Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Broken Whispers" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 1

Presente

Ben

El sonido de mis zapatos resuena en la antesala vacía del Teatro de la Ópera de Chicago, mezclándose con las débiles notas iniciales de El lago de los cisnes provenientes del pasillo de la izquierda. Con el ballet ya comenzando, la entrada está desocupada. Asiento con la cabeza al tipo de seguridad, luego giro y sigo el largo pasillo hacia las puertas dobles de madera en el otro extremo, donde un cartel colgado en la pared atrae mi atención.

Han cambiado la foto. La anterior mostraba a toda la compañía en medio de un salto grupal, tomada de lejos para que se viera todo el escenario; pero la nueva muestra solo a una bailarina, la toma centrada. Doy un paso más cerca hasta que estoy de pie justo frente a la imagen. Sin pensarlo conscientemente, mi mano se eleva y traza los contornos de su rostro: sus pómulos afilados, su boca de flor de cerezo, bajando por su cuello esbelto, luego volviendo a subir sobre el contorno de sus ojos, que parecen mirarme directamente. Las grandes letras en la parte superior del cartel anuncian el espectáculo de esta noche como su última actuación. Parece que la temporada se está cerrando.

A veces me imagino acercándome a ella, tal vez después de uno de sus shows. Intercambiaríamos unas palabras y la invitaría a cenar. Nada lujoso, quizás esa acogedora taberna en el centro de la ciudad. Tienen el mejor vino y... miro mi reflejo visible en el vidrio que cubre el póster, e instantáneamente retiro mi mano, sintiendo que mi toque de alguna manera la contaminó. Supongo que esto es lo más cerca que alguien como yo, tan horrible por dentro y por fuera, debería estar de tal perfección.

Abro con cuidado la gran puerta de madera y en silencio me deslizo dentro. Con la única fuente de luz proveniente del escenario, el espacio es bastante oscuro, pero aun así me mantengo en la parte de atrás donde la oscuridad es más espesa. He sido extremadamente cuidadoso al perseguir mi obsesión, siempre asegurándome de llegar después de que comience el espectáculo y marcharme antes de que termine. Es mejor mantener un perfil bajo. Decir que no me mezclo con la multitud sería poco.

Mi apariencia nunca me ha molestado realmente. En mi línea de negocio, cuanto más aterrador parezcas, más fácil es hacer que la gente hable. A veces, lo único que necesitaba era entrar en la habitación y soltaban todo lo que sabían. Mi reputación también ha ayudado.

Encontrar alguien adecuado para coger solía ser complicado, aunque eso no tenía nada que ver con mi cara. Muchas mujeres de nuestro círculo estaban ansiosas por atraer al Carnicero de la Bratva a su cama, pero se volvían significativamente menos entusiastas cuando les presentaba las reglas: solo quitarse la ropa suficiente para lograr el trabajo, estrictamente por detrás y sin toque de ningún tipo.

Los demás tuvieron diferentes reacciones. La mayoría tendían a evitar mirarme directamente. A otros les gustaba mirar fijamente. Estaba perfectamente bien con cualquier enfoque.

Entonces, ¿por qué diablos me molesta ahora? ¿Por qué me escondo en rincones oscuros, acechando a esta chica que solo he visto de lejos, como un psicópata? Todavía estoy debatiendo mi cordura cuando comienza el tema del solo de violín y mis ojos vuelven al escenario. No sé nada de música, sin embargo, no me he perdido ninguno de sus shows en meses, y ya reconozco exactamente cuándo llega su entrada. Cuando mi mirada la encuentra deslizándose hacia el centro del escenario, siento que se me corta la respiración en el pecho.

Ella es una visión, girando a lo largo del escenario con su falda larga de gasa, y estoy hipnotizado mientras sigo cada uno de sus movimientos. Su cabello castaño oscuro está recogido en la nuca, pero en lugar de hacerla lucir severa, el estricto peinado solo acentúa sus perfectas facciones de muñeca. Es como un pajarito, elegante y frágil, y Dios... tan dolorosamente joven. Me apoyo en la pared detrás de mí y niego con la cabeza. Si no salgo de esta insensatez, me volveré loco.

Después de que termina su parte, me voy, más en lugar de ir directamente a la salida, me desvío hacia la mesa grande cerca de la puerta tras bastidores. Está repleta de arreglos florales que los visitantes han dejado para ser enviados a los camerinos de los bailarines. Es una situación extraña, pero funciona para mí. Como siempre, dejo una sola rosa y me dirijo a la salida.


Ángela

—Tu padre quiere hablar contigo —dice mi madre desde la puerta.

La ignoro y envuelvo el último de mis vestuarios en papel blanco fino, siguiendo con mi dedo la falda de tul a lo largo de su longitud. Luego, lo coloco en la gran caja blanca que está sobre mi cama, donde ya guardé el resto de mis atuendos escénicos y le aseguro la tapa. Todo lo que queda de mi carrera como bailarina profesional, en un closet, a punto de recoger polvo. Nunca esperé que terminara tan rápido. La estrella del Teatro de la Ópera de Chicago, quien ascendió al puesto de bailarina principal en su compañía a los dieciséis. Ahora jubilada con apenas veintiún años. Quince años de arduo trabajo acaban de desaparecer debido a una estúpida lesión. Cuando me giro para colocar la caja en el fondo del armario, quiero llorar, no obstante, evito que las lágrimas caigan. ¿Cuál es el punto de todos modos?

—Está en su oficina —continúa mi madre—. No le hagas esperar, Ángela. Es importante.

Espero a que se vaya, luego me dirijo hacia la puerta solo para detenerme frente a mi tocador y mirar el jarrón de cristal que contiene una sola rosa amarilla. Por lo general, dono al hospital de niños todas las flores que recibo después de una actuación. Esta es la única que conservo. Extiendo la mano y sigo el tallo largo sin espinas envuelto en una cinta de seda amarilla con detalles dorados. Me han dejado una después de cada actuación durante los últimos seis meses. Sin mensaje. Sin firma. Nada. Bueno, esta es la última que tendré.

Salgo de mi habitación y bajo las escaleras hasta la parte más alejada de la casa donde se encuentran las oficinas de mi padre y mi hermano. El dolor sordo en mi espalda casi se ha ido ahora, pero dejé de engañarme a mí misma de que era solo algo pasajero hace meses. Nunca más podré soportar prácticas de seis horas, cinco días a la semana.

La puerta de la oficina de mi padre está abierta, así que entro sin llamar, la cierro detrás de mí y me paro frente a su escritorio. No reconoce mi presencia, solo sigue garabateando notas en su agenda de cuero. Charles Swan nunca reconoce a las personas que considera por debajo de él un segundo ante de lo que siente adecuado. Le gusta verlos nerviosos mientras practica su poder sobre ellos. Desafortunadamente, nunca me importaron una mierda sus juegos de poder, así que me siento en la silla frente a él sin una invitación y cruzo los brazos sobre el pecho.

—Por lo que veo, mala conducta, como siempre —agrega sin levantar la cabeza del organizador—. Me alegra que tu desobediencia pronto se convertirá en el problema de otra persona.

Los latidos de mi corazón se aceleran ante sus palabras, sin embargo, controlo mis rasgos para no mostrar ninguna reacción. Mi padre es como un depredador, esperando que su presa muestre debilidad para poder atacar, apuntando a la yugular.

—Estamos firmando una tregua con los rusos —explica y me mira—. Y te vas a casar con uno de los hombres de Hale la próxima semana.

Me toma unos segundos recuperarme de la conmoción, luego miro a mi padre directamente a los ojos y digo:

—No.

—No era una pregunta, Ángela. Ya está todo acordado, una hija de un capo para uno de sus hombres. Felicitaciones cara mia. —Una sonrisa venenosa se extiende por su rostro.

Agarro una hoja de papel y un bolígrafo de su escritorio, escribo rápidamente las palabras y se las paso. Mira la nota y rechina los dientes.

—¿No puedo obligarte? —se burla.

Empiezo a ponerme de pie, pero él se inclina hacia mí, me agarra del brazo y me da una bofetada en la cara con tanta fuerza que mi cabeza se tuerce hacia un lado. Me zumban los oídos, más respiro hondo, me vuelvo hacia mi padre de nuevo y lentamente tomo el papel de donde lo tiró al otro lado del escritorio. Enderezo los bordes del papel, lo coloco sobre el escritorio frente a él, señalo con el dedo las palabras escritas allí y me dirijo hacia la puerta. No me casaré, especialmente con un bruto ruso.

—Si no lo haces, les daré a Bella.

Sus palabras me detienen en seco. No se atrevería. Mi hermana pequeña solo tiene dieciocho años. Todavía es una niña. Me doy la vuelta, miro a mi padre a los ojos y lo veo. Él lo haría.

—Veo que eso llamó tu atención. Bien. —Señala la silla que acabo de desocupar—. Regresa aquí.

Los cinco pasos que doy hacia esa silla son probablemente la segunda cosa más difícil que he hecho en mi vida. Mis pies se sienten como si estuvieran hechos de plomo todo el camino de regreso.

—Ahora, ya que eso está resuelto, algunos puntos: serás una esposa dócil y obediente para tu esposo. Todavía no sé quién será, aunque no importa. Lo importante es el hecho de que será alguien del círculo íntimo de Hale. —Lo observo mientras se recuesta en su silla y toma un cigarro de la caja que tiene frente a él—. Controlarás tu temperamento, dejarás que te coja todo lo que quiera y te asegurarás de que confíe en ti. Probablemente te subestime, como suele hacer la gente cuando se entera de que no puedes hablar, y comenzará a confiar en ti, balbuceará sobre negocios. —Apunta su cigarro en mi dirección—. Recordarás todo lo que dice, cada detalle sobre cómo están organizados, qué rutas usan para la distribución, todo lo que pueda mencionar. —Abriendo un cajón en su escritorio, saca un teléfono desechable y lo desliza a través del escritorio hacia mí—. Me enviarás un mensaje con todo lo que aprendas. Cada detalle ¿Entiendes, Ángela?

Todo tiene más sentido ahora. Qué arreglo tan perfecto ha hecho: deshacerse de su hija problemática y quedar bien con el Don sacrificando a una de sus hijas a la Bratva, todo mientras se asegura de que sea él quien obtenga la información privilegiada sobre los rusos. Brillante, de verdad.

—¡Te hice una pregunta! —revira.

Inclino mi cabeza hacia un lado y lo miro, deseando tener un arma e imaginándome apuntándola entre sus ojos y apretando el gatillo. No fallaría. A lo largo de los años, mi hermano se ha asegurado de que mi puntería sea impecable llevándome en secreto con él a sus prácticas de tiro. No estoy segura de tener las agallas para matar a mi padre, pero imaginarlo definitivamente se siente bien.

Asiento con la cabeza, recojo el teléfono del escritorio y salgo de la oficina, viendo su sonrisa satisfecha por el rabillo del ojo. Que crea lo que quiera. Puede que me case con alguien en la Bratva, sin embargo, lo hago por mi hermana, no porque él me lo haya ordenado. Y no estoy jugando a su espía. No me moriré por su culpa, otra vez.


Ben

Cuando Jasper Hale, Pakhan de la Bratva, entra al comedor, todos se paran y se quedan de pie hasta que él se sienta a la cabecera de la mesa. Apoya su bastón en su silla y asiente para que nos volvamos a sentar. La primera silla a su derecha permanece vacía. Su esposa probablemente se siente mal otra vez. Pensé que las mujeres embarazadas solo tenían náuseas por la mañana, pero según lo que escuché en la cocina, Alice Hale ha estado vomitando sin parar durante semanas.

Jasper se vuelve hacia la sirvienta y señala con la cabeza hacia la salida.

—Vete y cierra la puerta, Valentina. Te llamaré cuando hayamos terminado.

Asiente rápidamente y sale corriendo de la habitación, cerrando las puertas dobles detrás de ella. Parece que hablaremos de negocios antes de la cena. Jasper se recuesta en su silla, y me pregunto qué tipo de bomba lanzará hoy sobre nosotros. La última vez que nos llamó a todos, nos informó que se casó en secreto dos días después de conocer a su esposa.

—Como ya saben, estamos pidiendo una tregua con los italianos — comunica—. Ellos aceptaron mis términos, yo acepté los suyos, y lo único que queda es organizar una boda para sellar el trato. —Levanta las cejas—. Entonces, ¿a quién le gustaría ser voluntario para ser el novio afortunado?

Nadie dice una palabra. No organizamos matrimonios arreglados en la Bratva. Eso siempre fue algo italiano, y nadie quiere cargar con un caballo de Troya. Eso es lo que sería la mujer, y todo el mundo lo sabe. Me pregunto a quién elegirá. No seré yo, porque Jasper conoce mis problemas demasiado bien. Tampoco será Felix. Nadie en su sano estado mental confiaría en ese lunático con una tostadora, y mucho menos con un ser humano. Paul es demasiado viejo, así que apuesto por Ron o Bill.

—¿Qué?, ¿nadie quiere a una linda chica italiana? Tal vez esto les ayude a cambiar de opinión. —Mete la mano en el bolsillo de su chaqueta, saca una foto y se la pasa a Paul—. Ángela Swan, la segunda hija del capo italiano Charles Swan, y hasta hace poco, la bailarina principal del Teatro de la Ópera de Chicago.

Siento que mi cuerpo se queda inmóvil. No es posible.

—Ellos realmente quieren esta alianza. —Jasper sonríe—. La mujer más hermosa de la mafia italiana está disponible.

Paul le pasa la foto a Emmett, cruza los brazos sobre el pecho y mira a Jasper.

—¿Cuál es el truco?

—¿Por qué crees que habría una trampa?

—Los italianos nunca darían a la Bratva a la hija de un capo, especialmente a una que se ve así. No importa cuánto quieran una alianza. Debe haber algo mal con ella.

—Bueno, hay una pequeña situación, pero prefiero llamarlo un bono. — Jasper sonríe.

Tomo la foto que me pasa Emmett y la miro. Es aún más hermosa con su cabello suelto enmarcando su rostro perfecto, mientras que sus ojos castaños claros sonríen a la cámara. Rechinando los dientes, le paso la foto a Bill. Solo pensar en que uno de mis compañeros la tenga hace que una ola de rabia me invada, y agarro los brazos de la silla con todas mis fuerzas, para no terminar golpeando algo.

Bill mira la imagen, sus cejas se levantan, luego le da un codazo a Dolohov y le pasa la foto.

—No parece... extremadamente italiana. —Dolohov asiente a la foto en sus manos—. Pensé que todas las chicas italianas tenían el cabello claro. ¿Fue adoptada?

—No. La abuela materna era latina —agrega Jasper.

Felix es el siguiente, pero solo le pasa la foto a Ron, sin siquiera mirarla.

—Diablos, ella está buena. —Ron silba y sacude la cabeza—. ¿Tienes otra foto? Preferiblemente con menos ropa.

Concentrándome en la pared frente a mí, aprieto la silla aún más fuerte, tratando de controlar el impulso de levantarme y golpear a Ron en la cara o hacer algo peor, como reclamarla para mí. Ron sigue mirando la foto, y por un momento me lo imagino colocando sus manos sobre ella y mi control se desintegra en una fracción de segundo.

—La tomaré —indico.

El silencio absoluto llena la habitación mientras todos los ojos se enfocan en mí, sorpresa e incredulidad visibles en cada rostro. Me dirijo a Jasper quien me mira con las cejas levantadas.

—Un desarrollo interesante —agrega—. Estaba planeando dársela a Ron si nadie se ofrecía como voluntario. Es el más cercano a su edad.

—Bueno, él no la va a obtener.

—Todavía no has oído la trampa, Ben. Podrías cambiar de opinión.

—No cambiaré de opinión.

—Bien. —Jasper se encoge de hombros y toma un sorbo de su bebida—. Entonces está decidido.

La cena transcurre en silencio, lo cual es inusual. En lugar de charlas de negocios y risas aquí y allá, esta noche, todos parecen estar preocupados por su comida, sin embargo, noto que los muchachos me lanzan miradas de vez en cuando. Probablemente se estén preguntando qué me pasa por reclamar a la chica italiana para mí, pero no me importa lo que piensen. Ella es mía, pase lo que pase.

Después de que termina la comida, Jasper me señala con la cabeza y lo sigo por el largo pasillo hasta su oficina. Se sienta en el sillón reclinable en la esquina mientras permanezco de pie y me apoyo en la pared detrás de mí.

—Tiene veintiún años. Eres demasiado viejo para ella, Ben.

—Diez años no es mucho. Eres once años mayor que tu esposa.

—Tengo una personalidad extremadamente juvenil —se burla.

—Seguro.

—Tan elocuente como siempre. —Niega con la cabeza—. Apenas es una adulta. ¿Qué harás cuando ella empiece a molestarte para que salgas todas las noches? ¿Qué pasa si quiere ir de fiesta y tienes que decirle que tienes que trabajar? Tendrás que llevarla a ver películas para adolescentes todas las semanas. Incluso Alice ama esa mierda. Puedo pedirle que te envíe algunas recomendaciones, ¿sabes?

—Gracias. Pero paso.

Jasper suspira y se recuesta.

—Las chicas de su edad quieren un hombre que hable más de cinco oraciones al día, Ben. Esperan besos, caricias. ¿Pensaste en eso?

—Haremos que funcione.

Silencio. Solo me está mirando con la cabeza inclinada hacia un lado, y sé exactamente lo que está pensando.

—Ella no es una de tus cogidas habituales. ¿Cómo esperas que una chica de veintiún años trate con tus... problemas?

—No tendrá que hacerlo. Me ocuparé de mis problemas yo mismo.

—¿Ah? ¿Cuándo fue la última vez que tocaste voluntariamente a alguien que no fuera Lena?

Lo miro sin responder. No porque no quiera, sino porque no lo puedo recordar.

—Me ocuparé de eso, Jasper.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—De acuerdo entonces. —Suspira y continúa—: Sabes que probablemente nos estará espiando e informará a los italianos. Estás a cargo de la mayoría de nuestras operaciones de drogas, así que necesito que tengas mucho cuidado con lo que dices frente a ella. Además, asegúrate de eliminar toda la información confidencial de tu oficina en caso de que decida husmear cuando no estés allí.

—Lo haré.

—Hay una cosa más que debes saber sobre ella, y si decides cambiar de opinión, se la daré a Ron.

—No cambiaré de opinión.

—No habla, Ben.

Me pongo rígido y miro a Jasper, sin saber si lo escuché bien.

—No puede ser sorda —digo—. Es una bailarina.

—No es sorda. Hubo un accidente automovilístico cuando era una adolescente. No tengo ningún detalle. Es todo lo que Swan compartió.

—¿Cómo se comunica?

—No tengo ni idea. Escribe en un cuaderno o en lenguaje de señas, supongo. ¿Aún estás interesado?

—Sí.

Jasper levanta una ceja, pero no comenta mi decisión.

—¿Quieres que organice una reunión antes de que hagamos la boda?

Siento que me quedo quieto.

—No.

—¿Por qué? —indaga, como si no supiera ya la respuesta a esa pregunta—. Ella no puede decir que no. Ya está todo arreglado.

—Sin reunión.

Jasper me mira, luego niega con la cabeza

—Vamos a organizar la boda, entonces.