Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Capítulo 17
Jasper
Han pasado cuatro días desde que Alice se marchó, y poco a poco me estoy volviendo loco. Los hombres que están trabajando como sus escoltas me informan de cualquier novedad al final de cada turno, aunque solo sea para decirme que está bien. «Quiero que vuelva, maldita sea».
Al principio, pensé que pasaría la noche en casa de sus padres y que volvería por la mañana, sin embargo, cuando los chicos me comunicaron que había vuelto a su apartamento, supe que no regresaría al día siguiente. Esperé que me llamara al cabo de un par de días. Pero no lo ha hecho. No quiero llamarla hasta que se sienta preparada para hablar.
Cuando la vi de pie junto a la puerta del sótano, con aquella expresión de horror y estupor en el rostro, supe que la había jodido. Aunque no esperaba que se fuera.
Ya no puedo soportar esperar más, así que tomo el teléfono de mi escritorio y la llamo. Cuelga después del segundo tono sin contestar. Vuelvo a marcar, pero solo obtengo una respuesta cortante.
—Hemos terminado, Jasper.
No puede hacer esto. No lo permitiré. Tomo las muletas y me dirijo a la puerta.
—¡Al apartamento de Alice! —le grito a Ron, y entro en el auto.
Cuando llegamos a su edificio, tomo el teléfono y le envio un mensaje.
Yo: Estoy afuera.
Me quedo mirando el teléfono en la mano, esperando a que suene. No lo hace. En su lugar, llega un mensaje.
Alice: HEMOS. TERMINADO. VETE.
¿Qué mierda se supone que debo hacer ahora? ¿Debería subir, echar la puerta abajo y obligarla a que me escuche? ¿Y qué le diría? No hay forma de deshacer lo que ya está hecho.
Me quedo dentro del coche frente a su edificio. Hasta bien entrada la noche, finalmente le digo a Ron que me lleve a casa. Es demasiado pronto. Le daré unos días más para que se tranquilice. Luego, hablaremos.
Dos días después, llega un paquete. Es un objeto grande y rectangular envuelto en papel marrón, y lleva mi nombre escrito con la letra descuidada de Alice. Lo coloco en mi escritorio, trazo con los dedos las palabras que ha escrito y empiezo a arrancar el papel.
Es una pintura.
Una mujer desnuda está arrodillada en medio de un campo de escombros y cenizas, con la espalda arqueada hacia atrás y los brazos un poco levantados hacia el cielo tormentoso. Su cabello negro ondea al viento, una parte le cubre el rostro. Una larga lanza negra le atraviesa el pecho, y una gruesa capa de pintura roja fluye desde la herida hacia abajo por su cuerpo desnudo. En el otro extremo de la lanza está posado un buitre solitario, como si estuviera esperando.
Es el autorretrato que me prometió.
Me levanto y contemplo el césped más allá de la ventana hasta que se pone el sol, luego regreso a mi escritorio. Apoyo los codos en la superficie de madera, hundo las manos en mi cabello y observo el cuadro, apreciando los pequeños detalles que se me pasaron por alto la primera vez. La forma en que las venas del cuello de la mujer sobresalen como si estuviera haciendo fuerza. Lágrimas rojas resbalan por sus mejillas. Grietas negras en la piel del pecho donde la lanza lo perforó, más gruesas alrededor de la herida y más delgadas a medida que se alejan, como si su cuerpo comenzara a hacerse pedazos.
No va a regresar.
