・ Notas ・


Nota de autora: Siento la tardanza, pero estuve muy ocupada con la universidad. Espero que disfruten del capítulo aunque sea corto, pronto subiré el siguiente una vez termine de editarlo.

૮₍ᵔ ᵕ ᵔ ₎ა


|・ ʚ 4 ɞ ・|

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[ - iDate-]

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—¡Carly, ya llegué! —anunció Sam al entrar al departamento, dirigiéndose hacia la cocina donde estaba su amiga preparando algo—. ¿Qué estamos haciendo ahora mismo? Mamá puede ayudar a comerlo.

—Buenas tardes a ti también—respondió Carly, mientras continuaba decorando galletas—. Estoy decorando unas galletas María para la merienda. Las tuyas están en el plato rojo de allá. Puedes buscar jugo en el refrigerador.

—Y por eso eres mi mejor amiga—agradeció Sam, buscando el jugo de manzana en el refrigerador. Luego se sentó en la mesa de la cocina para empezar a comer—. Y ustedes vengan con mamá.

—Que buena madre eres que te comes a tus bebés—se burló Carly, pero Sam la ignoró y siguió comiendo.

Cuando Carly terminó de agregar los detalles finales a sus galletas, las puso en un plato y se sentó junto a Sam para comer.

—Y con esto ya terminé—cantó Carly antes de empezar a merendar.

—¿Y qué hay de Spencer? —preguntó Sam, con la esperanza de encontrar más galletas.

—Ya le di las suyas y las que quedan son para Freddie —respondió Carly, adivinando las intenciones de su amiga—. Por cierto, ¿cómo está él? ¿Sabes si llegó bien a casa o si finalmente llamaron a su mamá?

Sam tragó con ayuda del jugo antes de responder—: No, al final la enfermera lo revisó cuando despertó y le dio algunas recomendaciones y demás—explicó, antes de tomar otra galleta—. Y luego volvimos juntos—añadió con la boca llena.

—¿Qué? Traga antes de hablar. No te entiendo.

—Dije que regresamos juntos —explicó después de tragar—. Está en su casa ahora, probablemente comiendo sus vegetales como el buen hijo que es.

—No lo digas así, sabes que no es su culpa tener una madre tan sobreprotectora —replicó Carly. Sam se encogió de hombros—. Volviendo al tema, me alegro de que esté bien. Me preocupé bastante cuando me dijiste que se desmayó y tuviste que llevarlo a la enfermería.

—Yo diría que más bien se "durmió" que se "desmayó". Si se hubiera desmayado, habría despertado a los pocos minutos, pero terminó durmiendo todo el día en la escuela. Casi me da envidia.

—Bueno, desmayado o dormido, debió ser raro para él. ¿Quién duerme todo el día en la escuela? —se preguntó Carly—. No digo que no estuvo bien que durmiera, pero es extraño que no hayan llamado a su mamá.

—Con lo intensa que es esa mujer, no me extraña tanto —opinó Sam, ya aburrida del tema al terminar sus galletas—. Dejando de lado a la mamá gallina de Freddie, ¿vemos a La Vaquita un rato?

—Todavía tengo algunas tareas que completar, pero creo que puedo ver un episodio o dos.

—Tres episodios. Ya está decidido—dijo Sam, dejando sus trastes vacíos en la mesa para ir a lanzarse al sofá.

Carly sonrió ante las ocurrencias de su amiga y terminó de comerse la última galleta en su plato antes de acompañarla al sofá.


Cuando ya iban por el cuarto episodio de La Vaquita (sí, terminaron viendo cuatro), Spencer llamó a Carly desde su habitación. Carly pausó la televisión y le dijo a Sam que regresaría en breve. Sam asintió y buscó su teléfono para revisar si tenía algún mensaje, encontrando dos de Freddie de hace diez minutos.

Freddie: Uno, buenas tardes, Princesa Puckett.

Freddie: Dos, ¿qué prefieres: que compre los batidos y los tomemos en otro lugar más privado (la escalera de emergencias, que puedo acomodar para ambos) o ir al Groovie Smoothie juntos como "amigos"?

Sam: La segunda.

Sam: La primera me suena a mucho trabajo para la primera cita :p

Freddie respondió un minuto después.

Freddie: Mucho trabajo? Pero no tendrías que hacer casi nada. Incluso me estoy ofreciendo a traer los batidos.

Sam: Lo digo por ti, idiota.

Sam: Anduviste caminando como Bambi cuando veníamos de regreso.

Sam: Pero por muy divertido que fue verte haciendo el ridículo, no quiero que te esfuerces de más por hoy. Podrías desmayarte o algo así.

Freddie: Awww. ¿Estás preocupada por mi salud?

Sam: Duh. ¿Quién va a ser mi payaso personal si te mueres, idiota?

Freddie: Yo solo entendí que te preocupas por mí.

Sam: No lo hago.

Freddie: Sí lo haces.

Sam: Noup.

Freddie: Sí lo haces porque en el fondo me aprecias.

Freddie: Y lo sabes.

Sam: Ya me aburriste.

Sam: Me voy a seguir viendo La Vaquita. (Girly Cow)

Freddie: Está bien, ya no insisto.

Freddie: Pero volviendo al tema de la cita, ¿quieres que nos reunamos hoy fuera del lobby (para evitar a Lewbert) o nos vamos juntos desde aquí?

Sam: Porque escribes todo eso como si fueran preguntas de un '¿qué prefieres?' ¿Lo sacaste de una revista o qué?

Freddie: :\

Freddie: Eso no contesta mi pregunta.

Sam: Estaba bromeando, señor amargado. Avísame cuando traigas los batidos a la escalera de incendios.

Sam: ¿Pero estás seguro de que te sientes bien?

Sam: Si te desmayas, te va a cargar tu madre. Primer y último aviso.

Freddie: Siiii, estoy bien. Después de comer, me siento mucho mejor.

Freddie: Pero gracias por su preocupación, su alteza.

Sam: Como sea. Nos vemos en media hora, Sir Freduchini.

Freddie: Sí, señora :)


—¿Con quién estás hablando?

Sam casi saltó del susto, pero al ver que era solo Carly, se relajó y guardó su teléfono en la mochila.

—¡No hagas eso de nuevo! Casi me matas del susto—se quejó Sam, tomando un vaso de jugo de la mesa.

—No lo haré, pero dime, ¿con quién estabas hablando? —preguntó Carly de nuevo, dándole un ligero empujón en el hombro. Sam tragó jugo, tratando de idear una excusa rápida.

—Con mi madre—mintió rápidamente—. Me dijo que no estaría en casa hoy y que me quedara contigo.

—Ay, ajá. ¿Y después de eso te prometió comprarte mucho jamón? Porque te veías muy feliz mientras mirabas tu teléfono.

—¡Exacto! Eres muy astuta—halagó Sam, poniendo su vaso de jugo en la mesa de nuevo para tomar el control remoto—. Terminemos de ver este episodio para que puedas ir a hacer tu tarea.

—¿Y desde cuándo te importa que haga mi tarea?—señaló Carly, quitándole el control remoto para ponerlo en la mesita—. Vamos, Sam. No seas así. ¿Somos amigas, no? Puedes contarme todo. Así que dime, ¿estabas hablando con un chico?

—No quiero.

—Dime.

—Que no quiero.

—Vamos, dime—insistió sacudiéndola.

—Si te lo digo, ¿me darás jamón?

—Afirmativo.

—Está bien. —Sam suspiró, reflexionando sobre qué decir por un momento—. Sí, estaba hablando con un chico.

—¡Lo sabía! —se alegró Carly—. ¿Quién es? ¿Es de nuestra escuela? ¿Es lindo?

—Es privado, sí y más o menos, pero no puedo darte muchos detalles.

—¿Por qué? ¿Es un chico malo? —preguntó Carly con una sonrisa.

La mera idea de asociar a Freddie con un "chico malo" hizo reír a Sam, quien negó con la cabeza.

—Noup. Lo más malo que puede hacer es no comerse sus verduras cuando su mami se lo dice.

Carly se sorprendió un poco por esa respuesta, pero se alegraba de que Sam estuviera interesada en alguien que parecía tener una buena influencia.

—Si no es un chico malo, entonces, ¿por qué tanto misterio?

—Pues… —murmuró Sam, reflexionando antes de responder—. Lo que pasa es que nos conocemos poco—mintió—, y apenas empezamos a ser "algo" más que amigos —dijo, haciendo el gesto de comillas con los dedos—. Así que acordamos no hacer pública nuestra "relación" hasta que estemos más cómodos.

—¿Así que ni siquiera yo puedo saber? —preguntó Carly. Sam negó con la cabeza—. ¿Ni siquiera por algunas albóndigas?

—No, ni siquiera por…. Espera, ¿albóndigas? ¿De cuántas estamos hablando?

—De unas… No sé, creo que había seis o siete en la nevera—dijo Carly—. Entonces, ¿me dirás quién es a cambio de albóndigas?

Ante la oferta de las albóndigas, Sam lo pensó unos segundos, pero decidió no decir nada. Ella fue quien tomó la decisión de mantenerlo en secreto y también hizo una promesa del meñique, así que debía cumplir su parte. De todas formas, solo tenía que averiguar en qué lugar estaban y esas albóndigas serían todas suyas.

—Es que… Simplemente no puedo. Prometimos no decir nada.

—¿Fue una promesa del meñique?

—Sip.

—Está bien. Me rindo. Las promesas del meñique no pueden romperse por nada.

—Ahora estamos en la misma página—sonrió Sam.

—Bien, ya que no puedes decirme quién es, ¿me dirás al menos como es él? —preguntó Carly—. Ya sabes, como es él. Si es amable, paciente, orgulloso…

—Tiene un poco de todo. Especialmente paciencia, así que me gusta irritarlo siem…, quiero decir, de vez en cuando en la escuela—se corrigió, pensando en qué otras características de Freddie podría decir sin que fuera muy obvio que estaba hablando de Freddie—. Es inteligente, más o menos. Le gusta leer y practicar deportes—dijo, mintiendo en lo último—. Además, creo que también le gusta ver las peleas de distintas ligas y eso.

Se encogió de hombros sin saber qué más decir y cuando volvió a mirar a Carly, está la miraba con una sonrisa extraña.

—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara o qué?

—No es eso. Es solo que es lindo verte hablar de alguien normal, parece que te gusta mucho—explicó Carly. Sam se sintió un poco apenada al oír eso.

—Exageras. De gustarme un poco, quizás sí, pero no tanto. No nos conocemos tanto.

—Y si así hablas de él ahora, no me imaginó cómo será cuando lo conozcas en serio.

—¡Carly! —se quejó Sam, escondiendo su cara en un cojín del sofá.

—Vamos. No hay nada de malo en admitir que alguien te gusta mucho. Y si te pones así de seguro debe ser muy lindo, ¿no?—cantó Carly, intentando hacerle cosquillas. Sam se echó hacia atrás y se levantó del sofá, intentando salvar un poco de su dignidad.

—Ups. Mira la hora. Ya tengo que irme. ¿Te importa si uso tu baño? ¿No? Gracias—se excusó Sam rápidamente, tomando su mochila y poniéndose de pie. Se dirigía hacia el baño de Carly cuando su amiga la detuvo.

—Espera un minuto. ¿A dónde irás?

—Pues, a mi casa—aclaró Sam como si fuera obvio. Carly ya sabía que había mentido cuando mencionó a su mamá, así que no valía la pena fingir que se quedaría a dormir.

—Entonces, ¿no irás a verte con tu chico misterioso? —preguntó Carly, mirándola con sospecha.

—Noup. Posiblemente, esté en casa haciendo alguna tarea como el niño responsable que es.

Parecía que esa explicación era suficiente para convencer a su amiga, ya que ella asintió y volvió a sentarse en el sofá.

—Entiendo. Aunque, si tuvieras una cita me hubiera gustado ayudarte a prepararte, pero será para otra ocasión, supongo—concedió Carly—. De todas formas, cuídate y saluda a tu mamá de mi parte. ¡Y no te lleves todas las albóndigas!

—¡No prometo nada!


Unos minutos después de la hora acordada, Sam llegó a la escalera de emergencia. Se sintió un poco fuera de lugar allí, ya que ese había sido el sitio donde ella y Freddie compartieron su primer beso. Ese beso había desencadenado una serie de eventos inesperados. Sin embargo, también se sentía emocionada y nerviosa. Hacía tiempo que no salía con nadie y aún estaba insegura de cómo iría todo con Freddie. Pero, ¿quién no arriesga, no gana? ¿Verdad?

Respiró profundamente y se animó a sí misma, recordándose que solo iba a tomar un smoothie con Freddie y charlar un rato; no a planificar su boda. Cuando se sintió más segura, se acercó a la ventana, sonriendo inconscientemente al verlo sentado en el mismo lugar que la última vez, con su laptop y todo. Solo que esta vez, había preparado una silla para ella y otras cosas.

Sam decidió no perder más tiempo y saludarlo de la forma más Sam posible.

—Hey Benson, ¿dónde está mi smoothie? —preguntó Sam mientras se deslizaba por la ventana y se sentaba en la silla vacía junto a él.

Freddie levantó la vista de su laptop para mirarla con diversión.

—Buenas tardes para ti también—respondió, cerrando su laptop y guardándola en su mochila—. Y yo pensando que quizás, siendo tu novio, recibiría un trato distinto…

Sam estuvo a punto de responder con un "Tenemos tres horas saliendo, no exageres", pero luego pensó que eso sería un poco predecible. Así que se acercó a Freddie y lo miró con cariño.

—Tienes razón, cariño. Disculpa mi descortesía, ¿esto es suficiente para compensarlo? —preguntó, tomando a Freddie por las mejillas y dándole un beso en los labios, el cual él correspondió con gusto—. ¿Así está mejor? —preguntó al separarse.

Freddie fingió pensarlo, pero las mejillas sonrosadas delataban su respuesta.

—Depende. Quizás necesite otro para estar seguro—dijo, inclinándose hacia ella.

—No tientes tu suerte—advirtió Sam, empujando suavemente su cara hacia otro lado por la sugerencia.

—Sí señora—sonrió Freddie, tomando su mano para darle un beso en los nudillos, haciendo que Sam se sonrojara.

Sam retiró su mano y aclaró la garganta, intentando ignorar la mirada adorable que Freddie le estaba dedicando.

—Entonces, ya que nos saludamos y todo, ¿me darás mi batido?

—Sí y no. Porque la verdad es que no te traje uno—confesó Freddie, buscando algo a su lado.

La sonrisa de Sam se desvaneció.

—¿Qué? Pero dijiste que...

—Te traje dos batidos—continuó Freddie, dejando a Sam sin palabras ante la sorpresa.

—Em, gracias—respondió Sam, sintiéndose extraña por el gesto. Freddie solía ser cuidadoso con el dinero, y este cambio repentino la halagaba y desconcertaba—, pero no tenías que comprarme dos.

—No es nada. Solo quería tener un gesto contigo, en serio.

—Yo también lo digo en serio. No tienes que comprarme cosas de más porque ahora somos "algo". Sé lo quisquilloso que te pones con el dinero de tu madre y eso.

—Lo sé, pero quería tener este gesto contigo hoy, como nuestra primera cita. Así que no te preocupes, a partir de mañana será más difícil que me hagas pagar cosas por ti—le aseguró Freddie, tomando un sorbo de su propio batido.

—Más te vale. Aunque tampoco te pases de tacaño, ¿eh?

—Cómo diga su alteza—sonrió Freddie—. Pero, todavía tengo una pregunta.

—Adelante.

—Ya que no quieres que te compre nada sin que me lo pidas, me estaba preguntando... ¿Qué debería hacer con esto? —cuestionó, suspirando mientras sacaba una bolsa de tocino de la mochila, haciendo que a Sam se le hiciera agua la boca al verlo—. Supongo que tendré que dárselo a mi mamá, ya que no lo quieres.

—En tus sueños. Lo que se regala no se devuelve—dijo Sam, tomando la bolsa de tocino por su cuenta. Aspiró su aroma un momento y luego le dio un beso a la bolsa—. No tienes idea de cuánto te amo.

—¿Me lo dices a mí o al tocino? —preguntó Freddie sonriendo.

—Al tocino, obviamente.

—Ouch. Creo que le bajaste dos rayitas a mi orgullo.

—¿Tenías uno?

—Las chicas que son rudas conmigo no tendrán más tocino—tarareó Freddie, sacando otra bolsa de tocino de su mochila antes de tomar otro sorbo de su batido.

Sam dejó los batidos a un lado y luego se inclinó hacia Freddie con una sonrisa astuta.

—¿Y las que te dan un beso a cambio? —preguntó, sin apartar la mirada de él.

—Esa es una oferta que no puedo rechazar —respondió él antes de cerrar la distancia entre ellos una vez más. Cuando se separaron, Freddie sonrió y le entregó la bolsa de tocino—. Toma, es toda tuya.

—Retiro lo que dije, puedes comprarme todo el tocino que quieras—comentó Sam, dándole un último beso en la mejilla antes de empezar a comerse el tocino.

Freddie sonrió al verla feliz y continuó tomando su propio batido. Siendo sincero, también estaba de acuerdo con Sam en que tal vez había sido demasiado impulsivo al comprarle tantas cosas. Sin embargo, mientras la veía disfrutar del tocino y del batido, no pudo evitar sentir que había tomado la decisión correcta.

(También se sentía un poco asqueado porque, ¿quién come tocino y toma batido al mismo tiempo? Pero considerando que fue él quien le compró ambas cosas al mismo tiempo, no tenía motivos para quejarse con ella. Además, había recibido tres besos de Sam, su novia. No tenía motivos para quejarse).

—Oye, Fredward. ¿En qué piensas? —dijo Sam con la boca llena de tocino.

—Primero traga antes de hablar, no entiendo nada —le dijo Freddie, buscando toallitas húmedas en su mochila para ofrecerle algunas. Sam tragó con ayuda del batido y luego se limpió la boca con una de las toallitas.

—Te preguntaba qué tanto estás pensando.

—En lo bonita que eres—respondió Freddie sin pensar, asombrándose más a sí mismo que a Sam. No sabía que podía ser tan coqueto, pero siempre que estaba con ella descubría cosas nuevas de sí mismo.

Sam le dio un empujón en el hombro, sin parecer sorprendida por su comentario.

—Muy gracioso, Romeo, pero en serio. ¿En qué tanto piensas? —preguntó antes de volver a comer.

—En nada importante, la verdad.

—¿De verdad? —preguntó con la boca llena.

—Ajá—contestó Freddie, pasándole otra servilleta que ella tomó—. Oye, casi lo olvido, pero tengo un juego de mesa y unas barajas en mi mochila. Por si quieres jugar cuando termines con el tocino.

«Realmente pensó en todo» reflexionó Sam, sintiéndose un poco especial. Aunque estaba cansado, Freddie estaba haciendo un esfuerzo para que ella lo pasara bien. Se preguntó brevemente si debería hacer algo especial para mostrarle su agradecimiento, tal vez sorprenderlo con una memoria o algunos audífonos que le gustaran.

—Claro. ¿Qué trajiste?

—Bueno, traje un juego de cartas clásico y también un juego de parche. Yo estoy bien con cualquiera así que tú eliges—respondió Freddie, sacando los juegos de su mochila y colocándolos sobre la mesa.

—El de cartas está bien.

—Perfecto. Entonces…—sacó las cartas de la baraja y empezó a barajarlas—. ¿Quieres jugar tres y dos o estás lista para perder en una partida de póker?

—Póker. Y haré que te tragues tus palabras Benson—le retó Sam, guardando el resto del tocino en su propia mochila—. Porque mamá juega para ganar.

—Eso ya lo veremos, Puckett.

Su primera cita resultó ser más sencilla de lo que habían planeado, pero ambos lo preferían así.


En el próximo capítulo, veremos como Sam y Freddie intentan llevar a cabo una relación en secreto. Pronto descubrirán que no es tan sencillo como parece, especialmente cuando todos piensan que odias a esa persona.