Las cartas de Hogwarts habían llegado, en una de las reuniones de la orden hablé con Snape para saber quiénes serían los prefectos de Slytherin, en cuanto me lo dijo me negué rotundamente, los prefectos íbamos a ser Draco y yo, me negaba a ello, su cara me lo dijo todo, al final no tuvo otra opción que dejar a Pansy como prefecta.
—Aramia, cariño, ¿Ya llegó tu carta? —pregunta Molly, éramos las únicas que estaban en pie a esta hora. Sólo me limité a asentir —. ¿Y qué tal?
—Lo de siempre, el listado de libros y materiales —respondo, veo que su rostro muestra algo de decepción —. Hablé con Snape para que no me diera el puesto de prefecta.
—¿Por qué?
—Prefiero centrarme en mis estudios y no en que los estudiantes estén o no cumpliendo las reglas, es una responsabilidad que considero innecesaria en lo que a mí respecta, me quitaría tiempo en lo que podría estar haciendo otras cosas —le explico —. En cualquier caso, ¿No es muy temprano?
—Es el cumpleaños de Harry, así que quiero tener algo preparado para cuando despierte, además que de seguro Hermione es prefecta, sería una buena celebración.
—Es verdad —le sonrío —. ¿Necesitas ayuda en algo?
—Solo con la mesa, cariño —yo asiento y empiezo a poner los individuales y los cubiertos en esta.
—¿Por qué has despertado tan temprano un fin de semana? —me pregunta.
—Al final me terminé acostumbrando a la rutina de Moody, despierto temprano los fines de semana, aunque no quiera —le respondo —, es bueno en cierto aspecto, puedo aprovechar mejor el día.
—Me alegro de que pienses así, oh mira, ya vienen los demás —dice ella acercándose a la puerta —. Feliz cumpleaños Harry.
—Feliz cumpleaños, Potter, creo que te debo el regalo —comento —, buenos días.
Cuando todos bajaron desayunamos fue cuando Molly sacó el tema.
—¿Ya vieron sus cartas? —pregunta a lo que los otros niegan —. ¿Qué están esperando? Vayan a verla
El trío de oro va a revisar la correspondencia para luego volver con la carta en la mano, empiezan a leer frente a nosotros.
—Soy prefecta —dice Hermione.
—¡Felicidades! ¡Sabía que lo lograrían! —felicita Molly a Hermione y a Harry.
—Yo no soy prefecto —dice este algo decepcionado.
—Soy prefecto —dice Ron asombrado.
—Esto es maravilloso, todos mis hijos prefectos —exclama Molly.
—¿Y nosotros qué? —dice Fred.
—¿Somos los vecinos? —completa George.
—No te sientas mal por no ser prefecto — le digo a Harry —. Entre el Quidditch, las clases, los timos y ser prefecto terminarías saturado con tantas cosas, al final ser prefecto es una responsabilidad más en la cual tienes que ver qué los demás no incumplan las reglas.
—¿Tú crees?
—Si te hacen escoger entre ser prefecto y el Quidditch, quédate con el Quidditch, al menos en ese te diviertes.
—¿Tú no eres prefecta?
—No, le dije a Snape que no quería serlo, los prefectos son Draco y Pansy —le respondo.
—¿Malfoy? —me alzo de hombros, Draco tiene buenas notas después de todo, es normal que sea prefecto.
Mientras ordeno mi valija para ir Hogwarts me quedo mirando la estantería con los libros pendientes que me quedaban por leer, quería seguir leyéndolos, pero no podía llegar y tomarlos sin permiso. Bajo por la escalera hasta llegar al cuadro, quito la manta que le cubría y ahí la veo.
—Buenas tardes, señora Black —le saludo.
—Buenas tardes, Aramia ¿Qué te llevó a destaparme? —pregunta.
—Le quería preguntar algo —está asiente para que continúe —. ¿Podría tomar prestados unos libros de su hijo Regulus? Hay unos libros en su estantería que llaman mucho mi atención y no creo terminarlos antes de ir Hogwarts, prometo regresarlos en las vacaciones de navidad.
—¿Te interesan las mismas cosas que él? Habrías sido la chica perfecta para él —Comenta haciendo que me sonroje levemente —, puedes llevarlos —le sonrío para despedirme y taparla nuevamente.
Subo al cuarto y reviso en los libros que voy a llevar, uno de los libros era similar al que habían pedido en una de las clases y podría ser útil, los otros libros que llevo son para hacer mi investigación, quizás si tengo suerte logro convencer a Snape de que me dé un permiso para entrar en la sección prohibida.
Escucho los golpes en mi puerta, cierro la valija y abro la puerta encontrándome a Sirius.
—Veo que ya tienes todo listo —comenta.
—Salimos temprano mañana, así que prefiero tenerlo todo preparado —le respondo.
—Tengo una propuesta para hacerte.
—Soy toda oídos.
—¿Qué te parece si en tus próximas vacaciones de verano te ayudo a convertirte en animaga? Necesitamos mínimo un mes para ello y no sé si alcanzaremos para navidad —propone.
—Me parece una idea estupenda —le sonrío —. ¿En qué animal crees que me transformaré? Si dices una serpiente te golpeo.
—La verdad no sabría decirlo, eres una caja de sorpresas, Ara, quien sabe, quizás terminas siendo un perro igual que yo —bromea.
—Creo que tendré que repasar un poco sobre la animagia, así me preparo psicológicamente para ello.
Sirius abandona la habitación y me quedo sola parada en medio de esta, antes de irme a dormir miro una de las fotos de Regulus.
—Te devolveré los libros y los cuidaré bien, no he podido hablar contigo o conocerte, espero en un futuro poder hacerlo, me intrigas Regulus Black.
Me despierto siendo casi una de las primeras en pie, bajo mi maleta para luego dejar la habitación ordenada y limpia, en el pasillo me encontré con Moody que me hizo unas señas para que le siga a la cocina.
—Con Tonks escoltaremos a Potter a la estación, tendrás que llegar sola, es mejor si no te ven con ninguno de la orden —me dice.
—Pero si en el ministerio me han visto muchas veces con ustedes —replico.
—Sí, pero no te han visto relacionada con nada de lo de Potter, es mejor que las cosas sigan así —me explica —. No te perderás de Grimmauld Place a la estación, no es como que quede muy lejos.
—¿Tengo que recordarte que no sé aparecerme? —le recuerdo —. Las únicas veces que he andado en el mundo muggle ha sido contigo y con Tonks, ni siquiera sé cómo funciona su moneda ¡Me estafarán si tomo un taxi!
—Haremos esto, nos apareceré a ambos primero cerca de la estación, te dejaré dinero muggle para que vayas a comer algo allá.
—Eso me suena a que iremos ahora mismo - le veo asentir, así que tomo mi maleta y nos aparece —. Pudimos esperar, aunque sea una hora más ¿Puedo por lo menos escribirle algo a alguien?
Moody se va antes de responderme, me acerco a una de las cafeterías que estaban abriendo, tomo asiento en una de las mesas del exterior, tomo papel y empiezo a escribir una carta para Theo, no pienso aguantar tantas horas en Londres Muggle y menos sola. Mi lechuza se va y cuando pasa una hora aproximadamente esta vuelve con otra carta.
Reunámonos a las 10:00 entre la estación 9 y 10, le comenté a mi padre sobre llegar antes y quiere conocerte, prepárate.
Termino mi desayuno y pago la cuenta, faltaban 15 minutos para las 10, me muevo a la estación y miro a mis alrededores a ver si encuentro a Theo, cuando logro reconocerle entre la multitud me acerco a él y veo a su padre.
—Un gusto conocerle, señor Nott, soy Aramia Fawley —me presento.
—Veo que usted es la amiga de hijo —dijo él.
—Así es señor.
—¿Por qué estás sola tan temprano? —pregunta.
—Tenía la opción de llegar temprano o venir sola a la estación y la verdad es que no conozco el mundo muggle, me temo que me perdería si tuviera que usar el transporte —le respondo —. Además de que no fío mucho de ellos.
—Normal que no te fíes de ellos.
El señor Nott se va y nos dejas solos, era una persona que intimidaba con su presencia, me sentía incomoda al tenerlo cerca de mí.
—¿Qué te ha parecido? —pregunta mi amigo.
—Intimidante —le respondo.
—Y eso que no convives con él.
Pasamos entre las estaciones y subimos al tren, al ser aún temprano había varios compartimientos vacíos, dormí todo el viaje mientras que Theo estuvo leyendo.
Estaba apoyada en el hombro de Theo y estaba tapada con un abrigo de este, le veo concentrado en el libro que tenía en sus manos, me enderezo en el asiento y me estiro, muevo la persiana para ver por la ventana, estaba oscureciendo.
—La señora del carrito pasó hace como media hora, falta como una hora para que lleguemos —me dice.
—Me cambiaré de ropa —cierro nuevamente las persianas y empiezo a sacarme la ropa.
—Avísame para salir —me dice.
—Estás concentrado en tu libro, además, te tienes que cambiar ropa, los baños deben estar saturados a esta hora ¿Qué más da que nos cambiemos frente al otro? Tenemos confianza ¿No? No es como me vayas a ver desnuda.
—Pero sí te veré en ropa interior.
—Piensa que es ropa de baño —le digo para seguir cambiándome de ropa, miro de reojo como él mantiene su mirada en el libro, algo sonrojado, termino de colocarme el uniforme para sentarme a su lado —. He terminado, tu turno, puedes estar tranquilo, no miraré.
Tomo uno de los libros que me llevé de la mansión Black para continuar con la lectura, evitaba mirar a Theo, pero era complicado, mi amigo es bastante atractivo, creo que eso algo que nadie puede negar. Theo se sienta a mi lado y se ata los cordones de los zapatos, seguía un poco sonrojado.
Al llegar bajamos y nos subimos al carruaje los dos solos.
—Otra vez te quedaste mirando al Thestral —le comento.
—Me cuesta no hacerlo, me recuerda a mi madre, porque su muerte es la que me hizo verlos, la extraño, en verdad la necesito.
—Lo sé Theo, pero sé que debe estar orgullosa de ti y que no querría que te sintieras mal cada vez que la recuerdes.
—¿Qué otra cosa puedo hacer? La añoro demasiado.
—Recordarla con los buenos momentos, recordar todas esas experiencias buenas y alegres que hayas tenido con ella, esa es la mejor manera de recordar a alguien —le aconsejo.
—¿Tú los ves? —pregunta señalando a la criatura — siempre sueles evitarlos.
—Es porque les tengo respeto, pero sí, puedo verlos, veo la muerte de las personas, esa es la explicación.
—¿Cómo supiste que eran estas criaturas? —pregunta —. No eres muy buena dibujando ni describiendo.
—Moody consideró que sería bueno que aprenda el encantamiento Patronus, cuando logré hacer uno corpóreo este se dio cuenta de que era un Thestral y me explicó que eran —le respondo.
En el castillo, luego de la selección, lo primero que hacemos es comer, tenía bastante hambre, aun así, no me arrepentía de dormir todo el viaje hasta aquí.
—Buenas noches, niños —dice Dumbledore —. Tenemos dos cambios en el personal este año, por favor recibamos a la profesora Grubbly-Plank quien enseñará Cuidado de Criaturas mágicas mientras el profesor Hagrid esté ausente. También quiero que le den la bienvenida a la nueva maestra de Defensa Contra las Artes Oscuras, la profesora Dolores Umbridge.
—La he visto en el ministerio ¿Trabaja allí? ¿Qué hace aquí? —le pregunto a Theo en susurros.
—¿Has oído sobre lo del ministro, Dumbledore y Potter? —yo asiento —, supongo que ese es el motivo.
—Menos mal que los profesores de esa clase no duran más de un año, si es que alcanzan a terminarlo —comento.
—Como siempre, nuestro celador, el señor Filch, les quiere recordar… —el sapo rosa empieza a hacer unos ruidos interrumpiendo a Dumbledore, que falta de respeto, esta se levanta y camina al podio del director.
—Gracias, señor director, por sus amables palabras de bienvenida —sus palabras eran tan falsas, nunca creí tener tantas ganas de que se terminara la cena —. Y qué encantador ver sus brillantes y felices rostros sonriéndome.
—A esta le hicieron un hechizo confundidor, ni siquiera Filch le sonríe —le murmuro a Theo.
—Estoy segura de que todos vamos a ser muy buenos amigos. El ministerio siempre ha considerado que la educación de Hogwarts es de vital importancia, aunque cada director a aportado algo nuevo a este histórico colegio, el progreso solo en nombre del progreso debe ser desalentado, hay que preservar lo que se debe preservar, perfeccionar lo que se debe perfeccionar y eliminar las prácticas que deberían estar prohibidas.
—Gracias profesora Umbridge, eso fue muy… Esclarecedor.
—¿Aún estoy a tiempo para irme a Durmstrang? —pregunto al aire.
—¿Por qué Durmstrang? —pregunta Daphne.
—Beauxbatons no es mi estilo —respondo con simpleza —, y tampoco pienso irme tan lejos, tengo la sensación de que no me llevaré muy bien con ella ¿Cuánto falta para las vacaciones?
—Fawley aún ni empezamos las clases y ya te estás quejando —dice Malfoy.
—Draco.
—¿Sí?
—Mantén tu boca cerrada si no vas a decir algo útil —le digo con total sinceridad.
—¿Y qué sería útil según tú? —le miro por unos segundos y se me ocurre una idea, me levanto de mi asiento y me siento a su lado apartando a Parkinson de su lado, me apego a él y acerco mi boca a su oreja para susurrarle.
—¿Me harías un pequeño favor? —este asiente lentamente —. ¿Me dirías toda la información que sabes de Dolores Umbridge? Y si puedes investigar algo extra y dármelo estaría muy agradecida —paso mi brazo por su hombro y le veo tragar en seco.
— Da… Dame un par de días y te lo diré —tartamudea.
—Muchas gracias Draco, sabía que podría confiar en ti —le doy un beso en la mejilla sonrojándole y me levanto —. ¿Ya terminaste, Theo? Vamos a la sala común.
—Cosas como estas son las que me recuerdan por qué estás en Slytherin —comenta Theo al salir del gran comedor.
