Capitulo 9 Promesas y despedidas

Despertando de su cómoda bolsa de dormir el general se levantó. Mientras estiraba sus brazos y el habló

"Aaa que bien dormí, ¿Y tu como dormiste, tatsumi?". Preguntó con los ojos cerrados.

Al abrir sus ojos vió qué su tienda estaba vacía. O bueno, realmente no estaba vacía ya había algunas de sus cosas en ella. Como su bolsas, su ropa que estaba en una esquina, algunos de sus objetos personales, etc. Cuando él se refería a 'vacía'. Se refería a que esta solo él. Girando a ambas direcciones de su cuerpo. Vió una bolsa de dormir de tamaño pequeña vacía. Esto hizo que las alarmas en la cabeza del general se dispararán. "¿Donde esta?" . Sin perder tiempo se alistó y salió casi corriendo de su tienda.

Afuera de las tiendas de acampar se encontraban 3 personas con ropas de soldados que estaban sentados alrededor de una fogata. Pero no tenian puestos sus cascos. En esta misma se cocinaban unos pecados que estaban atravesados por unos palos de madera. Un lado de estos estaba quemando que estaba apuntando hacia arriba.

"Yo creo que estan listos". Dijo uno de ellos.

"Yo digo que les falta cocinar un poco más". Sugirió otro de ellos.

"Ahí que probar ". Agarrando uno de los palos. Saco a uno de los pescados lejos del fuego y le dio un mordisco. "Ya están". Anunció el tercero de ellos.

"Que bien". El agarró dos palos y comenzó a comer. "Saben sabroso". Dijo mientras saboreaba la carne del animal.

"Te quedaron muy bien, Jin". El tomó uno de los palos que atravesaba a un pescado bastante grande en comparación con el resto que había en la fogata.

El mencionado Jin, sonrió con orgullo. "Muchas gracias, no se olviden de dejarle algo al general y ha Jun ".

"No te olvides del chico". Dijo entre mordiscos.

Jin adoptó una actitud sería. Esto fue percatado por sus otros dos compañeros. "¿Sucede algo, Jin?".

"Es que...yo...no lo entiendo".

"¿Eh, que no entiendes?. Preguntó el que tenía el pescado más grande.

"El como el general tuvo la idea loca de traer a un niño". Dijo sin poder creerlo.

"Yo no le veo ningún problema". Dijo como sino fuera la gran cosa. "Es decir a nosotros dos nos reclutado y míranos". Se señaló asimismo y al otro que tenía el pescado más grande, que ahora estaba medio comido.

"Ustedes no entienden". Dijo con cansancio. "He estado con el general mucho tiempo. Tanto como Jun a estado con él. Y se que a veces recluta a gente 'especial' como ustedes. No se ofendan". Les hablo a sus dos compañeros. Cuando el dijo 'especial' hizo un par de comillas con sus dedos.

Los otros dos lejos de estar ofendidos comenzaron a reír. Sabían a qué se refería Jin cuando dijo esa palabra. A ellos no les molestaba que el tuviera esa opinión de ellos. Después de todo ellos eran amigos. Eran sinceros entre si. Se decían la verdad. Incluso, si eso a veces le dolía.

"No hay problema, sigue que quieres decir". Dijo uno de ellos.

"Lo que quiero decir. Es que todavía no entiendo que le vió el general a ese chico. Como para que el tanto interés en traer con nosotros. No lo entiendo". Dijo mientras tomaba uno de los pescados y lo comía con preocupación por las acciones de su general con respecto hacia ése chico.

"El no te lo dijo, normalmente tú eres el que más está cerca de él. Él te debió decir que vio en ése chico". El sujeto de los dos pescados, que ahora solo había uno en su poder le habló.

"Solo me dijo que esté chico era lo que el había estado buscando desde hace mucho tiempo. Solo éso".

"¿Que querrá decir con eso el general?". Se preguntó el que ahora tenía aún lado de él, el esqueleto completo de un gran pescado.

"No lo sé". Dijo con molestia. "¿Quisiera que el general fuera más entendible con lo que dice?". Acercando el pescado hacía su boca con la intención de darle otra mordida.

Los sentidos de Jin se dispararon al sentir como su general se acercaba con gran velocidad hacia ellos. "El general se aproxima". Informó/grito a sus compañeros quienes reaccionaron justo a tiempo para recibir a su General.

El había llegado en solo unos 2 segundos, exactos. Tenía un rostro de preocupación. Parecía alterado. Los tres fueron

"¿General que ocurre?". Preguntó Jin estaba preocupado por ver el estado de su general.

"¿Han visto a tatsumi?". Dijo sin vacilar.

"Yo lo ví que se dirijo hacía el río que estaba cerca de aquí. Dijo que quería estar solo". Informó el soldado que comió los dos pescados.

"Gracias, Joji". Dijo alivió, pero una nueva preocupación llegó a él. "¿Esperen de verdad nadie fué a verlo?".

"No se preocupe, Jun fué a vigilarlo de forma muy silencioso". Dijo el soldado que tenía aún lado suyo el esqueleto de un pescado.

Gregorios suspiro de alivió.

"¿Quiere que vayamos a traerlo, General? ". Jin habló.

El negó con la cabeza. "No, creo que iré yo a verlo". Se acercó a la fogata y tomó dos palos con pescados atravesados. "Me llevaré éstos".

El general camino en dirección de donde estaba el río. Jin solo lo vió irse, quiso preguntarle si podía ir con el. Pero decidió continuar comiendo su pescado, a la vez qué se preguntaba el por qué ese niño estaba aquí con ellos.

Gregorios camino unos metros de dónde habían decidido acampar. Cerca de donde estaba su campamento había un estanque bastante grande, donde podían rellenar sus cantimploras. Alrededor de éste había varias piedras de distintos tamaños. Ninguna de ellas tenían la punta afilada. Asi que no había riesgo de que alguien se lastimara si se caía en una de ellas.

Cuando se acercó lo suficiente pudo distinguir a una persona sentada en una de esas rocas mirando el estanque. Más específicamente estaba mirando el agua de está.

"Con qué ahí está". Pensé mientras me acercaba a él. Tenía la intención de preguntarle que hacía ahí solo, cuando escucho que alguien me habló.

"¿General, que hace aquí?". Fue un susurró que apenas se podía oir. Pero yo pude escucharlo plenamente.

"Buenas días a ti también, Jun". Le saludo con calma.

"Me disculpó, buenos días general ". El se disculpa ante mi haciendo una reverencia como siempre. La puedo ver incluso cuando esta escondido ahí en ese arbusto.

Lo que había dicho Jiro con respecto a que Jun había seguido de forma sigilosa a tatsumi era verdad. Jun estaba muy bien escondido en uno de los tantos arbustos y árboles que rodeaban el estanque. Sino fuera porque me habló no lo habría descubierto.

"Pero General, ¿Que hace aquí?". Me volvió a preguntar.

"Vine a ver como estaba el chico, ¿Que ha estado haciendo mientras yo dormía?". Le pregunto con interés.

"No mucho, me desperté bien temprano para cazar algo para nuestro desayuno y ví como el también salió de su tienda. Al parecer no pudo dormir bien porque lo vi medio dormido. Lo salude y el me saludó, le dije que prepararía el desayuno y el insistió en ayudarme. Lo cual tuve que aceptar, debido a la mirada que tenía en su rostro. Cazamos un par de pescados y los cocinamos. Después, los demás despertaron y saludaron al chico. Y el igualmente devolvió el saludo. Estuvieron hablando unos minutos, todo parecía ir normal como hace unos días desde que partimos de su aldea. Pero de la nada, dijo que quería estar solo y se fué alejando. Yo me preocupe por lo que haría así que decidí seguirlo, sin que el se diera cuenta. Finalmente, llegó a esté estanque y a estado sentado mirando el agua de éste mismo por las últimas 2 horas". Terminó de explicar Jun.

Gregorios se quedó sin palabras. Le preocupaba el estado del joven. Más aún cuando le dijo por cuanto tiempo había esta aquí.

"Mejor habló con el. A por cierto ten". Le entrego uno de los palos a Jun. Pero el me lo rechaza.

"Yo comeré después. Usted vaya y hablé con el. Yo vigilare y le avisaré si algo pasá ". Jun como siempre se preocupa mucho por mí. Suspiré y le agradecí por ésto.

Me acerqué hacía él, camine con cautela. No quería asustarlo. Le toco el hombro de forma amigable.

"Buenos días tatsumi". Le saludo amistosamente.

El al sentir mi toque, se asusto y dió un saltó hacía atrás tal vez por instinto o por miedo, pero saltó hacía donde estaba el estanque. Se resbaló con el borde del estanque e iba a caer en este mismo. Sin embargo, rápidamente reacción a tiempo y lo atrapó en mis brazos. Evitando que se caiga.

"Oye, ¿Estas bien?".

El finalmente se dio cuenta que era yo el qué lo había tocado. Por lo que se tranquilizó y me respondió. " Si señor Gregorios, disculpe si me asusté".

"No te preocupes, es mi culpa por no decirte que era yo". Le dije con calma.

"Em señor Gregorios, podría bajarme". Dijo avergonzado.

"Claro". Lo baje con cuidado.

Al momento de bajar ví qué el todavía parecía avergonzado. Yo solo lo mire con una sonrisa. "Ten". Le dí el palo con el pescado para que comiera.

"Gracias". El lo agarro y comenzó a comer.

"¿Y que hacias aquí tu solo?". Le pregunté con curiosidad.

El desvía la mirada hacia el agua del estanque. "Quería estar solo para pensar".

"¿Pensar? ¿Pensar en que?. Le pregunté con duda.

"En todo lo que había pasado estos últimos días". Dijo en susurró.

El se sentó a la orilla del estanque y yo me acerqué para sentarme a su lado. Ver el agua clara que poseía esté estanque, era algo hermoso. "Es hermoso, no?". Le pregunté

"Si lo es". Me respondió con nostalgia. Escuchar ese tono de voz de él. Me hacía pensar de que estaba recordando lo que había ocurrido estos últimos días.

Yo también he empezado a recordar todos los acontecimientos que nos llevaron a esta situación. Y para ser honesto no podía pensar en otra forma en que las cosas no pudieran haber acabado de una mejor manera. O si?


"¡Me niego!". Gritó mientras su puño golpeó con fuerza el escritorio donde estaba. Esto hizo que todo lo que estuviera encima se tambaleara y cayera. "¡Se ha vuelto loco!".

Kaigo-Sha rugió en ira a lo que había dicho el hombre frente a él.

Un asombrado Gregorios quedó atónito por lo que estaba viendo. Estaba tan sorprendido por la actitud del jefe de la aldea, como por la forma en la que le hablaba. Tratando de calmar el ambiente habló. "Por favor, señor Kaigo-Sha. tranquilícese".

"¡Como quiere que me tranquilice!. Después de lo que me acaba de pedir". El seguia gritando. En sus ojos había ira y rabia.

El general vio este y le dio un poco de miedo. Pero se mantuvo firmé en su decisión. "Sea razonable, señor Kaigo-Sha".

"¡El único que no está haciendo razonable es usted, General!". Él volvió a golpear el escritorio con fuerza, haciendo que la taza que estaba a su lado y se cayera al suelo. "¡No le voy a dar a Tatsumi!".

El mencionado tatsumi se encontraba sentado en el sofá de la oficina. Él no había dicho ni una palabra desde que el general, le había pedido al jefe de la aldea llevárselo a la capital. Solo había tomado asiento en el sofá por petición de éste mismo. Ahora mismo él era un espectador, de la pelea que tenía ambos hombres mayores sobre él. Y el esperaba que todo resultará bien.

El general cambió su expresión y tomó una serie. Agarró una de las sillas se había ahí y se sentó en ella. "Con todo respeto, señor Kaigo-Sha. Tatsumi no es un objeto y no quiero que me lo dé, solo necesito su permiso para cuidar de él". El habló esta vez con una voz firme. Al igual que su postura.

Ahora era turno del jefe de la aldea, estar sorprendido. Pero estás solo duró poco. Yá qué después adoptó una pose aún más enojada y sería.

"¿Y que le hace pensar que yo se la voy a dar, General?". Respondió con una voz oscura y sería.

El general casi no se inmutó al escuchar ese tono de voz. "Por una muy buena razón".

"¿Y esa es?".

El lo miró un momento antes de responder. " Vida ".

Tanto tatsumi como el jefe de la aldea. Quedaron extrañados al escuchar esa palabra del General.

"¿Vida?". Dijo sin comprender lo que dijo el hombre pelirrojo.

Él lo sintió. "Yo puedo ofrecerle a tatsumi una vida. Una oportunidad. La oportunidad de mejorar su vida y la de su aldea". Dijo con calma. Toda las sala se sumergió en un profundo silencio. El jefe de la aldea tenía la mirada baja y no se podía ver sus ojos. Tatsumi por otro lado, estuvo atento a lo que dijo el general.

"¿Por favor, podría ser un poco más específico?". Dijo una voz que aunque se podía escuchar que era tranquila, también daba algo de miedo.

El general detecto. Así que decidió ordenar bien sus ideas, para evitar cualquier conflicto que pudiera ocurrir ahora mismo. " Me explico". Cambio su forma de sentarse por una más abierta y relajada. "He visto el estado de su gente y la vida deplorable que ustedes llevan. Y créame, que eso ya lo he visto antes y sé cómo termina".

Kaigo-Sha, no dijo ni una palabra. Solo movió la cabeza un poco en señal de que siguiera.

El general continuo. "También se lo que le pasa a los hijos de los padres que no consiguen suficiente dinero para sus ellos".

Ahora era tatsumi quien agachó la cabeza al escuchar eso.

"Se todo el sufrimiento que han tenido que pasar por eso ha venido aquí, Señor Kaigo-Sha. Yo he venido a ayudarlos a sacarlos de la miserable vida que ustedes tienen". Dijo con determinación. "Por eso me quedé. Me quedé no para poder obtener algún favor de ustedes. Sino, porque supe que persona tan buenas y amables como ustedes no merecían sufrir de esta manera. ¡No era justo!". El grito en esa última palabra.

Tatsumi escuchó éso. Y quedo maravillado por las palabras del general. Al contrario de Kaigo-Sha, quien solo seguía callado.

"Aún no entiendo, General". El volvió a hablar. "¿Que tiene que ver tatsumi con todo esto? y ¿Que tiene que ver la palabra vida?".

El general mostró una sonrisa alegré. "Para que pueda entender eso. Mejor le explicó lo que paso en las otras aldeas que visite".

Tanto tatsumi, como el jefe de la aldea estuvieron muy atentos para las siguientes palabras de dijera el General.

"Vera yo le dije que antes de venir aquí, había visitado otras aldeas que tenían casi la misma o peor situación que ustedes. Por eso tarde tanto en venir hacia ustedes. Me disculparan por mi tardanza en llegar". Se rió. "Ahí también ví las mismas caras que todos ustedes tienen aquí. Así que decidí ayudarlos y como pueden ver no era algo fácil, pero igual pudimos hacerlo. Me llenó de tanta alegría el ver a las personas tan contentas y tan felices".

Tatsumi y Kaigo-Sha, quedaron sin palabras por lo que estaban escuchando. Sobretodo Kaigo-Sha, quien había estado pensando en cómo estarán las otras aldeas.

"La verdad fue agradable ayudar a esas personas. Pero sentía que no había hecho suficiente. Así que decidí hacerles una propuesta a cada una de las aldeas. Les ofrecí que algunas personas de cada aldea me acompañaron a mi al imperio para no solo mejorar sus vidas. Sino también, que estas mismas ayudaran a su aldea y le puedo decir con toda la honestidad que hay en mi ser, que no muchos querían aceptar mi oferta".

"Yo puedo entender en esa parte, Señor Gregorios". interrumpido pero esta vez su voz era triste y deprimente . Él entendido, el por qué no habían querido ir con él. Muchas personas eran fieles y leales a su pueblo y a su gente no lo abandonarían por nada en el mundo. Incluso, si le ofrecieran dinero o algo que habían anhelado toda su vida. No iban a dejar su hogar por nada del mundo. Ellos eran excepción. Iban a dejarla solo por la situación que los venía afectando de tal manera que ya casi no había mucha gente en esta misma.

"Bueno, Yo tardé mucho en entender eso, señor Kaigo-Sha. Pero en fin. Comprendí los motivos que tenía cada aldea y decidí respetarlas. Finalmente llegué aquí y ahora les estoy ofreciendo lo mismo que a las otras aldeas y esperaba que...".

"Por favor paré..". Kaigo-Sha lo interrumpió. El hombre mayor de edad Suplico el general. El general se detuvo. Y miró al jefe de la aldea. Tenía una de sus manos en su rostro. El ya no parecía molesto, sino más bien triste. "General, yo entiendo el porque usted vino acá y créame. En verdad, soy agradecido por todo lo que ha hecho por mí y mi gente. Tendrá mi eterna gratitud por todo lo que ha hecho".

El general sonrío ante eso.

"Pero no le puedo permitir que tatsumi vaya con usted".

Y tan pronto cómo llegó, se fue la sonrisa que tenía en su rostro. "¿Pero porque no?". El no pudo evitar preguntar.

"Por dónde empiezo". El quito su mano de rostro para verlo a los ojos. " Tatsumi todavía es un niño, tiene mucho que aprender y todavía le falta entrenamiento". Tatsumi al escuchar eso no pude evitar agarrar con fuerza sus rodillas mientras comenzaba a temblar.

El general solo se quedó callado. Para después reírse. "No tiene por qué preocuparse en eso, señor Kaigo-Sha". Él le sonrío, lo cual hizo que jefe de la aldea la mirada con cierta molestia. "Yo me ocuparé de todo lo que tatsumi necesite".

El alzo una ceja. "¿Como dice?".

"Que yo me ocuparé de todo lo que tatsumi necesite". Volvió a decir. "Como uno de los generales del imperio cuento con una estabilidad económica bastante grande y generosa. Además, yo personalmente me ocuparé de instruir a tatsumi en todo lo que necesita saber para convertirse en un general". Explicó con una sonrisa.

Kaigo-Sha, no parecía muy convencido. Todo lo que decía era casi como si tratará de convencerlo de que entregarle a tatsumi. Le daría a el una mejor vida. Y eso era algo que el quería para el, muy en el fondo de su corazón. Al igual que lo quería para su gente. Y estaba dispuesto a hacer lo que sea. Pero el problema era todavía no podía tomar una decisión ahora. Sobretodo una muy importante que involucraba a tatsumi. Necesitaba estar seguro. Por lo que decidió preguntar.

"¿Y si me negará a su petición?". Preguntó con cautela.

El sujeto pelirrojo sonrió de una manera triste. "Entonces no insistiré más. Y entenderé sus motivos y decisiones. Pero por favor solo le pido que lo piense ". El dijo. Mejor dicho suplico.

El jefe de la aldea no dijo nada de inmediato. Miro hacia arriba como si lo estuviera considerando. La verdad era una oferta muy generosa y por un momento pensó en aceptarlo. Pero el riesgo que involucraba Tatsumi era más grande. Por lo que decidió negarse.

"Lo siento, pero yo me...".

"Yo quiero ir". Una voz se metió en la discusión de estos hombres. Ambos se voltearon hacia donde provenía esta voz. Miraron sorprendidos al niño de cabello castaño que no había dicho nada en todo esté tiempo por fin hablar.

"¿Que dijiste?".

El joven levantó su cabeza y ambos vieron su rostro este estaba cubierta de lágrimas.

"Yo quiero ir". Volvió a hablar, pero esta vez era con una voz más determinada.

El General y el jefe de la aldea. Se quedaron sin palabras y asombrados. Ambos lo miraron con diferentes expresiones en sus rostros. Por parte del General estaba mirándolo con una sonrisa de alegría y orgullo. Y por parte de Kaigo-Sha esto lo miramos con una expresión triste y arrepentida.

"Tatsumi, por favor tu no entiendes yo...". El trato de hablar, pero fue interrumpido por la acción del castaño.

"¡El que no entiendo acá, eres tú!". El grité enojado. Me había estado callando todo este tiempo escuchando todo lo que decían. Tratando de reprimir mis emociones. Pero ya no puedo más. Salte del sofá hacia el suelo y miré con enojo al jefe de mi aldea. "Necesitó hacer esto".

"Tatsumi". Dijo con tristeza.

"No solo por mi, sino por mi gente. Por mi familia".

"Tatsumi, yo entiendo que quieres ayudarlos pero no es...". Trato de hablar pero fue nuevamente interrumpido.

"¡Quiero Hacer Más Que Eso!". Volví a gritar y corrí hacia la ventana y lo apunté con una de mis manos. "Nuestra gente se ha estado muriendo desde hace ya bastante tiempo jefe. No tiene idea el dolor que he visto en sus rostros cada vez que salgo de mi cuarto. Y eso es algo que yo ya no quiero ver más". Estaba muy alterado, sabía que debía calmarme. Pero se me hacía imposible hacerlo cuando el jefe de la aldea estaba mandando al diablo una oportunidad que no solo beneficiaría mucho a mi aldea, sino que la salvaría. "Quiero ir con el general, Por favor". Le suplico.

"Tatsumi ". El hombre mayor habló. "Nosotros ya habíamos hecho un trató de cuando irías a la capital, lo olvidas".

"El trato aún se mantiene ". Dije con desesperación. "Me prometió que me dejaría ir a la capital cuando estuviera listo y si iba con algunas personas más, no?. Bueno que mejor que el general Gregorios para que me acompañe y me entrené".

"¿Olvidas la parte en la que dije que te dejaría ir cuando cumplas 16 años?".

"Para cuando yo tenga esa edad nosotros volveremos a estar en la misma situación. O aún peor. No podemos perder mucho tiempo". Le volví a rogar.

"¡Le prometí a tus padres que estarías a salvó!". El le gritó al joven castaño, pero se podía notar que no era enojó. Sino,...tristeza.

Esto pareció tocarle un punto sensible a tatsumi. Ya que él se quedó callado por un breve momento. Gregorios notó qué tanto tatsumi como Kaigo-Sha se quedaron muy callados después de decir eso. Después de unos segundos de incómodo silencio tatsumi volvió a hablar.

"Ellos lo aceptarían". Susurró.

"¿Que?". Preguntó el lider de la aldea Kenkyo.

El joven castaño apretó el puño con fuerza y dijo con una voz más fuerte. "¡Ellos lo aceptarían!". Tatsumi levantó la vista y miró directamente a los ojos de su líder. "Al igual que cada uno de aquí. Harían lo que sea para salvar a su gente".

"Tatsumi...".

"Hasta incluso usted, jefe". Le hablo pero esta vez, su voz ya no tenía la misma fuerza de antes. Sino que parecía que iba a llorar de nuevo.

Kaigo-Sha, no dijo nada más. Miró al castaño una mirada dolida y arrepentida. No le gustaba ver a tatsumi así. Le dolía en el fondo de su alma. El haría que sea para que él fuera feliz. Pero es otra cosa.

El General Gregorios quien todo ese tiempo había estado callado viendo la discusión entre el niño y el anciano, decidió por fin hablar e intervenir en la pequeña discusión de estos dos.

"Kaigo-Sha escuché por favor". Se levantó de su asiento. "Yo sé lo importante que es tatsumi para usted y para su gente. La verdad lo pude notar cuando usted estuvo dispuesto a ir a rescatarlo cuando lo hago de ella no lo atacó. Y créame...no le estaría pidiendo esto si no sabría que no le puedo prometer que él estará a salvo conmigo". El tomó de los hombros al chico. " Yo veo potencial en él. Y sé que con la guía correcta tatsumi podrá ser una gran persona en el futuro. Y se que usted también quiere eso para, no?".

Él miró sorprendido al general .No le dijo que estaba en contra, pero tampoco le estaba dando la razón. Aún la expresión que tenía en el rostro le decía que sí.

El general continúa hablando. "Le doy mi palabra que si veo que tatsumi corre algún riesgo. El más mínimo peligro que ponga en ríe su vida, yo personalmente lo regresaré a su aldea y me aseguraré de que ustedes nunca más tengan que sufrir por penurias ni ahora ni mañana ni en un futuro". Él le sonrió, pero no con una sonrisa calmada feliz. Sino, una seria demostrando así que está hablando muy en serio con respecto al chico.

El jefe de la aldea miró al general y luego vio a tatsumi. Él tenía la cabeza baja y no había dicho una palabra, aún tenía la expresión triste con lágrimas en los ojos en su rostro.

Él quería volver a hablar. Tratar de convencer a los dos de que no iba a cambiar de idea. Pero una de sus manos que estaba cerca de una de las hojas del escritorio. Agarró aquella foto que él había estado acariciando con cariño estos días. Gregorios notó eso pero no dijo nada. Kaigo-Sha la miró por un momento, para después ver a tatsumi. Cerro los ojos para pensar en que decisión tomar. Le tomó solo unos segundos volverlos a abrirlos. Con una respuesta ya listado. Y el esperaba. ¡No!. Rogaba muy en el fondo a los dioses que no se arrepintiera en el futuro.

" Esta bien, acepto". Dijo derrotado.

Tatsumi y El General lo miraron sorprendido. "¿De verdad?". Preguntó el castaño.

El lo miró con una sonrisa triste. "Si, dejaré que vayas a la capital".

El castaño no lo podía creer. Esto era un sueño. En su rostro se comenzó a formar una gran sonrisa. Estaba muy contento.

"Pero, lo harás en una semana necesito preparar todo para que estés listo, ok?".Dijo con seriedad, pero con un tono alegré.

El castaño asintió con entusiasmo. Las lágrimas salieron de su rostro, pero esta vez eran de alegría. El general también sonrió. Pero lo hacía por otros motivos. Ya que ésto era muy beneficio. Para la aldea. Para el chico. Y lo más importante muy beneficioso para él.


O al menos eso pensaba. Ellos partieron de su aldea hace unos 10 dias, para ser exactos. Actualmente, estaban a mitad de camino de llegar al imperio. Ellos habían estado hablando de forma animada y amigable en todo el camino hacia la capital. El pensaba que todo estaba llendo bien, pero claramente el se equivocó. Miro al joven, veo en su rostro la tristeza y el arrepentimiento. "¿Acaso extraña su aldea?¿El quería volver?¿Pero el estuvo deacuerdo con esta decisión, porque quiero retractarse ahora que estamos cerca?". Esas pregunta me asustaron de verdad. Lo que a su vez me hicieron enojar un poco, pero decidí calmarme. Si quería la verdad del porque estaba asi era mejor preguntarle a él directamente...

"Tatsumi, quiero hacerte una pregunta y necesito que seas sincero ". Le hablo pero ya no con una voz amigable. Sino con una voz sería

El solo asiente con su cabeza. Sin dejar de mirar el río.

"¿Tu…quieres volver a tu aldea?". Le dije. Necesita saber si el quería volver. Para que yo pueda saber que decisión tomare a continuación.

El se voltea para verme y me mira sorprendido. Yo lo miró y puedo ver en sus ojos. La ¿Confusión?... . Espera, ¿El no esperaba que yo le preguntará éso?.

"¿Que?, No porsupuesto que no señor Gregorios. ¿De dónde pregunta eso?". Me responde sin entender la pregunta que le hice. Ahora estaba más confundido. Yo la verdad no entendía. Entonces, sino era por eso. Porque estaba triste.

"Pues…por la forma en miras el río de manera triste. Pensé…que extrañabas tu hogar y talvez…te arrepentiste de venir y quieres volver". Le dije con calma. La verdad no quería que el se retractara.

El jóven poco a poco empezó a comprender las palabras del General. Para después reírse. Esto extraño al general. "No es por éso, Señor Gregorios que estoy así. Aunque, me disculpó si mi actitud lo hizo pensar eso".

"¿En serio?".

El asiente en respuesta, mientras sonreía.

Yo comencé a reírme. Sentía como todas mis preocupaciones se desvanecían. Era un alivio saber que el no se arrepentía de ésto. De verdad quería que tatsumi se venga conmigo al imperio. Y estaba dispuesto a hacer lo que sea necesario para que el se venga conmigo. Sin embargo, una duda todavía está en mi mente.

"Espera, si no es por eso que estas aquí. Entonces, ¿Cuál es el motivo?". Le pregunto con duda. La sonrisa en su rostro se desvaneció y volvió a tener esa misma mira la triste.

"Estaba…pensando en mis…amigos ". Dijo apenado.

Yo me quedé callado ante sus palabras. "Oh, ¿Era éso?". Pensé. "Extraña a sus amigos". La verdad no podía culparlo había visto lo unidos que eran. Sobretodo con esa chica de la flor en la cabeza.

"Tatsumi, sabes que intenté convencer a sus padres de que vengan conmigo, no?". Le hablé suavemente.

"Lo sé". Dijo triste.

En serio intenté convencer a los padres de sus amigos para que vinieran. Pero ellos se negaron rotundamente debido al incidente con el lobo de hielo que tuvieron ellos tres. Finalmente, deje de insistir. Pero no porque me había dado por vencido. Yo no soy así. Sino, porque pude ver los rostros dolidos de sus padres. Al pensar que yo les quitaron a sus ojos. Por ese tipo de pensamiento que esas personas tienen de mi detuve mi acciones.

"Señor Gregorios, no es que quiera ser grosero pero, ¿Me podría dejar solo un rato?". Tatsumi me habló con viz bajá.

Lo mire un momento. La verdad no quería hacer eso quería seguir hablando con él, pero tampoco quería obligarlo a estar conmigo. Así que decidí que lo mejor era respetar su decisión. "Esta bien, chico. Tomate tu tiempo, estaré cerca en casó de que necesites algo, ok?".

"Gracias". Me dijo con ese tono voz bajo, pero con una sonrisa.

Me comencé apartar de él.

"Y…señor Gregorios...". El me dijo sin dejar de ver el estanque.

"¿Si?". "Eso fue muy rápido'".

"Podría decirle a su soldado, que dejará de observar me".

Me detuve abruptamente. Y me giré para mirarlo sorprendido. "¿Acaso detecto a Jun?. ¿Como lo hizo?¿Y lo más importante porque a mí no me detecto?. Y mas preguntas llegaron a mi cabeza, pero decidí apartarlas de momento. Para acto seguido cumplir con la petición que el me pidió.

Me acercaron al arbusto donde estaba Jun y le dije que dejara de vigilarlo. Él me obedeció sin dudar. Y ambos dejamos atrás al chico para que pudiera aclarar su mente.

"¿Porque no estoy feliz?". Me pregunté una y otra vez en mi cabeza. "¿Esto era lo que quería, entonces porque no era feliz?". Parecían ser preguntas sin respuestas, pero la verdad yo sabía cuál era la respuesta esas preguntas que yo mismo me hacía. Solo qué no quería decirlas.

Mientras le dió otro mordisco al pescado que me dió el general. Saboreando lo delicioso que esta. Pienso en todas las personas de las cuales tuve que despedirme. El jefe, las personas con las cuales tuve que convivir toda mi corta vida hasta ahora y mis…amigos. Dejé de comer. Y miro al cielo, tratando de no llorar por la despedida que nos dimos. Y lo más importante la promesa que nos hicimos. Recordar éso me hacía sentir cada vez más triste. Y las lágrimas que evitaba votar con tanto esfuerzo, finalmente salieron. Comencé a llorar sin parar mientras recordaba la despedida de mi y mis amigos.


Estaba en mi habitación, empacando mis cosas. Aunque para hacerlo honesto, solo tenía unas cuantas prendes y unos objetos que le habían regalado desde que era más chico. Pero igualmente, eran objetos muy importantes para mí.

Lo puse todo en una gran mochila. "Ya está". Dije mientras pasaba una de mis manos por mi frente. "Creo que tengo todo, no me falta na…". Detuve mis palabras al recordar que si me faltaba algo. Y era algo que era muy importante para mí. Miré mi cama y agarré la almohada que tenía. Metí mi mano dentro de esta misma y saqué una foto que yo había estado guardando desde hace varios años. Lo observé un momento para después sonreír y guardarla en mi ropa que llevaba puesta. "Ahora si, no me falta nada". Dije con seguridad.

"No te falta nada tatsumi, ¿Está seguro?". Una voz me preguntó desde la puerta de mi cuarto.

Yo inmediatamente reconocí la voz y me giré en dirección de la puerta.

"Sayo".

Ahí parada en mi puerta estaba Sayo con un par de muletas qué le ayudaban a caminar. Una de sus piernas estaba enyesada. Era la que había sido lastimada. Me miraba con una sonrisa alegré. "Creó que te falto despedirte de nosotros". Me habló mientras se acercaba a mi.

"No yo nunca olvidaría eso". Le respondí y me acerqué a ella para ayudarla.

"Me alegra saber que ser famoso no te haya cambiado". Dijo en tono de broma.

"Sabes que nunca los olvidaría. No importa la situación que sea. Para mi ustedes siempre serán lo más importante en mi vida".

Ella solo se ríe. Ambos nos sentamos en mi cama, dejamos a un lado las muletas mientras comenzábamos a hablar.

"¿Cómo te sientes?. Le pregunto a ver al estado en que se encuentra.

"Estoy bien, ¿Y tú cómo estás?".

Yo estoy mejor

"¿Estás seguro?". Me preguntó con una mirada preocupada. "Tú te llevas a la peor parte con el lado de hielo".

Yo me reí ante su preocupación. "Sabes que siempre me recupero".

"Sí lo sé, pero eso no quita el hecho de que me preocupa por ti". Ella pasó una de sus manos por mi cabeza que poco a poco empezó a bajar hasta mi mejilla. Sentí qué su toque era cálido y cariñoso. Me comenzó a sonrojar.

"¿Quisiera que ustedes vinieran conmigo?". Le dije sin pensar.

Ella me mira con tristeza. "Sabes que yo y leyasu también quisiéramos ir contigo. Pero nuestros padres no lo van a permitir, sobre todo su madre ".

"Si oí que ahora no lo dejará ni siquiera para ir solo al baño". Dije en todo de broma, ella se rió por mi comentario.

"Si tiene suerte. Mi padre dice que apenas lo vea lo va a matar".

Ambos comenzamos a reírnos sin parar. El ambiente que nosotros creamos era agradable y muy cómodo. Sin embargo, Sayo dejó de reírse. Su sonrisa se había desvanecido y adoptó una mueca triste. Yo me preocupé por eso.

"¿Que pasá?". Le pregunto no me gustaba verla en ese estado. Ella no me responde y solo toma mi mano izquierda con ambas manos suyas.

"¿Puedes prometerme algo?". Ella me habla. Por el tono de su voz era casi como si me estuviera suplicando.

Yo me asusté mucho. Nunca antes la había visto así. "Claro". Le respondí tratando de calmarla.

"Prométeme que nunca te vas a olvidar de nosotros. Ni de la aldea. Ni de quién eres. Ni de…mí". En esa última parte ella comenzó a llorar.

"Sayo". Le hablo de forma dulce. Mientras cojo mi otra mano libre y la pongo con las suyas que ya tenían atrapada mi otra mano. "Lo prometo". Le respondí, mientras le sonreía.

Ella comenzó a sonreír de nuevo. Las lágrimas seguian saliendo de sus ojos. Yo me acerco poco a poco a ella. Y ella hace lo mismo. La distancia entre nuestras caras empezó a cerrar. Nuestros labios estaban a nada de juntarse...

"¡Chicos!". Una persona gritó, mientras pateaba la puerta de mi cuarto. La cual se había cerrado al momento de que sayo había entrado.

Ambos nos detuvimos de lo que estábamos haciendo. Sin embargo, nuestras frentes habían estado tan cerca que chocaron debido al grito que escuchamos. Por mi parte no sentí casi nada, pero por parte de sayo se agarró la frente con ambas manos debido al dolor.

Me giré para ver quién rayos había entrado y para mi sorpresa era leyasu el que había entrado a mi cuarto.

"¿Leyasu qué haces aquí?, pensé que tu madre no te había permitido salir más". Dije confundido.

Él solo desvió la mirada nerviosamente. "Digamos que la convencí".

"¿La convenciste?. Le pregunté con duda. Aunque podía ver claramente la mentira en sus palabras.

¡"Me escape de casa, contento!". Me gritó. "Cuando supe de que te ibas a ir de la aldea, quise venir para al menos despedirme de ti. Pero mi madre no me dejaría, así que esperé a que ya se fuera a dormir y salté por la ventana de mi cuarto. Y vine aquí".

"Yo solo me quedé ahí mirándolo". No podía creer lo que había escuchado. Pero antes de que pudiera decir algo. Una de las muletas fue lanzada y clavada con fuerza al lado de la puerta de mi cuarto. Esto asustó mucho a leyasu. Quién miraba aterrado aún enojada Sayo.

Yo estaba muy enojada no solo por haber sido interrumpida, sino porque se había golpeado la frente. "No debiste hacer eso, leyasu". Ella habló pero su voz era oscuro y fría. "¿Quién sabe lo que te podría pasar, si tu madre no está despierta para protegerte?". Le advirtió mientras una sonrisa amable se formó en su rostro.

Leyasu no sabía qué hacer no, había traído ninguna de sus hachas. Actualmente, estaba vestido solo con su ropa de la aldea y con unos cuantos vendajes en su cabeza. Por lo que, no tenía ninguna arma a su alcance para defenderse de está enojada mujer. Nunca en su vida se había sentido tan indefenso y aterrado al mismo tiempo.

"Sayo por favor, cálmate". Tatsumi la tomó del hombro. Ella se calmo solo un poco.

Me tomó solo unos minutos para que sayo dejará su enojó y le di un aleman a leyasu para que se acercará a nosotros. El lo hizo pero con cautela, ya que todavía veía la muleta incrustada en la pared.

Ahora los tres estábamos juntos en mi cama. Lo puse al corriente de lo que había pasado. Debido a que me habían dicho que recién había despertado, del fuerte golpe que había recibido en la cabeza. Los tres comenzamos a charlar acerca de lo cambiado qué estaba nuestra aldea. Lo afortunados que éramos de que un general viniera a nuestro hogar. Y sobretodo de los celosos, pero felices que estaban de que él general me llevara mi al imperio.

"Amigo, espero que te vaya genial". Exclamó leyasu con una sonrisa en su rostro.

"Si te vamos a extrañar". Sayo comentó contenta.

Yo solo los miro feliz. Estaba contento de tenerlos aquí. Me así sentir más seguro en la decisión que tomé.

"Prometo mandarles cartas a ustedes, todos los días". Les prometí mientras los abrazaba con fuerza.

Ellos se rieron y me devolvieron el abrazo. Nunca en mi vida me había sentido tan contento. Nos separamos después de unos segundos.

"A por cierto tatsumi, el jefe hará una gran fiesta. Me dijo que te avisará para que vayas. Después de todo, tu eres el centro de atención hoy". Leyasu me dijo, mientras se levantaba de mi cama

"¿En serio?, Entonces no hay tiempo que perder ¡Vamos!". Sayo exclamó alegremente.

Yo la ayude a caminar y los tres dejamos mi cuarto para ir a la gran fiesta. La fiesta fue la más grande que yo había visto en toda mi vida. La llevamos en el centro de la aldea en la capilla. Una gran fogata al frente de la capilla. La personas bailaban alrededor de está. Había comida, música, diversión y felicidad. Todos estábamos celebrando no solo por la llegada del General a la aldea. Sino, por todo lo que había hecho y porque yo también iría en la capital con él. A la mañana siguiente toda la celebracion había llegado a su fin. Y finalmente, era el momento de irse.

En la entrada de la aldea kenkyo. Se encontraba en general y sus hombres con sus caballos y sus cosas listas. Junto con un caballo adicional que los habitantes de la aldea, le había proporcionado a tatsumi.

"¿Todo listo?". Preguntó Gregorios.

"Sí señor, tenemos todo listo para partir". Dijo Jun a su general.

"Perfecto, ¿Y tú ya estás listo tatsumi?". le pregunto al niño que estaba a su lado.

"¡Si señor, estoy listo!". Respondió con entusiasmo.

Todos ellos estaban a punto de partir cuando una voz los detuvo.

"Espera tatsumi…".

Tanto el general como tatsumi se giraron para ver que era el jefe de la aldea quien se acercaba a ellos.

"¿Jefe, pasa algo?". Le preguntó mientras se acercaba.

"No te vayas todavía necesito darte algo ". Él habló mientras metía su mano dentro de su abrigo y sacaba algo para entregárselo al joven. Tatsumi parecía confundido qué le podía entregar el jefe. Él ya tenía todo listo. Además, de algunas otras cosas adicionales que él mismo jefe le había dicho que llevara.

"Toma". Le entrego algo en su mano.

Tatsumi lo recibió y al abrir la mano, vio que era una pequeña estatuilla de madera. "Esto es…".

"Último regalo para ti. Y recuerda en momentos de necesidad…".

"La vendó." Le respondió sin dudar

"¡NI LO SUEÑAS!.Le grito enojado .

Tatsumi solo la miraba sin comprender, mientras el general miraba ésto con un tono divertido.

"Guárdalo contigo siempre. Así, los dioses te protegen". Dijo después de recuperar la compostura.

"Lo haré, lo prometo". Dije para después meterlo en mi abrigo.

El jefe de la aldea lo miraba orgulloso. Sentía que el llegaría lejos. No solo como un soldado o un posible general. Sino como una gran persona en el futuro.

"Vamos tatsumi el viaje será largo. No hay tiempo que perder". Gregorios lo llamo mientras se subía su caballo.

"Ya voy, adiós jefe". Y así tatsumi se despidió. Para ir con el general y este mismo lo ayudo a subirse a su propio caballo. Partiendo finalmente.

Ellos seis empezaron a alejarse de la aldea Kenkyo. Mientras más se alejaban podía ver el muro que ahora rodeaba a su gente, su pueblo. Sabiendo que esto los protegería de algún posible ataque en el futuro. Lo hacía sentirse aún más seguro y contento.

Durante los días que tardarían en llegar al imperio. Habían hecho pequeñas para las para hacer que los caballos descansaran y puedan charlar un poco. El general le comenzó a contar diversas historias acerca del imperio. Cosa que hizo que su deseo de llegar de una vez al imperio aumentará. Él había mantenido una actitud positiva durante todo ese tiempo. Sin embargo, a solo dos días de estar a mitad de camino del imperio. Él comenzó a sentirse triste y dolido. No era porque estaba arrepentido de venir. Si no, por el hecho de que desearía que al menos sus amigos pudieran venir con él. Y esto solo creció más cuando vio la forma en cómo interactuaban los soldados del General. Le hacen recordar tanto como eran el y sus amigos. Preocupado de que el general lo vean este estado y tenga la decisión de enviarlo de regreso, decidió alejarse un poco del grupo para poder a su mente y dejar de sentirse así. Cuando habían descansado nuevamente, había encontrado un pequeño estanque donde el podía aclarar su mente.


Y aún estoy aquí en este mismo estanque. Reflexionando sobre mis decisiones. No sé cuánto tiempo llevo en este lugar mira cielo y veo que el día ahora se ha convertido en atardecer. Deben ser como a las 5 o 6 de la tarde. Y yo aún estoy con este conflicto interno sobre si seguir con la idea de ir al imperio o regresar a mi hogar juntos a mi familia. Yo sabía las consecuencias que tendría mi decisión de volver. Sí volvería con mi gente tal vez pudiéramos hacer que todo lo que hizo el general, los suministros de comida, la medicina, nos dure bastante. Pero sabía que eventualmente, se agotarían y volveremos a la misma situación de antes.

Y eso era lo que yo no podía permitir. No podía permitir que mi gente sufriera, tenía la oportunidad de finalmente hacer algo por ellos. Y ahora me estaba echando para atrás porque...¿Por miedo? ¿Por estar solo?. ¡Yo no estaba solo!. Me dije en mi mente. Meto una de mis manos en mi abrigo y saco la estatuilla de madera que me dio el jefe de los de antes de irme. La miro fijamente mientras recuerdo las palabras que él me dijo. Lo repito una y otra vez en mi cabeza. Esas palabras me dan fuerza, me inspiran me hacen fuerte. Me levanto de la piedra donde estaba sentado, con una determinación aún más fuerte la que tenía antes.

"No me voy a rendir". grité abiertamente miro al cielo y levanto la estatuilla que tenía en mi mano. "Lo haré por ustedes por mi gente, por mi familia, por mis amigos Sayo y Leyasu". Mis palabras estaban cargadas con una determinación y una pasión que nunca antes había experimentado.

"¡Cumpliré mi promesa!". Fue lo último que grité antes de finalmente bajar la estatuilla.

Respiro hondo para recuperar algo del aire que deje salir al momento de gritar. Miró mi otra mano donde estaba el pescado que me había dado el general. Ya quedaba nada más que el esqueleto, me lo había terminado de comer mientras recordaba la despedida.

Lo tiró a un lado y guardo la estatuilla en mi abrigo. Tomo el camino de regreso al pequeño campamento donde estaba el general junto con sus hombres.

Observó como el general y sus hombres al parecer han terminado de cazar lo que parecía ser un jabalí. Lo están cocinando. Posiblemente, para la cena.

El general ve que me acerco y me recibe con una sonrisa. "¿Tatsumi, cómo estás?, me preocupe que estabas tardando tanto en llegar que estaba pensando en buscarte, pero veo que ya estás mejor".

"Yo quisiera ofrecer una disculpa". Le respondo mientras hago una reverencia.

El general mi mira confundido. "¿Una disculpa y por qué?".

"Por mi conducta en estos últimos días de viaje señor. Sé que me he comportado un tanto deprimente y quisiera ofrecer una disculpa".

Gregorios se acercó al chico le puso una mano en el hombro. "Tatsumi, escucha es normal sentir dudas cuando tomas una decisión en tu vida. Yo lo entiendo, yo también he tenido dudas sobre algunas decisiones que he tomado en mi vida. Pero lo importante de tomar esas decisiones, es la capacidad de nosotros de poder ser fuertes y determinados al momento de tomarlas y poder cumplirlas sin importar que".

"Si lo entiendo, Señor Gregorios". Dije mientras aún estaba agachado.

"Bueno, ahora ¿Qué tal si dejamos de hablar de eso y vienes aquí a comer con nosotros?". Me preguntó con un tono más animado.

"Si". Le respondí con el mismo tono que él tenía.

Me acerqué hacía ellos y el sujeto llamado Jun me entregó una parte del animal cocinado. Lo acepté con gusto y comencé a comer. Los otros 2 soldados me miraron con interés y con algo de burla. Todos excepto el hombre llamado Jin, pude notar que me miraba con cierta molestia y incomodidad. Pero yo lo ignoro. El general se siente a mi lado y todos comemos juntos.

Los días restantes a la llegada al imperio el general comenzó a contarme acerca de dónde es yo viviría. Me dijo que viviría con él. Que él posee una gran mansión con todo lo necesario y que contaríamos con sirvientes que nos puedan atender en todo lo que necesitaba. Me quedé sorprendido por ésto. Me contó también que él tiene varias propiedades en su poder de las cuales eran destilerías o sastrerías que le daban a él mucho recursos y financiamiento para poder pagar todo esas cosas.

En estos días también empecé a conversar con algunos de los hombres del general. Había logrado tener una buena charla amistosa con cada uno de ellos. Excepto, con el soldado llamado Jin todavía me hablaba con indiferencia o con un grado de seriedad. Algo que pude notar cuando hablé con cada uno de ellos es que tres de ellos eran jóvenes de más de 20 hasta 25 años. Mientras que el último miembro que su nombre es Jun tenía entre 40 y 50. Aunque eso provocó una duda en mí interior, decidí no darle mucha importancia.

En él último día de nuestro viaje decidimos no parar para descansar. Los caballeros al parecer no lo necesitaban. Estaban con mucha energía. Por lo que siguieron cabalgaron sin ninguna molestia. Yo me quedé dormido en el mío. Pero el general al notar eso me hizo sentarme junto con el en su caballo para evitar que yo me cayera. Me sentó al frente de él para que yo estuviera más cómodo.

A la mañana siguiente el general y sus hombres ya habían llegado al imperio. Bajandose de sus caballos, Gregorios se acercó al suyo y comenzó a despertar a tatsumi.

"Tatsumi despierta ya llegamos". Le dijo mientras lo movía un poco.

"Umm". Tatsumi comenzó a despertarse. Estiró sus brazos y abrió los ojos. "¿Que pasá?".Dije medio dormido.

"Ya llegamos". Anunció Gregorios.

Abrí mis ojos por completo y bajé del caballo. Me aparté de ellos y pude observar el gran muro que rodeaba el imperio. Ví por encima del muro algunos edificios muy diferentes a los que había en mi aldea.

"¡Guau!". Exclamé maravillado. Tenía una mirada de asombro. Mi corazón latía con fuerza. Todo mi cuerpo temblaba de emoción. "Es increíble". Dije ansioso

"Y todavía no has visto nada". Gregorios se acercó a mi. Yo me volteó y lo miro aún con una sonrisa de felicidad. El sólo me la devuelve con su sonrisa carismática.

"¿Tatsumi, estás listo para tu nueva vida en el imperio?".

"Si". Le respondí con determinación . Estaba muy ansioso por empezar mi vida en el imperio. Un nuevo capítulo en mi vida esta por escribirse. Uno del cuál…estoy muy esperanzado en vivir.