Capítulo X

Su conciencia iba y venía, pero entre los lapsos de lucidez escuchó la voz preocupada de Grant. Lionel no dijo mucho, no en vano tenía mucha experiencia con esa amabilidad actuada, del mismo modo sabía que herido no podía defenderse, más ya llegaría su revancha.

No debía dejarse vencer porque deseaba comprobar con sus propios ojos que esa noticia de la llegada de una nueva generación de Kryptonianos, era real.

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Clark dejó los ingredientes en la encimera y fue a ver a Lex, no quería escatimar en cuidados con este.

Lex se recostó en el sillón un minuto o eso creyó, hasta que sintió que lo movieron.

–Lex…Lex…

Abrió los ojos y vio a Clark, quien le sonrió.

–Sé que debes estar cansado, pero es mejor que te bañes y cenes para que descanses mejor.

–Si. Tienes razón.

–Si quieres … ¿Podría acompañarte a bañar?

Lex miró al menor y sonrió con picardía.

–¡Que atrevido, Clark!

El aludido se sonrojó, pero no respondió más que con una leve sonrisa. Lex se acercó y lo besó levemente.

–Está bien, necesitaré ayuda.

La ducha de los Kent no era tan grande, sin embargo si lo suficiente para que los dos entraran. Clark lavó cuidadosamente a Lex y este se dejó mimar. Luego de la ducha y con los dos en pijama bajaron a cenar. En lo que Clark cocinó, Lex se sentó en la mesa de la cocina para acompañarlo.

–Oye Clark ¿No te han buscado tus amigos?

–Chloe y Luisa vinieron cuando tu padre…

–Oh, ya veo. ¿Y no insistieron en saber que hacías?

–Las conoces, si lo hicieron, pero les dije que estaba más pendiente de la granja. No insistieron sobre otra cosa y bueno Luisa se aseguró de recalcarme que no podía hacer nada sobre lo del accidente de tu padre.

–Ya veo. Clark…

–¿Qué pasa amor?

Lex se quedó pasmado con esa frase que salió de la boca del Kent y eso hizo que Clark reaccionara a lo que dijo. Se sonrojó hasta las orejas y agregó:

–Lo siento si fui atrevido, solo que me nació decirlo.

Lex sonrió un poco y con las mejillas arreboladas, respondió.

–Esta bien. Me agrada que me llames así.

Clark sirvió los platos, se sentó al lado de Lex y le besó levemente.

–A mi me gustas mucho tú. ¿Qué ibas a decirme?

Lex dio un bocado a su cena y al tragarlo, continuó.

–¿Nadie puede entrar a tu Fortaleza? No quiero que nos encuentren, antes de que Lucian nazca. Casi estoy seguro que lo de Lionel fue obra de Grant y si sabe dónde estoy no se tentara el corazón para quitarme del camino.

Clark comió su cena y atrajo al Luthor a sus brazos.

–La llave la tengo yo y le pediré a Jor-El que no permita que aparte de mi nadie pueda llegar a ustedes.

Lex asintió. Clark lo animó.–Termina tu cena para ir a descansar, debemos salir mañana temprano a las cuevas Kawashi.

Lex gruñó.–¿Asi que no estaba equivocado y si son parte de tu herencia?

–Lo son. Te mostraré mañana.

Terminaron de cenar y fueron a dormirse. Lex no estaba muy contento con usar la cama que Clark compartió con Lana, pero pudo más el sueño que su berrinche y entre el abrazo de oso de ese Kryptoniano se quedó de inmediato dormido.

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Grant decidió beber su café en la sala de espera de la gran habitación. No supo cómo Lionel pudo sobrevivir, pero no debía permitir que desconfiara de él. Por lo que se deshizo de cualquier lazo que lo ligara al accidente. Al mismo tiempo tenía que triplicar los esfuerzos para encontrar a Lex y también quitarlo del camino.

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Clark despertó antes que Lex, lo que le permitió verlo dormir. Con cuidado, bajó una de sus manos para acariciar a su hijo en el vientre del hombre, que por fin aceptó que amaba. El Kent se juró que habría muchos amaneceres de esos, pero teniendo a sus dos amores seguros. Después de unos minutos besó la frente del mayor y este se removió un poco…

–Lex, ya es hora.

Luego de más tiempo, Clark se levantó, alistándose y guardando el equipaje, así le dio otros momentos de sueño a Lex. Cuando ya no se pudo aplazar, levantó a Lex y lo ayudó a vestirse. En la camioneta Clark le dio un termo con té y un sándwich para que desayunara. Al llegar a las cuevas, Clark estacionó la camioneta donde no se viera y ayudó a bajar a Lex. Caminaron a las cuevas en silencio. Al entrar, el Luthor miró los signos en las paredes y luego a Clark, con preguntas pintadas en su rostro.

–Es parte de la historia de Krypton y de mi llegada.–explicó el moreno.

–¿Cómo lo supo el pueblo Kawashi?

–No fui el primero en venir.

–Eso explica muchas cosas.

–Sabrás los detalles, si le preguntas a Jor-El cuando lo conozcas , estará feliz de relatarte toooodaa la historia.

Lex rió divertido por el fastidio en la voz de Clark.

–No te preocupes, me encanta la historia.

–Lo sé amor.

Clark guió a Lex hasta el círculo y le dio el hexágono para que lo pusiera en la ranura. Lex por fin fue testigo de todo el procedimiento para llegar a la Fortaleza alienígena. Al arribar, una voz los recibió.

–Bienvenido Alexander Luthor, gestante de la nueva generación de Kryptonianos.

–Ah… hola. Tú eres Jor-El ¿No?

–La IA basada en esa conciencia.

Lex recorrió con la vista el lugar y no se asombró de no sentir frío, pues al parecer la tecnología del lugar podía amoldar la temperatura para su beneficio.

Clark creyó inocentemente que Lex descansaría un poco antes de comenzar sus indagaciones, pero la gran conversación que tenía con Jor-El le demostró lo contrario. Fue a buscar sus habitaciones y comprobó que eran bastante cómodas, cálidas y para que las compartieran. La voz de Lex llamándolo lo sacó de sus ensueños. Corrió hasta el Luthor.

Lex lo miró emocionado.–Clark, Jor-El hará una ecografía y dice que puede ser más clara que las de la tierra. Podremos ver bien a Conner.

Clark sonrió y por primera vez agradeció que la gran tecnología de la Fortaleza estuviera a su servicio y no en su contra.

Más tarde, en el área medica los dos disfrutaron de la vista por mucho tiempo, de la imagen nítida de un pequeño, totalmente formado y hasta con algunos rasgos definidos creciendo dentro de Lex.