Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Capítulo 5
Jasper
Miro con rostro sobrio a Paul, quien está frente a mi escritorio con los brazos cruzados sobre el pecho, preguntándome de dónde repentinamente está sacando sus estúpidas ideas.
—No —replico.
—¿Por qué no? Es una oportunidad perfecta. Puede decir que se perdió o que está explorando la casa.
—Primero, porque seguro que nunca ha visto un dispositivo de escucha en toda su vida y no sabría cómo ni dónde colocarlo. Y, segundo, porque nadie creerá que haya entrado en la habitación de Leonid o en su despacho por accidente. No sabemos quién más está involucrado. Podría ser alguien del personal o uno de los chicos de seguridad. No quiero que alerte a Leonid o a su socio antes de tiempo.
—¿Estás seguro de que fue Leonid?
—Sí.
—Entonces, hay que capturarlo ahora mismo. Que Ben trabaje en él. Estará cantando como un pájaro por la mañana.
—¿Y si no fue él? —pregunto—. ¿Tienes idea de cómo afectaría a la moral y la confianza de mis hombres si torturara a uno de los míos sin pruebas, y luego resultara que es inocente?
—Pues estamos en un callejón sin salida, Jasper. —Se quita los lentes y suspira—. He estado escuchando las grabaciones durante meses y no he encontrado nada más que los chismes habituales. ¿Sabías que Ron se acuesta tanto con Valentina como con Olga?
—Me importa un demonio quién se acuesta con quién. ¿En qué habitaciones has colocado micrófonos hasta ahora?
—La biblioteca, el salón, el comedor, los dos baños de la planta baja, el sótano y la armería. Varya instaló micrófonos en la cocina y la despensa, por mí. Eso es todo.
—¿Y los autos?
—Todos excepto los de Leonid, Ben y Felix.
—No tienes que instalar en el coche de Felix. Si hubiera sido él quien colocó la bomba, estaría muerto, junto con toda la puta manzana. Tampoco es Ben. —Tamborileo el dedo en el escritorio, pensando—. Que Valentina coloque un micrófono en la habitación y el despacho de Leonid.
—¿Valentina?
—¿Por qué no? Es de confianza.
Niega con la cabeza.
—Bueno, déjame ponerlo de esta manera. Anoche, Alice estaba sentada en tu regazo, con el pelo alborotado, descalza, rodeándote el cuello con los brazos mientras le metías la mano por debajo del vestido. Tenías la camisa desabrochada y la estabas besando como un hombre poseído —informa Paul arqueando las cejas—. El personal completo se enteró de cada detalle en cuanto Valentina entró corriendo a la cocina, así como de su conclusión de que son almas gemelas y pronto tendrán bebés hermosos. Es leal, pero tiene la lengua más larga que la cuaresma. Es imposible que pueda mantener la boca cerrada, aunque su vida dependiera de ello.
—Jodidamente genial. —Respiro hondo y miro al techo. ¿Hay alguien en esta casa que esté remotamente cuerdo?
—Deberíamos pedirle a Alice que lo haga. El personal y los hombres aún no la han conocido, y si le pides que se haga pasar por una idiota tonta y risueña, nadie prestará atención a lo que está haciendo.
—Todo el mundo sabe que nunca me casaría con una idiota tonta y risueña, Paul.
—Claro que sí lo harías. Estás comportándote como un hombre poseído, ¿recuerdas?
Cierro los ojos y sacudo la cabeza con irritación. Uno de estos días, voy a estrangular a Valentina.
—Entonces, está decidido. —Paul se alisa la chaqueta, se pone las gafas y da media vuelta para irse—. Avísame cuando quieras que venga a explicarle el procedimiento a Alice.
Cuando regreso a mi suite en el ala este, no veo a Alice por ninguna parte, ni en la cocina ni en la sala, así que me dirijo a su dormitorio, que también está vacío. Por un momento creo que ha cambiado de opinión y, de alguna manera, ha escapado. Giro la silla de ruedas, planeando en dar la alarma cuando la encuentro, y la opresión que sin darme cuenta sentía en el pecho, se desvanece.
Está sentada con las piernas cruzadas en el rincón más alejado de la biblioteca, de espaldas a la estantería, con un montón de servilletas de papel esparcidas por el suelo a su alrededor. Atravieso la sala, me detengo a unos pasos y la observo. Está dibujando algo en una de las servilletas. Es muy sencillo, pero distingo la forma de una mujer que sostiene algo frente a ella. El resto de las servilletas desperdigadas alrededor muestran composiciones similares; algunas solo son líneas irreconocibles, otras son más detalladas. No me he ausentado más de una hora. ¿Cómo ha podido hacer todo eso en tan poco tiempo?
—¿Puedes enviar a alguien a mi casa para que traiga mis cosas? — inquiere Alice sin apartar los ojos del dibujo—. Hay tres cajas grandes en la sala. Diles que tengan cuidado, mis lienzos y pinturas están dentro.
—¿Para cuándo las necesitas?
—Para ayer. Ya que estoy atrapada aquí, más vale que haga algo útil con mi tiempo. Tengo la exposición dentro de tres semanas, y solo tengo seis piezas hechas. Necesito nueve más, además del grandulón.
—¿El... "grandulón"?
—La pieza principal. Ya pedí el lienzo para esa, llegará la semana que viene.
La miro trabajar unos minutos más, observando la forma en que entrecierra los ojos sobre algún detalle de vez en cuando, o cómo inclina la cabeza hacia un lado y se muerde la mejilla cuando está pensando. Su cabello es un revoltijo de mechones enredados que se ha recogido en la parte alta de la cabeza y sujetado con un lápiz. «Qué criatura tan extraña». Tan diferente de las mujeres con las que suelo relacionarme. Es refrescante y peligrosamente atractiva.
—Necesito hablar contigo cuando hayas terminado —indico cuando consigo quitarle los ojos de encima—. Estaré en la sala.
—Síp. —Deja el boceto terminado a un lado, toma la última servilleta de papel sin usar y comienza a dibujar sobre ella.
Parece que he sido desechado.
Después de ir a mi habitación a buscar la laptop que tengo ahí, me transfiero hacia el sofá y pongo las noticias. Apoyo la pierna derecha sobre la mesita situada delante de mí, abro la laptop y empiezo a revisar los correos electrónicos. Casi he terminado cuando Alice se deja caer a mi lado y bosteza.
—Lo siento, me dejé llevar. ¿De qué querías hablar?
Cierro la laptop y giro para mirarla.
—Necesito que me hagas un favor mientras estés aquí.
—¿Aspirar y sacudir? —Arruga la nariz—. No recuerdo aceptar eso. Planchar no me importa, sacudir tampoco, pero odio pasar la aspiradora.
—Que coloques algunos bichos en la casa, sin que nadie se dé cuenta.
Me mira con una mezcla de confusión y asco en su cara, así que parece que tengo que aclararlo.
—Dispositivos de escucha, no insectos, solemos llamarlos bichos para mayor discreción.
—Es una petición muy extraña, señor Hale. ¿Te importaría darme más detalles?
—Llámame Jasper a partir de ahora. Por favor asegúrate de que no se te escape cuando haya alguien cerca.
—No se me escapará, Jasper. —Sonríe y me guiña el ojo. Me guiña el maldito ojo. Suspiro.
—Tengo motivos para creer que, al menos una de las personas que puso la bomba con intención de matarme, está aquí en esta casa. Paul cubrió con micrófonos la mayoría de las habitaciones hace dos meses, pero no puede colocar los que faltan sin arriesgarse a que alguien lo vea.
—Bueno, me conmueve tu confianza en mis capacidades, pero realmente no veo cómo voy a poder hacerlo si él no pudo.
—Porque si alguien viera a Paul entrando en alguna de esas habitaciones, sabrían que algo no está bien. En cambio, si alguien te atrapa, siempre puedes decir que te has perdido.
—Tu casa es enorme. Sin embargo, no creo que me perdería tanto como para entrar en la habitación equivocada. —Parece ofendida—. No soy una idiota.
—Eso nos lleva al segundo tema que quiero comentarte, y se refiere a cómo te perciben las personas que viven y trabajan aquí. Necesito que parezcas... superficial, por decirlo de algún modo.
—¿Quieres decir estúpida?
—No exactamente. Lo que necesito es que, cuando la gente te vea entrar en la habitación, no estén cautelosos o sospechosos. Quiero que pongan los ojos en blanco en secreto y no se den cuenta de lo que estás haciendo porque asumen que eres... inofensiva.
Me mira sorprendida, luego se ríe. Es una risa espontánea y genuina la cual alcanza sus ojos.
—Está bien, definitivamente quieres decir estúpida. De acuerdo, necesitaré unos minutos.
Se recuesta en los cojines, echa la cabeza hacia atrás, y con su cara mirando al techo, cierra los ojos. Permanece así unos instantes y luego comienza a hablar.
—Superficial. Inofensiva. Un poco estúpida. Locamente enamorada de ti, por supuesto. Necesita acceso a toda la casa. Veamos... ¿Quién soy? Bueno, soy la esposa de adorno de Jasper, por supuesto. Bella, elegante y extremadamente esnob. Me encanta llevar ropa cara, de las mejores marcas. No me gustan mucho los vestidos, a menos que la ocasión lo requiera. Prefiero mucho más los jeans de diseñador, combinados con blusas de seda. Los tacones son imprescindibles.
Hace una pausa, abre los ojos y se gira hacia mí.
—¿Crees que los tacones son imprescindibles? —Arruga su diminuta nariz—. Claro que sí. Maldita sea. Odio llevar tacones.
Vuelve a cerrar los ojos y prosigue.
—Los tacones son imprescindibles, y tengo docenas de ellos. A Jasper le encanta que los use, dice que hacen que mi trasero se vea increíble. También soy muy consciente de mi estatura y usar tacones todo el tiempo me hace olvidar lo bajita que soy. Mi pasatiempo preferido es ir de compras y compro un montón de ropa. Mi esposo tiene que asignar un chófer solo para mí y mis compras compulsivas. —Otra pausa y vuelve a girarse hacia mí—. Jasper, necesitaré fondos para financiar su adicción a la ropa. Es una compradora compulsiva.
—Tendrás todo lo que necesites. —Me río. Está completamente chiflada.
—Mi esposo está loco por mí y me permite que haga lo que quiera con la vivienda, como reorganizar los muebles para que la atmósfera de la casa esté alineada con las vibraciones de la tierra. La mansión se siente terriblemente fría, así que compro muchas plantas de interior y las coloco por todas partes. También recorro cada habitación porque quiero asegurarme de que la energía libre fluya, así que reorganizo los cuadros y los espejos. También odio la mesa del comedor; es tan exagerada que decido cambiarla por una elegante de vidrio que vi en una revista de diseño de interiores.
Otra pausa.
—Esta mujer es cara, Jasper. Espero que sepas en qué te estás metiendo.
—Me las arreglaré.
—Es tu funeral. —Se encoge de hombros y prosigue—. A mi marido no le gusta que lo interrumpan, aunque, por supuesto, eso no se aplica a mí. A menudo entro en su despacho solo para ver cómo está e intercambiar algunos besos. Lo cual molesta mucho a sus hombres. Se preguntan qué ve en mí y por qué me permite tanta libertad, y llegan a la conclusión de que está pensando con su pene. Odian que siempre esté alrededor.
Me fascina la forma en que está creando a esta nueva persona. Es loca y brillante a la vez.
—Debe de ser increíble en la cama, para ser capaz de tener a su esposo comiendo de su mano —comento.
—Por supuesto que lo es. ¿Cómo más iba a hacerle perder la cabeza de esa manera? No es muy inteligente, pero da las mejores mamadas.
Me imagino a Alice haciendo justo eso, y mi miembro se pone duro al instante.
Abre los ojos y me clava la mirada.
—Creo que ya está bien por el momento, la desarrollaré más sobre la marcha. ¿Qué opinas? ¿Servirá?
—¿Haces esto a menudo? ¿Crear diferentes personalidades y luego meterte en ellas? —pregunto, tratando de reprimir la necesidad de agarrarla y comérmela a besos.
—Lo hacía de niña. Era un juego. Mi madre lo odiaba. Imagínate que tu hija baja una mañana y rechaza el desayuno porque dice que es vegetariana desde hace años cuando la noche anterior cenó huevos con jamón. — Bosteza de nuevo—. ¿Te molesta si me echo una siesta? Anoche no dormí bien.
—¿Por qué?
Alice parpadea, aparta la mirada y salta del sofá. —La cama era demasiado blanda.
La observo mientras corre hacia su habitación y me pregunto por qué se ha ruborizado.
Alice
Cuando salgo de mi habitación después de la siesta, encuentro a una mujer mayor en la cocina de Jasper, metiendo comida en la nevera. Es bajita con el pelo gris y lleva un elegante vestido amarillo. Se da la vuelta cuando me oye y me brinda una amplia sonrisa, la cual hace que le resalten las arrugas en las esquinas de sus ojos.
—Me preguntaba dónde te habías metido —comenta con un fuerte acento—. La cocina ha sido un hervidero de chismes desde anoche.
—Alice, esta es Varya —indica Jasper entrando en la cocina—. Varya conoce nuestro acuerdo.
La mujer mayor me mira de arriba abajo, desde la parte alta de la cabeza hasta los dedos de los pies, haciéndome sentir como si tuviera dieciséis años y mi novio me estuviera presentando a su madre por primera vez. Esta mujer es importante para Jasper, es evidente por su tono de voz cuando habla con ella. De alguna manera, parece menos cauteloso. Si le ha contado la verdad sobre nuestro trato, significa que confía en ella, y no creo que Jasper confíe en muchas personas.
—¿Para cuándo es la boda? —pregunta.
—Dentro de unas semanas. —Me encojo de hombros.
—No creo que sea una buena idea, Jasper. —Varya se vuelve hacia él —. Si tienes a Alice aquí tanto tiempo, tendrás que presentársela a tus hombres. No estoy segura de que sea una buena idea presentarla como tu... amante.
—¿Crees que deberíamos hacerlo antes? —cuestiona.
—Sí. Cuando la lleves con tus hombres, tienes que presentarla como tu esposa. De lo contrario, nadie la respetará.
Jasper mira a Varya unos instantes, luego saca su teléfono y hace una llamada.
—Paul, cambio de planes. Llama al juez de paz para mañana por la tarde.
«Espera... ¿Qué?».
—Mucho mejor. —Varya sonríe—. ¿Cuándo les mando la cena?
—Dentro de una hora.
—Perfecto. Me aseguraré de que sea Valentina quien la traiga, describió la escena que presenció ayer con mucho detalle. Es una habladora muy talentosa. Todo el personal de la cocina y algunos de los hombres que estaban presentes la escuchaban con los ojos muy abiertos, comentando que nunca traes mujeres a tu casa y lo especial que debe de ser esta. —Varya se da la vuelta para irse, pero se detiene en la puerta—. Asegúrate de que esta vez los atrape haciendo algo más íntimo. No querrás que la gente sospeche cuando anuncies que se han casado tan repentinamente, Jasper.
Confundida y un poco asustada, miro la puerta que Varya acaba de cruzar, luego me vuelvo hacia Jasper.
—No vamos a tener sexo para que tu criada nos atrape.
Se ríe y se dirige a su dormitorio.
—Voy a ducharme y cambiarme. Si tienes pensado hacer lo mismo, sé rápida y ponte algo de encaje.
—¿Disculpa?
—No habrá sexo de por medio. Pero Valentina traerá la cena a mi habitación y estarás allí.
Me lanza las palabras por encima del hombro. —¿En tu habitación?
—En mi cama, Alice.
Jasper
Estoy hurgando en el cajón de la cocina buscando un sacacorchos cuando oigo que se abre la puerta de la habitación de Alice. Levanto la cabeza y miro. Alice está de pie en la puerta, pareciendo una princesa oscura con un camisón corto de encaje y el cabello azabache suelto a ambos lados de su cara.
Entra en la cocina descalza y se para justo delante de mí, sin embargo, mantiene la cabeza agachada mirando sus pies. Por fuera parece relajada, pero luego levanta la vista y la espalda se le pone rígida. Es lo que supuse; lo que le molesta no es estar cerca de mí, sino mi altura.
Me quito la muleta izquierda de debajo de la axila y la apoyo contra la isla de la cocina, luego me inclino para sujetar a Alice por la cintura, la levanto y la siento delante de mí en la encimera.
—¿Mejor así? —pregunto, pero se limita a mirarme con los ojos muy abiertos.
Me giro para recuperar la muleta izquierda detrás de mí y, cuando vuelvo a mirarla, veo una lágrima perdida rodarle por la mejilla. La visión me desgarra.
—Lo siento —susurra—. No eres tú, Jasper.
—Lo sé. —Me estiro para colocar mi palma en su mejilla y secar la lágrima—. Voy a matarlo, malysh. Será lento y doloroso. Dame su nombre.
—No.
—No te lo estoy pidiendo. Dime su maldito nombre.
—Dije que no. No voy a convertir a nadie en un asesino.
—Demasiado tarde para eso, Alice. El nombre.
—Déjalo. No voy a decírtelo. Solo... olvídalo, maldita sea.
Respiro hondo y trato de reprimir la necesidad de golpear mi mano contra algo.
—De acuerdo. Lo dejaré ir por ahora. Aunque solo estás retrasando lo inevitable.
El teléfono comienza a sonar en mi habitación. Probablemente es Varya que quiere saber si estamos listos para la cena, pero ya no estoy de humor para jugar juegos.
—Tengo que contestar.
Me giro para dirigirme al dormitorio y oigo a Alice bajándose de la encimera.
Me sigue, manteniéndose unos pasos por detrás de mí, igualando mi ritmo lento. El teléfono deja de sonar justo cuando llego a la mesita de noche.
—Le diré a Varya que dejen la bandeja en la puerta de entrada —explico mientras me bajo para sentarme en el borde de la cama—. Puedes volver a tu habitación o esperar en la cocina.
—No.
Alcanza las muletas que apoyé a mi lado y las desliza debajo de la cama. La observo mientras quita la colcha y se mete debajo de las sábanas.
—Ven —indica, levantando la esquina de la sábana.
Me aseguro de que haya suficiente espacio entre nosotros y me acuesto suponiendo que se mantendrá lejos. En lugar de eso, me rodea con una pierna y se me sube encima, bajando la cabeza para colocarla sobre mi pecho. Apenas puedo respirar, esforzándome por no mover ni un músculo, por miedo a asustarla. Permanecemos así unos instantes, yo acostado inmóvil y ella tumbada sobre mi pecho.
—Pon tus manos alrededor de mí.
Hago lo que me dice, atento a cualquier señal de angustia, pero no la hay. Qué criatura tan inusual, y se siente demasiado bien sostenerla en mis brazos de esta manera. Desearía que no fuera una actuación.
—¿Está bien así? —carraspeo.
—Síp —dice y cierra los ojos—. Necesito darte algunas indicaciones.
—De acuerdo.
—No me sujetes las muñecas ni me aprietes el cuello —indica, y siento un escalofrío recorrerme la espalda—. Tampoco me acorrales con tu cuerpo.
Alice
En cuanto las palabras salen de mi boca, Jasper se queda quieto debajo de mí. Odio hablar de esto, sin embargo, tenía que decírselo. No quiero arriesgarme a perder el control delante de él si hace algunas de esas cosas sin darse cuenta. Se queda acostado, y escucho cómo los latidos de su corazón se aceleran bajo mi oído, luego quita los brazos de mi espalda.
—Vuelve a tu habitación, malysh. No vamos a hacer esto —afirma en tono cortante.
Mierda. Sabía que reaccionaría así.
—Está bien, Jasper.
—No. Te hicieron daño. No voy a obligarte a...
—No me estás obligando a nada. —Levanto la cabeza y lo miro, luego me arrastro hacia arriba hasta que mi cara queda justo frente a la suya.
—Alice... —Comienza, pero le pongo un dedo sobre los labios.
—Tuve sexo... después. No tengo ningún problema en estar en la misma cama que tú. No me asustaré porque me abraces o por estar cerca de ti.
Sus labios son muy suaves, y por un momento me distraigo al ver que me mira con tanta intensidad. Es tan guapo.
—Nunca llegó a eso —continúo—. Él... nunca me hizo daño de esa manera. Le rompí la laptop en la cabeza antes de que pudiera hacer algo.
—¿Lo golpeaste en la cabeza con una laptop?
—Dos veces. Le rompí la nariz con el segundo golpe y salí corriendo. — Me encojo de hombros y paso un dedo por la ceja de Jasper—. Aun así, jodió con mi cabeza. A veces no puedo controlar mis reacciones, pero no tiene nada que ver contigo.
—¿Estás segura? Necesito que estés segura, Alice.
—Lo estoy.
Escucho pasos acercándose junto con el leve tintineo de platos y cubiertos. Es una excusa perfecta, así que bajo la cabeza y lo beso. Iba a ser un beso rápido, sin embargo, en el momento en que siento sus labios sobre los míos, todos los pensamientos racionales salen volando y en el siguiente instante mis manos lo están apretando contra mí con todas mis fuerzas. Siento la necesidad de acercarme más a él, lo cual es absurdo, ya que estoy sobre su pecho con mis piernas a cada lado.
Se oye un grito ahogado detrás de mí. Dejo de besarlo, miro por encima del hombro y veo a la chica de ayer de pie en la puerta con una bandeja de comida en las manos, la boca entreabierta y los ojos muy abiertos. Suelto un grito y rápidamente tomo el dobladillo de mi camisón de encaje, que se me ha subido por la espalda, y lo bajo por encima de las manos de Jasper, que están actualmente agarrándome las nalgas. Con un poco de suerte, no les contará a todos en la cocina que ha visto mi tanga de encaje negro.
—Pakhan, lo... siento, no sabía...
—¡Déjala ahí y vete! —espeta Jasper debajo de mí como si estuviera enfadado con ella por haber entrado, lo cual no tiene sentido. Estamos haciendo todo esto por ella. Bueno, al menos él lo está. En cuanto a mí, no estoy segura de estar fingiendo. Y eso me aterra bastante.
Espero a que la chica se vaya, luego miro a Jasper.
—Bueno... me iré —agrego, pero no me muevo para quitarme de encima de él.
Me mira con los ojos entrecerrados con sus manos aún sosteniendo mi trasero. La piel de su torso está cálida bajo mi tacto, sus labios muy cerca. Solo tendría que inclinarme un poco hacia adelante para volver a saborearlos. «¿Tan malo sería si me quedara aquí con él? Sí, supongo que sí». Hago un movimiento para bajarme y sus manos desaparecen al instante de mi trasero.
—Necesito ir a comprarme algo de ropa —comento mientras me bajo de la cama, tomo un sándwich de la bandeja que dejó la criada y camino hacia la puerta—. A la esnob de tu esposa no la atraparían ni muerta paseándose por ahí con una de mis sudaderas.
—Te llevaré por la mañana. Debes estar lista a las nueve.
Giro y lo veo tirado en la cama con las manos cruzadas detrás de la cabeza, lo que hace que su enorme cuerpo parezca aún más grande. Nadie debería ser tan guapo. Y he vuelto a perder la oportunidad de ver sus tatuajes. Maldita sea.
—Bueno. Pues buenas noches —digo, y salgo corriendo de la habitación.
