Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Capítulo 13
Alice
—¿Encontraste algo en la grabación de la habitación de Leonid? — pregunto, y enciendo la batidora.
Decidí prepararnos piroshki para cenar. Jasper dice que estoy tratando de engordarlo. Como si eso fuera posible con su rutina de entrenamiento. Una mañana fui al gimnasio y lo encontré haciendo flexiones. Por Dios, fue un espectáculo. El hombre tiene un abdomen de piedra que anteriormente pensé que solo se consigue con mucha edición de la foto. A partir de ese momento, comencé a levantarme a las siete para poder llegar al gimnasio a las ocho y tomarme el café de la mañana mientras lo miraba. Desde que comencé esa rutina, rara vez logra terminar un entrenamiento completo porque suelo arrastrarlo a la habitación. ¿Qué puedo decir? Me pongo cachonda cuando lo veo ejercitarse. Él no se queja, así que supongo que está de acuerdo con que le robe un poco de su tiempo.
Jasper ha estado de mal humor durante las últimas dos semanas, y estoy segura de que tiene que ver con el hecho de no haber obtenido lo que buscaba en esas grabaciones. No le pregunté qué espera encontrar específicamente; aun así, tengo mis sospechas.
Siento el roce de unos labios en mi nuca y luego un beso en el hombro.
—Todavía no.
—¿Estás seguro de que tu tío es quien intentó matarte? —inquiero, y sus dedos se detienen en mi cuello—. Es tan difícil adivinarlo, Jasper.
—Sí. Por eso no te quiero cerca de él a menos que yo esté contigo.
—¿Qué puede hacerme? No soy... nadie.
Lo que quiero decir es: «De todos modos, me iré dentro de unos meses», aunque no me puedo obligar a decir las palabras. Me duele demasiado pensar en ello, así que no lo hago. Se me da muy bien ignorar las cosas que me resultan desagradables.
—Eres mi esposa. Hacerte daño significa hacerme daño.
Sí. Supongo que hacer que maten a la mujer del Pakhan delante de sus narices no daría una buena imagen ante los ojos de sus socios y subordinados.
—Tendré cuidado.
—Bien. —Vuelve a besarme el hombro—. Deja eso en la nevera y cámbiate. Te llevaré a Ural.
—¿La montaña?
—Uno de mis clubes.
—¿Uno de...? —Lo miro y me río—. Caramba, lo hice bien. Soy toda una cazafortunas. Mi madre se sentirá muy feliz cuando se entere.
—¿Por qué?
—Siempre me ha aconsejado que me busque un buen partido, entre otras cosas. Supongo que puedo tachar ese consejo de la lista.
—¿Y qué son las otras cosas?
—Obtener mi licenciatura en economía. No morderme las uñas. Teñirme de rubia.
—No vas a cambiarte el cabello.
—¿No te gustan las rubias?
—Ya no. —Se inclina hasta que su nariz toca la mía—. Ve a cambiarte.
—¿El vestido negro?
—No si tienes intención de salir de esta habitación, Alice.
Mi modus operandi habitual es no tardar más de treinta minutos en arreglarme. Sin embargo, esta noche decido subir un poco el nivel y dedicar quince minutos más a maquillarme. Quiero tener el mejor aspecto posible por si nos encontramos con una de las ex de Jasper. Sé que es una banalidad, pero no me importa.
Encuentro a mi marido en la cocina. Está recargado en la encimera, apoyándose con una muleta en la mano izquierda y sosteniendo un vaso de whiskey en la otra.
Su pierna está mejorando. Hace bastante tiempo que ya no usa la silla de ruedas mientras está en la suite. Aunque todavía no he visto que use el bastón. Sé que está practicando; sin embargo, cuando le pido que me lo enseñe, me dice que no quiere que lo vea tambaleándose. Es una tontería, pero no lo presiono.
Lo miro de arriba abajo, y me encanta lo sexy que está con los pantalones de vestir negros y la camisa en el mismo tono, que se le ajusta al cuerpo de la manera más pecaminosa.
—Dios mío, alguien está muy sexy esta noche. —Le pongo las manos en el pecho y le aliso la camisa—. ¿Dónde está la silla de ruedas?
—Esta noche no habrá silla de ruedas.
Abro los ojos de par en par ante sus palabras. Esto es importante.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Chillo de alegría y lo beso.
—Me alegro mucho por ti, cariño. —Le aparto un mechón de cabello de la frente—. ¡Los chicos van a volverse locos cuando te vean!
Olga ve a Jasper primero y la expresión de su rostro no tiene precio. Está en el otro extremo del pasillo frente a la puerta de Bill cuando nos oye llegar. Se le saltan los ojos y la pila de toallas planchadas que lleva en los brazos caen al suelo.
Reprimo una sonrisa mientras trato de mantener la cara relajada y sigo a Jasper al ascensor. Su forma de caminar ha mejorado mucho desde que cambió a las nuevas muletas. Es casi normal. Tal vez un poco más lento que antes del accidente, pero no importa. He visto el aspecto de su rodilla. Es un milagro que haya progresado tanto.
Cuando salimos del ascensor, Bill y uno de los chicos de seguridad están saliendo de la cocina. Supongo que vendrán con nosotros esta noche. Ven a Jasper y se quedan congelados a medio paso. Bill se recompone primero y se acerca a nosotros.
—Pakhan. Alice Hale. —Saluda con la cabeza y procede a abrir la puerta.
Miro de reojo y veo a Valentina asomándose por la esquina al otro lado del pasillo, con la boca abierta. No hay duda de que todos se habrán enterado de la noticia cuando estemos de vuelta.
El club es más grande de lo que esperaba, ocupa toda la planta baja de un edificio de cristal de tres pisos. Parece que llegamos demasiado temprano porque solo hay unas pocas personas esperando fuera; sin embargo, cuando los porteros nos abren las puertas dobles de cristal para que entremos, me sorprende encontrar a un montón de gente dentro. La mayoría está reunida alrededor de unas mesas altas situadas a ambos lados del espacio. Supongo que nos detendremos en una, sin embargo, cruzamos la enorme habitación hacia otro par de puertas. Dos hombres están parados a cada lado y las abren en cuanto nos acercamos. Nos reciben de la misma manera que en la entrada.
—Pakhan. —Saludan a Jasper y luego a mí—. Señora Hale.
Su comportamiento me confunde un poco, porque no esperaba que nadie conociera mi existencia.
Este segundo espacio es más pequeño y mucho más lujoso. En lugar de mesas altas, hay cinco reservados semicirculares situados alrededor de la sala; dos más pequeños a cada lado y uno enorme, que podría acomodar a diez personas, en el centro de una pequeña plataforma elevada. Bill, quien ha ido delante de nosotros todo el tiempo, se dirige hacia el reservado grande y se para en el lado derecho con las manos entrelazadas a la espalda. Durante un segundo, me preocupa que Jasper tenga que subir los dos escalones de la plataforma, pero lo hace sin problema. Se vuelve, me ofrece la mano y subo detrás de él. El tipo de seguridad se coloca en el lado izquierdo del reservado, asumiendo la misma posición que Bill.
—Me siento rara —susurro cuando me acomodo junto a Jasper en el centro del reservado.
—¿Por qué susurras?
—No lo sé —musito—. ¿Por qué nos mira todo el mundo?
—Qué más da —responde, me sujeta la barbilla y me besa.
Jasper
Un hombre se acerca a Bill y le dice algo al oído. Me resulta familiar, debe de ser uno de los hombres de Emmett. Bill asiente y me mira, pero cuando niego con la cabeza, lo despacha. No estoy de humor para negocios esta noche, puede pasarle el mensaje a Emmett.
Alice se sienta acurrucada a mi lado con una copa de vino en la mano, mirando a la gente. Ha estado hablando sin parar desde que entramos, pero hace unos minutos que se quedó callada. Me pregunto qué estará pasando en esa cabeza suya. Me desconcierta, esta cosita extraña, que se ha metido bajo mi piel poco a poco, desde el momento en que la vi por primera vez en aquel restaurante de mierda. Me pregunto qué sucederá cuando pasen estos seis meses y se dé cuenta de que no tengo intención de dejarla ir. Nunca.
Levanto la mano para trazar la línea de su hombro desnudo y luego la deslizo hasta su delicada muñeca. Parece tan frágil, mi Alice, aunque las apariencias engañan.
—Baila conmigo —le murmuro al oído.
Inclina la cabeza hacia arriba y esos ojos negros me miran con expresión inquisitiva. Debe de cuestionarse cómo diablos va a bailar con un hombre que ni siquiera puede caminar propiamente, aunque no pregunta. Sabía que no lo haría.
—De acuerdo. —Sonríe.
—Dame la pierna.
Arquea una ceja y se vuelve hacia mí, cruza las piernas y coloca el pie derecho en mi mano. Despacio, le quito la zapatilla y la coloco en el asiento de al lado, luego le suelto el tobillo.
—Izquierda.
—Deberías ir a terapia, Jasper. Este fetiche con mis pies se te está yendo de las manos.
Se ríe y cambia de pierna, y repito la acción con la otra zapatilla. Agarro una muleta, me pongo de pie y tomo su mano en la mía. —Arriba, malysh. En el asiento.
Se ríe con nerviosismo, se sube en el asiento del reservado y me rodea el cuello con los brazos. Sonrío. Incluso en esa posición, apenas es una pulgada más alta que yo.
—Me gusta este arreglo. —Me besa—. A partir de ahora, llevaré un taburete conmigo a todas partes.
Coloco una mano en la parte baja de su espalda y froto con la nariz su cuello. Suspira y hunde sus dedos en mi cabello, y nos quedamos así de pie mientras los sonidos de una melodía lenta nos envuelven.
No me gusta estar de espaldas a la gente. Prefiero tener toda la sala a la vista, pero supongo que tendré que confiar en que Bill y Ron me cubran las espaldas. Y me encanta abrazar a Alice así, estorbando con mi cuerpo la vista de otros hombres que he visto mirándola.
—¿Qué tal tu pierna? —me susurra al oído.
—Bien. No te preocupes.
—¿Jasper?
—¿Qué?
—Tengo que confesarte algo.
Le beso el hombro.
—¿Algo malo?
—Sí. Es... bueno, es una especie de problema. Uno grande.
—Suéltalo, Alice.
Se queda en silencio unos instantes, luego mi mundo se detiene con cinco palabras cortas.
—Estoy enamorada de ti, Jasper.
Cierro los ojos un segundo y la aprieto con fuerza. Es como si todo a mi alrededor se hubiera detenido.
—Entonces compartimos el mismo problema, malysh —digo en su cuello, y siento que se tensa a mi lado. Cuando levanto la cabeza y la miro, sus labios están temblando un poco y hay lágrimas en el rabillo de sus ojos —. He cancelado el trato de seis meses, Alice —declaro, y le aprieto la cintura—. No me importa lo que acordamos. Ahora eres mía y no te dejaré ir. Nunca.
Alice
Coloco mis manos en cada costado de la cara de Jasper y busco sus ojos, que me están mirando con gran intensidad.
—No me iré a ninguna parte, Jasper.
—Prométemelo. —Me aprieta contra él y, por un momento, me cuesta respirar—. Prométemelo, o te llevaré a casa y te ataré a mi cama hasta que lo hagas.
—Te lo prometo. —Paso un dedo por su mandíbula—. ¿Deberíamos sentarnos?
—¡No! —exclama.
—Está bien. ¿Por qué no? —pregunto, pero se limita a apretar los dientes y no dice nada—. Jasper, ¿pasa algo?
—Aquí hay hombres.
—Es un club. Por supuesto que hay hombres aquí.
—Te estaban comiendo con los ojos.
Me echo a reír, y él aprieta los dientes un poco más.
—¿Es una broma?
—¿Ves que me esté riendo, Alice?
Lo dice en serio.
—Jasper, no estás siendo razonable. Estoy contigo, ¿no? —Le beso los labios fruncidos—. Pueden mirar, pero es lo único que pueden hacer. — Otro beso, esta vez en la ceja—. ¿Mejor?
—Un poco.
No tengo ni idea de lo que se le ha metido, sin embargo, no voy a dejar que se quede parado toda la noche. Tiene que reposar la pierna. Suspiro y lo beso de nuevo.
—Vámonos a casa, cariño.
Nuestro auto se detiene frente a la casa al mismo tiempo que otro, y Leonid se baja del asiento trasero. Se gira para encontrarnos y abre los ojos de par en par al ver a Jasper parado a mi lado. Aunque está oscuro, hay suficiente luz por las lámparas para iluminar la cara de sorpresa de Leonid, que se transforma en una mirada de puro odio. Sin embargo, modifica de inmediato sus rasgos en una expresión agradable y se acerca a nosotros.
—Vaya, qué acontecimiento tan inesperado. Estoy muy contento de verte de nuevo en pie, Jasper. Literalmente.
—¿En serio, tío? —Jasper esboza una leve sonrisa. Su postura es relajada, aunque no se me pasa por alto la forma en que agarra las muletas.
A pesar de lo mucho que le duele la pierna, está fingiendo a la perfección.
—Jasper, estoy cansada. ¿Podemos subir, por favor? —interrumpo, luego me giro hacia Leonid y sonrío con dulzura—. Tengo que hacer mi rutina facial de noche antes de acostarme, y tardo al menos una hora.
Leonid me lanza una mirada condescendiente, luego se da vuelta y entra en la casa. Le seguimos a un ritmo mucho más lento.
En cuanto la puerta de la suite se cierra detrás de nosotros, me giro hacia Jasper y señalo hacia su dormitorio.
—A la cama. Ahora, Jasper.
No discute conmigo, lo que demuestra que le duele significativamente.
Me quito las zapatillas y me apresuro a la cocina a buscarle analgésicos y un vaso de agua y llevarlos a su habitación. Se acerca a la cama y se sienta con un gemido ahogado. Coloca la pierna derecha sobre la cama de forma dolorosamente lenta y alcanza el frasco de medicamentos en mi mano. Después de tragarse dos pastillas, comienza a desabrocharse la camisa.
—Permíteme —digo, y lo relevo.
Me mira en silencio, luego se quita la camisa y se acuesta en la cama.
Cuando empiezo a desabrocharle el cinturón, pone una mano encima de la mía y niega con la cabeza.
—Lo siento, malysh. Esta noche no.
—Por Dios, Jasper, no pretendía tener sexo. Solo necesito verte la pierna.
—Déjalo. Ya pasará.
Lo ignoro y sigo quitándole los pantalones. A pesar de que lo hago con mucho cuidado, gime de dolor un par de veces. Cuando por fin logro echar un vistazo a la rodilla, respiro hondo. Está hinchada el doble de su tamaño normal.
—Maldición, Jasper.
Agarro una almohada y se la coloco con cuidado debajo de la pierna, intentando moverla lo menos posible. Cuando termino, me quito el vestido elegante, me pongo una de las camisetas de Jasper y me subo a la cama para acostarme a su costado. Nos cubro con una manta, me acurruco a su lado y pongo la mano sobre su pecho desnudo.
—Alice, tengo que preguntarte una cosa.
La forma en que lo dice, en un tono extraño y algo indiferente, hace que levante la vista y lo encuentre mirando al techo, su cara con expresión taciturna.
—De acuerdo —digo.
—Si resulta que las muletas son lo mejor que puedo lograr, ¿te irás? — Abro la boca para decirle lo idiota que es la pregunta y me silencia los labios con la mano. Sigue sin mirarme—. Quiero que lo pienses antes de responder. Piensa largo y tendido en lo que eso significa. Nunca seré capaz de correr, no importa qué tanto progreso tenga. Las escaleras siempre serán un problema para mí. Puede que ahora no te importe, pero eres joven. Conocerás a otros hombres que no estén... dañados. Hombres que no tienen limitaciones. Así que, si tengo que usar muletas el resto de mi vida, y eso no es algo que puedas aceptar a largo plazo, lo entenderé. Te lo juro. Lo entenderé y no habrá resentimiento por mi parte. Si es así, necesito saberlo ahora. Podemos seguir hasta que funcione para ambos, y cuando ya no sea así, tomaremos caminos separados. Sin embargo, necesito saberlo, Alice, y quiero que estés bien segura.
Jasper aparta la mano de mi boca. Trato de superar el hecho de que pueda parecerle tan superficial, luego lo miro desde su punto de vista, cómo me sentiría yo si estuviese en su situación, y lo comprendo.
—¿Hasta el momento has sentido que yo tenga un problema con eso, Jasper?
—No. Pero eres una actriz con mucho talento, malysh. Y, a partir de ahora, no quiero a esa otra mujer, la que creaste para el propósito de nuestro acuerdo. No más actuaciones, no más farsas.
—Es un trato justo. De acuerdo. —Tomo aire—. Me encantaría verte correr o subir las escaleras de dos en dos. Supongo que el bastón está bien, y me sentiré muy feliz si llegas tan lejos. —Sé que cada palabra que sale de mi boca le hace daño, porque se queda tan quieto que da miedo. Dios, aunque odio decir todo esto, tenemos que resolver el problema de una vez por todas—. Si pudiera elegir, lo que más me gustaría, sería que volvieras a ser como eras antes de esa bomba. —Sigue mirando hacia arriba, pero cierra los ojos después de escuchar mis palabras—. Sin embargo, eso nunca va a suceder, Jasper. Sé que es difícil para ti, y me desgarra por dentro. Me encantaría verte sin las muletas, pero solo porque sé que es lo que te haría feliz. Esa es la única razón. Te amo, y quiero que seas feliz. Quiero eso para ti, demasiado. —Tomo su rostro entre mis manos y hago que me mire—. En lo que a mí respecta, no importa. Te quiero igual, cariño, con muletas o sin ellas. Incluso si tienes que volver a usar la silla de ruedas. Me importa un carajo. Lo único que quiero eres tú. ¿Puedo tenerte, por favor?
—Ya me tienes, malysh. —Me besa en la coronilla.
Se hace el silencio después de eso. No está convencido. Tengo muchas ganas de llorar, pero de alguna manera me las arreglo para controlarme.
—Dime, Jasper, ¿no te encantaría que pudiéramos tener sexo de la manera normal? Porque a mí sí. Nada me gustaría más que tenerte encima, sentir tu cuerpo apretándose contra el mío, tirando de mis manos por encima de mi cabeza. Bueno, pues no va a ser posible, al menos a corto plazo. Tal vez nunca. ¿Es eso un problema? ¿Te cansarás de mis dificultades y decidirás cambiarme por una versión menos defectuosa en algún momento? ¿Una mujer que no se estremezca cuando te acerques a ella por detrás sin previo aviso? ¿O alguien que no tenga un ataque de pánico cuando lo olvides y la agarres por la muñeca en lugar del antebrazo? ¿Crees que no me he dado cuenta de que Dolohov o Bill siempre vienen con nosotros, en lugar de Ron o Ben o Felix, quienes son tan altos como tú? ¿O cómo se sientan o salen de la habitación cuando entro? Cuando fui a la cocina unos días después de que apuñalaran a Ron, se dejó caer en la silla con tanta brusquedad que es un milagro que no se rasgara los puntos. Has tenido que ordenar a tus hombres que se sienten cuando entro en una habitación para que no me asuste. Estoy segura de que es agotador y frustrante lidiar con mis problemas. ¿Decidirás sustituirme, en algún momento, por alguien que esté menos jodida?
—Dios mío, Alice. —Me mira sorprendido—. ¿Cómo puedes decir algo así?
—Vaya, no te gusta escuchar cómo suena eso, ¿verdad? Pues jódete, Jasper—susurro, vuelvo el rostro hacia su pecho y dejo que mis lágrimas caigan libremente.
Siento su mano en mi cabello, su otro brazo rodeándome la cintura y, al momento siguiente, me tiene acostada encima de él. Aparta los mechones de cabello pegados a mi rostro lloroso y frota la piel debajo de mis ojos con sus pulgares.
—Lo siento mucho, milaya. Es que... te amo muchísimo. Estoy cagado de miedo de que me llegues a dejar algún día.
Aprieto los dientes.
—Dame la mano.
Arquea las cejas, pero hace lo que le pido.
Le guío la mano entre nuestros cuerpos hasta que llega a mi entrepierna, y presiono sus dedos sobre mis bragas mojadas.
—¿Sientes eso, Jasper? Eso es lo que me pasa por solo acostarme a tu lado. Estoy tan loca por ti, cariño, que el simple hecho de estar cerca de ti me deja empapada —confieso, y siento que se pone duro debajo de mí.
Despacio, engancha el dedo en la cinturilla de mi ropa interior y comienza a bajármelas.
—Quítatelas —ordena.
—Jasper, no...
Las agarra con la otra mano, y se oye un sonido repentino de tela rasgada. Todavía estoy atónita por el hecho de que acaba de arrancarme las bragas cuando se baja los bóxers, me agarra por la cintura y me desliza hasta su miembro. Se siente tan bien que pongo los ojos en blanco, mientras mis músculos comienzan a tener espasmos alrededor de su longitud.
—Mía —gruñe, y me penetra—. Solo mía. Dilo.
—Solo tuya, cariño.
Otro empujón y me corro, mis entrañas explotan. Los escalofríos se apoderan de mi cuerpo. Jasper gime mientras empuja con intensidad dentro de mí, y siento que su semilla me llena. Aún descendiendo de la euforia, me dejo caer sobre su pecho. Ha sido el sexo de un minuto más alucinante que he experimentado en toda mi vida.
Los brazos de Jasper me rodean la espalda, apretándome hacia él, y siento que sus labios me besan la coronilla.
—Entonces, ¿te quedarás para siempre? —susurra.
—No vas a librarte de mí, aunque lo intentes. Nunca seré capaz de encontrar a un esposo tan sexy como tú. —Sonrío y lo beso—. Cerremos el tema, Jasper. ¿Trato?
—De acuerdo, pero tienes que saber una cosa. Cuando encuentre al cabrón que te hizo daño, lo mataré.
—No, no lo harás. —Le aprieto el brazo—. No quiero tener la muerte de nadie en mi conciencia, así que, por favor, te ruego que lo olvides.
—Alice...
—Por favor, cerremos también ese tema. No vas a matar a nadie por mí. No podría vivir con eso. Por favor. —Como no contesta, tomo su cara entre mis manos y presiono mi frente contra la suya—. No me harás eso. No lo buscarás y no lo matarás. Si me amas, no me obligarás a llevar la muerte de alguien en mi alma. Dime que lo entiendes, Jasper.
Hay un silencio y luego responde:
—De acuerdo.
