Capitulo 8 Conociéndose

Oscuridad. Era todo lo que me rodeaba. Todo lo que había. O al menos, era todo lo que yo podía ver. Giré a ambos lados para ver si había alguien más aparte de mí. Y para mi sorpresa, no había nadie. Suspiré en derrota y decidí caminar para ver si podía encontrar una salida de aquí.

Sin nada de luz que me alumbrará, camine sin estar seguro de a dónde iba o que dirrección tomar. Mientras más avanzaba, unas preguntas llegaron mi mente. "¿Porqué estoy aquí?. ¿O dónde es aquí?. ¿O dónde estan todos?". Esa última pregunta hizo que un escalofrío recorriera mi espalda.

Mis pasos empezaron a sonar más fuertes. Estaba comenzando a correr. "¿Donde rayos estaba?". Aumenté mi velocidad. "¿Porqué todo esta oscuro?". Empecé a respirar agitadamente. "¡No quería estar aquí!". Después de unos minutos más de correr sin un rumbo fijo me detuve. Mejor dicho me cansé. Puse mis manos en mis rodillas y respiraba fuertemente.

Mientras trataba de recuperar el aliento. Traté de recordar lo último que había visto. Recordé que yo me había despertado de mi cama, mire por mi ventana y ví a una familia enterrar a su hijo. Me comencé a enojar. Agitando mi cada en señal de negación. "No era momento para eso". Concentrándome, en recordar lo hice después. Deje lado mis emociones. Recuerdo que después me aliste y me dirigí a ver a mis dos amigos.

Un sonido se escuchó al frente mío. Levantó mi cabeza solo para ver a dos personas paradas en frente de mí. Una sonrisa de formó en mi rostro.

"¡Sayo!". "¡Leyasu!". Grité de alegría. Porqué estaban parados mis dos amigos sonriéndome.

"¡Si!, ahora lo recordaba". Exclamé mientras poco a poco mis recuerdos volvían. "Recuerdo que fui a buscarlos, para salir un momento e ir a darle el pésame a la familia. Pero después una fuerte ventisca que hizo que nos perdiéramos". Dije con seriedad.

De la nada tatsumi sintió como un fuerte viento lo golpeó atrás de él. Se giró a su trás, sólo para ver cómo pequeños copos de nieve comenzaron a venir. Poco a poco, más copos de nieve empezaron a venir formándose así una fuerte ventisca que hizo se cubrieron los ojos.

"¿Chicos, están bien?". dije preocupado por ver a mis amigos. Sin embargo, ellos ya no estaban. Se habían ido. "¿Pero, adónde?". "¿Chicos, donde están?. Mientras grito desesperadamente por ellos mi mente no para de recordar lo que había sucedido después. "Debido a la ventisca nos perdimos en un bosque que resultó ser una de las montañas de nuestra aldea. Pero tardamos mucho en descubrirlo, así que decidimos descansar en una cueva para después irnos a la mañana siguiente".

Un sentimiento de nostalgia y cariño inundó todo mi ser. El pasar la noche en esa cueva junto a mis dos amigos, me hace recordar los buenos días que aún teníamos en nuestra aldea. Antes de que todo empeorará con el tiempo. No pude evitar sonreír con tristeza. "Ojalá esos días volvieran". Dije mejor dicho rogué en mi mente.

"Ah...". Gemí con dolor. Los recuerdos no paraban de venir hacia mí. "Recuerdo que apenas me desperté escuché un ruido que provenía de la cueva salí con mi espada para tratar de ver que era. Sin embargo, no descubrí nada pero eso no calmó las sudas y el miedo que empezaron a inundar en mí así que decidí buscar a mis dos amigos e irnos tomamos el camino que había descubierto y decidimos ir nuestra aldea pero cuando estábamos a punto de descender de la colina...".

"Gruñido".

Un sonido familiar se escuchó a un lado mío. Uno que hizo que todo mi cuerpo se congelará. Pero sentía miedo. En cambio me puse serio y frío. "Ahora lo recordaba todo". Mientras me giraba para ver con frialdad al lobo de hielo que había aparecido al lado mío. Todos mis recuerdos volvieron. "Cuando estábamos a punto de bajar la colina, está bestia nos atacó los tres quería atacar a mis amigos solo porque entramos a su territorio sin saberlo". Miré directamente a los ojos azules de la bestia. En ellos se podía notar la ira, el odio y la sed de sangre que esos orbes azules expresaban. Por instinto dirigí lentamente una de mis manos hacia arriba de mi hombro hacia atrás de mi. Para tomar mi espada. Y milagrosamente la pude sentir. Podía sentir el mango de esta misma. Saque mi espada rápidamente y apunte en dirección de la bestia. Ella solo me volvió a gruñir mientras movia su cuerpo y hundía sus garras en la oscuridad.

A pesar de ser un lugar completamente oscuro. Se podía escuchar claramente como sus garras parecían tocar algo sólido. Creo que éso explicaba porque yo podía escuchar mis pasos a pesar de no pisar nada más que la oscuridad misma.

Adoptando una pose de pelea. Me preparo para combatir con la bestia, la cual también hace lo mismo moviendo su cuerpo hacia atrás como si estuviera a punto de saltar hacia mí con la intención de atacar primero. Ambos nos miramos un momento. Era casi como si nos estuviéramos saludando. Segundos después los dos dimos un gran salto al mismo tiempo en dirección del otro. Ella abriendo su boca mostrando esos afilados dientes y yo levantando lo más alto que podía mi espada. Ambos apuntando hacia la cabeza.

'Corté'.

Aterrizó en lo que él podía sentir que era el suelo. Con mi espada sosteniendola con las dos manos. Mi cara tiene una expresión sería. Mi cabeza está agachada, pero la levantó para ver mi espada. La hoja de esta estaba pintada de un color rojizo. La miró por unos segundos después voltear mi cabeza hacía atras de mí. Observó con calma y tranquilidad cómo el cuerpo de la bestia está ahí tirada. Con la cabeza desprendida de su cuerpo. Observó como el cuerpo aún se movía, al igual que su cabeza. Yo solo suspiré ante éso.

Me pongo recto y me acerco con calma hacia la moribunda bestia. Mientras caminaba, sentía como algo caliente recorría mi cuello. Sin dejar de avanzar llevé una de mis manos hacia mi cuello. Al tocarlo y verlo. Notó que es. Es sangre. Me reí un poco. Por poco me desgarra el cuello. Pero para desgracia de esta bestia fuí más rápido. Llegué adónde estaba su cabeza. Por extraño que parezca ella me miró con cierto odió y...miedo. Yo solo me agachó y acaricio con suavidad su cabeza. "Terminaré rápido". Le dije tratando de calmarla. Ella al parecer me comprendió ya que dejó de moverse tan agitadamente. Sonreí para acto seguido.

'Atravesar'.

Metí lo mas profundo la hoja de mi espada en el costado de su cabeza. Ella solo se movió una vez y luego ya no. Finalmente había muerto. No pudo sentirme aliviado al ver esto. "A mi nunca me a gustado ver a alguien sufrir. No importa quien sea o lo que haya hecho. ¡Nadie!. ¡Pero absolutamente nadie, merece sufrir!". Exclamó con enojo.

De la nada, la bestia peligrosa decapitada se convirtió en particulas de nieves. Tanto el cuerpo como la cabeza. Esto me sorprendió muchísimo, me levanté sin comprender nada. Momentos después mi espada también se deshizo. Se volvió polvo. Yo aún no entendía nada. ¿Que estaba pasando?.

'Aplauso'.

'Aplauso'.

'Aplauso'.'

Aplauso'.

El sonido de unas palmas se empezaron a escuchar. Yo me iré en dirección de ese sonido, pero no podía verlo debido a que todo estaba oscuro. Sin embargo, cerré mis ojos y agudice cada uno de mis sentidos para poder localizar de dónde venía ese sonido. Me tomó solo unos momentos para poder saber de dónde venía. Venía del frente mío. Comencé a correr hacia ese sonido. Cuanto más me acercaba el sonido se hacía cada vez más fuerte. A pesar de que no sabía quién hacía ese sonido o por qué lo hacían. No podia evitar sentir curiosidad de quién rayos hacía ese sonido. Levanté mi vista hacia el frente y miré como una pequeña luz empezó a aparecer en todo esta oscuridad. La luz se hacía mas grande. Parecía tener la forma de algo, pero no sabía que era. Cuándo finalmente me acerqué lo suficiente. Me quedé quieto y en estado de shock.

Frente a mi había una persona con una ropas que nunca había visto en mi vida.

Tenia una camisa roja con una especie de insignia o medalla, pantalones negros con una correa de color marrón que tenía una hebilla en forma de un escudo, botas negras. Encima de todo éso tenia puesto un abrigo de color negro bastante largo.

Tenía el color de su cabello era rojo. Sus ojos tenian un color amarillento. La forma de su rostro lo hacía ver muy bien parecido. Tenía una gran sonrisa. Parecía estar sorprendido y orgulloso.

A cada lado de él. Había dos personas vestidas con ropas de lo que parecían ser soldados. Todos estaban de rodillas. Esto los hacía lucir como si fueran sus 'sirvientes'. Eran 4 en total.

Pero lo que le llamó más la atención no fue ni los soldados de que estaban de rodillas. Ni la ropa que la persona al centro vestía. Ni la apariencia que esté tenía. Sino el hecho, de que el tipo literalmente parecía estar brillando. Parecía estar en llamas. El tenía los brazos cruzados pero luego los abrió de par en par. Sin perder esa sonrisa.

Tatsumi no sabía que decir o que hacer. A pesar de que el no conocía a este hombre. El aura que esté individuo expulsaba era tan increíble. No podía evitar sentirse calmado y tranquilo. Nunca antes se había sentido así. Esta sensación no la había sentido antes en su vida. Se sentía tan bien. Tan relajante. Tan...seguro.

El comenzó a acercarse a él. El sujeto pelirrojo le extendió la mano. Él la agarro sin dudar. Al momento de agarrar la mano el brillo que rodeaba al pelirrojo, lo comenzó a cubrir a él. Brillo que ahora rodeaba a las 2 empezó a incrementar. El lugar oscuro y vacío donde estaban, empezó poco a poco a ser iluminado. Todo el lugar oscuro fue opacado por la gran luz que estos dos expulsaban. Ambos se miraron a los ojos directamente. El esmeralda brillante se encontró con el amarillento atardecer. Finalmente, tatsumi pudo decir una palabra. Al mismo tiempo, que sentí como si fuera a despertar.


"Un Ángel".

Fueron las primeras palabras que dijo al abrir los ojos después de estar tanto tiempo 'dormido'. Lo primero que vio fue la madera vieja que tenía la cabaña donde estaba. "¿Estoy en mi cabaña?". Me dije mientras movía mi cabeza a la izquierda. Ví varias camas. Lo cual me extrañó. Cuando quise levantarme para ver el panorama completo. Sentí como mi brazo y pierna parecían estar pesados. "¿Pero que diablos?". Dirigí mi cabeza hacía mis extremidades. Solo para llevarme una sorpresa. Tanto mi pierna derecha, como mi brazo izquierdo estaban enyesados. No tuve que preguntar el porque tenía ésto. "Supongo que el resultado de la pelea con esa bestia fue muy diferente en mi cabeza". Pensé con algo de burla.

El comenzó a acercarse a él. El sujeto pelirrojo le extendió la mano. Él la agarro sin dudar. Al momento de agarrar la mano el brillo que rodeaba al pelirrojo, lo comenzó a cubrir a él. Brillo que ahora rodeaba a las 2 empezó a incrementar. El lugar oscuro y vacío donde estaban, empezó poco a poco a ser iluminado. Todo el lugar oscuro fue opacado por la gran luz que estos dos expulsaban. Ambos se miraron a los ojos directamente. El esmeralda brillante se encontró con el amarillento atardecer. Finalmente, tatsumi pudo decir una palabra. Al mismo tiempo, que sentí como si fuera a despertar.


"Mejor, descanso un rato". Me moví para poder acomodarme mejor y dormir un poco. Cuando estaba a punto de volver a agarrar los ojos. Me levanté de golpe. "Espera si yo estoy solo aquí, ¿Dónde estan sayo y leyasu?". Pense preocupado. Se supone porque ellos habían llegado primero la aldea, Por qué no están aquí conmigo recuperándose. Acaso...no lo lograron. Me negué a creer éso. Incluso, si las heridas que tenían hubieran sido aún más graves. La gente ya las hubiera buscado y encontrado. La preocupación volvió a inundar mi cuerpo. Necesitaba encontrarlos. Necesitaba saber donde estaban. Por lo que dio un brinco abandoné mi cama y toqué la fría madera del suelo de la cabaña.

Quise moverme libremente, pero mi brazo y mi pierna enyesados no me lo permitían. Sentía como si tuviera cadenas que habitaban movimiento. No quería éso. Por lo que acto seguido con mi brazo bueno, agarré la parte del yeso donde cubría todo mi brazo izquierdo. Y lo arranque con fuerza. Me sentía libre. Después hice lo mismo con mi pierna solo que esta vez use ambos brazos y también lo arranqué.

Al liberarme de esas cosas. Me sentía más liviano. Estiré mis brazos y piernas. Toqué otras partes de mi cuerpo, para comprobar algo y... . Efectivamente, tenía varias vendas en mi cuerpo. A pesar de que no me molestaban mucho como los yeyos que tenían antes. Me las quité también. Al momento que los vendajes cayeron al suelo. Toqué las partes de mi cuerpo que habían estado vendadas. Yo me quedé asombrado. Ya que cuando toqué mi piel no había ninguna cicatriz. O al menos, es la que no sentía. Cómo no había un espejo a mi alrededor para verme, no podía estar cien por cierto seguro.

Pero no podía negar lo bien que me sentía. Lo relajado que estaba. Lo ligero que estaba. Di unos cuantos brincos hacía arriba. Para que después mi rostro adoptar una gran sonrisa.

"¡Me siento increíble!". Grité emocionado. Mientras daba un último saltó.

Miré mis manos. Nunca antes en mi vida, me había sentido así. Era como si hubiera vuelto a nacer. A pesar de los felices y emocionados que estaba no pude evitar recordar el Por qué me había levantado en primer lugar.

Adoptando una actitud seria deje de brincar y me dispuse hacer lo que tenia pensando hacer. "No puedo perder más el tiempo". Me dije a mi mismo. Giré mi cabeza hacia un lado. Al lado de mi cama había ropa doblada y preparada para mí. Que estaba encima de la cama que estaba al lado mío. Agarré las prendas y me las puse. Momentos después ya estaba cambiado y listo. Me dirigí a la puerta y la abrí para buscar a mis amigos.

"Ahi voy".

Fueron mis últimos pensamientos.


En un establo. Él General estaba hablando con uno de sus soldados, mientras alimentaba a su caballo.

" ¿ Y entonces, aceptó ? ". Pregunto el soldado.

" Completamente ". Respondió El General. Mientras, le daba una manzana a su caballo.

El parecía no muy convencido con la respuesta. " Como podemos estar tan seguro de éso. Digo, no es qué no me haya gustado que el Señor Kaigo-Sha, estuviera deacuerdo con su petición. Pero cabe la posibilidad de que sólo lo haya dicho eso para evitar que nos vayamos y no los ayudemos ".

El general rió un poco. " Talvez, pero respóndeme algo, Jin. Aún si el sé hubiera negado. ¿ De verdad crees que hubiéramos hecho algo a estas personas ? ".

El ahora identificado Jin nego con la cabeza. " Por supuesto que no. Igual les hubiésemos dado, la ayuda que ellos han estado necesitando. Eso sólo qué ya sabes... ". Parecía incómodo con lo que iba a decir a continuación. " Necesitamos qué esta aldea coopere con nosotros, ya que las otras aldeas... ".

" Lo sé, lo sé, no tienes que recordarmelo ". Lo interrumpió. Empezó acariciar la cabeza de caballo. Mientras, le seguía dando de comer.

" Por suerte, el jefe de aquí es más comprensivo que el resto ". Comentó alegremente.

" Si, por cierto ¿ Cuando te dijo que les diría a los demás ? ".

Reflexionó un momento. " Probablemente mañana o pasado mañana. Aunque creo que lo mejor sería anunciarlo después de que el muro quedé completamente terminado. Asi verán que no vinimos solo por interés ". Se giró y miró a su caballo. " ¿ Tú qué opinas, red ?". El caballo solo parecía asentir con lo que decía.

El soldado miró este escena un poco incómodo. " Creó que iré a ver a los demás, nos vemos más tarde. Gregorios". Dijo con un tono casual.

" Adiós Jin, Cuidate ". Se despidió de su soldado. Cuando finalmente pudo sentir qué de verdad estaba solo. Dejó de mostrar esa sonrisa de tranquilidad y confianza. " Hay, red ". Miro a caballo con cierta nostalgia. " Espero que las personas aquí acepten, por si no... ". Acarició nuevamente la cabeza de este. Pero esta vez con más suavidad. " No se qué haré ". El caballo solo pudo relinchar en respuesta. El sonrió al ver este acto de su caballo. "Siempre sabes cómo levantarme el ánimo, ten come otra manzana". Le dió otra para que comiera y el animal gustoso lo acepto. " Bueno ire a caminar un rato te dejó descansar".

Se alejó del establo y empezó a caminar por toda la aldea. mientras observaba las diferentes casas y a sus habitantes. Decidió pensar en lo que haría a continuación. Ya que con el jefe de la aldea aceptando su petición. Necesitaba ver que haría ahora. Estaba tan sumergido en sus pensamientos. Que no se había percatado de las personas que lo saludaban o las que iban caminando. O de las personas que estaban corriendo.


"¡¿Pero que rayos a pasado?!". Grité indignado.

Yo no era las personas que gritaban. A no ser que estuviera en un conflicto, pero en esta ocasión no podía evitar hacerlo. Porque frente a mí había algo que nunca pensé ver. O al menos, no pensé ver dentro de un par de años.

"¡Las cabañas estan reconstruidas!". Volví a gritar. La verdad debería calmarme, pero se me hacía difícil hacerlo. Las cabañas de mi aldea estaban reconstruidas, mejor dicho parecía que habían nuevos cabañas. Pero, ¿Quién hizo esto?. Me pregunté sin saber la respuesta. Otra cosa que me asombro fue ver que las personas empezaban a sonreír y actuar de forma más alegre. Esto fue demasiado para mí.

Me senté en una de las bancas que había cerca mío. Para tratar de procesar lo que estaba viendo. "¿Acaso morí por la batalla con el lobo de hielo y estoy en el cielo?". Me pregunté. Aunque era estúpida la pregunta, no podía evitar hacerme la. Empecé a reírme sin control. Casi parecía un loco. Respirando ondo, calme mis emociones y me tranquilice.

Era mejor buscar respuestas. Pensó en quien podría dárselas. Mire a las personas que estaban a mi alrededor, al parecer ninguna de ellas habían notado mi presencia. Todavía. Pensé en los padres de mis amigos, tal vez podría ir a buscarlos. Pero lo descarté. Seguro estan ocupados cuidando a sus hijos, que no tendrían tiempo para hablar con el. Razón por la cual no los había visto por ningún lado. "¿Entonces quien?". Me preguntó mientras me rasco la parte de atrás de mi cabeza.

Después de unos momentos. Un nombre paso por mi cabeza. "¡El jefe¡". Me levanté de la banca donde estaba sentado. "¡El podría decirme que estaba pasando¡". Corrí en dirrección de su hogar. "Seguro estará ocupado con los documentos, pero en verdad necesito saber que ha pasado en la aldea". Decidido a saber lo que había ocurrido en el tiempo que estuve fuera y 'dormir'. Aumenté mi velocidad lo más que pude. No me detuve por nada. Ni para saludar a las personas que me cruzaba. Ni para ver las demás viviendas que estaban reconstruidas. Estaba tan decidido a ver al jefe que, lamentablemente no me fijé de con quién podría toparse conmigo por error.


'Choque'

"Que".Fue lo que pensé al sentir como algo me golpeó. La cual era imposible que eso ocurrirá. Podía sentir la presencia de cada persona a varios kilómetros a mi alrededor. Así que las probabilidades de que eso suceda era pocas. Mi giré atrás de mi de donde provino ese golpe. Solo para ver a un pequeño niño de cabello castaño tirado en el suelo agarrándose la cabeza. Tenía puesto un suéter de color crema y vestía el mismo atuendo que los demás niños de la aldea. Yo lo miré por un momento, antes de darme cuenta de quién era este chico. El abrió los ojos para mirarme y pude ver el color de sus ojos. Eran un color verde claro brillante. Parecían ser esmeraldas. "El es…". Pensé.

"Auch". Exclamé. Mientras me frotaba la cabeza. No debí correr de ésa manera. Dejé que mi necesidad de saber que pasaba nublara mi mente. Abrí los ojos para saber que fue lo que golpe. O ver a quien golpe. Y en caso de que golpeará a alguien. Me prepará para disculparme. Ví que era una persona vestida con las ropas de nuestra aldea. Sin embargo, su rostro no me pareció ver lo antes en mi vida. Lo cuál me extrañó.

"¿Estas bien?". Me preguntó extendiendo me la mano para ayudar a levantarme.

"Si, Gracias". Le respondí y agarró su mano. "Disculpe si lo golpe, estaba distraído y no me fijé por dónde iba".

El me respondió con una sonrisa. "No te preocupes, debes tener más cuidado por dónde vas".

"Lo siento ". Dije algo avergonzado.

Ambos solo nos quedamos mirándonos. Ahora que lo podía ver claramente. Su rostro no era lo que me extrañaba. Si también su color de peló. Era color rojo. Pelirrojo. Nunca en mi vida vi que alguien en la aldea tuviera ese tipo de color de pelo. Yo conocía a todos en la aldea, asi que estaba seguro de mis palabras. También estaba el hecho la forma en que hablá. Hablá con voz que denotaba algo de carisma y amabilidad. Tal vez era un posible visitante que llegó a nuestra aldea. O un comerciante que quiere vendernos algo. Si fuera eso último, se llevaría una desafortunada sorpresa al enterarse de nuestro estado. Tenía varias ideas sobre quien era éste tipo. Y creó que el también hace lo mismo. Ya que el también me ha estado mirando de la cabeza para arriba. Pero sin perder esa sonrisa.

"Disculpe señor, pero quien es usted". Le pregunté con respeto pero con algo de seriedad. "No creo a ver lo visto antes por aquí".

Gregorios lo pensó un momento. Podría decirle directamente quién era el y a que había venido, pero decidió que el joven lo descubriera por si mismo. " Te dire algo, chico". Le habló con un tono juguetón. "Si adivinas quién soy yo, te daré un premio. ¿Que dices? ".

Tatsumi se sorprendió por ésto. Tanto por la oferta como por el tono juguetón que hizo el sujeto pelirrojo. Lo pensó un momento y decidió aceptar su oferta. No veía que el era un mal sujeto. Además, la palabra premio resonaba en su mente. El podría usarlo para su gente

"Esta bien acepto". Le respondí con el mismo tono que el usó.

"Bien". Alzo una de sus manos y levantó unos cuantos de sus dedos. "Te daré tres intentos".

"Es…un…comerciante". Hablé con duda

"Frío". Me respondió mientras bajaba uno de sus dedos.

El jóven castaño no entendió por qué dijo frío. Pero poco a poco comenzó a entender cuando vió que uno de sus dedos bajaron. Para estar seguros, decidió hablar de nuevo.

"Es un viajero".

"Tibio". Bajó otro de sus dedos. "Te acercas".

Tatsumi se comenzó a sentir ansioso. El ya comprendió lo que hacía. Cada vez que él se equivocaba el bajaba sus dedos. Ya solo le quedaba un intento. Una última oportunidad. El decidió ponerse serio. Miro de nuevo al sujeto, pero esta vez miro su estado físico. A pesar de estar con ropa que lo cubría completamente. Podía notarse el buen estado físico que el hombre pelirrojo tenía. Tenía mucho músculo y parecía estar en forma. Su mente no tardo en darle una respuesta al notar todas esas características. Tenía su respuesta, pero solo le quedaba un intento. Decidió arriesgarse.

"Es usted…". Me detuve, mi boca no se atrevió a continuar.

"Soy un…". El trato de completar la palabra faltan que no dije.

Respiré ondo, para después responderle con todas mis fuerzas. "¡Es usted un soldado!". Grité con determinación.

Gregorios abrió los ojos por la sorpresa. Obviamente, no estaba preparado para recibir semejante respuesta. El joven al darse cuenta que lo dijo muy fuerte. Comenzó a sonrojar por la vergüenza. Gregorios notó ésto por lo que decidió tranquilizarlo.

"Tranquilo, chico". Alzó ambas manos. "No estoy molesto".

"Perdón no quería gritarle ". Se disculpo con la cabeza agachada.

Gregorios solo lo miró. No podía evitar notar lo adorable que era cuando se disculpaba. Gregorios se rió. Se agachó y le puso una mano en el hombro del chico.

"Escucha, tu ganas". Le hablé con tono amable.

Tatsumi levantó su cabeza para mirarlo. "¿En serio?". Pregunto con duda.

El asintió. "Acertaste, bueno casi acertaste. Pero igual te dejaré ganar". Le quitó la mano del hombro. Para levantarme y poner de pie. "Pero antes de darte tu premió, dire quién soy yo". Puse ambas manos en mi cadera.

El joven de ojos verdes lo miraba ansioso por saber quién era él.

Gregorios lo miró y mostró una sonrisa aún más carismática y orgullosa. "Mi nombre es Gregorios Nenshõ y soy un general del imperio que vino a tu aldea para salvarla".


En una habitación se encontraba Kaigo-Sha, el líder de la aldea Kenkyo, estaba mirando fijamente y tratando de comprender lo que estaba observando. Tenía una expresión de asombro y miedo por lo que veían sus ojos.

El estaba hacía. Debido, al estado actual que estaba su oficina. Volvió a mirar todo lo que había dentro de está. Su sofa que era algo viejo y polvoriento. Ahora estaba tan limpio que parecía nuevo. Su escritorio lleno de papeles, que estaban esparcidos por todos lados. Estaba todo ordenado. Los papeles que estaban esparcidos, ahora estaba bien apilados en 4 diferentes filas de diferentes tamaños. Cada fila estaba apilados de forma recta para arriba. Atrás miró el estante donde habían diferentes libros. Estaba completamente limpio. Aunque él no podía saber si también habían sacado los libros para limpiar en la madera cortada donde residían los libros. Finalmente, observó todo lo que rodeaba su oficina. la paredes, el suelo, la ventana. Dios, hasta el maldito techo. Todo eso estaba limpio. Tan limpio que casi pareciera que el había estado trabajando y viviendo en los años pasados en un lugar sucio y lleno de inmundicia. Cuando por fin terminó de observar con detalle cada rincón de su oficina y comprobar que todo estaba increíblemente limpio. Se sentó en su sofa , llevó ambas manos a sus brazos para frotarse y después habló.

"Esto da miedo". Dijo con una voz temblorosa.

¿Como no podría estarlo?. El hecho de estar en un lugar tan limpio y ordenado lo hacía sentirse claro solo más cómodo, y más agradable. Pero a la vez, lo hacía sentirse muy inferior y…por extraño que parezca muy intimidado. Cuando estaba cerca de su hogar, vió como Jun estaba saliendo de su oficina. Estaba con varias manchas de suciedad en su rostro y ropa. En su cara tenía una gran sonrisa en su rostro. Parecía estar más tranquilo y relajado. Cuando vió como el se acercaba solo lo saludo, le informo que había terminado con los documentos y que había hecho un poco de orden. Después se fué sin decir nadamás. Eso último lo extraño. Por lo que decidió ver como había quedado y ahora estaba bien lo que quiso decir con eso última oración.

"Los hombres del general son personas muy hábiles". Dijo para reírse. Le tomó unos momentos pensarlo, pero al final decidió que no debía estar asustado porque uno de ellos había limpiado su oficina. No debería sentirse asustado, sino agradecido. Para tratar de dejar de pensar en eso. Decidió mejor acercarse su escritorio y sentarse en su silla. Tomó uno de las hojas que estaba en las grandes pilas que tenía al frente. Y las leyó con detenimiento. Estas hojas contenían información acerca de cuánto es que la aldea había logrado recaudar, para poder llegar a pagar los impuestos de esta semana. Grande fue su sorpresa al descubrir que no solo habían logrado cubrir la cuota esta semana. Sino que también les había dejado una cierta y muy beneficiosa cantidad de dinero que ellos podrían usar. Una sonrisa apareció en su rostro. Estaba muy contento y feliz.

Dejó la hoja de nuevo en la gran pila que había en su escritorio. Y se levantó de su silla para dirigirse a su ventana.

Vió las calles de su hogar. Aun cubiertas por la intensa nieve que los rodeaba. Pero había una gran diferencia ahora. Y era que la gente, su gente era feliz. Y no se refería a la típica expresión de estar feliz para tratar de animar a los demás. Sino, a la expresión genuina de felicidad que tenía cada uno de ellos. Incluso los niños la tenían. Los podía ver mientras jugaban entre ellos lanzándose bolas de nieve, haciendo angeles, o hasta haciendo concurso entré ellos. Los padres actualmente, estaban sentados en las bancas observando ésto con una sonrisa de felicidad y amor en sus ojos.

"Me alegra que las cosas hayan mejorado". Me aparté de la ventana, para dirigirme hacia mi escritorio y tomar asiento en mi vieja silla. De un cajón sacó una foto y la miró con cariño y alegría, que enmascararon el dolor que sentía. "Mirá cariño, nuestra gente volvió a ser feliz como antes". La acercó más hacía mi. "Estarías muy orgullosa de ellos y…de mí". La pongo en mi frente, mientras rezó una oración hacía los dioses.

"Y si quiero que estés más orgullosa…". Aparté la foto mi frente y la puse con cuidado en mi escritorio. "Cumpliré con la promesa que te hice".

Giró mi silla hacia mi estante donde están mis viejos libros. Saco uno de ellos, el más pesado. Al parecer, los libros no fueron abiertos solo fueron sacados de su lugar para limpiarlos y volverlos a poner a su sitio. Lo cual me alivio. Había mucha información valiosa en algunos de ellos. No es que pensará que alguno de los soldados del general buscará algo en mi oficina. Yo no creía que ellos fueran esa clase de hombres. Y eso lo podía confirmar por todo el tiempo que los e visto interactuar con mi gente.

Pongo el gran libro en mi escritorio. El sonido del libro golpeando mi escritorio resuena por toda mi oficina. "¡Demonios, pesa mucho!". Me quejé. Abrí el libro y lo observo con detalle. Las hojas eran viejas y arrugadas. Tenían un color amarillento oscuro con algunas manchas. En los hojas había varios nombres escritos. Nombres de personas que el conocía. O mejor dicho había conocido.

Una mueca de tristeza y enojo apareció en su rostro. La mitad, sino es que la mayoría de los nombres que estaban en éste libro eran de personas que ya no estaban aquí. Y con éso no se refería a que no estaban en la aldea. Sino a que ya no estaban con ellos. A el le dolía mucho recordar cada persona que estaba en ése libro. Los conocía muy bien. Eran buenas personas. Personas que se preocupaban por su gente. Personas que harían lo que sea para ayudarlos. Esas personas merecían estar todavía aquí con ellos. Los vió a uno por uno irse para buscar una forma de salvar a la aldea. Y nunca más volvieron.

Kaigo-Sha, podría estar seguro que solo una octava parte de los nombres que había en éste libro. Todavía estaban vivos. Ésas personas fueron las que decidieron quedarse para ayudar a la aldea. Eso lo tranquilizaba. Ésas personas podrían ser las que irían con el general. Sabía que en el fondo ellos no aceptarían. Estaban decididos a quedarse. No solo por la aldea sino por sus familias. Pero confíaba en que él y el general podrían convencerlos. Sobretodo confiaba en que el general los convenciera. Ése hombre tenía una forma de hablar muy encantador.

El lo notó por la forma en que las mujeres lo miraban. Le causaba algo de gracia.

Pero decidió ponerse serio. Tenia trabajo por hacer. Tomo su taza la llenó con algo de te que había quedado en la tetera y la colocó cerca de él. Puso el gran libro aun lado. Cogió unas hojas y su vieja pero confiable pluma. Comenzó a escribir en ellas mientras leía el contenido del viejo libro. Tachó con su pluma algunos de los nombres en el libró. A pesar de que le dolía hacer eso. Le ayudaría para que el no se confundiera. "Espera y verás cariño, ¡Salvare nuestro hogar!" . Dijo en su mente con una sonrisa formándose en su rostro. Tenía mucho trabajo por hacer. Y por primera vez en mucho tiempo…admitiría que le gustará hacer de nuevo esté tipo de papeleo.


El general Gregorios, estaba actualmente sentado en una mesa mirando con interés y curiosidad al joven de cabello castaño, llamado tatsumi comer su comida con moderación. El joven de vez en cuando notaba la mirada del general, pero trato de parecer tranquilo.

Ambos estaban sentados en una mesa de madera. En el mismo cabaña/restaurante de su pueblo, donde había comido con Kaigo-Sha minutos antes. El general había ordenado comida para el joven, el ya había comido por lo que no pidió algo para el. Los atendió la misma camarera que los atendió a el y a Kaigo-Sha. Cuando vió al general y a tatsumi los saludo a ambos. Le encantó ver que tatsumi ya estuviera bien. Eso lo podía confirmar por la forma en que veía al joven. Ella no tardó en traerle su comida. Le había servido un plato bastante grande. Su comida consistió en arroz con algún tipo de estofado y algo de jugo. Obviamente, el jugo era caliente. Después de que se fué el comenzó a comer. No había dicho ni una sola palabra desde que llegaron a este establecimiento. Lo cual le pareció muy entendible.

Cuando terminó de presentarse y rebelarse quien era él. El joven solo tuvo una reacción. Asombro e incredulidad. Tenía la mandíbula abierta al igual que sus ojos. El al principio no podía creerlo. Se negaba a hacerlo. Talvez porque era imposible o poco probable que alguien viniera a su aldea a ayudarlos. Y menos alguien del famoso imperio. Por que el joven le exigió pruebas.

Gregorios se rió y lo complació. Para suerte de ambos llevaba sus papeles consigo todo el tiempo. Le entrego el joven y los recibió. Analizando con detalle cada palabra escrita en las hojas. El tomó solo unos minutos leerlos completo con sumo cuidado. Cuando terminó el estaba temblando visiblemente. El no entiendo por que hizo éso. Cuando le iba a preguntar si estaba bien, el se arrodillo. Mejor dicho se tiró al suelo de rodillas pidiendo disculpas. Esto tomó a Gregorios nuevamente desprevenido. No esperaba esta reacción de partes de él.

Tatsumi por su parte estaba muy asustado y avergonzado por lo que hizo antes. cuando él había dicho que el era un general y que vino a ayudar a su aldea. Él no lo creyó. Estaba impresionado, pero no le creyó. Pensó que tal vez él era algún tipo de estafador que buscaba engañarlo o una alguien que solo quería hacerle una broma. Lo hizo que se enojara. A él no le gustaba venir ese tipo de bromas. De hecho no le gustaba ningún tipo de bromas que tuviera que ver con la situación en la que estaban o si tenían que ver con gente que sufría. Pero la mirada y el tono de voz que usó lo hacía sonar como si dijera la verdad.

Para sacarse las dudas le pidió, mejor dicho le exigió que le mostrara pruebas. Cabe resaltar que él había usado un tono de voz como si fuera le estuviera dando una orden. Vió como se reía. Lo que lo enojó. Saco unos papeles de su ropa y se los entregó. Él los agarró y comenzó a leer con mucho cuidado, analizando cada palabra que había dentro de esas hojas. Los papeles en sí mostraban el nombre completo de la persona junto con explicaciones de talleres de quién era él qué rango tenía y a quien servía. ¿Posiblemente son falsificados?. Fue la primera idea que le llegó a su cabeza, pero lo que lo hizo descartar ese pensamiento fue ver el sello que tenía cada hoja. Tenía el símbolo de una especie de escudo imperial en la punta derecha de arriba de cada hoja. Él lo podía reconocer ese símbolo, solo lo podía tener el imperio. No había manera de que fuera falsificado. El imperio era muy estricto con respecto a su símbolo y solo las personas que vinieran de ahí podían tenerlo. O eso es lo que le había contado el jefe de la aldea un día. Pero ahora lo podía confirmar.

Tatsumi no lo podía creer. Pensó que era un sueño. Quería golpearse para comprobar si esto era real. Él estaba a punto de agradecerle al ahora mencionado General Gregorios. Cuando recordo la forma en cómo la había alzado la voz. La sonrisa de alegría que había en su rostro empezó a titubear, al mismo tiempo que empezó a temblar. Le había gritado general. Le había faltado el respeto a un general del imperio que vino a ayudarlos. Levantó un poco su vista para mirar al general. Pudo ver que había dejado de sonreír y ahora tenía una actitud preocupada en su rostro mientras acercaba una de sus manos hacia él. Cuando su mano estaba a poco centímetros de tocarlo. Inmediatamente, se tiró al suelo y empezó a pedir disculpas por su actitud.

Gregorios al escuchar como el se disculpaba trató de calmarlo. "Cálmate chico, no estoy molesto".

El joven castaño levantó su cabeza que estaba pegado al suelo. "¿No lo está, señor?". Pregunto con duda.

El negó con la cabeza. "Entiendo que no me creas. Es decir mirá". Extendió sus brazos mientras dejaba que tatsumi lo mirada de arriba abajo. "No llevo ropa de un general. Aunque, debo admitir que su ropa es muy cómoda".

"Emm gracias ". Dijo sin estar tan seguro.

"Bueno ahora, que me presenté, ¿Que tal si tu también me dices tu nombre?".

"Oh, claro yo... mi nombre es…". Justo cuando iba a responder un sonido lo hizo que se callará. Sonaba como si fuera una especie de gruñido. Era un sonido bastante familiar para el general. Tatsumi y el general buscaron de dónde podía venir ése sonido. Pensaron que una bestia estaba cerca de ellos. Y por el sonido que escucharon estaba muy cerca de ellos. Ambos no tardaron en descubrir de dónde provenía ése sonido cuando volvió a sonar. Los dos dirigieron sus ojos hacía abajo, el general fue el primero en descubrir que el sonido provenía del joven. Más precisamente, de su estómago. El estaba hambriento.

Tatsumi también lo notó. Ahora no podía estar más avergonzado en toda su vida. "Lo…siento". Habló con clara vergüenza y un sonrojo extremó.

Gregorios tuvo una expresión clamada y tranquila. Pero por dentro se estaba muriendo de la risa. Él ya estaba estaba listo para acabar con cualquier monstruo qué haya hecho ese ruido. Y resultó ser el estómago de este niño el que hizo ese sonido. Miro la expresión que tenía el niño. Parecía querer llorar. Para evitar eso decidió hacer algo.

"Escucha chico, que tal si comemos algo y ahí nos presentamos adecuadamente".

El joven no respondió solo asintió con la cabeza. Gregorios lo tomó del hombro y caminaron hasta el lugar donde estaban comiendo actualmente. El estaba esperando pacientemente a que el terminará de comer. No tenía prisa. En realidad, mientras observaba al joven comer comenzaba a recordar toda la información que había obtenido por parte de los demás aldeanos de la aldea acerca de éste chico. Quería confirmar si es que lo que decían de él era verdad. Y si lo fuera…entonces le haría una propuesta muy interesante a esta chico.

Tatsumi había terminado de comer. Agradeció por la comida y se quedo callado en su asiento.

"Estas satisfecho o quieres que pida otro ". Preguntó mientras alzaba su mano para llevar a la camarera.

"No gracias, ya estoy lleno". Tatsumi lo detuvo antes que hiciera eso.

"Bien solo quería confirmar, ahora". Gregorios se acomodó en su asiento para tener una forma de sentarse más relajada. "Creo que hace falta que uno de nosotros se presenté adecuadamente".

"Si, lo siento". El joven castaño levantó su cabeza para mirar fijamente al general a los ojos. "Mi nombre es Tatsumi Kenkyo es un gusto y un placer conocerlo, General".

Gregorios sonrío por la forma de presentarse del chico. En el tiempo que llevaba en la aldea, descubrió que las todas las personas de aquí llevaban el nombre de su aldea como su apellido. Desde los niños, los adultos hasta los ancianos. Lo hacían como una forma de expresar y demostrar de dónde venían ellos. Él respetaba eso.

"Muy bien, Tatsumi. Es un gusto también para mí conocerte he oído mucho sobre ti, la verdad".

"¿Sobre mí?". Preguntó El joven castaño sin entender lo que dijo el general.

"Sí, digamos que muchas de estas personas han hablado mucho acerca de tí". Respondió con sumo interés. "Sobre todo tus dos compañeros. Ya sabes la chica de la flor en el cabello y el chico de la banda en la cabeza".

El mencionar esas personas hizo que la mente de tatsumi, recordar inmediatamente por qué había salido de la cabaña.

"¡Sayo! ¡Leyasu!, ellos estan bien?". Preguntó el joven con preocupación.

"Calma, chico". Gregorios levantó ambas manos hacia él tratando de calmarlo. "Ellos están bien, con algunas heridas pero sí. No están en peligro".

Tatsumi dio un suspiro de alivió. Ahora podía estar más tranquilo sabiendo que sus compañeros estaba a salvo.

"De hecho…". Gregorios alzó una de sus cejas y llevó una de sus manos hacia su rostro. Miró al joven de ojos verdes esmeralda de arriba hacia abajo. "Cuando te encontramos a ti. Pude ver que estabas estabas con múltiples heridas en tu cuerpo, estás bien?". Gregorios dijo con sospecha.

Tatsumi notó como el general lo veía. la verdad él también se había revisado el cuerpo antes de irse y…¡Sí!, efectivamente, estaba curado. Algo que para él ya no le resultaba tan extraño. O al menos, eso pudo decir después de un tiempo.

"Si,…creó que estoy bien y...".

"Tu brazo".

"¿Mi brazo?". Pregunto.

"Me puedes enseñar ti brazo".

Tatsumi solo miro por un instante para después alzar su brazo en la mesa y estirarlo hacia el sujeto pelirrojo. Gregorios agarro su brazo y le comenzó a retirar la manga de su abrigo para ver el estado de su brazo. Cuando vió el estado de su brazo esta genuinamente... sorprendido. Estaba completamente curado. Ni una cicatriz. Su piel estaba como si nada. Parecía que la gran herida que le había hecho el lobo de hielo con sus dientes, nunca hubiera existido. Esto hizo que en el pelirrojo se formará una gran sonrisa. No había más que decir. Esté chico era el que el había estado buscando. Si necesitará otra prueba que confirmará sus pensamientos con respecto a este chico. Las podía obtener más tarde. Ahora mismo estaba concentrando toda su atención hacia esté chico. Y en lo que le diría a continuación.

"Esto…es…impresionante". Dijo con asombro y con un de tipo de alegría enmascarada.

"¿Señor?".

Gregorios salió de su asombro y vio como el chico lo miraba un tanto incómodo. "Disculpa, solo estaba preocupado por tí". Volvió a hablar con su tono de alegré y calmado.

"Entiendo". Tatsumi habló mientras volvía a acomodarse la manga de su abrigo. "Pero, general Gregorios, le puedo hacer una pregunta ".

"Gregorios".

"Disculpe".

"Llámame Gregorios, por favor". Se recargo en mesa con ambos brazos. "Tatsumi"

Tatsumi se sorprendió por ésto, pero decidió obedecer a la petición del general. " Ok, señor Gregorios, ¿Asi esta bien?"'

El general se rió un poco por el nerviosismo del jóven. "Esta perfecto".

El joven de ojos verdes esmeralda parecía avergonzado por lo que iba a decir a ahora pero decidió ser fuerte y hablar. " Le quería preguntar si usted vino a mi aldea por otra razón".

El general se quedó callado por unos momentos antes de responder. "Porque preguntas eso, chico".

"Bueno". Se rascó la parte de atrás de su cabeza. " No pude evitar pensar que usted vino por otra cosa. Digo que un general venga así de la nada a ayudarnos me parece un poco extraño".

Gregorios se rió. Tenía los ojos cerrados. "Aaaa era eso". Volvió a reírse. Su risa aunque parecía ser genuina. En realidad, cubría los nervios que el tenía. "Bueno, la verdad tienes razón sobre eso, chico".

"¿En serio?".

"Si". Gregorios abrió los ojos y miró los del joven espadachín. Había una mezcla de curiosidad y ansiedad en ella. Esa mirada era todo lo que el general necesitaba para eliminar cualquier duda que tuviera a la hora de hacer la propuesta que le daría al chico.

"Veras, tatsumi". Cambio su forma de sentarse a una más formal. "Yo no solo vine aquí a tu aldea solamente a ayudarlos".

Tatsumi ahora lo miraba con aún más curiosidad e impaciencia. Sus manos agarraron con más fuerza sus rodillas.

"Vine a ofrecerles algo que no sólo los ayudará a todos y a cada uno de ustedes. Sino también, algo que podría cambiar sus vidas para un bien mayor".

"¿Y que podía ser éso?". Tatsumi no podía evitar preguntar.

"Recuerdas que te dije que te daría una recompensa si adivinas quién soy yo".

"O si porsupuesto ". La verdad el ya había olvidado eso. Cuando él le dijo que era un general.

Gregorios sonrío revelando sus dientes. "Pues verás mi recompensa tiene que ver con la propuesta que vine hacerles a ustedes".

"¿Y cuál es?". Tatsumi sintió la necesidad de hacer esa pregunta. "¿Que podria ser eso que el general les quería ofrecer?". La duda y la incertidumbre lo estaban matando.

El general vio esto. Pensando que ya había alargado esté tema demasiado. Y decidió ir directo al grano. Se acercó un poco más hacia la mesa y le hizo una señal para que él también se acercara. Cuando finalmente estuvieron lo más cerca posible y habló.

"Pues verás yo vine a…".


"¡Terminé!". Esas fueron sus primeras palabras que salieron de la boca de Kaigo-Sha. Soltando su viejo bolígrafo. El hombre mayor de edad había estado en las últimas horas acabando con su trabajo actualmente. Su taza de té estaba vacía. Al lado del Gran libro que saco anteriormente. Donde debía haber unos cuantos papeles, ahora había un gran archivero de tamaño mediano.

Kaigo-Sha, miró orgulloso aquel archivero. Dentro este archivero estaban no solo estaban nombres restantes de los personas que podrían ur al imperio, sino también su información personal, la edad que tenía cada uno, las habilidades que poseían, etc. Junto con el número de familiares que poseen.

Todo esto le había tomado mucho más tiempo del que había imaginado. Pero estaba contento. Había un total de 20 personas. Más que suficientes para el general.

Sintiendo su garganta algo seca decidió agarrar su taza para tomar un poco más de té. Se levantó de su silla y se sirvió un poco más de té.

La puerta de su oficina fue golpeada. "¿Quien es?".

"Soy yo, Kaigo-Sha, puedo pasar".

Esa voz. El la reconoció casi de inmediato.

"Porsupuesto pasé, Señor Gregorios". Habló con alegría.

El mencionado general abrió la puerta y entro a la oficina con una sonrisa en su rostro. "Disculpe si lo interrumpo, vine a hablar con usted ".

"No se preocupe, ya había terminado. Estaba terminando de servirme un poco de té, ¿Quiere un poco?".

"Si, por favor".

El le sirvió en otra taza que había al lado de la tetera y se entregó. Ambos se sentaron y comenzaron a beber su té.

"Gracias ". Dijo mientras bebía su contenido.

"De nada, ¿Ahora de que quería hablar?".

"Bueno". Dejo de beber su taza. "Es sobre la petición que le había pedido".

"Oh". El jefe de la aldea también dejo de beber su té. "Era éso, ¿Pasó algo?".

"Solo quería confirmar si no se había arrepentido".

El hombre mayor de edad miro confundido al general del imperio. "No, de hecho estaba terminando de hacer algo con respecto a su petición".

"¿En serio?". Gregorios preguntó.

El asintió. "Si miré". Le enseño el archivero que había encima del escritorio.

Gregorios lo miró. Por el tamaño que tenía debí haber diferentes nombres en esa cosa. Diferentes personas que Kaigo-Sha, había escogido para que vayan con el al imperio. Debería sentirse feliz y complacido por el trabajo que el había hecho. Sin embargo, la mueca en su rostro que estaba expresando ahora decía todo lo contrario. Y ésto lo pudo notar el jefe de la aldea al mirar su rostro.

"Sucede algo, ¿Señor Gregorios?". Pregunto al ver la expresión en su rostro.

Gregorios se maldijo a si mismo por no cambiar de expresión antes de que el se diera cuenta. Pero ya no había marcha atrás. Necesitaba ser honesto o al menos que el creyera que era honesto.

"Señor Kaigo-Sha, en serio aprecio que haya aceptado mi petición. Y aún más por ver qué haya hecho ésto por mi. Sé que para usted y su gente no es fácil lo que les estoy pidiendo".

El jefe de la aldea no hablo. Estuvo atentamente escuchando todo lo que estaba diciendo.

"Y eso lo puse confirmar por el tiempo en el que estoy aquí. Pude ver qué cada persona tiene familia y amigos. Personas muy importantes en sus vidas y no estan dispuestas a dejarlas atrás por nada en el mundo. Eso lo respeto". Gregorios dejó su taza medio llena en el escritorio de Kaigo-Sha.

"Señor Gregorios, ¿Que esta tratando de decir?". Pregunto al no comprender lo que el general estaba tratando de decir.

"Lo que quiere decir es que petición los haría sentirse obligados a dejar a sus familias". Su rostro ahora mostraba un expresión seria y triste. " Y no quiero hacerles sentirse así".

"General, si ese es el problema, mi gente lo entera créame. Yo lo entiendo".

"¿Ustedes, lo entenderá?". Pregunto sin estar seguro de esas palabras.

"Si, créame". Se levantó de su silla y agarró el archivero.

"Le creo". Dijo mientras también se levanta de su siento. "Usted es alguien qué no sólo se preocupó por su gente, sino también por todas a los personas. Tiene una mente bastante abierta. Eso me gusta ".

El comenzó a caminar hacia la puerta. "Y por eso, creo que usted entenderá lo que voy hacer a continuación".

"General, ¿Que está haciendo?". Pregunto al verlo caminar hacia la puerta y abrirla.

"Esperé un momento". El solo salió del habitación, segundos después volvía entrar. Aunque una de sus manos estaba detrás de la puerta.

Kaigo-Sha no entendía nada de lo que estaba haciendo. Cuando quiso preguntarle vio como detrás de la puerta entrada un joven de caballo castaño con ojos verdes que tenía a su alrededor de el brazo del general.

"Tatsumi". Habló con confusión y miedo. "¿Que hacía tatsumi aquí?".

"Kaigo-Sha, vera mientras usted estaba ocupado haciendo esto. Yo me topé con esté joven y hemos estado hablando durante bastante tiempo y debo decir que esté joven me ha dejado impresionado".

Kaigo-Sha, no hablaba todavía no salía del asombro de ver a tatsumi ahí. Pero el agarre que tenía en el archivero empezó a hacerse cada vez más fuerte.

"Este joven me ha contado cosas muy interesantes sobre él. Cosas las cuales me han llamado demasiado la atención". Gregorios miró a tatsumi y él también lo miraba ambos estaban sonriendo.

Ahora el jefe de la aldea empezaba a sudar al mismo tiempo que se podía escuchar cómo sus dedos se clavan con más fuerza en el archivero.

"Y todas esas cosas me han llevado a tomar una gran decisión. Que necesito que usted escuché". Apartó la mirada de tatsumi y miro al jefe del cual todavía tenía esa misma expresión de miedo y confusión en su rostro.

Kaigo-Sha, notó la mirada qué general estaba dando. Por lo que, haciendo un gran esfuerzo salió de su trance y habló.

"¿Que decisión, general?". Él habló pero su voz era lenta y denotaba que estaba llena de miedo.

El general sonrió y respondió. "Kaigo-Sha, este joven me ha llamado la atención y he visto el potencial que tiene. Por eso, he venido a pedirle si es que me permitiría llevarme a tatsumi al imperio para convertirlo en un gran general".

'Caida'.

Ese fué el sonido que se escuchó cuando el archivero que estaba en las manos del jefe de la aldea Kenkyo, cayó en su escritorio con fuerza. El no podía creerlo lo que estaba viendo o escuchando. El no sabía que hacer. El trataba de entender lo que estaba ocurriendo. Pero simplemente su mente no podía hacer eso. Lo único que en estos momentos podía ser, era quedarse con la boca abierta y mirar fijamente el general y a tatsumi.

El cual aún estaba sonriendo de alegría esperando la respuesta de su líder. Para tatsumi esté era el mejor día de su vida. Porque hoy…su vida cambiaría. No solo para el sino para su gente. Y todo gracias a hoy conoció a esté gran general.