Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Epílogo

Dos meses después

Alice

—No vas a venir conmigo a comprar el vestido de novia, Jasper. —Lo miro desde el otro lado de la cocina, con las manos en mi cintura.

—Me quedaré afuera del probador. No miraré, pero estaré allí.

—No —respondo.

—Sí.

—Esto es ridículo.

—No hay nada ridículo en mi temor por tu seguridad. Todavía no puedo olvidar el día en que el bastardo que contrató Leonid intentó matarte. No tienes ni idea de cómo lo pasé durante la hora en que no sabía si estabas herida o muerta. No volveré a pasar por eso.

Se para delante de mí, me levanta por la cintura con un brazo y me sienta en la encimera. Se ha convertido en mi lugar preferido.

—Engreído. —Extiendo la mano y aprieto sus bíceps duros como piedras.

—Te encanta cuando lo hago —añade, y se coloca entre mis piernas—. Además, así no fuerzo el cuello.

Siento su mano en la parte posterior de mi rodilla, luego sube por el muslo hasta las bragas. Coloca el bastón sobre el mostrador y desliza la otra mano por debajo de mi falda.

—Llegaré tarde a la prueba de mi vestido.

—Esperarán —me susurra al oído, y, de repente, oigo que rasga la tela de mi ropa interior—. Tengo que encontrar al arquitecto que calculó la altura de esta encimera... —Se desabrocha el cinturón y comienza a desabotonarse los pantalones—. Le daré una buena propina.

—¿Cómo de buena? —Sonrío, le rodeo la cintura con las piernas y me agarro del borde de la encimera.

—Extremadamente buena. —Me sujeta las nalgas y se hunde de un golpe dentro de mí.


—Jasper —digo una hora después—. Quiero volver a intentarlo. Su mano se detiene en mi espalda.

—No.

Estuvimos intentando superar mis miedos y parece que estamos llegando a alguna parte. Ya no me asusta que me sujete por las muñecas. Fue lo primero que probamos. Sin embargo, cuando lo probamos conmigo acostada boca arriba, llegamos a un callejón sin salida. Cada vez que Jasper trata de ponerse encima de mí, incluso sin atraparme con el cuerpo, me pongo como loca. Me está destrozando por dentro. Anhelo tanto sentir su cuerpo cubriendo el mío, sin embargo, mi mente siempre procesa la situación de manera equivocada. No sé qué hacer para que mi jodido cerebro se des-joda.

Levanto la cabeza y lo miro a los ojos.

—¿Por favor?

Jasper toma mi cara entre sus manos, su mirada quemando en la mía y lo veo en sus ojos. A él también le molesta.

—¿Tienes idea de lo que siento cuando que te quedas quieta debajo de mí, viendo el pánico en tus ojos? Me desgarra cada vez. Por favor, no me pidas que te siga haciendo daño, no puedo soportarlo.

—Solo una vez más —suplico, esforzándome por no llorar. Lo amo tanto, ¿por qué mi estúpido cerebro no puede entender que nunca me haría daño?

Jasper suspira y me besa en la frente.

—De acuerdo.

Me giro y me acuesto boca arriba, tomo su mano y la coloco sobre mi estómago, donde comienza a acariciarme la piel. Con cuidado, Jasper sube la pierna derecha sobre la mía y se acerca hasta que su pecho y su estómago, están pegados a mi costado.

—¿Todo bien? —susurra, y asiento.

Poco a poco, se levanta sobre el codo y coloca la otra mano en mi otro lado. Respiro hondo y lo observo mientras se pone en posición sobre mí, apoyando su peso en los codos. Mi respiración se acelera y veo que se queda quieto. Se apartará. Lo veo en su rostro. No. No dejaré que este miedo absurdo me siga dominando.

Estiro la mano, notando la manera en que mis dedos están temblando, y la coloco en su mejilla.

—Necesito que me hables, cariño. —Tengo que hacerle entender a mi cerebro que es Jasper.

—Te amo, milaya. Muchísimo —susurra sin dejar de mirarme—. Creo que me enamoré de ti el día en que nos conocimos. Estabas tan brutal, con aquella ropa negra de emo y el piercing en la nariz, parada frente a mí tan tranquila y tan enojada a la vez.

Mi respiración sigue siendo más rápida de lo normal, todavía tiembla mi mano, y siento la necesidad de huir, pero aprieto los dientes y me concentro en la voz de Jasper.

—Me embrujaste, florecilla mía. Aquella noche, en la fiesta donde fingimos que nos conocimos, quise besarte cuando me dijiste que no eras un perro.

Coloco la otra mano sobre su pecho, sintiendo los latidos de su corazón bajo mi palma. Mi respiración fatigada se vuelve lenta poco a poco.

—¿Crees en el amor a primera vista, malysh? —pregunta, y baja la cabeza unas pulgadas—. Siempre pensé que era una estupidez. Estaba equivocado. Tan equivocado. —Hunde la cabeza aún más hasta que su nariz casi toca la mía, y esos ojos astutos me miran con atención—. Te amo tanto que quemaría el puto mundo por ti. —Nuestros labios casi se tocan—. Creaste un monstruo, Alice, porque no hay nada que no haría por ti. Solo tienes que pedírmelo.

Mis manos casi dejan de temblar y mi respiración se está normalizando. Poco a poco, le rodeo el cuello con los brazos y tiro de él para cerrar las últimas pulgadas, hasta que finalmente su boca toca la mía.

—Por favor, cariño, hoy no quemes nada —musito en sus labios.

Siento que su boca se ensancha y veo que las comisuras de sus ojos se arrugan.

—Lo pensaré —susurra, y me besa.

Siento una ligera opresión en el pecho. Jasper sigue apoyado en sus codos, su frente está casi pegada a la mía. Tengo un momento de pánico cuando registro la posición de su cuerpo, pero luego mi cerebro se centra en sus labios y mis músculos se relajan. Dios, este hombre sabe besar.

—Más, cariño —murmullo, y pone un poco más de peso sobre mí.

—¿Así está bien?

No solo bien. Perfecto. Y, ahora, lo más difícil.

—La mano en el cuello, Jasper.

—Alice.

—Por favor.

Mueve despacio la mano derecha sobre mi pecho, luego más arriba, hasta que su palma llega a mi cuello. Se me corta el aliento. Mis manos se quedan quietas sobre sus hombros, y cierro los ojos.

—Soy yo. —Escucho su voz susurrando en mi oído mientras sus dedos acarician la piel de mi cuello—. Nunca te haré daño. Prefiero cortarme la mano. Por favor, vuelve a mí. Sabes el desastre que soy sin ti, malysh.

Se me escapa una lágrima cuando abro los ojos y lo miro, mi gran esposo malvado, quien me observa con preocupación.

—Demonios, te amo tanto que es enfermizo —confieso, luego golpeo mi boca contra la suya y le rodeo la cintura con mis piernas.

Jasper me penetra despacio. Aunque sigue teniendo miedo de que pueda darme un ataque de pánico, sé que no pasará. Nunca temí que me hiciera daño, y parece que, por fin, mi jodido cerebro recibió el mensaje. Muevo los labios a su oído.

—Quiero que me folles sin sentido —demando—. Y si después puedo caminar, atente a las consecuencias.

Gruñe, se desliza despacio fuera de mí, luego se entierra de nuevo, haciéndome gemir. Nunca pensé que disfrutaría tanto de la sensación de un enorme cuerpo masculino que pesara tanto. Jasper arrastra la mano sobre mi pecho y estómago hasta que llega al lugar donde se unen nuestros cuerpos. Presionando mi clítoris, sus dedos magistrales hacen círculos, provocando. Me agarro a sus hombros, jadeando, mientras sigue destruyéndome el coño y a mí, deslizándose dentro y fuera mientras se me dispara el corazón.

—¡Más fuerte! —me atraganto y arqueo la espalda.

La mano de Jasper deja mi coño y baja por mi muslo. Luego, envuelve los dedos alrededor de mi rodilla, tira de mi pierna hacia arriba y la coloca sobre su hombro. Cuando empuja de nuevo, jadeo. La sensación de su miembro llenándome por completo me revuelve el cerebro. Inclina la cabeza para darme un beso en los labios y me embiste con tanta fuerza que tengo que sujetarme a la cabecera. La cama debajo de mí se balancea al ritmo de sus embestidas, y un gemido sale de mis labios. Tengo espasmos en los músculos, pero sigue penetrándome cada vez con más fuerza hasta que me corro con un grito.


Jasper

Me encanta cuando Alice juega con mi cabello. Por supuesto, nunca lo admitiría. No es algo que sería considerado pakhanish, como le gusta decir a Alice.

—Creo que tendré que cambiar la prueba para el vestido —dice, y sigue pasando los dedos por mi cabello—. Llevamos tres horas de retraso y estoy segura de que están completamente agendados. No creo que tengan tiempo para mí.

—Por supuesto que sí. —Abro un párpado y la miro—. Nadie le dice que no a mi esposa.

—Bueno, en realidad, todavía no soy tu esposa. ¿O debería decir ya no, todavía? —Deja de acariciarme y gruño de disgusto—. Supongo que estamos entre matrimonios. Esta situación es rara.

—La corregiremos pronto. —Me encojo de hombros y vuelvo a cerrar los ojos.

—¿Jasper?

—¿Mmm?

—Tengo algo que contarte. No sé cómo reaccionarás, pero, por favor, no te alteres. ¿Me prometes que no perderás la cabeza?

—Alice, milaya, nunca me altero. Soy una persona de lo más tranquila, ya lo sabes. ¿Qué es?

Su cabello me cosquillea el hombro cuando se inclina y me susurra al oído.

—Estoy embarazada.

Abro los ojos de golpe. Siento como si me hubiera arrollado un tren, y una opresión en el pecho me impide respirar bien. La agarro por la espalda, pego su cuerpo al mío y coloco su cabeza a la altura de mi barbilla.

—¿Estás segura? Por favor, dime que estás segura.

—Estoy segura. Me hice la prueba de embarazo esta mañana porque llevo una semana o más vomitando el desayuno. Y los pechos también me están matando de dolor. No he tomado anticonceptivos desde que volví.

Cierro los ojos y la abrazo durante unos instantes, procesando lo que acaba de decir.

—No pienso perderte de vista —le susurro al oído—. No saldrás de casa sin mí. Voy a pedirles a las criadas que trasladen mis cosas del despacho. A partir de ahora, trabajaré desde la sala.

—¡Jasper! ¿Te has vuelto loco?

—Puede que sí. Estoy loco de felicidad y cagado de miedo a la vez. Y no querrás provocar a una persona loca, Alice. Créeme.

—¿Qué demonios le ha pasado al hombre tranquilo que dijiste ser?

—Se esfumó. —Le beso la coronilla—. Cancelamos la prueba e iremos al médico para que te haga un chequeo en este momento.

—Sabía que te alterarías —suspira en mi cuello—. Dios, espero que sea un niño.

—¿Por qué? —pregunto—. Me encantaría tener una niña.

—Nunca tendrá novio contigo como su loco padre, Jasper.

—Claro que sí. Cuando tenga cincuenta años. —Muevo la mano entre nuestros cuerpos y coloco la palma sobre el estómago de Alice—. Te amo muchísimo.

—También te amo, mi peligroso kotik.

FIN.


NOTA:

Llegamos al final, solo le quedan dos extras, que ahorita subire, tambien la sinopsis del proximo libro que tambien ya se encuentra en mi perfil.