Y así, nuestra épica migración continúa. ¡Hola a todos! ^u^ Aquí Coco, con ánimo spooky pese a ser mayo, y lista para seguir trayéndoles, uno a uno, nuestros especiales de Halloween desde Wattpad. En esta ocasión nos encontramos con el segundo especial que hice, uno de los más sexys y escalofriantes. Así es, estoy hablándo de "Las Monjas", ¡Uuuuuuh! *w* No hay fantasmas más sexys y traviesos que esos... aunque bueno, tal vez son criaturas más peligrosas que fantasmas 7u7 Pero no me hagan caso todavía. Mejor vayámos a disfrutar de otro domingo de lectura, les mando un beso, un abrazo y, si las diosas lo quieren, nos vemos pronto para más.
Sinopsis
Algo muy extraño está pasando en el convento de Liones. Hace meses que nadie ha visto a las monjas del claustro, y tras una serie de eventos bastante siniestros, en el pueblo han comenzado a sospechar que algo maligno se está ocultando ahí. Para investigar llegan varios enviados de la santa sede en busca de una confirmación de si el lugar sigue siendo sagrado o no: entre una joven novicia llamada Elaine, un seminarista de apellido Demon, y un misterioso sacerdote llamado Meliodas, tratarán de descubrir cuál es el secreto del convento y exorcizar el sitio de los lujuriosos y bellísimos demonios que lo acosan. Pero, ¿acaso podrán lograrlo cuando ellos mismos son tentados tan intensamente? Descúbrelo en este divertido, aterrador y sexy especial de Halloween 2020.
Inspirado en la película "La monja". Advertencia de contenido explícito. Algunos personajes y temáticas son polémicas, ya que el protagonista será un sacerdote seducido por un demonio. Si eres sensible con el tema de religión y esto te parece contra la moral, ¡no lo leas!
1 ¿Qué pasa en el convento?
—Mmmm… Jijiji… ¡Ngh!
—Aaaah, no. Por favor, ¡no!
Elizabeth se tapó los oídos ante la súplica agonizante del viejo que había caído víctima de su amiga Melascula. En verdad lo compadecía, el pobre había ido a parar al único lugar donde, sin importar lo fuerte o listo que fueras, no tenías escapatoria. El hombre canoso de ojos verdes se retorció tratando de escapar, dio manotazos, pero ella sabía que eso no duraría mucho. Tarde o temprano, todos terminaban cayendo. Él lo hizo justo en ese momento.
—Oh, ¡sí! ¡Más!
—Fufufu. —La belleza pelimorada apostada entre sus rodillas devoró el pálido miembro de aquel hombre con una glotonería digna de un hambriento.
Lo metía profundamente a su boca, chupando con fuerza para luego soltarlo momentáneamente y darle vueltas a la punta usando su lengua. Su cabeza subía y bajaba con cadencia, primero con ternura, y luego aumentando de velocidad hasta alcanzar un ritmo de castigo que lo hizo gritar. El pobre arqueaba la espalda mientras propulsaba las caderas, intentando embestir la boca del demonio que lo tenía cautivo. Ella reía sin parar, pero justo cuando estaba por lograr su objetivo y sacarle todo el líquido que había dentro de él, sucedió algo que la hizo abrir la boca con un grito. Alguien la había penetrado por detrás.
—No puedo. ¡No puedo parar! —Un hombre enorme, de pelo morado y boca amplia, había enterrado su pene profundamente entre sus pliegues rosados, y comenzó a dar golpes frenéticos de cadera aunque él mismo se veía ojeroso y cansado.
Pasaba siempre. Cada cierto número de semanas, la gente del pueblo mandaba a exorcizar el convento, pero por más brujos y monjes que mandaran, aún no lo conseguían. Esta vez, fue el turno del pastor, acompañado de un fuerte cazador que se supone le serviría de guardaespaldas. Ninguno había logrado vencer el hechizo, y al final, acabaron atrapados por uno de los espíritus que habitaban aquel sitio embrujado.
—Así cariño, lo haces muy bien. —Eso era un decir, ya que el prisionero en realidad no tenía opción. Seguiría dándole placer a la demonio, por siempre, hasta que ella decidiera parar. Sin embargo, el otro preso no podía quedarse atrás.
—¡No! ¡Ella es mía!
—¡Ngh! —Continuaron donde lo dejaron. El viejo cano se había logrado levantar y, colocado de rodillas frente a ella, la había hecho meterse de nuevo su miembro a la boca. Empalada por ambos extremos, la pelimorada se dejó ir en un frenesí de placer que la llevó de un orgasmo a otro hasta que, por fin, tuvo su recompensa. Su boca y su interior se llenaron con el líquido blanco que era su fuente de vida, y tras tragar una, dos, tres veces, por fin soltó ambas presas. Y eso no fue todo lo que pasó.
Al ponerse de pie, parecía rejuvenecida. Su piel se hizo aún más tersa y brillante, sus ojos se volvieron un abismo negro, y tenía una expresión tan pacífica que nadie hubiera creído lo que estaba haciendo hacía un segundo. Para rematar la grotesca imagen, cubrió su desnudez con un hábito de monja, y les abrió la puerta gentilmente a los dos hombres para dejarlos salir.
—¡Aaah! Me siento fresca como una lechuga. Por aquí caballeros, fue un placer recibir su visita.
Pero ellos en realidad no escuchaban. Caminando como zombies fuera de la muralla y perdiéndose en el cementerio que rodeaba el convento, los dos exorcistas derrotados vagarían entre la niebla hasta que alguien los encontrara o hasta que se desmayaran del cansancio. La guardiana de la puerta cerró todo con llave, y ya estaba por regresar al claustro principal cuando notó a la peliplateada tras una estatua.
—No tengas miedo querida. Ven, no voy a morderte —La tímida novicia lo hizo, y al acercarse, encontró una expresión de lástima en el rostro perfecto de la pelimorada—. Pudiste haberte unido, ¿lo sabes?
—Yo… Es que… no, no puedo.
—Necesitas comer. Si sigues así, terminarás muriendo, y ninguna queremos eso. ¿Qué te cuesta darle una probadita a los hombres que pasan por aquí? Esos tontos vienen cada vez menos, y si sigues haciéndote del rogar, terminarás por convertirte en polvo.
—Pero Mela, ¡es que no puedo! —Un incómodo silencio se hizo entre las dos, y ya parecía que la cantaleta seguiría, cuando el viento helado les agitó las faldas y una extraña figura se materializó de entre las sombras.
—¿Qué sucede aquí?
—¡Superiora! —Una hermosa mujer rubia de trenza y ojos rojos se acercó hacia ellas con una expresión severa.
—Ya saben que estos cuartos solo son para comer, el resto del tiempo deben estar cerrados. ¿Por qué no han vuelto al claustro?
—Superiora, es que, yo… —Los iris como rubíes de la dama se clavaron en la albina, y al segundo siguiente suspiró con frustración.
—Elizabeth, ¿otra vez no te alimentaste?
—Sí lo hice, es solo que…
—A ver, abre la boca.
—¡Kyaaa! —Con una fuerza muy superior a la que debería tener una dama de su complexión, la otra monja tomó a Elizabeth de las mejillas y le abrió la boca buscando restos de comida.
—Mermelada de frambuesa, pan y té. Pero nada de "leche de hombre" —Acto seguido la soltó y comenzó a menear la cabeza con pesar—. Elizabeth, te digo esto por tu bien: debes dejar de alimentarte como los humanos. Asúmelo, ya no lo somos. Y si no cumples con tu papel y sigues desobedeciendo, él podría venir a matarte.
"Él". Elizabeth se puso a temblar sin control y volteó hacia el interior del convento como si sus ojos pudieran atravesar las paredes en busca de la puerta secreta. "Patrón", le decían. "Prior" le llamaban. Pero a pesar de su transformación, Elizabeth aún entendía lo que en realidad era. Un poderoso demonio habitaba la abadía, y aunque a ellas les permitiera vivir para servirlo, no eran diferentes de las víctimas de las que se alimentaban.
—Si lo entiendes, entonces… —La rubia se quedó paralizada en su sitio, y sus pupilas se dilataron como las de un muerto. Esa era la cara que hacía cuando "el patrón" se estaba comunicando con ella—. Perdónala señor, ella solo… —Más silencio, y su palidez se incrementó a momentos—. Mi señor, yo le aseguro… —Pero nuevamente se quedó callada. Cuando volvió a hablar, parecía tener un nudo en la garganta—. Sí, entiendo —Sus ojos severos se clavaron en Elizabeth, y las palabras que dijo a continuación sonaron a condena—. El patrón dice que te dará una última oportunidad. El primer hombre que entre al convento, sea quien sea, serás tú quien se alimente de él. Sácale todo, incluso el alma si es posible. Si no lo haces, el patrón te hará lo mismo que a las otras.
—¡No! ¡No por favor! —Pero no había súplica que valiera. Las dos monjas mayores se alejaron flotando de forma fantasmal, dejando a la albina sumida en la desesperación y la tristeza. ¿Quién podría ayudarla ahora? ¿Dónde se habría escondido la novicia perdida? ¿Había alguna esperanza de que alguien exorcizara el convento antes de que fuera demasiado tarde para ella?
El padre Meliodas se bajó del autobús con una expresión relajada y una enorme sonrisa. Por fin había llegado al pueblo de Liones, y tenía que decirlo, era un lugar bastante bonito. Bueno, al menos considerando los inquietantes rumores que lo habían atraído hacia allí. Un sol resplandeciente iluminaba las hojas de tonos ocres de los árboles de la plaza principal, y aunque el frío era bastante fuerte, era opacado por el delicioso aroma a manzanas y el cálido color de los adornos de calabaza. Puede que fuera una imprudencia ir a hacer un exorcismo estando tan cerca el día de las brujas, pero eso no importaba. Al buen padre siempre le habían encantado las aventuras. Sacó de su habito negro la hoja que tenía la dirección de la única posada del pueblo, y comenzó a andar con un silbido cantarín.
—A ver, a ver, a ver. Calle girasol, esquina con Golem. Me dijeron que debe estar muy cerca. ¡Ahí! —El hospitalario edificio de tres plantas tenía un bello color chocolate con techo rojo, y el rubio pensó que, de no ser por los espectros y fantasmas, aquel lugar sería maravilloso para el turismo. Entró al recibidor limpio y ordenado, y tocó la campanita para anunciar su llegada.
—¡Ya bajo! —Unos pasos se escucharon en el piso superior, y al momento siguiente, una adorable muchacha de coletas castañas y ojos morados llegó en un tradicional vestido de época—. Bienvenido sea padre, ¿una noche o la semana entera?
—Me temo que aún no lo sé. Todo depende de cuanto me ocupe mi trabajo.
—¡Oh! ¿Viaje de negocios entonces?
—Sí. De hecho… sabe qué, sí reserve una habitación por una noche. Y si no es mucha molestia, me gustaría que también me contara sobre los rumores del convento de Santa Nerobasta. —La sonrisa amable de la chica desapareció de golpe, sus mejillas perdieron el color, y por poco se cae al tratar de apoyarse en el mostrador.
—El… ¿el convento? Padre, ¿acaso tiene pensado ir a hacer un exorcismo allí?
—¡Precisamente, querida! Entonces, ¿serías tan amable de…?
—¡No por favor! ¡No vaya! —El rubio se quedó impactado de la vehemencia con la que lo dijo, pero como no era un hombre de echarse para atrás, siguió insistiendo.
—¿Por qué?
—Es un lugar maldito. Todos los hombres que van ahí se pierden, y cuando regresan, ellos… ellos… —La chica parecía tan alterada que no podía explicarse, pero como no era la primera vez que Meliodas se enfrentaba con algo así, la tomó del hombro y le sonrió con confianza.
—Tranquila, es precisamente por eso que vengo. Soy un profesional.
—Usted no lo entiende. Los otros que vinieron también eran profesionales, y ellos… todos ellos…
—¿Qué les sucedió? —La castaña se quedó mirándolo intensamente, como calibrando lo valiente que era y los nervios que tenía para soportarlo. Cuando se dio por satisfecha, trató de persuadirlo una última vez.
—¿No hay forma en que pueda convencerlo de no ir? Esta es la última oportunidad que tiene de retractarse.
—Nop. No me iré hasta dejar ese lugar santificado de nuevo. Ahora dígame, ¿qué les ocurrió a esos hombres?
—No hace falta que se lo cuente. Es mejor que se lo muestre. Sígame por favor.
Después de cerrar con llave la puerta de su negocio y envolverse en una capa de lana, la chica lo guió unas cuantas calles hacia abajo hasta un edificio blanco de tejas verdes. Se veía como una vieja casona, aunque en realidad resultó ser una clínica. Dio tres fuertes golpes a la aldaba en clave, y casi de inmediato le abrió un joven castaño de ojos ambarinos y complexión delgada.
—¡Diane! Que gusto que te pases más temprano, parece que el paciente está…
—King, te presento al padre Meliodas. —El castaño miró al hombre de hábito, y esa sonrisa se le borró de la misma forma que antes le había pasado a la joven.
—Buenos días para usted.
—King, él viene por lo mismo que los otros.
—¡No lo dejes! Padre, no se le ocurra hacer lo mismo, todos los hombres que van por ahí terminan… —Pero él tampoco pudo terminar de explicarlo. Más decidido que nunca, el rubio se adelantó para estrujar su mano.
—Precisamente eso es lo que vine a ver. Meliodas Demon, a su servicio.
—De… de acuerdo. ¡Pero no diga que no está advertido! —La pareja de lugareños se adelantó por el amplio pasillo, y después de unos cinco minutos de corredores y escaleras, llegaron a la habitación número trece. El más bajo dio tres golpes, y una voz dulce respondió desde dentro.
—¿Sí?
—Hermana Elaine, somos nosotros, ¿podemos pasar?
—Claro, adelante. Los pacientes están durmiendo. —Los tres personajes se adentraron al cuarto, y Meliodas entendió inmediatamente lo que sus nuevos amigos le habían querido decir. Dos camas individuales se encontraban paralelas contra la pared del cuarto, en cada una reposaba un hombre. Y parecía que a aquellos hombres les hubieran chupado el alma. Estaban en los huesos, pálidos como el papel, tan frágiles que parecía que con soplarles se irían volando, y eso no era lo más extraño. Lo verdaderamente preocupante eran las enormes sonrisas de satisfacción que tenían. A su lado, aplicándoles paños fríos, estaba una novicia vestida de blanco.
—Buenas tardes, hermana. Mi nombre es Meliodas, y he venido para investigar los extraños fenómenos que ocurren en el pueblo. Me imagino que estoy viendo uno de ellos. ¿Puede explicar qué les pasa a estos hombres?
—Cla-claro. Es un honor padre, me llamo Elaine. Pues verá, ambos presentan síntomas graves de desnutrición y anemia. Además, sufren consecuencias de hipotermia, sumado a lo que parece un caso agudo de falta de sueño. Y… bueno…
—¿Sí?
—No sabría decir si sufren de pérdida de memoria o conmoción, pero ninguno ha podido decir exactamente qué le pasó. Este es el padre Galand, y este de acá es sir Fraudrin.
—¿Con que un colega? Muy bien, vamos a ver. —Antes de que alguien pudiera detenerlo, el rubio ya estaba revisando a los pacientes, y después de un par de minutos de silencio, su expresión se volvió seria—. Entiendo, ¿sería posible pasar unos minutos a solas con ellos? No tardaré mucho. —Más a regañadientes que por voluntad propia, todos salieron para dejar al sacerdote ocuparse de sus asuntos. No había pasado un cuarto de hora cuando nuevamente salió—. Lo que supuse. Fueron víctimas de posesión demoníaca parcial. Creo que al final le rentaré el cuarto varios días, señorita.
El rubio dijo aquello con tal naturalidad que pareció que simplemente les hubiera diagnosticado gripe, y después de un sonoro suspiro, dirigió el camino de vuelta a la posada con la dueña pisándole los talones y los otros dos mirándolo con incredulidad. Al cabo de media hora ya se había instalado cómodamente en una habitación cuya ventana daba a la calle, habló un rato con la castaña en busca de más información, y cuando por fin volvió a salir, se encontró con que la pequeña monja lo había seguido y lo estaba esperándolo.
—¿Hermana Elaine? ¿Qué hace aquí?
—Padre, yo quiero unirme a usted en su misión. —Hubo un momento de silencio tras estas palabras, y después de un parpadear rápido en una señal de confusión, el gentil hombre por fin contestó.
—No puedo permitirlo querida. Por lo que acabo de ver, este caso es demasiado peligroso, y no me gustaría ponerla en ninguna clase de peligro.
—¡Pero tengo que hacerlo! —Los bellos ojos ámbar de la joven brillaban como dos bengalas, y cuando el sacerdote terminó de escanear a la joven una segunda vez, simplemente preguntó con voz amable.
—¿Por qué cree que debe?
—Es mi pueblo natal. Iba a ir al convento de Santa Nerobasta, pero no fue así porque fui a estudiar al extranjero. Ahora que estoy de vuelta, quiero ayudar a liberar ese lugar sagrado del mal. —Esta vez levantó las cejas en una mueca de asombro, y cuando la rubia lo vio insinuar una sonrisa, supo que acompañarlo era un hecho.
—Bueno, entonces trabajaremos juntos. Será un placer colaborar con usted. —Sellaron el pacto con un apretón de manos, y acto seguido el padre echó a andar calle abajo—. Ahora escóndase detrás de mí por favor, que el lugar al que voy a investigar no es propio de una dama.
El dicho lugar resultó ser la taberna del pueblo, y en cuanto ambos entraron al local, resaltaron tanto como un lunar en la cara. Gente de miradas sombrías se paseaban de un lado a otro observándolos mientras el cuchicheo apagado les susurraba hostilmente, pero como el rubio parecía no dar muestras de notarlo, su asistente lo siguió como si nada hasta llegar con el tabernero.
—Buenas tardes señor, mi nombre es Meliodas Demon, y me gustaría hacerle unas preguntas sobre…
—Si es sobre el convento, no pienso volver a hablar de ese lugar maldito.
—Entonces alguien más ya le preguntó —El aldeano lo miró de manera fulminante a pesar de su hábito, y el aún sonriente sacerdote alzó las manos en señal de rendición—. Entiendo, no lo molestaré más. Pero si simplemente me dijera como llegar hasta ahí…
—Creo que yo puedo ayudarlo en eso —Apareciendo detrás de ellos, un joven pelinegro tomó al sacerdote del hombro y le hizo señas para que lo acompañara fuera del local. Ya en la calle, lo encaró ofreciéndole una mano—. Sabía que tarde o temprano la Santa Sede enviaría a alguien. Zeldris Demon, a su servicio.
—Vaya, ¡qué casualidad!
—¿Lo dice porque los dos somos miembros de la iglesia? —La verdad no lo parecía, ya que en ese momento el joven estaba vestido de civil—. ¿O porque parece estar tras la misma investigación que yo?
—Pues no. Lo decía por el apellido, y también por estar al servicio de los demás. Pero ya que lo menciona, parece que sí estamos siguiendo el mismo rastro. Permítame presentarle a la hermana Elaine. —Antes de que hubiera más charla, la joven rubia también estrechó la mano del pelinegro y fue directo al asunto.
—Señor Demon, ¿dice que consiguió una información que quiere compartir?
—Así es. Soy un seminarista enviado por el monasterio de Edinburgh para investigar el caso de la desaparición de las monjas y los extraños fenómenos que rodean el convento. Ha sido muy difícil averiguar algo aquí, todos parecen demasiado asustados como para hablar, pero en los días que llevo indagando supe de un hombre que vive cerca de la abadía. Es él quien encuentra a los desaparecidos, y se dice que era quien les llevaba los víveres a las monjas todos los meses. Le dicen "el zorro", y creo tener una idea aproximada de dónde vive.
—Que conveniente.
—¿Por qué? ¿Piensa que es sospechoso, padre?
—No es eso. Es solo que es conveniente que el destino juntara a todas las personas interesadas al mismo tiempo y en el mismo lugar para perseguir los mismos demonios. Pero bueno, tres cabezas piensan mejor que una, y si estoy en lo correcto, puede que ese mismo "destino" sea el que nos guiará a resolver el misterio. Pues está dicho, mañana nos marchamos a buscar a ese tal "zorro".
Fufufu *u* Listo mis amores, ¿recuerdan ese escalofrío delicioso y pecaminoso de leer esto por primera vez? Pues si efectivamente es la primera que lo haces, ¡espero que hayas disfrutado mucho! ^u^ Esta historia apenas comienza, pero ya estamos listos para más. Nos vemos el próximo domingo para una entrega doble. Por ahora me despido de ustedes con un beso, un abrazo, y mis mejores vibras spooky. ¡BOO! *0*
