Capítulo 19: Interrogatorio.

Magnus no era tan ingenuo como para creer que sus hijos eran totalmente inmunes a las perversas maquinaciones de los dioses oscuros, de hecho, el mismo había tenido que eliminar a varios de sus hijos, los cuales habían caído en las tentaciones más oscuras del gran enemigo. Por eso no le pareció imposible encontrar a algunos de sus hijos encadenados en la capsula de inserción que su hermano había lanzado sobre el planeta.

Si su hermano Guilliman creía que mostrándole ese lamentable espectáculo su voluntad flaquearía, su hermano era más idiota de lo que parecía. Él se encargaría en persona de eliminar esta mancha en su honor, para después ir por su hermano descarriado. Pero no pudo, algo en la mirada aterrada de sus hijos, algo en esa vieja armadura que vestían, algo estaba mal.

No, era muy ingenuo pensar que su hermano caído había enviado a sus hijos corruptos solo a morir en manos de su padre genético. No, Roboute Guilliman no era alguien que se tomaba las cosas a la ligera. Y Magnus no iba a tomarse a su hermano a la ligera nuevamente.

Había un plan, su hermano lo había trazado, y seguramente no era algo tan simple como revelarle algo que él ya sabía. Aquí había una trampa.

Matar a sus hijos traidores, podría ser el curso de acción más rápido, pero, era obvio que ellos sabían algo, y esa era la razón por la cual Roboute se había tomado todas las molestias para que estos llegase a salvo a su presencia.

Los hechos ocurridos cuando su hermano tomo el palacio seguían grabados firmemente en su memoria, Roboute podría haber matado a su padre, El Emperador de la humanidad, con relativa facilidad, en lugar de eso, El señor de Ultramar se había dedicado a jugar por los pasillos, y hacer turismo por todo el palacio imperial. Podría atribuir ese comportamiento a una creciente locura ocasionada por su largo tiempo encerrado, pero él no se atrevería a apostar por esa teoría.

Algo impulsaba las acciones de su hermano, y lo mejor sería descubrir cuanto antes que era lo que estaba ocurriendo.

Atrapo a sus hijos, y con sus inmensos poderes corto cualquier lazo que estos pudiesen tener con el Inmaterium. Una vez estos estuviesen completamente aislados de los ojos de los demonios, los interrogaría.

Aun así, había una pregunta que debía ser respuesta.

- ¿Cuáles son sus nombres, hijos traidores? –Pregunto Magnus lentamente, asegurándose que sus hijos no pudieses usar alguna artimaña para mentirle.

-Akhtar de los Raptora.

-Murshid de los Athanaeans.

-Malin Vistario de la séptima enumeración.

Magnus logro rescatar los nombres de sus hijos, de memorias largo tiempo olvidadas, memorias que el primarca realmente hubiese querido no tener que recordar.

-Esos… nombres, ¿Estuvieron en Prospero cuando los lobos atacaron? –La pregunta de Magnus era redundante, pero el primarca necesitaba confirmación.

Los tres traidores asintieron, incapaces de dirigir alguna palabra a su primarca, él cual no era para nada como ellos lo recordaban.

-Bien, los interrogare más tarde. –Hizo una señal, y algunos de sus hijos leales, arrastraron a sus hermanos traidores.

Esto estaba mal, Magnus no necesitaba ser un Psiquico para comprender que esto estaba muy mal, pero aun así debía avanzar, debía encontrar las respuestas a esta situación. Esa curiosidad, que en otra línea de tiempo fue la causa principal de su caída, estaba asomando su fea cabeza en esta línea temporal.

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Día 1

Magnus estaba sentado frente a la prisión de uno de sus hijos traidores, esta prisión en si era un sarcófago con cientos de glifos tallados en su superficie, el sarcófago era del tamaño justo de su prisionero, y había sido tallado a mano por sus mejores Bibliotecarios, para asegurarse de que lo que contenían, nunca pudiese escapar. Movió su mano, y el sarcófago libero la cabeza de su prisionero.

- ¿Quién eres? –Pregunto Magnus, más que nada para asegurarse que su prisionero, era capaz de recordar su nombre.

-Akhtar de los Raptora. –Respondió el legionario, cansado, y algo aterrado de enfrentar a esta versión sin corromper de su padre genético.

- ¿Cuando fue que caíste a la corrupción? –Magnus sabía que no tenía mucho sentido pronunciar muchas preguntas, lo mejor era comenzar con una, y repetirla hasta que esta fuese respuesta de forma satisfactoria.

- ¿Por qué me preguntas eso? ¡Tú nos arrojaste a los brazos del que cambia los destinos!

Magnus movió su mano, y la cabeza de su hijo volvió al interior de su sarcófago/prisión.

El hechicero supremo sabía que al interrogar a los ciervos de Tzeentch, lo mejor era no dejarlos hablar, las palabras eran un arma poderosa, una que este dios en particular usaba de forma abusiva.

Movió la mano, y un nuevo sarcófago ocupo el lugar del anterior, dentro de esta prisión, estaba Murshid de los Athanaeans.

Movió su mano, y la cabeza de Murshid fue liberada.

- ¿Quién eres?

Murshid parpadeo por unos instantes, asegurándose de que lo que estaba frente a él, era real.

-Soy Murshid de los Mil Hijos, eterno sirviente de Tzee….

Magnus movió su mano, y Murshid quedo nuevamente enterrado en su prisión. Otro movimiento y el último de sus prisioneros estaba frente a él. Si Magnus recordaba bien, Vistario una vez fue un psíquico de gran potencia, un legionario con un brillante futuro por delante, lamentablemente había estado en Prospero, cuando los lobos atacaron.

Magnus dudo, la quema de su mundo natal a manos de su trastornado hermano, seguía siendo un recuerdo doloroso, uno que aun dolía…. una herida abierta, que estos 10 000 años de guerra sin fin, no habían curado apropiadamente.

Por unos segundos el hechicero supremo se planteó la posibilidad de abandonar. Una salida simple, y sin mayores complicaciones, no había un solo ser en este mundo que le cuestionaría su forma de pensar, ¡Él era un hijo del emperador! ¿Entonces porque seguir? Nuevamente su curiosidad fue…más fuerte que su sentido común.

- ¿Quién eres?

- Malin Vistario de la séptima enumeración.

- ¿Estuviste en Prospero cuando los lobos atacaron?

Vistario miro al inmenso ser frente a él, "a su primarca". El ser frente a él era pulcro, libre de la marca de la corrupción y la locura, tal y como se supone que debía ser. Era su primarca, era Magnus el rojo, Hechizero supremo de Prospero, todos sus sentidos le gritaban que lo que estaba frente a él en este momento era su primarca, y, aun así, se negaba a creerlo. Era imposible. Su primarca había enloquecido, había sido transformado en un príncipe demonio, era imposible que este ser frente a él fuese su padre genético.

-Me rindo, dile a Roboute que me rindo, lo que sea que quiera se lo daré, pero, que detenga esta locura, tú no eres él, tú no eres mi primarca. Eso es impo…..

Magnus cerro su puño, y el sarcófago de Vistario quedo sellado nuevamente. Dejando al hechicero supremo, solo en la sala de interrogatorios, solo con sus pensamientos.

Día 2

Magnus suspiro mientras se preparaba para un realizar nuevo interrogatorio, había sido algo difícil para alguien como él, apartar un poco tiempo en su apretada agenda, pero las inquietantes palabras que sus hijos traidores habían pronunciado ayer le llamaban la atención.

- ¿Quién eres?

Las únicas respuestas que el primarca obtuvo ese día, fueron insultos y burlas.

Día 7

Una semana, había pasado una semana solar desde que Magnus había capturado a estos hijos traidores a su legado genético, y no se encontraba más cerca de responder a sus inquietudes, de lo que había estado en un inicio, de hecho, sus dudas estaban aumentando conforme los desvaríos de sus hijos escalaban.

-Entonces apareciste tú, quien se había mantenido oculto durante todo el asedio, finalmente saliste de tu encierro, y te enfrentaste a tu hermano en duelo singular. La batalla fue igualada, al menos al principio, pero te confiaste, y Leman tuvo la oportunidad de aprovechar esa falla, para romperte la espalda.

Magnus asintió, ya no quería corregir los desvaríos de sus hijos, tras una semana de interrogatorios, se contentaba con que hablasen de forma (más o menos, coherente) y que no gritasen(Mucho)

-Mientras estabas roto en el piso, le rogaste al señor del cambio por ayuda, y este transporto a toda nuestra gente fuera del mundo. Por un precio claro está.

Murshid termino su historia, y que quedó callado, mirando al infinito, que se encontraba más allá de su padre genético.

Día 10

Magnus se froto la cara, tratando de desterrar el cansancio que le consumía. Habían pasado casi dos semanas, y no estaba más cerca de la verdad. Nuevamente se froto la cara, ahora con un poco más de desesperación.

Movió su mano, y la cabeza de su hijo quedo libre.

-MALditos, MAAAAAAAAALLLLLDDDDDDDIIIIIICCCCCCCCCICOCOOOOONNNNNNNN, liberadme, liberadme.

Un nuevo movimiento, y su hijo regreso a la oscuridad. Desde hace tres días que Vistario se negaba a hablar, solo gritaba y maldecía, maldecía y gritaba, ya no tenía sentido, lo que decía hace días que se había quedado sin palabras mal sonantes, o insultos hirientes, ahora solo gritaba.

Día 13

Desde la herejía de Horus, el numero 13 había quedado estigmatizado, lo cual no tenía mucho sentido si se considera que la 13va legión no participo activamente en la traición. Pero aun así el numero era considerado de mala suerte, por lo que apenas bajo al cuarto de interrogatorios, una escuadra completa de bibliotecarios se presentó, listos para apoyarlo si se presentaba la ocasión.

Nuevamente eso no tenía sentido, si él era incapaz de arreglárselas, ¿Qué esperaban lograr sus hijos? incluso si estos estaban vistiendo armaduras de exterminador. Esto era una estupidez.

Día 25

-AAAAAAHHHHHHHGGGGG

-AAAAAGGGGGGGGGHHHHHH

Magnus no tuvo ningún progreso este día, de hecho, este día fue particularmente malo, ya que ninguno de sus hijos pronuncio palabra alguna, solo gritos, gritos de horror, no de arrepentimiento o suplicas de perdón, solo gritos de puro e incalculable horror. Era una lamentable cacofonía de llantos de tristeza, y horror. Que desgarraban el alma del propio primarca.

Día 76

Lentamente, muy lentamente Magnus comenzó a entender las declaraciones de sus hijos, las "verdades" que ellos habían vivido. Todo lo que el rey hechicero creía que sabía, fue reemplazado por una locura.

Uno a uno, el primarca había logrado debilitar los muros mentales, que protegían las mentes de sus hijos traidores. Magnus había usado cada pisca de su astucia para evitar destruir las mentes de sus hijos mientras lo hacía, además de mostrarles cualquier aspecto de su personalidad, que los calmase lo suficiente como para que estos estuviesen dispuestos a hablar y colaborar.

Y aunque no lo demostró, cada nueva revelación, había golpeado la voluntad del primarca con la fuerza de un cañón gauss.

Día 167

Fue el capitán Igem de la primera compañía, quien finalmente se enfrentó a su padre genético.

En una acalorada discusión, el capitán, desafiando la ira del inmenso primarca, y obligo a Magnus a reconocer lo que este ya sabía. Sus hijos estaban perdidos, sea cual fuese la locura que los consumía, Magnus no podía curarlos, las semanas que había empleado en tratarlos eran un esfuerzo inútil.

El rey hechicero estaba jugando en las manos del señor del cambio.

Su deseo de salvarlos, había sido pervertido en una horrorosa trampa, que estaba poniendo en peligro la gran cruzada contra Ultramar.

Finalmente, Magnus tuvo que detener sus esfuerzos. Aun así, el primarca se negó a rendirse, por lo que le encargo la tarea a sus mejores médicos, capellanes, y bibliotecarios, la búsqueda de una cura espiritual.

Día 234

Magnus finalmente tenía delante de si, la historia más o menos completa de lo que había pasado en Prospero. Al menos la parte que sus hijos traidores creían que era verdad de lo que había pasado.

Horus listo para comenzar su rebelión contra su padre, engaño a Leman Russ, para que este atacase Prospero.

Cuando el lobo ataco Prospero, Magnus seguía encerrado en la torre más alta, nadie sabe porque, pero que todo su mundo estuviese ardiendo, no fue suficiente para que este saliese de su exilio autoimpuesto.

No fue hasta que los últimos restos de los defensores del planeta, junto a los últimos restos de la población planetaria, plantaron lo que sería su última resistencia en la base de la torre donde su primarca se había encerrado, que este salió a combatir contra su hermano.

El combate fue rápido, y decisivo. Aprovechando un momento de distracción, el lobo incapacito a su hermano, y luego procedió a romperle la espalda, estrellándolo sobre la plaza principal de la ciudad.

Fue allí, a las puertas de la muerte que Magnus cedió, y rogo por ayuda, ruego que fue escuchado por el señor del cambio, quien arranco a todos los sobrevivientes del planeta, y los puso a salvo dentro de la disformidad, en un mundo que milenios después pasaría a llamarse el planeta hechicero.

Esta historia estaba mal en tantos puntos, que Magnus no sabía por dónde empezar.

Bueno, primero lo primero. Horus era leal a su padre, y nunca albergo los deseos oscuros de los que se le acusaban.

Luego estaba el tema de la invasión, Leman llevo a su legión a invadir Prospero, no por órdenes de alguien más, si no por su propia ignorancia y superstición. Aun así, el hecho que el gran lobo contase con la ayuda de hermanas del silencio para proteger sus tropas, y ayudarlo en el asedio, era una revelación inquietante. Magnus no iba a negar que siempre tuvo curiosidad sobre que métodos uso su hermano para destruir las protecciones psíquicas del planeta. Esto tendría que ser investigado.

Otro punto interesante era su supuesto autoexilio en la torre más alta de Prospero. La verdad era que el primarca en ese momento no estaba en el planeta, ni siquiera estaba en el mismo sistema solar, se había ido en secreto a Terra, para ayudar a su padre con su proyecto de la telaraña. Aun así, era cierto que él había tenido que partir en la noche, envuelto en un velo del sombras y secretos. Así que esta parte, sobre como sus hijos explicaban su ausencia en casi todo el asedio, era algo que quedaba a libre interpretación.

Él debería haber informado a su gente, que tenía que irse, de haberlo hecho, en lugar de jugar a los secretos, su gente no hubiese estado; maldiciendo, rogando, implorando, o insultando, una torre vacía durante todo el asedio.

El tema del asedio era horrible, las tres perspectivas que había escuchado sobre como sucedió, eran terribles, los lobos no se contuvieron ni un poco, usando toda su brutalidad para asegurarse que por donde sus pies pasasen, ni siquiera la hierba volviese a crecer. Los relatos de lo que sus hijos vieron, o lo que tuvieron que hacer para sobrevivir, eran cosas que el primarca no podría olvidar jamás.

Y por último estaba el tema de su combate contra su hermano, él no había estado en Prospero ese día, por lo que era imposible que él hubiese peleado. Sea quien fuese que lucho y perdió contra Leman era un tema que requeriría una minuciosa investigación después.

Aun así, pese a todo, Magnus estaba agradecido, por fin sabía lo que paso, lo que realmente le paso a su mundo, a su gente.

Tzeentch se había hecho con sus almas, el dios oscuro había visto la oportunidad y la uso. Todos los que no habían podido escapar de los lobos, habían sido engañados, usados, y devorados.

Según lo que había podido averiguar de sus hijos traidores. En la disformidad habitaba un ser que pretendía ser él, que estaba al mando de todas las almas que no pudieron escapar de su mundo natal. Un príncipe demonio que portaba su cara, y estaba al mando de los restos de la vieja legión de los Mil Hijos.

Por fin, tras tantos milenios, Magnus podía dar por terminado este capítulo de su vida, y por fin, podía concentrarse en el presente. Uno que estaría marcado por un juramento, un juramento de venganza y retribución.

Magnus el rojo, gruño, mientras realizaba dicho juramento, donde se comprometía a vengarse del mandito estafador, que se había atrevido a ocupar su lugar, a engañar a su gente, a manipular sus memorias. Magnus juraba buscar venganza contra este mal, que tenía atrapado a su gente, a su pueblo. Y más importante, el primarca de la XV legión de marines espaciales, se comprometía a liberar las almas de su gente que estaban cautivas, en esas malditas creaciones que sus hijos habían llamado; marines rubrica.

Y pese a que Magnus ya podía decir que este asunto había terminado, había algunas cosas, pequeños detalles de las declaraciones de sus hijos, que seguían siendo molestos.

El primero sin duda era; que ellos fueron capturados, mientras Guilliman se enfrentaba a una inmensa serpiente demonio que afirmaba ser el primarca de la III legión, Fullgrim. ¿Acaso en la disformidad habitaban demonios que llevaban sus nombres? ¿Por qué hacían eso? ¿Acaso eso era una burla, una provocación, o talvez algo más oscuro? Bueno, eso era un tema para más adelante.

El segundo punto que le molestaba al hechicero supremo, era la marcada distribución de los leales y traidores. Sus hijos juraban, sobre sus propios nombres, que los traidores, eran todos los que él sabía que eran leales, mientras los traidores a la humanidad, eran aquellos que él sabía eran traidores. Esto estaba demasiado bien hecho, alguien había cambiado la historia a conciencia. ¿Quién? ¿Cómo? ¿Por qué? O ¿Para qué? Serian temas para una larga y exhaustiva investigación.

Magnus tendría que escoger entre sus hijos leales, a un grupo que fuese capaz de realizar una larga y exhaustiva serie de interrogatorios a estos hijos traidores. De alguna forma, estos traidores, parecían poseer una gran cantidad de información la cual podría ser de utilidad.

Sería una tarea difícil, sus mentes estaban tan dañadas que eran incapaces de diferenciar la realidad de la mentira. Pero, quien sabe, la información potencia podría ser muy útil.

El tercer punto, era el que le molestaba a Magnus, además de ser el más importante, sus hijos habían afirmado que la espada del emperador estaba en manos de su hermano, Roboute Guilliman, el asunto del robo de la espada de su padre era un asunto del más alto secreto, tanto que solo él y un par de custodes, eran conscientes que esta había desaparecido. Tal era el secretismo detrás de esta perdida, que el propio Perturabo o el mismísimo Konrad Curze, lo ignoraban completamente.

Pero ahora que tenía constancia que fue su hermano quien la robo, sabia hacia donde debía mover sus cartas. Aunque había algo más, sobre este tema que le molestaba. Vistario había asegurado que el 13vo primarca, había usado la espada de su padre el Emperador, para dar un golpe definitivo a Nurgle en una guerra llamada; las guerras de la plaga.

Esto claramente no había pasado, todavía, pero ya que la disformidad era un reino donde el tiempo- espacio no existía, ¿Esto no significaba que cualquier intento de recuperar la espada del emperador estaba destinado al fracaso? Esperaba que no, Alpharius ya se había puesto como meta personal, eliminar a su hermano, a cualquier costo.

Talvez lo mejor sería mantener esto último como secreto. Al menos hasta que se pueda confirmar su veracidad.

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Roboute Guilliman estaba durmiendo, o lo mas cercano a esta actividad, que alguien como él pudiese realizar. Él estaba descansando, con los ojos cerrados, mientras su mente examinaba y analizaba toda la información que había recolectado en el día.

Fue en ese momento que una inmensa bota metálica, lo pateo entre las costillas.

Roboute rodo hasta caer se de la cama, solo para levantarse, esgrimiendo la espada que estaba oculta debajo de su cama. Si bien, él no estaba totalmente preparado para enfrentar a su atacante, tampoco se podía decir que estaba desarmado.

Para su sorpresa, su atacante no era otro que el primarca de la segunda legión de marines espaciuales.

-Hermano ██████ ¿Qué haces aquí? –Guilliman se llevó la mano a la cabeza para aplacar el dolor que le producía, pronunciar el nombre de su hermano.

-Es hora. Sígueme, es hora de que te muestre donde termina nuestra historia.

Sin que Roboute tuviese la oportunidad de negarse, ██████ lo llevo a la puerta, donde su onceavo hermano lo estaba esperando.

- ¿Estás listo? –Pregunto el onceavo, como si su 13vo hijo del emperador tuviese una oportunidad para negarse.

-Comienza de una vez hermano, no me gusta el drama. –Respondió Roboute, incitando a que su hermano se apresurase y le contase porque estaba aquí.

La respuesta de sus hermanos fue reírse, con ese tipo de risa que no trasmite nada más que desprecio.

-Sí, no has cambiado, entre todos nuestros hermanos, no me cabe la menor duda, que eres tú a quien más odio.

Roboute ignoro a su segundo hermano, mientras se concentraba en el onceavo, quien también sonrió.

-Escúchame Guilliman, cuando logramos entrar en contacto con alguno de nuestros hermanos, normalmente lo dejamos solo un rato, que se haga a la idea de lo que realmente es la puerta, como comprenderás la idea de que existen líneas de tiempo alternativas, es generalmente un shock bastante grande.

-Aunque eso no parece aplicarse a tu persona, no ha pasado ni una década, y ya usas la puerta como si esta fuese otro más de tus activos.

-Casi pareciese, que no te importa los problemas filosóficos, o las contradicciones lógicas que se pueden aplicar.

-La verdad es que eso no me importa, desde mi despertar en este maldito milenio, he visto tanto horror, que he limitado mi percepción de las cosas a "me sirve o no me sirve" –Contesto el treceavo a sus hermanos quienes no parecían muy contentos.

-Tan pragmático como siempre.

-Tan simple.

-Las cosas no se pueden clasificar simplemente en útiles e inútiles.

-Eso es verdad, hay un montón de….

-Ya basta, no crean que no noto que le están dando vueltas al asunto, hablen de una vez.

-Como quieras.

-No digas que no te advertimos.

La puerta brillo, y para cuando Roboute Guilliman recobro la conciencia, estaba tirado en algún lugar de la Santa Terra.

El primarca trato de levantarse, mientras examinaba el horror que le rodeaba, la ciudad estaba en ruinas, los cuerpos de sus defensores estaban tirados por todos lados, no quedaba nada en pie, todo había sido consumido, el mundo mismo estaba muerto, muerto de tal forma que ni siquiera los micro organismos que se encargaban de descomponer la materia orgánica de los muertos se habían podido salvar del destino del mundo. El mismísimo sol, la estrella que se supone debería iluminar este mundo condenado hasta el mismísimo final de los tiempos, parecía estar agonizando.

-Perdimos, esa la verdad hermano, nosotros perdimos, los dioses oscuros ganaron, lo destruyeron todo. Todos nuestros esfuerzos fueron en vano, perdimos.

-Pero nuestro padre estaba preparado para tal eventualidad, y en el momento donde su corazón se detenía, se revelo su carta secreta.

-La crono esfera. –Interrumpió Guilliman. –Eso es lo que se oculta debajo del trono de nuestro padre, ese es el infame decreto terminus.

-No pareces asombrado.

- ¿Podrías explicarte?

Guilliman no respondió enseguida, estaba un poco más interesado en esa extraña habilidad que tenían sus hermanos, ambos hablaban como si fuesen solo un único ser, cuando uno paraba, el otro continuaba, era interesante, y muy desconcertante escucharlos hablar.

-Cuando viajé a esa otra línea de tiempo, pude explorar las celdas que están debajo del palacio Imperia. Con forme más investigaba, más me llamaba la atención, la cantidad de cosas que se ocultaban allí, tanta información, tantos recursos, era obvio que alguien los había ocultado de forma deliberada, ¿Quién? Era obvio, pero ¿Por qué? Era un poco más difícil de adivinar. No fue hasta que llegue a la celda con la denominación 01110010 01100101 01100100 00100000 01100001 01101100 01100101 01110010 01110100. Que las cosas comenzaron a tener algo de sentido.

Tanto el onceavo como el segundo estaban asombrados, esto no había pasado nunca, en ninguno de sus encuentros pasados con sus demás hermanos.

-Los encuentros con mis hermanos, la forma en que nuestro padre apoyaba de forma deliberada a uno, mientras a otros condenaba. El emperador sabía que iba a haber una revuelta, y trato de ganarse el favor de unos, mientras les restaba importancia a otros. Todo fue planificado.

El segundo aplaudió, sus manos enguantadas hicieron un curioso sonido, el cual no era nada agradable.

-Veo que eres más listo de lo que recordaba, bien. Lo reconozco.

-Aun así, te estas equivocando en varios aspectos.

-Aunque comprendes lo básico.

-Bien, eso hora más fácil nuestra explicación.

-Imagina un cuarto inmenso.

-Un cuarto con cuatro seres.

-Los cuales se sientan a jugar unas partidas de algún juego.

-Ellos son los seres que tú conoces como los dioses del caos.

-Seres carentes de forma, y cuyos deseos más banales dan forma a nuestra realidad.

-Era imposible para nuestro padre ganarles, así que hizo un trato.

-Todos jugarían un juego.

-Quien ganase gobernaría la galaxia.

-Los perdedores, bueno, a nadie le importa la historia de lo que pierden.

-Nuestro padre, necesitaba poder y conocimiento, los dioses de lo dieron, a cambio, él debía darles fichas que fueran de su agrado.

-Nuestro padre aquí cometió su primer engaño.

-Los dioses no podían reclamar una ficha que no quisiese estar con ellos.

-Cada ficha podía elegir.

-Aunque esto molesto a los dioses, lo aceptaron de mala gana.

-Aunque después fue la característica que más les agrado.

-No te adelantes, eso lo explicaremos después.

-Como decía, los dioses escogieron sus fichas, y el emperador las suyas.

-Y la batalla que le daría forma a la Galaxia comenzó.

-Pero al final perdimos.

-No teníamos forma de ganar.

-Pero antes de que los dioses pudiesen reclamar su premio.

-Nuestro padre reseteo el tablero.

-Todo regreso al punto de partida.

-Y el juego comenzó de nuevo.

-Esto le fascino a los dioses, un nuevo juego.

-Nuevas posibilidades.

-Nuevas fichas.

-Todo nuevo, todo diferente.

-Pero las mismas reglas.

-Y así comenzó lo que se conoce como el gran juego.

-En cada partida nuestro padre acumulaba experiencia.

-Poder.

-Conocimiento.

-Con el tiempo, padre sabía que podría ganar.

-Excepto que no fue así ¿Verdad? –Interrumpió Guilliman sabiendo a donde se dirigía la explicación de sus hermanos.

-Sí, tienes razón, con forme los escenarios se repetían.

-Otros seres comenzaron a jugar.

-Algunos de forma involuntaria.

-Otros de forma activa.

-El juego variaba, algunas razas de xenos fueron arrastradas por capricho de los dioses, otras vieron la oportunidad de recuperar lo perdido.

-No importaba, los dioses tenían su fuente de entretenimiento.

-Y hasta cierto punto, padre comenzaba a acumular el poder necesario para derrotarlos en sus propios términos.

-Entonces el juego cambio.

-Resulta que uno no puede simplemente reiniciar la galaxia, una y otra vez, sin consecuencias.

-Resulta ser que las diversas líneas de tiempo son algo que no debe existir.

-La primera ley de la conservación de la materia se aplica aquí.

-Nada se crea o se destruye, solo se transforma.

-No hay más materia.

-No existe el infinito.

-Y el universo mismo tiene un mecanismo de defensa en caso de que alguien trate de hacer lo que padre está haciendo.

-Los llamaron Tiránidos

-Aunque más bien, son los anticuerpos del universo.

-El universo nos considera un cáncer.

Guilliman parpadeo, no podía decir si lo que sus hermanos le habían dicho era real, o solo era una broma, el tono en el que lo dijeron no ayudaba mucho, pero opto por creerles, más o menos.

-Déjame ver si entiendo. ¿El Emperador está reiniciando la galaxia cada vez que este pierde contra el Caos?

-Más que reiniciar, pone una mesa nueva frente a los dioses, dejando "cosas" como está detrás.

-Este es uno de los miles de "tableros" vacíos. Que se quedaron después de terminar una "partida"

Guilliman examino su alrededor, y no lo encontró muy vacío.

-Hablas de vacío, pero veo mucho potencial en este lugar. ¿Puedo llevarme algunas cosas de este lugar?

-mmm No lo sé.

-Nunca lo intentamos.

Roboute Guilliman comenzaba a entender a sus hermanos, ambos habían quedado atrapados en alguno de los reinicios que su padre había hecho a lo largo de su lucha contra el caos. Decir que estaban locos, era hablar ligero, estaba claro que las mentes de sus hermanos se habían perdido hace mucho tiempo. Aun así, podían ser útiles.

-Retomando el punto anterior, supongo que no soy el primero de nuestros hermanos con el que contactan.

-No.

-No lo eres.

-Ha habido otros.

-Algunos enloquecieron cuando les dijimos la verdad.

-Otros trataron de usar su posición para ganar poder.

-Perturaba trato de crear una maquina capaz de unificar diversas "líneas de tiempo"

-Creemos que murió.

-Pero es difícil saberlo.

- ¿No ha habido otros Roboute Guilliman en esa lista?

-No.

-Los medios que tenemos para contactar con los demás son escasas.

-Y a menudo la ventada de oportunidad es de solo unos segundos.

-Es raro que alguien se "estrelle" justo encima nuestro.

-Sí, no había pasado antes.

-Retomando lo que quería decirles, los Tiránidos ¿Qué son?

-La explicación más simple es:

-Son los glóbulos blancos de la galaxia, buscan por todo el vacío algo que este dañando a la creación.

-Devoran todo lo que afecte al universo.

-Y detrás de ellos, la vida puede retomarse.

-En este momento somos un cáncer, por eso están invadiendo la galaxia desde todos los frentes posibles.

-Están tratando de detener a nuestro padre, quien no para de crear nuevas líneas de tiempo.

-Líneas de tiempo que consumen recursos.

-Recursos que el resto del universo necesita.

-La forma más fácil de explicarlo es que somos una especie de cáncer para la creación.

- ¿Los Necrones, los Eldars, como entran en todo esto? –Pregunto Guilliman tratando de mantener enfocados a sus hermanos.

-Fueron arrastrados.

-En antaño fueron poderosas razas.

-Ahora solo son juguetes en las manos de los dioses.

- ¿Los Taus son lo mismo?

-No precisamente, ellos llegaron por su propia voluntad.

-No estamos seguros si lo hicieron de forma consiente.

-O algo más grande los obligo.

-Lo más probable es que haya algo más moviendo los hilos detrás de ellos.

Esto era una locura, una locura. Roboute era dolorosamente consiente que su padre estaba dispuesto a todo en su cruzada contra los dioses oscuros, lo había visto sufrir lo indecible en el trono dorado, y su voluntad no flaqueaba, pero esto era claramente una locura mucho más grande de lo imaginable.

Los constantes reinicios estaban dañando el continuo espacio tiempo. Tanto era así, que el propio universo ya había mandado a su sistema inmunológico sobre ellos.

Guilliman fue dolorosamente consiente de que era un peón, en un duelo entre gigantes.

- ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Para qué me trajeron?

-Nosotros no te trajimos.

-Tu nos caíste encima.

-Mi pregunta no cambia.

-Lo que buscamos es que algo cambie.

-Ya sea que ayudes a derrotar a los dioses oscuros, o que le des muerte finalmente a nuestro padre.

-Nosotros solo buscamos que esto pare.

-Esta locura de reinicio tras reinicio debe terminar.

-No sabemos como.

-O siguiera si podrás lograr algo.

-Pero eso no cambia nuestro propósito.

-Queremos parar.

-Queremos que este ciclo sin fin termine.

-Ya no nos importa quien gane.

-Solo queremos que pare.

Roboute asintió. Antes de preguntar la pregunta que le había estado rondando la cabeza desde que él despertó en este extraño lugar.

- ¿Estarían dispuesto a dejar que me lleve objetos de este lugar?

-Llévate lo que quieras.

-No nos afecta.

-Este es solo otro "escenario"

-Otro "juego" perdido

-Sera otro juego, otro escenario, pero las fichas siguen siendo importante, y me faltan cartas que pueda jugar.

-Has lo que quieras.

-Ya te dijimos que no nos importa.

-Hay algo más que me gustaría preguntar. –Roboute Guilliman levantó a un Marine del caos del piso, pese a que era seguro que este traidor había muerto hace ya milenios, la piel de su cara no se había degradado. - ¿Los dioses del caos son conscientes de lo que está ocurriendo en la galaxia?

-Si lo saben, no les importa.

-A los dioses no les importa nada que no sea su propio entretenimiento.

-Pese al inmenso poder que poseen, son seres simples.

-Solo se mueven por sus propios propósitos egoístas, nada además de sus metas les importa.

-Suena aterrador.

-Lo es.

-O mejor dicho lo seria, si no fuese porque todos los demás seres de la galaxia se mueven de la misma forma.

-Nada les importa.

-Viven sus vidas pendientes de su próximo objetivo.

-Sin pensar en el prójimo.

-Según la leyenda, los dioses crearon a los mortales, así que no es muy difícil comprender que tengamos las mismas tendencias.

-En todo caso eso ya no importa.

-Debes irte, regresar a tu propia línea de tiempo.

-Aunque cuando te encontramos no estabas en ella. ¿Quieres que te regresemos a tu línea de tiempo original, o a la que estabas?

-Me gustaría regresar a donde me encontraron, seria molesto regresar a la original en este momento.

-Está bien, preparare la puerta.

-Alto antes de irme ¿Cómo regreso a este lugar? quiero llevarme algunas cosas.

-Escribe este código ▒▒▒ ▒▒▒ ▒ en el tablero, y vendrás a este lugar.

-Hay muchas líneas de tiempo alternativas.

-La mayoría están vacías, puedes tomar cosas de allí si quieres también, solo debes cambiar el código, para viajar a ellas.

-No olvides el código que marca el lugar de donde provienes o te perderás.

-Solo ten cuidado, algunas líneas de tiempo tienen sus propios peligros.

-Además, si los dioses se dan cuenta que te estas moviendo entre tableros, puede te castiguen como a nosotros.

Con todo dicho y hecho, la puerta volvió a abrirse. Para cuando el 13vo primarca se despertó, estaba tirado en el piso, frente a la inmensa puerta.

Podría haberse levantado e ido a descansar, pero estaba tan agotado mentalmente, que simplemente se quedó allí tirado, necesitaba dormir, talvez todo lo que había visto y escuchado tendrían más sentido después de que hubiese dormido un poco. Y si eso no servía. El primarca aun recordaba cómo fabricar cerveza fenrisiana.