La puerta se abrió, y por las lágrimas de Isha, la espada no estaba en las manos de un enloquecido primarca. Aún estaba a tiempo.

-Gracias a Lileath por esta gracia divina. –Exclamo Eldrad sin darse cuenta.

Marneus Calgar levanto una ceja ante esa declaración, pero Eldrad Ulthran no le daría tiempo a reaccionar, entro rápidamente a la habitación, cerrando la puerta detrás de él.

-Esta es sin duda una situación rara Eldrad Ulthran, generalmente soy yo quien te busca, y tú siempre pones escusas para no verme en persona. –Comento Roboute Guilliman con algo parecido a la burla en su tono de voz.

Eldrad Ulthran no dijo nada, no tenía nada que decir, la verdad estaba asombrado que Cegorach no hubiese enviado a uno de sus sirvientes a matarlo. Bueno, eso tendría que descubrirlo después, de momento tenía otros asuntos que atender, asuntos más importantes.

-Roboute Guilliman, me siento honrado en que aceptases esta reunión, con tan poco tiempo de antelación. - Eldrad Ulthran realizo una exagerada reverencia. Un acto que tenía como objetivo examinar el estado de ánimo del primarca.

Roboute Guilliman movió una mano con cansancio, despreciando el exagerado gesto.

-Por favor Eldrad, no hacen falta estos falsos gestos de cortesía. –Comento el primarca mientras ofrecía un asiento al Eldar. -Somos aliados, al menos de momento.

-Un momento que espero se extienda indefinidamente. –Eldran se sentó, las sillas humanas no eran muy cómodas para los estándares Eldar, pero no era el mejor momento para comenzar a picar la paciencia del hijo del Emperador.

Eldrad Ulthran noto como la reliquia que había venido a buscar estaba cerca del primarca, peligrosamente cerca. Si bien la espada aún estaba contenida en un campo de éxtasis, su presencia ya había comenzado a escapar de su prisión.

Una conversación banal comenzó, saludos, y buenos deseos de prosperidad fueron intercambiados. Mientras ninguno de los presentes parecía estar interesado en llegar al punto principal.

-Por favor basura xenos, podría decir de una vez cual es el tema que te trae, para que podamos disparate de una buena vez.

Eldrad Ulthran salto ligeramente al escuchar esas palabras, él había pasado por alto la presencia de la anciana inquisidora, que también estaba en la sala.

No, eso no fue lo que lo asusto, lo que realmente le aterro fue notar que esta vieja humana, se había convertido en un avatar de la sedienta. Maldición, había estado tan apurado en llegar, que no se preocupó en tomar medidas en caso de los peores escenarios posibles.

-Eldrad Ulthran, permíteme presentarte a Amberley Vail, inquisidora del ordo xenos, Amberley Vail, él es Eldrad Ulthran, antiguo vidente de del Mundo Astronave Ulthwé.

-Sí, ya lo conocía. –La voz de Amberley tenía un tono oscuro. Amenazante.

Eldrad Ulthran se limitó a asentir. Sabiendo que no podía hacer nada, de momento. Si revelaba el disfraz de la sedienta, esta lo mataría, y luego atacaría al primarca, quien al verse privado de sus armas seguramente terminaría empuñando la espada que tenía a su lado, de allí, ¿Cuánto tiempo tardaría la espada en corromper la voluntad del primarca? era imposible saberlo.

Eldrad Ulthran debía actuar con cuidado.

-Roboute Guilliman, XIII hijo del emperador, vengo a advertirte. La reliquia que posee. -Eldrad Ulthran señalo dramáticamente la espada aun contenida. –Esa es una reliquia peligrosa, si bien es poderosa, ha llevado a millones antes que tú a la locura total. Mundos enteros han ardido cuando sus pasados dueños perdieron el control.

-Muérdete la lengua xeno, él es un hijo del propio emperador, un semidiós de la guerra. No puedes esperar compararlo con cualquier otro pobre diablo que tu raza o las otras razas inferiores puedan producir. Su voluntad prevalecerá donde todos fallaron antes.

Eldrad Ulthran trago saliva, eso era posible, de hecho, su dios, Cegorach, contaba con eso. Contaba con que Guilliman podría empuñar esa reliquia, sin corromperse demaciado. El problema vendría después, cuando el deseo de más poder le afectase, y comenzase a buscar la asunción a la divinidad.

-Señorita, Amberley Vail ¿Verdad? Acaso está poniendo el destino de su raza en una reliquia proveniente de un tiempo antes de que la humanidad fuese escupida del lodo primordial, el emperador se sentiría tan decepcionado con sus palabras.

-El Emperador respaldo mi búsqueda, uno de sus guardias personales me guio al lugar exacto donde la reliquia descansaba.

Eldrad Ulthran regreso a ver a Roboute Guilliman, quien asintió.

-Uno de los Custodes protegió a la señorita Amberley. –Concordó Roboute.

Eldrad Ulthran sintió miedo, una cosa era que el emperador dejase que la sedienta corrompiese a su hijo, y una muy distinta era apoyar abiertamente dicha acción. ¿Acaso su dios era consciente de esta traición?

-Me niego a creer que el emperador, respalde este tipo de acciones. Roboute, habla con la verdad. - Eldrad Ulthran movió sus dedos, invocando el poder de las runas talladas en los huesos del primarca. –¿Crees que esta maldita espada es parte del futuro de la humanidad?

Guilliman asintió, ignorando deliberadamente las acciones de Eldrad.

-Hablas con la verdad Eldran, esta arma que la inquisidora trajo ante mi es algo peligroso, pero, la inquisidora también tiene razón, no puedo enfrentar a mis hermanos, ellos fueron bendecidos con inmensos poderes por los dioses a los que sirven, si planeo prevalecer, debo buscar formas de nivelar el campo de batalla.

Mejor ríndete xeno asqueroso, y escóndete bajo una roca, porque una vez hayamos acabado con los traidores, iremos a por tu raza, y terminaremos el trabajo.

Eldrad Ulthran sintió miedo, por unos instantes casi pudo sentir como la sedienta estaba tratando de quitarle el alma. Por fortuna Roboute Guilliman se interpuso.

-Ya basta los dos, esa espada se quedará el éxtasis hasta nuevo aviso, usarla o no usarla, es una decisión que deberá tomarse después de analizar todos los pro y contras de la situación.

Eldrad sonrió, mientras veía como la voluntad de la diosa retrocedía. La sedienta sabía que no podía manifestarse, no le convenía hacer un movimiento llamativo, así que se retiró.

Su títere cayó como una marioneta a la que le cortaron las cuerdas, pero no toco el piso, Roboute Guilliman logro sujetarla antes de que eso pasase.

-Te ruego que la disculpes, la inquisidora es una mujer ya muy mayor, y tiene a perder la paciencia con facilidad.

Eldrad Ulthran asintió, antes de dibujar una runa de protección en el pecho de la mujer, no quería que la sedienta volviese a aparecer, pero no podía matar a la inquisidora hasta haberle explicado la situación adecuadamente a Roboute Guilliman.

Lamentablemente nada de eso se podría lograr.

Idraruin un viejo amigo de Eldrad, interrumpió en la sala reclamando la antiquísima espada para sí mismo.

- ¿Qué estás haciendo Idraruin? –Grito Eldrad al borde de la desesperación.

-Lo que debiste hacer en un principio amigo. – Idraruin levanto su mano, para luego apuñalar su propio corazón con el arma.

Guilliman no perdió el tiempo, y ordeno al escuadrón que había mantenido en espera que disparasen sobre el recién llegado.

Una veintena de disparos de plasma sobrecalentado golpearon al eldar, pero este no se vio afectado, ninguno de los disparos parecía haber logrado afectarle.

-Esto es lo que debe hacerse Eldrad, no podemos confiar en la humanidad, debemos tomar el destino de nuestra raza en nuestras propias manos.

La habitación exploto, por fortuna Roboute Guilliamn había logrado proteger de los escombros que caían, a la desmayada inquisidora.

Los ultramarines ingresaron rápidamente, y rodeando a la inmensa bola de energía pura en la que Idraruin se había transformado. Ninguno disparo, estaban esperando la señal de su primarca.

- ¿Qué es lo que le ha pasado Eldrad? –Pregunto Guilliman, mientras sacaba de debajo de los escombros a un muy aturdido Eldrad.

No hubo una respuesta, y la verdad era que no era necesaria.

Idraruin grito en estasis, mientras todo el poder del arma se derramaba en su alma. Ya no era un mero eldar, ahora se había convertido en un avatar de la luz y la llama. Sería el castigo de los enemigos de su raza.

-Esto es el poder, esto es la verdad, soy la justa retribución. – Idraruin hablo, sin palabras, y todos los presentes lo escucharon, incluso si no querían hacerlo.

-Todo aquel que tenga sangre Eldra en sus manos deberá temerme. Porque yo soy Idraruin, y seré su verdugo.

Una mano apunto al primarca y un segundo después, esta lanzo un poderoso ataque de energía, que el primarca apenas si pudo esquivar.

-Tu serás el primero, hijo del anatema, tú y tu maldita raza conocerán el verdadero significado del miedo.

Roboute Guilliman hizo una señal, y todos los marines atacaron al unísono, lamentablemente sus disparan fueron totalmente inútiles.

-Malditos mon-keigh, pagaran por cada vida que tomaron de mi pueblo. –Idraruin levanto su mano, y lanzo un nuevo disparo de energía, esta vez si alcanzo a su objetivo, un poco ultramarine en armadura de exterminador fue reducido a metal fundido en cuestión de milisegundos.

Para este momento el monstruo en que se había transformado Idraruin, estaba sufriendo una lluvia de disparos de plasma, pero ninguno de esto le afectaba.

Levanto su mano listo para eliminar a otro mon-keigh, cuando Eldrad intervino.

Eldrad Ulthran uso sus poderes para comunicarse con su amigo, para tratar de razonar con lo que quedase de su alma.

Lamentablemente, lo único que pudo ver dentro de la mente de su amigo, fue fuego y furia. Cualquier otro pensamiento consiente parecía haber sido eliminado. Su amigo había desaparecido, transformado en una entidad que solo se guiaría por las ultimas ideas consiente de lo que una vez fue Idraruin.

Idraruin gruño molesto, y Eldrad fue expulsado de su mano, ese mostruo levanto su mano, lo iba a freír con el fuego purificador. Por fortuna un disparo de bolter golpeo la espada, y el monstruo de energía pura se balanceo.

Los ultramarines al confirmar que sus armas de plasma no lo afectaban, habían cambiado sus armas, el fuego bolter parecía surtir más efecto, aunque sea solo aturdiendo a Idraruin.

Roboute no tardó mucho en entender lo que tenía que hacer, la espada le daba su poder, y mientras la tuviese, sus heridas simplemente se curarían.

Ordeno que los ataques se detuviesen, y luego corrió hacia la criatura, esta seguía aturdida, pero grito de dolo, cuando el primarca agarro la espada. Trato de defenderse, de atacar al hijo del emperador. Pero Eldrad Ulthran uso sus poderes para detenerlo.

El forcejeo solo duro unos segundos, pero Guilliman los sintió eternos. Al final su fuerza sobre humana le permitió arrancar la espada del cuerpo de Idraruin.

El eldar cayó al piso, reducido a solo un conjunto de piel y huesos. Toda la vitalidad del eldar parecía haber sido arrancada con la espada.

Eldrad Ulthran se arrastró por el piso, hacia el cuerpo de su amigo, sujeto su mano, en un gesto que Roboute jamás creyó ver en alguien como él, y lloro por la pérdida de su amigo.

La reunión termino, en ese momento Eldrad Ulthran se fue, cargando el cadáver de su compañero, nadie lo ayudo.

Mientras tanto Roboute Guilliman se quedó allí. Ya sin la adrenalina corriendo descontrolada por su torrente sanguíneo, el primarca noto algo en su actitud que simplemente no iba con él.

¿Por qué había protegido a la inquisidora Amberley Vail? Esa mujer era actualmente un avatar de Slannesh, aun así, él la protegió cuando ocurrió la explosión, ¿Por qué?

Sin entender esa actitud, el primarca, ya con su armadura puesta, fue a visitar a la inquisidora, la cual aún dormía en una camilla del medikae.

La mujer no le provocaba ningún sentimiento, y tampoco despertaba algún recuerdo, entonces, ¿Por qué no la había matado cuando descubrió lo que era?

Levanto la mano del dominio, pero el primarca no pudo obligarse a sí mismo a presionar el gatillo. Era alguna de las maquinaciones del caos, no, eso no era, era algo más, algo más profundo.

Algo le impedía dañar a…un avatar de la sedienta. Lentamente las piezas comenzaron a caer, para el primarca, el pacto que él había realizado con la sedienta en esa otra línea de tiempo, seguía vigente. ¿Eso se aplicaba en ambos sentidos? ¡Esto podía ser muy útil!

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Magnus, primarca de la XV Legión traidora, caminaba lentamente por los restos de un mundo muerto hace a miles de millones de años. Pese a que el desastre que había llevado este mundo a su destrucción ocurrió hace ya demasiado tiempo. El primarca demonio podía identificar claramente los hechos que habían condenado a este mundo.

Las huellas de los asesinos de este mundo no habían sido borradas de todo, pese a los milenios de erosión, un ojo atento, podía diferenciar las marcas de la guerra. Una guerra terrible, que acabo con todo ser vivo, ni siquiera los organismos unicelulares se habían salvado del exterminio.

Normalmente el primarca demonio no perdería el tiempo en una expedición como esta, en especial considerando lo ocupado que estaba tratando de administrar su nuevo imperio. Pero su hermano Alpharius lo había llamado a este lugar, y como él necesitaba a su hermano, había venido.

-Ya basta de jugar al escondite Alpharius, muéstrate. –Bramo el inmenso ciclope rojo. –Vine como lo pediste, ahora muéstrate para que podamos hablar.

-Yo he estado en este lugar desde el principio hermano, que tú te niegues a ver a los que crees son inferiores a ti, no es mi problema.

La voz de Alpharius venia de detrás del inmenso hechicero. Allí, sobre una roca, que el hechicero había ignorado mientras caminaba, el primarca de la XX legión traidora, Alpharius estaba sentado.

-Es bueno verte hermano. –La voz de Alpharius era tremendamente monótona y aburrida.

Magnus parpadeo, sin comprender como era posible que su hermano siguiese siendo capaz de escapar a su percepción.

-Habla de una vez, seguramente no has pedido este encuentro para reforzar algún lazo familiar, ¿Verdad?

-Como siempre directo al punto, bien, hermano, supongo que tu también has notado que algo, algún evento trascendental a agitado el inmaterium.

-Difícil no notarlo. Las corrientes siguen agitadas.

-Bien, es bueno ver que te mantienes informado, ahora, ¿Podrías compartir toda la información que tengas sobre que evento afecto al inmaterium? –A Magnus no le gustaba pedir información, mucho menos a su hermano Alpharius, pero el evento que había agitado las mareas del inmaterium recientemente le era totalmente desconocido, y eso era peligroso, en especial considerando que la última vez que el inmaterium se agito así, Roboute Guilliman regreso a la vida.

-Lo siento hermano, pero esa información es cara, y no parece te que tengas como pagarla.

Magnus gruño, era raro que su hermano pidiese algún tipo de compensación, bueno, él podía pagarle.

-Nombra tu precio hermano.

-Esa confianza sin medida, es la misma que te llevo a incurrir en la furia de nuestro padre, hermano.

Magnus apretó su agarra sobre sus armas, hubiese atacado a su hermano, si no supiese que eso sería inútil, el supuesto Alpharius que estaba delante de él seguramente solo era otro miembro de la legión Alpha, tan psicoadoctrinado que incluso un interrogatorio psíquico no podría sacarle la verdad.

-Lo que hice, lo hice para salvar a nuestro padre, que él lo viese como traición, es simplemente una muestra del pobre aprecio que me tenía. Ahora di tu precio si tienes alguno, pero responde a mi pregunta.

- ¿Cómo puede alguien tan poderoso estar tan ciego? –Se cuestionó Alpharius mientras se paraba.

Magnus apretó con molestia su báculo, listo para usarlo contra su hermano.

-Responde a mi pregunta, hermano.

-Como quieras. Pero a cambio quiero un favor, un favor, en el momento y lugar que yo elija.

Magnus asintió, y el pacto quedo sellado.

-Tienes mi palabra.

-Tu palabra no vale mucho. La verdad. –Alpharius tuvo que esquivar un ataque por parte de Magnus. -Bueno eso no importa.

-Habla de una vez.

-Como quieras. El león vuelve a caminar entre los vivos.

Magnus asintió, ya se imaginaba que era otro de sus hermanos el que había causado el revuelo, pero ¿Por qué nadie se lo había dicho hasta ahora? no, en esta ocasión era algo diferente. Algo más estaba ocurriendo, algo de lo que su hermano Alpharius no parecía estar consiente. Interesante, esto era muy interesante.

Magnus dio media vuelta, y se retiró sin decir ninguna palabra más. Alpharius tampoco dijo nada.

Hola nuevamente, perdón por estar inactivo, pero es muy difícil escribir cuando te duelen las muelas.

En todo caso este evento me ha hecho recordar lo mucho que debemos temer a los dentistas, lo mucho que todos les temen en general. ¿Será que hay un ente en la disformidad que nació por el miedo de la humanidad por los dentistas? ¿Cómo sería dicho ser? ¿Qué tan poderoso seria?

Algo más, para aquellos que hayan leído suficiente manga, y jugado suficientes juegos, no creo que tenga que explicarlo, pero para los que no, permítanme explicar algunas cosas.

Roboute no puede atacar a un avatar de Slannesh ya que el trato que estos hicieron hace algunos capítulos no ha terminado. Aunque Roboute podría ordenar a otros que ese avatar fuese destruido, él no puede hacerlo en persona, de igual forma Slannesh.

Como dato curioso fue el propio Guilliman quien puso esta condición, y Slannesh no le prestó atención, así que ella también está atada, por eso no pudo salir y atacar a Eldrad Ulthran, cuando este la contradijo, razón por la cual mejor se fue, de hecho, Eldran podría haber dicho todo, y Slannesh no habría podido hacer nada ya que el trato exige que no lastime a Roboute. Eso sí, cuando Roboute no esté cerca, Slannesh puede hacer lo que le dé la gana.

Para facilitar las cosas, imaginen que Idraruin se transformó en una especie de arconte protoss, cuando se clavó la espada, muy fuerte ante ataques de energía, no tanto a golpes físicos.

Creo eso es todo, gracias a los que comentan, y si tienen dudas háganmelas saber, tratare de contestarlas lo mejor que pueda.

Adiós.