ficción

Historias de Albert y Candy

presenta

Quédate Conmigo

Por Mayra Exitosa

William miraba el atardecer de los paisajes desde su mansión, su mente solo la imaginaba a ella y lo que debió sentir cuando lo vio con Susana, con la que hasta hacia algunos meses pensaba que era el amor de su vida, al final resultaba ser mejor actriz de lo que creía. Más Candy debió estar muy resentida y al escribir su carta se notaba en sus palabras. En esos instantes volvía a sacar desde el interior de su saco el papel doblado que no deseaba soltar hasta aclarar con ella todas sus dudas, "… no sabes lo difícil que ha sido para mí haberme ilusionado, casarme y sentir que lo nuestro podía funcionar… pensé como una niña ilusionada que el príncipe de mis sueños llegaría, tendría un hilo rojo invisible tomado de su dedo, imposible de romper… fue así desde aquel amanecer en el que fuiste a buscarme…me llevaste en tus brazos…imaginaba que el amor verdadero existía… después…fue el más doloroso de todos los sueños que he tenido, incluso soporté haberme quedado sola sin madre a mis cuatro años… Dicen que lo que no te mata, te hace más fuerte, el amor que creí que había nacido entre nosotros me hizo desconfiar, alertarme y despertar cada noche durante semanas, para comprobar que ya no estarías jamás conmigo, sé que cuando regresaste a buscarme fue porque te enteraste de mi embarazo, de no haber sido así, no hubieras llegado a mí, mucho menos dejado a tu amante, ¿la bella actriz?

Esta noche la vi en tus brazos … no sé si vayan a heredar mi mala suerte y pierdan a su madre, por lo que debo encontrar a mi familia…no los dejaran encerrados en un instituto por más de quince años sin ver a nadie… engañándolos para que contraigan un matrimonio obligado como nos tocó a nosotros, sus padres… no olvides que eres libre… estarás siempre en nuestro corazón, les llenare de amor… fui inmensamente feliz cuando nos casamos en aquella preciosa isla del cielo…el amor no se hizo…te regalo tu libertad, sé feliz por ti, por mí… Mirando al exterior extinguiéndose la luz del sol, en una tenue voz baja, se decía a si mismo llorando sobre el papel que dolía leer.

-Mi amor, no puedes creer esto, no te dejaré, hare todo lo que este en mis manos y te recuperaré, te dejare conmigo y me convertiré en ese príncipe que quieres, incluso te pondré ese maldito hijo atado a mí, para no dejarte ir de nuevo, no quiero que te suceda nada malo, si corres riesgos por ese embarazo, no puedo permitir que te sacrifiques por nuestros hijos, te amo a ti y no me importa no ser padre, pero no me dejes sin ti, por favor mi vida, quédate conmigo. Ansiaba tenerla en sus brazos, explicarle, convencerla y hacerla entrar en razón, hasta que deseara quedarse protegida por él, para que supiera que… la amaba. Porque, aunque no lo creía posible, no deseaba estar separado de ella, así tuviera que hacer que los Legan explotaran por las demandas que les haría, tenían que darle sus documentos y hacerla su esposa realmente para que ni sus sobrinos ni los Mc Bride ni nadie pudiera alejarla de su lado.

La tía lo observaba a la distancia, sabía que ese papel que traía era de esa mujer que lo había conquistado y ahora estaba esperando a los futuros herederos de su familia, por lo que se le ocurría hablar con algunas amistades que pudieran tener acceso a los Mc Bride, así ir mañana a que recibiera a su sobrino y pudieran hablar a solas entre ellos, debía verla, saber como era, no podía creer que la loca de los Legan resultara negarse a casarse por un tonto actor y esa mujer que no tenía obligación pudiendo negarse fue más lista y no solo lo acepto sino que se casó con él ante Dios… ¡Ante Dios! ¡Si! eso también lo movería de una vez.

Con cierta desesperación, Albert salía de la mansión fingiendo haberse ido a su habitación, tomaba el auto y aunque lo seguían a discreción sus hombres, este no iba a permitir una noche más sin verla, así se iba rumbo a la mansión Mc Bride.

En Inglaterra Archivald había perdido a su hermano Stear, quien se daba la fuga para que no estuvieran juntos, así este hablaba con algunos amigos y contactos, para ver si conocían a los Mc Bride y donde podía localizar a la joven que su hermano y él estaban seguros de conquistar, más en esos instantes en una charla salina lagunas cosas en tema, - Si Robert, he estado buscando a una amiga, es agradable, pero quiero informarme sobre ella, ya que no la he investigado. - Archie, por lo que me dices sabes bien que los Britter son personas muy conocedoras de buenos contactos, su hija llegó hace un par de semanas a una fiesta en Cambridge, pudiera ponerte en contacto con ella y que nos contara sobre tu amiga. - Sería interesante, me gustaría poder hablar con ella, - Acompáñame al evento de esta noche, ahí la veré y te daré unos minutos para que le preguntes por esa amiga, ¿es de recursos? ¿atractiva? Si al encuentras ¿me la presentarás? - Son muchas preguntas juntas, pero ya veremos capaz y pierdo el interés. La llamada se cortaba y el joven de los Cornwell, se daba cuenta que al investigar bien podía atraer a más interesados, por lo que debía tener cuidado con la información, iría ese evento y vencería a su hermano para saber de la localización de su rubia.

Candy por su parte ya en su habitación habiendo dejado muy inquietos a su abuelo y su tío, ella no podía dormir, había estado en el avión descansando y los horarios estaban a destiempo, por lo que se daba la tarea de ver las cosas de su madre, que su tía le había anunciado, encontrando cartas, las cuales tenían el apellido Mc Connery, incluso el logotipo y otros detalles de este, por lo que se mantenía leyendo una a una, de un amor tan grande que manifestaba Gerald a su madre y que deseaban escaparse de sus familias porque los estaban ahogando.

Afuera el auto de Albert llegaba y daba una señal para que ocultaran el vehículo, para luego irse por los arboles de los alrededores, notando que ahí se les perdía el rubio a sus guardias, solo recibieron la orden que se mantuvieran ocultos. Las habitaciones estaban apagadas, más la ultima ventana en la parte interior de la mansión lucía encendida, y este tuvo que bajar y volverse a subir a otro árbol para averiguar si esa era la habitación que ocupaba su mujer. ¡eureka! Estaba leyendo papeles, lucía muy concentrada, por lo que, desde la rama, bajaba luego tocaba los cristales de la ventana, la rubia giraba asustada para abrir la cortina, encontrando su rostro en el interior de las hojas del árbol - ¡Albert!

El rubio lucía demacrado, y con evidente cansancio en sus ojos, ella abría la ventana a lo que aprovechaba sin decir nada ingresaba y cerraba tras de él. - ¡Candy! Sus largos dedos tomaron su rostro, temblando emocionado, ajustando para besarla, lenta y constante por unos minutos, mientras ella lo ajustaba de su cintura dejado que ambos se saborearan sus bocas a ojos cerrados, luego de unos minutos, apagaba las luces, cerrando la puerta con el pasador y tomando a su mujer en sus brazos, para colocarla encima de sus piernas en la cama. - No me dejes cariño, te dije que no iba a permitir que volviéramos a separarnos. - Albert yo… - No llores, eso te hace mal, tu debes estar tranquila, esa mujer esta en mi pasado, te explique tantas coas, pero tengo mucho más que explicarte, no podemos casarnos sin tus documentos, por eso no quería que te alejaras de mí, los Legan no se saldrán con la suya, ellos nos engañaron, pero deben tener tus papeles y… ¿no me quieres como tu esposo? - Albert, yo… sé que no me amas, y que te obligaron, eso no cambia. - Nos obligaron, nos engañaron, pero agradezco mucho que lo hicieran, porque te tengo a ti, yo… estaba ciego con el engaño de Susana y… solo éramos amantes, me gustaba fastidiar a mi tía con ella, para que no me casaran, luego surgió ese compromiso y… ¡te vi! ¡te besé! Y desde esos instantes… me revelé a lo que me pasaba, no sé como fue, solo sé que… pusiste mi mundo de cabeza desde ese beso y ya no me sentía obligado, estaba herido, molesto, furioso y contigo… todo cambio Candy ¡todo! - ¡Albert!

Besos intensos en la obscuridad, los llevaron a entregarse lentamente, cuestionando si podían hacerlo, si no la lastimaría, si estaba en riesgo con su embarazo, a lo que todo eso, le dio tal ternura a ella, porque él aseguraba y le juraba que la quería y que, si ese embarazo implicaba su integridad o la ponía en riesgo, debían ir con especialistas para tomar decisiones seguras para ella. - No quiero que te pase nada, eres mía, Candy. Y yo… soy también tuyo. Como si eso fuera una declaración de guerra, porque la rubia con eso, le quito la camisa y con una seguridad que no había sentido antes, ahora ella lo empujaba y subía a su pecho yaciendo en su cama. - ¡Mia! - ¡Si!

Continuara...


Gracias por sus amables comentarios, deseando sea de su agrado y avance la historia más continuamente,

Agradecida también por no tomar mis escritos, ni adaptar ni utilizar por ningún medio auditivo o plataforma alternativa, en parte o completa ninguno de estos.

Con sincero aprecio,

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa