Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Capítulo 11
Jasper
Miro alrededor de la fábrica abandonada que a veces usamos para establecer los tratos, y maldigo. Tres cadáveres yacen tirados en el suelo con un gran punto rojo en el centro de la frente.
—¿Qué mierda es esta, Felix? —vocifero.
—Trajeron mercancía en mal estado. ¿Qué esperabas que hiciera?
—Mandarlos de regreso, no matarlos a todos. ¡Carajo! —Me giro hacia Dolohov y a Emmett, quienes están revisando las cajas en el suelo—. Metan su coche adentro. Quémenlo todo.
—¿La mercancía también?
—Todo. —Le doy la vuelta a uno de los tipos muertos y le miro la cara —. ¿Son hombres de Mendoza? —pregunto y miro a Felix.
—No. De Rivera, pero trabajaban por su cuenta. Supongo que roban la mercancía de Rivera, la mezclan y la venden a sus espaldas.
—No trabajamos con independientes, ya lo sabes.
—Tenía curiosidad por saber qué ofrecían. El precio era bueno. —Se encoge de hombros y enciende un cigarrillo.
—Bueno, me alegro de que hayas tenido tu diversión —digo con desprecio—. No te atrevas a volver a hacer algo así, ¿entendido, Felix?
—Sí, Pakhan.
—Otra escena como esta y se acabó. Las desventajas de tenerte en el equipo están extremadamente cerca de superar a los beneficios. Ponte las pilas, rápido. Búscate un puto pasatiempo o lo que sea.
Giro la silla de ruedas y me voy, seguido por Emmett. Este lío no es lo que necesito hoy. Si no fuera mi medio hermano, me habría deshecho de Felix hace mucho tiempo.
—Envíale una prostituta —le indico a Emmett cuando subimos al auto—. Tiene que desahogarse.
—Ya lo intenté. Las envió a todas de vuelta.
—¿Cuántas?
—Seis.
—Trata de enviarle un hombre. —No creo que Felix sea homosexual, aunque no estoy seguro.
—Sí, eso tampoco salió bien. —Emmett se aclara la garganta—. Lo echó, luego fue al club y me rompió la nariz.
—Jesucristo, ¿qué voy a hacer con él?
—Terapia podría ayudar. Tal vez el doctor conozca a un psiquiatra que necesite dinero extra.
—El psiquiatra terminaría necesitando terapia después de hablar con él, Emmett. No creo que nadie pueda ayudar a Felix. Es una causa perdida — suspiro y miro por la ventana.
Alice
La cama se hunde a mi lado, y después siento que el brazo de Jasper me rodea la cintura y su cuerpo se acurruca contra el mío. Me encanta cuando hace eso.
—Te perdiste la cena —murmuro contra la almohada.
—Lo siento, tuvimos un problema. Es tarde, sigue durmiendo. —¿Me podrías despertar por la mañana?
—Lo haré.
Me besa en el cuello y me aprieta con fuerza contra él. Dormirse nunca se ha sentido tan agradable, incluso con dolor de cabeza.
—¿Malysh?
—Hey —me quejo—. ¿Qué hora es?
—Las siete.
—Cinco minutos más. —La cabeza me está matando, así que me cubro con la sábana, me vuelvo a dormir y sueño que estoy de nuevo en el colegio. Entonces, el sueño se transforma. Estoy teniendo sexo con Jasper, y estamos en pleno acto cuando un tipo con un cuchillo sale de la nada y lo apuñala en el costado. Pego un salto en la cama y miro alrededor. Aparte de Brando, que está jugando con su pelota en la esquina de la habitación, estoy sola y todo parece normal.
Sintiéndome como si me hubiera arrollado un tren, me arrastro hasta la cocina, pongo la cafetera y voy al baño. Duchada y vestida con jeans y una blusa, saco un tazón y preparo el desayuno. El reloj de la pared marca el mediodía, lo que significa que tengo que estar en el salón de belleza para hacerme la manicura dentro de una hora. Una chica debe arreglarse para los socios de negocios de su esposo. No obstante, estoy demasiado cansada, así que llamo y cancelo la cita entre dos cucharadas de cereal. Haré de esposa de adorno otro día. Tal vez debería ir a buscar a Varya y ver si tiene algo para el dolor de cabeza.
En cuanto entro en la cocina de la planta baja, el tintineo de los cubiertos y el ruido de las ollas taladra a través de mi cerebro. Supongo que los preparativos para la cena de esta noche están en pleno apogeo. Igor le está gritando a Valentina y señalando a la estufa. Varya está sentada en la mesa de la esquina puliendo los platos, pero no puedo soportar la idea de someterme a este caos por más tiempo. Jasper debe de tener algo. Salgo de la cocina y me dirijo al otro lado de la casa.
Encuentro a Jasper sentado detrás de su escritorio entre montones de papeles. Nunca pensé que ser el jefe de una organización criminal sería tan... burocrático.
—¿Tienes algo para el dolor de cabeza? —inquiero desde la puerta.
—En el armario de mi baño. —Levanta la vista—. ¿Te encuentras bien?
—Creo que he atrapado algo. Nada grave.
Jasper deja los papeles y me hace señas con la mano para que me acerque.
—Ven aquí.
—Estoy bien. —Pongo los ojos en blanco, pero de todas maneras me siento en su regazo.
—¿Tienes otros síntomas? —Me pone la palma de la mano en la frente y luego en la mejilla—. Tómate una pastilla y acuéstate. Tengo que terminar unas cosas y subo.
—Estoy bien, Jasper. Solo es un dolor de cabeza.
Se inclina y me besa, y hace que todo se sienta un poco mejor. Mierda, estoy loca por este hombre.
—Ve arriba. Ahora, Alice.
—Bueno, ya que lo pides con tanta amabilidad. —Lo beso rápidamente en la mejilla y me arrastro de vuelta a mi habitación.
Jasper
Todo está oscuro cuando entro en mi suite. Me dejé llevar por el trabajo y casi me olvido de la cena. Dushku y Tanush llegarán dentro de una hora, y esperaba encontrar a Alice preparándose, pero parece que no hay nadie aquí.
Enciendo las luces y solo entonces me doy cuenta de que está acostada en el sofá, acurrucada bajo una manta. El perro está durmiendo a un lado de sus pies. Me empujo hacia el sillón y estiro la mano para tocarle la cara. Se mueve y abre despacio los ojos.
—¿Es hora de la cena? —murmura, y se endereza para sentarse—. Tengo que ducharme y prepararme.
—No irás a ninguna parte. Estás ardiendo. —Tomo el teléfono y llamo a Varya, le pido que traiga un termómetro y Tylenol—. Acuéstate. Te traeré un poco de agua.
Me dirijo a la cocina y saco un vaso y una botella de agua de la nevera. Alice ha vuelto a acostarse en el sofá con su pequeño cuerpo acurrucado debajo de la manta, luciendo tan pequeña.
—Siento como si alguien me hubiera masticado y escupido —musita—. Lo siento, amor, no creo que pueda bajar a cenar.
Se acelera mi corazón al escuchar esa palabra cariñosa. Es la primera vez que me la dice sin interpretar su papel delante de las personas que nos rodean. Probablemente, no se dio cuenta de que lo ha dicho; pero aun así cuenta.
La puerta se abre detrás de mí y Varya entra, cargando un frasco de Tylenol. Se sienta en el sofá y le toma la temperatura a Alice.
—Ve a prepararte. —Hace un gesto con la mano—. Los invitados llegarán en menos de una hora. Me quedaré con ella.
Tanush y Dushku llegan puntuales. Los llevo al comedor y señalo los cuatro asientos a mi izquierda. Tanush reclama la silla más cercana a mí, y su última esposa, que debe de tener la edad de su hija, se sienta en silencio a su lado.
Compadezco a la pobre chica. Incluso debajo de todo el maquillaje y las toneladas de joyas, puedo sentir lo asustada que está. La mujer de Dushku es de una variedad diferente. Más alta y ancha que su esposo, se rumora que maneja todos los asuntos financieros de él.
Paul y Dolohov están a mi derecha, pero han dejado la silla a mi lado vacía. Saben que es para Alice y, aunque no bajará a cenar, ninguno de los dos se atreve a ocupar su lugar. El idiota de mi tío, quien llega al último, parece haber perdido el poco juicio que le queda, porque va directo hacia el asiento de Alice. Por suerte para él, levanta la cabeza justo antes de llegar a la silla. Cuando ve la expresión en mi cara, retrocede con rapidez y se sienta al lado de Dolohov.
Hago un gesto con la cabeza a Valentina y Olga, quienes se acercan a la mesa y empiezan a servir las bebidas. Tenemos esta clase de cenas a menudo, así que ya saben de lo que se trata.
—¿Y dónde está tu joven esposa, Hale? —pregunta Tanush mientras se bebe el segundo whiskey.
—Mi mujer no es de tu incumbencia.
—Qué pena. Estaba tan emocionado de conocerla. Para ver por mí mismo a la chica que ha logrado atrapar al malvado de Jasper Hale. — Sonríe—. Las cosas que he oído, hum... Me pregunto si ella es real.
Miro al bastardo y me pregunto si debería destriparlo en el acto.
—Ya está aquí la comida —informa Paul, y es muy posible que le haya salvado la vida al imbécil—. Comamos, antes de que la carne se enfríe.
Olga se adelanta con rapidez y coloca los platos grandes en el centro de la mesa, mientras Valentina corre de un lado a otro rellenando las copas. Hay un cuchillo para la carne junto a la botella de vino. Lo alcanzo y me lo acerco al plato. Paul se disculpa y se levanta de la mesa, aunque no presto atención a dónde va porque no le quito los ojos de encima a Tanush. Tengo la sensación de que, después de todo, estaremos remplazando las alfombras.
Alice
Las pastillas empezaron a hacer efecto hace unos veinte minutos y estoy volviendo a la normalidad. Todavía me duele un poco la cabeza y mi garganta está inflamada, aunque estoy muchísimo mejor que esta tarde.
—Deberías bajar, ya me encuentro mejor —le digo a Varya, que no se ha movido de mi lado desde que llegó.
—Jasper me ha dicho que me quede aquí hasta que regrese, niña. Tengo que enviarle un mensaje cada veinte minutos con novedades o subirá.
—Estoy bien. Esta noche tienes mucho trabajo.
—Si bajo y Jasper me ve, se pondrá furioso. Ha invitado a dos hombres muy peligrosos, no puede darse el lujo de distraerse.
Suena el teléfono de Varya. Lo toma, mira la pantalla y se pone tensa.
—Es Paul —informa, y responde—. ¿Qué sucede?
Escucha durante un instante y sacude la cabeza.
—Por supuesto que no. Ha tenido fiebre toda la tarde... De acuerdo. — Me pasa el teléfono—. Paul quiere hablar contigo.
Miro a Varya, confundida, y tomo el teléfono. —¿Sí?
—¿Puedes bajar? —pregunta.
—¿A la cena?
—Sí, por favor, aunque sea un rato.
—De acuerdo, sin embargo, tengo que ducharme y cambiarme.
—¿Cuánto tiempo necesitas?
—Treinta minutos. ¿Por qué?
—No puedo distraerlo tanto tiempo. ¿Puedes hacerlo en quince?
—¿Qué ocurre, Paul?
Se hace el silencio al otro lado de la línea, y luego:
—Creo que Jasper va a matar a Tanush, y ahora mismo no necesitamos eso. Necesito que se concentre en otra cosa. —Cuelga.
Miro el teléfono, lo tiro en el regazo de Varya y corro al baño.
Jasper
—¡Tendrías que haberla visto, Leonid! —Tanush sostiene sus manos frente a él—. Tenía las caderas así de grandes. A partir de ahora, voy a comenzar a aprobar a todas las putas. No se puede ofrecer mercancía no probada a los clientes, ¿verdad? —Se golpea la pierna y se ríe como un loco de su estúpido chiste mientras su esposa se encoge en la silla y se pone cada vez más roja. Cuando vuelve a tomar aire, Tanush prosigue—: ¿Tal vez por eso Jasper rechazó la mano de mi hija en matrimonio? Supongo que debería haber dejado que probara la mercancía primero. —Vuelve a reírse y se gira hacia mí con el rostro enrojecido y los ojos llorosos.
Dejé de contar sus tragos después del quinto, pero no necesito saber cuánto ha bebido para ver que está borracho.
—Tu hija tiene diecisiete años —reviro.
—¿Y qué? Mi madre se casó a los quince. —Se inclina demasiado cerca de mi cara—. ¿Probaste la mercancía antes del matrimonio? Dime, ¿fue buena? ¿O también te destrozaron la polla junto con la pierna?
Ya he tenido suficiente por esta noche. Tomo el cuchillo para la carne, donde lo dejé a propósito antes, agarro a Tanush por el cuello de la camisa y le pongo el cuchillo debajo de la garganta. Varya me va a matar, no obstante, disfrutaré acabando con este bastardo.
—La polla de mi esposo funciona bastante bien, pero gracias por su preocupación.
Levanto la cabeza de golpe. Alice está de pie en la puerta y me mira con una ceja levantada. Lleva puesto el vestido negro corto, el que le dije que no se pusiera para esta cena.
—¡Tienes fiebre! ¡Vuelve a tu habitación! —ordeno.
Tanush intenta zafarse de mí, así que aprieto un poco más la hoja del cuchillo a su cuello, así está a un pelo de rasgarle la piel.
—Estoy bien, cariño. ¿Puedo unirme? Veo que me has guardado un lugar, y me estoy muriendo de hambre.
Solo se escucha el sonido de los tacones de Alice mientras se acerca. Se detiene entre la silla vacía y yo, luego se inclina hacia delante, me da un beso rápido en la mejilla y se sienta.
—Usted debe de ser el señor Tanush. Me han dicho que es el dueño del casino más grande de la ciudad. Tal vez Jasper pueda llevarme un día para que nos lo muestre, nunca he estado en un casino. —Le sonríe con dulzura y se gira hacia mí—. Cariño, ¿te importaría apartar ese cuchillo? Estoy tratando de mantener una conversación.
Tanush la mira un instante, luego se echa a reír. Bajo despacio el cuchillo, le hago una discreta señal a Dolohov para que tenga la pistola lista y suelto la camisa de Tanush, que se sigue riendo. Estos albaneses están dementes.
—¡Me gusta, Jasper! Esta es enérgica.
—Gracias, señor Tanush. —Alice sonríe y yo niego con la cabeza.
—Esta es mi esposa, Alice —anuncio, y le envío una mirada enojada—. Y definitivamente sabe cómo hacer una entrada triunfal.
—Gracias, cariño. —Roza su mano sobre la mía y se vuelve hacia Tanush—. Y hablando del casino, ¿cómo se asegura de que la gente no haga trampa? ¿Tiene cámaras vigilando las mesas o.…?
Tanush escucha el parloteo de Alice y responde a sus preguntas. Cuestiona a propósito cosas ridículas que hacen que todos se rían de vez en cuando, lo cual relaja el ambiente. Cuando pregunta si las salidas de aire del casino están cubiertas de cámaras, todos la miran y se echan a reír mientras ella explica que, en las películas, los ladrones en los atracos a los casinos siempre entran por las rejillas de ventilación.
Está en su elemento, interpretando a la perfección el papel de esposa ingenua y un poco tonta, pero puedo ver las bolsas debajo de sus ojos, que ha intentado cubrir con maquillaje. Es claramente la hora de anunciar el final de esta estúpida cena y enviar a los albaneses a casa.
Alice
Cuando la puerta de la suite de Jasper se cierra detrás de mí, exhalo despacio y finalmente dejo caer los hombros. Me siento como una mierda.
—No vuelvas a hacer eso nunca más —masculla Jasper entre dientes, y se gira hacia mí hasta que quedo entre sus piernas.
—¿Qué exactamente?
—¿Por dónde empiezo, maldición? —vocifera, y se le dilatan las fosas nasales—. Vienes a una maldita cena con fiebre. O poniéndote en peligro. ¡Hemos estado así de cerca de una completa matanza allí abajo, y caminaste justo en medio de esta!
—Siento haberte angustiado.
Jasper aprieta los dientes. Está realmente furioso.
—Y te has puesto ese vestido. —Se inclina hacia delante y me agarra por la cintura—. A partir de ahora, te lo pondrás solo para mí. ¿Está claro?
Me esfuerzo por ocultar mi sonrisa, aunque no lo consigo.
—De acuerdo, cavernícola. —Le rodeo el cuello con las manos y lo beso en la boca—. Sabes que eres adorable, ¿verdad?
—No soy adorable. Estoy extremadamente furioso.
—Bueno... —Coloco un beso en su ceja, luego otro en su mandíbula dura—. Te pones muy sexy cuando te enfadas.
—¿Estás intentando manipularme?
—Sí. —Otro beso, esta vez en el otro lado de la mandíbula—. ¿Está funcionando?
—Tal vez. —Me toma la cara entre las manos y choca su boca contra la mía—. Métete en la cama. Te ha vuelto a subir la fiebre, te traeré algo de Tylenol.
Es insoportable.
Han pasado tres días desde la cena con los albaneses y Jasper sigue tratándome como si tuviera que estar postrada en cama. Su numerito de mamá gallina me pareció encantador el primer día, a pesar de que me bajó la fiebre y volví a encontrarme de vuelta a la normalidad. Ahora quiero estrangularlo.
—No voy a pasarme ni un día más más viendo Netflix, y no vas a volver a trabajar desde la sala. —Le clavo un dedo en el pecho—. Tomarás tu laptop y bajarás a tu despacho ahora mismo. Lo digo en serio, Jasper.
—En cuanto salga por la puerta, te levantarás a trabajar.
—Necesito terminar cuatro piezas más en cuatro días. Claro que me pondré a trabajar. Me obligaste a pasar tres días en un sofá.
—Tenías fiebre.
—¡Hace tres días! —Lanzo los brazos al aire y lo fulmino con la mirada —. Estoy bien. Por favor, baja y déjame trabajar.
—Bueno. Pero te estaré checando. Si vuelvo a sorprenderte de nuevo saltándote el almuerzo...
—¡Dios mío, gracias!
Me sigue con la mirada mientras me dirijo a mi espacio de trabajo y empiezo a preparar las pinturas en la mesa junto al caballete. Tendré que comprar más pintura negra porque estoy en el último tubo, ya que usé la mayor parte de mi reserva en el grandulón. Unos cuantos tubos más de rojo tampoco no vendrían mal. Acabo de mojar el pincel en la pintura cuando siento que los labios de Jasper se posan en el punto sensible de mi nuca.
—Olvidaste algo —susurra, y hunde la cara en mi cabello.
—Ah, ¿sí? ¿Y qué sería eso?
—Un beso.
Dejo caer el pincel, me giro despacio y lo encuentro cerniéndose sobre mí. Ya no me estremezco, y no hay sensación de pánico. Tenerlo así de cerca, sobrepasándome, dejó de asustarme hace tiempo. Ni siquiera puedo precisar el momento exacto en que sucedió.
—Qué exigente eres. —Tomo su rostro entre las manos y acerco sus labios a los míos.
—Lo sé. —Me vuelve a besar—. Asegúrate de almorzar. Y llámame si necesitas algo.
Cuando Jasper se va, me sumerjo en el trabajo y solo me detengo para ir al baño. Para la hora del almuerzo, he terminado otra pieza. Brando se está poniendo inquieto; estuvo corriendo durante al menos una hora y ahora por fin se ha acurrucado en su cama para perros. Tal vez podríamos dar un paseo y probar suerte volviendo a entrar en la habitación de Leonid. Las últimas veces que lo intenté, siempre había alguien alrededor.
Tomo la pequeña bola roja y el dispositivo negro de la mesita de noche de mi habitación y silbo. Brando salta en su cama, y en cuanto ve la pelota, comienza a correr alrededor de mis piernas. Guardo el micrófono en el bolsillo trasero de mis jeans, salgo de la suite de Jasper con Brando pisándome los talones y me dirijo al ala oeste.
Una de las criadas, cargada con un trapeador y artículos de limpieza, sale de la habitación de Ron justo cuando llego al ascensor, abre la habitación de Leonid y entra. Bingo.
Lanzo la pelota hacia el otro extremo del pasillo y dejo que Brando la persiga durante unos minutos. Cuando estoy segura de que no hay nadie alrededor, le quito la pelota a Brando y la lanzo a la habitación de Leonid. Como era de esperar, corre tras ella.
Una mezcla de sonidos empieza a salir de la habitación. La criada gritando. Brando ladrando. Algo golpeando el suelo. Más ladridos.
—Brando —llamo, aunque no espero que venga. Cuando hay una pelota de por medio, todo el entrenamiento se desvanece. Es muy conveniente.
Entro corriendo en la habitación y encuentro a la criada encogiéndose de miedo en un rincón, sosteniendo el trapeador frente a ella en una postura defensiva. Brando la ignora por completo y persigue la pelota debajo de la pequeña mesa de café en la esquina. Me inclino como para tomar la pelota y golpeo la mesa con la cadera, que se tambalea y se inclina hacia un lado. Una gran botella de licor de vidrio cae al suelo y se hace añicos. Brando ladra y corre a esconderse debajo de la cama.
—Ve a buscar un recogedor y unos trapos, rápido —ordeno a la criada, y me arrodillo entre la cama y el armario como si tratara de atrapar al perro.
En cuanto está fuera de mi vista, saco el dispositivo de escucha del bolsillo y miro alrededor. La mayoría de los enchufes de electricidad vacíos están a plena vista, maldita sea. Casi decido usar uno al lado de la mesa volcada cuando observo un enchufe vacío situado entre el armario y la cómoda. No hay dispositivos de electricidad cerca. Tendrá que funcionar. Estiro la mano y lo estoy enchufando cuando escucho pasos que se acercan con rapidez.
—Vamos, bebé, está bien. Ven con mami —arrullo, y saco a Brando de debajo de la cama.
—¿Qué estás haciendo aquí? —revira Leonid detrás de mí.
Agarro al perro asustado, me levanto y miro al tío de Jasper, quien está en la puerta luciendo molesto.
—Oh, Brando entró corriendo persiguiendo la pelota y volcó la mesa. Lo siento mucho, Leonid. ¡No volverá a suceder!
Mira a Brando con disgusto en su cara y hace un gesto con la cabeza hacia la puerta.
—Saca a ese animal de aquí —dice con desdén. Me agacho para recoger la pelota del suelo y salgo corriendo de la habitación. A mis espaldas, Leonid murmura—: Idiota.
Sonrío y regreso a la suite de Jasper.
Una vez dentro, dejo que mis labios esbocen una sonrisa, tomo una bolsa con premios para perro de la encimera de la cocina y le doy a Brando una ración doble.
—Buen chico.
