Capítulo 20: Locura.

Locura, era la única palabra que podía abarcar lo que Guilliman estaba sintiendo, pura y absoluta locura, si bien el Primarca se las había arreglado para mantener una cara de póker mientras su segundo hermano le explicaba la situación actual de la galaxia. Roboute Guilliman podía sentir como la locura lo consumía por dentro.

Ya no era solo enfrentarse a entidades tan poderosas que la palabra "dios" se volvía la única palabra adecuada para describir sus habilidades, mientras la galaxia estaba partida a la mitad, por una fisura en la propia realidad, la cual parecía querer comerse la existencia misma, si no que ahora, se sumaban los viajes en el tiempo, que su padre imprudentemente había realizado.

Roboute Guilliman estaban tan sobrecargado que realmente era un milagro que no hubiese perdido la poca cordura que aún mantenía, desde que fue revivido en este milenio de pesadilla, la locura parecía ser la única constante en su vida.

La metálica mano del Primarca se apretó sobre su escritorio, un rechinido sonó, cuando el metal del escritorio se vio forzado a aguantar la fuerza con la que el Primarca lo estaba aplastando.

Por unos segundos el Primarca se imaginó a si mismo lanzando al escritorio por la ventana, gritando a los cuatro vientos, liberar todo lo que venía reprimiendo desde su renacimiento. No se atrevió, él era uno de los hijos del emperador, y él solo mostraría una voluntad inquebrantable a quienes le observasen. Él era un faro para la humanidad, en esta su más oscura hora.

En todo caso, eso solo significaba que ahora tenía acceso a todos los recursos, que fueron "abandonados" cuando el gran juego que se estaba jugando con la galaxia como tablero "termino"

Entre todo lo malo que podía pasarle, esa era una gran noticia, una cosa era tener acceso a los planos del trono dorado, otra muy diferente, tener acceso a un trono dorado. Incluso solo unos pocos restos carbonizados de trono de su padre, podían convertirse en invaluables cartas a jugar. Cartas que el jugaría de la mejor manera posible.

Lentamente, un nuevo plan comenzó a fraguarse en lo más profundo de su mente. Los restos del trono dorado, el martillo del dios Eldar de la forja, una oscura idea comenzó a formarse en su cabeza. Aun le faltaban un recurso en particular, uno que, por fortuna, en esta extraña y perturbadora línea de tiempo, aún estaba a su alcance.

Sería difícil, sí, pero no imposible.

Lentamente una sonrisa enferma y maniática comenzó a dibujarse en el rostro pristiño del primarca. Por fortuna, Marneus Augustus Calgar ingreso a la oficina, impidiendo que la locura echase raíces en la mente de su Primarca.

-Mi señor, espero no ser inoportuno, pero tengo algo urgente que informarle.

Roboute regreso a ver a su hijo genético, con una mezcla de gratitud y alivio, su interrupción había evitado que su mente cayese en la más profunda y oscura locura, al menos por ahora.

-No hace falta ser tan formal hijo mío. –Guilliman indico un asiento frente a él, invitando a su hijo asentarse. –Por favor dime que es lo que te perturba.

Marneus Augustus Calgar levanto una ceja, eso que veía en los ojos de su padre genético era ¿agradecimiento? ¿Qué rayos había estado pasando antes de que el ingresase tan apresuradamente, para que su Primarca tuviese semejante expresión?

-Bueno, como usted sabrá mi señor, Ultramar ha tenido el sueño de poder rescatarlo en su injusto aprisionamiento en Terra, por parte de sus hermanos.

Guilliman asintió, dejando que su hijo continuase.

-Para lograr ese objetivo, hubo un plan, un plan que, si bien ya no es necesario, aun cuenta con todos sus efectivos activos.

- ¿Qué tipo de plan?

-Ultramar durante los últimos 5 000 años, ha ido recogiendo a los sobrevivientes de las atrocidades cometidas por la VIII Legión.

Guilliman asintió, la verdad, entre todas las posibles legiones leales, la VIII seguía pareciéndole una broma de mal gusto, sea en esta línea de tiempo, o en la original. Los amos de la noche seguían siendo una legión de carniceros más que de guerreros, poco o nada les importaba la vida humana, y solo se dedicaban a torturar de las formas más atroces posibles, a todos quienes tuviesen la desgracia de topárselos en su camino.

Konrad Curze había estado loco mucho antes de que la herejía comenzase, y eso era una constante en ambas líneas de tiempo.

-Bien, has dado refugio a los que sobrevivieron a esa legión de carniceros ¿Con que propósito?

-Sera más fácil si se lo indico, mi señor.

Guilliman asintió, se paró, y con un gesto, invito a su hijo a señalar el camino.

Marneus Calgar termino llevando a su padre genético a una zona poco usada de la grandiosa fortaleza de Hera, justo debajo del Templo de la Corrección.

En un bunker que aparentemente llevaba abandonado desde siempre, lo esperaban miles de marines espaciales, todos perfectamente formados, todos debidamente equipados para la guerra, pero ninguno de estos marines tenía alguna marca que los identificase.

-Permítame presentarlos mi señor. Estos son los hijos no numerados, todos son descendientes de los que lograron sobrevivir a las atrocidades cometidas por la VIII legión.

Roboute parpadeo, desde su posición no podía contabilizar bien a todos los presentes, pero era prácticamente una legión, una legión de la cual él no sabía nada.

-Es una fuerza interesante. –Admitió el primarca, admitiendo a regañadientes que no habia notado de donde se sacó el presupuesto para su creación o su mantenimiento.

-Desde el final de la herejía, cada maestro de capitulo, ha sido dolorosamente consiente que la hidra tiene ojos en todos lados, así que esta fuerza ha sido mantenida en secreto, conocida solo por el señor de Ultramar.

- ¿Cómo fueron entrenados?

-Fueron entrenados como cualquier otro marine, pero cuando alcanzaron el nivel necesario fueron puestos en crio sueño, a la espera de que fuese el momento de desatarlos sobre la galaxia.

-Y los despertaste ¿Por qué?

-La cruzada de Solar Macharius amenaza con ser el final de Ultramar, si bien usted está libre, aun podemos usar esta fuerza, es leal, y sería un desperdicio dejarlos durmiendo.

Guilliman asintió, y luego comenzó a caminar frente a sus hijos no numerados. En la mirada de cada uno de estos marines espaciales, podía ver el profundo odio que sus almas albergaban.

Estos marines no numerados, eran definitivamente una fuerza poderosa, una fuerza poderosa, y comprometida con la venganza. La voluntad para cumplir con su venganza no estaba en duda, lo que estaba en duda, era si sería prudente usarlos.

-Tengo mis dudas Calgar ¿Cómo planeabas usarlos? –Pregunto Guilliman mientras examinaba de cerca los ojos de sus hijos.

Marneus Calgar dio un paso al frente, y saco pecho.

-Planeaba una invasión total sobre el mundo natal de la VIII legión, Nocturne.

Guilliman vio como los ojos de todos sus hijos se iluminaban con la idea de atacar el mundo natal de la VIII legión. Pero, si la memoria no le fallaba, el nombre del planeta natal de su hermano Konrad Curze no era Nocturne, según sus recuerdos seria Nostramo.

- ¿Podrías mostrarme donde esta Nocturne en un plano estelar? –Pidió Roboute Guilliman en un tono de voz tan neutral que no encajaba del todo con su tamaño.

-Si claro mi señor. –Calgar tecleo algunas cosas en su pantalla de datos, antes que una inmensa proyección apareciese. –Este es el plan de invasión que se ideo, pero yo creo que se podría modificar un poco, y mover la flota invasora, por el oeste galáctico.

Guilliman observo el plan, y tal y como temió, el mundo de origen de Konrad, no aparecía en esa proyección. ¿Había sido destruido? Era posible, pero, el Primarca se sentía tentado a considerar otras posibilidades.

Fue en ese momento que Roboute Guilliman lo noto, había una sombra que se movía en la oscuridad, por unos segundos el Primarca considero la posibilidad que esta sombra perteneciese a un asesino o espía del Imperio, pero descarto la idea rápidamente, esta sombra no emitía sonido, pero solamente su presencia había hecho que la temperatura de la habitación donde se encontraban, descendiese en al menos 0.04 grados.

-Señor, por favor envíenos, somos los hijos de aquellos que no pudieron eliminar esos malditos dementes, por favor señor, le ruego que nos permita demostrar nuestra valía. Concédanos nuestra venganza.

Uno de los marines no numerados había dado un paso al frente y con voz profunda realizo la petición que Roboute había estado tratando de evitar.

-No he dicho que no los voy a enviar…. Disculpa mi ignorancia hijo mío, ¿Cómo te llamas?

-No tengo un nombre señor, no lo necesito.

Guilliman sonrió, antes de pararse frente a su hijo con una mirada profunda, y sincera.

-Entonces no puedo enviarte.

Pese a que ninguno de los marines no numerados pronuncio palabra, el Primarca podía sentir la inconformidad de sus hijos.

-Si deseas librar batallas, necesitas un nombre, y tu legión una heráldica adecuada. –Guilliman coloco su inmensa mano blindada en el hombro de su hijo. –Quiero que tú y tus hermanos lo piensen, lo analicen, y en dos días puedas darme una respuesta a estas dos preguntas; ¿Quién eres? y ¿Ha que legión perteneces?

Roboute se dio media vuelta.

-Marneus, por favor ayuda a tus hermanos a escoger el nombre de su legión, y su heráldica, sería un desperdicio tener una legión que solo se llame; "los no enumerados"

Todos los hijos no numerados saludaron a su padre, y rompieron filas, tan pronto como las puertas de la sala, se cerraron detrás de él.

Roboute Guilliman camino por los pasillos, con la velocidad y familiaridad que solo puede poseer quien ha vivido toda una vida recorriéndolos. La fortaleza de Hera era su hogar, y pese a estar en una línea de tiempo totalmente distinta, eso no le impedía moverse al Primarca por esta fortaleza con una facilidad imposible de imitar.

El Primarca estaba persiguiendo algo, o mejor dicho a alguien, con forme se alejaban de las partes más pobladas de la fortaleza, la sombra que el Primarca perseguía, se volvía más sólida.

Finalmente, en la parte más alejada de la fortaleza, la sombra dejo de correr, y se presentó ante Guilliman

-Presento mis respetos ante el 13vo hijo del emperador.

Roboute Guilliman observo analíticamente al ser delante de él, parecía ser humano, aun así, todos sus sentidos le gritaban que lo que sea que estaba frente a él, no era humano de ninguna forma.

-No eres humano ¿Qué eres? –Pregunto el Primarca de forma diplomática, aun así, su mano estaba sujetando la empuñadura de la espada de su padre.

-Soy, solo un agente del cambio. Mi nombre poco importa, pero puede llamarme Shou Tucker, si eso le hace sentir cómodo.

Guilliman rodo los ojos, comprendiendo frente a qué clase de criatura se encontraba.

- ¿Qué quiere tu dios en Ultramar? –Demando el Primarca con odio apenas contenido.

-Mi señor está muy interesado en las circunstancias que propiciaron tu regreso al reino de los vivos. Tanto, que está dispuesto a ofrecerte un pacto, uno que sin dudas será muy beneficioso para todos los implicados.

Guilliman miro con asco, como una lengua extremadamente larga lamia los dedos de sus manos deformes. Anticipándose a su gran victoria.

-Conozco a tu maestro, escuche sus gritos, sus promesas, y sus amenazas mientras me movía por la sala del trono, y por eso sé que lo que dices es mentira. Él no está aquí, a él no le interesa lo que tenga que decir, o lo que tu tengas que decir.

La mirada de sorpresa e indignación era clara en el rostro de Shou, no solo eso, el demonio que estaba oculto tras esa piel de humanidad, comenzó a agitarse, preparándose para atacar.

-Una declaración muy atrevida ¿Cómo puedes asegurar que mi señor no tiene su mirada fija en tu persona? Un ser que logro abrirse camino hasta el trono de su mayor enemigo, por donde lo veas es una carta muy valiosa para cualquiera de los cuatro.

-Talvez eso sea cierto, pero tu dios no está aquí, mientras estaba en Terra pude sentir su mirada, al igual que la de sus hermanos, y por eso estoy seguro que ningún de los cuatro está mirándome en este momento. No siento en este momento esa presión, esa maldad, esa locura. Tu dios no está aquí, tu estas solo, abandonado por tu señor.

El siguiente movimiento fue rápido, el demonio rompió la piel mortal que lo cubría, y trato de abalanzarse sobre el Primarca, en un desesperado ataque, pero Roboute ya lo esperaba, y con la espada del emperador lo empalo.

El demonio se sorprendió al ver un tesoro semejante en las manos del hijo traicionado, pero no pudo reaccionar a tiempo. La espada atravesó su cuerpo de lado a lado, mientras el fuego psíquico del arma del Anatema quemaba su alma.

Antes de que Guilliman pudiese terminar el trabajo, el demonio retrocedió, levantando una mano en señal de su sumisión.

- ¡Mi señor, tengo conocimientos, cualquier pregunta que pueda imaginar, yo conozco su respuesta!

Roboute detuvo su envestida, mientras la espada de su padre atravesase la carne del demonio, este no podría huir.

-Y asumo que esas respuestas tendrán un precio ¿Verdad?

-Todo tiene un precio, no existe ningún milagro gratis en esta galaxia.

El demonio retrocedió, pero termino chocando contra una pared de roca. En otras circunstancias no le hubiese sido complicado atravesar tal obstáculo, pero con la espada del Anatema quemando su alma, le era imposible escapar. El demonio maldijo su mala suerte, mientras respiraba agitadamente.

Roboute extendió la mano, arrancando la espada del pecho de la criatura.

-Bien, supongo que podemos llegar a un acuerdo. Nombra tu precio.

Una ola de gratitud y confianza recorrió al demonio, cuando la espada que lo estaba consumiendo abandono su carne. Sin esa cosa, consumiéndolo, podría escapar, pero, el Primarca parecía dispuesto a dialogar, sería un desperdicio no tratar de ganar algo.

La confianza regreso al rostro magullado del demonio, mientras su oscura astucia se ponía a trabajar.

-Nueve, estoy dispuesto a darte nueve respuestas, a tus preguntas, cuales quieras que estas pudiesen llegar a ser, yo poseo su respuesta.

El demonio sonrió, mientras sus fuerzas regresaban, no era suficiente como para enfrentar a un hijo del Anatema, en especial uno armado con esa maldita hoja, pero podría escapar si se lo proponía.

- ¿Y cuál sería el precio que tendría que pagar?

El demonio bacilo, sabiendo que este era el punto crítico, sus siguientes palabras definirían si podría negociar, o tendría que escapar con la cola entre las piernas. Pero ¿Qué debía pedir? Debía comenzar por algo simple, algo que tentase al hijo del Anatema a una búsqueda impetuosa de conocimiento prohibido, pero a su vez, fuese un sacrificio digno de su esfuerzo. ¿Qué debía pedir?

El demonio obtuvo su respuesta al ver como el hijo del Anatema guardaba la espada de fuego, sin cuidado en su cintura, no solo eso, allí habían otras dos espadas, era claro que el 13vo no sabía lo que tenía.

-Quiero esa espada.

- ¿Esta baratija?

Si el demonio tenía dudas, esa pregunta las disipo, el 13vo no sabía lo que esa espada era en realidad. Podía negociar. Podía recuperar todo lo perdido. Y lo que es más importante, podía ganar el favor de su señor si se la entregaba.

-Tal vez para alguien como tú, esa espada no es más que un pedazo de metal ardiente, pero para nosotros es un símbolo del eterno desafío de tu padre, romperlo, corromperlo, sería una gran dicha para cualquiera de mis semejantes. ¿Tenemos un trato?

Guilliman camino un poco, rodeando al demonio atrapado frente a él, examinando sus rasgos, juzgando sus heridas. Finalmente asintió, saco la espada con toda y funda, y la arrojo al demonio quien la agarro como si su vida dependiese de que esta no tocase el suelo.

-He cumplido mi parte demonio, ahora, cumple la tuya.

El demonio sonrió, usando su poder quiso hundirse en las sombras, escapar, él podía hacerlo, alegando que nunca se determinó el momento en el que el respondería las preguntas, pero no lo hizo, el Primarca ya había cumplido su parte, porque esa condición se podía aplicar en ambos sentidos, si él quería llevarse la espada, debía cumplir su parte del trato.

-Bien, pregunta.

- ¿Cuál es la verdad tras la traición de la primera legión?

El demonio parpadeo, no se esperaba esa pregunta, no era que no supiese la respuesta, pero ¿Estaba leyendo mal los hilos del destino?

-Incapaces de mantenerse al margen por más tiempo, y dejar que el Imperio finalmente destruyese su mundo natal, Caliban. Luther supremo gran señor de los Ángeles Oscuros se vio obligado a rebelarse contra su insensible Primarca, Lion El'Jonson.

El demonio paro, esperando la pregunta que sabía vendría, pero el 13vo Primarca no dijo nada. Esto comenzó a preocupar al demonio, no podía leer la voluntad de su dios, en los cambios del destino. Era como si una sombra envolviese al señor de Ultramar.

-Con el inicio de la traición de tu hermano Dorn, Luther llevó a todos los Astartes bajo su mando a Istvaan III, y afirmó públicamente que la primera legión apoyaba la justa causa del VII hijo del Anatema, de esta forma garantizo que los Ángeles Oscuros que no estaban bajo su mando, también fueran vistos como traidores por el Imperio a partir de entonces.

-Deja de darle vueltas al asunto, háblame de lo que ocurrió con mi hermano.

El demonio maldijo, esa no era una nueva pregunta, era una exigencia, basada en su pregunta inicial, por lo que él estaba obligado a responder, sin poder descontar una pregunta adicional.

-Aunque los Angeles Oscuros fieles a Luther fueron capaces de derrotar al León en su vengativo regreso a Caliban, el Emperador logro intervenir Psíquicamente en el combate, salvando al Leon y a sus hijos leales. Claro que esta batalla termino destruyendo al planeta.

- ¿Dónde está mi hermano?

Al menos esa pregunta era tal y como se había previsto.

-El Anatema lo tiene, ¿Cuándo? o ¿Dónde? lo liberara es cosa de tu padre. Van dos preguntas.

Roboute no estaba convencido, era obvio que el demonio no había dicho la verdad en su segunda pregunta, pero la posibilidad de que el demonio supiese la verdad era baja.

- ¿Qué paso con los Angeles Oscuros leales a mi hermano?

-Actualmente son conocidos como los "no perdonados" y Luther a jurado darles caza.

- ¿Por qué?

-Quien sabe, adentrarse en una mente tan enferma como la de Luther es arriesgado, incluso para un demonio de mi calibre. Tres preguntas, tres respuestas, ¿Qué sigue?

El demonio no estaba contento con darle al primarca una pregunta adicional, pero eso era preferible a tener que contarle la verdad. Luther y su cruzada personal eran un gran activo en el gran juego, y él no se podía arriesgar a perder el favor de su dios, si su lengua le fallaba.

- ¿Dónde puedo encontrar a uno de estos "no perdonados"?

-Considerando tu peculiar situación, creo que él lugar más accesible seria Armato, un pequeño conclave a echado raíces en ese mundo, Luther aún desconoce de su existencia, pero no creo eso dure por mucho tiempo. Cuatro preguntas hiciste, cuatro respuestas te he dado.

- ¿Cuál fue el destino de mi hermano Angron tras la batalla de Istvaan?

-Tu hermano, aún vive, bueno, más o menos, el XII es prisionero del XVIII. Atrapado como un perro, obligado a ser un gladiador para el deleite del XVIII. No sé si quede algo tras todas las torturas que ha sufrido, ni me importa. ¡Siguiente!

- ¿Fullgrim está vivo?

-Es curioso que lo preguntes tú, un ser que por milenios le fue negado vivir o morir.

-Limítate a responder demonio.

-Como quieras…. Si el III está vivo, recuperándose de las heridas, el Anatema lo ha estado manteniendo oculto de nuestra vista esperando poder usarlo para algún engaño, pero nosotros lo vemos todo, y nunca nos hemos olvidado de ninguno de los hijos del anatema, ni siquiera de esos que ustedes se niegan a recordar. Siete, siguiente.

Guilliman se sentía tentado a preguntar "hay alguna forma de matar a los dioses del caos" pero logro evitar esa pregunta, más que nada porque sospechaba que la respuesta, podría ser algo que agitaría, su ya muy deteriorada salud mental. En su lugar realizo una pregunta que le había estado dando vueltas en la cabeza desde hace un rato.

- ¿Fuiste tú quién susurro en los oídos de mis hijos la creación de esa legión no numerada?

-AAAHHHH si, fui yo, ellos pudieron una posible solución al problema de tu encierro, y yo solo les di la respuesta.

Guilliman estaba molesto, pero no era el momento, aun no, aun le quedaba una pregunta.

-Dime, tu última pregunta, pronúnciala, y terminemos este acuerdo.

El demonio estaba feliz, quería salir de aquí, más que nada porque las preguntas que el había predicho, y las que el Primarca pronuncio fueron muy diferentes, no había logrado tentar al señor de Ultramar lo suficiente, como para que su búsqueda de conocimiento condenase su alma, así que lo mejor sería retirar mientras aun podía.

-Mi última pregunta es simple, comprendes que, aunque te prometí la espada de mi padre, no prometi dejarse salir de aquí con vida ¿Verdad?

El demonio parpadeo, pero no está asustado, sin la espada del Anatema, el 13vo no tenía forma de matarlo de forma verdadera, a lo mucho podría destruir su forma física, pero el volvería, y la espada estaría ligada a él, en el momento que el pronunciase su última respuesta.

-Por supuesto que sí.

Roboute Guilliman saco de su funda su espada, una espada envuelta en llamas psíquicas. Al ver eso, el demonio dudo, esa era la espada del Anatema, entonces ¿Qué tenía el entre sus manos? Bajo la cabeza, pero cuando quiso comprobar lo que tenía entre sus manos, la espada del emperador atravesó su cabeza.

Como si eso no fuese suficiente, Guilliman saco de su funda, la espada que el demonio sostenia, una segunda espada en llamas, con la cual el Primarca le corto las alas, piernas, y brazos, al demonio.

- ¿Una segunda espada? ¿Dónde? ¿Dónde la conseguiste ….?

Como respuesta, Guilliman apuñalo el corazón aun palpitante de la horrenda criatura, el Primarca comprendía que no podía dejar libre a este demonio, y por eso se aseguró de borrar hasta el último rastro de su existencia. Afortunadamente, tenía practica en borrar todo rastro de los seres del inmaterium.

Una vez se hubo asegurado de borrar por completo al sirviente del que cambia los destinos, se puso a reflexionar, sobre cuál podría ser su propósito en Ultramar. Tenía pocos datos, pero si el nombre que le había dado serbia de algo, podría comenzar una investigación.

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Ferrus Manus primarca de la dos veces maldita X Legión, había llegado a Ultramar, si bien, no tenía intenciones de participar en la guerra que estaba a punto de librarse entre sus hermanos revividos. Esta guerra le daba una rara oportunidad de saquear recursos sin que nadie lo detecte.

Usando una puerta dolmen había podido deslizarse justo por debajo de la mirada atenta de los grandes poderes de la galaxia. talvez los Eldars pudiese rastrearlo, ya que técnicamente estaba usando la telaraña para moverse, pero esos Xenos estaban tan atrapados en una interminable lucha de poder, que les impedía ser un frente unido. Je, era gracioso, casi toda su raza había muerto, pero los sobrevivientes seguían sin poder ponerse de acuerdo. Eran una raza patética, condenada a la destrucción, de igual forma que la humanidad, si él no lograba completar su gran plan.

Miro su pantalla de datos, y algo llamo poderosamente su atención, todos los mundos tumba que se supone deberían existir en este extremo de la galaxia, parecían estar "desactivados" sus puertas dolmen apagadas, y sus defensores destruidos.

Algo estaba pasando en este lugar, y no le gustaba ni un poco. Fue en ese momento que un temblor sacudió los cimientos mismos del planeta.

Activo los sensores largamente dormidos del mundo tumba, y pudo ver a su atacante, una flota de marines espaciales, estaban bombardeando el planeta desde órbita baja.

Ferrus Manus maldijo su mala suerte, este mundo se supone era un mundo muerto, sin nada de valor real en él, entonces ¿Por qué una flota entera estaba bombardeándolo? No, mejor aún. ¿Cómo sabían dónde atacar? Las instalaciones deberían estar tan enterradas en la roca, que no debería haber forma alguna de que nadie pudiese saberlo.

Con desesperación trato de revivir los viejos sistemas de defensa, pero fue inútil. Las antiquísimas armas fueron destruidas mucho antes de que la energía pudiese llegar a ellas.

Esto estaba mal. El Primarca de la X legión no contaba con las fuerzas necesarias para defender el mundo. Esta excursión se suponía era algo simple, por lo que solo había traído una fuerza reducida, destinada más que nada al saqueo, no serviría en una batalla a gran escala.

En cambio, la fuerza invasora, constaba de casi 50 cruceros clase ambición y no menos de 300 cañoneras.

Una flota impresionante, sin duda, pero lo que más le llamo la atención, fue ver capsulas de desembarco, todas llenas hasta el tope con hijos de Roboute.

Claramente su hermano sabía algo sobre la importancia de este mundo, el X hijo no creí que su hermano supiese realmente sobre el tesoro que se escondía en estas ruinas. De lo contrario no habría enviado a sus hijos a reclamar este mundo con tanto exceso de brutalidad.

Bueno, eso no importaba, al X Primarca le sería imposible defender este mundo, así que lo mejor sería retirarse, era una lástima tener que renunciar a todos los preciados recursos que se encontraban en este mundo, pero no tenia de otra, si la noticia del revivir de Perturavo o Konrad eran reales, no le convendría al X Primarca que sus hermanos descubriesen que el también seguía vivo.

Con una señal, todos los esfuerzos de sus hijos por traer de vuelta a la vida a los antiquísimos artefactos que aquí se escondían terminaron, era hora de retirarse. Aun así, esto solo era una retirada estratégica, el volvería, con fuerzas adecuadas, y si para ese momento su hermano aun respiraba, él se encargaría personalmente, de sacarle las respuestas que estaba buscando, de una forma u otra.

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Luther estaba molesto, había creído que podría usar a la cruzada imperial (actualmente conocida como cruzaba Machariana) para examinar una lista de posibles avistamientos de miembros de los "no perdonados" lamentablemente Ultramar estaba en alerta máxima, por lo que cualquier intento que el había realizado para colarse, había resultado ser un desastre, minas colocadas estratégicamente, silos de armas automáticas enterados en asteroides, o patrullas armadas con armas muy grandes, habían sido la condenación de sus esfuerzos.

Tras perder un tercio de su flota, decidió desistir. Le sería imposible eludir las defensas de Ultramar, pero cuando la guerra finalmente comenzase, seguramente muchas de estas defensas serian colocadas en lugares más estratégicos, permitiéndole moverse de forma más conveniente. Solo era cuestión de esperar, y si había algo que le sobraba al supremo señor de los Ángeles Oscuros, eso sin duda era tiempo.

Luther se recargo en su trono, mientras permitía que las energías del inmaterium bañasen su cuerpo, llenándolo con nueva vida. Su tarea estaba casi completa, ahora solo restaba esperar a que las últimas piezas del rompecabezas cayesen en su sitio.

Fue en ese momento que algo impacto su nave. Su flota había sido descubierta por una patrulla de Ultramar. Y estos habían comenzado un ataque sin mediar palabra.

Inmensos disparos de lanza atravesaron los escudos de las naves, casi como si estos no estuviesen allí.

Luther maldijo a los hijos de Guilliman, por obligarlo a retirarse una vez más, pero él era paciente, y esta falta, sin duda seria cobrada, cuando llegase el momento adecuado.

-Salgamos de aquí, que los que no puedan saltar, se queden a pelear, para darnos algo de tiempo.

Todos asintieron mecánicamente, y siguieron sus órdenes sin cuestionarlas ni por un segundo.

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Thor era actualmente señor de la XVII Legión, los portadores de la palabra. Cuando el llamado a una nueva cruzada contra el maldito reino de Ultramar llego a su mundo, él quiso ser el primero en atenderlo. Lamentablemente una llamada mucho más urgente llego poco después, una que ningún fiel creyente en el Emperador podría rechazar.

Una nueva flota Tiramida había sido descubierta, esta se habría paso, atravesando el Segmentum Pacificus, con rumbo a Santa Terra. Con preocupante velocidad.

La flota, actualmente llamado Tifon, contaba con tres sarcillos, los cuales se extendían por millons de años luz. Aun así, la parte más preocupante era que la flota Tiramida, parecía estar ignorando a los mundos que se encontraban en su camino, mientras envestía contra la cuna de la humanidad.

Thor tuvo que rechazar el llamado de los altos señores de Terra, para unirse a la cruzada Machariana, y llamar a su propia cruzada, una para defender el mundo trono.

Millones de peregrinos, creyentes, y fieles al trono, se reunieron en cuestión de días. La XVII, no había visto un ejército de estas proporciones, desde la gran cruzada.

La cruzada, la cual se llamaría; "la portadora de la luz" partiría casi diez días después de que los primeros llamados fueron hechos. Cientos de naves de unirían conforme la cruzada avanzaba, todas repletas de creyentes tan devotos como ellos mismos.

Finalmente, la cruzada de la luz chocaría con el enjambre Tiránido, en el planeta de Vordrast, en múltiples ocasiones, el enjambre Tiramido trataría de enviar a sus zarcillos más pequeños detrás de las líneas defensoras, pero para fortuna de todos, la oportuna llegada del Primarca de VIII Legión, junto a casi toda su legión, marcaron a fuego el final de esta flota. Pero la batalla no fue fácil. Y esta inmensa fuerza de fieles al emperador estaría incapacitada de moverse por muchos años terranos estándar.

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El despliegue que las fuerzas de la legión Alfa en el sistema Parmenio, y sus sistemas vecinos, Noxias, Verminox y Rottgrave, fue tan rápida y silenciosa como había sido planeada en un inicio, los mundos fueron rápidamente tomados, tomados por sorpresa, cualquier posible mensaje de auxilio fue interceptado, y las lealtades de la población civil fueron rápidamente aseguradas.

Todo estaba listo, todo menos los Eldars que le habían facilitado un medio rápido y seguro para transportar las fuerzas de su legión. Los explotadores xenos seguían buscando un camino por la telaraña lo suficientemente amplio como para mover al inmenso mundo astronave que habían traído con ellos.

La telaraña en esta región del espacio, parecía estar gravemente dañada, tanto que, de todas, todas las exploraciones que habían sido enviadas a la telaraña, solo unas pocas regresaban, y las noticias que traían, no eran buenas.

El mundo astronave conocido como Biel-Tan, parecía estar atrapado en este sistema. No era que Alpharius se quejase, si tenía que trabajar con estos nada confiables xenos, prefería tenerlos en un lugar donde pudiese vigilarlos.

Los Eldars eran muy poco confiables, uno podía realizar un pacto con uno de ellos, pero eso no garantizaba que otros xenos lo respetasen. Aunque en esta ocasión, parecía ser la excepción, o al menos eso se aventuraba a conjeturar Alpharius.

Aparentemente todos los xenos presentes en ese inmenso mundo astronave que estaba en órbita, eran seguidores de una entidad conocida como Cegorach, el dios que ríe. Quien había ordenado a todos sus seguidores arrasar con Ultramar, y eliminar al 13vo primarca a cualquier costo.

Alpharius no iba a decir que confiaba en los Eldars, pero si la fuerza combinada que habían traído, era un indicativo de cuan comprometidos estaban con la causa que les había unido. Estos xenos podrían llegar a ser unos valiosos aliados en la guerra que estaba por llegar.

Bueno, eso no importaba, de momento debía concentrarse en la tarea que le habían encomendado, fortalecer estos cuatro sistemas solares, Perturabo quería que estos sistemas, fueran el yunque contra el cual, el rompería a Ultramar.

-Mi hermano es el martillo, mientras yo soy el yunque. –Alpharius se rio amargamente. En especial sabiendo que todo este problema era culpa suya. Si solo hubiese actuado analíticamente, en lugar de ser sentimental, esa situación se hubiese solucionado milenios antes.

Bueno, todos tenían un trabajo que hacer, y lo harían lo mejor que pudiesen.

Alpharius bajo la cabeza a su tabla de datos, la mayoría los hijos de su legión, que habien tenido la tarea de infiltrarse en las filas de los hijos de Guilliman, estaban aquí, y los que no estaban, era imposible contactarlos. ¿Esto era obra de su padre?

El XX Primarca no lo creía, pero era obvio que algo estaba pasando, algo se estaba perdiendo.

¿Una trampa? Imposible, Roboute no contaba con suficientes tropas. Perturabo estaba movilizando una tropa de castigo tan grande, que incluso con sus grandes dotes estratégicos Guilliman se vería abrumado. Aun así, algo no le cuadraba.

Fue en ese momento que una alarma sonó, el mal presentimiento del XX estaba a punto de hacerse realidad.

Contacto con el puente de su nave, y pidió un informe detallado, lo que obtuvo lo dejo con más dudas.

Docenas de naves, de bionaves estaban llegando al planeta. Los Tiramidos habían llegado, pero su número simplemente era simplemente insuficiente. Solo unas pocas docenas de bionaves, no podrían hacer nada contra la flota que la legión Alpha había movilizado.

La batalla en si no duro mucho, doce horas para ser exactos, en tan solo doce horas, los leales habían barrido con todas las bionaves xeno. Y en estos momentos se encontraban haciendo tareas de limpieza.

Alpharius estaba dispuesto a creer que esa flota de bionaves Tiramidas, solo tuvo la mala suerte de toparse con ellos ¿Talvez era una de esas flotas que lograron sobrevivir a la heroica lucha por Macragge, y solo buscaban algo de que alimentarse?

Pero su optimismo fue desapareciendo, cuando una nueva alarma sonó, mas bionaves ingresaban al sistema, y nuevamente su número no superaba los cientos.

- ¿A que están jugando? –Pregunto molesto al Primarca. Este comportamiento no era para nada como él hubiese esperado de estos xenos.

Esto no era una invasión, solo era un pequeño goteo de xenos parecía estar llegando a este sistema por pura casualidad. ¿Acaso este sistema estaba en su ruta de inmigración? ¿Los Tiramidos emigraban? ¿Acaso estos xenos buscaban tierras más cálidas, cada cierto número de años? Sea como fuese, este nuevo comportamiento, debía ser documentado y estudiado. Podría ser útil a futuro.

Durante los siguientes veinte días Alpharius envió a sus exploradores, en búsqueda de cultos de Genestealer entre la población civil. Nada, la población parecía estar sana, demasiado de hecho. Aun así, el goteo de xenos no hacía más que aumentar. No era una cantidad que pudiese preocuparle, la armada podía con ellos sin problemas, pero su llegada entorpecería el plan de su hermano Perturabo.

Por otro lado, los Eldars seguían atrapados en el sistema. Si bien habían logrado encontrar algunas rutas en la telaraña, ninguno de esos caminos era lo suficientemente grande como para que su mundo astronave pudiese pasar.

Alpharius les hubiese sugerido a los sucios xenos que retrocediesen, y tomasen otra ruta, pero el camino por el que habían llegado, parecía estar dañado también.

Algo estaba pasando, algo no estaba viendo. Pero ¿Qué era? ¿Qué no estaba viendo? ¿Qué estaba pasando por alto?

Durante las siguientes semanas, los asquerosos xenos siguieron llegando a este sistema. Lo cual era raro, porque parecían estar ignorando los sistemas vecinos.

¿Había algo en este sistema que llamase la atención de los Tiramidos?

Era algo que debía investigarse.

Nuevamente mando a sus exploradores a registrar a la población civil. Nuevamente no pudo encontrar nada.

La lucha de los leales, contras los Tiramidos continuo, incluso los Eldars se vieron forzados a unirse, cuando una de las bionaves tiramidas se estrelló en su mundo astronave.

De hecho, y como dato gracioso, los tiramidos parecían estar más interesados en atacar el mundo astronave que el mundo colonia. ¿Acaso los Tiramidos se sentían atraídos por los Eldars de alguna forma? Eso parecía inverosímil, nunca en toda la historia se había registrado un comportamiento similar.

Pero aquí estaba, y lo imposible parecía estar ocurriendo.

Mas semanas pasaron, el "yunque" que el había creado siguiendo las indicaciones de su hermano resistía los embates Tiramidos. Pero algo nuevo parecía estar ocurriendo.

Una nueva plaga, parecía estarse expandiendo entre las tropas que estaban asignadas en el sistema Verminox. En medio de la batalla, cientos de soldados se vieron cegados por viscosas y apestosas lágrimas, lagrimas que lastimaban sus ojos hasta ponerlos en carne viva. En el peor de los casos, aquellos que la sufrían, quedaron permanente mente cegados, cuando sus globos oculares se pudrieron y cayeron de sus cuencas.

La plaga, que sería conocida como "el llanto" se expandió, de un regimiento a otro, y ninguna medida sanitaria parecía mantenerlos alejados.

Se intentó de todo para eliminarla, desde tratamientos médicos experimentales, hasta limpiar con fuego a todo regimiento que hubiese entrado en contacto con un posible infectado. Nada funcionaba.

Al final fueron los esquivos Eldars quienes dieron una posible causa. Esta nueva plaga parecía ser obra del podrido dios del caos Nurgle.

Lo cual tenía incluso menos sentido que el continuo avance Tiramido. ¿Acaso su descarriado hermano ya había caído en las garras de algún dios del caos? Era posible. Pero si así lo era ¿Por qué ninguno de sus grupos de avanzada había informado? No, esto era algo diferente, otras fuerzas se estaban moviendo en Ultramar.