Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 21

Un mes después

Jasper

—Bill acaba de llamar. —Escucho la voz de Paul en mi auricular—. Dos autos los acaban de pasar y vienen hacia ti. Sal de ahí, demonios.

Maldigo.

—Felix sigue dentro —respondo, reviso mi arma y dirijo la mirada hacia la parte trasera del almacén de los italianos.

—Llegarán en menos de cinco minutos, Jasper.

—No pienso dejarlo.

—¡Te dije que llevaras más hombres contigo! ¡Joder, Jasper, nunca escuchas!

—Debía haber solo dos tipos de seguridad. Quizás alguien les avisó. Nos iremos en cuanto Felix salga.

Me giro a Anton, que está sentado en el asiento del conductor, y señalo con la cabeza hacia la puerta trasera en el lado más alejado del almacén, a unos cincuenta pies de distancia.

—En cuanto veas a Felix, pisa el acelerador. Vamos a tener compañía.

Dos minutos después, escucho los coches que se acercan por la derecha, y al momento siguiente, la puerta trasera del almacén se abre y Felix sale corriendo.

—¡Ahora! —ordeno.

Anton arranca el auto y acelera en dirección a Felix. Abro la ventana, apunto a uno de los vehículos que se acercan por la calle lateral y empiezo a disparar. El primer carro se desvía; el conductor pierde el control cuando una bala golpea un neumático, y se estrella contra un árbol. El segundo lo pasa y acelera hacia nosotros. Disparo dos veces más, y Anton frena de repente. Se escucha el sonido de una puerta que se abre y Felix entra de un salto.

—Empezaron la fiesta sin mí —dice y luego se ríe. Maníaco.

—¡Conduce! —le grito a Anton mientras cambio el cargador y sigo disparando a los italianos que se han detenido a veinte pies de nosotros y están tratando de bajar del vehículo. Me las arreglo para disparar a los dos neumáticos delanteros antes de que nuestro coche se sacuda hacia adelante.

—¡Explótalos! —indico por encima del hombro, con los ojos aún fijos en el carro de los italianos.

—De acuerdo —afirma Felix detrás de mí. Un segundo después, escucho la explosión.

Miro por el retrovisor y veo la parte oeste del almacén colapsándose.

—Avísale a Paul que estamos fuera —le ordeno a Anton, luego me dirijo a Felix—. ¿Ha habido algún problema?

—¿Aparte de que me has quitado gran parte de mis cosas?, no.

—Solo quería destruir su edificio. Has traído suficiente explosivo para volar medio continente.

Sacudo la cabeza. Paul tenía razón. Está completamente desequilibrado.


Alice

Abro la puerta y miro a mi madre.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Hace semanas que no contestas el teléfono. Estaba preocupada.

Me muevo a un lado para dejarla entrar, cierro la puerta y entro en la sala.

—Ayer te envié un mensaje.

—Sí, tu «estoy bien, deja de llamar» no me convenció. ¿Cómo estás sintiéndote?

—Como un desastre. —Me encojo de hombros, tomo el pincel y continúo trabajando en mi cuadro.

—Tienes un aspecto horrible, Alice.

—Gracias, mamá.

Por el rabillo del ojo, veo que entra en la habitación y se da la vuelta despacio, mirando los cuadros alineados a lo largo de las paredes.

—Sueles añadir algún color vibrante. ¿Todas esas pinturas son solo grises y negras? — pregunta.

—¿Cómo lo sabes? Nunca te interesó mi arte.

No responde, pero se pone a mi lado y me observa pintar por unos instantes.

—Tengo el de la chica con un vestido verde. Lo colgamos en la sala.

Mi pincel se detiene en el lienzo.

—Pensé que se vendió con los demás a un comprador anónimo. ¿Los devolvieron?

—No. Me dejó tenerlo.

La miro.

—¿Quién?

—Tu esposo. Fue él quien compró los cuadros. Respiro hondo y me vuelvo hacia el lienzo.

—Ya no es mi esposo.

Intento reanudar el trabajo, sin embargo, la mano que sostiene el pincel está temblando, así que lo bajo y miro la forma negra sin terminar que tengo delante. Mi madre me toma por el hombro y me gira hacia ella.

—¿Qué pasó entre ustedes, cariño? Pensé que se quedarían juntos.

—Lo encontré destripando a Brian —respondo—. Después de que le cortara la mayoría de los dedos.

—¿Lo mató?

—Sí.

Se queda en silencio un momento y luego niega con la cabeza.

—Te ama.

Siento que las lágrimas comienzan a inundarme los ojos.

—Sí, lo hace. Aunque, a veces, el amor no es suficiente.

—Sabías quién era, y, aun así, te enamoraste de él, Alice. ¿No puedes perdonarlo?

—Volvería a hacerlo, mamá. No puedo vivir con otra muerte en mi conciencia. Esta ya es demasiado. ¿Me convierte eso en una hipócrita? ¿Que nunca me molestara lo que hizo o a quién mató antes?

—Así es como funciona su mundo. Pero no el tuyo.

Me giro hacia el lienzo y vuelvo a tomar el pincel.

—Tengo que terminar este para mañana.

—De acuerdo, cariño. Te dejaré trabajar. —Extiende la mano y roza ligeramente el dorso de la mía—. Por favor, contesta cuando te llame.

Escucho los pasos de mi madre alejarse, luego detenerse. Me giro y la veo de pie en la puerta, con la cabeza un poco inclinada.

—Me equivoqué sobre tu esposo —confiesa, luego levanta la cabeza y nuestras miradas se conectan. Me mira con una expresión extraña. Sus palabras, y toda la visita en general, me dejan confundida.

—Tu padre nunca mataría a un hombre por mí, ¿sabes?

—Pues eso es bueno, mamá.

—No, cariño. No lo es —concluye, y sale del apartamento.