Capítulo 14: Aquí viene el boom.
No creas todo lo que escuches, y solo la mitad de lo que veas.
El mundo conocido como Dal'yth era uno de los primeros mundos conquistados por los Tau, en su esfuerzo por llevar el bien supremo a toda la galaxia, allá en la lejana primera esfera de expansión.
Si bien su importancia como uno de los mundos centrales del imperio Tau no había cambiado en todo este tiempo, la época dorada de este mundo ya había pasado. Actualmente Dal'yth seguía siendo un importante centro de comercio, pero tras su casi destrucción en la catastrófica invasión del Imperio en la Cruzada del Golfo de Damocles, y sus posteriores invasiones Orkas, sus días de gloria yacían olvidados.
Aun así, para Aun'Shi este mundo era la joya de la corona, un preciado baluarte del bien supremo en contra de la oscuridad que parecía querer comerse a toda la galaxia. Este mundo ya había resistido lo peor de lo que la galaxia podía lanzarles, y sus defensores seguían en pie.
Aun'Shi consideraba que; Dal'yth era una prueba del destino manifiesto del imperio Tau.
Por esa razón, que sus hermanos etereos lo enviasen aquí como una acción disciplinaria por sus fallas pasadas, le era totalmente ridículo a Aun'Shi. Bueno, si sus hermanos se contentaban con este castigo, el bajaría la cabeza, mientras disfrutaba de este inesperado, pero muy agradecido descanso.
Pero su descanso, fue interrumpido, por la repentina llegada de un alterado/aterrado miembro de la casta del agua.
Aun'Shi no reconoció al recién llegado, suponía se trataba de alguno de los diplomáticos encargados del comercio en el planeta, pero nunca lo había visto.
El recién llegado, grito, luego se calló, se arrodillo, y volvió a hablar, pero de su boca solo salían incoherencias que Aun'Shi no podía entender.
Aun'Shi levanto una mano pidiendo silencio, pidió a uno de sus asistentes, los cuales se habían quedado en la puerta, totalmente inmóviles desde que él llego al planeta, que le trajesen algo de beber a este pobre miembro de la casta del agua.
-Entonces comencemos de nuevo, ¿Te parece bien? –Pregunto Aun'Shi cuando vio que el recién llegado hubo terminado su bebida. –Podrías comenzar con tu nombre, por favor.
El recién llegado se avergonzó, al darse cuenta, que, en su desespero, ni siquiera se había presentado.
-Mi, mi…..yo soy Por'La Tash'var Draith, porta voz de la casta del agua. –Antes de que Por'La pudiese continuar, Aun'Shi levanto su mano, para que este se detuviese.
-Es para mí un honor conocerte Por'La Tash'var Draith, ¿Te molesta si te llamo solamente Por'La? –Pregunto con una voz tranquila Aun'Shi, queriendo transmitir confianza y calma al miembro de la casta del agua.
Por'La asintió, ya mucho más calmado.
-Bien. Por'La por favor da tu informe, permíteme comprender porque un sabio miembro de la casta del agua a perdido la compostura.
-Señor Aun'Shi, en el espacio puerto, hay un representante imperial que desea negociar.
Aun'Shi sonrió, que esos barbaros estuviesen dispuestos a negociar siempre era bienvenido, la galaxia no podía ser salvada sin su ayuda, aunque, si solo era eso, ¿Por qué Por'La estaba tan alterado? Una simple negociación, no debería estar más allá de sus capacidades, o la de sus semejantes.
- ¿Por qué esta negociación te está alterando tanto? Dudo que un simple enviado imperial suponga un reto a tus habilidades.
Por'La trago saliva, sintiéndose algo avergonzado, mientras se inclinaba frente al héroe de los Tau; Aun'Shi.
-Señor, esta negociación, supera por mucho mi rango, y no creo que alguien además de usted, tenga el rango correcto en este planeta, como para continuar las negociaciones.
Aun'Shi no estaba convencido, pero los guardias de su puerta lo habían dejado entrar, le daría el beneficio de la duda.
-Está bien hijo de agua, te seguiré, llévame a donde este invitado especial nos espera.
-Estoy muy agradecido mi señor. Si logramos concretar esta negociación, habremos dado un paso firme en nuestro T'au'Va.
-Estoy seguro que así será.
Por'La regresaba por fin a sus aposentos, y no pudo evitar soltar un suspiro de alivio al ver como su invitado seguía allí, sentado en la misma silla que él le había ofrecido antes de salir corriendo para buscar la guía del más grande de los etéreos que se encontraban en el planeta, Aun'Shi.
-Por favor disculpe mi demora, y permítame presentarle a quien estará encargado de supervisar el adecuado final para estas importantes negociaciones.
Aun'Shi asistió cuando lo presentaron, y extendió su mano, en un calculado saludo que los imperiales consideraban adecuado, un gesto estudiado y calculado para transmitir cordialidad y respeto.
El imperial no correspondió tal saludo, solo se limitó a ver el saludo con desprecio antes de regresar su vista al miembro de la casta del agua con quien estaba negociando.
Aun'Shi no dijo nada, y se aseguró que su expresión no reflejase ninguna expresión ante esta falta de respeto. Por'La le había asegurado que esta era una negociación importante, y él estaba dispuesto a creerle, este imperial era claramente alguien de alto rango, los aumenticos instalados en su carne poseían una calidad que resaltaba a simple vista. No solo eso, la túnica que vestía, lo delataba con uno de esos misteriosos sacerdotes, que adoraban a la tecnología como si esta fuese una entidad divina. Se hacían llamar tecno sacerdotes ¿Verdad?
-Dejemos las formalidades de lado, ¿Pueden o no aceptar mi propuesta?
Por'La señalo a Aun'Shi nuevamente.
-Lo siento honorable enviado, pero no poseo el rango necesario para responder esa petición, pero mi señor aquí presente debería darle una correcta respuesta.
Por primera vez los ojos de Aun'Shi se toparon con los aumenticos del enviado imperial. Y Aun'Shi no pudo evitar sentir algo de miedo, esos ojos, estaban muertos. Era como ver a un cadáver que se mueve, habla, y por alguna razón, sigue vivo, incluso después de que todos sus órganos internos hace siglos que ya dejaron de funcionar.
-Podría, repetir su propuesta, honorable invitado. - Aun'Shi hablo, tratando de enmascarar el desagrado que sintió al ver a su invitado a los ojos.
El enviado imperial suspiro antes de pasar una tabla de datos. Pero, no era un gesto orgánico, era una farsa, como si el gesto hubiese sido aprendido en otro cuerpo, y ahora trataran de recrearlo en un cuerpo diferente.
Aun'Shi y Por'La, reprimieron un estremecimiento, para no demostrar cuanto les desagradaba esta interacción.
Aun'Shi comenzó a examinar los pedidos que estaban escritos en la rudimentaria tabla de datos, la mayoría de los recursos solicitados estaban vetados hasta el más alto nivel, de hecho, ¿Cómo sabia este humano que estos recursos existían en este planeta para empezar?
-Estoy un poco aterrado que estés tan esterado de los bienes que existen en este sagrado mundo. Emisario. -Comento Aun'Shi, mientras un ligero movimiento de su mano alteraba a los guardias que estaban en la puerta, al siguiente movimiento, el emisario del imperio perdería la cabeza. –Podrías comentarme ¿Cómo es que sabes tanto sobre los recursos de este mundo?
El emisario se limitó a hacer un movimiento despectivo.
-Eso es irrelevante. ¿Mi propuesta es válida o no?
El etéreo se sintió tentado a cortar la cabeza al enviado humano, y dar por terminado esta negociación, pero tuvo que abandonar sus planes, cuando llego a la parte, donde el humano, especificaba lo que estaba dispuesto a negociar.
10 000 unidades de Semilla genética, era lo que el humano pagaría por los recursos pedidos.
Semilla genética, esto era algo que Aun'Shi no había escuchado en mucho, mucho tiempo.
La primera vez que este término llego a los Etéreos, fue hace mucho tiempo, antes de la primera esfera de expansión, si los rumores que había escuchado eran ciertos, además era un secreto a voces entre las altas esferas de los Etéreos, que la razón principal por la cual el Imperio Tau inicio la guerra contra la humanidad en el Golfo de Damocles, fue un intento desesperado para obtener este aún desconocido recurso de parte de un etéreo, cuyo nombre Aun'Shi, se negaba a recordar siquiera.
La guerra fue un desastre, el imperio Tau estuvo a nada de ser exterminado, y el dichoso recurso por el que se habían sacrificado tantas vidas, seguía siendo desconocido.
Por suerte los miembros de la casta del agua que habían sido enviados a negociar con los remanentes imperiales que se quedaron atrás en la desastrosa retirada del Imperio. Trajeron noticias esperanzadoras, o al menos eso se decía en el informe que él había leído.
Resulta que la "semilla genética" era algo que los ángeles del emperador extraían de sus muertos ¿Cómo? ¿Por qué? O ¿Para qué? Nadie sabía. Aun así, esta dudosa información sirvió para que los Etéreos promovieran un asqueroso plan.
La investigación angelical la llamaron, pero contrario a su nombre tan mítico, y lleno de fanfarria. El plan consistía en clonar a los súper soldados caído en el campo de batalla, que los humanos insistían llamar con tanta venencia "ángeles del emperador"
Sobra decir que el plan se fue a la mierda, en muchos sentidos; abominaciones descontroladas, mutaciones que hablaban en un lenguaje que destruían la mente, incluso se llegó a especular la creación de híbridos entre humanos y Taus. Un auténtico circo de monstruosidades nacidas de los más oscuros rincones de la galaxia. pero ahí no acabo la historia, aún faltaba el golpe de gracia, pues cuando los verdaderos ángeles se dieron cuenta de lo que los investigadores de la casta de la tierra estuvieron haciendo con sus caídos, bombardearon los mundos involucrados hasta que el núcleo mismo del planeta se rompió.
Aun'Shi no podía decir que culpase a los humanos por semejante acto, incluso él, siendo un no creyente, comprendía que tal acto en contra de los sagrados ídolos de la humanidad, era ¡Y por mucho! un acto despreciable, uno que no se podía quedar sin un castigo igualmente horrible.
Y, aun así, el imperio Tau, seguía buscando con macabra desesperación "semilla genética" sin detenerse a pensar en; ¿Para qué serbia? ¿Cómo se usaba? ¿Era peligrosa para el bien supremo?
Si Aun'Shi se guiaba por los rumores, aparentemente toda esta locura, no era otra cosa, que una búsqueda de los miembros más viejos, y ya seniles del concejo de los Etéreos de la inmortalidad, que estos "ángeles del emperador" parecían poseer.
Y, aun así, Aun'Shi no negaría que estaba interesado.
La semilla genética parecía ser uno de los mayores secretos de la humanidad.
Actualmente había millones de miembros de la casta de la tierra, tratando de desentrañar este secreto en particular.
Incluso se habían enviado cientos de misiones de la casta del agua, en búsqueda de cualquier información que pudiesen reunir de este esquivo recurso.
¿Qué era este recurso, por el cual sus hermanos estaban dispuestos a matar, robar, espiar, clonar, y quien sabe que otros pecados más?
-Bien, señor emisario, parece que está dispuesto a pagarnos bien, pero ¿Le importaría si me permite comprobar los bienes? Ya sabe, solo para asegurarme que todo está correcto. –Respondio finalmente Aun'Shi, tras haber considerado todo lo que sabía de este curioso recurso, que este honorable enviado, estaba dispuesto a negociar.
-Por supuesto que no.
Aun'Shi vio cómo su ese ser mitad máquina, mitad carne podrida, se levantaba, y con pasos anormalmente rápidos los guiaba hacia su nave, la cual estaba adecuadamente guardada en el hangar más seguro al que Por'La tenía acceso.
-Te mueves muy bien, para ser alguien que está en este mundo por primera vez. –Comento Por'La, un poco molesto por la familiaridad con la que su envidado se movía. La oficina donde se habían hecho las negociaciones y el hangar se encontraban en diferentes secciones, por razones más que obvias.
-No e….no, eso no….. Es algo intuitivo, estoy unido a mi nave, así que puedo hacerme una idea de cuál es la ruta más corta hacia mi destino.
-Interesante elección de palabras. –Comento Aun'Shi. –Ha todo esto, creo, no nos hemos presentado adecuada mente. ¿Cuál es tu nombre honorable enviado?
-No poseo un nombre como tal, pero pueden referírseme a mi como Connor Guilliman.
-Un nombre interesante, no creo haberlo oído antes.
-No me extrañaría, ustedes solo habitan una minúscula esquina de la inmensa galaxia.
Con esa burla implícita, la conversación naufrago nuevamente.
Aun'Shi miro a Por'La, quien simplemente bajo la cabeza en disculpa.
Marneus Augustus Calgar señor de Ultramar estaba sentado en su trono de datos, este trono le había pertenecido desde que se convirtió en el señor del capítulo, título que, aunque había querido entregar a su padre genético, recientemente revivido, seguía perteneciéndole, por algún giro del destino que no entendía del todo.
No era que se quejase, en lo profundo de su alma, el agradecía cada oportunidad para vengarse de los enemigos de la humanidad, y con el título de maestro del capítulo, venían muchas oportunidades de venganza. Aun así, le hubiese gustado que su padre genético tomase el papel que le correspondía por derecho, pero entendía que, con la galaxia en un estado tan lamentable, su padre no podía concentrarse solo en Ultramar.
-Señor llego el informe que solicito.
La voz de uno de sus sirves interrumpió los pensamientos de Marneus Calgar, quien rápidamente asintió, y recibió el esperado informe.
-Nuevamente hemos logrado exterminar a una cabeza de la hydra, me siento tan enfermo al pensar que he dejado que la XX legión infectase tan profundamente nuestro sagrado reino.
-Es inevitable mi señor, con tantos enemigos asediando a la humanidad por todos lados, era imposible tener suficientes ojos para vigilar todos los puestos.
Marneus Augustus Calgar gruño una maldición. Él no estaba dispuesto a aceptar esa excusa.
-Menos escusas, y más resultados capitán, quiero ver extirpado este tumor maligno de Ultramar, lo antes posible.
-No será fácil mi señor. –El capitán, levanto una segunda placa de datos, en la cual se mostraban un mapa detallado del reino de Ultramar. –Aún nos quedan cientos de posibles candidatos, eso sin contar con los agentes latentes que el enemigo suele dejar detrás de sí.
-Nuestro padre genético descubrió los códigos que usan estos traidores para moverse sin ser detectados, no desaproveche esa información capitán.
-No quería sonar mal agradecido mi señor, simplemente señalo que este mal está muy esparcido, tardaremos al menos otros 10 años para poder limpiar nuestro reino. Eso sin contar con toda la información que hemos logrado recuperar.
Marneus Calgar asintió, sabiendo que eso era cierto, el mal de la XX legión, era inmenso, mundos enteros entregaban sin saberlo sus diezmos a los traidores, sistemas estelares no estaban donde se suponía que deberían estar, eso sin contar con el inmenso problema que habían ocasionado a la producción de armas en todo el sector.
Si, curar el mal que la XX legión había causado era algo que tomaría tiempo, tal vez incluso más que los 10 años que el capitán había propuesto de forma tan optimista. Pero eso no importaba, Ultramar debía ser purgado de este mal, no, no solo Ultramar, está limpia debía hacerse en todo el Imperio.
Y era por eso que Marneus Calgar estaba planeando formar un nuevo capítulo sucesor de los Ultramarines, formado a partir de los veteranos de la cacería de traidores que en estos momentos estaba siendo llevada a cabo en UItramar.
Este nuevo capítulo llevaría el nombre de los cazadores de serpientes, sería un capitulo basado en flotas, cuya principal tarea seria librar al imperio de la insidiosa presencia de la legión Alpha.
Ya había recibido la aprobación de su propio padre genético, por lo que cuando se arreglasen los por menores referentes a sus naves, instalaciones, siervos, la comprobación y santificación de su reserva de semilla genética, el nuevo capítulo se formaría de forma oficial.
Mientras tanto, los primeros miembros de este nuevo capítulo, estaban ocupados arrastrando a la legión Alpha fuera de las sombras que tanto tiempo los ocultaron, reparando todo el daño que causaron, o simplemente tratando de poner un orden lógico, en toda la ingente cantidad de información contradictoria que iban descubriendo sobre sus acciones.
De momento la teoría que iba ganando fuerzas entre sus mejores estrategas referentes a todo lo que habían averiguado de la legión Alpha, era que estos malditos traidores no tenían una cadena de mando, y solo eran células rebeldes, dedicadas a causar el mayor daño posible con sus acciones, independientemente que sus planes afectasen directa o indirectamente a otros de sus hermanos.
Todo lo que habían descubierto hasta la fecha sobre la XX legión, era un galimatías de planes a medio realizar, juramentos rotos, y un largo ETC. Que no tenía sentido. ¿Talvez la legión Alpha no eran los temibles traidores que siempre trabajan desde las sombras, para atacar cuando menos se los espera, y sus acciones no eran otra cosa que los berrinches de un niño mimado al que quitaron su juguete favorito?
Bueno eso no importaba, esa conversación estaba destinada para gente más sabia que él, y con la ventaja de la visión retrospectiva. De momento él debía concentrarse en la eliminación de este cáncer que consumía su amado imperio.
Fue en ese momento que un segundo mensajero llego. Marneus Calgar no se sentía cómodo con su llegada, en especial porque conocía el mensaje que venia con él.
Desde su despertar, Roboute Guilliman parecía muy interesado en usar "nuevas" armas, para nivelar la guerra que estaba consumiendo al imperio.
Primero fueron los marines Primaris, una mejora sustancial al ya de por si casi perfecto marine espacial. Una nueva raza que ayudo mucho a nivelar la desesperada lucha que el imperio vivía en ese momento.
Pero los preparativos de su Primarca parecían ser más profundos, poco después de que la guerra de la plaga terminase, Roboute había regresado a Macragge con nuevas armas.
Algunas resultaban preocupantemente poderosas, otras inquietantemente heréticas.
Marneus Calgar no entendía como, pero aparentemente su padre genético había predicho su caída, y de alguna forma había logrado llenar varios silos secretos con poderosas armas, armas prohibidas, armas que el propio emperador parecía ignorar su XIII hijo poseía.
No era como si Marneus Calgar pudiese negar lo desesperada que se había vuelto la hora, pero le preocupaba lo que la inquisición podría opinar sobre estos "secretos" que su primarca parecía poseer.
Bueno, eso no importaba, él había jurado defender a la humanidad hasta su último aliento, y por todo lo sagrado de terra y lo maldito de la disformidad, ese momento no llegaría pronto.
-Informa.
-Las pruebas preliminares fueron exitosas, el proyecto ancla de realidad, es factible.
- ¿Los bibliotecarios lo confirmaron?
-Si
-Revisaron a los bibliotecarios en búsqueda de cualquier rastro de corrupción.
-Si. Todos los procesos de revisión se realizaron XIII veces, siguiendo diferentes parámetros, todos dieron positivo.
Marneus Calgar arrugo su nariz ante la mención del número 13. El numero 13 era en la cultura humana un numero de mala suerte, una molesta creencia que de alguna forma había perdurado hasta el actual milenio.
Sin embargo, desde la resurrección de Roboute Guilliman, el numero parecía estar ganando una especie de valor sagrado. Y ya demasiada gente comenzaba a asociar dicho número a la protección y demás creencias que no tienen ningún sustento lógico.
Marneus Calgar no estaba seguro que le molestaba más, que el número de su legión fuese considerado de mala suerte por gente supersticiosa e ignorante, o que ese mismo número ganase valor religioso.
-Bien, enviare un grupo para una segunda ronda de pruebas, mientras tanto puedes comenzar con los preparativos para la siguiente fase.
-Así se hará mi señor.
-Puedes retirarte.
Marneus Calgar no estaba feliz con el éxito de estas pruebas "preliminares" comprendía la importancia de desarrollar una medida que limitase el poder de la disformidad en el plano físico, pero, temía lo que la inquisición o el propio Marte, pudiese decir, si se enteraban que su padre genético estaba dispuesto a usar tecnología xenos en su creación.
Anclas de realidad
Una poderosa arma, creada en la era dorada de la tecnología, un arma física, para mantener a raya la locura de la disformidad.
Fue concedida por las mentes más brillantes de la galaxia, más de 10 000 científicos de todas las especies conocidas para el momento se unieron en su creación. Y el resultado fue hermoso.
Por milenios estos poderosos artefactos mantuvieron a salvo a mundos de las corrientes disformes, aseguraron rutas seguras atreves del inmaterium, y fueron un pilar clave en la expansión de la humanidad.
Y de la misma forma milagrosa que se crearon, desaparecieron. Su tecnología fue tragada por el olvido, incluso su propia historia fue manipulada de tal forma que nadie pudiese creer que dicha tecnología alguna vez existió en realidad.
Se podría decir que fue culpa de los demonios, pues esta tecnología atentaba de forma directa contra ellos, pero, como ocurre en la mayoría de los casos relacionados con la disformidad, la verdad era mucho más oscura que la mentira.
Tras el comienzo de la rebelión Cibernética, los Eldars estaban hartos de los sueños de grandeza de la humanidad. Joven e ingenua raza nacida del barro de la guerra en el cielo que se atrevía a considerarse su igual, los Eldars no los tolerarían más.
Era hora de impartir un castigo justo, acorde a su descomunal arrogancia. Y el instrumento de su retribución seria; Kaylim Hisendeer Osugan Ragren Nenelas Eldaen, el más grande de los discípulos de Khaine, y máximo almirante de las flotas de guerra Eldars.
Por su orden sectores enteros fueron vaciados completamente de vida. Sistemas enteros ardieron. Mundos una vez llenos de vida fueron ahogados en la sangre de sus habitantes.
Se dice que el propio almirante a menudo disfrutaba pasar a cuchillo a todos los prisioneros capturados en sus guerras de retribución.
Pero esta masacre indiscriminada no fue un acto aleatorio, no. Todo mundo atacado tenía una PCE con la máxima herramienta de la humanidad para moverse entre las estrellas.
Los videntes Eldars sabían que incluso si la humanidad resistía a la sagrada retribución que el cosmos liberaba en su contra, sin las herramientas adecuadas para crear más anclas de realidad, la humanidad se vería incapaz de viajar a velocidades que superasen la velocidad de la luz, de forma segura.
Lo que los videntes no notaron en ese momento, es que conforme el almirante cumplía sus órdenes, una oscura mancha en la propia disformidad comenzaba a formarse. Una oscuridad tan profunda, tan absoluta, que la mayoría de los videntes Eldars se vieron privados de su prodigiosa visión del mañana etéreo.
Algunos aseguran que fue esa sombra, la que impidió a los videntes Eldars ver el destino que le esperaba a su raza.
Pero aquellos que estaban más informados, aquellos que cocieron sus bocas con hijos de plata, para asegurarse que sus secretos nunca pudiesen escapar de sus bocas, sabían que esa sombra, solo era el eco del nacimiento de un dios oscuro.
Eldrad Ulthran caminaba lentamente sobre el piso tallado de su habitación, la pérdida de su amigo en Ultramar aun le dolía, y seguramente este dolor no desaparecería nunca.
No se arrepentía de haber advertido a Roboute Guilliman del peligro que representaba la espada que había llegado a su poder. Incluso encontró gracioso el hecho que la sedienta estuviese tan desesperada en mantener su engaño que no pudo atacarlo cuando este la negó de frente. Aun así, él no era un tonto, había ido contra los designios de su dios, y su castigo llegaría pronto.
No le importaba, no realmente, en este momento su alma estaba muy ocupada sufriendo la pérdida de su ultimo hermano de crianza. Finalmente, Eldrad Ulthran podía decir sin temor a equivocarse, que era el último de una generación perdida.
Por eso no le importo la llegada de dos arlequines. A Eldrad Ulthran ya nada le importaba, que lo matasen de una vez, o que lo enviasen a Commorragh como castigo, ya todo le daba igual.
- Eldrad Ulthran, el dios que ríe quiere hablarte. –Comunico uno de los arlequines mientras su compañero sostenía un artefacto hecho de plata y oro.
Eldrad levanto una ceja, un gesto aprendido de los humanos hace mucho tiempo, y que después de milenios usándolo le había terminado agradado usar. Transmitía exactamente la cantidad de desconfianza y escepticismo que él sentía, sin la necesidad de usar palabras para describirlo.
-Supongo, que el dios, desea una explicación a mis acciones en su contra, antes de pronunciar mi castigo. –Razono Eldrad en voz alta, pero ninguno de los arlequines respondió. –Como sea.
Eldrad Ulthran sujeto el artefacto que el arlequín le ofrecía, y su alma estuvo delante del dios que ríe.
-No voy a suplicar perdón. –Comenzó Eldrad. –Mis acciones son mías, y mis decisiones también, hice lo que creí sería lo mejor para mi pueblo, incluso si eso va en contra de tu gran plan.
El dios que ríe, no parecía irritado, de hecho, parecía satisfecho con sus palabras.
-Como siempre, los hijos de Isha son tan estirados, incapaces de ver los pequeños detalles.
Eldrad Ulthran gruño, pero no dijo palabra alguna. Mientras el dios que ríe volvía a reír levemente.
-Dime, hijo de mi hermana perdida, no te has preguntado, ¿Por qué? ¿Por qué a ti, de entre todos los demás te dije la verdad? ¿Por qué eres al único que revele mi gran plan de más de 10 000 años?
Eldrad Ulthran considero las preguntas por unos segundos, antes de llegar a la dolorosa conclusión.
-Querías, tu querías que le advirtiese del peligro.
Si esa era la verdad, incluso en su acto de rebeldía, Eldrad Ulthran había servido a la voluntad del dios que ríe.
- ¿Por qué? –Pregunto Eldrad sin entender nada.
-Porque es más fácil así. Ustedes al igual que los humanos son muy tercos, tanto que no les importa cuestionar las ordenes de un dios. Por eso en vez de ordenarte directamente, decidí "empujarte" en la dirección que necesitaba fueses.
-Esperabas mi acto de rebeldía, esperabas que tratase de evitar que el arma cayese en manos de Guilliman.
-Sí, y lo mejor de todo es que no tuve que decirte que tenías que hacerlo, tú lo decidiste por cuenta propia. –El dios que ríe, levanto una mano para callar al vidente. –Pero eso ya no importa, ahora dime. La viste ¿Verdad? ¿Viste a la sedienta? ¿Viste su desesperación?
Eldrad Ulthran asintió, mientras recordaba los ojos del avatar que la sedienta había usado para entregar la reliquia.
-La vi, esta apurada, pero no desesperada, había, una especie de ….
-Eso no importa Eldrad, lo importante, es que la viste, y ella te vio, pero no pudo silenciarte. No lo entiendes, la sedienta comienza a perder la compostura, prefirió callar a revelarse, ¿Qué podría significar eso, además de desesperación?
Eldrad asintió, el dios que ríe tenía un punto.
-Entonces mi advertencia, ¿Cómo encaja en todo este plan?
-El XIII hijo del anatema ahora conoce cuan poderosa y peligrosa es el arma que posee, comenzara en pequeño, un combate, una escaramuza, algún momento de necesidad talvez, sin embargo, es el sufrimiento de su gente, lo que comenzara a empujar su prudencia a un lado, y se verá obligado a depender cada vez mas de ese poder extra que la reliquia le da.
Eldrad Ulthran podía confirmar eso, entre todos los hijos del anatema que el llego a conocer, Roboute era el más humano, el más preocupado por su gente, el más dispuesto a sacrificarse por su bienestar.
-Él no es alguien que de deje seducir por el poder tan fácilmente como te lo estas imaginando, menos uno que no puede controlar o entender siquiera.
-Puede tengas razón en eso, pero eso solo significa que el tiempo de su caída en la dependencia de esa reliquia puede variar, no que no ocurrirá.
-Una sola reliquia no bastara para corromper a un primarca.
-Eso es algo en lo que diferimos, te puedo asegurar que tu hermano de crianza también se creía con la fuerza de voluntad suficiente como para someter esa insidiosa espada a su voluntad, ya vez que le sucedió.
Eldrad Ulthran perdió los ánimos, la muerte de su amigo aun le afectaba, en especial al recordar lo que vio en su mente en sus momentos finales. La locura lo había consumido tan completamente, que era incapaz de recordar su propio nombre.
- ¿Tu, lo "empujaste" también a tomar una decisión? –Pregunto Eldrad mientras el odio que sentía comenzaba a superar al dolor que lo consumía.
-No, como ya te dije, ustedes hijos de Isha no son algo que pueda controlar o manipular fácilmente, así que no lo hago, dejo que sus acciones caigan por si solas, y trazo mi camino a su alrededor. Ese día alguien estaba destinado a ser consumido por el poder de la espada, ¿Quién? No era mi decisión.
-Explícate.
-Lo acabo de hacer, ese día alguien seria consumido. Eso ya estaba decidido, lo que no estaba decidido era quien; el avatar que la sedienta uso para tentar al hijo del anatema, alguno de los hijos leales del XIII, alguno de tus escoltas, O quien sabe ¡Tú mismo pudiste ser quien muriese ese día!
-Yo, lo hubiese preferido.
-Pero no lo hiciste, ¿y sabes porque fue? ….Fue porque escuchaste mi advertencia, las reliquias dejadas por los dioses son poderosas, sí, pero también son muy inestables, jugar con esos poderes es peligroso.
- ¿Y qué te hace pensar que Roboute Guilliman no llegara a esa misma conclusión?
-La imprudencia que heredó de su padre, la codicia que heredó de su madre. No te engañes hijo de Isha, la humanidad es una raza maldita, tan perdida en su sed de conocimiento y poder, que no hay un límite a lo que están dispuestos a hacer para saciarla.
-Creo que estas olvidando algo, dios que ríe.
- ¿Y que sería eso?
-Para Roboute Guilliman, su padre nunca fue el emperador, y su madre nunca fue esa bruja cuyo nombre me niego a recordar siquiera.
-Hechos sin importancia pequeño vidente, hechos sin importancia, ahora ve a descansar, pronto tendré una nueva misión para tu causa.
Eldrad Ulthran regreso a su cuerpo, solo para ver como las sombras se tragaban a los arlequines.
El vidente estaba molesto, pues su acto de supuesta rebeldía solo había sido algo provocado por el dios que ríe, no solo eso, los recursos gastados y perdidos en esta innecesaria campaña eran bastos, y nunca serian recuperados.
Al menos tenía el consuelo de haber advertido a Roboute Guilliman del peligro que se cernía sobre él, si el hijo del anatema era incapaz de soportar la tentación, ya no era de su incumbencia.
Aun así, él rogaba que el primarca pudiese resistir.
Contrario a las peticiones de sus demás hermanos Preturabo se había quedado en Santa Terra, examinando todos los posibles daños que Roboute Guilliman pudo haber causado en la estructura administrativa del Imperio.
Ninguno de sus hermanos parecía estar seguro de cuando tiempo su hermano traidor estuvo libre de las cadenas que le pusieron hace más de 10 000 años, pero considerando cuan organizado estuvo su "Desafío a los dioses", estaba claro que no pudo ser poco tiempo.
El inmenso gigante de hierro ya no era lo que alguna vez fue, ya no podía caminar como antes, o sentir el aire en su piel. Pero esas pérdidas eran mínimas si las comparabas con sus mejoras. Con su cuerpo mortalmente herido enterrado en las profundidades de un dreadnought, su mente por fin podía conectarse sin ningún intermediario con la maquinaria.
Su velocidad de procesamiento de información había mejorado exponencialmente, tanto que ya no se podía comparar a lo que alguna vez soñó lograr hacer.
Por supuesto que estas mejoras vinieron con un precio, el más obvio fue el tiempo. Su mente había necesitado milenios para recuperarse de su derrota en manos de su hermano Sanginius. Bueno, eso no importaba. Tenía que concentrarse en la tarea que tenía entre manos.
Lo que más le aterraba a Perturabo mientras más buscaba en los registros, era la calmada forma en que su hermano Roboute había repartido las fuerzas encargadas de custodiar el sistema solar.
Para el momento de su discurso, solo quedaban en el sistema solo, una décima parte de las fuerzas que se supone deben cuidar el mundo trono en todo momento.
Lo que más le llamo la atención al señor del hierro, fue que estas tropas no habían sido enviadas al azar por la galaxia, no, Guilliman no era de los que aceptase malgastar fuerzas en vano.
En su lugar había enviado a cada escuadrón que salió del sistema solar a zonas de guerra muy específicas de la galaxia. Todas con órdenes de defender su nueva zona de asignación hasta el último hombre si eso era necesario. ¿Había algo más con esas curiosas nuevas asignaciones o solo estaba siendo paranoico?
No, no parecía ser eso último, cada zona de reasignación era de gran importancia para el Imperio en sí. Pero ¿Por qué le importarían eso a un traidor? Preturabo no lo sabía, pero tenía que averiguarlo, de preferencia antes que la razón se revelase por si sola.
Armagedon, Cadia, todos los puntos importantes en el mapa del imperio fueron respaldados con cientos de regimientos del sistema sol. Los informes de los altos mandos agradecidos por los inesperados refuerzos no paraban de llegar. Seguramente nunca lo harían. Era una locura completa navegar a través de esos informes, incluso había uno donde se especificaba la creación apresurada de un Ordinatus el cual fue enviado a Cadia con una compañía entera de devoradores de mundos, como escolta.
Luego estaba un problema, un poco mayor, pero a la vez menos apremiante, resulta que antes de que Guilliman saliese del planeta, este le había dejado un pequeño regalo al señor del metal. Una grabación, que confirmaba sin lugar a dudas la traición del actual líder del culto marciano.
Nuevamente las preguntas asaltaron a Perturabo, ¿Por qué el traidor le había dejado tal hermmanienta? ¿Qué era lo que el señor de Ultramar esperaba ganar? ¿Redención? Eso era imposible, los Ultramarines y Ultramar ya estaban más allá de toda redención.
Bueno eso no importaba, esta grabación le daba a Perturaba la oportunidad de zanjar de una buena vez la antigua enemistad que se había forjado entre su legión y el culto marciano. No solo eso, si jugaba sus cartas sabiamente, podía obligar a Marte y a todos los mundos forja bajo su mando, a reconocerlo como el nuevo forjador maestro. Eso sin dudo aliviaría un sinfín de problemas futuros tanto para su legión, como para el culto marciano. Pero la duda seguía en el aire, ¿Qué ganaba Roboute Guilliman con esto? Porque en esta galaxia, nada es gratis, y siempre hay que pagar un alto precio, por el más pequeño de los milagros.
Por unos segundos el gigante de hierro se planteó la posibilidad de no hacer nada, nada cambiaria, la situación ya mala de por sí, continuaría hasta que inevitablemente se terminase rompiendo en algún punto del futuro cercano. No, esta opción no era algo que el pudiese tomar.
La segunda opción era la que le molestaba, tomar las pruebas que su hermano traidor le dejo, someter al culto marciano, muchos se negarían, pero con las pruebas de su traición, y su propia legión apoyándolo, Marte sería sometido, y cuando eso pasase, un nuevo líder tendría que surgir, ese líder tenía que ser él, no por vanidad, deseos de poder, o cualquiera otra cosa que una mente simple pudiese pensar, sino por pura practicidad, si el culto Marciano no quería desaparecer en una guerra civil debía someterse a la autoridad más grande que pudiese respaldarlos, en cuyo caso, era el mismo.
Muchos mundos forja lo negarían, incluso puede algunos terminasen traicionando al imperio, pero al final serían sometidos. Ya sea por el peso de las armas, o la amenaza de su desaparición.
Ese era el curso adecuado de acciones, entonces ¿Por qué le molestaba tanto? Por qué no sabía de qué forma esto beneficiaba a su hermano traidor, hermano que le dejo la evidencia en primer lugar.
Bueno, eso no era importante, no en este momento al menos.
Mientras su hermano Konrad Curze se encargaba de la caza de los altos señores de terra traidores, él tenía la tarea de unificar de una buena vez al culto marciano, el Imperio no podía esperar ganar esta guerra, si no se unificaban sus fuerzas en una única cadena de mando.
Perturabo ya no dudaría más, lo que sea que su hermano ganaría con sus acciones era algo con lo que lidiaría después. En estos momentos solo importaba el ahora.
La gran cruzada para eliminar Ultramar del mapa galáctico no pasó desapercibida para nadie, cientos de poderes de movieron bajo la superficie, algunos tentaron a los corruptos y temerosos, ofrecieron salvación y cualquier otra seria de promesas vacías que aquellas patéticas criaturas que los escuchasen quisiesen oír. Algunos cedieron otros no, no importaba, la guerra se estaba preparando, el tan anhelado enfrentamiento final entre el Imperio y Ultramar estaba cerca.
Los dioses oscuros esperaban mucho de este evento, habían pasado más de 10 000 años desde que los hijos del anatema se habían enfrentado.
Khorne fue el primero en llegar, pero no quería intervenir, no tenía la paciencia para tentar o engañar a ninguno de los bandos, en su lugar disfrutaría del espectáculo.
Slaanesh llego después, había tratado de tentar a algunos corruptos lores planetarios, lamentablemente los Ultramarines ya tenían identificados a los señores corruptos, así que estos murieron sin servir como aperitivo siquiera.
Tzeentch fue el tercero en llegar, había tratado de usar sus poderes para posicionarse en el mejor lugar para la batalla que estaba por venir, pero debido a que las cosas aún no se estabilizaban tras el discurso de Roboute Guilliman, toda visión del futuro, excepto las mas inmediatas, eran imposibles.
Nurgle fue el último en llegar, eso era raro en él, al parecer el padre de la plaga quería pagar viejas deudas con el XIII hijo del emperador, y usaría esta guerra para cobrar su sangrienta retribución.
Tan pronto como la guerra de Ultramar comenzase, los dioses comenzarían a mover sus fichas. Algunos ya tenían objetivos claros, otros simplemente se moverían al azar, tratando de obtener lo mejor de lo que se les presentase.
Roboute Guilliman se encontraba examinando la espada que le habían regalado recientemente.
Usar cualquier de los artefactos a su disposición había resultado ser igual de efectivo que cuando intento examinar la espada de su padre. Pero eso no lo decepciono, de hecho, este fracaso era algo que él ya había anticipado.
Para investigar a uno de estos artefactos, se necesitaba usar otro artefacto. Y eso mismo estaba haciendo el primarca en estos momentos.
Sosteniendo el martillo de Vaul con su mano desnuda, Roboute Guilliman estaba examinando las escrituras que marcaban el filo de la espada.
Estas escrituras eran antiguas, de una era anterior a la guerra en el cielo incluso. Normalmente el primarca no tendría los medios para saber eso, pero con el martillo del dios Eldard en su mano. La comprensión de lo que veía era antinatural.
Era una locura dentro de una locura, mientras su cuerpo más se acostumbraba al poder del martillo, más natural le parecían sus dones al primarca. Aun no se sentía con ánimos como para forjar nada, pero solo era cuestión de tiempo.
La espada que el sostenía delante era un artefacto antiguo, muy, muy antiguo, creado por un poder maligno. Era una espada que solo podía ser usada en la destrucción, no tenía otro propósito que consumir la creación misma. En otras palabras, era un arma, y nada más.
Luego estaba la espada de su padre, está en si no era una espada, era más bien un conducto de su voluntad, las llamas que envolvían su filo no eran llamas tampoco, eran la esperanza cristalizada de millones de almas que se negaron a sucumbir a la corrupción y la locura de los dioses oscuros.
Era asombroso, y al mismo tiempo tan impráctico, ninguna de las dos espadas que poseía en este momento era útil. Ambas eran armas poderosas, pero que el apenas si podía controlar.
Por unos minutos Roboute se replanteo reforzar su vieja gladius, si él iba a estar empuñando un trozo de metal, él quería entender al menos que estaba empuñando.
Bueno, eso no era como si importase, debía encontrar una forma de usar estos recursos que poseía, para enfrentar al gran enemigo.
Más fácil decirlo que hacerlo.
No podía usar la espada de su padre de forma eficiente, y la otra era muy peligrosa, tanto que dejarla sola, solo terminaría causando desastres más adelante.
Luego estaba el martillo en sí, era obvio para que serbia, no era un arma de combate, era una herramienta diseñada para crear. Y eso le había valido todo el interés del primarca.
La guerra que estaba por venir no se solucionaría simplemente por el poder de las armas, se iban a necesitar los medios para reconstruir si se quería ganar, no solo la batalla que estaba por venir, si no toda esta guerra que parecía querer consumir a la galaxia misma.
Y allí entraba toda esa información que habían logrado extraer del palacio de su padre.
Entre los archivos más ocultos se encontraban datos que le permitirían crear armas más poderosas para sus guerreros, armaduras más ligeras, panacea para los enfermos, incluso herramientas que le permitirían reprobar mundos muertos, o motores que le permitirían moverse más rápido. Todos eso y más estaba allí, al alcance de su mano, ¿Por qué su padre no uso estas poderosa herramientas? ¿La herejía de su hermano se lo impidió de alguna forma? ¿O talvez hubo algún otro motivo? Bueno, eso no importaba, lo que importaba era que él no iba a tener reparos en usar todos los recursos que pudiese obtener.
El primer paso era el más simple, armas y armaduras.
Modificando un manofactorium de ultramar había comenzado a crear armaduras simples para la guardia imperial, estas armaduras no se podrían comparar a las que los marines espaciales usaban, pero serian fáciles de usar, y baratas para reemplazar. Lo cual debería elevar el tiempo de vida de cualquier humano promedio en el campo de batalla.
Las armas por su parte tampoco eran la gran cosa, solo unas ligeras modificaciones del estándar que usaba la guardia imperial, diseñadas para ser usadas con las armaduras que se estaban construyendo en este momento.
Tardaría años, pero el equiparía a cada miembro de Ultramar con un arma y armadura adecuadas para el combate.
El siguiente paso era donde las cosas comienzan a complicarse. Los ejércitos no ganan batallas con voluntad y sacrificio, lo hacen con camina y medicinas.
Roboute Guilliman ya había designado un sistema estelar para la creación de nuevas medicinas, los males que los dioses oscuros soltaban sobre sus soldados, no volverían a ser un peligro, todo mal que Nurgle se le ocurriese liberar sobre sus hombres seria estudiado y curado por lo medicae. Nunca más la podredumbre podría asolar Ultramar.
La comida era más fácil, cientos de naves invernadero viajarían con sus fuerzas de ahora en adelante, estas naves serian donde se coseche toda la comida que sus tropas necesitasen, y para garantizar su máxima eficacia, el usaría semillas que fueron diseñadas genéticamente para ser inmunes a la plaga y la enfermedad.
El siguiente paso sería el obtener el total control de los mundos forja de Ultramar, sus altos mandos ya habían ideado un plan que tenía grandes posibilidades de triunfo, porque una vez esos mundos estuviesen asegurados, él los usaría para construir las maravillas tecnológicas que la humanidad uso en la era dorada de la tecnología para terraformar millones de mundos.
Si el imperio quería sobrevivir, tenía que expandirse, tenía que conquistar esos rincones oscuros donde se creía nada podía vivir, y transformarlos en lugares habitables, en lugares donde se pudiesen extraer los recursos que el imperio necesita tan desesperadamente.
Por último, pero no menos importante, asegurar las rutas disformes sería indispensable, por fortuna la humanidad ya había inventado una solución para eso, y en estos mismos instantes las pruebas preliminares para el implemente de esta milagrosa tecnología se estaban llevando a cabo.
Todo esto debería tomar más o menos 10 años estándar, pero una vez Ultramar volviese a ser la joya inmaculada que él había creado en la gran cruzada, podría comenzar a llevar su luz a otros lugares de la galaxia.
La luz de la esperanza renacería, el conocimiento volvería a ser libre, la humanidad seria liberada de esta locura llamada Eclesiarquia. Pero para eso necesitaba poder, más poder que el que tenía como primarca, como hijo del emperador, el necesitaba aprender a cómo sacar el máximo de estos malditos artículos que habían caído en su poder.
Tras artefactos de poder ancestral habían caído en sus manos, debía aprender a manipularlos de la mejor manera posible, en el poco tiempo que le quedaba.
El primarca se recostó en su silla, examinando cuan imposible era su tarea, tenía menos de 10 años para dominar secretos que la galaxia había ocultado por eones.
Y asun sabiando cuan loca e imposible era su tarea, él no se atrevía a considerar el fracaso, porque en el fondo de su alma sabía que su fracaso era la condenación de la humanidad.
Necesitaba buscar a alguien que supiese algo.
Necesitaba
Necesitaba
Necesitaba sabiduría.
¿Cuál era el nombre del dios de la sabiduría de los Eldars?
Si el martillo de Vaul le había dado la habilidad y conocimiento sobre los materiales que componen el universo.
Obtener una reliquia de un dios diferente, debería darle algo de su conocimiento.
Era un plan complicado, pero tan válido como cualquier otro.
Ahora, la pregunta como convencería a la sedienta de regurgitar la reliquia que el necesitaba.
