Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Painted Scars" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Escena extra – Papá Jasper
UNA ESCENA EXTRA DESDE EL PUNTO DE VISTA DE JASPER
Jasper
Olga y Valentina colocan el último de los tazones de comida en medio de la mesa y salen del comedor a toda prisa. Miro mi reloj de pulsera, luego la silla vacía a mi lado y me giro hacia mi esposa.
—¿Dónde está? —pregunto entre dientes.
—Oh, supongo que, con unos amigos, kotik. —Alice sonríe y me pasa el puré de papas—. Toma, pruébalo. Es la receta de Angie, con mucha mantequilla.
Conozco muy bien a mi esposa y, por muy buena que sea con sus juegos de actuación, puedo ver a través de cada uno de ellos.
—¿Dónde. Está. Nuestra. Hija?
—Jasper, por favor. Tiene dieciocho años. Ya sabes cómo son las chicas a esa edad, siempre se rebelan un poco. Solo es la cena.
—¡Se ha estado rebelando desde antes de poder decir una frase entera! —vocifero—. Le dije que quería que al menos cenáramos juntos, y estuvo de acuerdo.
Alice sonríe y me pone una cucharada grande de puré en el plato. —Seguro que llegará enseguida.
—A lo mejor está con su novio —agrega Lilian, mi otra hija. Levanto la cabeza de golpe.
—¿Su qué?
—Novio. —Liliam se ríe—. Los oí hablar por teléfono.
Agarro el borde de la mesa y aprieto la superficie de madera.
—¿Alice?
—¿Sí, cariño? —pregunta inocentemente, y se mete un trozo de carne en la boca.
—Ana tiene... ¿novio?
—Claro que no, kotik. Nuestra hija sabe muy bien que no tiene permitido tener novio hasta los cuarenta. —Me mira—. ¿O eran cincuenta?
Me inclino hacia adelante.
—¿Quién es? ¿Lo conozco? ¿Por qué no me lo habías dicho? —Alice suspira y pone los ojos en blanco—. ¿La ha tocado? —prosigo—. ¿Los has visto besarse?
Alice se toca la cara y sacude la cabeza.
—Por el amor de Dios, Jasper. Tiene dieciocho años.
La tensión arterial me sube por las nubes.
—Oh, voy a estrangularlo. Dime cómo se llama, Alice. ¡Ahora mismo!
—Necesitas tranquilizarte, Jasper. Tu reacción no es normal. —Me pone la mano en la mejilla—. Anastasia ya no es una niña. Es una mujer, y es de esperarse que tenga novio. La mayoría de sus amigas salen con chicos desde los dieciséis. Eres demasiado estricto.
—¿Demasiado estricto? —Arqueo una ceja—. Por favor, recuérdame qué edad tenía cuando se escapó de casa por primera vez.
—Quince. —Alice se estremece—. Y se fue a casa de su amiga, no se escapó.
—¡Toda la puta Bratva estuvo buscando a mi hija durante dos malditos días! Estabas fuera de ti, malysh.
—Oh, reaccioné de forma desmedida. —Me atrae hacia ella y me besa —. Acabemos de cenar rápido, así podemos subir y tener algo de tiempo para nosotros.
—Estás intentando distraerme —digo contra sus labios, ensartando los dedos en sus mechones.
—Nooo. Nunca haría tal cosa.
El ruido de la puerta principal al cerrarse y el golpeteo de los pies resuenan en las paredes. Suelto el cabello de Alice y miro hacia el vestíbulo, visible más allá del umbral del comedor. Un borrón del cabello oscuro de mi hija capta mi atención cuando corre hacia la escalera.
—¡Anastasia! —grito.
Se detiene con el pie en el primer escalón y me lanza una mirada irritada. Observo los jeans rotos y la camiseta negra que lleva puesta. Todavía me asombra lo mucho que se parece a Alice. Ana solo ha heredado el físico de su madre. Por desgracia, la personalidad es la mía. Agarro el bastón y me dirijo hacia ella.
—¿Tienes novio? —bramo cuando llego hasta ella.
—¿Qué? —Se pone tensa—. ¡No!
Me agacho y acerco mi cara a la suya.
—¿Segura?
—Te juro que no tengo novio.
—¿Pues dónde has estado?
—Con el tío Felix. —Sonríe.
—Oh, Dios. —Me aprieto las sienes—. ¿Te ha estado enseñando a lanzar cuchillos otra vez?
—No. —Sonríe todavía más.
La miro con los ojos entrecerrados. No me gusta esa sonrisa.
—¿Me estás mintiendo, Anastasia?
—¡No, papá! —Se pone de puntillas y me da un beso en la barbilla—. Voy a mi habitación a cambiarme y bajaré enseguida.
Parece sincera. Sin embargo, mientras la veo subir las escaleras, me quedo con la sensación de que no me ha dicho toda la verdad. Conozco a mi hija demasiado bien. Y conozco a mi hermano.
—¿Felix te ha estado enseñando algo más hoy? —pregunto.
Anastasia se detiene en lo alto de la escalera. Me mira por encima del hombro, me guiña un ojo y desaparece.
Me ha guiñado un ojo. ¿Por qué haría eso? ¡Oh! Maldición, Dios mío. Cierro los ojos un momento, luego saco el teléfono del bolsillo y llamo a mi hermano.
—¡Voy a despellejarte! —bramo al teléfono en cuanto Felix contesta.
—¿Qué he hecho ahora? —inquiere.
Agarro el teléfono con todas mis fuerzas y rujo:
—¿Le has estado enseñando a disparar a mi niña, Felix?
FIN
