Solo un roce
.
.
.
Tres meses habían pasado desde que Ranma llegó a la ciudad. Tres meses en los que le había costado adaptarse al nuevo ritmo de vida que le tocó adoptar, ya que en su antigua escuela las actividades no eran tan constantes como en esta.
Aquí, tenía actividades extracurriculares por montones, ya que la escuela poseía áreas ocupacionales para mantener, valga la redundancia, ocupados a los jóvenes. Así que, podía inscribirse en diferentes áreas, desde actividades deportivas hasta actividades científicas.
Esta era una escuela demasiado completa.
Ranma había elegido inscribirse en el club de artes marciales, debido a que, desde que era pequeño, las había practicado junto a su padre. Genma estuvo a cargo de un dōjō hace muchos años; en los que realizó competencias en sus diferentes ramas. Encuentros y torneos que le permitieron a Ranma conocer a los amigos de su padre. Amigos que, con los que casualmente, fue a reencontrarse, pues dos de ellos vivían en la ciudad a la que acababan de mudarse.
Fue por ello que el apellido Tendō resonó en su memoria cuando conoció a su compañera, ya que ella era la hija menor de uno de los amigos de su progenitor. Conocida que, desde que era un infante, no volvió a ver; pero que nunca olvidó, pues algo en su interior le hizo guardar esa mirada llena de Ilusión. Ojos hermosos que ahora lo llenaron de calor. De un hermoso y cómodo calor.
—Qué fastidio, se supone que venimos a entrenar. Por qué entonces tenemos que estudiar este folleto lleno de texto en lugar de ir a practicar. Qué absurdo.
—Ranma, por favor, no te quejes más —le pidió, tomando el marcador que tenía en su estuche para resaltar el texto que le interesó—. Las artes marciales son una disciplina, no un simple encuentro de puños y patadas —le recordó, soltando un profundo suspiro—. Sabes que esto es parte fundamental de nuestro entrenamiento. Así que, no lo veas como un castigo sino como lo que es, un aprendizaje.
—A ti porque te gusta estudiar, a mí no me gustan tanto los libros. Yo soy más práctico —espetó, llevando sus manos atrás de su cuello, girando completamente su cuerpo para quedar frente a frente a su compañera. En esta clase, como era una actividad extracurricular, se podían sentar dónde ellos quisieran y en esta ocasión él ocupó un pupitre adelante de ella—. Yo no soy tan inteligente como tú, Akane.
—No es eso lo que te hace falta —le dijo, negando con la cabeza—. Es dedicación, pero eso se aprende, Ranma. Yo puedo ayudarte con esto.
«Es tan linda su sonrisa, y sus ojos y su b… » sacudió rápidamente la cabeza intentando salir de su embobamiento. Qué diablos era lo que estaba pensando al imaginar de esa forma a su compañera.
A él nunca le habían interesado las chicas de esa manera; bueno, no es que no le interesaran las mujeres, es que él solamente tuvo una novia en el pasado, en la secundaria. Una relación pasajera en la que aceptó salir con ella no porque estuviera enamorado, sino porque le agradó su compañía. No obstante, rápidamente entendió que confundió la cordialidad con algo más. Algo que, hasta este instante, comenzó a despertar.
Sin embargo, ¿cuál era el motivo principal de ese salto de felicidad que sintió su corazón cuando la volvió a encontrar? ¿Cuál era esa calidez que sentía cuando la veía sonreír? Y, lo más importante, ¿qué era el amor? Qué era para él el amor.
»—Ranma, ¿estás ahí? —inquirió Akane, preocupada de que su compañero parecía una estatua. Él ni siquiera parpadeaba y parecía que ni respiraba; así que, con mayor preocupación agitó sus manos frente a su rostro—. ¡Ranma, Ranma! Dime algo, por favor.
—¿Eh? ¿Qué? ¡¿Qué es?!
—Eso es lo que yo quisiera saber, qué te sucedió, Ranma. De un momento a otro te quedaste sin habla; es más, parecía que ni respirabas —espetó con seriedad. No era ninguna broma la preocupación que sintió por él. Saotome realmente le importaba—. Acaso recordaste algo malo que te dejó así. Si quieres conversar estoy aquí, puedes confiar en mí.
—Akane… —musitó, sintiendo cómo su corazón fuertemente palpitó al escuchar esas palabras tan sinceras que ella le profesó—. Tú, ¿estás preocupada por mí?
—¡¿En serio me estás preguntando esto?! —inquirió molesta. Decepcionada de que él no creyera que realmente le importaba—. Quizá para ti no sea importante lo que les pase a los demás, pero para mí sí lo es. Sobre todo si ese alguien es especial.
¡¿Qué?! ¡¿Qué fue lo que Akane acababa de decir?! Para ella él era especial. Sí, eso dijo; eso fue exactamente lo que dijo.
Ranma lo escuchó muy bien. Cada palabra que salió de sus labios la escuchó perfectamente bien, ya que cada una de ellas se le grabó en el pecho. En el lugar exacto donde palpitó su corazón.
Ella le dio algo que jamás imaginó, algo que no esperó, algo que ni siquiera creyó. Ella despertó un sentimiento nuevo que nunca experimentó. Un sentimiento profundo que hizo arder su interior. Una respuesta a la interrogante que se planteó.
Un nombre que se le tatuó en el corazón.
—Perdóname, por favor —suplicó, uniendo sus manos como símbolo de perdón; mientras se recriminaba a él mismo por ser insensible—. Akane, discúlpame.
—¡Jum! —volteó el rostro y cruzó las manos sobre su pecho. Realmente se sentía molesta.
Akane, por favor, mira… —Ranma no supo en qué momento su brazo se estiró, llevando su mano hacia el rostro de su compañera. A esa suave mejilla que sin permiso sutilmente tocó—. Mírame.
—Ranma…
El corazón de Akane palpitó como nunca. Era una nueva sensación que la joven jamás vivió, pues era el primer chico con el que tenía este tipo de contacto físico.
La joven Tendō tenía una larga lista de pretendientes que parecía no tener fin, ya que cada día se sumaba un nuevo admirador al conteo. Sin embargo, por muy alagada que se sintiera al tenerlos, a ninguno le dio ni una mínima esperanza. Ningún indicio de que quería algo más. Es más, cuando se le acercaban con intención de tener un pequeño gesto o mimo los esquivaba, pues repelía el contacto físico.
Entonces, ¿por qué esa pequeña caricia que su compañero le hacía en la mejilla le generó emoción? Un extraño revoloteó y un sonrojó que nunca imaginó.
—Akane, yo, tú… perdón —musitó, quitando la mano del rostro de su compañera. La cual tomó con su otra mano para no perder ese anhelado calor que le dejó. Ese sutil roce lo guardaría por siempre en su corazón—. No fue mi intención incomodarte. Perdóname.
—No, no te preocupes. No me incomodaste —confesó, ya que para nada le molestó el tierno gesto que él le obsequió—. No te disculpes por eso.
—Entonces, ¿me permitirías tocarte siempre la mejilla? —inquirió sonriendo. Como si fuese una broma que desearía que fuera una realidad.
—Tampoco creas que puedes hacerlo siempre que quieras —espetó, formando un puchero, mientras sus mejillas se inflaban levemente—. Pero de vez en cuando, quizá pueda ser —le guiñó un ojo—. ¿Te parece?
—S-sí, sí, claro. M-me parece —balbuceó, ya que jamás se esperó esa confirmación.
—Ahora, qué dices si seguimos estudiando. El sensei no tardará en llegar y tú ni siquiera has pasado la primera hoja del folleto.
—Con esta motivación claro que estudiaré —musitó para él mismo. Seguro de que Akane no lo había escuchado. No obstante, si lo escuchó, pero no dijo nada, simplemente sonrió para sí misma—. Y, Akane, gracias.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Por ayudarme a estudiar y por preocuparte por mí —sonrió con sinceridad—. ¡Muchas gracias!
Ranma contempló la alegría que generó en Akane cuando le dedicó estas palabras. Así que, con esa dicha enderezó su cuerpo y fijó la mirada en el folleto.
Suspirando por dentro, ya que cada vez que cambiaba de página, observaba de reojo a la hermosa chica que estudiaba; quien se encontraba concentrada en la lectura.
Saotome sonrió y en su interior por primera vez agradeció por la situación que lo obligó a salir de su zona de confort; pues si no fuese por el empleo de su padre, él no se hubiese reencontrado con la hermosa chica que tenía a su lado.
Aquella joven de carácter fuerte y nobles sentimientos que le hizo vibrar el alma. Que le hizo descubrir que un simple roce puedo decir más que mil palabras.
Puedo generar más de lo que él imaginaba.
Continuará…
¡Hola!
¿Cómo están?
Día dos, y en esta ocasión, siguiendo la línea de la historia les compartí algo sutil y romántico de los primeros acercamientos de lo que llegaría a ser la pareja.
Debo mencionar que imaginar todos estos escenarios me sirvió demasiado para contar esta historia y las demás, pues cada una tiene un toque especial.
Ojalá las estén disfrutando. Nos leemos mañana con una nueva historia.
Los quiero con el alma.
GabyJaeger
