"Capitán, ¿seguro que todo está bien entre ustedes?"
Aquella pregunta lo tomó por sorpresa. Law asintió de forma automática, pero al ver la genuina preocupación de sus amigos, supo que ellos se dieron cuenta de algo que él no había tenido en cuenta. Sentados en su despacho, se acomodaron con un par de cafés de la máquina y esos bollos que sentía que era un atentado en contra de la salud pública.
Sachi y Penguin tenían una burlesca sonrisa dibujada, la cual delataba el tipo de conversación que querían tener con su buen amigo. Bepo no estaba, igual que Ikkaku, por lo que se imaginaba que estarían trabajando a diferencia de ese par de idiotas que tenía como amigos íntimos.
"Las pocas veces que Nami se ha pasado por aquí, era para que fueran a comer o a cenar, pero se la veía muy cansada... ¿qué están haciendo, capitán?" Aquello último iba con una de aquellas sonrisas burlonas que insinuaban cosas que eran demasiado evidentes.
Claro que estaban haciendo ejercicios para adultos, pero no les iba a contar como, en la última cita, tras una maravillosa y romántica cena en su casa, la había esposado al cabecero de la cama, vendado los ojos y le había dado tantas nalgadas que sus pompas quedaron más rojas que la bandera comunista, además de probar las maravillas de un nuevo vibrador. Esos eran detalles que jamás iba a comentar a sus amigos.
Desde esa primera vez en el cine, su relación había dado un giro de 360º. Hacían perversiones en cada rincón de aquella maldita ciudad, que parecían actores porno amateur. Si, aun tenían citas, compartían momentos románticos... pero eran inferiores a sus encuentros sexuales. Si que echaba de menos compartir citas más mundanas, ya que no quería que ella se sintiera como una muñeca. La amaba hasta una fibra muy sensible al que no sabía como darle nombre y quería seguir conociéndola, pero había tocado ese punto del que no sabía como escapar: la de una vez empieza el beso, se acaba corriendo dentro de ella.
Si que le comentó su miedo a que ella quedara embarazada. Le dejó bien claro de que no quería ser padre, bajo ningún concepto. No le explicó los motivos, ya que aun se le hacía difícil explicar su historial médico y como no quería que sus hijos pasaran por eso. Además de que no se veía como un buen padre. Si que veía a Nami como una madre amorosa, al verla trabajar con los pequeños, sabía que ella era la madre perfecta, un poco mandona, pero que sabría darles aquello que sus padres biológicos nunca le dieron, algo muy diuferente a lo que él llegaría a ser como padre. Él si que tuvo a Corazón como una gran figura paterna, casi su dios, pero una cosa era alguien perfecto como el rubio y luego estaba él. No. Se veía como un buen doctor, como mucho apadrinando a alguien, pero no siendo esa figura familiar.
Nami lo sabía, lo aceptaba y lo apoyaba en su decisión. Por ello estaba tomando sus anticonceptivas de la misma forma que ella ya sabía que él se había hecho la vasectomía.
Ahora, nunca había visto a Nami "mal". Ante esas palabras, una nueva duda se había enquistado en su cabeza como una mala enfermedad. Intentó encontrar algún tipo de respuesta, que seguramente la vieron en un mal día de trabajo o que era una percepción errónea. Últimamente no dejaba de tener problemas con uno de sus compañeros, el mecánico y unos pagos de su hermana. Debía investigar bien para poder ayudarla con lo que fuera.
Suspiró y se despidió de sus amigos para poder dar una vuelta. Cogió el teléfono y vio como ella se adelantaba con un largo mensaje diciéndole buenos días, como estaba con sus pequeños y que era lo que harían en cuanto se vieran. Le comentó que era lo que quería comer y Law simplemente le respondió que quería comer a ella, para poder callarla. Sin embargo, la conversación subió de tono poco a poco y no podía evitar fantasear con lo próximo que le iba a hacer. Deseaba obligarla a vestirla de enfermera. Ella se negaba, pidiendole a él que se vistiera de fontanero en otra ocasión, pero él no terminaba de verlo justo al haber usado su bata en más de una ocasión.
"¿Estas bien, Law?"
Aquella pregunta era de su compañera Monet. Era una joven doctora con un humor similar al suyo. Antes de Nami, tuvieron su cita una noche de aquellas que sabían que no se podía repetir jamás. Law comprendió que, a pesar de que se parecieran tanto, era imposible tener algo serio, ya que esa misma similitud, era la que los separaba. Aquella mujer, por muyb bella que fuera, no era capaz de hacerle sentir lo mismo que había conocido con la peli naranja. Sin embargo, desde ese momento, ella había estado demasiado cerca de él. Por suerte, Nami no sabía nada, pero el cirujano sabía que pronto le tendría que contar sobre ella de la misma forma que él ya sabía de todas las malditas exparejas de ella. Un paso que él no había dado y se veía un poco feo.
Ocultó rápido el teléfono para que no viera nada de aquella picante conversación.
"Si, pero dime que ocurre" preguntó él de vuelta
Solo al hacer aquella pregunta, comprendió que ella estaba demasiado cerca. Casi podía sentir ese aliento de menta gélida en contra de él. Por ello, buscó el espacio antes de que nadie malinterpretara. Se vió molesta, pero le importó poco.
"Necesito tu ayuda con ver la operación de cadera de la señora... creo que con esa infección, no se debería"
Molesto, la siguió a su despacho, intentando mantener la distancia entre ambos sin mucho éxito.
Tras la ducha, Nami empezó a cenar. La pequeña televisión que le había dejado no tenía mando, por lo que solo podía ver lo que Law le había dejado. Por suerte, se acordaba de sus gustos con tal claridad, que le había dejado en una pelicula de la cual sabía que se quedaría dormida.
Le costaba admitir que no sabía que sentir con todo aquello. Por un lado, estaba aterrada de la cantidad de detalles que Law se acordaba: la comida, el cine, las series... ¡hasta el champú! ¿y que decir de aquella ropa? Aun tenía sus muy sugerentes camisones, oliendo a su jabón de marsella y los trucos de Bell Mere para usar alternativas a suavizante. Era ya demasiadas cosas y no sabía si estaba delante de un enamorado o de un loco que necesitaba medicación. Pero, por otro lado, todos esos detalles y preciosos gestos, la forma en la que aun sabía como iniciar un momento tórrido de pasión, el calor que, a pesar de la ducha, aun sentía en ella... ese maldito cirujano sabía como evitar que lo olvidaran. Sin dejar de lado como suplicaba por volver con él, en que dejara la boda, en como insistía en que aun la amaba...
Recordándola una vez más que, lo que hubo entre ellos en ese largo tiempo fue verdadero amor.
Pero... ¿podía llamar amor a que la tuviera encerrada a saber donde?
"Maldita sea" terminó por maldecir mientras se intentaba acomodar en aquella cama. "joder, Trafalgar..."
Se acordaba incluso de como le gustaban las sabanas para dormir.
Quiso cerrar los ojos, pero ahí estaba aquella mirada que tantas pesadillas despertó en ella hacía tanto tiempo. No quería admitir en voz alta que una de las principales razones que llevó a pedir que terminaran la relación fue esa maldita mirada grisácea. Ese misterio que rodeaba a Law era atrayente, pero peligroso. Nami solo lo habló con Robin, quien le recomendó que lo hablara con él antes de tomar cualquier decisión. Ella lo meditó y decidió callárselo, prefieriendo echar la culpa al resto de razones antes de al propio desconocimiento de ese lado oscuro de Law. Uno que no sabía explicar, pero que al estar bien oculto, sabía que nadie la iba a creer. Y, al final de cuentas, en ese momento, estaba experimentando.
Tampoco lo necesitaba, ya que solo lo vio sumamente violento una vez contra un chico... y no se quería acordar de ese maldito episodio nunca más.
Quizás, si le dijera su problema...
Sacudió su cabeza, buscando que cualquier idea loca se fuera de su cabeza y pudiera pensar en algo más positivo.
En como aquella maldita doctora ya debía saber que Law era quien había evitado su boda. Una sonrisa triunfal se dibujo en su rostro por un momento.
No, tampoco quería pensar en ello.
¿Cómo estaría su hermana Nojiko?
Aquella furtiva pregunta hizo que saltara de la cama y se planteara en intentar fugarse. Su hermana debía estar sumamente preocupada por ella. No había dado señales de vida desde ese momento y ella ... debía estar bien. Aun podía regresar con su hermana, casarse y conocerlos. Aun había una oportunidad
Aunque, si ella era honesta consigo misma, no quería a nadie que no fuera a su hermana. El resto le importaba bien poco, porque lo podría recuperar sin problemas. Nada de lo que estaba ocurriendo era su problema, por lo que todos o eran comprensivos o simplemente podían desaparecer, como siempre hacían.
Suspiró y cerro los ojos, buscando descansar. Ya al día siguiente convencería a Law de terminar con todo aquello. De buscar otro camino. De encontrar verdaderas buenas respuestas.
... ... ... ...
Notó como alguien se colaba en su cama. Se quedó congelada por un momento, presa del pánico.
Era Trafalgar, quien había llegado a su lado y abrazado a ella como en el pasado. Quiso decirle algo, aprovechar el momento para salir corriendo, lo que fuera, pero al acomodarse para enfrentarlo, se fijó que ya se había dormido sobre ella. Respiraba lento, podía ver como sus perfectos y bien bronceados pectorales subían y bajaban a ese suave compás, completamente tranquilo. Solo llevaba un pantalón por pijama, y dudaba que fueran sus tan queridos boxers negros.
Sonrió con cierta nostalgia, recordando todas esas vece que el cirujano de la muerte se durmió sobre y gracias a ella.
Rendida al ver como descansaba con esa suave sonrisa, lo acomodó sobre su pecho para que pudiera descansar bien. Acarició por un momento su suave mejilla, recordando la última vez que estuvieron así.
"¿Sabes una cosa?" le pregunto sabiendo que Law no la escuchaba o la iba a responder "agradezco que hayas interrumpido la boda como lo hiciste. Es la primera vez que hablas asi de todo lo nuestro delante de todos. Lástima que llegues tarde... y que sea por tu miedo a perderme. ¿cuantas veces soñé con una muestra en público como Franky a Robin? "
Peinó con suavidad aquel revuelo de cabellos negros con las uñas, mientras que veía como, por fin dormía en paz Law. Sabía de sus recurrentes pesadillas, de sus terrores nocturnos e insomnios. Cuando pidió que rompieran la relación, sabía que aquello solo iba a aumentar y luego, simplemente ya no estaba en aquella ciudad para poder seguir sus miedos más ocultos. Nami era consciente de que a ella todo eso no le debía importar, ya que técnicamente habían roto los lazos que los unían, pero al ver ese errático comportamiento y sus grandes ojeras, no podía dejar de temblar ante su necedad.
Si tan solo hubiera hablado...
Pero entonces, la asaltaba la duda: ¿dónde quedaba ella y lo que quería? ¿por qué siempre debía estar pensando en arreglar y llenar su vida mientras que sentía que él solo la cumplía a espaldas de todos y de una forma muy escueta?
"Law... si volviéramos, que lo dudo..." paro por un momento al ver como se revolvía un poco en sueños. Tembló un poco de miedo, de pensar que de verdad la pudiera estar escuchando, pero al ver como paraba, sonrió completamente enternecida "Si regresamos, ¿cumplirías ese primer deseo mio? ¿que tomes la iniciativa de hacer algo tonto y romántico delante de todos?"
Sabía que, si quería que terminara de descansar bien, le debía cantar aquella nana que sabía que a Law le encantaba. No sabía si era por la nana o por como cantaba ella, pero siempre que lo había, podía ver como Law descansaba con la boca abierta, completamente desconectado del mundo.
Por fin descansando ambos de verdad.
