Los personajes (a excepción de algunos) no me pertenecen, son de J.K. Rowling. La historia y todo lo demás es de mi pertenencia.

¡Hola! Bueno, aquí estoy compartiendo otras de mis historias, la cual me llena de mucha ilusión hacerlo, ya que emocionalmente tengo algo especial con ella. Espero les guste como a mí.

Sin más qué decir, aquí está la segunda parte.

Primera Parte

"La teoría es mucho más creíble que la realidad"

I

Hermione sabía que dar comienzo a su nueva vida iba a ser difícil. Lo que nunca pensó, fue que esto lo fuera tanto, hasta el punto de casi volverse imposible. Casi. Pero ese "casi" había sido un puente largo y tambaleante, que le costó cruzar.

Dejó los estudios que, cabía decir, había sido lo único sencillo en su plan. El problema fue no haber pensado en el detalle de que, ¿quién cuidaría a Bryan mientras ella trabajaba? Su hermano veía clases toda la mañana y parte de la tarde, por lo que ella bien podría buscarse un trabajo de medio turno, pero eso significaría menos horas de trabajo, por lo tanto menos dinero y ella necesitaba el suficiente para poder alquilar un cuarto y mantenerse ella y su hermano. También había pensado en la idea de meterlo en algún cuidado diario, pero eso era generarse otro gasto, además de que, en la guardería, seguramente le pedirían el pago de un mes adelantado y ella tampoco tenía dinero para eso. Así que estas dos opciones fueron descartadas. Pero no se daría por vencida, alguna solución tenía que encontrar...

Y la encontró. Solo que había tenido que faltar a lo que había decidido, y aceptar que Ron le pagara un extra a la señora que cuidaba de Kiara para que también cuidara de Bryan.

—Lo aceptaré en condición de préstamo. —le dijo a Ron, que no rechistó con tal de que ella aceptara su ayuda.

Decir que Bryan se puso contento cuando supo de esto, estaba de más. El pequeño estaba feliz, y si él era feliz, Hermione también, por lo que solucionado ese detalle, se concentró en buscar trabajo, lo que causó otro problema: nadie estaba interesado en contratar una menor de edad que, aparte, no tenía experiencia.

Hermione estuvo bastante tiempo buscando alguna oportunidad sin encontrarla, estuvo a punto de desistir, pero -paradójicamente-, es allí, en ese momento, cuando las personas pierden las esperanzas, que de repente ocurre un milagro.

Ella estaba toda cabizbaja, sentada en la parada del transporte, contando el sencillo que, para su peor suerte aun, no le alcanzaba para pagar el bus. Sus ojos se empañaron de lágrimas, pero hizo el esfuerzo por no soltar ninguna, ya era lo bastante patético que tuviera que irse caminando a su casa, para que, encima, lo hiciera llorando y las personas la vieran y sintieran pena por ella. Guardó el dinero en el bolsillo de su pantalón y se puso de pie, pero no había dado ni un solo paso, cuando una brisa fuerte sopló, haciendo que, de la basura que estaba en el piso, se levantara un periódico sucio y viejo, el que fue a dar directo a la cara de ella.

Se lo quitó del rostro, maldiciendo en voz alta, con intención de hacerlo bola y tirarlo de nuevo al piso, pero en el último segundo cambió de parecer, al darse cuenta de que la página era de la sección de clasificados, más específicamente del área de solicitud de empleo como pudo ver. Un aviso encerrado en gran círculo rojo, fue la demanda que primero llamó su atención. Se solicitaba personal para trabajar en una panadería. Hermione sonrió con renovadas esperanzas. No sabe por qué, pero sentía que había llegado al final del puente.

"No se requiere experiencia"

II

La panadería no era ni tan grande ni tan pequeña. Se llamaba "Delicatezze Susi's" y la dueña era una amable señora mayor con un acento italiano marcado, por lo que a Hermione no le costó deducir cuál era su procedencia. La señora se llamaba Bianca, y no tuvo ningún inconveniente en contratarla, ni siquiera el que ella fuera menor de edad.

—No pasa nada —le había dicho—. Yo comencé a trabajar cuando tenía 15 años. Además, no te falta mucho para cumplir la mayoría, ¿no es así?

Hermione había asentido contenta, esta vez, sin poder contener las lágrimas por la emoción. Bianca le dijo que podría comenzar a trabajar al día siguiente, de 7:00 am a 7:00 pm. Ella trabajaría en el área de atención al cliente y el sueldo sería un poco más elevado que el mínimo, por trabajar unas horas más de lo regularmente establecido.

Hermione le dijo que estaba bien y la dio mil gracias antes de irse a su casa. No veía la hora de llegar y darle la buena noticia a Bryan y a Ron.

II

Tenía dos compañeras de trabajo, Lola y Marta. Las dos eran mayores que ella... Parecían no tener más de 30, en cambio, Lola, a pesar de ser contemporánea con la primera, tenía algo en su semblante, que suponia tener más edad.

Marta llevaba una semana trabajando y había sido entrenada por Lola, lo mismo que haría con Hermione.

Ella puso todo de su empeño por aprender, por lo que en cuestión de días, aprendió a despechar rápido el pan y la charcutería. Lo que no se le daba era el área de los cafés.

—No te preocupes, ya aprenderás. —le decía Lola, cariñosamente. Ella era la que más atendía esa área porque Marta tampoco entendía eso de hacer un marrón espumoso o expreso levanta muertos.

—¿Quién puede tomar eso? —le comentaba Marta, con tono de asco, pero la verdad es que a los clientes, en su mayoría hombres -lo que Hermione agradecía que Lola fuera la que los atendiera- tomaban el expreso. Eran pocos los que pedían café con leche o marrón.

Hermione se adaptó rápido a la panadería y en dos meses pudo reunir para mudarse a un cuarto en el mismo edificio donde vivía con su madre. Hubiera preferido mudarse a otro lugar más cerca de su trabajo, pero pensó que a Bryan no le iba a gustar la idea ahora que se había acostumbrado estar más tiempo con Kiara.

La madre de Hermione ni siquiera le dijo nada cuando ella y su hermano se fueron. Supuso que hasta agradecía que ellos se fueran. Lo que le daba pesar era que su hermano, en su incorruptible inocencia, le preguntaba cuándo iban a volver a vivir en el departamento de mami. Ella siempre se las arreglaba para distraerlo con cualquier cosa, y así evitar responderle. Sinceramente no sabía cómo explicarles las cosas a su hermano sin que eso generara docenas de preguntas que ella no quería responder. Agradeció que, con el pasar del tiempo, él dejara de preguntarle...

III

Hermione estaba contenta: en poco tiempo había logrado lo que quería. Tenía su propio cuarto en donde ella y su hermano, podría decirse que eran felices, no tenían mucho, apenas si les alcanzaba para lo justo, pero al menos ya no tenían que salir corriendo cada vez que su madre aparecía borracha como una cuba.

En el trabajo también le iba bien; iba a cumplir 7 meses trabajando, y no tenía queja alguna. Sus compañeras de trabajo eran de las mejores y su jefa las trataba como si fueran sus hijas.

Marta, Lola y ella habían llegado a un acuerdo en cuanto al modo de trabajar, para que a las tres se le hiciera más fácil la jornada. Ella y Marta se encargarían del área de la panadería y la charcutería; y Lola la del café y los dulces. Era un buen trato porque tanto ella como Marta nunca aprendieron a preparar un café decente, y los clientes se quejaban. Además, a Lola le gustaba porque decía que ya había hecho buena amistad con los clientes que se quedaban rato hablando con ella mientras se tomaban el café que les preparaba, y se lo agradecían con cualquier detallito, que ella aceptaba, gustosa.

Otra que estaba a gusto con los presentes que le daban, era Marta, que era una coqueta sin remedio. No podía ver hombre que se acercara al mostrador, porque en seguida la susurraba al oído "Este es mío" y se arreglaba en el escote e iba toda sonrisas a atenderlo. Siempre conseguía que el cliente le dejara pago alguna cosa que ella quisiera de la panadería. Hermione ni le molestaba, si por ella fuera se limitaría a atender solo al público femenino, pero no podía darse ese lujo, por lo menos no en las horas pico, es decir, en las horas en donde parecía que todo el mundo se hubiera puesto de acuerdo para ir a comprar. Esa era en la mañana, desde las 7:00 am hasta las 10:00 am, y en la tarde, desde las 6:00 pm hasta cerrarse la panadería. Las demás horas eran regulares, exceptuando la hora de la una hasta las tres de la tarde, que era casi un milagro que a la panadería entrara un alma.

Ese milagro estaba a punto de ocurrir.

Era uno de esos días cualquiera, algunos minutos pasada de la una y las chicas estaban hablando animadamente para matar el tiempo. Bianca dormitaba en el área de la caja, lo que Marta aprovechaba para contarle a Lola y a ella la nochecita tan movida que había tenido.

Marta era una excelente narradora y no se le escapaba ni un solo detalle, cosa que a Hermione le hubiera gustado porque ahora ella no tendría el rostro pálido y sudoroso de tanto aguantarse las ganas de vomitar. Lola no hacía más que reírse de los comentarios que decía Marta, que si el tipo no atinaba y a cada rato se resbalaba, lo que hacía que ella perdiera la paciencia hasta el punto de ir a buscar su juguete y enseñarle cómo y en dónde debía meterlo, por lo que comenzó ahogarse con su propia risa, y se llevó a la boca el refresco que sostenía en la mano para tomar un poco y calmarse. El problema fue que se le resbaló la lata de las manos, lo que causó que se manchara la blusa de morado.

—¡Mierda! —exclamó, tratando de limpiarse. Al menos había dejado de ahogarse y Marta había dejado su descripción gráfica para ahora ser ella la que se reía.

Hermione pudo volver a respirar e intentó ayudar a Lola a limpiarse, pero nada, la mancha no salía.

—Vamos al baño —le ofreció, pensando que tal vez con algo de jabón saldría. Lola asintió, y las dos estuvieron a punto de irse al baño, cuando, la campanilla que anuncia la entrada de un nuevo cliente, sonó, haciendo eco en toda la panadería. Bianca espabiló y vio a las tres que se habían quedado paralizadas. El corazón de Hermione comenzó a hacer cosas raras, lo que justificó al hecho de que su jefa le estaba haciendo señas con las manos y modulaba "Que esperan para ir a atender", y que nada tenía que ver con los dos hombres que acababan de entrar. Uno era de estatura media, de piel mulata y tenía la cabeza rapada. Iba vestido con ropa deportiva en tonalidades en azul y rojo, y se dirigía hacia el mostrador, en donde ellas estaban, en la parte de atrás. El otro, se había detenido en frente, a donde se servían los cafés.

—¿Es que no hay nadie aquí que atienda?

Su voz sonó fuerte, fría y demandante, lo que hizo que Hermione respingara y cerrara los ojos, abriéndolos casi que en seguida, solo para encontrarse con el horror de que Marta ya estaba atendiendo al mulato y Lola se alejaba de ella, pero en dirección hacia la parte de atrás, o sea, hacia el baño.

—En seguida lo atenderán, Señor. —Bianca dijo desde de la caja. El señor ni siquiera volteó a verla ni respondió.

Hermione no esperó a que Bianca le dijera a ella que lo atendiera y obligó a sus piernas -que se habían quedado entumecidas- a que se movieran.

—¿Qué desea..., señor? —preguntó, con voz temblorosa, pero audible, una vez estuvo frente al hombre alto -altísimo-, que la escrutó de pies a cabeza, con sus dos trozos de hielo que adornaba su cara de facciones duras e inexpresivas.

Hermione se estremeció como si tuviera frío de repente, pese a que estaban en pleno verano y hacía calor insoportable.

—Un marrón fuerte, con bastante crema. —contestó él con el mismo tono autoritario de antes, solo que a Hermione le pareció que, esta vez, sonó como si acabara de pillar un resfriado.

Ella asintió, tragando grueso, rogando para que alguna deidad la ayudara a que ella pudiera preparar un café en condiciones. Se giró de espaldas al señor y, con manos temblorosas, se dispuso a preparar el café, tratando de recordar la explicación de Lola, de cómo hacer para calentar la leche, de tal manera que quedara cremosa. Pero por más que lo intentó no lo logró.

Inspiró audiblemente: Ya qué, sólo era un café, sino lo quedaba bien no era el fin del mundo. Y si al señor no le gustaba, tampoco le importaba.

Sirvió el café en una taza, menos nerviosa después de su pensamiento anterior, pero su tranquilidad no duró mucho, al darse vuelta y descubrir que el señor la seguía mirando sin siquiera pestañear.

—Aquí tiene. —le dijo, colocando la taza encima del mesón. Él tomó la taza antes de que ella la soltara, por lo que, las puntas de sus dedos, rozaron momentáneamente los dedos largos de él.

Hermione retiró la mano inmediatamente, como si una avispa la hubiese picado en ese momento. Se sonrojó furiosamente al darse cuenta de que él lo había notado, a juzgar por como su rostro se distorsionó con una media sonrisa burlona al tiempo que se llevaba la taza a la altura de la boca.

—¡¿Pero qué porquería es esta?! — despotricó, asqueado, no sin antes haber escupido el café de manera abrupta, salpicando todo el rostro de ella.