¡YAHOI! ¡Cuánto tiempo, gente! Lo cierto es que las navidades fueron horrendas, luego descansé unos días, pero enseguida se me vinieron más cosas encima. Luego empecé a trabajar otra vez y... en fin... La vida. Qué os voy a contar... (?)

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

(Sí, ya sé que ya estoy fuera de plazo, que diciembre ya terminó. Pero QUIERO terminar esta historia. Así que el que quiera decirme algo, que se muerda la lengua. Porque no estoy para gilipolleces últimamente. No respondo de mis actos si me tocáis mucho las narices. Avisados quedáis).

Prompt de hoy: colmillos.

¡Espero que os guste!


19. Sexy


Hinata se encontraba extremadamente nerviosa. Su ídolo, la actriz omega que había logrado triunfar aun con todo en su contra, era la elegida para ser la cabeza visible de un evento benéfico al que, casualmente, su marido también había sido invitado―al ser uno de los empresarios más reconocidos de su tiempo―y, por extensión, ella también.

Llevaba toda la mañana rebuscando en su armario, sin encontrar nada apropiado para la noche. ¿Debía verse formal y seria? ¿O relajada y accesible? ¿Callada y sumisa? ¿O asertiva y habladora? Sakura, Ino y Temari le habían dicho que fuese ella misma y todo iría bien. Pero para Hinata era sumamente importante que se viese más que perfecta cuando llegase la hora.

Algunos dirían que era una tontería, que debería de ser la actriz la que le rindiera homenaje a ella por estar en una categoría más alta. Sin embargo, a ojos de Hinata, era al revés. Si su ídolo no hubiese llegado a existir, tal vez no habría tenido esperanza jamás, y eso la habría llevado a cometer una locura tarde o temprano.

La esperanza podía ser una maldición, pero también una bendición.

Escuchó unos golpes en la puerta y, distraída como estaba, dio un pase sin preguntar primero quién era. Así que se quedó un poco sorprendida cuando, al darse la vuelta, se encontró con nada más y nada menos que Shikamaru, el consejero delegado de su esposo.

Parpadeó varias veces para acto seguido enrojecer como la grana al percatarse de que se encontraba solo en una fina bata de seda que, aunque larga hasta el suelo, casi transparentaba toda su lencería. No era su conjunto más atrevido, pero aun así quiso que la tierra se la tragase.

Con un gritito, cogió la primera sudadera vieja que encontró y trató de metérsela por la cabeza. Shikamaru medio sonrió y luego carraspeó, algo azorado al darse cuenta de su atrevimiento. Se dio la vuelta con las manos en alto.

―Perdón. No pensé que no fueras a estar presentable. Naruto siempre dice que eres un ave madrugadora. ―Hinata tragó saliva.

―¿Q-q-q-qué ha-ha-haces t-tú- ―Se atragantó con su propia saliva a causa del balbuceo excesivo. Shikamaru quiso reír. Qué adorable era.

―Quería comentar una cosa contigo, antes de que te pillara por sorpresa… Naruto no está de acuerdo con esto, así que he venido por mi cuenta. Le pedí a Sasuke que lo entretuviera a la hora de la comida. Esto es importante. ¿Puedo… ―Hinata terminó de enfundarse las piernas en unas mallas deportivas y asintió, más tranquila ahora que estaba casi decentemente vestida.

―S-sí. Y-ya estoy… visible. ―Shikamaru se giró entonces, metiéndose las manos en los bolsillos. Paseó la vista con curiosidad por el nido de Hinata. Jamás se le habría ocurrido invadir la intimidad de la esposa de su amigo así, por las buenas, pero aquello era cuestión de vida o muerte.

―¿Naruto te ha dicho que planeamos una estrategia para hacer sacar al topo?―Hinata asintió. Shikamaru suspiró―. Bien. El comunicado está hecho. Lo hemos dispuesto todo de forma que el topo vea su contenido y no pueda resistirse a usarlo en nuestra contra. Hay… dos partes en él. Una afecta directamente a la compañía, la otra… es referente a ti y a tu pareja. ―Hinata pestañeó.

―¿A Naruto y a mí?―Shikamaru cabeceó afirmativamente.

―He escrito que parte de los problemas ficticios que tenemos es a raíz de vuestro enlace, ya que se hizo sin el consentimiento apropiado de tu familia, la poderosa familia Hyūga, y que eso está afectando a la empresa en la bolsa internacional. Todo se trata de la credibilidad, de la solidez. Si un empresario no es capaz de mantener el orden en casa, ¿cómo va a hacerlo en su empresa? Simple lógica. Claro que no es más que un cuento chino, pero nadie más lo sabe. Así que, necesito que seas todo ojos y orejas esta noche. Tú eres más perceptiva que Naruto. ¿Crees que serías capaz de detectar algo raro en alguno de los invitados? Muchos empleados estarán ahí como parte de nuestro plan de reconciliación entre las castas, así que… ―Hinata se quedó pensativa. ¿Podría hacerlo? Lo que le pedía Shikamaru era algo muy importante y delicado. ¿Sería capaz?

―Llevo años observando, anticipando las reacciones e incluso a veces las palabras de los demás cuando me ven. En comparación con eso, detectar la más mínima intención malvada es un juego de niños para mí. ―Shikamaru sonrió al ver la determinación en el rostro femenino.

―Sabía que podía contar contigo. Bien. Nos vemos esta noche. Eh… No le digas a Naruto que he estado aquí, ¿vale? Te lo pido por favor. Aprecio mi vida y no me gustaría morir tan joven. ―Hinata esbozó una sonrisa y asintió.

―Tranquilo. No se enterará. Cubriré todo con mis feromonas de nuevo en cuánto te vayas. No lo notará. ―Shikamaru asintió y finalmente salió. No era hombre de muchos aspavientos, ni Hinata mujer que necesitara gestos grandilocuentes. Así que se despidieron con un educado y comedido cabeceo.

En cuánto se marchó, volvió a su tarea previa.

Escoger el atuendo perfecto nunca había sido tan pero tan difícil.


―¡Señorita Mōryō, aquí!

―¡Una sonrisa, Shion!

―¡¿Qué le ha parecido el recibimiento que ha tenido su última película?!

―¿Cree que logrará al fin su sueño de un puesto en el hall de la fama con su último trabajo?―Naruto sonreía de forma forzada a los periodistas presentes mientras la estrella del evento, Shion Mōryō, hacía su entrada estelar, atrayendo todas las miradas. Él estaba a la cola, esperando su turno junto a su preciosa esposa, la cual se había esmerado especialmente ese día en su apariencia y contemplaba a aquella actriz casi con adoración.

Gruñó, con molestia. Shikamaru le había hecho partícipe de su plan minutos antes, dejándolo con dos palmos de narices. El muy maldito se lo había callado porque sabía que no iba a estar de acuerdo con la segunda parte de su idea. Y menos con que Hinata les hiciese de espía. Era arriesgado. El topo podía darse cuenta y todo se iría al traste.

Cerró los ojos y respiró hondo. Hinata se dio cuenta de su estado de ánimo y le apretó el brazo, preocupada. Él le sonrió, intentando que ella no se diera cuenta de lo mucho que le estaba costando pasar por toda aquella situación.

―Acabemos con esto―murmuró cuando les llegó el turno de lucirse frente a los periodistas.

Caminó con la cabeza en alto, orgulloso de llevar a una omega tan hermosa de su brazo, y se plantó frente a esos buitres carroñeros, sonriendo como solo él sabía hacerlo. Hinata les regaló asimismo una sonrisa discreta y su mejor perfil, dejando bien a la vista su marca realzada por el collar de zafiros que se había puesto esa noche. Naruto la sujetaba bien fuerte de la cintura, como si él mismo necesitase ese sostén para no salir corriendo.

Los periodistas, entusiasmados, empezaron a lanzar preguntas y a sacarles fotos sin parar. Ellos rehusaron responder a nada, pero a veces el silencio dice más que las palabras, y cada uno de los presentes sacó sus propias conclusiones.

Luego se mezclaron con el resto de los invitados. El evento se realizaba en uno de los restaurantes más exclusivos de la ciudad, dónde había una lista de espera de casi dos años y no todo el mundo lograba una mesa. Necesitabas cierto pedigrí o una gran cantidad de fama para poder ser admitido en su lista de personas favoritas. Por supuesto, Naruto y Hinata estaban en esa lista, así como Shikamaru y Temari por asociación. También Sasuke y Sakura, aunque ellos habían rehusado en ir, ya que en representación de la familia Uchiha iría el hermano mayor de Sasuke, Itachi. Y, cómo el menor decía: «No hacían falta dos gallos en el gallinero. Con uno bastaba».

Hinata no veía el momento de poder saludar a la invitada de honor. Cuando por fin le llegó la ocasión, casi se le saltaron las lágrimas y tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no arruinar una hora de maquillaje frente al espejo.

―Señorita Mōryō… soy una gran fan… De-desde su primera película… Cómo omega, no pudo sino sentirme orgullosa de su éxito, de lo que ha conseguido… ―Naruto alzó las cejas al escucharla hablar tanto y tan seguido con una desconocida.

La joven actriz, no obstante, sonrió. Lejos de sentirse molesta, le tomó las manos temblorosas a la ahora Uzumaki y se las apretó como si fuesen dos amigas que llevan tiempo sin verse.

―Gracias. Significa mucho para mí que alguien como usted aprecie mi trabajo… ―Hinata parpadeó.

―¡No, no, aquí el mérito es suyo! ¡Yo nunca-

―Por favor, no diga eso. Desde su unión con un magnífico y maravilloso alfa, ha hecho mucho por nuestra comunidad, por los omega y también por los delta y por los gamma. Ha conseguido que la opinión de mucha gente cambie o, por lo menos, que empiece a cambiar. ―Hinata se sonrojó ante el halago que, según ella, era total y absolutamente inmerecido. Entonces, Shion posó sus ojos violetas en Naruto y le sonrió con la misma calidez y ternura que minutos antes a Hinata―. Y no me olvido de sus logros, señor Uzumaki. Gracias a su generosidad, incluso el barrio en el que me crie está experimentando mejoras sustanciales. Tal vez no tan llamativas como a muchos nos gustaría, pero dicen que Roma no se construyó en un día. ―Shion bajó las pestañas de forma insinuante y Naruto no pudo resistirse a responder con una de sus sonrisas más arrebatadoras, esa en la que dejaba a la vista sus colmillos.

Hinata escuchó una alarma en su cabeza. Su parte omega chilló, indignada. Su parte racional le dijo que todo era un juego, parte de una obra orquestada para hacer salir al topo. No la parte de Shion, claro. La actriz no tenía ni la más remota idea de nada, pero la idea era que se percibiera que entre ellos como pareja había cierta animadversión, que ya no estaban en la etapa de la luna de miel y que los problemas empezaban a aparecer.

Mostrar interés hacia otra omega había sido idea de Shikamaru. A regañadientes, Naruto había aceptado, puesto que no había tiempo para un plan más elaborado. Aunque en el fondo sintiese piedras en el estómago al tener que fingir estar traicionando a su pareja a pesar de lo mucho que la amaba.

―Gracias. Siempre es de agradecer que una omega de su categoría aprecie el trabajo duro de un alfa como yo. ―Shion enrojeció ligeramente a causa del placer y bajó la cabeza, alisando nerviosamente la falda de su vestido.

―Hum… Supongo que sí… ¿Le importaría que lo invite a tomar algo? La cena aún tardará un rato y tengo una idea que me gustaría comentarle… Si a su esposa le parece bien… ―Naruto miró de soslayo para Hinata, rogándole que se inventara cualquier cosa. No quería tener que seguir escenificando una cruel mentira que al día siguiente se publicaría en toda la prensa y que haría mucho daño a Hinata.

Pero ella, conocedora de su papel―y del de su marido―lo soltó en el acto, apartándose unos pasos.

―N-no seré yo la que se interponga en charlas de negocios. Ve. Yo iré a ver si encuentro a Temari… ―Naruto se mordió la lengua. Haciendo un esfuerzo monumental, le dio la espalda y le ofreció el brazo a Shion, quién lo tomó gustosa, sintiendo la emoción y el triunfo recorrerla.

Hinata trató por todos los medios de que los celos no la consumieran. Y de impedir que sus pies se movieran para ir a arrancar los pálidos dedos con manicura perfecta de su actriz favorita del brazo de su alfa.

Respiró hondo y se dedicó a su cometido de la noche. Pero prometiéndose que, en cuánto volviesen a casa, sería ella la que marcase su territorio. Envolvería a Naruto de tal manera en su esencia que cualquier omega a la redonda saldría corriendo en la otra dirección nada más olerlo.

Sí, eso haría. Sintiéndose más sosegada, empezó a deambular entre el resto de los invitados. Saludando y mezclándose entre la multitud. Estaba bebiendo de una copa de champán mientras cogía un platito para llenarlo de comida de una de las mesas con el buffet, cuando alguien carraspeó a su lado. Se giró, todavía con la copa en los labios. Se sorprendió al toparse con Toneri Ōtsutsuki, un pariente lejano de su familia a quién hacía tiempo que no veía. De niños habían estado medianamente unidos, pero la muerte de su madre había provocado su separación inminente, ya que Toneri no era más que un beta y por tanto no era un candidato idóneo para estar cerca de ella.

―Toneri…

―Hola, Hinata. Se te ve bien. ―Ella asintió, bajando la copa ahora vacía y dejándola en una esquina de la mesa. Pronto un camarero pasaría a recogerla.

―Tú también te ves bien. Más alto. ―Toneri sonrió.

―Sí. Y tu más hermosa. El enlace con el Uzumaki te ha favorecido. ―Hinata se tensó. Toneri se percató y levantó las manos, en señal de paz―. No he venido a pelear. Solo… quería saludar a una vieja amiga. Eso es todo. Además, me gusta trabajar para la compañía Namikaze. El sueldo es increíble y el horario aún mejor. ―Hinata parpadeó.

―Tú… ¿Trabajas para mi esposo?―Toneri asintió.

―Desde hace casi un año. Buscaban cubrir varios puestos administrativos y presenté mi candidatura. Estoy en el departamento de recursos humanos. No es mi sueño, pero es un paso. Al menos, estoy mejor de lo que estaba con tu padre. ―Se encogió de hombros y Hinata tragó saliva.

―Ya veo… Me alegra que te vaya bien, Toneri. De verdad―le dijo, sinceridad filtrándose en su tono de voz.

―Sí… yo también me alegro de verte bien. Pensé que a estas alturas… bueno… no es fácil ser la pareja omega de un alfa como Naruto Uzumaki. Estaba preocupado por ti. Tu padre…

―No quiero hablar de él―lo interrumpió ella; Toneri asintió, adoptando un aire serio.

―Lo entiendo. Discúlpame. No quería revivir viejos recuerdos. ―Hinata dio un seco asentimiento.

―Te lo agradezco. Y dime, ¿cómo van esos contratos? Naruto no habla mucho del trabajo en casa. No quiere preocuparme, ya sabes… ―Toneri asintió, comprensivo.

―Es lógico. Quiere cuidarte. Bueno, puedo decirte que la cosa no va mal pero tampoco muy bien. La gente está preocupada, ¿sabes? Se rumorea que si todo sigue así, habrá recortes para tratar de mantener a flote la empresa. ―Hinata parpadeó.

―Vaya, no sabía que la situación estaba tan mal… ―Toneri asintió, sombrío.

―Es ley de vida. Unos caen y otros se levantan, supongo. ―Hinata clavó la vista en él.

―¿No decías que estabas contento con tu trabajo?―Toneri sonrió.

―Y lo estoy. Pero el mundo empresarial puede ser muy traicionero. A veces… es mejor retirarse a tiempo. ―Hinata sintió un escalofrío recorrerla―. Me gustaría…

―Hinata. ―La voz masculina teñida de autoridad la hizo envararse. Respirando hondo, se volvió hacia Toneri.

―Gracias por la charla, Toneri. Espero de verdad que todo te vaya bien. ―Toneri borró su sonrisa y asintió.

―Lo mismo te digo, Hinata. Por los viejos tiempos.

―Sí… ―Se dio la vuelta y enganchó su brazo con el de su esposo, que no parecía de mejor humor que ella en ese momento.

―Dime, por favor, que ya podemos irnos… ―Hinata sintió que las comisuras de su boca se curvaban en una sonrisa.

―Sí. ―Naruto sintió el alivio recorrerlo.

―Bien. Pues vámonos'ttebayo. ―La agarró de la mano y atravesaron la estancia abarrotada de gente casi a la carrera. Algunas miradas nada discretas los siguieron, pero la mayoría de los invitados los ignoraron, ocupados como estaban en disfrutar de la fiesta, a la que aún le quedaba vida para rato.

Una vez a salvo en el coche, Naruto la abrazó contra él y la besó, con ansia. Hinata le correspondió y, cuando se separaron, le delineó los labios con la punta de los dedos, rozando como al despiste la punta de sus colmillos.

―¿Te… t-te he dicho alguna vez lo mucho que me gustan?―Naruto arqueó una ceja mientras no dejaba de acariciar su espalda, arriba y abajo, creando expectación en ambos.

―No, pero ahora es un buen momento para que lo hagas―le dijo, abriendo la boca y acercándose lentamente a su cuello, dónde la saboreó y la mordisqueó a placer.

Hinata cerró los ojos y suspiró, disfrutando al máximo de aquella sensación húmeda y punzante sobre su piel.

No les importaba que hubiese otra persona además de ellos en el vehículo.

Solo les importaba sentirse. Saber que, aun con todos los problemas, había una cosa inalterable en el mundo.

Sus sentimientos por el otro. El amor que se tenían.

Lo único que necesitaban para seguir adelante.

Fin Sexy


Ea, pues eso, contadme qué os ha parecido y esas cosas. Perdonadme, pero es que de verdad, no salgo de una pa meterme en otra. Vuelvo a estar enferma. Lo mío ya es de chiste... Maldita tercera dosis. Me dejó tocada y no en el buen sentido...

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.