Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Capítulo 15
Alice
—¿Dónde está Leonid? —le pregunto a Jasper durante el desayuno—. Hace dos semanas que no lo veo, y anoche vi que los chicos sacaban sus cosas.
—Se ha ido. —Alarga la mano y toma el jugo de naranja.
—¿Te refieres a que ya no vive aquí?
—Por así decirlo.
—¿Jasper?
—¿Sí, malysh? —Me mira y se mete el tenedor lleno de huevos revueltos en la boca.
—Lo mataste, ¿verdad?
—Por supuesto que sí.
Me atraganto con un trozo de pan que me acabo de meter en la boca y tomo el agua.
—No puedes decirme esa clase de mierda durante el desayuno, Jasper.
—Me lo has preguntado. Y él intentó matarme primero.
—¿Y eso lo justifica?
—¿Te resulta más soportable si te digo que estaba planeando la segunda ronda?
—Supongo. —Me imagino a Leonid intentando matar a Jasper de nuevo y llego a la conclusión de que, en ese caso, lo mataría yo misma—. Sí. Nadie intenta matar a mi esposo y vive para contarlo. Hiciste lo correcto.
—Me alegro de que lo apruebes.
—No apruebo matar a personas, aunque, en este caso, puedo aceptarlo.
—Tienes opiniones muy raras, Alice.
—Ya que estoy viviendo en tu mundo raro, supongo que es apropiado. —Miro el reloj y salto de la silla—. Llegaremos tarde a la boda.
—¿Qué te vas a poner?
Esbozo una sonrisa traviesa, tomando un puñado de su camisa y lo jalo hacia mí.
—Tendrás que esperar a verlo.
Lo beso y empiezo a alejarme, pero me toma por la cintura y me arrastra a sus brazos.
—Si juegas con fuego, florecilla mía —me dice al oído mientras engancha las manos en la cinturilla de mis jeans y comienza a bajármelos —, podrías quemarte.
—Llegaremos tarde.
—¿Crees que me importa?
«Nop. A mí tampoco».
—Qué tan resistentes son estas sillas?
—Vamos a averiguarlo.
Mientras se quita los pantalones deportivos, yo me quito los jeans y la ropa interior y me subo a su regazo.
Mis piernas son demasiado cortas y cuelgan a ambos lados. Aunque me estire, no toco el suelo con los pies.
—No creo que esto vaya a funcionar Jasper.
Baja la vista y no puede sofocar la risa.
—Dios mío, Alice. Eres diminuta.
—¿Deberíamos movernos a la cama?
Jasper ladea la cabeza y se reclina en la silla, me sujeta por la cintura mientras una sonrisa petulante se dibuja en sus labios.
—Nop.
Abro los ojos de par en par cuando me levanta y me coloca sobre su miembro duro, después me baja. Jadeo y lo agarro por los hombros, amando la forma en la que me llena gradualmente. Se me escapa un gemido cuando lo siento enterrado completamente dentro de mí. Jasper coloca las manos debajo de mis muslos, me levanta y luego me desliza hacia abajo, empalándome una y otra vez mientras gimo y me aferro con fuerza a él. No estoy segura de qué me excita más, si la manera en que su longitud se desliza dentro y fuera de mí, o la facilidad con la que maneja mi cuerpo como si no pesara nada. Me penetra por última vez y me corro, escuchándolo gemir mientras su semilla me llena.
—¿Está todo bien? —Me rodea con los brazos y me aprieta contra su pecho.
—Sí. —Hundo la nariz en su cuello e inhalo su aroma—. Quiero que coloquen sillas al azar en todas las habitaciones. Y puedes deshacerte de esa banca para pecho que tienes.
—Pesas la mitad del peso que suelo levantar, malysh.
—Dicen que es más eficaz trabajar con menos peso, pero más a menudo.
—¿No me digas? —Me acaricia la espalda y baja hasta llegar a mi trasero—. Me gusta mucho este nuevo plan de entrenamiento —confirma, y me aprieta las nalgas.
La boda es extremadamente aburrida. Un montón de invitados deambulan con vasos en las manos, charlando y sonriendo con falsedad. No conozco a nadie, así que me paso casi todo el tiempo observando a la gente y comentando sus atuendos con Jasper. Siempre encuentra divertido mi parloteo. Sin embargo, hace unos minutos se vio envuelto en una conversación de política con unos hombres, y decido dejarlo e ir a sentarme a una de las mesas.
No me importa sentarme sola, aunque parece que algunas personas piensan lo contrario, porque un par de mujeres se sientan a mi lado y me arrastran a una conversación insensible sobre quién compró qué a los recién casados.
—No podíamos presentarnos con una tontería, ¿sabes? —explica una guapa rubia de labios carnosos—. Estoy segura de que disfrutarán el fin de semana en el spa. Es un lugar extremadamente exclusivo. No quieras saber cuánto nos costó la reservación; la cantidad fue atroz.
—Les encantará. —Sonrío.
—¿Y qué les compraste, querida?
—Un jarrón bastante feo —respondo—. Mi esposo insistió.
—Oh, bueno, tal vez no tienen los mismos gustos. ¿Cuál es tu marido?
Miro al grupo de hombres en medio del salón y sonrío.
—El más sexy en el lugar —declaro.
—Estás predispuesta. —La otra, con un vestido rojo corto y pelirroja, se ríe.
—No. Es un hecho. —Me encojo de hombros.
Ambas se giran y miran a la aglomeración de gente como si estuvieran tratando de adivinar cuál es.
—El del traje marrón, ¿verdad? ¿El que trae las gafas?
Sigo su mirada y veo a un chico bajito bastante guapo y con aspecto de contador. Esbozo una amplia sonrisa. Esto va a ser divertido.
—Nop. Vuelve a intentarlo.
A continuación, señala a un hombre con esmoquin. Es bastante buenmozo y tiene el pelo largo, aunque es demasiado delgado. Sin embargo, antes de que tenga la oportunidad de responder, la rubia interrumpe.
—Oh, Dios mío, Sandra, ¿es ese Jasper Hale? —exclama agarrando a la pelirroja por el antebrazo. Señalando con la cabeza hacia los invitados, pregunta—: ¿Qué le ocurrió?
—Creo que Rory mencionó que tuvo un accidente hace unos meses — susurra Sandra mientras se vuelve hacia su amiga—. Oí que se casó.
—¡No! ¿Dónde está su esposa? ¿Qué aspecto tiene? ¿Es rusa?
Me pongo la copa en los labios para ocultar mi sonrisa y sigo escuchando.
—No la he conocido. Seguro que es alta y rubia platinada. Ese es su tipo —asegura Sandra.
—Bueno, debe de ser una arpía si tuvo las agallas de casarse con él.
—Oh, desde luego que es una arpía —añado.
Ambas mujeres se giran y me miran con los ojos muy abiertos.
—¿Conoces a la esposa de Hale? —Sandra se inclina sobre la mesa, básicamente empujando su cara contra la mía.
—Síp. —Asiento y tomo un sorbo de mi bebida—. Está un poco loca.
—Bueno, debe de estarlo si se casó con él. Nadie en su sano juicio se casaría con el Pakhan de la mafia rusa. —Le lanza otra mirada a Jasper—. Escuché a Dushku decir que casi le corta el cuello a Tanush durante una cena el mes pasado.
Estoy disfrutando bastante la situación cuando Jasper me arruina la diversión. Gira la cabeza y me mira con una sonrisa apenas visible en los labios. Levanto la mano y le tiro un beso. Jasper me lanza una mirada encendida y luego retoma la conversación. Cuando me doy la vuelta, ambas mujeres me están mirando horrorizadas.
—Ese es el mío. —Sonrío—. Soy Alice Hale, la arpía.
Sonríen, se disculpan con rapidez y desaparecen al cabo de un segundo.
Alcanzo mi copa, tomo otro sorbo de vino y sigo observando a la gente.
Una mujer se acerca al grupo de Jasper y se une a la conversación. No le presto mucha atención al principio, no obstante, unos minutos después noto que se acerca a Jasper con discreción y le pregunta algo con una sonrisa dibujada en el rostro. Tiene una belleza clásica, el pelo castaño recogido en un moño a la altura de la nuca. Lleva un vestido largo de color beige pegado al cuerpo. Su cabeza llega a la altura de los hombros de Jasper, lo que la hace al menos una cabeza más alta que yo. Se ríe de algo y bate sus pestañas. No me gusta la forma en que mira a Jasper. Él no le presta atención. Aun así... Me pregunto si debería ir y mandarla a freír espárragos. Mejor no.
Me acomodo más en la silla y cruzo las piernas para mostrarlas por la raja del vestido.
Jasper mira en mi dirección, y esbozo la pequeña sonrisa secreta que me gusta regalarle antes de arrastrarlo a la cama. Entrecierra los ojos. La mujer le está diciendo algo, pero sostengo su mirada, levanto la mano y me paso un dedo por los labios. Ladeo un poco la cabeza, deslizo poco a poco un dedo por la barbilla y el cuello y me detengo en el escote del vestido. Jasper está siguiendo el recorrido de mi dedo, y cuando sus ojos vuelven a encontrarse con los míos, le regalo una amplia sonrisa.
Les dice algo a las personas que lo rodean y comienza a caminar en mi dirección, sin apartar su mirada de la mía ni una sola vez.
—¿Me has llamado? —pregunta sonriendo.
Me levanto, le pongo la mano en el pecho y lo miro.
—No eres el único que es territorial en esta relación, Pakhan.
—¿Celosa? ¿De quién, malysh? Ya sabes que solo tengo ojos para una mujer.
—¿No me digas? —Engancho un dedo entre los dos botones de su camisa y tiro de él hasta que inclina la cabeza y nuestras narices se rozan.
—¿Marcando territorio, Alice?
—Por supuesto que sí, Jasper—respondo, y lo beso.
—A casa —me susurra en los labios—. Ahora.
Jasper
—Te preparé algo.
Levanto la vista del escritorio y veo la cabeza de Alice asomándose por la puerta.
—¿Lo quemaste?
—Es morozhenoe. —Sonríe, se coloca entre mis piernas y llena una cuchara con el helado del tazón que sostiene en sus manos. La miro llevar la cuchara a mi boca, me inclino y dejo que me alimente—. Igor me ha estado enseñando un poco de ruso —declara.
—Oh, no puedo esperar a oír lo que has aprendido.
—Hasta ahora conozco govno, chort vozmi, y skotina. Son sus palabras preferidas.
—No lo dudo. —Tomo el teléfono y llamo a Varya, quien responde después del segundo tono—. ¡Igor le ha estado enseñando a Alice a maldecir! ¿De nuevo tiene un deseo de morir?
—¡Jasper! —Alice me agarra por la camisa e intenta arrebatarme el teléfono, pero aparto la mano y, en vez de eso, la beso.
—Nadie aparte de mí va a enseñarte ruso, ¿entendido?
—Entendido, kotik.
Cierro los ojos y sacudo la cabeza.
—No puedes llamar gatito a un Pakhan ruso, Alice. Tengo que cuidar mi imagen.
Alice entrecierra los ojos, pone una expresión seria y me toca la nariz con el dedo.
—Mi kotik letal. ¿Mejor?
—Nop.
—Qué aburrido eres. —Me rodea el cuello con los brazos—. Salgamos a cenar, ¿qué te parece?
—Lo siento, malysh, esta noche tengo que ocuparme de un asunto de negocios. Salimos dentro de veinte minutos y no sé a qué hora llegaré, supongo que alrededor de las diez o las once.
—Ten cuidado, Jasper.
La observo cuando se va y pienso en lo extraño que es tener a alguien que me espera por la noche o que se preocupa de mi bienestar.
Alice
Jasper no ha vuelto aún. Aprieto el suéter con más fuerza y vuelvo a mirar el reloj, probablemente por centésima vez en la última hora. Son las tres y media de la madrugada y no ha llamado ni enviado un mensaje de texto. No quise llamarlo para no inmiscuirme en sus negocios, así que le pregunté a Paul, quien se quedó en casa, alrededor de la una, luego de nuevo a las tres. No sabía nada.
—Maldita sea, Jasper—murmuro para mí misma, con los ojos pegados a la reja visible al otro lado del césped—. No te atrevas a dejarte matar.
Alrededor de las cuatro, la reja se desliza hacia un lado y dos autos se estacionan frente a la casa. Cuando los hombres comienzan a salir, pego las manos a la ventana buscando a Jasper. Sale de último, y la forma lenta y dolorosa en que se baja del coche me confirma que ha forzado demasiado la rodilla.
—¡Terco!, terco idiota —maldigo. La distancia que suele recorrer en unos segundos ahora le lleva casi cinco minutos.
¿En qué demonios estaba pensando? Warren le dijo que no podía caminar largas distancias durante al menos unas semanas más, y va y trabaja toda la noche ni siquiera una semana después.
En el dormitorio, saco la silla de ruedas del armario donde la guardó y la estaciono justo al lado de la puerta. Tiene la idea absurda de no dejar que sus hombres lo vean en la silla de ruedas nunca más, así que cruzo los brazos frente a mí y lo espero.
Diez minutos después, la puerta se abre y entra cojeando. Mira la silla, luego a mí. Supongo que la expresión de mi cara muestra lo furiosa que estoy, porque se sienta despacio y me pasa las muletas.
—Estoy tan furiosa contigo —digo entre dientes, apoyo las muletas en la pared, luego me giro y tomo su cara entre mis manos—. ¿Qué tan mal está el dolor?
Me mira y no dice nada, solo aprieta los dientes.
—Mierda, cariño. —Me inclino y lo beso en la frente—. Voy a por tus analgésicos. ¿Dos?
—Que sean tres.
—Bien. ¿Necesitas ayuda para meterte en la cama?
—Si te quitas la ropa y me esperas dentro, sería un buen incentivo.
—Esta noche no, así que no te hagas ilusiones. —Le acaricio la mejilla y voy a la cocina.
Cuando me meto en la cama con Jasper treinta minutos después, ya está dormido con la triple dosis de analgésicos. Aprovecho la oportunidad para mirarlo. Por lo general, se levanta antes que yo, así que no tengo la oportunidad de atraparlo desprevenido. Le aparto unos mechones de cabello que le han caído sobre la frente y trazo la línea de sus cejas, nariz y barbilla con el dedo, admirando sus rasgos duros. Dios, esta noche estaba muriendo de miedo. Sin una palabra suya, tenía pavor de que le hubiera pasado algo.
Mañana tendremos una charla seria sobre este tema. No creo que lo hiciera a propósito; tengo la sensación de que Jasper no está acostumbrado a que la gente se preocupe por su bienestar. Nunca habla de su infancia, y sospecho que no fue una fácil. Hay muchas cosas que todavía no sé sobre él. Rara vez comparte detalles sobre su negocio, creo que está tratando de protegerme de ese ámbito de su vida, pero no soy estúpida. Para el mundo, mi esposo es un mal tipo. A mis ojos, sin embargo, solo es Jasper. Me importa una mierda el resto, y eso también me asusta un poco.
