Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 12

Alice

Hay al menos una docena de conjuntos diferentes esparcidos por mi cama esperando a que elija el que me pondré para la exposición de esta noche. Apenas he logrado terminar el último cuadro a tiempo. A Mark casi le da un infarto cuando le dije que necesitaba hacer algunos cambios en el grandulón y que no se lo enviaría hasta esta mañana. Se quejó durante al menos diez minutos por no poder incluirlo en el catálogo. Lo prefiero así. Quiero ver la reacción de Jasper cuando lo vea por primera vez.

Escojo unos pantalones de cuero negro y una camisa de seda verde, los coloco sobre la silla y dejo el resto de la ropa en la cama. De todos modos, hace bastante tiempo que no duermo en esta habitación. Sin embargo, todas mis cosas están aquí, porque aparte de dormir en la cama de Jasper, no tengo pensado mudarme con él. Sé que suena muy raro, puesto que, bueno, ya vivo con él.

—Esto es tan raro —musito mientras me siento en el tocador y comienzo a maquillarme.

Suena el teléfono y contesto sin comprobar el identificador de llamadas.

—Alice, ¿está todo bien?

Si hubiera sabido que era mi madre, lo habría dejado sonar.

—Sí.

—Llevas semanas evitando mis llamadas.

—De nuevo, sí. No sé a qué viene esta llamada, mamá.

No dice nada durante unos instantes, y luego me sorprende muchísimo.

—A tu padre y a mí nos gustaría ir a la galería esta noche, si te parece bien.

Miro mi reflejo en el espejo y me pregunto si la he oído bien. Mi madre nunca ha ido a mis exposiciones. Una vez dijo que mi arte la asusta.

—No estoy segura de que sea una buena idea —respondo por fin.

—¿Por qué?

—Bueno, primero, esta colección es bastante oscura. No quiero que tengas una úlcera de estómago. Y, segundo, Jasper estará allí.

—Sí, hablando de tu marido. Yo... siento lo que dije el otro día. Es que... estaba sorprendida, y dije algunas cosas desagradables. A veces me cuesta entenderte, Alice.

Cierro los ojos y suspiro.

—Lamento no poder ser la persona que desearías que fuera, mamá. Ya sé que nunca te lo puse fácil. Pero soy quien soy. Si no puedes lidiar con eso ni aceptar mis elecciones, está bien. Solamente ya no me llames más. Sin embargo, si puedes aceptar mi vida y mis decisiones sin reproches ni comentarios innecesarios, eres bienvenida esta noche.

—De acuerdo, cariño. Allí estaremos.

Cuelgo y miro el teléfono en mi mano. ¿Por qué cambiaría de opinión tan de repente? Busco entre mis contactos, encuentro el número de mi padre y lo llamo.

—¿Alice?

—Se lo dijiste a mamá, ¿verdad? —pregunto.

—Sí.

—¡Maldición, papá! —Me desplomo en la silla y me tapo los ojos con la mano.

—Tuve que decírselo. Habría seguido fastidiándote, así que se lo conté para que lo entendiera.

—Para que entendiera ¿qué?

—Por qué estás con ese hombre. Le... le conté lo que hice y que te casaste con él porque, de lo contrario, me habrían matado. Le expliqué que tienes que fingir.

—Bueno, no lo estoy haciendo.

—¿Qué?

—No estoy fingiendo, papá. Llevo bastante tiempo sin hacerlo. — Suspiro—. Estoy enamorada de él.

—¡Alice! Es un asesino. ¿Te has vuelto loca?

—Tal vez, aunque no importa. Lo que importa es que irás y se lo explicarás a mamá. Y si no les sienta bien, no quiero verlos esta noche.

Cuelgo, tiro el teléfono en mi bolso y sigo maquillándome.


Jasper

Me acerco al cuadro, me recuesto y lo observo. Las luces de la galería están apagadas; dejando un único foco sobre cada cuadro para iluminar el espacio. Queda bien, teniendo en cuenta el estilo oscuro del arte de Alice. Eché un vistazo a la mayoría de las piezas cuando aún estaban en casa, sin embargo, verlas expuestas de esta manera les da un aire mucho más inquietante.

La imagen que tengo delante muestra el reflejo de una mujer de piel pálida con cabello largo y oscuro, sosteniendo un trozo de tela contra el pecho. En el espacio detrás de ella, varias figuras altas sin rostro se alzan imponentes, con las manos extendidas. Todo está pintado en tonos de gris y negro, excepto el vestido de la mujer, que es verde brillante.

Antes de pasar al siguiente cuadro, lanzo una mirada hacia la esquina opuesta de la sala, donde Alice está de pie junto a un joven bajo y con entradas. Mark, su chulo. Están discutiendo algo, y durante unos instantes presto atención a su lenguaje corporal. Alice levanta la vista y, cuando se da cuenta de que la estoy mirando, sonríe. Le dice algo a Mark y viene hacia mí. Observo su cuerpo felino vestido con pantalones de cuero mientras se contonea sobre unos tacones altísimos. Para ser alguien a quien no le gusta llevar tacones, se las está arreglando bastante bien. Son una ridiculez de al menos cinco pulgadas de alto, probablemente más.

—Entonces, ¿qué te parece? —pregunta señalando el cuadro con la cabeza.

Le tomo la mano, me la llevo a los labios y le doy un beso sobre sus dedos.

—Son increíbles, malysh.

Sonríe y se inclina hacia mí.

—Solo lo dices porque quieres arrastrarme a tu cama.

—Sueles venir a mi cama por tu propia voluntad, aunque, si insistes, puedo arrastrarte allí yo mismo esta noche.

—Insisto. —Mi pequeña seductora me mira con los ojos entrecerrados y se muerde el labio.

—Si sigues mirándome así... —Tomo su barbilla entre mis dedos y acerco su cabeza hacia mí—. Te perderás tu propia exposición, Alice.

—Eso no suena nada mal, Pakhan.

La agarro por la cintura y la subo a mi regazo. Alice se ríe, me rodea el cuello con los brazos y hunde los dedos en mi cabello.

—Te llevaré a que te despidas y nos iremos a casa —digo, y choco mi boca contra la suya.

—No puedo —susurra en mis labios—. Todavía no has visto al grandulón.

Suelto un gruñido.

—¿En serio, Jasper? —Vuelve a besarme—. ¿Sonidos de animales ahora? ¿Qué pensará la gente?

—La gente puede irse a la mierda. —Por el rabillo del ojo, veo a Samuel Brandon acercándose con cautela del brazo de su esposa—. Han llegado tus padres.

Alice levanta la vista, pero no se baja de mis muslos. En vez de eso, sigue jugando con mi cabello mientras los ve venir.

—Señor Hale —saluda su padre cuando se acercan. Su madre se limita a asentir con la cabeza mientras observa la mano de Alice, que sigue hundida en mi cabello.

—Llámenme Jasper, por favor —respondo, y miro a la madre de Alice —. ¿Qué le parece el nuevo trabajo de Alice, Zara?

Parpadea, se tensa visiblemente, luego me regala una sonrisa tan falsa que podría estar pegada en una Barbie.

—Es... agradable —agrega, luego mira a Alice—. Queríamos comprar uno de tus cuadros. —Alice la mira impasiblemente—. Tal vez algo que no tenga pollos muertos, si es posible —recalca.

—No tienes que comprar ninguno —comenta Alice mirando a su madre con expresión confundida en su rostro—. Elijan el que les guste y díganselo a Sally. Es la mujer con falda roja junto a la entrada. Están todos en venta, excepto el grande en la sala contigua.

—Ya le preguntamos al entrar —indica Samuel—. Nos dijo que ya están todos vendidos.

—No puede ser, abrimos hace diez minutos —musita Alice, y me mira —. Voy a ver qué sucede.

Salta de mi regazo y corre hacia la mujer al otro lado de la sala. Me giro hacia su madre.

—Escoja el que le guste y dígale a Sally que yo lo autoricé.

Zara Brandon me mira con sorpresa.

—¿Los has comprado?

—Por supuesto que lo hice. —Asiento con la cabeza y miro hacia Alice, que está hablando con la directora de la exposición—. ¿Lo sabe tu esposa, Samuel?

—Sí. —Inhala con fuerza, entrecortado.

—Bien. Pero tienes que saber algo —advierto mirándolos de frente—. El trato queda cancelado.

—¿Cancelado? —Traga saliva y junta con rapidez las manos temblorosas frente a él—. ¿Qué quiere decir?

Lo observo, luego miro a la madre de Alice, quien me está observando con temor en sus ojos.

—Quiere decir que me quedaré con su hija.

Agarro las ruedas de la silla y me dirijo hacia Alice, dejando a sus padres parados boquiabiertos frente al cuadro de una niña con un vestido verde.

—¡Sally dice que un comprador anónimo ha comprado todos los cuadros! —exclama Alice en el momento que me acerco.

A duras penas consigo mantener la compostura.

—Qué hijo de puta tan egoísta.

—Exacto —asiente—. Menos mal que le dije a Mark que el grandulón no está en venta.

—¿Por qué?

Esboza una sonrisa misteriosa.

—Porque ese es para ti.

La miro y aprieto los dientes.

—¿Dónde está?

—En la otra sala, alrededor de la esquina, pero... ¿adónde vas, Jasper? ¡Espera!

La ignoro y sigo empujando la silla lo más rápido posible hacia la sala que me ha indicado. Acordamos que no expondría el autorretrato, y ni loco voy a dejar que alguien lo vea. Lo retirarán de inmediato, o mataré a alguien.

—¡Jasper! —Los tacones de Alice repiquetean detrás de mí intentando seguirme—. ¡No es en el que estoy desnuda! —grita tras de mí.

De repente, se hace el silencio en la galería. Me detengo, doy media vuelta y veo al menos a quince personas, incluidos los padres de Alice, mirándola con sorpresa en sus caras.

No parece darse cuenta y se para frente a mí con las manos en las caderas.

—¿Por qué siempre tienes que hacer una escena?

Levanto las cejas.

—Acabas de informar a toda la galería de que hay un cuadro tuyo desnuda, ¿y soy yo el que está haciendo una escena?

Parpadea, mira por encima del hombro a las personas que la siguen mirando y se ríe.

—Ups.

—Sí. —Asiento con la cabeza—. Vamos a ver ese cuadro antes de que pierda la cordura, porque ahora mismo hay allí por lo menos diez hombres imaginándote sin ropa.

Se ríe y señala hacia la izquierda.

—Por aquí.

Doblamos la esquina y entramos en una sección separada de la galería. Es casi tan grande como la primera, aunque aquí solo se exhibe un cuadro. Tres focos lo iluminan desde arriba. La exposición acaba de abrir y solo hay dos personas en esta sala. Están situadas a un lado, lo que me da una vista despejada de la composición.

Al igual que en los otros trabajos de Alice, predominan los grises y el negro, pero en este las formas son más nítidas, más reconocibles. Toda la parte inferior muestra montones de piedras, partes de edificios y diferentes escombros. Nubes de humo aquí y allá están pintadas de blanco. Por encima de la pila central de escombros se cierne una figura solitaria que luce unos enormes cuernos de demonio. También está pintado de negro con tonos de gris, y sostiene un enorme mazo en la mano derecha como si estuviera a medio golpe. El rostro de la figura no es visible porque lleva un enorme casco rojo con la forma de la mandíbula de un lobo y una larga capa roja que flota por detrás. Es magnífico.

—¿Por qué está destrozándolo todo? —pregunto, sin poder apartar los ojos de la escena.

—Porque puede, supongo.

—¿Qué hay esparcido a su alrededor? ¿Ruinas de una ciudad? —Realmente no. Es una metáfora.

—¿De qué? —cuestiono.

Alice se inclina hacia mí y me susurra al oído.

—De mi pobre mente enloquecida. O lo que queda de ella después de que la hayas demolido con tanta habilidad, Jasper.

Ladeo la cabeza y miro a Alice, procesando lo que acaba de decir. Necesito que me lo explique, pero se queda ahí parada, mirando el cuadro. Engancho un dedo en la costurilla del cinturón de sus pantalones y la giro hacia mí.

—Explícate.

—Eres un hombre listo, Jasper. Piénsalo y llegarás a la conclusión por ti mismo. —Me besa y luego se vuelve hacia Mark, quien la está llamando con la mano desde la entrada, y me deja mirando el cuadro frente a mí.


NOTA:

A esta adaptación le faltan 13 capitulos, asi que probablemente la termine la otra semana y continuaremos con el siguiente de la saga.

Nos leemos mañana.