Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra está escrita sin fines de lucro. One-shot para participar en la dinámica #RanKaneWeek de la página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma con el tema "Solo un roce."
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Estaba sentada en su cama, escuchando los latidos de su corazón acelerados. Pensaba en todo lo que estaba por hacer. El miedo, los nervios, la timidez y el deseo la estaban consumiendo lentamente, como si fuesen una dulce tortura. Tocó sus mejillas, corroborando que su cara ardía. Pero era hoy o nunca. Apretó sus puños, intentando darse ánimos y disipar la vergüenza por lo que haría.
Ese día sería el indicado.
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¡Tócame ya, bobo!
Día 2, Tema: Solo un roce.
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Akane nunca había sido una chica a la que le importara el contacto físico, es decir, la única persona que a ella le interesaba pero de una manera nada escandalosa era el doctor Tofú. Y claro, con la tierna edad en la cual se fijó en aquél adulto, era muy inocente y nunca pensaba con malicia sobre el contacto físico.
Pero luego llegó la pubertad. Esa época incómoda y llena de muchas dudas. Ciertamente, la educación que había recibido en la escuela no era suficiente, pero hablarlo en casa era un asunto muy pesado. Aún recordaba como es que Soun intentó hablar con ella sobre la importancia de las relaciones sexuales. Ese día en el que le enseñó todo con un plátano no se le olvidaría. Durante la pubertad experimentó los cambios físicos clásicos de una mujer. Tuvo su primer periodo y su cuerpo empezó a desarrollarse. Los pechos empezaron a crecer, y su cintura se estrechó. Sus caderas aumentaron su volumen, y el trasero se volvió más firme. Claro está que, al entrenar artes marciales desde niña, era más que obvio que estos cambios se verían potenciados.
Pero, así como llegaron los cambios físicos, también lo hicieron en su entorno. A partir de los catorce años los chicos comenzaron a pretenderla. La asediaban en todas partes, esperaban que ella les regalara chocolates en San Valentín, y aún si ellos no los recibían, Akane tenía muchos que le mandaban en el White Day. Tan solo recordar las mil y un formas en las que era acosada le revolvían el estómago.
Por si no bastara, tenía que aparecer Kuno Tatewaki, el compañero de su hermana Nabiki. El idiota había quedado prendado de ella en una visita al dojo, y al día siguiente reunió a media escuela para anunciar que quien la derrotara en combate sería quien saliera con ella. Bueno, si, gracias por considerar sus sentimientos.
Ninguno de esos bobos sabía que su corazón ya tenía un dueño, y era el doctor Tofú. Un médico apuesto, cordial, amable hasta el tuétano y bastante sabio. Ella pensaba en que, algún día, podría tomar su mano y ser su esposa. Aunque, claro, siempre estuvo Kasumi en medio de toda esa situación. Le dolía, sin embargo, ella nunca se rindió para llamar la atención del doctor.
Y aún así, como una broma cruel del destino, apareció en su casa una persona que lo cambiaría todo. Al principio fue una experiencia horrible. Chico conoce a chica, chica conoce a chica. Luego, en el baño, la chica que era chica había resultado ser un chico totalmente desnudo en una bañera. Pero, a pesar de todo el caos debido a la primera vez que se conocieron, las cosas buenas llegaron a su vida.
Gracias a ese molesto extraño ella fue capaz de superar su amor platónico por el doctor Tofú. Y entonces, la barrera que puso entre el sexo masculino y ella empezó a desaparecer. De repente, el chico dejó de ser molesto para ella, y poco a poco su corazón empezó a latir nuevamente por alguien, está vez era por él.
Ranma Saotome se había convertido en su confidente, en la persona en la que ella podía contar. Por aquél muchacho de trenza dejó de ver el contacto físico como algo asqueroso. Y era gracias a él, que se dió cuenta de que no todos los chicos eran igual de sucios y malos.
Después de años conviviendo con ese nuevo ángel que conoció, por fin tuvieron la dicha de iniciar una relación. Con una gran sonrisa, Akane recordaba como es que él le confesó lo que sentía por ella. Todo pasó durante la sorpresiva boda de Kasumi con el doctor. Ambos ya tenían dieciocho años, y estaban a nada de pasar a la universidad. Con una torpeza característica en el joven de trenza, le confesó a Akane todo mientras bailaba una pieza musical con ella.
La noche más mágica que había vivido, definitivamente. Las mejillas se le ponían coloradas de tan solo recordar el primer beso tan inocente que compartieron en ese momento. Los labios del chico se sentían como las mismísimas nubes, como si ella fuese acariciada por una suave y reconfortante brisa fresca en un día caluroso.
Lo único que restaba ahora era encargarse de la manada de pretendientes que ambos poseían. Para desgracia de ambos, no lo entendieron al principio. Hubo múltiples veces en las que Ranma tenía que cargarla entre sus brazos para huir de ellos lo más rápido que pudieran. Y hablando de, no podía dejar de pensar en los roces.
Roces. Toda su vida había pensado que los roces eran algo asqueroso, algo que parecía ser pecaminoso y que te garantizaba un boleto al mismo infierno. Sin embargo, con Ranma eso no parecía así. Al inicio si que le era incómodo que él la cargara en brazos, o que incluso le tomara del brazo. Pero al pasar del tiempo esas ideas se le fueron yendo de la cabeza. Ahora, a sus diescinueve años, no podía dejar de pensar en sus manos tan suaves al contacto con su piel. Cada vez que la cargaba, ella sentía cosquillas en su abdomen bajo, las mariposas salían de su jaula embravecidas, y el calor corporal le aumentaba considerablemente, como si el verano llegase a su cuerpo
En una plática con sus amigas, obtuvo la respuesta a lo que le estaba sucediendo. Ella empezaba a traspasar el amor inocente, y comenzaba su metamorfosis al amor apasionado. Si, lo que sentía era deseo. Ella deseaba que él la tocara de otra manera, tanto delicadamente como rudo. Deseaba tan solo un roce por parte de Ranma, pero claro, era mucho pedir para un alma tímida como la del muchacho.
Y luego, intentó de muchas maneras incentivar ese tipo de acercamientos con él. Porque, aunque ya llevaban un año saliendo formalmente, no habían pasado más que de los besos inocentes, los abrazos y el pasear con las manos juntas. Y es que cada vez que ella intentaba volver el beso más profundo y apasionado, el la detenía.
¿Estaba siendo muy exigente? ¿O es que acaso Ranma no la deseaba como ella quería?
Todo ese cúmulo de inseguridad empeoró cuando, en una plática con Akari, la novia de Ryoga, salió a relucir el hecho de que ambos ya habían tenido su primera vez juntos. La chica entrenadora de cerdos no fue muy explícita con todo, pero Akane no pudo evitar sentir envidia. Sus amigas también ya habían tenido su primera vez, Kasumi ya estaba embarazada del doctor, vamos, hasta supo que Nabiki tenía una relación casual con un compañero de su facultad. Y ella simplemente estaba ahí, esperando a que él le brindará tan solo un roce. Era deprimente.
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—Es una pena que no puedan acompañarnos.— Dijo Nodoka ayudando a meter las maletas en el compartimiento de la nueva camioneta que Nabiki consiguió como una ganga.
—Lo sé, mamá. Pero realmente estamos muy cansados. Esos estúpidos exámenes nos jodieron las neuronas.— Recalcó Ranma, bostezando ligeramente.
—Esa lengua, hijo.— Regañó la matriarca Saotome. A veces le costaba trabajo hacer la vista gorda al mal vocabulario de Ranma.
—Ya quedó todo acomodado.— Avisó Genma, sobando su espalda para intentar aliviar el dolor que sintió por el esfuerzo de cargar maletas y apilarlas en la cajuela. Ya no tenía la misma condición física, de eso estaba seguro.
—Akane, Ranma, confío en que cuidarán bien la casa.— Anunció Soun con severidad.
—No te preocupes, papá. Todo estará bien.— Akane intentó convencer a su padre, sin embargo, no esperaba la advertencia que les haría enseguida.
—Ranma, por favor, respeta a mi hija. Recuerden que aún no están casados formalmente, así que nada de cosas raras.
Ambos chicos se sonrojaron. Ranma asintió repetidamente, nervioso y con la timidez impresa en su rostro. Akane solamente pensó para si misma que su padre tenía que estar tranquilo, porque no estaba pasando nada de ese estilo entre ellos.
—Vamos, señor Tendo. Los dos son jóvenes, y mi hijo se ve que es un chico muy varonil. Déjelos disfrutar de su relación.— Añadió Nodoka, logrando que los dos chicos se colorearan aún más.
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El reloj del comedor ya estaba marcando las diez de la noche. Ambos se encontraban sentados uno al lado del otro, mirando la televisión sin emitir ni una sola palabra, dejando que el cómodo silencio entre ellos se instalara. Akane miró un poco aburrida el programa que estaban emitiendo, era uno de esos dónde exponían casos paranormales en video. Aunque ella era asustadiza cuando era más joven, con el paso de los años se le fue quitando el miedo a los fantasmas. Ahora ella ya no se asustaba tan fácilmente, aunque no podía evitar sobresaltarse cada vez que enfocaban un supuesto espectro en los videos que proyectaban. Miró de reojo a Ranma. Lo encontró con la misma expresión de aburrimiento.
—Me está aburriendo esto.— Soltó ella, intentando disipar los nervios por lo que planeaba hacer.
—Tienes razón. Voy a cambiar de canal.
En cuanto apretó el botón de siguiente, la televisión mostró en su pantalla una película de comedia romántica. Era una producción local, Akane reconoció a una de las actrices porque Yuka y Sayuri no dejaban de hablar sobre como su actuación era impecable. Notó que Ranma iba a cambiar de canal nuevamente, pero se adelantó a él y tomó su mano. —Espera. Quiero ver esto.
El de trenza la miró, entre curioso y apenado. —Pero es una comedia romántica de esas cursis y empalagosas.
—Por favor.— Le suplicó, poniendo su mejor cara. Ella sabía que era la debilidad de Ranma, por lo que su truco le funcionó perfectamente.
Ranma no pudo evitar sonrojarse al notar lo linda que se veía poniendo ojos de cachorro. —De acuerdo.— Debería de estar acostumbrado a la cercanía con Akane, pero siempre le ganaba la timidez y terminaba siendo el manojo de nervios y sonrojos que ahora mismo se presentaba.
Akane sonrió satisfecha. Se acercó a él y enroscó su brazo derecho con el izquierdo de Ranma. Luego reposó su cabeza en el hombro del joven, notando la comodidad del cuerpo del de trenza y pudiendo apreciar como el corazón del chico latía en exceso. Suspiró ligeramente. El clima caluroso del verano conllevaba a que ambos estuvieran ligeros de ropa, y eso lo agradecía, pues la vista de Ranma con aquella camiseta sin mangas color negro valía oro puro para ella. Sin embargo, a pesar de estar cerca de él, no le bastaba. No, ella lo necesitaba aún más cerca. Desde hace mucho tiempo que llevaba deseándolo, cada vez que lo veía entrenar se detenía a repasar una y otra vez su cuerpo. Los músculos tan trabajados, y las manos tan fuertes provocaban que su imaginación volará febril. Trató de prestar atención a la pantalla frente a ellos.
La película trataba sobre una mujer que deseaba conquistar a su enamorado. El típico cliché de una secretaria y su jefe, sin embargo, había cierta tensión entre los personajes que terminaba atrapando a los espectadores. Pero lo que ninguno de ellos imaginaba, era lo que verían a continuación. En esa escena, la protagonista lograba darle celos a su jefe durante una cena de negocios. Entonces, la escena que estaba ocurriendo era de aquellos dos personajes enredándose en una candente sesión de besos húmedos y roces apasionados.
Ranma contuvo un leve respingo. ¿Qué demonios estaba sucediendo? No se suponía que las producciones japonesas fueran tan descaradas como para mostrar una escena de cama tan fuerte como aquella. Y encima tener a su ahora novia al lado de él, apretando su brazo con sus suaves manos... Intentó apartar los pecaminosos pensamientos que empezaban a bailar en su mente, jugando con la poca cordura que le quedaba.
Akane, por su parte, no pudo evitar acalorarse demasiado. El nerviosismo había desaparecido, y ahora al ver aquella escena no pudo evitar imaginar que, en vez de aquellos actores, eran ella y él besándose así de apasionados. Mordió levemente su labio inferior, tratando de evitar que su respiración se agitara. Por inercia apretó un poco más el brazo de su prometido, y lentamente comenzó a frotar su cabeza cariñosamente en el hombro de Ranma. Sintió como se tensó, pero eso no le impediría tratar de avanzar más.
El de trenza la miró, entre curioso y apenado. —¿E-estas segura de querer seguir viendo la película?
—Si... deseo verla...— Contestó ella tratando de moderar su tono para no asustar a su prometido.
Después de los besos húmedos, los dos protagonistas de aquella película se iban desvistiendo poco a poco, mostrando más piel de la que usualmente se exhibía en producciones japonesas. Los diálogos pasaban a segundo plano para ambos jóvenes. El hipnotismo que la química de los actores emanaba los estaba dejando sumamente atónitos.
—H-hace algo d-de calor, ¿N-no crees...?— Comentó el ojiazul abanicándose un poco con la mano derecha, a la par que soltaba unas risas nerviosas.
Akane apretó ligeramente sus piernas. Los sonidos en combinación con la pieza musical de la película le estaban potenciando las sensaciones tan fuertes, y el calor corporal le aumentó notablemente. Sintió como si tuviera fiebre, pero no era algo molesto. En realidad, eso le estaba dando el valor para empezar sus movimientos. —Demasiado...— Susurró aletargada, entrecerrando los ojos y aumentando el roce de su cabeza con el hombro del joven mientras que con uno de sus dedos trazaba círculos en el brazo del muchacho.
Para este punto, la escena de cama se transformó en una coreografía en la que ahora los dos actores no paraban de moverse frenéticamente. Algunos gemidos suaves y bufidos resonaban en toda la estancia. Cuando la protagonista exclamó un gemido más audible y seductor, Ranma pegó un respingo demasiado notorio. Tomó rápidamente el control de la televisión y apretó con fuerza el botón de apagado. Entonces el ruido acabo, y el silencio reinó en ese comedor. La tensión entre ambos era muy alta, y ciertamente el calor del verano no les estaba ayudando demasiado.
Pasaron varios segundos en silencio, pero el ojiazul decidió romperlo carraspeando con dificultad. De repente la garganta la sentía seca, y su cara estaba al rojo vivo. —Vaya, eso fue... i-intenso...
La chica estaba algo ida. Su cabeza daba vueltas y un gran cosquilleo viajaba por todo su vientre bajo. Un suave jadeo salió de sus labios, fue imperceptible para el chico quien seguía estático, con el control aún en la mano temblorosa. —Si... muy intenso...— Contestó esta vez con un tono muy difícil de ocultar.
—S-si...intenso...— Repitió el ojiazul.
"Es ahora o nunca." Pensó la joven. Decidida, alzó su cabeza en dirección a la del chico de trenza. Lo observó con la mirada perdida y los labios entreabiertos. Ranma le estaba pareciendo adorable, el sonrojo tan marcado que poseía en esas mejillas le recordaron a las exquisitas manzanas rojas que Kasumi conseguía en el mercado. Quiso morderlas y saborearlas, descubrir a que sabía esa suave piel. Los ojos azules le incitaban a cometer los más dulces pecados, deseaba verlos nublados, con el deseo impreso en ellos. Y sus labios, cuanto daba por morderlos y adueñarse de ellos. Quería escuchar que él decía su nombre una y otra vez con un temblor exquisito. Imaginar como sonaría gimiendo le envió otro cosquilleo fuerte hasta su vientre bajo. Despacio, giró su cuerpo hasta quedar de frente al joven, lo suficientemente cerca como para perturbarlo.
—A-Aka-ne...— Murmuró Ranma. Algo le pasaba a su prometida, porque ese comportamiento en ella no era normal. No sabía si algún loco la había hechizado o algo por el estilo.
—Ranma...— Empezó a acercarse a la cara del chico. La fragancia con olor a madera la estaba enloqueciendo totalmente, y notar como tragó duro ante su acercamiento le elevó el ego. Parecía que ya lo estaba teniendo a su merced, así que adelantó aún más su cabeza hasta quedar a unos centímetros de su boca, entrecerrando aún más sus ojos, intentando seducirlo y llevarse el poco autocontrol que pudiera. —Tócame...
En cuanto esa palabra salió de los labios de Akane, Ranma se apartó rápidamente de ella, quedando a unos dos metros lejos de su prometida. Sus ojos estaban totalmente abiertos, y su respiración demasiado agitada. —¿Q-qué te pasa, Akane?
Akane se indignó. Parecía que ya lo tenía atrapado, pero todo fue un espejismo cruel y maquiavélico por parte de su acalorada mente. Cruzó sus brazos, mirándolo ceñuda.— ¿De que hablas?
—Algo te pasa. E-es decir, tú no sueles hacer esto...
—¿Y qué se supone que hago yo? ¿Eh?
—S-ser... ¡Da igual! Tu nunca me has dicho eso.
La chica de cabellos cortos volvió a aproximarse, acortando nuevamente la distancia entre los dos. —No, tal vez nunca lo hice, pero ahora es distinto.
—Pero...
Harta de que él le pusiera resistencia, tomó la mano del muchacho. Abrió la palma de esta, y la posicionó de manera brusca e impulsiva hacia uno de sus senos. La ligera pijama de color amarillo le parecía un estorbo, pero primero necesitaba quitarle a su prometido los prejuicios o lo que sea que le impidiera avanzar. —He dicho que me toques.— Mencionó con la voz irritada.
Ranma enrojeció. Tocar el pecho de Akane era algo que había soñado desde siempre, pero recobró el sentido rápidamente. —¡No!
—¡Tócame ya, bobo!
Ranma quiso apartar su mano, pero ella sostenía firmemente esa parte de su cuerpo. —Akane, basta...— Murmuró un poco nervioso por la insistencia.
—¡No, quiero que me toques!
—¡Basta ya!— Bruscamente logró que Akane le soltara. Se levantó, enfrentándola de pie. Su respiración estaba errática, y el sonrojo en su cara era grande. —¡¿Que demonios te ocurre?!
La de pelo corto ya estaba cansada de todo. Se puso de pie al igual que su prometido y posó sus brazos en su cadera, retándolo con la mirada. —No, ¡¿Que demonios te ocurre a ti?!
—¡¿A mí?!— Preguntó un poco confuso.
—¡Sí! ¡A ti! He tratado de avanzar un poco más en nuestra relación, pero siempre que lo hago me frenas. ¡¿Por que lo haces?!
—N-no sé de que hablas, pero...
—¡No!— Interrumpió Akane, esta vez perdiendo el control en su tono de voz. —¡Esta vez me vas a escuchar, idiota!
—Oye, ¡¿A quien llamas idiota, marimacho?!
—¡A ti, imbécil!— Respiró profundamente. Cuando peleaban en serio a veces tendían a exaltarse demasiado y sus lados infantiles saltaban enseguida. Pero en esta ocasión, la cordura tenía que caber en ella. —He estado tratando de avanzar más allá de los besos simples y el agarre de manos tímido, pero cada vez que lo intento, es como si pusieras una barrera entre nosotros. Y, ¡demonios! Realmente desearía que me tocaras y que pudiésemos hacer el amor por primera vez en nuestras putas vidas. ¿Es tanto pedir?
Eso desarmó a Ranma por completo. Parpadeó un par de veces, y luego de eso su rostro se descompuso. —Pero tú... es decir... N-no tenemos prisa...
Akane bajó los hombros. —¿Es que acaso no te agrado de esa manera?
—N-no es eso... es solo que...— Pensó seriamente como explicarle todo, pero no encontraba la forma de comunicarlo. Nunca se le habían dado bien las palabras, y aunque ya tuvieran confianza para decirse muchas cosas, lo que sentía era algo que le daba vergüenza admitir. —Lo mejor es esperar, somos aún muy jóvenes y, bueno...
—¡Ay, por favor! Ya tenemos diescinueve años.
—Aún así, no creo que sea buena idea.
La chica se rindió. Lo miró enojada. Enojada con ella, por creer que podría convencerlo. Enojada con él, porque a veces seguía siendo un enigma entenderlo. Enojada con la vida, por hacerle a veces las cosas imposibles. —¡Imbécil!— Acto seguido, ella salió disparada hacia su habitación.
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Akane cerró la puerta de su cuarto sonoramente. No pudo evitar llorar un poco. Se sentía mal, ¿Por qué era muy difícil? Ellos se amaban y ya eran una pareja oficial, no deberían de existir dudas. O, tal vez, Ranma aún estaba dudando sobre su relación. Pensar esto solo hizo que no dejaran de salir sus lagrimas. Le dolía demasiado. Se tiró en su cama, abrazando su almohada e intentando calmar sus emociones. Así se mantuvo un buen rato, y estaba a nada de quedarse dormida, cuando escuchó como tocaban la puerta de su cuarto. No sabía si quería verlo, así que optó por responder escuetamente. —¿Qué quieres?
—Akane, debemos hablar.— Aún si la puerta estaba cerrada, podía notar como la voz de él estaba sonando muy serena.
—No tengo ganas de hablar.— Contestó secamente.
—Anda, cariño. —Ni llamándola con ese mote cursi le abriría la puerta. Se lo buscaba por idiota.
—No. Aún soy la marimacho poco atractiva para ti, así que solo estaba forzando algo que claramente no deseas.
Escuchó como suspiró audiblemente. —¿Quieres dejarme pasar?
—Que no, idiota.
—¡Ya, deja de ser tan poco linda! ¡Joder! ¡Déjame explicarte!
—¡Y tú deja de ser tan pesado, imbécil!
Trató de acomodar su cabeza en la almohada y de cerrar los ojos, pero seguían tocando la puerta. —¡Anda, abre por favor!
Ante la insistencia del muchacho, decidió levantarse de la cama y caminar hacia la entrada. La abrió y con el gesto más frio que pudo colocar se alejó rápidamente, quedando parada al otro extremo de su habitación. —Que sea rápido.
Para Ranma no pasó desapercibido el rastro de lagrimas en los ojos de Akane. Odiaba ver esa imagen en ella, y lo que era peor, detestaba y aborrecía ser el causante de su dolor. No soportaba verla sufrir, no por él. Respiró profundamente, controlando su temple. —Lo... lo lamento.
—¿Qué lamentas? ¿Decirme que no soy nada linda? ¿O acaso dudar de lo nuestro?
—¿Puedes dejar de decir cosas que nunca dije?
—Oh, ya veo. Si, seguramente no te genero deseo. Pero, ¡Claro! Como te voy a atraer, si soy poco femenina y mis pechos son planos.
—¡Eso no es verdad!
—¡Deja de mentir!
—¡No miento! ¡De verdad me gustas mucho, tienes un lindo cuerpo, tus pechos son de un buen tamaño y eres muy sexy!— Ranma respiró profundamente. Trató de serenarse y cambiar su tono de voz a uno más delicado. —No es que no te vea de esa forma. Es solo que... tengo miedo.
Cuando Akane escuchó lo último, desechó su gesto duro y frío. —¿Miedo?
Ranma, notando como su prometida había bajado la guardia, se acercó lentamente a ella. Y cuando estuvo a tan solo medio metro de ella la tomó de la mano delicadamente. Sus ojos azules reflejaban exactamente eso: miedo. —V-verás...— Aclaró su garganta tratando de sonar lo más relajado posible. —Recuerdo que a ti no te agradaban ese tipo de muestras. Tenía miedo de que pensaras que de verdad soy un pervertido. Además, es un gran paso. Me da tanto puto miedo el futuro que nos espera después de aquello, pero no porque no quiera estar contigo. Más bien, tengo miedo de que, pasando esa barrera, mi vida sin ti sea lo peor que me pueda pasar. Tengo miedo de lo que me generas, porque cada vez que estoy a tu lado, me siento vivo. No quiero perderte.
Al escuchar todo aquello sollozó, pero esta vez, de alegría. No podía creer que, nuevamente y como era costumbre, los malentendidos entre ellos los rebasaran. Así que decidió abrazar fuertemente a Ranma. Sintió como sus brazos tan fornidos la rodeaban con cariño. —Perdóname. No debí presionarte.
El de trenza soltó una leve risita. —En realidad, perdóname tú a mi. Soy un idiota, definitivamente.
—Eres un idiota, pero eres mi idiota.
La quietud de la noche los envolvió. La luz del astro se filtraba a través de la ventana, y la lamparita en la mesa de noche iluminaba lo suficiente como para otorgar un toque cálido a la estancia. Y a pesar de que su corazón se encontraba en aparente paz, el burbujeo en su bajo vientre volvió a azotarla. Las palabras que le había dicho resultaron un bálsamo para su lastimado corazón. "Es ahora o nunca."
Akane se separó un poco de él. Con una lentitud y cuidado extremo, empezó a avanzar hacia la pared. Guio al de trenza, quien no sabía que es lo que estaba pasando. Avanzó, sin dejar de mirarlo a los ojos.
—Akane, ¿Qué haces?— Preguntó Ranma.
No dijo nada. Simplemente seguía avanzando arrastrándolo a él. Cuando sintió la pared en su espalda, tomó los dos brazos del muchacho y los dirigió al muro, colocándolas a ambos lados de ella, como si él la estuviera acorralando. Hizo que el chico se flexionara ligeramente, y entonces ella se acercó a sus labios lentamente. Para este punto, a Ranma se le había subido el color a su rostro nuevamente, y una intensa oleada de calor le invadió por completo. —A-Akane... e-espera... ¿Q-que...?
Entrecerró los ojos nuevamente. Se detuvo a escasos centímetros de su boca, sintiendo su respiración agitada. —La verdad, es que te deseo tanto. No sabes cuanto he querido avanzar contigo. — Habló, mezclando su aliento con el de su prometido.
Escuchar eso le envió una descarga eléctrica a su cuerpo entero. La voz se le antojaba seductora, casi como el canto hipnótico de una sirena.—¿Q-queeee...?— Balbuceó, siendo tentado por aquella mirada avellana que se encontraba seduciéndolo.
—Deseo que me toques. Deseo tan solo un roce de tus manos. Ranma, deseo que me hagas el amor. Te necesito.— Susurró, intercalando su mirada entre los labios tan carnosos de su prometido y sus ojos. —No tengas miedo. No de mi, no de lo nuestro.
—Y-yo...
—Shhh...— Silenció Akane, posando suavemente su dedo índice en la boca de Ranma. Lo deslizó desde sus labios hasta su barbilla, lentamente, como si fuese un objeto a punto de romperse. Luego, bajó ese mismo dedo por su cuello, con esa lentitud endiabladamente seductora, pasando por su fuerte pecho aún cubierto por la camiseta negra sin mangas que tanto le gustaba.
—A...ka...neee...— Susurró completamente doblegado ante la seducción de su prometida. ¡Joder! ¿Desde cuando es que ella resultaba ser tan sensual?
Akane tomó uno de los brazos que la aprisionaban. Abrió la palma de la mano y la acercó suavemente hacia su cadera. Luego la pasó por su espalda baja, y finalmente, posó la mano del ojiazul en su trasero. Puso más fuerza en su agarre, generando que ella misma se sobresaltara ligeramente por la excitación que eso le produjo. En cuanto hizo esto, notó como la mano de Ranma empezó a temblar. Lo miró a los ojos, comprobando que el gesto del muchacho se había descompuesto ligeramente, entreabriendo sus labios y empezando a jadear. Era todo suyo.
—Akane...— Jadeó fuertemente.
—Ranma, por favor, tócame.— Se acercó a sus labios aún mas, rozándolos ligeramente. Le dio un pequeño y tierno beso, para luego bajar al cuello de aquél títere que estaba bajo su merced. Ahí empezó un camino de besos húmedos, deslizando los labios delicadamente por toda la piel que pudiese abarcar. Saboreó a su prometido, comprobando que era mejor de lo que sus fantasías más locas le habían mostrado.
—Akane...— Ranma soltó por primera vez un suave gemido. Sentir la boca de su novia lo estaba volviendo loco. Comenzaba a perderse, a dejar de ser él y transformarse en un demonio poseído por la lujuria.
—No tengas miedo. Ámame esta noche, hazme gemir tu nombre. Haz que me pierda por completo y deje de ser mía para ser solo tuya.— Rápidamente ascendió hasta su oído, besando el lóbulo, para luego volver a bajar con besos por todo el cuello varonil.
Bufó fuertemente. Sintió como la sangre empezaba a fluir en la parte baja de su cuerpo, llegando hacia ese lugar que muchas veces vibraba con los sueños húmedos que comenzó a tener desde hacía tiempo. —Akane...— Volvió a gemir, esta vez apretando el trasero de la chica por iniciativa propia, con fuerza e insistencia.
La chica de cabellos cortos dejó su tarea. Volvió a levantar su cabeza, acercándose a los labios de Ranma nuevamente. Los acarició con la lengua, acelerando el puso de ambos. —He fantaseado con esto. Me he tocado pensando en ti. Imaginando que me tocas en todas partes.
—Ahh... Akane...— Gimió, abriendo su boca para poder tomar aire. Lo necesitaba, se estaba asfixiando, pero a la vez le agradaba, sintiendo un delicioso estremecimiento.
—Ahora quiero que tu lo hagas. Tócame ya, bobo.— Susurró quedamente.
Selló sus labios con un tierno beso. Ranma gimió en su boca, pero en esta ocasión no pudo separarse de ella. No tenía la fuerza de voluntad para hacerlo, así que se dejó encandilar por los labios de su prometida, tomándola esta vez de la cadera y el trasero, demandante y voraz. Akane comenzó a profundizar el beso, enredando sus brazos alrededor de su cuello, jugueteando con su trenza. Estaban sucumbiendo a una sensación fuerte, sintiendo espasmos ligeros recorriéndoles el cuerpo entero. Cuando se les agotó el aliento, se separaron un poco. Jadeaban ansiosos, y sentían un gran calor que parecía no se extinguiría.
—Akane... Y-yo...
—Vamos, hazlo. No lo digas, solo hazlo.
Ranma, con la valentía al tope, volvió a atacar los labios de Akane con ferocidad, comenzando a desabotonar desesperadamente la parte superior de la pijama de su prometida. Akane metió las manos dentro de la camiseta del chico, tocando con parsimonia los trabajados abdominales de su prometido. Subió sus manos poco a poco hasta llegar a su pecho. Acarició con las uñas los pezones de Ranma, logrando que gimiera nuevamente deshaciendo su beso húmedo.
En cuanto los botones fueron desabrochados, Akane se deshizo de la parte superior de su pijama. El suave sostén blanco de encaje apareció ante la vista del chico. Ranma no pudo evitar jadear furiosamente ante la visión que tenía enfrente de él. Cuanto se estaba arrepintiendo por llamarle pechos planos anteriormente, si tuviera a su yo de dieciséis años frente a el, seguramente lo golpearía para hacerle entender que su prometida, en realidad, era demasiado atractiva y sexy.
Akane decidió tomar las riendas nuevamente, ayudándole a Ranma a sacarse su camiseta negra, dejando al descubierto el pecho bien trabajado y fornido. Después de aquello, Akane volvió a atacar la boca de su prometido, mordiendo suavemente el labio inferior de él. ¡De cuanto se estaban privando ambos! El placer que les estaba generando no se comparaba a alguna batalla ganada, no, era mucho mejor.
Ranma empezó a envalentonarse. Todo estaba volviéndose tan adictivo para él, que ahora mismo no estaba seguro de querer parar. Así que, en ese beso, abrió más la boca y sacó la lengua, primero de manera tímida, acariciando con leves toques los labios de su prometida. Akane notó que él estaba intentando probar un tipo de beso muy conocido. Entonces permitió el paso de la lengua de él. Ranma enredó ambas lenguas, provocando que un delicioso estremecimiento les asaltará y que ambos soltaran un gemido aún más audible que los anteriores. Siguieron enfrascados en esa batalla de lenguas que sus bocas protagonizaban, mientras que las manos temblorosas de él se acercaron a los broches del sostén de Akane. Muchas veces, su condición lo había obligado a usar en ocasiones ropa íntima de mujer, por lo que ya tenía conocimiento de como funcionaba la prenda. Sin embargo, se encontraba tan desconectado de si mismo que su mente no tenia cabida para la razón. Estaba batallando con los broches, fallando una y otra vez debido a que él temblor de sus fuertes manos se volvía más errático conforme pasaban los segundos.
Jadearon un momento para recuperar aire, pero en cuanto se les presentó la oportunidad, sus bocas se unieron otra vez. Un seguro del sostén había sido liberado al fin de su prisión, y estaba empezando a desabotonar el segundo cuando sintió otro estremecimiento que lo obligó a estrujar la parte trasera del brasier, a la par de soltar un gemido mucho más fuerte. —Mierda, Akane...
Akane había jugado con un movimiento bastante peligroso, pero con el mismo impacto devastador de una bala. En un arrebato de locura, sus manos no quisieron estar quietas, así que bajaron lentamente hasta la parte íntima de su prometido, y con un osado movimiento rozaron el bulto que empezaba a formarse. Sentir aquella parte de su prometido le sonrojó demasiado. Una mezcla entre timidez y valentía se abrió paso en ella. La dualidad de sus sentimientos era tan inmensa, que cuando besaba a Ranma no podía evitar morder el labio inferior de él. —¿T-te gustó?
Ranma seguía devorando los labios de ella, como si fuese una comida que le habían negado durante tanto tiempo. El hambre se hacía paso en su cuerpo, intentaba saborear cada rincón de esa boca tan apetitosa, sin perder ni un solo detalle. —M-mucho...
Akane volvió a tocar el miembro de Ranma, está vez con la palma de la mano extendida. Tembló ligeramente al descubrir que había aumentado de tamaño considerablemente. Aún con el pantalón de pijama puesto, empezó a sentir como palpitaba por el estímulo que le estaba provocando. —¿Yo t-te género esto?
El ojiazul jadeó fuertemente. Logró que el segundo seguro del sostén se liberara de su agarre, mientras que, lentamente, bajó sus labios hacia el cuello femenino, empezando a besarlo delicadamente. —Solo tú. ¡Mierda! Yo también me había tocado pensando en ti...— Susurró, completamente ido.
—Ranma...— Gimió Akane ante aquella respuesta. Y es que, en tantas pláticas que tuvo con él al iniciar su relación, su prometido le había confesado que ella realmente era su debilidad. Solo ella podía doblegarlo de esa forma, domando a aquel muchacho rebelde que muchas veces era. Sabiendo eso, metió la mano por dentro de la ropa del joven. En cuanto sus manos chocaron con la piel de la virilidad, se sonrojó furiosamente.
—Demonios, Akane...— Ranma no hizo ningún esfuerzo para ocultar en su voz la evidencia de los efectos que todos los movimientos de ella le provocaban. —Akane...— Lamió atrevidamente el cuello de ella, mientras que sus manos torpemente liberaron el último seguro del coqueto sostén. —Akane...
Escucharlo gemir su nombre le encantaba demasiado. Su voz aterciopelada se presentaba seductora y adictiva, debía admitir que él también era su debilidad. Lo único que deseaba en ese momento era ser amada por ése hombre que le enseñó lo que es el amor verdadero. Sintió la pieza de ropa intima siendo desabrochada por completo, así que ella no lo dudó ni un solo segundo. Sacó la mano, y con osadía, tiró rápidamente de la costura del pantalón de su prometido. De un solo movimiento hizo que él quedara con el bóxer puesto únicamente. Y en vez de separarse, ella, de igual manera, bajó su pantalón apresuradamente.
Ranma, tratando de no despegarse de ella, terminó por quitarse el pantalón, pisándolo descuidadamente en el proceso. Akane hizo lo mismo, pateando el suyo hacia otro lado, sin importarle si es que se había ensuciado. El ojiazul empujó sus cuerpos, acortando la distancia que los separaba de la pared del cuarto. Agradecía que estuviesen solos en la casa, pues la puerta de la habitación había quedado abierta totalmente, y si hubiese alguien más en esa casa ahora mismo estaría muerto.
Akane sintió el frio en su espalda ya desnuda. Sin embargo, ese sostén a medio quitarse le empezaba a estorbar, así que separó al muchacho de ella empujándolo suavemente. —Espera, d-deja que me quité esto...— Suplicó.
El joven le hizo caso, y como pudo se autocontroló para no volver a besarla. Miró como lentamente ella se despojaba del sostén, develando la carne tan apetitosa que ocultaba. La blancura de la piel le atrajo, y en cuanto esa barrera se esfumó, miró con detenimiento a su prometida. El par de pechos se mantenían firmes, y con la respiración agitada de Akane subían y bajaban con un ritmo tan maravilloso que era capaz de entumecer su raciocinio. Tragó duro, entreabriendo la boca. Sus manos comenzaban a hormiguear... ¡Cuántas ganas tenía de tocarla!. Y por un momento, el miedo resurgió en él. Sus propios pensamientos febriles le estaban generando el miedo del que trataba de huir. Estaban comenzando un juego tan peligroso del que, estaba seguro, no saldría ileso tan fácilmente.
Akane, con las mejillas sonrojadas, notó el estado de trance de su prometido. Sus manos hicieron un triste amago por cubrirse, pero el deseo en ella era más fuerte, que simplemente no lo logró. Recordó cómo en el pasado el chico frente a ella solía decirle que sus pechos eran planos, rememoró las humillaciones constantes que le hacía a su cuerpo. Y sintió como su orgullo y ego se inflaban. Ahora, ese ojiazul se estaba tragando sus palabras enteramente. Porque para ella no estaba pasando desapercibido como la lujuria en aquella mirada azul se afilaba al observarla de esa forma, casi sin ropa.
—Akane...— Jadeó.
Akane tomó lentamente la mano, y la dirigió hacia uno de sus pechos. Al contacto, ambos gimieron furiosamente. —Ranma... por favor...— Suplicó.
Después de aquello, la pasión se desató completamente. Se atacaron las bocas tan ferozmente, como si fuesen dos enemigos dispuestos a hacer que uno de ellos mordiera el polvo. Ranma no dejó de tocar el pecho de Akane, apretando tan demandante un montículo, y luego el otro. Con la otra mano sostenía fuertemente su cintura, sin embargo, empezó a moverla furiosamente, subiendo y bajando, tocando la piel tersa de los suaves muslos de ella. Levantó una de las piernas, recorriendo desesperado el muslo, apretujándolo deliciosamente. La mano de él comenzó a recorrer por dentro del muslo, notando un poco de la humedad de la chica.
—Akane...
—Ran...¡Oh!— Exclamó al sentir como él metía su mano por dentro de su ropa interior, acariciando con urgencia su trasero, pellizcando, queriendo marcarla Y luego sintió como retiró aquella mano para luego meterla por debajo rozando un poco de la zona erógena de ella. ¡Que bien se sentía!. Notó como dejaba de besarla en la boca y se dirigía a su oído.
—Te necesito tanto, mi amor ...— Jadeó el de trenza en su oído, empezando a morder su lóbulo con cariño y pasión.
Tan dulce pecado se sentía como un burbujeante champagne, como un refrescante ramune en medio del verano. —Y yo a ti...— Le respondió de vuelta, volviendo a tocar el miembro de Ranma por encima del bóxer.
—Joder... te pertenezco, Akane...
Es entonces que se despegaron de la pared, caminando torpes hacia la cama de la joven. Las piernas de ella se toparon con la orilla del colchón. Ranma hizo que Akane se reclinara delicadamente. En cuanto la espalda de su prometida chocó con el colchón, él se arrodilló frente a ella. Tomó las orillas de aquellas pantaletas diminutas de encaje y las retiró con suma parsimonia, disfrutando de como la mirada de ella se volvía febril. Akane lo observó un poco en shock. No esperaba ese subidón de ánimo en su prometido, pero poco le importaba. Lo cierto es que estaba disfrutando de aquello.
Cuando aquella prenda se fue, Ranma admiró el cuerpo totalmente desnudo de Akane. Su pelo revuelto y hecho un desastre, sus mejillas rosadas como un par de algodones de azúcar apetitosos, la dulce y tierna mirada que a la vez lo estaba seduciendo tan delicadamente... ¡Mierda! Era una asesina. Estaba matando la inocencia de los dos, y eso le encantaba. Se reclinó hacia ella y nuevamente la besó en los labios. Sin embargo, duró poco enfrascado en ellos, pues comenzó a descender por todo el femenino cuerpo llenando de pequeños picos cada rincón que pudiese encontrar para mimarlo.
—Oh, Ranma...
En cuanto escuchó su nombre siendo llamado con esa urgencia, levantó el rostro. La admiró, y luego volvió a besarla apasionadamente, gimiendo aún más que antes. Sin embargo, se impactó cuando, en un rápido y ágil movimiento, Akane hizo que ambos rotaran, quedando ella encima de él, sentándose a horcajadas en sus muslos. Nunca pararon de besarse, y aún así, Akane se las apañó para empezar a tocar lascivamente todo lo que podía. Y, en un impulso salvaje, realizó un movimiento de caderas suave cerca de la intimidad del chico, rozando ambas zonas.
—Akane...— Gimió Ranma rompiendo el beso.
Notando que la respuesta de él era demasiado positiva, volvió a repetir ese movimiento, causando que está vez ambos gimieran fuertemente. Se sentía tan bien, era una sensación extraña para ella, pero a la vez, un alivio enorme a su incendiado ser. Lo hizo alrededor de cinco veces seguidas, rozando con más insistencia sus intimidades. Esto terminó por volver loco al joven. Ranma acercó su mano hacia la zona sensible de su prometida, tocando y conociendo por primera vez en su vida la humedad que producía tal acto de sensualidad.
Akane no pudo evitar jadear sonoramente al sentir como Ranma comenzaba a tocar esa zona tan oculta para todos, excepto para él. Su yo de antes seguramente se enterraba antes de permitir eso, pero ahora estaba más que segura de que eso es lo que quería.
Con lentitud y teniendo cuidado de no lastimarla, Ranma comenzó a mover sus dedos por los labios íntimos de Akane, siendo a veces suave, y otras veces rudo. Paseó sin miramientos sus dedos, esparciendo la evidente humedad que la chica producía. Y cuando tocó una parte muy sensible, sintió como ella lo tomaba de los hombros fuertemente, a la par de temblar. Volvió a rozar ese pequeño círculo, presionando, pellizcando. Y luego de eso, intentó meter un dedo dentro de ella. Luego, otro dedo. Y luego, otro.
—Diablos... Ranma... ¡Oh!...
Mientras hacia aquello, besó el cuello de Akane, succionando ahora la suave piel. —Tuyo...— Gimió en su dulce cuello.
Así estuvo jugueteando un buen rato, metiendo y sacando los dedos de la zona intima de ella, hasta que decidió que era suficiente. Volvió a invertir las posiciones, está vez quedando encima de ella nuevamente. Se levantó de la cama y sin miramientos se despojó del bóxer, quedando por fin ambos completamente desnudos. Akane lo observó totalmente pasmada. No pensaba que su prometido estuviera tan bien dotado, pero eso era otro nivel. Observó la virilidad erguida que se le presentaba. Lamió sus labios, con una mezcla entre antojó y algo de temor. ¿La lastimaría?
—R-Ranma... necesitamos un...
—C-condón... si, lo sé... espera aquí, no te muevas...
Lo observó atónita y sonrojada. Observó como salió corriendo velozmente, y no pasó más que un minuto para volver a verlo de pie, frente a ella. Traía en sus manos un envoltorio plateado, identificando que se trataba de un preservativo. Se sorprendió de que él tuviese alguno. —¿De dónde lo sacaste?
El de trenza se sonrojó. —En la universidad...b-bueno... el entrenador nos llevó a un stand de salud y... ¡Bueno, T-tú entiendes!
Akane soltó una risa suave. ¡Que tierno le parecía así de tímido! Se sentó, invitando a Ranma a hacer lo mismo. El de trenza obedeció y se posicionó al lado de Akane. Ella le extendió la mano, y él le terminó dando el empaque. Entonces ella lo abrió delicadamente, tomando el látex en sus dedos. —¿P-puedo...?
Ranma contuvo la respiración. Sin embargo, no era capaz de negarle algo a su prometida en este punto. —S-si.
La de pelo corto se acomodó y acercó su mano al miembro de Ranma. Tomó los extremos del preservativo y, con cuidado, comenzó a introducir ese latex desde la punta del miembro. Ranma soltó un gemido que se deformó en un bufido. Sintió las suaves manos de ella, extendiendo aquella segunda piel de material sintético por toda su extensión. ¡Se sentía tan bien! Bajaría al mismo infierno para poder repetir todo esto nuevamente. De pronto, el miedo que antes sentía le pareció absurdo. Se había tardado una eternidad en descubrir ese placer, había sido un tonto. Bufó aún mas fuerte cuando ella terminó de deslizar el objeto.
Akane se recostó inmediatamente, jadeando, visiblemente afectada por haberlo tocado tan directo en esa zona. Entonces Ranma se inclinó frente a ella, abrió las piernas de su prometida y se posicionó entre ambas extremidades. Volvió a echarle un vistazo a la visión angelical. Esos ojos marrones eran muy dulces, parecían chocolates deliciosos. En ellos estaba viva la pasión. Pero no era la pasión que lo había prendado, porque esa fierecilla ahora mismo estaba encendida de otra forma.
—S-seré cuidadoso.
—Lo s-sé. Confío en ti.— Levantó su brazo, acariciando suavemente la mejilla del joven.
Ranma tomó su mano y, como un pequeño animal dócil, frotó su mejilla en ella. Cerró los ojos, y luego los abrió. Entonces la tomó de las caderas, y con una de sus manos tomó su miembro. Comenzó a acercar la punta a la entrada de ella, y en cuanto tocó la entrada de Akane, jadeó profundamente. Con un temblor invadiendo todo su cuerpo se deslizó lentamente en la cavidad, abriéndose camino en esa caliente y húmeda cueva. Gimió de la dicha que le estaba generando todo.
Akane soltó un quejido, cerró los ojos y sostuvo los hombros del chico, presionando levemente con sus uñas la piel bronceada. Y cuando sintió como entraba en ella por completo, se quejó más audible. —Ah...
Ranma algo asustado la observó. —¿Estás bien?
—Si...
—¿Segura?
La chica asintió. —Es sólo que me dolió un poco, pero estaré bien.
El muchacho se tensó. Prefirió no moverse para hacer que ella se acostumbrara al tamaño, sin embargo, Akane comenzó a hacer un movimiento lentamente. Esto provocó que Ranma gruñera profundamente. —Ak-Akane... e-espera...
Entonces ella lo tomó de la trenza, y con algo de brusquedad lo acercó a su rostro. —No duele tanto. Así que, tócame ya bobo, y hazme el amor como un loco.
Akane lo besó, rodeando su cuello con sus brazos y pegando su pecho contra el de él. Esto nubló el juicio de Ranma, quien tomó las caderas de la chica con fuerza y comenzó a seguir el ritmo. La danza en la que se envolvían era mágica. Múltiples choques eléctricos les recorrían enteramente, como si miles de centellas se originaran en medio de una tormenta eléctrica. Eso era lo que estaba ocurriendo, una tormenta en la que la electricidad del sexo se volvía fuerte e intensa. Akane comenzó un movimiento circular que volvió loco a su prometido, rozando sensualmente ambos genitales.
—Akane...
Las estocadas eran lentas, pero demasiado profundas, tan embriagantes que generaron un corto circuito en la mente de Ranma. Sus sueños húmedos distaban de la dulce realidad. Akane se sentía tan bien, era tan cálida, tan húmeda. Ella estaba dispuesta a complacerlo, pero lo que ella no sabía, es que él se estaba convirtiendo en su fiel sirviente. Ella era suya, pero él le pertenecía por completo. Y se lo haría saber al mundo entero, por lo que, osado, mientras la penetraba empezó a generar chupetones en el cuello de Akane.
—Mía...— Gimió. Luego, posó su mano demandante en uno de los senos, apretándolo tan salvajemente que ni siquiera se detuvo a preguntarle si eso estaba bien.
—¿Eh...? Ahh...
Para el chico no estaba siendo suficiente, necesitaba más y más. Tomó la cadera, salió de ella y luego entró un poco más rápido y brusco, generando unos pronunciados ronroneos que salieron de su boca. Repitió la misma acción, siendo más brusco, haciendo sonar la cama. —Linda...— Gimió en su oído, mandando una corriente eléctrica a Akane.
—Ahhhh...¡Ohhhhh!— ¿Era su imaginación o Ranma estaba soltando palabras al azar como gemidos?
—Tuyo...Akane...— Dio una estocada más profunda y dura. Luego, tomó una de las manos de Akane y subió las dos hasta la cabeza de ella. Apretó la muñeca, queriendo domar a aquella fierecilla que no dejaba de moverse en suaves espasmos.
—Ranma...
—Linda... Akane...
Akane lo besó tan caliente en los labios. Las palabras que él pronunciaba eran lo mejor. No solo se estaba limitando a gemir su nombre, si no que le decía que era suya, pero que él también le pertenecía. Y la palabra linda... Recordaba como antes solía llamarla "Nada linda". Pero ahora, mientras le hacía el amor, él pensaba de esa forma sobre ella. ¡Lo amaba tanto! La valentía le incitó a comenzar a moverse más rápido y demandante, cruzando sus piernas por detrás de la espalda de su prometido. Frotó sus pechos contra los pectorales de él, queriendo sentirlo aún mas cerca.
Ranma enloqueció ante los avances de su Akane. Era solo de él, y él era solo de ella. Las penetraciones se volvieron salvajes, entraba y salía de ella con movimientos tan certeros, capaces de mandarlos al borde de la locura. Los sonidos de sus pieles chocando despertaban su lado más sexual y lo mandaban directo a la locura. Mordió los labios dulces de ella, probó la suave piel una y otra vez, intentando saciar sus instintos animales.
Ahora los ruidos en aquella habitación iluminada solamente por la lamparita de mesa y la luz de la luna eran maullidos salvajes, gritos de placer, gemidos de dos amantes con una fiebre que esperaban curar. Sin embargo, el ojiazul seguía repitiendo como mantra aquellas dulces palabras. En su mente, quería decir: "Akane, eres mía. Pero también yo soy tuyo. Eres muy linda.". Pero el placer nublaba su juicio, y solo podía gemir esas palabras clave.
Akane comenzó a sentir una suave presión en su vientre bajo, y sus sentidos comenzaron a despertar. La humedad que emanaba de su entrepierna era demasiada, y el roce entre sus sexos tan delicioso que le robaba la respiración. —Ranma...
Ranma notó como el interior de ella se contraía, abrazándolo tan exquisitamente. —Akane... mía...linda...tuyo... Akane...— Comenzó a gemir descontroladamente, siendo más brusco en sus penetraciones.
—Ranma...
—Akane...
Ambos comenzaron a experimentar un chispazo, y tan pronto como se dieron cuenta, el placer de los dos estalló en un intenso y placentero orgasmo. Ranma terminó derramándose en el condón, gimiendo tan fuertemente el nombre de su amante, rasgando el aire embriagante de aquella estancia. Su cuerpo tembló, su respiración se agitó y sintió un gran cosquilleo expandirse desde su estomago hasta el resto de su cuerpo. Akane sintió el mismo cosquilleo, y todo su ser colapsó en dulces espasmos que buscaban aliviar la tensión enorme que explotó en ella. Que dulce resultaba el pecado, dichosos ambos por experimentar tal descenso al infierno.
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El sol se asomaba por la ventana, bañando la habitación de luz dorada. La ropa estaba desperdigada, con vestigios de la brusquedad con la que fue apartada. Y en la cama reposaban dos cuerpos desnudos, abrazándose como siempre habían deseado.
El cantar de los pajarillos despertó a Akane. Frunció los ojos y se frotó lentamente el rostro, intentando alejar el cansancio que se estaba presentando en ella. Levantó su mirada, encontrándose con los ojos azules más hermosos que existían. Ranma la observaba dormir, pero al verse descubierto en medio de su ensoñación no pudo evitar sonrojarse. —B-buenos días, Akane.
Enrojeció al darse cuenta de todo lo que había pasado entre ambos. Un poco tímida se acurrucó más contra él. —Buenos días.
Ranma acarició la mejilla dulcemente. —¿Estás bien? ¿Te hice daño?
—No, estoy bien.
Le acarició nuevamente la mejilla. —¿Segura?
Negó. —Tranquilo, solo me siento un poco adolorida.
Se miraron en silencio, hasta que el muchacho se animó a hablar. —Akane, ayer me preocupaste mucho. ¿Qué sucedía realmente?
Ella sonrió. —Creo que me sentí presionada. Pensaba que quizá no te atraía de esa forma, porque siempre me frenabas. Y, bueno, escuchar que muchas de las mujeres que conozco ya experimentaron esto... creo que me dieron celos.— Se pegó a su prometido, abrazándolo con fuerza. —¡Perdona!
Ranma no evitó que la risa saliera de su boca. —No tienes que pedir perdón. ¿Sabes? Ahora me arrepiento de esperar demasiado para esto. Siempre estuve seguro de cuánto te amaba, pero anoche me di cuenta de que quisiera hacerte el amor siempre.
Akane lo miró. —¿Lo dices en serio?
El ojiazul la besó dulcemente. —Lo digo en serio. Y ahora, quisiera que me permitas tocarte.
Se lanzó hacia ella, rozando con su nariz el cuello fino de la chica. Akane lo recibió gustosamente. Entre risas volvieron a demostrarse lo mucho que se amaban. Y entre caricias y promesas, el amor de ambos crecería para nunca detenerse.
Porque ahora un solo roce no bastaba.
¡Hola a todos!
Que calor, ¿No?
El segundo día de la semana RanKane ha terminado. Y en esta ocasión les traje un buen lemon, que a mi parecer, si quedó intenso. La verdad es la primera vez que escribo uno, los he leído, pero escrito nunca. Espero haya quedado decente.
Y, por cierto, ¿Podemos parar un momento para apreciar a Akane aquí? Fue la más valiente y la más seductora en esta ocasión. Normalmente vemos en muchos relatos de este tipo a Ranma siendo el que manda más en la cama. Sin embargo, es bueno empoderar un poco a nuestra protagonista. Durante todo el desarrollo de la historia hemos visto como Akane solía rechazar el contacto con el género masculino, pero cuando Ranma llegó a su vida ella aprendió a que no todos los hombres eran unos aprovechados. Y era lógico que al crecer, las necesidades físicas de Akane cambiarían. Me encantó empoderarla, siendo sincera, ella llega a ser más expresiva físicamente, como podemos verlo cuando suele abrazarlo.
En cuanto a Ranma, el muchacho es tan tímido que fácilmente intentaría frenar los avances de Akane. Y me encantó como lo representé aquí. Todos los que hemos leído el manga sabemos que él, desde el inicio, mostraba ya cierta sumisión ante Akane. Durante una dinámica, en un grupo de facebook (Saludos a Ranma 1/2 Latinoamérica c: ) publiqué un panel del manga. Era cuando Ranma le dijo a Akane que con el pelo corto le gustaba más. Bueno, en ese panel, al trenzudo se le descompuso el gesto, y tan solo con unas cuantas palabras que Akane dijo, el se puso tan nervioso y tímido. Bien, en cierto punto de este lemon, él empieza a decir cosas sin sentido. Es porque llegó a un estado de éxtasis tan grande que simplemente se dejó llevar sin pensar claramente en lo que le decía. Akane tiene ese efecto en él, es capaz de doblegarlo con unas simples palabras. Es por ello que decidí que el niño se perdiera en algún punto de la acción. Amo cuando los personajes masculinos se vuelven vulnerables. Además, lo hice gemir descontroladamente. Perdón, pero es que amo cuando los personajes masculinos mandan al demonio los estereotipos en estas actividades. Me parece dulce.
Para escribir esto si me puse a escuchar una playlist hot. Quiero recomendar algunas de las canciones: Swim y Slow down de Chase Atlantic, Wild side de Normani ft. Cardi B, y sobre todo, The Killa (I belong to you) de Tomorrow x Together.
Por último, agradecerles por sus reviews, favoritos y seguidos. Realmente espero que este one shot les haya agradado.
Espero que se encuentren bien, y les deseo un buen día.
Con amor, Sandy.
