Capitulo 6 Conociendo a alguien especial

"Rápido, coloquenlo por aquí".

"Entendido".

"Se esta desangrando demasiado, necesitamos sangre urgente para una transfusión".

"Ya lo oyeron, ¡muevanse!".

Los gritos de 4 personas resonaron por toda la habitación. Moviéndose de un lado a otro para realizar su trabajo. Al mismo tiempo se podía escuchar los lamentos de otra persona en la habitación.

"No, no no no por los dioses. Esto no, por favor".

En una de las tantas camas que había alrededor, se encontraba el jefe de la aldea que actualmente estaba lamentándose. Al observar el estado actual en el que se encontraba el niño de cabello castaño.

El chico estaba recostado una cama grande. Algunas partes de su cuerpo estaban con varios cortes y heridas bastantes profundas. Mas precisamente su brazo izquierdo y pierna derecha. Alrededor de él estaban los hombres del general Gregorios, quiénes estaban tratando sus heridas con el único objetivo de salvarle la vida.

Ellos estaban utilizando equipo médico, el cuál habían traído en sus caballos para ellos. También estaban vestidos con ropas diferente de la que ellos venían. Todos y cada uno de ellos vestían ropas de enfermeros, juntos con unos guantes y mascarillas puestos. Tal vez para así evitar que cualquiera de las heridas se llegará a infectar.

"Necesitamos limpiarle las heridas para comenzar de una vez". Ordenó uno de ellos.

"Ok". Gritaron los otros tres.

"Porque,...Porque tuvo que pasar esto. Por qué dioses...". El jefe de la aldea seguía lamento con las manos en su rostro, mientras rogaba por una explicación ante esté suceso.

Una mano se posó en su hombro derecho. Giraron en esa dirección para ver quien podría ser.

"Tranquilícese, Señor Kaigo-Sha". Pidió el general. "Ya todo va a estar bien".

El jefe de la aldea solo pudo mirarlo con preocupación en su rostro.

El general al mirar esa expresión. Entendió que el Señor Kaigo-Sha no se calmaría hasta que viera que el niño estuviera bien. Lo cual era algo que el cumpliría sin importar que tuvieran que hacer.

El general miro en dirección de donde estaban sus hombres quienes estaban tratando de curar al castaño. Apenas había traído al joven de regreso a su aldea fue rápidamente rodeado por todos los demás aldeanos. No basta decir, que cada persona de la aldea Kenkyo quedo sumamente horrorizado y aterrado al ver las heridas que tenía el niño. Sobretodo vió como el jefe de la aldea y la pequeña niña que había llegado lastimada, fueron los que más estaban asustados y horrorizados. Y sus expresiones solo aumentaron más al momento que les dijo que él necesita urgentemente atención médica. Afortunadamente, el y sus hombres habían venido trayendo eso junto con las demás cosas que habían traído para ellos.

Sin perder más tiempo llevó al niño a una de las grandes pero poco cabañas que había en la aldea. Según lo que le habían dicho esto era antes un centro médico que utilizaban para tratar las heridas y lesiones que algunos de los habitantes. La descripción del lugar era una cabaña bastante amplia de un solo piso con tres habitaciones. La primera habitación estaba llenó de camas, unas 8 camas en total, la segunda habitación era un lugar de espera donde las personas usaban para esperar a que sean atendidos y la tercera habitación era una especie de sala de operaciones, que se usaba solo en emergencias de vida o muerte. Milagrosamente, las heridas del joven no era tan graves como para tener que usar esta habitación. Pero eso no quitaba el hecho de que todavía su vida dependía de un hilo.

Pasaron varios minutos en los cuales sus hombres terminaban de curar las heridas del joven castaño. Finalmente, uno de sus hombres se acercó a donde estaban sentados el jefe de la aldea y él.

"Señor, terminamos de sanarlo".

"Infórmame". Ordenó Gregorios.

"Las heridas de los rasguños y moretones que tenía en el cuerpo ya tratadas y curadas. Y por fortuna, heridas que tenía en su brazo izquierdo y pierna derecha no llegaron a tocar algun nervio o vaso sanguíneo solo atravesaron su piel no más. Así que no corre riesgo de que se desangre".

"¿Entonces esta a salvó?". Preguntó con miedo el señor Kaigo-Sha.

"Si". Contestó el soldado. " Logramos reemplazar toda la sangre que perdió con la que su gente nos dió".

"Gracias a los dioses". Respondió con un poco de alivió el jefe de la aldea, pero que aún contenía algo de preocupación. "¿Ahí alguna otra cosa que podamos hacer?".

"Por ahora lo único que podemos hacer es dejar que descanse, su cuerpo necesita reposo absoluto". Terminó de explicar el soldado.

"Entiendo".

"¿Necesita algo más general?". Preguntó el soldado.

"Si, necesito que vayan afuera y avisen que el jóven ya no se encuentra en peligro. Para que ellos ya no esten asustados". Ordenó el general." Presiento que ellos no se van a tranquilizar, hasta que vean o escuchen que el joven esté bien".

Y estaba en lo cierto. Pues afuera de esta cabaña estaban la mitad, sino toda la gente de la aldea Kenkyo. Esperando impacientes escuchar como se encontraba el castaño. la única razón por la que no estaban dentro de la cabaña, era por órdenes del jefe de su aldea. Probablemente, penso que tanta gente podría estorbar a los soldados al momento de curar al joven.

"Lo haremos general". Gritó uno de sus hombres. "Ya escucharon al general". Los demás solo asintieron y salieron de la habitación.

En la habitación solo quedaron, El general, el jefe de la aldea y el joven castaño.

El hombre mayor de edad y líder de la aldea Kenkyo se acercó hacía la cama dónde dormía el niño de cabello castaño. Sentándose al lado del jóven dormido, observó detenidamente las diferentes partes de su cuerpo vendadas la cara, el pecho las piernas y los brazos. Tanto el brazo izquierdo y la pierna derecha estaban enyesadas para evitar que las heridas sigan abiertas.

"O dioses, ¿por que esto tuvo que pasar?"

El apenas podía contener las ganas de volver a llorar. Le dolía verlo en ése estado. El general vio esto y se preocupó por él.

"Ya no tiene que preocuparse, señor Kaigo-Sha. El estará bien, lo peor ya paso". Habló tratando de animar al hombre mayor de edad.

"Es que usted no entiende señor Gregorios". Dijo con una voz destrozada.

"Esto es mi culpa. Yo debía evitar que algo le pasará. Nunca me perdonaré por esto". Dijo pasando una de sus manos por el cabello del joven.

"El...debe ser una persona muy importante para usted y para su gente".

En respuesta, el jefe de la aldea. Solo pudo sonreír con tristeza.

"El...es mi...responsabilidad, mi mayor responsabilidad ".

El general solo se quedó callado, asombrado por lo que acababa de decir el jefe de la aldea. Después de unos segundos más decidió moverse.

"Bueno, me paso a retirar señor Kaigo-Sha. Tengo que ver si mis hombres cumplieron con la tarea que les ecommende con respecto a su gente".

Acomodándose su ropa se dispuso a salir del cuarto. Cuando se detuvo a mitad de camino para girarse y mirar en dirrección del jefe de la aldea y el joven castaño.

"Si necesita algo no dude en llamarme, señor Kaigo-Sha". Dijo con una voz amigable.

El jefe de la aldea no respondió ante esto. Toda su atención estaba dedicada al castaño y ver si despertará.

El general dio un profundo suspiro y finalmente salió de la habitación. Igualmente, tenía cosas que hacer, cosas que tenian relación con esté joven.

Cuando el general salió, el jefe de la aldea por fin pudo soltar toda lo que tenía guardado. Las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, al igual que leves sollozos de su boca. Quería gritar. Quería golpear algo. Quería hacer cualquier cosa que aliviará el dolor que tenía en su pecho. Pero solo se limito a apretar el puño con impotencia.

Se sentía tan impotente, tan inútil, tan miserable. El volvió a sentirse como cuando miraba por la ventana de su oficina, el estado en el que se encontraba su gente. Pensaba que esas emociones ya no estarían con la llegada del general quien les había traído algo que pensó que no tendrían nuevamente... esperanza. El pensaba que todo iría bien de ahora en adelante.

Pero lamentablemente, se había equivocado. Estaba tan cegado por ver el rostro lleno de alegría y vida de sus habitantes, que había olvidado lo que creí, que nunca se atrevería a olvidar. Algo que para él era la cosa más importante en su vida. Y esa cosa era...

"Tatsumi...lo siento mucho". Dijo mientras acariciaba con cariño la cabeza del chico.

Esto hizo que él joven comenzaba a moverse, a la vez que murmura unas palabras.

"Los...protegeré...a...todos". Fue lo único que dijo, antes de volver a dormirse.

Kaigo-Sha, dejó de acariciar su cabeza y se llevó ambas manos hacia la suya, mientras recostaba sus codos en la cama del joven.


El sol comenzado a ocultarse dando a entender que el día había terminado y la noche estaba comenzando. Todos los habitantes habían sido informados acerca del estado del joven por parte de los hombres en general. La mayoría se sentían aliviados, pero había algunos que todavía querían verlo. Sin embargo, el general les había dicho que lo mejor era que vayan a descansar y ya mañana ellos mismos podrían verlo para saber cómo estaba realmente.

En la misma posada donde se habían hospedado el general y sus hombres, estos últimos estaban guardando todo el equipo médico que habían traído. Mientras que la vez charlaban acerca de lo que había sucedido hoy.

"Entonces saben ¿Dónde esta el general?". Preguntó uno de ellos que se estaba cambiado de ropa.

"La verdad no lo he visto". Respondió uno de ellos. El estaba guardando las cosas en una caja de madera de tamaño mediano.

"Yo la verdad lo ví irse hacía el norte, me dijo que tenía que revisar algo que le llamó la atención". Otro habló, pero esté vestia ropa de la aldea Kenkyo.

"¿Quien te dió esa ropa?" Preguntó el último miembro, quien había llegado con algo en sus manos.

"Me lo dió la encargada de la posada, junto con otros 4 para ustedes y para el general". Respondió y les entregaba a cada uno de ellos su conjunto de ropa. " ¿Y tu que traes ahí?".

"Me dieron bastante comida para nosotros y el general". Dijo con entusiasmo.

"¿En serio?, que amable son estas personas". Dijo uno de ellos para después agarrar uno de los platos de comida.

"Yo creo que ésto es más una forma de expresar lo agradecido que están, por lo que hicimos por aquel joven de cabello castaño". Uno habló mientras miraba fijamente la comida y la ropa, como si la estuviera analizando.

"Sea cuál sea, no debes ser malagradecidos con esta expresión de agradecimiento ". Dijo otro de ellos. "¿Vienes o que?" Le pregunto al que todavía mirada la comida.

El solo asintió y se dispuso a ir con ellos. Los cuatro se sentaron en una mesa y empezaron a disfrutar de la comida. Ellos estaban en una de las habitaciones que les había tocado a uno de ellos.

"No se olviden de dejarle algo al general". Pidió uno de ellos.

"¿Y hablando del general, alguno sabe adónde precisamente fué o qué hora va a volver?". Preguntó uno de ellos con preocupación.

"No tengo idea". Habló uno de ellos a su compañero. "Porque jin, ¿Te preocupa que algo le pasé?".

"Si sabes que eso es preocuparse en vano no?. Nuestro general es muy fuerte, Dudo que alguien o algo de éste lugar lo pueda llegar a lastimar". Explicó otro.

"Éso lo sé, pero no es por eso que estoy preocupado".

"Entonces, ¿Porque estás preocupado?". Preguntó a su compañero.

"Es por lo que vaya hacer ahora, que las personas vieron de lo que es capaz ". Dijo con seriedad.

Toda la habitación se sumergió en un profundo silencio por dicho por su compañero.

"Esperemos que nada malo vaya a salir de todo esto". Dijo uno casi en tono de broma, aunque su voz denotaba nerviosismo y miedo.

"Mejor no pensemos en eso y comamos". Uno trató de aligerar el ambiente.

"Si tienes razón, buen provecho".

Y así los dos de los cuatro soldados, se dispusieron a comer. Los otros dos decidieron hacer lo mismo. Era mejor no pensar en éso. O al menos no todavía.


En lugar desconocido que estaba cubierto nieve, se encontraba una persona caminando en la fría nieve. La persona comenzaba a caminar como si estuviera buscando algo. El dejaba un rastro de sus huellas que permitan ver hacia donde había ido. Esté rastro conducía de un estanque, hasta a una parte alejada de este mismo. El siguió caminando hasta donde estaba el cadáver de una bestia peligrosa. El se arrodillo y miro fijamente a criatura ya muerta, luego levanto su vista y observó el lugar donde se encontraba.

La persona miraba todo el entorno, como si estuviera tratando de recrear todo lo que había ocurrido aquí. Miro los árboles caídos, los varios cráteres, y vió las diversas manchas sangré de la criatura y la del aquel joven que había lucha con él.

Mientras aún estaba agachó paso una de sus manos, que estaba cubierto por su guante. Por el cuello de la ya bestia muerta. Examinando con cuidado, pudo ver qué el corte fue profundo y rápido. Casi parecía ser de manera experta.

Esto lo hizo que en su rostro se formará una sonrisa. "Ese chico, se llamaba...Tatsumi, no?". Dijo en su mente, para después levantarse e irse del lugar.

Mientras caminaba en dirección de la salida de aquel bosque. Se detuvo un momento y levantó su vista para observar la hermosa noche con las estrellas iluminando este último. Antes de por fin dejar este inhóspito lugar, sus últimos pensamientos fueron los siguientes:

"Un dragón, duerme esta noche".