Los personajes (a excepción de algunos) no me pertenecen, son de J.K. Rowling. La historia y todo lo demás es de mi pertenencia.
Introducción
I
Hermione se encuentra sentada en el viejo sofá-cama con las piernas entrelazadas tratando de hacer su tarea de matemáticas mientras cuida de su hermano pequeño, el cual se halla sentado en el piso, viendo su programa favorito en el pequeño televisor.
La puerta principal se abre de repente, golpeado la pared de manera fuerte y ella ni siquiera hace amago de voltear a ver qué sucede, estando ya acostumbrada a ese tipo de escena. Bryan, sin embargo, no, por lo que él sí se sobresalta a la vez que gira la cabeza, abriendo la boca, con los ojos saliéndose de su órbita, lo que la obliga a mirar en dirección a la puerta.
Horrorizada y, de un salto, se levanta del mueble, dejando caer el cuaderno en el proceso y se abalanza encima su hermano para taparles los ojos.
—¡Mamá! —exclama, tragándose la bilis por el asco que le da verla en ese estado. Ella está otra vez borracha, con la blusa desabotonada, encaramada encima de su novio de turno, y es toda risas y palabras inconexas, mientras este le hace no sabe qué cosas en los pechos desnudos.
Su madre no le hace el menor de los casos. Hace como siempre, como si sus hijos no estuvieran allí. Y Hermione no pierde tiempo y saca a Brayan del pequeño departamento, cuidando de no descubrirle los ojos.
II
—O tras vez está borracha.
No es una pregunta, por lo que ella ni siquiera se molesta en asentir. Le descubre el rostro a su hermano y se agacha a la altura de él.
—¿Estás bien? —le pregunta, preocupada. No sabe qué más decirle, su hermanito no debería haber visto lo que vio. Agradece que él asienta -aunque de manera distraída- y no le pregunte nada al respecto—. Ve a ver la televisión con Kiara mientras yo hablo con Ron, ¿sí? —La sola mención del nombre de su amiguita, hace que Bryan espabile y salga corriendo con una sonrisa en su rostro, en busca de ella.
Hermione ahora sí puede estar tranquila de que su hermano estará bien... Aunque no sabe por cuánto tiempo.
—¿Ahora que fue lo que pasó? Digo, además de llegar otra vez borracha. —Ron inquiere, molesto, adoptando esa actitud sobre protectora que siempre ha tenido para con ella y su hermano; dispuesto a ir a cantarles una cuantas verdades a su madre, aun cuando sabe que solo sería gastar saliva y energía.
Hermione suspira cansinamente y se lo dice. El rostro de Ron se endurece y quiere ir, al menos, a agarrar a golpes al tipo que seguramente está revolcándose con su madre en el piso -lo que le recuerda a ella que debe lavarlo con agua caliente en cuanto pueda-, pero ella se lo impide alegando que no vale la pena, y que, además, se puede meter en un problema.
Ron bufa, haciéndole caso a regañadientes, y se hace a un lado para que ella termine de entrar al departamento.
Hermione entra y saluda a Kiara con un beso en la cabeza, antes de sentarse en el sillón que está al frente del televisor.
Bryan está contento viendo la televisión, por lo que parece que ha olvidado que vio a su madre a punto de tener sexo en frente de él. Aunque no es como si su hermano conociera tan siquiera esta palabra, menos su significado. Hermione piensa, si quizá puede decirle a Bryan, en el caso de que pregunte, que aquel señor extraño solo le hacía cosquillas a mamá.
—Supongo que te quedarás. —Ron afirma a la vez que se deja caer pesadamente al lado de ella.
—Si no te importa.
—Por supuesto que no—le dice, rodando los ojos—. Sabes que se pueden quedar aquí el tiempo quieran.
—Gracias, pero no será necesario. Seguro que para mañana al mediodía, ella ya se habrá ido a buscar su provisión de alcohol. —se apresura a decir, sabiendo hacia dónde se dirige su amigo con su comentario.
Él larga un suspiro resignado, pero no derrotado.
—Her... —empieza, llamándola cariñosamente, pero ella lo corta.
—No, Ron, ya hemos hablado sobre eso. No hagas que me sienta incómoda, ¿sí? Si no voy a tener que irme, aunque no quiera.
Ron chasca la lengua y, esta vez, acepta con molesta derrota.
— Pero, Her, tenemos que hacer algo —le dice—. No puedes seguir quedándote con ella. No es bueno para ti ni para él. —señala a Bryan, que está hablando ahora animadamente con Kiara, aprovechando que están pasando los comerciales.
—Eso lo sé, Ron —le dice ella, estando acuerdo—. No te preocupes. He estado pensado, y yo podría buscar un trabajo.
—¿Y los estudios? —pregunta él, con tono reprobatorio.
—Nada. Los dejaré por un año y los retomaré al siguiente —y, al ver que él ya negaba con la cabeza, dispuesto a refutar, añadió—: Mira Ron, esto es algo que llevo pensado mucho tiempo y en lo cual no pienso ceder. Sé que me vas a decir que tú puedes ayudarme, pero quiero empezar a valerme por mí misma. Buscaré un trabajo y alquilaré una pieza en donde pueda vivir con mi hermano. Además, igual, ¿de qué me serviría terminar el bachillerato si no tengo dinero para pagar la universidad?
III
Hacer que Ron terminara por aceptar lo que le dijo no fue fácil. Pero a la final no le había quedado de otra, lo que ella le dijo era cierto, ella no pensaba ceder ni un palmo lo que había pensado. Esta era su oportunidad para dar comienzo a una nueva vida con su hermano. El camino estaría lleno de piedras y malas hierbas cubiertas de espinas, pero eso era algo que Hermione también sabía. Desde que tenía conciencia, su vida había sido complicada: Hija de un drogadicto que murió por una sobre dosis cuando ella apenas tenía tres años -y sabía más cosas de las que una niña de su edad debería saber-, y una madre que pasaba la mayor parte en estado etílico, que cambiaba de hombre como si de cambiase un calcetín se tratara. Al menos, Hermione podía aprovechar su borrachera para sacarle dinero de la cartera y así comprar comida para ella y su hermano.
Bryan había sido producto de una de esas ocasiones sin conciencia. Su madre nunca supo quién era el padre. Cuando se enteró de que estaba embarazada, Hermione, con solo 9 años, vio a su madre ingerir más alcohol de lo que la había visto ingerir en su corta vida. También la vio tomar todas clases de pastillas, y hasta golpearse ella misma la hinchada barriga. Aun con todo lo que intentó no logró su cometido. Bryan nació 9 meses después, a salvo, sí, pero no completamente sano. Era niño de facciones delicadas, con el cabello de color del trigo y los ojos del color de las ortigas. Físicamente, Bryan era normal, con todas sus extremidades y órganos en su lugar, pero, interiormente, Hermione sabía que había algo mal con él, no era normal que no le gustara juntarse ni hablar con nadie, excepto con ella. Era un niño demasiado encerrado en sí mismo. Cosa que hizo difícil que él se adaptara a la escuela. Los primeros días gritaba y lloraba para que ella no lo dejara en un lugar desconocido. Hermione no pudo evitar dejarlo, aunque con el corazón hecho un puño, pero pensó que era completamente normal y que su hermano se adaptaría, así como sus demás compañeros, que también lloraron sus primeros días de escuela.
Bryan dejó de llorar y de gritar, pero no fue porque se hubiera adaptado, sino porque la maestra había llevado un conejo para hacerlo mascota del salón y él le había encantado y se había encariñado, tanto, que después lloró para que ella no se lo llevara de la escuela cuando lo iba a recoger, una vez terminaban las clases.
Cuando acabó el jardín de niño, la ex maestra de Bryan, había tenido que darle el conejo a la maestra que a él le tocaría en primero. Pero la que le tocó en segundo se negó en redondo a aceptar animal en su salón.
—El niño necesita relacionarse con sus demás compañeros —le había dicho la maestra a Hermione cuando ella fue hablar con ella y lograr que cediera, puesto que Bryan no quería seguir yendo a la escuela si Sr. Bigotes -el conejo- no iba a estar ahí con él. La maestra no cedió y Hermione tuvo que perder un año escolar para quedarse cuidando a su hermano. Esto fue la que la llevó a conocer a Ron y con él vino Kiara.
Su mamá se molestó cuando supo que sus dos hijos iban a estar todo el día en la casa, lo que le hacía complicado que ella hiciera lo que quisiera cuando quisiera. Era tal la molestia de su madre que, borracha, llegaba gritándole todo tipo de groserías y queriendo pegarle a su hermano, lo que Hermione no se lo permitía. Prefería mil veces que su mamá la golpeara a ella que un niño tan inocente como Bryan, el que se quedaba paralizado en su lugar, cerrando los ojos y tapándose la cabeza.
Cuando Hermione no se sentía de humor para ser golpeada, optaba por salir al pasillo de su apartamento y se sentaba en la escalera junto con su hermano, esperando que su mamá llegara y se acostara a dormir para ellos luego entrar. Pero a Bryan no le gustaba quedarse a fuera "Quiero ver las comiquitas" le decía con un puchero que a ella le hacía doler el corazón.
Ron vivía en el piso de arriba. Ella lo había visto en varias ocasiones, pero nunca había hablado con él. Si era sincera, no había hablado nunca con él, por el hecho de que era hombre.
A Hermione le daba terror el sexo masculino, eso desde que, antes de que naciera su hermano, en varias ocasiones, ella había tenido que escapar de algunos de los amantes de su madre, que intentaron abusar de ella.
Bryan era un niño especial que no le gustaba hablarle a nadie, por lo que, Hermione, se sorprendió un día, al verlo hablar con Ron y su hija, Kiara, que era un año menor que él.
Hermione lo había dejado un momento solo mientras ella iba a ayudar a la vecina con las bolsas del mercado. No pensó nunca encontrar a Bryan así al volver, menos que estuviera más hablador de lo normal, y tampoco que él le dijera que Ron lo había invitado a su apartamento a comer helado mientras veía la televisión.
Hermione no tuvo corazón para decirle que no, así que, tragándose su miedo, aceptó.
Desde entonces ella y su hermano frecuentaban el apartamento de Ron cuando su mamá llegaba borracha e insoportable. Bryan se hizo amiga de Kiara y por esta fue que pudo volver a la escuela, por ende, ella también.
Hermione aprendió a ser amiga de Ron. Aunque no fue tan difícil, él era bastante agradable y respetuoso. El problema fue que él comenzó a verla de otra manera y hace muy poco que le había pedido que se mudara con él... como una pareja. Ron era mayor que ella, tenía 27 años, mientras que ella apenas si acaba de cumplir los 17, por lo que él no se conformaría con nada más agarrarle la mano. Y, de solo pensar en tener que compartir fluidos salivales con alguien, la hacía estremecerse de manera no agradable. Imagínense lo que le causaba la de estar desnuda frente a un hombre. No, definitivamente, ella le había dicho a Ron que no. Pero no solo había sido por esto que ella había rechazado la proposición de él, sino también porque ella no lo veía de otra forma que no fuera su amigo, además de que no le gustaba. Y no era porque él fuera feo, visualmente, Ron era atractivo e internamente era buena persona... En pocas palabras, no era un problema de él, era de ella, que sencillamente dudaba que algún día él le llegase a gustar. A decir verdad, Hermione dudaba que algún día le fuese a gustar alguien.
