Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 6

Jasper

Cuando llego a la cocina alrededor de las ocho y media, Alice ya está terminando su desayuno. En lugar de unírmele, me sirvo un vaso de jugo de naranja y lo bebo junto a la encimera, porque no estoy seguro de que seré capaz de levantarme si me siento. Warren me torturó durante casi dos horas en la sesión de fisioterapia de esta mañana, y apenas pude ducharme y vestirme después. Debería haber tomado la silla de ruedas en este momento en lugar de las muletas.

—Tenemos que desviarnos un momento antes de ir de compras. — Coloco el vaso vacío en el fregadero—. Uno de mis hombres llamó por un asunto que tengo que resolver. No tardaré mucho.

—¿Te importa si también pasamos por una tienda de suministros de arte? Varya vino temprano para decirme que ya llegó mi material de arte, pero necesito comprar más pinturas.

—Claro. Le diré a uno de los chicos que suba las cajas. ¿Dónde las quieres?

—Frente a la ventana junto al librero. Eso si estás de acuerdo con que ponga allí mi espacio de trabajo. Te prometo que cubriré el suelo y no haré un desastre.

—Por supuesto. —Asiento con la cabeza y me doy la vuelta para entrar en mi habitación y tomar la silla de ruedas cuando un dolor punzante me recorre la pierna derecha. Maldición. Aprieto los ojos un segundo, respiro hondo y doy un pequeño paso adelante. Logro dar dos más antes de verme obligado a detenerme y descansar un momento.

—¿Jasper?

Miro por encima del hombro y veo a Alice observándome desde su lugar en la mesa.

—¿Está todo bien?

—Sí.

Asiento con la cabeza y sigo arrastrándome hacia la habitación, intentado no poner demasiado peso en la pierna derecha.

Sujeto la manecilla de la puerta y me vuelvo hacia Alice.

—Quédate en el auto. No tardaré.

—Claro, cariño. —Sonríe. Sacudo la cabeza y me traslado del asiento del coche a la silla de ruedas que Dolohov, mi jefe de seguridad, está sujetando para mí.

El almacén está situado al sur de la ciudad, en un terreno entre dos fábricas abandonadas. El suelo es irregular, lo que hace que sea más difícil empujar las ruedas, pero Dolohov sabe muy bien que no debe intentar ayudarme. Entramos por una puerta grande que se usaba para vehículos y nos detenemos en medio del enorme pasillo, donde dos de mis hombres están esperando.

—¿¡Quién lo ha jodido!? —vocifero al entrar, seguido por Dolohov.

—El conductor —responde Ben—. Una patrulla de rutina lo ha detenido por exceso de velocidad. También estaba borracho. Han confiscado la mercancía.

—Ha excedido el límite de velocidad mientras transportaba mis drogas. Borracho —repito, incrédulo—. ¿Dónde está el idiota?

—Logró escapar de los policías. Está en la habitación de atrás.

—Mátalo —le ordeno a Ben, y me giro hacia Anton—. Asegúrate de que los demás estén advertidos, para que esta mierda no vuelva a suceder.

—Sí, Pakhan.

—Enséñame el mapa. Tendremos que cambiar la ruta para los próximos cargamentos.

Tardamos unos veinte minutos en establecer la ruta alternativa, y casi una hora revisando los cargamentos planificados para las próximas dos semanas y haciendo los ajustes necesarios. Tal vez no debí haber traído a Alice, seguro que está inquieta por tener que esperar tanto tiempo en el auto.

Cuando por fin regresamos al coche, Dolohov me abre la puerta y, cuando veo a Alice, me quedo helado a medio movimiento. Está sentada con las piernas cruzadas en el asiento trasero y los ojos cerrados. En el teléfono que tiene en el regazo se está reproduciendo un video que muestra a una mujer en la misma pose, murmurando no sé qué tonterías new age mientras Alice repite lo que dice. Luce ridícula.

—¿Qué estás haciendo?

—Eliminando vibraciones negativas y canalizando energía positiva a mis chakras. Vova dijo que no le importaba.

Giro la cabeza y miro a nuestro chófer. Está mirando hacia el frente, fingiendo compostura, pero puedo verlo en su rostro, apenas está logrando evitar reírse a carcajadas.

—¿Quieres probarlo, cariño? Es maravilloso para liberar el estrés — pregunta Alice, pareciendo completamente seria, pero hay un brillo de picardía en sus ojos.

—Probaremos algo parecido cuando lleguemos a casa.


Alice

Hay tres montones de ropa en el banco del probador. El más grande tiene las prendas que no me sirven bien y no se pueden arreglar. El del medio consiste en ropa que no me queda bien, en su mayoría jeans y dos vestidos, pero que pueden alterarse a mi medida. La vendedora de la boutique me tomó las medidas hace un momento y me prometió que la modista los arreglaría y los entregaría dentro de dos días. Estas tiendas elegantes tienen un servicio al cliente excepcional. Le doy la ropa que hay que acortar a la asistente de compras, que está esperando frente al probador, y llevo conmigo el tercer montón más pequeño a la caja. No puedo creer que haya encontrado algo que me quede bien.

Jasper paga las compras con su tarjeta, luego me pasa el brazo por la cintura y se inclina hacia mí.

—Me gusta mucho la tanga rosa. Te la pondrás para mí esta noche — comenta, y me besa.

Aunque sé que lo está haciendo porque su hombre, Dolohov, está delante de nosotros recogiendo las bolsas, aun así, siento mariposas intensas en el estómago. Dolohov no hace ningún comentario y finge que no pasa nada fuera de lo normal, aunque miro la forma en que abre los ojos cuando nos ve besarnos. Es un poco mayor que Jasper, treinta y algo, y buenmozo, con unas libras de más en la cintura.

La mano de Jasper llega a descansar en mi trasero y lo aprieta un poco.

—Deja de comerte con los ojos a mi jefe de seguridad, Alice —me susurra al oído.

Arqueo una ceja y sonrío.

—Claro, cariño.

Nos dirigimos a la zapatería al lado de la boutique y, quince minutos después, estoy sentada en una silla con al menos una docena de cajas esparcidas por el suelo a mi alrededor. Cuando veo los precios, casi me desmayo y quiero ir a otra tienda, pero Jasper no quiere ni oírlo. Así que aquí estoy, sosteniendo un par de zapatos de tacón que cuestan una pequeña fortuna cuando oigo que mi futuro marido se acerca. Se coloca delante de mí y se inclina, tomando los zapatos de mis manos y se los pone en el regazo.

—Izquierdo —ordena, y extiende la mano.

Cruzo las piernas y levanto el pie izquierdo, colocando el talón en su palma. Me levanta la pierna por el tobillo, toma un zapato de su regazo y me lo desliza por el pie.

—¿Tienes un fetiche de pies, Jasper?

—No. Pero creo que estoy desarrollando uno —asegura con la barbilla metida hacia abajo, y me suelta la pierna—. Derecho.

Hace lo mismo con cada par y, para el momento en que terminamos, estoy excitada a más no poder. No tenía ni idea de que mis pies fueran una zona erógena, o tal vez sea la forma en que me acaricia a propósito la piel alrededor del tobillo. Tengo la sensación de que cualquier parte de mi cuerpo se convertiría en una zona erógena si Jasper la tocara. Por supuesto, nunca permitiré que las cosas lleguen a ese punto.

—Nos los llevamos todos —indica, y hace señas a Dolohov, que está parado en la entrada.

—¿Estás loco? —susurro, asegurándome de que Dolohov no oiga—. Solo nos llevaremos un par.

—No.

—¡Jasper!

—Todos, Alice. Ahora sonríe.

—¡Gracias, cariño, me encantan!

Le sonrío y le doy un beso rápido en la mejilla.

—Dolohov te llevará a la tienda de suministros de arte y luego al auto. Espérame allí. Necesito pasar por otra tienda, enseguida me reuniré contigo.

—Ah, eso estaría perfecto. No se me da bien orientarme en espacios desconocidos.

—Ya lo sé, amor. No te preocupes, le pasa a todo el mundo. —Me da un beso rápido en los labios, se da la vuelta para salir de la tienda y me doy cuenta de que Dolohov lo mira con confusión en su cara.

—Es tan dulce, ¿verdad? —Sonrío a Dolohov, quien me mira sorprendido. Me giro rápidamente y salgo de la tienda para que no me escuche resoplar.