Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 16

Alice

—Podríamos habernos quedado en casa. —Me recojo la falda y tomo la mano de Jasper para salir del auto.

—Te debía una cena.

—Deberíamos haber ido a casa después del restaurante y dejar el club para otro momento.

—Tengo que resolver unos asuntos con Emmett de todos modos, no nos quedaremos mucho tiempo.

Podría haber hablado de negocios con Emmett en casa; lo está haciendo por mí. Ayer mencioné el club, diciendo que la pasé muy bien y que me gustaría volver alguna vez. No esperaba que fuera al día siguiente, maldita sea. Tuvo que pasar todo el día en la silla de ruedas después de la tontería que hizo, y odio que se esté esforzando por mí. Sin embargo, no se puede discutir con Jasper cuando se le mete algo en esa cabezota.

Llegamos más tarde que la última vez, por lo que el club ya está lleno. Se necesitan serias maniobras para cruzar la primera sala, incluso con Bill a la cabeza. Después de sentarnos, el camarero nos trae las bebidas. Me apoyo en Jasper y me giro para decirle algo cuando veo a un hombre alto y castaño al otro lado del lugar. Está de espaldas a mí, charlando con otros tipos. Siento que la mano de Jasper me rodea la cintura y me pregunta algo, pero no escucho sus palabras porque mi atención está centrada en el hombre castaño. Cuanto más lo miro, más superficial se vuelve mi respiración. Alguien lo llama. Se gira, y parece como si se estuviera moviendo en cámara lenta. Entonces, finalmente su cara se vuelve visible. Levanta la cabeza, nuestras miradas chocan y dejo de respirar.


Jasper

Siento que Alice se pone tensa a mi lado. Dura unos segundos, luego la mano que me ha puesto en el muslo comienza a temblar.

—¿Malysh? ¿Qué pasa?

No reacciona. Es como si ni siquiera me hubiera escuchado. Solo observa a la multitud. Sigo su mirada, tratando de averiguar qué puede haberla asustado, pero no veo nada fuera de lo normal. La gente está bebiendo y hablando, y nada se destaca excepto un hombre cerca de la salida, mirando en nuestra dirección. No me gusta que otros hombres miren a mi esposa, aunque es algo común, Alice tiene una belleza exótica que llama la atención. Sin embargo, la forma en que este hombre la mira va más allá del interés habitual: es una mezcla de reconocimiento y malicia. Es casi tan alto como yo, así que, combinado con la expresión horrorizada que Alice tiene al mirarlo, las piezas del rompecabezas encajan. Tratando de controlar mi ira, tomo la barbilla de Alice y le giro la cabeza para que me mire.

—¿Es ese el hombre que te hizo daño, milaya? —Me mira sin pestañear, con los labios apretados—. Es él, ¿verdad? Va a pagarlo. Te aseguro que lo pagará caro, malysh —susurro. Me giro y alcanzo las muletas.

Alice me agarra del brazo.

—No. Prometiste que no matarías a nadie por mí.

Nunca prometí tal cosa, pero su voz suena tan débil y molesta que no quiero angustiarla más. Me ocuparé de ese cabrón más tarde.

—¡Bill! —vocifero, y espero a que se acerque—. ¿Ves a aquel hijo de puta? El que está debajo de la señal de salida. Castaño, con barba, alto. Quiero que lo echen del club, y comunícales a los porteros que no puede volver a entrar nunca más.

—Sí, Pakhan —responde, y siento que el cuerpo de Alice se relaja un poco a mi lado.

—Bien. —Le rodeo la espalda con un brazo, me giro hacia Bill y agrego en ruso—: Cázalo para mí y espera mi llamada.

Bill me mira y ve escrito en mi cara lo que no he dicho. Asiente, da media vuelta y se dirige hacia la pista de baile.

Sostengo a Alice a mi lado mientras Bill y uno de seguridad se llevan a ese bastardo. Cuando tengo la certeza de que se han ido, la saco del club. Permanece callada durante todo el trayecto a casa y, cuando llegamos, se va directo a la cama.

—Todo estará bien —le hablo suavemente al oído cuando me acuesto junto a ella.

No responde, aunque se acurruca a mi lado y hunde su rostro en el hueco de mi cuello. Al cabo de una hora, por fin siento que se relaja y su respiración se nivela. Espero media hora más, hasta que estoy seguro de que está profundamente dormida, luego me levanto y salgo de la habitación.

—¿Dónde está? —pregunto en cuanto Bill responde a la llamada.

—Emmett lo tiene en su maletero.

—Llévalo al sótano. —Dejo el teléfono sobre la mesa del comedor y salgo de la suite.

Bajar con muletas las estrechas escaleras hasta el sótano es un infierno, no obstante, me las arreglo y cruzo el pequeño pasillo que conduce al cuarto trasero. En el interior, el bastardo está atado a una silla sobre el desagüe, con la boca amordazada.

—Quítale la camisa —le ordeno a Bill, quien está esperando en la esquina, y me giro hacia la mesa junto a la pared para examinar el surtido de cuchillos y otras herramientas.

—¿Pakhan? ¿Quiere que llame a Ben?

—No. —Tomo uno de los cuchillos de Ben y sonrío—. Este es mío.


Alice

La calle está oscura, pero sigo corriendo. El sonido de mis pasos resuena en los adoquines que recubren el suelo. Aun cuando lucho con todas mis fuerzas, siento las piernas pesadas y lentas, como si estuviera pisando lodo. La figura de un hombre dobla la esquina, me agarra por el cuello y comienza a asfixiarme.

Me despierto sobresaltada y me siento en la cama, jadeando pesadamente. La lámpara de la esquina está encendida y el otro lado de la cama vacía. Tomo el teléfono de la mesita de noche y miro la hora. Las cuatro y media.

—¿Jasper? —llamo. Solo me responde el silencio.

Una especie de pavor enfermizo se asienta en mi estómago. Salto de la cama y corro, con la esperanza de encontrar a Jasper en la cocina. No está allí, y me quedo de pie en medio de la habitación. ¿Habrá tenido algún tipo de emergencia en el trabajo? Entonces, mis ojos se posan en su teléfono, que está en la esquina de la mesa del comedor. No hay manera de que dejaría su teléfono.

Recorro descalza el largo pasillo y abro la puerta del gimnasio. Las luces están apagadas, así que bajo las escaleras para checar su despacho. Tampoco está allí, toda la casa está en silencio. Cierro la puerta de su oficina y me dirijo a la cocina principal cuando mis ojos se encuentran con la puerta que conduce al sótano. Aunque nunca he visto entrar a nadie, algo me incita a abrirla.

La luz sobre las escaleras está encendida, y escucho la voz de Jasper en la distancia abajo, mezclada con unos ruidos extraños como de madera raspándose. La puerta debe de haber sido insonorizada porque no se oye nada del exterior. Despacio, bajo las escaleras y me encuentro en una habitación vacía con estantes de metal alineando las paredes. Los sonidos son más fuertes aquí. La voz de Jasper proviene de la puerta del otro lado, que se ha quedado un poco entreabierta, pero no entiendo lo que dice porque está hablando en ruso.

No quiero ver lo que está ocurriendo detrás de esa puerta, porque en el fondo sé lo que encontraré. Sin embargo, los pies me siguen llevando hacia adelante. Pongo la mano sobre la superficie de madera y empujo.

Brian está sentado en una silla en medio del suelo de baldosas, con los pies y las muñecas atados a ella. En el suelo junto a sus pies, varios dedos amputados yacen esparcidos en un enorme charco de sangre. Jasper está de pie frente a él, apoyado en una muleta con la mano izquierda, y con la derecha sostiene un cuchillo que está clavado en el estómago de Brian hasta la empuñadura. Le grita algo y comienza a girar el cuchillo. Observo con horror la sangre que brota de la herida.

Un sonido extraño y ahogado sale de mis labios, me agarro a la puerta y se me empieza a nublar la vista. Jasper se da la vuelta de repente y abre los ojos de par en par. Da un paso hacia mí, y empiezo a retroceder mientras miro sus manos cubiertas de sangre. Cuando Jasper da otro paso en mi dirección, doy media vuelta y salgo corriendo. No recuerdo haber salido del sótano ni haber subido corriendo la gran escalera. Cuando llego a la suite, atravieso mi habitación hasta el baño y cierro la puerta detrás de mí. Tomo algunas respiraciones temblorosas, luego me precipito hacia el inodoro y vomito.

Aún estoy agarrando los lados del inodoro cuando escucho que llaman a la puerta.

—¡Vete! —Me atraganto.

—Alice, yo...

—¡VETE! —grito, y luego vuelvo a vomitar.


Estoy sentada en el suelo, junto al inodoro, cuando se acercan unos pasos y la voz de Varya me llama desde el otro lado de la puerta. Ha pasado más o menos una hora desde que vomité por última vez, así que me levanto despacio y me inclino sobre el fregadero. Me echo un poco de agua fría en la cara y quito el seguro de la puerta.

—Querida niña —dice Varya acercándose, pero doy un paso atrás.

—Necesito que me llames un taxi. Por favor.

—No te vayas. Lo destruirá, Alice. Por favor, deja que te lo explique.

—Taxi —gruño—. O me voy a pie.

Varya me mira con tristeza y asiente. Veo una lágrima escapar y rodar por su mejilla antes de que tome el teléfono.


Jasper

Llaman a la puerta, pero me quedo sentado en el sillón reclinable frente a la ventana y observo el coche amarillo esperando en el camino de entrada.

—Pakhan.

—¿Sí, Dolohov?

—Hay un taxi esperando afuera. Varya dice que Alice Hale se irá.

—Así es.

—¿Debería detenerla?

Lo pienso, luego niego con la cabeza.

—No. Envía a dos hombres para que la sigan con discreción. Que me llamen cuando llegue a su destino.

—¿Quiere que se queden allí o que regresen?

—Que se queden. Quiero que dos hombres la vigilen todo el tiempo. Organiza los turnos. Diles que se aseguren de que no los vea.

—¿Algo más?

—Eso es todo por ahora.

Unos minutos después, Alice baja a toda prisa por la escalera y se sube al taxi. Lleva jeans y su vieja sudadera con capucha, una jaula trasportadora para perros en una mano y una pequeña maleta en la otra. La observo, deseando que se dé la vuelta y vuelva a entrar. No lo hace. El taxi se va.

Agarro la botella de whiskey de cristal, me sirvo tres dedos y luego la arrojo al otro lado de la habitación, donde se hace añicos contra la pared.