ficción

Historias de Albert y Candy

presenta

Quédate Conmigo

Por Mayra Exitosa

La llegada de Candy a la mansión de los Mc Bride, dejaba visiblemente alterado a un hombre que estaba seguro de que ella venía a su casa, Darach Mc Bride, parecía estar esperado a su propia hija, como si al esperar a su nieta fuera el regreso a la vida de Aisla, su hijita, la única por la que estaría dispuesto a dar su vida de haber sido posible, sabiendo la confirmación de que estaba por llegar junto a su hijo Evander, había sacado algunas cosas que tenía de Aisla, con la intención de darle a su nieta, lo que creía que le pertenecía.

La mansión Mc Bride era la casa donde habían nacido sus hijos, muchos años antes esa misma casa había sido de otras generaciones, por lo que era antigua y tradicional, más no llegaba a tener el nivel de un castillo, o las hectáreas de tierra que tenían los grandes clanes, pero si tenía historia, una muy importante que pasaba, tanto como la leyenda de los Mc Connery que siempre les habían robado a una de sus mujeres; los Mc Bride habían pasado por otra historia distinta, la de no tener más de una mujer con el apellido Mc Bride por cada generación, por lo que el nacimiento de Aisla, había sido más venerado que el del mismo Evander al ser descendiente directo. Cada Mc Bride siempre tenía en su legado de uno a dos hijos, después de eso, no sobrevivían más, esa leyenda los había ido reduciendo hasta llegar a ser un apellido casi extinto, pues el viejo Darach era hijo único, había tenido mellizos, el tercero no sobrevivió después de eso, su mujer murió cuando los mellizos tenían casi diez años, sin tener más descendencia.

Para el abuelo estar en su casa era vivir de recuerdos desde niño, hasta casarse y tener hijos, no poseían demasiadas influencias o contactos, tampoco tenían grandes negocios o bienes que sobresalieran o los hicieran prominentes, pero algo si tenían, formaban parte de los más antiguos clanes, poseían heráldica, telar y distintivo familiar, además Evander era parte del gobierno del país, sus hijos a pesar de su juventud conocían a muchos descendientes de clanes que se codeaban con grandes familias como los McKenzie, los Gordon, los Campbell , los Mc Douglas, McDonald entre otros clanes que sobre salían, más no con los Andrew, ya que estos tenían muchos negocios y sus participaciones se habían internacionalizado a tales magnitudes que para los Mc Bride era como hablar de clanes muy aristocráticos al mencionarlos, estos al igual de apellido o clan antiguo poseían castillos más no significaba que fueran relacionados entre ellos. Para los Andrew, los Mc Bride era un clan extinto o insignificante, al menos eso creían.

El anciano temblaba nervioso cuando por fin la vio bajar de la camioneta todo terreno de su hijo Evander, al verla entrar por el portón principal, mencionó un poco rudo su nombre, - ¿Candy Mc Bride? La rubia escuchaba que la nombraron, una voz ronca y fuerte de un hombre mayor, sabía que se trataba de su abuelo, por lo que su tono la hacía girar a buscar a Darach, quien, con su mirada vidriosa, vestido con un kilt escoces con algo en sus manos, esperaba su confirmación. - ¿abuelo? - ¡Si! ¡Si! ¡Si! ¡soy tu abuelo! ¡tu abuelo! ¡Darach McBride! Los brazos temblorosos del hombre esperaban que ella se introdujera en ellos y con cierta ternura, viendo como lucía más emocionado que su tío o sus primos se fue hasta este y se animaba a darle ese abrazo que esperaba el abuelo que no la había visto durante todos esos años. Con llanto y voz quebrada el hombre acariciaba sus cabellos, confirmándole - Mi niña, por fin llegas a casa, esta es tu casa, aquí debiste estar, Aisla debió dejarte con nosotros, nunca debió quedarse allá, no tenía ningún sentido si ese hombre no se había casado con ella, ni le había cumplido sus promesas, ella debió volver a su casa, aquí nunca la rechazamos, ¡lo juro!

En eso tenía razón, aunque su hija había huido con un Mc Connery, Darach pensaba que ese hombre no la amaba y solo había jugado con ella, esperaba que su hijita regresara, cuando todo aquello salía a la luz, la noticia de que nunca se habían casado, no le importaba que se hubiera quedado embarazada, podía volver a su casa y él se hubiera hecho cargo de ellas. Mc Connery podía salvar la fortuna de su familia, sabía que tenía una responsabilidad mayor para salvar a todos, que solo un amor de juventud que no tenía tanto valor, como su sangre y sus compromisos familiares. Él le había asegurado a Evander que la buscara y que no le importaba que fuera madre soltera, pero ella orgullosa nunca regresó y al final solo un cuerpo inerte al que tuvo que pelear para poderlo recuperar, una nieta desaparecida que aseguraban se la había tragado la tierra, cuando eso nunca lo creyeron los McBride, con ella ahí, estaba más que evidenciado que tenía diecinueve años, trabajando para otros, cuando ella no tenía necesidad, al menos tenía a su tío Evander, a su abuelo y ellos al saber que era una Mc Bride justificaban que la joven nunca había recibido el apellido de su padre. - Como la McBride que eres, perteneces aquí hija, nadie puede quitarte esta casa, tu tío y yo veremos por ti, y ahora hasta tienes dos primos que te cuidaran también, somos tu familia, anda pasa, mi nuera era una grandiosa mujer, estoy seguro de que debió preparar todo un festín para recibir a la hija perdida de los McBride. - Gracias.

Luego de algunas llamadas, firmas de documentos y asegurar que todo lo que había preparado, esperaba la confirmación del lugar donde su esposa debía estar. - Señor, es una casa antigua en tierras altas, no tenemos conocidos por aquel sector. - Llama a mi tía, sus contactos podrán servir para algo, mi mujer debe saber que estoy con ella. - Si señor.

William todavía con la diferencia de horarios confirmaba con Johnson, que la demanda era por la documentación incompleta y falsa, por lo que el trato, no le importaba las pérdidas materiales, sino que, al estar casado con su mujer, requería la verdadera documentación legal y, por ende, debían entregarla lo antes posible, de no hacerlo, se tendría que detener a Raymond Legan por fraude intencionado para dañar a los Andrew, cuando el convenio no era posible. - Señor, ya el registro y los abogados lo citaron, es solo cuestión de tiempo, - Estoy consciente de eso, pero si no ejerzo presión, ¿crees que pueden burlarse de un Andrew y salir ilesos? - Lo comprendo. - No Johnson, no lo entiendes, si no tengo la documentación, la legalidad de mi matrimonio no es válida y mi esposa está embarazada de dos hijos, ¿ahora lo comprendes? Ella puede ser madre soltera y legalizar a mis hijos con el apellido que le dé la gana, además no permitiré que nadie me quite a mi mujer, - Usted no deseaba ese matrimonio. - No, pero lo tuve y ahora es mía, no será de nadie más, ella cree que sigo unido a Susana y debo buscarla, aclararle y de ser necesario confirmarle que lo de Susana está muerto, fue en el pasado y que ella es mi mujer, la madre de mis hijos y no permitiré por ningún motivo que me nieguen lo que por derecho me corresponde. - Le dije que debía estar presente, hubiera verificado los documentos. - Se hizo en la oficina correspondiente, aquí la responsabilidad también puede ser para una demanda a los involucrados, Johnson, dales a todos en partes iguales, ellos deben responder por lo que hicieron, querían a un Andrew casado, ya lo tienen, ahora que se hagan responsables de lo que obligaron, pero mi mujer necesita estar casada legalmente, y sabes que mi tía se pondrá en tu contra si sabe lo que sucedió y no hicimos nada al respecto, ¿cierto, Johnson? - Si señor. - La veré en unos minutos, le daré tus saludos y le contaré todo lo que está pasando. - ¡pero señor! - Sin peros, le diré que estas tan molesto que vas a duplicar tu enfado por los daños y perjuicios que cometieron los Legan, el despacho y quien resulte responsable. ¿entendido? - Si señor.

William finalizaba la llamada y observaba el sector donde aparecía los localizadores de las maletas de su mujer, sabía que algo no le había contado, pero si esa era su familia, significaba que también debían ser otra parte de ella que desconocía, por lo que tenía que llegar con seguridad y con la petición de poder traerse a su mujer a su casa, asegurando que ellos podían visitarla cuando lo desearan, pero si no tenía la documentación en regla, la boda legal no se llevaría a cabo y eso que tenía planeado, podía llegar a ser igual que la boda de Elizabeth Legan, inconclusa.

Continuara...


Gracias por sus amables comentarios, animada de continuar no solo esta, sino otras historias, pero con el tiempo muy reducido para poder escribir.

Agradecida también por no tomar mis escritos, ni adaptar ni utilizar por ningún medio auditivo o plataforma alternativa, en parte o completa ninguno de estos.

Con sincero aprecio,

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa