Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 14

Jasper

Mi rodilla está mucho mejor a la mañana siguiente, aunque sigue doliéndome mucho cuando coloco peso en la pierna derecha. Después del desayuno, me deshago de las muletas y tomo la silla de ruedas. Hace semanas que no la uso, y odio tener que hacerlo ahora. Sin embargo, no quiero arriesgarme a sufrir más daños en la rodilla. Puede que Alice no tenga ningún problema con que use las muletas, pero yo sí. Cueste lo que cueste, voy a conseguir usar ese maldito bastón, porque quiero poder darle la mano cuando la lleve a cenar, o incluso a dar un paseo.

—Voy abajo. Igor me está enseñando a hacer borsch. —Alice sonríe, se inclina y me besa—. ¿Quieres que traiga el almuerzo cuando regrese?

—Sí, hoy trabajaré desde aquí. Y dile a ese jabalí que, si se atreve a levantarle la voz a mi esposa otra vez, es hombre muerto.

—No seas un ogro, Jasper.

La observo irse, luego voy a mi habitación y enciendo la laptop. Al abrir el software de audio, encuentro la grabación de la habitación de Leonid y reproduzco la transmisión en el momento aproximado en que regresamos anoche.

Había una razón por la que ocultaba el hecho de que mi pierna estaba mejorando. Estoy casi seguro de que verme caminar de nuevo llevará a Leonid a intentar algo, y quiero atrapar a su socio antes de eso. Han pasado casi cinco meses, y como no he podido averiguar quién es el hijo de puta, es hora de empujar a Leonid a la acción. Por la forma en que me miró anoche, tengo la sensación de que me espera una agradable sorpresa.

A mitad de la grabación, por fin encuentro lo que estoy buscando. Leonid está llamando a alguien, y dado que la marca de tiempo en la esquina de la pantalla muestra las dos de la madrugada, estoy bastante seguro de que no es una llamada de trabajo. Sin embargo, lo que me sorprende es la persona que responde.

—Tenemos que volver a intentarlo. Ese bastardo está caminando — espeta Leonid.

—Hum. Ya no estoy seguro de que eso funcione para mí —responde Tanush.

—¡No puedes cambiar de opinión ahora!

—Por supuesto que sí. Actué de forma impulsiva. Estaba furioso porque Hale rechazó a mi hija y quería hacerlo pagar. Pero me hace ganar mucho dinero.

—Teníamos un trato, Tanush. Me ayudas a quitarlo de en medio, y yo me aseguro de que obtengas un mejor porcentaje cuando tome el poder.

—¿Ves?, ese es el tema. Incluso si me das un porcentaje mayor, dudo que puedas mantener el negocio en marcha. He decidido que no quiero arriesgarme. Estoy fuera.

La línea se corta.

Me recuesto en la silla, tomo el teléfono y llamo a Paul.

—¿Dónde está Leonid?

—Salió. Lo oí decirle a Valentina que le subiera la cena a las cinco.

—No será necesario. Quiero a todo el mundo fuera del piso superior después de las cuatro. Y me refiero a todo el mundo. Nadie sube hasta que yo dé aviso.

Hay silencio al otro lado, supongo que Paul está atando cabos.

—Me aseguraré de ello. ¿Qué hay de Alice?

—La necesito fuera de la casa. La hija de Dushku se va a casar y nos invitó a la boda. La enviaré a comprar un regalo. Dile a Dolohov que envíe a Bill con ella. No deben volver bajo ninguna circunstancia antes de que lo llame. No me importa lo que tenga que hacer para distraerla, que no vuelva hasta que haya terminado. ¿Está claro?

—Sí, Pakhan.

Aunque me cuesta un poco convencer a Alice, me las arreglo para despedirla alrededor de las cuatro de la tarde. Estaba empeñada en que cenáramos juntos, pero cedió cuando le dije que tenía mucho trabajo.

Entro en mi vestidor y saco la pistola. Después de revisarla, agarro las muletas y me dirijo a la habitación de Leonid. Me siento en el sillón reclinable en la esquina, justo enfrente de la puerta, coloco la pistola en la mesa de centro y espero.

En algún momento antes de las cinco, Leonid entra en la habitación. Al verme allí, enarca las cejas, aunque se serena bastante rápido.

—¿Ha sucedido algo?

—Cierra la puerta, Leonid.

—¿Jasper?

—La puerta —ordeno.

Hace lo que le digo y comienza a caminar hacia mí. Cuando se da cuenta de la pistola en la mesa, se queda quieto con los ojos muy abiertos, luego se gira con intención de huir. Tomo el arma, apunto a su rodilla derecha y disparo.

El sonido estalla en la habitación, seguido del grito de Leonid. Se derrumba en el suelo de costado y comienza a gemir, agarrándose la pierna ensangrentada.

—Si querías ocupar mi lugar, deberías haberte asegurado de matarme, Leonid.

—¡Cabrón! —responde entre dientes, y su saliva vuela por todas partes —. ¡Voy a matarte!

Se tambalea hacia mí gritando como un loco, con las manos levantadas. Apunto a la cabeza y dejo que la bala vuele. Su cuerpo se desmorona en el suelo, y la sangre forma un charco alrededor de su cabeza.

—Ya tuviste tu oportunidad, tío —le digo a su cuerpo tendido.

Me levanto y empiezo a caminar hacia la puerta cuando suena su teléfono. Decido ignorarlo, pero luego me agacho y lo alcanzo mientras mi rodilla grita de dolor. La pantalla muestra un número desconocido. Respondo.

—La encontré —informa la voz al otro lado—. Prepara la transferencia monetaria.

Cuelgan.


Alice

—¿Estás seguro? —Miro por encima del jarrón que estoy sosteniendo—. Es espantoso. Estoy segura de que les encantará, y este ya cuesta más que un auto.

—Pakhan dijo que tenía que ser algo grande.

Bill se encoge de hombros y se sitúa detrás de mí.

—Preguntaré si tienen jarrones más grandes. —Me giro hacia el vendedor.

Me siento abrumada con todas las piezas de decoración elegantes que se exhiben a mi alrededor. Me pone nerviosa saber que el artículo más barato aquí, tiene al menos tres ceros en la etiqueta. Se pueden comprar cosas más apropiadas como regalo de bodas, aunque, por alguna razón, Jasper ha insistido en que cruce todo Chicago y elija algo de esta tienda. Todo es muy exagerado, incluidos los candelabros dorados y las réplicas del David de tamaño natural. Me hace estremecerme. Algunas personas tienen gustos muy raros.

Estoy pasando junto a una vitrina alta que contiene unos juegos de vasos de cristal cuando oigo un sonido que atraviesa el aire. La vitrina se hace añicos, cae al suelo y un millón de diminutas piezas de vidrio estallan por todas partes. La gente comienza a gritar. Unas manos me agarran por la cintura y me empujan al suelo. Un instante después, Bill está encorvado sobre mí y escoltándome hacia la parte trasera de la tienda. Suena otro

disparo y tropiezo, extiendo la mano para evitar golpearme la cabeza contra el suelo. El dolor me lacera la palma. Bill me agarra del brazo y me arrastra hacia la salida de emergencia, mientras grita al teléfono que sostiene con la otra mano.

Irrumpimos por la salida hacia el callejón trasero justo en el momento en que un coche dobla la esquina. Los neumáticos chirrían cuando el auto se detiene con brusquedad. Bill me empuja dentro de la puerta, mete la mano en la chaqueta y saca una pistola. Escucho dos disparos sonar casi simultáneamente.

—Quédese ahí —ordena por encima del hombro, y desaparece de mi vista.

Un par de segundos después, escucho otro disparo. No tengo ni idea de lo que está pasando. ¿Es un tiroteo al azar, o alguien está tratando de matarnos? ¿Debería permanecer aquí, o volver adentro? ¿Debería salir y buscar a Bill? Estoy tan asustada que no estoy segura de poder moverme del sitio, aun cuando supiera a dónde ir.

Me miro la mano izquierda y veo un charco de sangre alrededor de un gran trozo de vidrio medio enterrado en la palma. Me duele horrible.

Oigo unos pasos rápidos procedentes del callejón, así que respiro hondo y espero a ver quién es.

Bill aparece en mi línea de visión, me toma de la mano y me lleva corriendo por la calle. Miro por encima del hombro y veo el coche. La puerta del conductor está abierta de par en par y una figura inmóvil yace en el suelo. Las sirenas resuenan en algún lugar en la distancia, pero el sonido se está acercando.

Mis pasos vacilan; no obstante, Bill sigue arrastrándome por la calle y luego dobla la esquina hacia el estacionamiento donde dejó el auto.

Está abriendo la puerta para hacerme entrar cuando me ve la mano y gruñe.

—¡Dios mío, Alice Hale! ¿Por qué no ha dicho nada?

—No parecía una prioridad —respondo, y levanto la mano—. ¿Crees que el médico que curó a Ron haría lo mismo por mí?

Bill levanta la cabeza y me mira con los ojos muy abiertos, luego sacude la cabeza y murmura algo en ruso.

—Iremos a un hospital. Si no lo hacemos, Pakhan no estará contento.

—Supongo que no debemos hacerlo enfadar. Tu Pakhan ha estado un poco irritable últimamente. Vamos entonces.

Bill resopla, me ayuda a subir al coche y arranca.


Jasper

—Ha habido un tiroteo, Jasper.

Miro a Dolohov y juro que mi corazón deja de latir cuando me acuerdo de la llamada de antes. No. Le agarro por la garganta y acerco mi cara a la suya.

—¿Dónde está mi esposa? —reclamo con los dientes apretados, intentando controlarme para no romperle el cuello.

—No lo sabemos. Bill llamó hace quince minutos y dijo que alguien comenzó a disparar cuando estaban en la tienda y que la estaba sacando de allí. No puedo localizarlo, desde entonces no ha respondido el teléfono.

—¿Y los demás?

—Solo está Bill. Di instrucciones a dos miembros del equipo de seguridad para que los acompañaran, pero Alice Hale dijo que no los quería con ella.

Rechino los dientes y aprieto el cuello de Dolohov hasta que empieza a ponerse rojo.

—Si le he han tocado un solo mechón del cabello, habrá mucha gente muerta —reviro—. Comenzando por mi jefe de seguridad, quien envió a mi esposa con un solo guardaespaldas como escolta. ¿Entendido, Dolohov?

—Sí, Pakhan.

—Bien. Ahora, consígueme un puto auto.


Alice

Tres tiras de cierre mariposa, una vacuna contra el tétanos y un frasco de antibióticos. Eso es lo que me dieron. Ni siquiera me han dado puntos. La enfermera dice que he tenido suerte y que, la próxima vez, tenga más cuidado al lavar los vasos.

Levanto la vista, tratando de localizar a Bill. Espero que llegue enseguida y ya podamos marcharnos a casa.

Se oye un golpe, la puerta se abre y me llegan unas voces elevadas procedentes del vestíbulo. Me pregunto si traerán a alguien seriamente herido porque los gritos son demasiado fuertes. Entonces, oigo rugir a Jasper.

—¿Dónde está mi esposa?

Mierda. Esperaba volver a casa antes de que se enterara de lo que ha ocurrido.

—¿Qué está pasando ahí fuera? —murmura la enfermera, que ha estado recogiendo su material, y mira hacia el ruido de las voces.

—Aah, creo que es mi esposo. —Le brindo una sonrisa inocente, salto de la camilla y salgo corriendo de la habitación.

Cuando llego a la recepción, veo a Jasper encarándose con un empleado calvo de mediana edad que está intentando escribir algo en el teclado. Le tiemblan tanto las manos que no puede pulsar las teclas correctas. La única otra persona en un radio de diez pies es Dolohov. Un par de personas más están de pie junto a la pared, manteniendo una distancia segura. Bill entra desde el otro pasillo y se detiene en seco al ver a Jasper hecho una furia.

—¿Jasper? —digo.

Gira la cabeza de golpe en mi dirección y respira hondo al ver que me acerco. Me mira de arriba abajo, poco a poco, desde la cabeza hasta la punta de los dedos de los pies, que me asoman por los zapatos de tacón, luego vuelve a subir. Solo entonces exhala.

Me agarra por la cintura y aplasta mi cuerpo contra el suyo.

—Nunca más saldrás de casa sin mí —me susurra al oído—. Nunca.

Quiero decirle que es una tontería, pero cambio de opinión. Su cuerpo está extrañamente tenso, y noto que la mano en mi cintura le tiembla un poco. Está bastante furioso.

—De acuerdo, cariño. Claro. Vámonos a casa, ¿de acuerdo?

Jasper asiente, pasa la muleta derecha a Dolohov, me toma de la mano y comienza a caminar hacia la salida. Echo un vistazo rápido a nuestras manos entrelazadas, miro hacia arriba y me concentro en el coche estacionado a cierta distancia. Mis ojos se llenan de lágrimas de felicidad mientras ajusto mi caminar al de Jasper.