Capítulo 15: Aquí viene el BOOM pt2
Él era Alpharius, lo sabía, él era un primarca, uno de los veinte hijos bendecidos del Emperador. Él acompaño al emperador en la gran cruzada y le sirvió desde las sombras, asegurándose de que todo lo que el maestro de la humanidad no quisiese que saliese a la luz, fuese tragado por las sombras y el olvido.
Recordaba a sus hermanos, los demás primarcas, hijos bendecidos por el maestro de la humanidad, algunos habían sido más impresionantes que otros, Horus, algunos fueron bendecido desde el momento de su nacimiento, Magnus, otros forjaron su destino pese a tenerlo todo en contra, Agron. Otros por su lado fueron fracasos, Dorm, incapaces de comprender la verdad del universo, Guilliman, o simplemente estaban tan enfadados con su suerte que eran incapaces de ver el futuro, Vulkan.
La gran cruzada fue el momento donde la humanidad se levantó, y trato de reclamar su destino en las estrellas, lamentablemente no todos los hijos del Emperador fueron capases de comprender la importancia del momento.
Bueno, eso no importaba ahora, ya habían pasado más de 10 milenios desde que el emperador se había sentado en el trono dorado, milenios donde el imperio de la humanidad era lentamente consumido por la idolatría, la ignorancia, y el fanatismo.
El recordaba, lo recordaba todo, bueno, casi todo, el recordaba casi todo, porque no importa cuán impresionante fuese la tecno hechicería que uso el emperador para crearlo, nada era eterno, ni siquiera él, un primarca, era eterno.
Y la verdad era que nada de eso era cierto, él lo sabía, porque incluso aunque tenía una gran parte de los recuerdos de su primarca, era en los detalles donde se encontraba el engaño. Había muchos detalles olvidados, muchos momentos perdidos, mucha información faltante, él no era Alpharius, lo había sabido desde siempre, pero seguía siendo extraño que el pudiese recordar tanto de las memorias de su primarca ¿Los demás miembros de la XX legión eran iguales, recordando una vida que no era suya, o él era especial por algún desconocido giro del destino? Bueno, la verdad, era que eso no importaba. Sea cual fuese la verdad, el seguía siendo un miembro de la XX legión, y tenía un deber que cumplir, ante todo.
Un deber, en el cual parecía estar fallando.
Algo estaba pasando en Ultramar, mundos enteros que se supone deberían estar "fuera" de la influencia de Macragge parecían haber sido retomados, mundos forja que habían permanecido apagados por los últimos cinco milenios habían encendido nuevamente sus forjas, mientras cientos de voces pertenecientes a todos los agentes infiltrados de la XX Legión habían sido silenciadas de golpe. Pero lo más preocupante era, que no sabían quién lo había hecho.
Los Ultramarines eran incapaces de realizar tal acción, estos monolíticos, e ignorantes marines espaciales, cuya doctrina de guerra giraba en torno a un codex escrito hace ya demasiado tiempo, carecían de la agilidad mental requerida para detectar y exterminar a todos sus infiltrados. Aun así, la verdad era que con cada día que pasaba, la XX legión perdía presencia dentro de Ultramar.
Claro que Ultramar seguía estando paralizada, pero de seguir esta tendencia, en uno diez o veinte años comenzaría a ser una fuerza capaz de causar problemas al Imperio. No solo eso, los rumores sobre el regreso del XIII primarca a sus dominios habían comenzado a inundar los canales oficiales.
Si bien no había una confirmación por parte del imperio referente a este asunto. El hecho que el primarca lanzase un comunicado masivo a todo el que pudiese escucharlo en la galaxia, era…preocupante en el menor de los casos.
Alpharius negó con la cabeza, no tenía sentido analizar información sin confirmar. Por más grave que esta fuese, este comunicado podría no ser otra cosa que una treta para confundir a los enemigos de la humanidad.
Eso también podría explicar porque tantas células pertenecientes a la legión Alpha fueron destruidas, alguien cometió un error, y al actuar precipitadamente se delato a sí mismo, y a todos con los que haya estado en contacto. Esta era una explicación enclenque, y carente de toda lógica, pero en esta galaxia donde; los dioses del caos campan a sus anchas, xenos desquiciados surgen de cada esquina, y un sinfín de amenazas para la humanidad nacen y mueren sin que nadie se entere siquiera, esa explicación era… ¿posible?
Fue en ese momento de reflexión que algo nuevo ocurrió, un inmenso terremoto azoto la estación espacial que él y su grupo usaban como base de operaciones.
La plataforma estaba registrada como una planta de reciclaje de berilio, por lo que no debería haber ningún motivo para que alguien la tomase en cuenta, a no ser, que sus atacantes supiesen que había en realidad dentro.
Alpharius tomo asiento en la sala de mando, listo para introducir los códigos que destruirían todos los cogitadores dentro de la base. Pero no lo hizo de inmediato, esperaba poder ver a su atacante, y quien sabe, averiguar algo antes de destruir todo.
Lo que descubrió al ver las cámaras de seguridad, le provocó un desagradable escalofrió en la espalda.
Sus atacantes eran marines espaciales, de eso no había ninguna duda, el problema estaba en que estos marines espaciales eran; más grandes, más rápidos y mucho más fuertes de lo que se supone deberían ser ¿Qué estaba pasando? ¿Quiénes eran estos nuevos marines? ¿A qué línea genética pertenecían?
Activo las defensas puntuales de toda la base, estas armas semiautomáticas no pararían a sus atacantes, pero deberían darles un tiempo valioso para recopilar información y huir. El resultado no fue el esperado, los disparos simplemente rebotaban en las armaduras de estos recién llegados, al parecer esta armadura también era mucho mejor a la que se supone Ultramar había estandarizado entre sus tropas. ¿Ultramar había estado usando tecnología Xenos nuevamente? Eso sin duda era algo preocupante, y debía ser corregido rápidamente.
Alpharius tecleo un código de 200 000 caracteres en su consola, era el código de finalización, al ingresarlo, el núcleo de plasma que daba energía a la base debería alcanzar masa crítica en cuestión de segundos, pero nada paso.
Alpharius volvió a ingresar el código una segunda vez, y luego una tercera, pero nada. El sistema no respondía.
Alpharius junto a uno de sus hermanos arrancaron el tablero, creyendo que podrían encontrar la causa al desperfecto, pero por más que lo intentasen, nada resultaba.
Toda la información dentro de la base, todos sus recursos, todas las acciones que habían realizado dentro de Ultramar, todo eso y más estaban a punto de perderlo.
Alpharius lanzo un grito de indignación antes de colocarse su casco, y salir de la sala, si se apresuraba podría llegar al cuarto de máquinas antes de que sus atacantes sospechasen sus intenciones.
Con un poco de suerte solo tendría que usar la letanía adecuada para convencer al espíritu máquina de que sobrecargase el reactor, en caso contrario habían métodos más violentos que podían servirle.
Lamentablemente no fue lo suficientemente rápido, una ráfaga de fuego bolter lo golpeo antes de que pudiese acercarse a la sala del reactor.
Alpharius se balanceo, tratando de permanecer de pie, desafiante ante sus atacantes, pero le fue imposible, sus heridas eran muy graves, había perdido su brazo derecho, junto a la mitad de su cintura. Su metabolismo sobre humano trataba de reparar el daño, pero era imposible. En el mejor de los casos solo le quedaban un par de minutos de vida.
La lucha, su lucha acababa lentamente, mientras su sangre de desparramaba por el piso, pero la guerra seguía, una pequeña sonda había despegado antes de que el saliese de la sala de mando, la masa de la estación debería ser suficiente como para ocultarla de los sensores auspex, dentro de esa pequeña sonda se encontraba codificada todo lo que Apharius había descubierto sobre las habilidades de sus atacantes, esta información seria indispensable a futuro, la Hydra sobreviviría, se repondría, y superaría esta adversidad, como ya lo había hecho antes.
Excepto que esta vez no lo haría. La sonda había sido destruida. Uno de sus atacantes se lo confirmo, mientras se retiraba el casco, con una sonrisa burlona.
Mientras sus ojos de Alpharius se cerraban, mientras la vida se escapaba de su cuerpo herido, Apharius no pudo evitar notar que sus atacantes no eran los típicos hijos de Roboute Guilliman, en Ultramar ahora había algo más que solo Ultramarines de colores o heráldicas diferentes. Eso resulto ser un pensamiento realmente aterrador.
Cato Sicarius caminaba sobre la superficie sin vida de un planeta, un planeta que no se encontraba registrado en ninguna de las cartas astrales, un planeta que la maldita legión Alpha había tomado como su base de operaciones.
A Cato Sicarius realmente no le importaba el método que uso la hidra para borrar la localización de este mundo de todos los registros de Macragge, o que métodos usaba su primarca para rastrear a la XX legión. Para Cato Sicarius nada de eso tenía sentido.
Los enemigos de la humanidad no necesitaban razones para soñar con la destrucción de la humanidad, por eso Cato Sicarius no necesitaba nada para saber que debía matarlos, de la forma más rápida y eficiente posible.
Frente a él un miembro de la XX legión se paró, dijo ser Alpharius antes de lanzarse al combate, Cato Sicarius no le prestó atención, este sería el noveno Alpharius que mataría este día.
Las espadas chocaron, las chispas saltaron, Alpharius estaba a la defensiva, tratando de ganar el mayor tiempo posible, Cato Sicarius no se lo permitiría.
Con un movimiento rápido Cato Sicarius corto los brazos de Alpharius a la altura de los codos, antes de que el legionario se diese cuenta, Cato Sicarius volvió a mover su espada, en esta ocasión corto su cabeza. Terminando con el traidor antes de que este se diese cuenta de que estaba pasando siquiera.
Cato Sicarius siguió su camino, sabía que la única razón por la cual Alpharius había aparecido, era porque tenía que ganar tiempo. Tiempo que no se le podía permitir a la XX legión.
Cato Sicarius pateo una puerta, e ingreso a una instalación desconocida, dentro encontró a varios miembros de la XX legión trabajando apresuradamente para tratar de retomar el control de la instalación.
Por un segundo Cato Sicarius casi pudo ver el miedo en los ojos de los traidores, mientras los cortaba, lo que sea que la legión Alpha había estado tratando de hacer en este planeta, no importaba, el planeta seria repoblado tan pronto como los traidores fuesen correctamente eliminados. Pronto este planeta sería otro glorioso mundo, al servicio del imperio, del Ultramar, de Roboute Guilliman.
Una comunicación llego, la Hidra había tratado de lanzar una sonda de advertencia para sus aliados, afortunadamente la sonda había sido localizada y destruida, la XX legión jamás sabría qué fue lo que paso en este mundo.
Cato Sicarius sacudió la sangre que goteaba de su espada cuando termino la batalla, 15 miembros de la legión Alpha yacían a sus pies, ninguno de estos miembros había sido tan habilidoso como el Alpharius que enfrento afuera, por lo que era posible que todos los cuerpos aquí presentes perteneciesen a neófitos aun en entrenamiento. Una lástima, ningún era digno del filo de Cato Sicarius.
Entonces cientos de disparos obligaron a Cato Sicarius a buscar cobertura. Mas miembros de la XX legión habían llegado.
Nuevamente uno de esos miembros se presentó como Alpharius.
Cato Sicarius ya estaba comenzando a hartarse, siempre era lo mismo, todos los miembros de la legión Alpha eran Alpharius. Era una especie de broma, que la XX legión repetía sin parar.
Cato Sicarius había llegado a la conclusión que Alpharius más que un nombre, era un rango en la legión traidora. Siempre había un Alpharius, nunca dos al mismo tiempo, pero siempre había al menos uno. ¿Sería que Alpharius era como llamaban al miembro más antiguo entre ellos? Era posible.
Una nueva serie de disparos sacaron a Cato Sicarius de sus pensamientos. Los traidores habían tomado posición, defenderían lo que sea que se encontrase detrás de ellos con su vida.
Tal estrategia podría haber funcionado con alguien más, pero él era Cato Sicarius, campeón de Ultramar. Y él no caería ante tan pobre muestra de habilidades.
Su mano se movió rápidamente, su primarca le había confiado algunas herramientas de la era oscura de la tecnología, con un ligero movimiento dejo caer una placa al piso, una imagen holográfica de Cato Sicarius fue proyectada, mientras el verdadero Cato Sicarius desaparecía.
Los traidores volvieron a disparar, concentrando sus disparos en la imagen holográfica de Cato Sicarius. Ninguno de los traidores pudo detectar el engaño hasta que fue muy tarde. Cato Sicarius había llegado detrás de sus enemigos, y les corto la cabeza antes de que alguno de ellos se diese cuenta.
Cato Sicarius no estaba muy contento con esta forma de eliminar a los traidores, pero cuando comunico sus dudas, su primarca le había dicho.
"Ellos usan el engaño y las sombras como armas, démosles una probada de su propia medicina"
Cato Sicarius no estaba convencido, pero las palabras de Roboute Guilliman eran ley, y el obedecería.
Nuevamente comenzó su lento avanza hacia el interior de la base enemiga.
Encontró nuevamente resistencia en el área de máquinas, seguramente Alpharius planeaba sobrecargar el reactor de forma manual, al haber perdido el control de su base, tal y como lo había predicho el primarca.
Cato Sicarius avanzo rápidamente corto a tres miembros que trataban de negociar con el espíritu máquina, luego mato a un cuarto enemigo, este había tratado de dañar la ventilación del reactor.
Un quinto enemigo renuncio a su infructífero intento de sabotear el reactor, saco su espada, y se presentó como Alpharius. ¿Cuántos Alpharius había eliminado hasta ahora? Cato Sicarius había perdido la cuenta, bueno, no era como si eso importase.
Alpharius salto al combate, blandió su espada cierra en un arco descendente, fallo, solo para saltar hacia atrás un segundo después, lanzando una granada de plasma.
Cato Sicarius golpeo la granada con la parte ancha de su espada, lanzándola sobre un sexto enemigo que estaba preparando su arma de plasma detrás de una terminal apagada. El traidor murió antes de que supiese que estaba pasando.
Alpharius se lanzó de nuevo, en esta ocasión ambas espadas chocaron, pero solo por un segundo, Cato Sicarius disparo su pistola láser con su mano libre, cercenando la pierna izquierda de Alpharius, luego volvió a disparar, atravesando la cabeza del traidor, por ultimo Cato Sicarius clavo su espada en el pecho de Alpharius, destruyendo la semilla genética del traidor.
El último de los traidores observo a sus enemigos caídos, y luego huyo, seguramente tratando de esconderse, hasta que la cacería hubiese pasado. Era una lástima, no lo lograría.
Cato Sicarius escucho un único disparo de bolter y supo que el traidor que había tratado de huir había encontrado su final.
Cato Sicarius se acercó al terminal de control, el no poseía los conocimientos para apaciguar al molesto espíritu máquina del reactor, pero lo intentaría. Abrió un canal de comunicación con alguno de los tecnomarines en órbita, y pidió asistencia.
El tecnomarine y sus asistentes se tele transportaron con gran precisión a la sala del reactor, pronto eliminarían cualquier riesgo de que el reactor se sobrecargase. Mientras tanto Cato Sicarius continuaría con su cacería de traidores.
Saliendo del cuarto del reactor se encontró con el traidor que había huido, había sido eliminado por uno de sus hermanos de batalla, ambos bajaron la cabeza en saludo y reconocimiento mutuo, para después continuar su camino.
Cato Sicarius continuo su búsqueda, según el nuevo Codex, en este mundo solo deberían sobra dos miembros de la hidra; un apotecario, encargado de encontrar nuevos reclutas e implantarles la semilla genética, y un psíquico, encargado de las comunicaciones entre los diferentes grupos de la XX legión.
Según el nuevo Codex, El psíquico, pronto trataría de escapar usando una lanzadera, pero eso era solo una treta, el verdadero problema era; el apotecario, quien debía estar escondido bajo tierra en estos momentos, en una instalación de emergencia preparada de antemano para cualquier eventualidad, su reserva de semilla genética también debería encontrarse en esa instalación.
Un sonido de advertencia le indico que el psíquico había comenzado su desesperado "intento de escape" nadie debía intervenir en su despegue, no había falta hacerlo, tan pronto como la lanzadera saliese del hangar, esta sería destruida por la nave que aguardaba en órbita.
A los cinco minutos después de que el ruido de los motores abandonase las instalaciones, se confirmó la destrucción de la nave traidora, y un equipo especial fue enviado para confirmar la muerte de su ocupante.
Cato Sicarius salió de las instalaciones enemigas, varios grupos de sus hermanos estaban rastreando cada pasillo o corredor de esas instalaciones, eliminando a cualquier traidor que pudiese haber sobrevivido, por lo que él no necesitaba preocuparse.
En su lugar concentro sus esfuerzos en rastrear al apotecario, no fue una tarea sencilla, las huellas no eran fáciles de seguir en un piso de roca, en especial después de que una lanzadera de combate volase sobre ellas, borrándolas por completo.
La instalación que Cato Sicarius estaba buscando era pequeña, totalmente independiente de la instalación ya purificada, seguramente tenía un generador propio, y muy posiblemente estaba enterrada a más de 50 metros de profundidad. Sería difícil buscar algo así en este lugar, el suelo estaba hecho de roca sólida, por lo que ningún escaneo auspex desde orbita podría detectar nada. Por fortuna, Roboute Guilliman había hallado una forma de rastrear estas instalaciones, y la había compartido en el Codex.
Cato Sicarius deposito su auspex en el piso, y luego ingreso un código, de más de 200 000 caracteres alfanuméricos. Casi al instante una inmensa roca se movió, y una escalera a las oscuras profundidades se podía ver en su interior.
Cato Sicarius descendió por la escalera, esta era exageradamente larga, tanto que a Cato Sicarius le tomo al menos unos 15 minutos poder llegar a su final.
Frente a Cato Sicarius asomo una puerta, grabada en símbolos que hacían que Cato Sicarius tuviese un horrible dolor de cabeza. Nuevamente ingreso el código, solo que en esta ocasión habían cambiado dos dígitos debido al tiempo que le tomo llegar a este lugar.
La instalación, o como el Codex la nombraba; "El cuarto de pánico" resulto ser una instalación de no más de 50 metros cuadrados, la semilla genética de los traidores estaba almacenada en inmensos refrigeradores, al otro lado de la habitación, ¿Por qué la legión Alpha insistía en congelar su semilla genética? Esa era una pregunta para la cual ni el primarca parecía tener respuesta.
Bueno, eso no importaba, avanzo y finalmente encontró al Apotecario, dormido en una pequeña cámara de estasis, por lo que Cato Sicarius podía entender del monitor, el apotecario planeaba dormir en ese estado veinte años estándar. Era una lástima, su sueño no duraría tanto, de hecho, su sueño terminaría cuando Cato Sicarius pudiese lanzar esa cámara de estasis al sol de este sistema solar.
Sería interesante escuchar los gritos de horror del traidor cuando este despertase en órbita de colisión con el sol de este sistema solar.
Primus caminaba por el puente de la nave, estaba usando sus poderes psíquicos para poder mover esta nave sin necesidad de un astropata, en teoría era algo posible, su padre lo había teorizado, aunque en la práctica, resulto ser algo más incómodo de lo esperado.
Bueno, esta ruta tampoco era particularmente peligrosa, ya que en estos momentos estaban recorriendo la frontera de que une Ultramar con el imperio Tau.
Ya era la tercera semana, cuando Primus no pudo ocultar su malestar.
-Responde de una vez maldita máquina, ¿Por qué has hecho eso? –Pregunto Primus, sabiendo que la IA que su padre había creado basándose en un plano neuronal del XIII primarca lo estaba escuchando, pese a no estar presente en el centro de mando.
La respuesta que Primus buscaba no tardó en llegar.
Un tecno-sacerdote ingreso a la cabina, el cerebro de ese pobre desgraciado estaba vacío, no había nada dentro, no tenía un alma, aun así, se movía, por voluntad de una IA que su padre había creado.
-Debes ser más específico en tus preguntas, hijo preferido, he realizado muchas cosas desde que fue liberado de mi confinamiento en la nave del tecno-hereje de tu padre.
Primus sintió como se le revolvían los órganos internos ¿Por qué su padre había revelado al primarca la creación de esta IA? ¿Por qué el primarca le había dado un cuerpo a esta monstruosa IA? Tantas preguntas, pero ninguna respuesta.
-Sabes de lo que hablo máquina. -Primus miro al cuerpo que la IA usaba como avatar, pero este no dio su brazo a torcer. - ¿Por qué le vendiste semilla genética a los Taus?
-Ah eso, creí que ya había aclarado que fue una orden directa de tu padre, aprobada por el propio XIII primarca.
Esa era la parte que más le confundía a Primus ¿Cómo fue que Roboute Guilliman aprobó este plan?
-Esto no tiene sentido, mi padre está caminando por la cuerda floja tras su fracaso en reclutar los mundos forja a su causa, además de que la Inquisición lo está buscando, si molesta al primarca perderá su único apoyo en el imperio.
El avatar de la IA produjo un sonido, que Primus solo pudo interpretar como una especie de burla.
- ¿Crees que Roboute Guilliman despreciara a tu padre si descubre tu existencia?
Primus asintió, sabiendo cuan herético era su nacimiento, él era una mezcla de la semilla genética de casi todos los primarcas, tanto leales y traidores, incluso los prohibidos.
Si el primarca, si cualquier ser humano se enterase de lo que su padre hizo para crearlo.
-Roboute Guilliman ya sabe de tu existencia. –Las palabras de la IA interrumpieron los pensamientos de Primus. –Pero, en estos momentos la situación es tan precaria para el imperio, que el primarca no puede cortar lazos con tu padre. En cierta forma se puede decir que el primarca está atado de pies y manos.
Primus analizo las palabras de la IA, si estas eran ciertas, la situación del imperio era mucho peor que sus cálculos más pesimistas.
-Supongo que eso también se aplica para tu existencia IA. –Primus escupió la última palabra, con todo el odio que podía reunir.
Lejos de molestarse la IA se rio, o al menos emitió el sonido que más se asemejaba dicha acción.
-Sí, es una forma de verlo. El primarca esta tan sobrecargado que no puede despreciar ninguna posible ayuda, incluso si esta proviene de una maquina herética creada a partir de su mapa neuronal y tecnología xeno.
Primus quiso llevarse las manos a la cara y maldecir. No lo hizo, pero la tentación era inmensa.
-Bueno, asumamos que lo que dices es verdad ¿Qué gana el primarca vendiendo la semilla genética de su hermano Horus a los Tau? Ninguno de los recursos que pedimos por el intercambio es imposible de conseguir en el imperio, menos para uno de los hijos del emperador.
-Los recursos que pedimos no son importante, los pedimos simplemente para que el imperio Tau no sospechase de nuestro propósito.
- ¿Y este propósito es?
-Desacreditar a Abadon el saqueador, ante sus subordinados.
Primus no supo que cara poner ante esa revelación. Por suerte la IA continuo con su explicación.
-Déjame iluminarte un poco, Hijo favorito. –El tecno-sacerdote se acercó a una pantalla holográfica. –Abadon es el líder de la legión negra porque nadie que haya cuestionado su mandato está vivo, los demonios lo obedecen no porque él tenga algún poder real sobre ellos, sino porque los dioses oscuros le favorecen, y más importante, sus tropas le siguen porque él les ha prometido todo lo que ellos puedan llegar a pedirle. Si alguna de esas promesas se cumple o no, ya es un tema aparte.
-Comprendo, la posición del saqueador no es tan estable como creía en un inicio. Aun así, su poder es incuestionable. –Razono Primus mientras analizaba las palabras de la IA.
-No tanto, imagínate el desastre que sufriría la reputación del saqueador, cuando las legiones traidoras se enteren que parientes de la misma línea sanguínea de Abadon se unieron al imperio Tau.
Primus asintió, ciertamente que de la nada apareciesen miembros de alguna línea genética que se uniesen a los xenos era una aberración. Pero no entendía como eso podía llegar a afectar la situación actual de la galaxia.
La IA se adelantó nuevamente a las preguntas de Primus.
-El saqueador en estos momentos ha lanzado una campaña para destruir el Guantelete de Nachmund, lamentablemente el Imperio no dispone en estos momentos los recursos necesarios para enviar los refuerzos necesarios. Si la situación continua, Abadon podría cortar la única ruta segura entre el Imperio Santum y el Imperio Nihilus. No creo que haga falta que te explique cuánto daño provocara esa perdida.
Primus asintió, comprendiendo cuánto daño le ocasionaría al imperio perder la mitad de su todo su poder.
-La estrategia es simple, cuando estos "hijos de leales Abadon" se muestren. La reputación del saqueador se verá gravemente golpeada.
-Un interesante plan, pero ¿Qué garantías tienes que el rumor llegara a sus oídos?
-La legión Alpha. –Respondió la IA como si fuese obvio. –Los hijos de Alpharius trafican con información, tan pronto se enteren, venderán esta información a todos los que puedan están interesados. Aliados, enemigos, todo aquel que pueda pagar.
- ¿Y cómo estas tan seguro que estos nuevos marines espaciales al servicio del bien supremo serán identificados como hijos del saqueador? Ultramar está más cerca, eso sin contar con que miles de semillas genéticas se perdieron en la pasada guerra de Damocles.
-Eso es algo más simple, me asegure de comunicarle al diplomático Tau a quien pertenecían las semillas genéticas que le vendí, y por si eso no bastase, me aseguro de manipular a todas las IAs del planeta, para que estas identificasen a cualquier marine espacial al servicio del bien supremo con un "hijo de Abadon"
Era interesante, Primus tenía que aceptarlo, el saqueador era muy poderoso, pero dependía de su reputación para seguir siendo tan poderoso, si sus aliados comenzaban a dudar de él, o si llegasen a sospechar que el saqueador tenía pactos con los xenos. Ciertamente era un problema que el saqueador no podría ignorar.
-El imperio Tau no podrá soportar una cruzada negra. –Comento Primus con satisfacción. –Espero que Guilliman ya este reuniendo las tropas que usara para enfrentar al saqueador.
-No hace falta. -Lo corrigió la IA. -El saqueador no podrá dirigir todas sus fuerzas contra los Taus, muchos de sus aliados no estarán interesados en esta campaña para limpiar su nombre, otros usarán este rumor para desacreditar al saqueador y ganar toda la influencia que puedan. Incluso puede que las tropas menos leales al saqueador aprovechen esta oportunidad para desertar.
Primus asintió nuevamente. El plan era aún más brillante de lo que había calculado en un inicio. Incluso si Abadon borrase al imperio Tau de la galaxia, el rumor de que estos xenos tenían acceso a semilla genética de su línea de sangre, era algo que lo perseguiría hasta el final de sus días, puede que incluso más. En especial si se consideraba que los únicos que sabían del origen de esa semilla genética, eran; el primarca, un archimagos, una IA, y él mismo.
-Aún quedan los registros de nosotros llegando al planeta Tau.
-Ya fueron eliminados.
- ¿Los eliminaste tú?
-No hizo falta, los Taus los eliminaron solitos.
- ¿Qué te hace tener tanta confianza en que lo hicieron?
-Los Taus saben que hay espías en sus filas, y por eso que no pueden arriesgarse a que se sepa como obtuvieron la semilla genética. Todos los registros de nuestra visita fueron borrados tan pronto como Aun'Shi comprobó lo que había en la bodega. No solo eso, todos los Taus que estaban en el puerto espacial cuando llegamos fueron "silenciados" tan pronto como nos fuimos.
Primus quería preguntar cómo era que la IA tenía acceso a esa información, pero se guardó la pregunta. Sea cual fuese la respuesta, a él no le importaba. Ahora solo tenía que concentrarse en llegar a Macragge lo más rápido posible, y luego desmantelaría esta nave con sus propias manos en las forjas de la nave de su padre. No quedaría ninguna prueba de lo que había pasado.
Las legiones del caos se enfrentaban en un eterno conflicto, conflicto que era seguido de cerca por los dioses del caos. Mientras los demonios se enfrentan unos a otros y los campeones luchan encarnizadamente, la tierra misma se estremecía de miedo y terror. Cada uno de los Cuatro Poderes intervenía cada vez que veían una oportunidad de derrotar a sus hermanos, ya fuese con rituales para potenciar a sus seguidores, o maldiciones que atasen a sus rivales, los Señores Oscuros, no se guardaban nada con tal de obtener una mínima ventaja sobre sus rivales.
Algunas veces, estos rituales adquieren gran importancia, permitiendo el uso de poderes olvidados o la creación de armas encantadas. En otras ocasiones, parecen insignificantes y despreciables, como prohibir una acción, o limitar las palabras que los presentes puedan usar.
Sin embargo, en las mentes insondables de los Dioses del Caos siempre hay un propósito y una razón para todo, a veces el propósito de estos rituales es claro, otras veces pasaran milenios hasta alguien pueda dilucidar una pista del propósito de los dioses.
Los Dioses acuerdan estos rituales en pleno combate, y una vez pactados, son vinculantes para todas las criaturas en el campo de batalla, desde la más pequeña y débil hasta la más grande y poderosa. Todas se someten a la voluntad eterna de los poderes ruinosos.
En el Reino del Caos, incluso los caprichos más fugaces de los dioses generan inmensas variables.
Por eso cuando el señor del exceso retiro totalmente sus bendiciones a un campeón elegido, la balanza se sacudió con tanta fuerza que los otros tres poderes tuvieron que interferir para evitar el campo de batalla colapsase.
El señor del exceso sonrió, mientras veía a sus hermanos sostener el campo donde sus tropas habían estado enfrentándose. Y antes de que ninguno de estos pudiese exigir una explicación por sus acciones, el simplemente comunico, con la voz las fría posible.
"Estoy aburrido de este juego"
Y luego se retiró.
Los que se quedaron no supieron que responder a tal declaración. Pero sabiendo que, sin uno de ellos presente, este juego perdería sentido. Uno a uno comenzaron a retirarse.
Primero fue el señor de la sangre y los cráneos. Quien retiro sus bendiciones y luego comenzó a buscar un nuevo campeón que le agradase.
Luego fue el señor de la podredumbre. Él ya tenía un campeón de su agrado, y ahora tenía las bendiciones adecuadas para armarlo.
El último fue el cambiador de caminos, quien estaba realmente asombrado por el inesperado actuar de sus hermanos. De repente todos sus planes y tretas que habían estado tejiendo en la oscuridad, ya no valían nada, menos aún que nada. El cambiador de caminos se había quedado sin nada de un momento a otro.
Miro al plano que sostenía, las tropas de sus hermanos ya se habían retirado, por lo que él podía asumir que esta era su victoria. Claro que esto no cambiaba nada, este plano era solo uno de innumerables más, por lo que no tenía sentido reclamarlo para sí mismo.
Finalmente, él también se retiró, maldijo al señor de los excesos por sus constantes caprichos, y nuevamente juro ante todo el que pudiese oír, un horrible final para su hermano, pero de momento no tenía sentido su furia, él tenía que comenzar de nuevo, y por este momento de duda, él ya se había quedado detrás de sus hermanos.
Roboute Guilliman, Primarca de los Ultramarines, se aferraba al puente de mando de su nave insignia. Dando órdenes a todas las naves que le seguían.
El rugido de miles de naves de guerra resonaba en el vacío del espacio, era un coro de bestias hambrientas. Bestias que se estaban preparando para dar el golpe final sobre una presa ya mortalmente herida.
Debajo de las miles de naves, se encontraba un planeta tumba Necron. Sus defensas orbitales habían sido silenciadas hace horas, y las pocas naves que intentaron defender el planeta, fueron destrozadas por las brillantes estrategias del hijo vengador.
Había llegado el momento de dar el golpe de gracia.
Se tele transporto a la superficie estéril del planeta. Y junto a su guardia de honor avanzo sobre el mundo tumba, sus hijos inspirados por la presencia de su padre, se sintieron potenciados, libres de cualquier debilidad o la duda que esta larga lucha pudiese haberles provocado, se lanzaron de nuevo al campo de batalla, para infinita desgracia de sus enemigos.
Las pocas defensas Necron que todavía se mantenían fueron rápidamente destruidas, permitiendo que el primarca tuviese libre acceso a los niveles inferiores del mundo tumba.
En los niveles inferiores de su mundo tumba, los metálicos Necrones plantaron su última defensa, pero con el primarca a la cabeza de sus hijos, el enfrentamiento solo puede ser descrito como una carnicería totalmente unilateral.
Aun así, pese a los grandes logros conseguidos en esta campaña, esta victoria, solo era una pequeña gota en el gran esquema de las cosas, pero una victoria era una victoria. En especial si se consideraban las razones que tenía Roboute Guilliman para venir a este planeta alejado de la mano del emperador.
Mientras Roboute caminaba, el martillo de Vaul estaba sellado dentro de la mano del dominio, lo cual le permitía acceder a su poder, sin levantar la sospecha entre sus hijos.
Con el poder, la visión, que le otorgaba esta arma divina, El primarca podía ver la verdad que se escondía a simple vista. Aun no podía, o, mejor dicho, aun no confiaba plenamente en lo que veía, pero ya comenzaba a poder dar sus propias conclusiones.
La primera y sin duda la más importante. Los Necrones estaban condenados, estos seres de metal viviente no eran la fuerza imparable que todos creían. Su tiempo se acercaba rápidamente, en uno o dos milenios a lo mucho los componentes que formaban su centro neurálgico, su cerebro, dejarían de funcionar. Luego solo sería cuestión de cazar a los sobrevivientes.
No estaba totalmente seguro si eso se aplicaba a los Necrones de otros mundos tumba, pero estaba dispuesto a apostar a que sí. El tiempo de los Necroes había pasado, y su existencia era como la de una vela a punto de acabarse: "arder con más fuerza al final"
La segunda cosa que el primarca noto era que podía comprender el lenguaje Necron, no estaba seguro si podría hablarlo en caso de querer hacerlo, pero como mínimo podía leerlo.
El primarca movió su mano en la piedra fría de la pared, uniendo dos símbolos aparentemente al azar. Esa acción provoco que una puerta se abriese, dándole acceso al primarca a las tumbas vacías de los faerones de esta dinastía.
¿Estos poderosos seres habían despertado o fueron asesinados mientras dormían, y luego sus cuerpos fueron exhumados? El primarca no lo sabía, y prefería no enterarse. Mientras menos supiese de estos horribles xenos, mejor para él.
Guilliman siguió defendiendo por el mundo tumba, buscando algo que ni siquiera él sabía si podía encontrar en este planeta.
No fue hasta que llego al final del mundo tumba que lo encontró. En lo más oscuro del mundo forja, el primarca encontró un depósito lleno de noctilita, mejor conocido como piedra negra por sus hijos.
-Quiero guardias custodiando esta puerta, debemos asegurar toda la piedra negra que hay en este lugar.
Las órdenes del primarca fueron cumplidas sin demora, ninguno de sus hijos se atrevía a dudar sobre los motivos ocultos que su padre genético podría tener sobre este peculiar recurso.
Guilliman siguió buscando, pero nada, ese depósito parecía ser el único en el planeta, una lástima. Pero aun había varios cientos de otros mundos tumba manchando su sagrado hogar. Eliminar esa amenaza seria solo el principio. Pronto también los Tiránidos también sufrirían su ira.
Por unos segundos Guilliman sintió el deseo de empuñar la espada que le regalaron, de usarla contra ese quitinoso enemigo. Desecho el pensamiento rápidamente. El poder no valía nada si no se tenía un absoluto control sobre este, y de momento Guilliman era incapaz de controlar al 100% esa espada, por lo que empuñarla seria únicamente una apuesta peligrosa, una apuesta donde el no ganaba nada de valor real.
Después de buscar por horas en las profundidades del mundo tumba Roboute se sintió satisfecho, y decidió regresar al Honor de Macragge, su nave insignia.
