Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Escena extra – La cocina de Igor
UNA ESCENA EXTRA DESDE EL PUNTO DE VISTA DE IGOR
Igor
Estoy metiendo el pirog en el horno justo cuando el ruido del cristal estallando se desata en algún lugar detrás de mí. La sartén se me resbala de las manos y se cae contra el suelo. Sin embargo, el estruendo metálico queda ahogado por los gritos de las mujeres.
—¡Me ama más a mí! —grita Olga mientras sigue el clamor de algo más que se rompe.
—Estuve con él primero. —La voz aguda de Valentina explota sobre el caos.
Aprieto los dientes, me doy la vuelta y miro a las criadas, quienes están de pie en medio de la cocina discutiendo sobre Ron, estoy seguro. Me asombra cómo se las arregla para estar no solo con una, sino con ambas mujeres a la vez.
—¡Suficiente! —rujo, y golpeo la encimera con la mano, pero me ignoran.
Mientras las miro boquiabierto, Olga se lanza hacia Valentina con las manos levantadas como si quisiera arañarle la cara. En respuesta, Valentina balancea el trapo que sostiene en la mano y golpea a Olga en la cabeza. ¡Qué caos!
Me pregunto si debo interferir o dejarlas en paz cuando, por el rabillo del ojo, veo que se abre la puerta de la cocina y entra la esposa del Pakhan. Lanza una mirada a las criadas, quienes siguen peleando y gritando, luego se desliza por la pared hacia la nevera al otro lado de la habitación.
No, hoy no. Pasé dos horas haciendo esa salsa.
—¡Alice Hale! —grito. Se detiene a medio paso. Gira la cabeza en mi dirección y abre los ojos de par en par cuando se da cuenta de que la estoy mirando desde el otro lado de la cocina—. ¡No se atreva! —vocifero.
Alice parpadea con ingenuidad, lanza una mirada rápida hacia la nevera y luego me mira. Un grito agudo brota en algún lugar detrás de mí. Por la magnitud de la sobrecarga auditiva, es Olga. Grita como una Banshee. No me giro para ver si tengo razón porque estoy concentrado en la perdición de mi existencia.
Desde que quedó embarazada, la esposa de mi jefe ha desarrollado una fijación inexplicable por las salsas para pasta. Lleva semanas robándolas cada vez que hago una. Exhibe una amplia sonrisa y corre hacia la nevera.
—¡NIET! —bramo, y corro en la misma dirección con la esperanza de salvar mi plato esta vez.
Estoy más cerca, pero ella es mucho más rápida y llega a su destino mucho antes que yo. Para cuando alcanzo al centro de la cocina, ya tiene la olla en las manos.
—Spasibo, Igor. —Se ríe y huye hacia la puerta.
Pisoteo el suelo y me dirijo hacia la despensa para ver si quedan más tomates cuando escucho que la puerta se abre de golpe.
Ron entra con la mano presionada contra la parte superior del brazo. La sangre se filtra a través de sus dedos.
—¿Dónde está Varya? —pregunta, y se acerca al fregadero—. Necesito que me suture.
—¡Estás dejando gotas de sangre por todo el suelo! ¡Fuera de mi puta cocina! —exclamo, superando los niveles monumentales de gritos procedentes del otro lado de la habitación, donde Olga está jalándole el cabello a Valentina.
Ron me ignora por completo y comienza a desabrocharse la camisa. Agarro el tazón mezclador de plástico de la encimera y se lo lanzo a la cabeza, pero el idiota se agacha y golpea la pared sobre el fregadero.
—¡FUERA! —bramo, y me dirijo hacia él con la intención de echarlo yo mismo cuando unos gritos femeninos hacen que me detenga en seco.
Valentina y Olga corren por la cocina, se arrojan sobre Ron, susurrándole. Mientras Valentina le ayuda con la camisa, Olga inspeccionas la minúscula laceración del brazo. Por su mirada de horror, uno esperaría que se le estuvieran saliendo las entrañas por el maldito rasguño.
La puerta se abre de nuevo. Levanto la vista y veo a Varya caminando hacia mí con las manos en las caderas.
—¿Qué diablos está pasando aquí? —inquiere, señalando el vidrio roto en medio de la cocina—. ¡Me voy diez minutos y te las arreglas para crear este desastre!
—¡No fui yo! Ellas... —Me detengo a media frase y olfateo el aire. Huele como si algo se estuviera quemando.
Despacio, me doy la vuelta y miro la estufa donde estaba cocinando el borscht. La espuma roja se desborda por la olla, cubriendo toda la superficie de la estufa y goteando en el suelo, justo al lado de la bandeja con el pirog que se me cayó antes.
—¡Chort voz'mi! —Tomo un trapo y me dirijo hacia la cocina justo cuando algo pequeño y negro viene correteando por el piso.
—¿Quién diablos ha dejado entrar al perro? —bramo.
El chihuahua atrapa la pelota que ha estado persiguiendo, luego se gira y viene a pararse entre mis pies.
Frunzo el ceño ante el pequeño demonio y me vuelvo hacia Varya. —¡Saca a este perro de mi cocina!
—¡Sácalo tú mismo! —revira—. Tengo que limpiar esta pocilga.
—Y yo, ¿qué? —grita Ron desde donde está parado a un lado del fregadero. Valentina está acurrucada a su derecha, acariciando su pecho desnudo, mientras Olga le peina el cabello con los dedos. Dios santo.
Varya me da un codazo en el costado y se dirige hacia Ron.
—¿Qué diablos te ha ocurrido, mi muchacho?
—Reté a Felix a crear un contorno lanzando sus cuchillos a mi alrededor. —El idiota sonríe.
—¿Falló? —pregunto atónito. Felix nunca falla.
—Estornudé. — Ron se encoje de hombros.
Mudak. Pongo los ojos en blanco y me agacho para recoger al perro, que está orinando en mi zapato.
Síp, un día cualquiera en la cocina.
FIN.
