Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Capítulo 22
Una semana después
Alice
Mi teléfono comienza a sonar en la mesita de noche, pero lo ignoro y me pongo una almohada sobre la cabeza. El timbre se detiene, y comienza de nuevo un minuto después. Gimo, alcanzo la maldita cosa y respondo sin mirar quién llama.
—¿Te he despertado, niña?
Me levanto de golpe en la cama, inmediatamente despierta. —¿Varya?
—Necesito hablar contigo. ¿Puedo ir a tu casa?
—Claro, te envío un mensaje de texto con la dirección.
—Estaré allí en una hora.
—Varya, ¿qué pasa? ¿Está bien?
—Sí. Al menos, de momento. Hablaremos cuando llegue allí.
Un mal presentimiento se forma en mi pecho mientras miro el teléfono.
Algo está mal, lo sé. Corro al baño para ducharme y cambiarme. Estoy recogiendo los pinceles y los bocetos descartados que están esparcidos por el suelo de la sala cuando escucho el timbre de la puerta.
—¿Qué demonios ha hecho ahora? —pregunto en el momento que Varya entra.
—Me gusta el pelo, kukolka. El verde te queda bien. —Me besa y sonríe, pero no llega a sus ojos—. Sentémonos.
La llevo a la cocina, nos sirvo dos tazas de café y me siento en la silla frente a Varya. Se acerca la taza y la sostiene en las manos, mirando el líquido que hay dentro.
—¿Puedes volver, por favor?
Su pregunta me deja atónita y, por un segundo, la miro sin decir nada.
—No voy a volver. Nos divorciamos hace tres meses, ya lo sabes.
—Jasper empezó una guerra con los italianos. Lo hizo a propósito. Llevan meses jugando al gato y al ratón, atacándose los cargamentos, haciendo estallar almacenes.
—Dios mío. ¿En qué diablos estaba pensando?
—No lo estaba. Creo que quería una distracción, y los italianos eran una opción conveniente.
—Tremenda distracción. ¿Se ha vuelto loco?
—Tal vez. —Se encoge de hombros y toma un sorbo de café—. Estuve allí cuando firmó los papeles del divorcio, sabes. Creo que, hasta ese momento, pensó que eventualmente regresarías. Sin embargo, después de firmar esos papeles... se derrumbó. Dos semanas después envió a los chicos a interceptar uno de los cargamentos de los italianos. Y se fue con ellos.
—Que hizo ¿qué?
—Dijo que era porque necesitaba mantener vigilado a Felix, y supuse que solo ocurriría una vez, pero no.
—Creí que un Pakhan no juega a ser soldado raso, sino que maneja la organización, gestiona los acuerdos comerciales y todo eso.
—A él no parece importarle, niña. ¿Sabes qué tan importante es en nuestro mundo que un soldado logre matar a un Pakhan? El que lo consigue se convierte en un héroe entre sus compañeros. Cuando solo hay soldados sobre el terreno, es lo mismo de siempre, pero si hay un Pakhan ahí, se convierte en el objetivo principal.
—Varya, yo... No sé qué esperas que haga. ¿Llamarlo y pedirle que deje de actuar como un idiota?
—Necesito que vuelvas. Contigo allí, no será tan imprudente. No querría que te preocuparas.
—Es un hombre adulto, Varya. No necesita que actúe como su interruptor de apagado.
—Jasper te ama, Alice. No creo que sepas cuánto.
—Un hombre murió por mi culpa. Le dije a Jasper que no podría vivir con eso, y lo mató de todos modos. Si de verdad me amara, nunca me hubiera hecho eso.
—¿Sabes cómo Jasper se convirtió en Pakhan, niña? —pregunta Varya, y niego con la cabeza—. Déjame que te cuente esa historia. Puede que te ayude a entender mejor las cosas. —Mira hacia abajo a su taza y comienza a batir el líquido con una cuchara—. La madre de Jasper se casó con su padre cuando solo tenía dieciocho años. Lev era veinte años mayor que ella y era un hombre muy malo, kukolka. Llegué a esa casa con Nastya. La conocía desde que era un bebé, y odié ver a Lev maltratarla desde el momento en el que llegó. La golpeaba, incluso cuando estaba embarazada con Jasper. Cuando Jasper tenía cinco años, comenzó a confrontar a su padre a propósito para que Lev descargara su ira con él en lugar de Nastya. Funcionó durante unos meses, hasta que dejó de hacerlo. Unos días antes de que Jasper cumpliera seis años, Lev golpeó a Nastya tan fuerte que se cayó por las escaleras. Jasper lo vio.
—¿La mató?
—Sí. Se rompió el cuello. Entonces me encargué de cuidar a Jasper. Lev se volvió a casar unos años después, pero Marina logró escapar. No estoy segura de lo que le pasó; nunca más supimos de ella.
—¿Crees que también la mató?
—Supongo. Cuando Jasper creció, comencé a trabajar como ama de llaves e hice todo lo posible por mantenerme tan lejos como era posible del Pakhan. Me encargaba del personal y no tenía ninguna razón para cruzarme en el camino de Lev. Hasta que, un día, me llamó. Cuando entré en la biblioteca, me agarró por el cuello y me estrelló contra la pared, asfixiándome. Estaba enojado porque la criada no había cambiado las sábanas esa mañana como ordenó. Cuando entró Jasper, ya estaba medio muerta. Jasper lo mató y, si no lo hubiera hecho, Lev me habría estrangulado hasta matarme.
Miro a Varya, quien está mirando la mano que he levantado en algún momento y me he puesto de forma inconsciente en el cuello.
—Todos tenemos algún detonante, niña. Jasper vio a ese hombre como una amenaza para ti y lo neutralizó. No digo que hizo lo correcto, solo estoy tratando de que lo entiendas. Ahora sabe que lo que hizo te lastimó, y créeme cuando te digo que nunca haría nada a propósito que pudiera causarte dolor. Está locamente enamorado de ti, y creo que cuando te fuiste, algo se rompió en él. Ya no le importa nada. Creo que está haciendo todas esas cosas imprudentes a propósito. El... el mes pasado le dispararon.
—¿Qué? —exclamo, y salen las lágrimas que he estado intentando mantener a raya.
—En la parte superior del brazo. Tuvo suerte, la bala solo le rozó, nada serio. Esta vez. Por favor, al menos habla con él. Va a conseguir que lo maten, Alice. Es solo cuestión de tiempo.
—De acuerdo, hablaré con él. —Me levanto de la mesa y me apresuro a agarrar mi chaqueta y la cartera mientras me seco las lágrimas con la manga de la camisa en el camino—. Llamaré un taxi.
—Vova nos puede llevar. Creo que está en turno —comenta Varya con aire despreocupado.
—¿Está por el vecindario?
—Por así decirlo. Está al otro lado de la calle.
Levanto la cabeza y la miro, luego me acerco a la ventana y miro afuera. Como dijo, hay un auto anónimo estacionado al otro lado de la calle.
—¿Me puso una sombra?
—Te puso escoltas. Llevan meses ahí.
—Voy a matarlo.
Cuando salimos del edificio, cruzo la calle hacia el coche y toco en la ventanilla. Vova levanta la cabeza de golpe, me mira con los ojos muy abiertos y se apresura a bajar la ventanilla.
—¿Alice Hale?
Aprieto los dientes, pero no lo corrijo y hago un gesto con la cabeza a Varya, que se está acercando.
—Necesitamos que nos lleves.
—Por supuesto. —Abre la puerta y nos metemos detrás—. ¿Adónde necesita ir?
—Voy a hacerle una visita al Pakhan —respondo, y me recuesto en el asiento.
Tardamos cerca de una hora en llegar a la casa. En cuanto el auto se detiene en el camino de entrada, salgo y subo corriendo los escalones de piedra hacia la puerta principal. El tipo de seguridad, que está de guardia, me mira con sorpresa, luego asiente y me abre la puerta.
—¿Dónde está, Ron?
—Me parece que el Pakhan está en su despacho —responde.
Corro por el vestíbulo y giro a la izquierda hacia el pasillo del ala oeste que conduce a la oficina de Jasper. Cuanto más me acerco, más me acobardo. Para el momento en que llego a la puerta, estoy hecha un manojo de nervios y ansiedad. Voy a volver a verlo después de todo este tiempo, y estoy emocionada y asustada a la vez. Quiero entrar y, de igual forma, dar media vuelta y salir corriendo. Ahora es demasiado tarde, ya no hay vuelta atrás.
Pongo la mano en el picaporte, respiro hondo, adopto una expresión impasible y entro sin llamar.
Jasper está sentado detrás de su escritorio, mirando entre los papeles que tiene en las manos y la pantalla de la laptop. Dejo que la puerta se cierre detrás de mí, apoyo la espalda en esta y lo observo durante unos segundos. Dios, lo he extrañado tanto que duele tan solo mirarlo.
—Me han dicho que te dispararon —comento, y me asombra lo relajada que logro sonar. Ni un temblor en la voz, no obstante, un huracán ruge por dentro.
Mi exesposo levanta la cabeza de golpe, su mirada choca con la mía y me observa con tanta fuerza que, si no hubiera tenido la puerta detrás de mí, habría tropezado hacia atrás. Están pasando muchas cosas en sus ojos; diferentes emociones parpadean y son sustituidas por otras tan rápido que no puedo captarlas todas. Hay sorpresa mezclada con dolor, y tanta rabia que no puedo evitar estremecerme.
—¿Y eso en qué te concierne, Alice? —Palabras tranquilas y enojadas, perforando mí ya destrozado corazón. Me odia.
—Solo quería asegurarme de que estés bien.
—¿Por qué? —Se reclina en la silla y cruza los brazos delante de él.
«¿Por qué?» Una pregunta tan sencilla. Y con tantas respuestas. Porque tenía miedo por él. Porque lo extrañaba y quería verlo, aunque solo fuera un minuto. Porque lo amo. En lugar de responder, me quedo ahí parada y trato de controlar mi respiración porque, de repente, siento que no hay suficiente aire en la habitación.
Jasper se pone de pie, alcanza el bastón apoyado en el escritorio y camina hacia mí. Se apoya fuertemente en él, sin embargo, sus pasos son seguros y bastante rápidos. Una lágrima se me escapa por el rabillo del ojo. Lo consiguió; sabía que lo haría.
Se para delante de mí, levanta la mano y la coloca en la puerta junto a mi cabeza, enjaulándome. Baja la cabeza para que nuestras caras estén a pocas pulgadas de distancia.
—Te he hecho una pregunta. Necesito una respuesta, malysh.
La presa se rompe al escuchar esa palabra de cariño, y las lágrimas ruedan libremente por mi rostro. Mi labio inferior comienza a temblar, así que me lo muerdo y, poco a poco, levanto las manos hacia su rostro. Están temblando. Dudo por un segundo, luego coloco las palmas en sus mejillas.
—Tú. Me. Dejaste —susurra, y luego golpea la puerta con su palma.—. ¡Me dejaste, maldición!
—Lo sé.
Rabia. Mucha rabia en sus ojos cuando me mira con la mandíbula apretada en una línea dura.
—Siento haberte hecho daño —declara—. Ojalá pudiera dar marcha atrás y hacer las cosas de otra manera. No puedo, y ese es un hecho. Aunque quiero que sepas que no me arrepiento de haber matado a ese bastardo. Ese es otro hecho para ti. Te lo vuelvo a preguntar. ¿Por qué te importa si me dispararon?
No puedo apartar la mirada de sus ojos. No se arrepiente de lo que hizo. ¿Puedo vivir con eso?
Jasper aprieta la mandíbula, estira la mano y la hunde en mi cabello por la nuca.
—¡Respóndeme, maldita sea!
—¡Porque te amo, Jasper! —Presiono las manos en sus mejillas y sacudo su cabeza terca—. Te amo. No puedo soportar la idea de que te hagan daño. Acabarás con esta maldita guerra que iniciaste, ¿me oyes? No me importa cómo lo hagas, pero termínala, o que Dios me ayude, te mataré yo misma.
No dice nada durante unos segundos, y sigue observándome con los dedos hundidos en mi nuca.
—Cásate conmigo —demanda—, y acabaré con esta guerra.
Jasper
Alice abre los ojos de par en par ante mi propuesta. Se está preguntando si hablo en serio; y puede apostar a que lo hago. Voy a recuperarla, cueste lo que cueste.
—Me estás chantajeando para que me case contigo. Otra vez. No es una pregunta, pero decido aclararlo de todos modos.
—Sí, lo estoy.
Me mira fijamente, y la observo con atención. Tiene los ojos rojos en los bordes y las lágrimas siguen cayendo. No creo que siquiera se dé cuenta de que continúa llorando. Anhelo limpiarle las lágrimas con mi mano. Me prometo a mí mismo que esta será la última vez que llore por mi culpa.
Necesito que diga que sí. No hay manera en que pueda pasar una noche más sin mi gata salvaje acurrucada a mi lado. Se llevó mi negro corazón con ella el día que se marchó, y si dice que no, puede quedárselo. De todos modos, no podré estar con nadie más.
—Dios mío, Jasper—suspira, y se presiona el talón de las palmas de las manos sobre sus ojos.
Observo sus manos, que están manchadas de pintura negra, y una pequeña llama de esperanza se eleva en mi pecho.
—No te has quitado los anillos.
—No pude.
Baja las manos y aspira.
Bueno. Estamos llegando a alguna parte. Le tomo la mano y le retiro los anillos del dedo. Se desprenden con demasiada facilidad. Ha perdido peso. La voy a estrangular.
—¡Devuélvemelos! —exclama, e intenta agarrarme la mano, pero la escondo detrás de la espalda.
—Lo haré. Dame unos segundos —digo y agarro el bastón, empiezo a bajar despacio la rodilla izquierda hacia el suelo.
Alice me mira con los ojos muy abiertos. Está llorando de nuevo.
—Mierda, cariño. No hagas eso.
Ignoro el dolor agudo en mi pierna derecha y bajo un poco más la rodilla izquierda. Aunque no es la pose exacta que imaginé, es lo más cercano a ponerme en una rodilla que puedo lograr. Levanto los anillos frente a ella.
—¿Te casarías conmigo, malysh?
Gime y exhala mientras las lágrimas ruedan por sus mejillas, luego me agarra por la camisa y me levanta. Tardo unos segundos en enderezarme, y cuando lo hago, levanta la mano entre nosotros.
—Esta vez no te vas a salir con la tuya con la versión barata, Jasper — resopla—. Quiero un vestido grande, pomposo y brillante. Quiero un montón de flores, una orquesta que toque música elegante y, por supuesto...
Mis labios se curvan en una sonrisa. Estoy jodidamente enamorado de mi pequeña y loca esposa.
—Te amo —susurro, deslizo los anillos en su dedo, luego agarro su rostro y la beso.
Recorro la espalda de Alice con la palma de la mano, luego la bajo para apretarle el trasero y vuelvo sobre el camino de vuelta hasta la nuca, donde mis dedos se atascan en los mechones verde oscuro enredados.
—¿Esto se irá al lavarlo?
Alice levanta la cabeza de mi pecho y mira el mechón de cabello entre mis dedos.
—¿No te gusta el verde?
—No realmente. Pero si a ti te gusta, no pasa nada. Sin embargo, es horrible.
—Se me irá en una semana, más o menos. También lo odio. —Se encoge de hombros y vuelve a bajar la cabeza, justo sobre mi corazón—. ¿Cómo detendrás la guerra con los italianos?
—De la forma habitual. Alguien se casará con una dulce y dócil chica italiana.
—Qué romántico. ¿Y quién será el afortunado novio?
—Aún no lo he decidido. Probablemente Ron.
—Seguro que estará encantado. —Bosteza y cierra los ojos—. ¿Cómo te ha ido en la rehabilitación física?
—Terminé hace dos semanas. Warren dijo que hemos llegado al máximo de lo que puedo lograr, así que ya no es necesaria.
—Me alegro. Sé cuánto odiabas esas sesiones. Te ves sexy con el bastón, tal como predije. —Sonríe adormilada.
Aparto de su rostro unos mechones de cabello enredado, luego miro hacia el lado de la cama donde mis muletas están apoyadas en la pared. No creo que las viera cuando entró, pues estábamos ocupados quitándonos la ropa de camino a la cama. Se enterará por la mañana de todos modos, así que prefiero decírselo ahora y terminar con esto.
—Alice... Tengo que decirte una cosa.
—Mmm... ¿Puede esperar hasta mañana?
—No.
Levanta la cabeza inmediatamente y me mira con atención. —¿Qué has hecho?
—Nada. Es que necesito que sepas una cosa.
—Oh, Dios... —gime—. Dime qué demonios hiciste.
Mi hermosa florecilla me está mirando con los ojos muy abiertos. Odio tener que decírselo. Lo odio tanto que me enferma.
—Sigo usando las muletas, Alice. Todavía tengo la rodilla rígida por las mañanas y no puedo caminar sin ellas durante la primera hora más o menos. —Aprieto los dientes y prosigo—. A veces también las necesito por las noches.
Está mirándome, con los ojos clavados en los míos. Necesito que diga algo. Lo que sea.
—¿Y? —pregunta por fin.
—¿Y qué? Ya es todo —respondo. Abre los ojos aún más.
—Maldición, Jasper, no me pegues esos sustos. —Me golpea el pecho con la palma de la mano—. Pensé que ibas a decirme algo importante, como que mataste a Igor mientras yo no estaba. Dios mío, cariño.
La observo. No es la reacción que esperaba. Decepción, sí. O, al menos, cierto disgusto cuando se diera cuenta de que terminaría atada a un discapacitado para el resto de su vida. ¿No es eso importante? Tal vez piense que es temporal.
—Alice, no lo entiendes. No será mejor que esto. Lo siento, malysh.
Se inclina hacia adelante hasta que su frente toca la mía y me toma la cara con sus manos.
—Sí, ya me lo dijiste. También vi las muletas y lo deduje yo misma, cariño. Y me importa una mierda. —Me besa en los labios—. Entonces, ¿no mataste a nadie en mi ausencia? —Me acojo a la quinta enmienda y mantengo sabiamente la boca cerrada—. ¿Jasper? —Me mira con los ojos entrecerrados.
—Liquidé a Tanush, ¿de acuerdo? —suspiro.
—Lo sabía. Yo... —Sacude la cabeza.
—Fue quien colocó la bomba junto con Leonid.
Alice me mira, arruga la nariz, luego asiente.
—Se lo merecía —dice, y vuelve a colocarse sobre mi pecho—. Por favor, no mates a nadie más por mi culpa.
Escucho hasta que su respiración se nivela. Cuando estoy seguro de que está dormida, levanto su diminuta mano de mi pecho y le doy un beso en la punta de los dedos.
—Mataré a cualquiera que se atreva a hacerte daño —susurro—, pero me aseguraré de que no te enteres la próxima vez.
