¡YAHOI! Bueno, después de 80.000 años... Al fin he podido actualizar... algo xD.

Sé que me tardo la vida de cuando en cuando y de verdad que lo lamento. Pero como le dije a una amiga recientemente... Febrero del 2022 fue horrible para mí. Sufrí una serie de catastróficas desdichas, una detrás de otra. Para no aburriros, os contaré las más llevaderas:

Me contagié de covid.

Se me estropeó el ordenador.

Y sí, esas son las menos graves. No querréis saber la segunda parte, creedme xD.

En fin, no voy a seguir divagando xD.

Solo puedo deciros gracias, gracias a los que seguís por aquí, teniendo fe en mí, leyéndome y dejándome bonitos comentarios que me arreglan el día. De hecho, me decidí a escribir después de un tiempo por el review que recibí de la que considero una amiga. Así que gracias, Lizzy, por levantarme el ánimo. No sé cómo lo haces pero siempre lo consigues xDDD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!

Prompt de hoy: dominación asertiva.

Hora de publicación: 20:24. Hora peninsular española.


20. Firme


Hinata se mordió el labio inferior. Estaba leyendo detenidamente los papeles que tenía delante. A su lado, su viejo amigo de la infancia y adolescencia, Shino, un omega como ella, revisaba más documentos, con expresión seria. Al otro lado de la mesa, Kiba, hablaba con voz fuerte por teléfono.

―Bien… Sí, eso es. Sí, lo necesitamos para esa fecha. Sí, claro, confirmaremos la lista de invitados en cuánto podamos… Sí, el dinero no será problema. ¿Acaso duda de la palabra de un alfa? Bien. Sí. Tendrá noticias mías pronto. Gracias y buen día. ―Al fin colgó y se dejó caer sobre una de las sillas vacías que rodeaban la mesa, dando un gran suspiro―. Te lo juro, Hinata: como esto no salga bien, te aseguro que no seré yo el que ponga su culo para que tu marido alfa super cachas lo pateé. ―Hinata le sonrió con dulzura.

―E-eso no pasará, Kiba. Hablaré con Naruto. Lo entenderá. ―Kiba alzó una ceja y se encogió de hombros.

―Si tú lo dices… Aunque no parece del tipo dulce y comprensivo. Es un alfa. Como yo. Y sé por propia experiencia que no nos gusta que nos lleven la contraria, menos nuestra pareja omega…

―Claro, como tú tienes una.

―¡Shino! ¡Cómo si tú pudieras hablar!

―A diferencia de ti, yo no puedo elegir. Además, soy muy feliz con mis alumnos por el momento, gracias. No necesito complicaciones. ―Kiba y Hinata se miraron y se sonrieron. Para ellos, el que su amigo omega tan serio, tímido y recatado decidiese hacerse profesor había sido toda una sorpresa. Era cierto que en los cursos más bajos, los puestos de profesorado solían estar copados por omegas, sobre todo en las guarderías y en los primeros ciclos de la educación básica, mientras los niños eran pequeños. Era una de las poquísimas profesiones para la que los omegas se consideraban aptos.

Por eso, lo que estaba planeando Hinata era tan importante para ella. Sería algo de gran trascendencia. No le había contado nada a Naruto porque temía que él la quisiera convencer―y estaba segura de que lo lograría, tenía un don para la persuasión cuando quería―de no llevarlo a cabo. Pero era algo que deseaba hacer con todo su corazón. Un pasito más hacia una sociedad más justa y equitativa.

―Hinata, tengo que volverá preguntártelo, ¿estás segura de esto?―Hinata tragó saliva y asintió.

―Te-tengo que hacer esto. N-no puedo estar todo el día de brazos cruzados, viendo pasar mi vida, dejándome llevar por la corriente. S-sé que las cosas todavía son así para nosotros, los omega, y ya no digamos para los delta o los gamma. Pero creo sinceramente que si podemos crear un espacio seguro dónde todos podamos expresarnos o intentar mejorar nuestra situación personal y laboral… ―Shino le cogió una mano y se la apretó.

―Lo que estás haciendo, si sale bien, beneficiará a mucha gente. Sobre todo con el apoyo de tus amigas. Porque están de acuerdo, ¿no?―Hinata cabeceó afirmativamente.

―Sakura ya dijo que estaría dispuesta a dar charlas y cursos. Era una beta y es una médico reconocida en toda la región. Estudió con la mejor cirujana del país. Temari lleva la batuta de muchos clubs y organizaciones, por no decir empresas de renombre y algún organismo público. Como relaciones públicas es la mejor. Al gabinete de psicología de Ino acuden muchas personas conocidas, aunque pretendan que no por culpa del «qué dirán». Su pareja, Sai, es un artista famoso a nivel internacional, incluso, y también dijo que le gustaría participar.

―Charlas, cursos, talleres, atención tanto médica como psicológica, asesoramiento legal gratuito… ¿Y la financiación?―Hinata se mordió el labio.

―Ahí es dónde… entraría Naruto. Sé que Temari iba a presentarle el proyecto a Shikamaru y, si puede convencerlo a él, Naruto acabará cediendo, aunque sea a regañadientes.

―Guau. Será algo muy grande. Lo sabes, ¿no? Si sale bien, estarás en boca de todos, tanto para bien como para mal. Y me temo que, al menos al principio, será más bien lo segundo. ―Hinata respiró hondo.

―Lo sé. Pero creo que es algo necesario. Nunca se ha intentado nada parecido antes. No a una escala tan grande. Hay clínicas gratuitas para las castas más bajas y desfavorecidas, por supuesto, así como educación gratuita a nivel muy básico. Pero necesitamos más. Si queremos que nuestra sociedad avance, que tenga un futuro, es necesario dar un paso de gigante. Sé que Naruto está haciendo todo lo que puede, pero…

―No es suficiente. Y tú quieres contribuir. Lo entiendo. En fin, mucha suerte con tu marido alfa. La vas a necesitar.

―¿Cuándo vas a presentarle la idea?―Hinata empezó a recoger los papeles desperdigados por la mesa y a guardarlos en sus respectivas carpetas.

―Esta noche, durante la cena. Haré su comida favorita, un poco de vino, un ambiente romántico, ya sabéis… ―Kiba sonrió.

―Un poco de seducción omega… ―Hinata enrojeció, cogiendo con dedos nerviosos las carpetas para guardarlas en el porta documentos que había llevado a casa de Shino, dónde se habían reunido los tres para ultimar los detalles de su idea.

―Pu-puede. So-solo si es necesario… ―Kiba y Shino se miraron y se sonrieron.

―Cómo si tú no lo quisieras, picarona. ―Hinata se puso todavía más roja pero no contestó, diciéndolo todo con su expresión ruborizada.

Ese sería su último recurso. Pero, como había dicho, si era necesario… Tampoco sería un gran sacrificio.


Naruto suspiró, mientras abría la puerta de casa, se metía dentro y la cerraba con el pie. Se pasó la mano por el pelo, nervioso, frustrado. La última conversación que había tenido con Shikamaru antes de dejar la oficina ese día todavía rondaba por su mente.

―¿Qué es esto?―Le preguntó a su consejero cuando lo vio dejar delante de él, con un golpe seco, un archivador de un tamaño nada desdeñable. Como colofón, Shikamaru puso un pen-drive encima y se alejó un paso, metiendo las manos en los bolsillos y mirándolo, con seriedad, con firmeza. La determinación afilaba todos sus rasgos. Muy pocas veces Naruto lo había visto así, de esa guisa, con el ceño fruncido y dispuesto a todo por lograr un objetivo.

―Eso, Naruto, es algo que va a sacudir los cimientos de nuestra sociedad. Algo necesario. El golpe que necesitamos para que la gente empiece a salir de su letargo y de su miedo. ―Naruto parpadeó y miró para el archivador. Alargó la mano para abrirlo pero Shikamaru lo detuvo, para decirle una última cosa―: Solo te pido una cosa: independientemente de quién el autor o autora de este proyecto, te ruego que lo juzgues con profesionalidad, con perspectiva. Te lo repito: esto es algo que hará mucho bien si logramos llevarlo a cabo. No dejes que tus estúpidos impulsos de macho alfa dominante arruinen una oportunidad de oro que nos acercará a nuestra meta. ―Lentamente, Shikamaru sacó la mano de encima de la suya y, con una última mirada, se dio la vuelta y se fue, dejándolo solo y con un montón de preguntas en la cabeza.

No fue hasta que abrió el archivador y leyó la primera hoja, que el discurso de Shikamaru cobró sentido.

Ahora, de vuelta en su hogar, apretó los labios en una fina línea mientras lanzaba el abrigo y la chaqueta en el sofá de cualquier manera.

Había intentado por todos los medios cumplir con lo que le había pedido Shikamaru. Y debía reconocer que, a pesar de que su naturaleza alfa le gritaba que eso era una muy mala idea, su mente fría y analítica de hombre de negocios y de política había admitido que aquello era algo muy grande. Y muy bueno.

Terriblemente astuto e inteligente, también.

Una parte de él se sentía inmensamente orgulloso de que Hinata hubiese logrado idear un plan tan complejo con semejante nivel de detalle. No había dejado nada al azar. Seguramente había obtenido ayuda para los campos más específicos. Había visto la mano de Sakura y de Ino, incluso de Temari, en muchas de las hojas, pero el trabajo general, la idea, estaba cien por cien seguro de que había partido de Hinata.

El que su compañera había decidido dar un rodeo y presentar el proyecto a través de Shikamaru en vez de ir a él directamente, era una de las cosas que le molestaba.

Se dirigió a la cocina, desde dónde había captado un olor delicioso nada más abrir la puerta de su hogar. Casi sonrió. La muy tramposa le había cocinado su comida favorita. Seguramente en un intento por intentar apaciguarlo. También vio velas y una botella de vino. Como si fuesen a tener una velada romántica en casa.

No negó que su corazón―y otras partes de su cuerpo―se agitaron ante la expectativa. Pero saber que en parte había preparado todo eso para engatusarlo y hacer que cediera en algo que iba en contra de su naturaleza de macho alfa dominante…

―Bienvenido a casa, Naruto. ―Cerró los ojos e inhaló con fuerza para calmarse. Cuando los abrió, tuvo que hacer enormes esfuerzos para no abrir la boca y babear como un perro ante el hueso más delicioso del mundo.

Hinata se había vestido para matar. Aquel vestido negro ajustado, sin tirantes y que dejaba a la vista sus preciosas piernas casi lo hace caer de rodillas y suplicarle que lo dejara ser su humilde siervo personal. De por vida.

«Estás jodido, Naruto».

Tensó todos los músculos de su cuerpo, negándose a dar la más mínima muestra de debilidad. Sin embargo, su polla no parecía muy dispuesta a seguir las instrucciones de su cerebro, porque esta era bien visible a través de sus pantalones. Contuvo un gruñido así como el impulso de ajustar la posición de la tela. Estaba seguro de que Hinata ya se había percatado de lo que ella misma había provocado. La muy tramposa.

Respiró hondo, tratando de calmarse.

Primero tendría que hablar seriamente con ella. Luego, se cobraría su venganza.

Una lenta, dulce y erótica venganza.

Solo de pensarlo sentía que se ponía aún más duro. Dios, ¿de verdad tenía que ser así? Abrió la boca, no sabía muy bien para decirle a todo que sí y poder así llegar al postre―al de verdad, no al de chocolate que su agudo sentido del olfato captaba, a juzgar por el olor que salía de la nevera.

―He preparado ramen esta noche. ―Dios Santo, esa maldita y sensual voz, suave y llena de dulzura. Su mente reprodujo esa misma voz pero emitiendo unos sonidos infinitamente mejores a su oído.

Volvió a contener un gruñido. Si esta mujer no paraba, iba a terminar rugiendo mientras la apretaba entre su cuerpo y alguna superficie sólida. Y la mesa del comedor parecía bastante sólida…

Sacudió la cabeza y se acercó a la mesa, aparentando una seguridad que estaba muy lejos de sentir. Hinata le sonrió con una de sus sonrisas arrebatadoras, dulce y amorosa, de esas que le daban un subidón de adrenalina y que lograban que pensara que era capaz de todo. Incluso de comerse el mundo a bocados.

Separó una silla con algo de brusquedad y se dejó caer en ella. Sin dejar de sonreír, Hinata lo imitó, para acto seguido destapar la olla que estaba en medio de la mesa. El olor del ramen hizo que su estómago rugiera, impaciente.

―¿Quieres?―Tragando saliva, Naruto asintió y dejó que ella le sirviera una porción más que generosa. Terminó de llenar su propio cuenco y luego llenó las copas de vino.

―Hinata… ―Ella levantó una mano pidiéndole silencio y él, sin saber muy bien porqué, obedeció. La vio respirar hondo e, involuntariamente, sus ojos se fueron a esos dos pechos que se movieron arriba y abajo con el movimiento. Parpadeó para salir de aquel embrujo sensual en el que la dulce súcubo que había elegido como compañera lo había metido.

―Sé… sé lo que quieres decir. P-por eso… por eso yo… le pedí a Temari que le presentara el proyecto primero a Shikamaru. Y si era bueno, él te lo presentaría a ti. Sabía que si iba a ti directamente, me dirías que no sin haberlo leído siquiera. ―Hinata levantó entonces la vista y la clavó en sus ojos azules―. Te ruego que, antes de decir nada, lo medites bien. Seguro que tras una buena cena todo sonará mejor en tu cabeza. ―Naruto maldijo para sus adentros. Lo conocía tan bien… El ramen era una de sus debilidades.

No obstante, podía ver que, por algún motivo, aquel proyecto era importante para ella. Era notable en la manera en que, procurando que él no se diera cuenta, apretaba los puños por debajo de la mesa. O la postura rígida de sus hombros o el gesto orgulloso y altivo de su barbilla, con los ojos brillantes de determinación y la mandíbula apretada, negándose a ceder un ápice de terreno.

Hinata había preparado todo aquello para la guerra. Y por lo que parecía, no estaba dispuesta a ser la perdedora.

La admiración se abrió paso en el pecho de Naruto. Se sintió orgulloso de todo lo que su pequeña omega había conseguido. Había pasado de una joven tímida y temerosa del mundo a la mujer fuerte, valiente y orgullosa que ahora lo desafiaba silenciosamente con la mirada.

Hinata sabía que su proyecto era bueno, brillante. Que podía hacer mucho bien. Y lo estaba desafiando a que dijera lo contrario.

Mientras comía su cena, Naruto se dio el tiempo de reflexionar. De pensar las coas seriamente, tal y como le había pedido Shikamaru.

Por alguna razón que se le escapaba, Hinata quería―o tal vez necesitar era un verbo más acertado―llevar a término aquel gigantesco proyecto. Como la mujer inteligente que era, se había provisto previamente de aliados. Estaba seguro de que si Naruto confrontaba a Ino, a Sakura, a Temari o incluso a Shikamaru o a Sasuke, todos le dirían lo mismo: que estaba siendo un imbécil.

Suspiró. Tomó su copa de vino para dar un sorbo. Frente a él, Hinata comía de esa forma delicada y recatada que siempre le había llamado la atención. Sus formas pacientes y exquisitas sin duda eran fruto de su educación en la infancia y adolescencia y, aunque había dejado atrás muchos de esos hábitos adquiridos desde la cuna―no los necesitaba rodeada de su actual familia y amigos―algunas cosas eran difíciles de olvidar para ella cuando eran cosas que le habían grabado a fuego en su más tierna infancia.

Naruto tomó aire y soltó la pregunta que llevaba toda la noche dando vueltas en su mente:

―¿Por qué?―Hinata detuvo el bocado que estaba a punto de llevarse a la boca y lo miró, entre confusa y recelosa, cauta.

―¿Por qué, qué?―Naruto sonrió ante su réplica, más típica de él que de ella. Todo se pega, decían.

―¿Por qué ahora? ¿Por qué ese proyecto en concreto? Hay muchas otras cosas que podrías hacer: galas benéficas, recaudaciones de fondos, organizar eventos de alguna ONG, incluso fundar tú una. No hace mucho me hablabas de ello, de tal vez ponerle el nombre de tu madre, en honor a ella… ―Hinata lo miró fijamente a los ojos durante un segundo y luego, tras dejar los cubiertos en la mesa, se puso recta en su silla y enfrentó su mirada.

―El proyecto se llamará como mi madre. Solo que, en vez de una simple ONG, será algo mucho más importante, más grande, más… impactante. ―Naruto contuvo la sonrisa que quiso escapársele. Hinata estaba dando rodeos a su pregunta inicial.

―Hinata… ―Ella respiró hondo nuevamente. Tal vez reuniendo fuerzas para la pelea final.

―Yo… no puedo soportarlo más, Naruto. ―Él la miró, ahora confuso―. No puedo soportar seguir viendo cómo la vida pasa sin poder hace nada de provecho, sin contribuir en nada que merezca la pena… No tengo estudios, ni formación de ningún tipo. Toda mi vida ha estado dirigida hacia una única dirección por mi condición de omega: emparejarme, someterme a mi alfa, tener sus cachorros y criarlos cómo se esperaría de alguien que lo ha tenido todo en la vida, pero sin poder tener apenas voz y voto en nada que los concierna más allá de «La corbata azul cobalto pega mejor con el traje negro que la verde agua». ―Naruto frunció el ceño.

―¿De verdad crees que yo-

―No me estaba refiriendo a ti específicamente, Naruto. Sé que tú no harías eso. Pero precisamente por eso es que me he decidido a presentarte este proyecto. ―Hinata tomó aire nuevamente―. Soy consciente de la enorme suerte que he tenido al encontrarte. No podría sentirme más feliz ni más afortunada de que me hayas escogido como tu omega. Pero no todo el mundo tiene ni tendrá la misma suerte que yo. Y ya no digamos los deltas o los gammas. Por eso necesito hacer esto, Naruto. Necesito saber que he intentado hacer algo para mejorar las vidas de todas aquellas personas que no han sido tan afortunadas como yo. Shino, sin ir más lejos, ¿sabías que su verdadera pasión son los insectos? Los niños le encantan, sí, pero los bichos le fascinan. Su empelo soñado habría sido poder combinar esas dos cosas. Pero por su condición de omega, no pudo acceder a la carrera que él realmente deseaba y tuvo que conformarse con la mitad de su sueño. Él dice que es feliz, sus padres lo aman y sus alumnos lo adoran y que puede seguir estudiando a los insectos en sus ratos libres. Pero Kiba y yo sabemos que, en el fondo, algo le falta. Esa pieza que haría que su vida fuera cien por cien perfecta. ―Hinata paró al fin para tomar aire. Tenía las mejillas rojas y los ojos brillantes.

Y Naruto nunca la había visto más hermosa que en ese momento.

Finalmente, su compañera había dejado atrás todos sus miedos e inseguridades para poder volcarse en algo que realmente le interesaba, le apasionaba.

Naruto pudo ver entonces cuán importante era esto para ella. No obstante, él tenía que preguntar. No iba a ceder tan pronto sin luchar.

―¿Acaso cuidar de nuestra casa, de nuestra familia… es tan terrible?―Hinata relajó la postura y le sonrió con suavidad, con ternura. Negó con la cabeza.

―No, Naruto, por supuesto que no. Es solo que yo… quiero ayudar, quiero sentir útil, quiero tener mi propio espacio, dónde desarrollar mis ideas, dónde demostrar mi potencial, dónde mi tiempo sea tan valioso como el de cualquier otro… No quiero ser relegada a ser u omega sumiso nuevamente. No lo soportaría. ―Naruto cerró los y respiró hondo.

Por mucho que le costara, Hinata tenía razón: ella era mucho más que una omega sumisa y complaciente. Tenía pasión, ganas y talento para dar y tomar. Solo le hacía falta algo en lo que poder dar rienda suelta a todo ese entusiasmo encubierto.

Y el proyecto que había diseñado… Podía entender por qué eso era importante para ella.

Quería dar las oportunidades que a ella le habían faltado a otros omega, delta o gamma. ¿No era él de la misma opinión? ¿Que era estúpido relegar a alguien solo por su casta o por las condiciones de su nacimiento?

Suspirando, Naruto alargó su brazo. Casi sin proponérselo, Hinata se levantó de su sitio y se la tomó. Naruto tiró de ella hasta envolverle la cintura y hacer que se sentara en sus piernas. Escondió el rostro en su delicioso cuello, rozando con la nariz las piedras preciosas de la gargantilla que había decidido ponerse para seducirlo. Y maldita sea si no lo había conseguido desde el minuto uno.

―Tú ganas―le murmuró contra su suave y pálida piel. Hinata dio un pequeño respingo y él sonrió para sí, complacido por haberla sorprendido―. ¿Qué? ¿Creías que iba a decirte que no?―La miró, acusador. Hinata hizo una mueca culpable.

―No. Pero pe-pensé que… iba a… costarme más convencerte. ―Naruto resopló.

―Así que querías seducirme, tramposa. ―Hinata soltó una risita.

―Un omega debe usar todas las armas a su alcance cuando necesita convencer de algo a su alfa. ―Naruto la apretó más fuerte en su brazo, sonriendo ahora ampliamente.

―Y no niego que nos encanta. Pero… ¿estás segura de lo que-

―Sí―lo interrumpió Hinata―. Estoy segura, Naruto. Al cien por cien. ―Naruto la miró fijamente un segundo y luego asintió.

―En ese caso, te ayudaré en todo lo que pueda. Honestamente, casi había decidido darte el sí antes de salir del despacho. Tu idea es brillante, Hinata. Me quedé sin palabras. ―Hinata se ruborizó de placer ante el cumplido.

―N-no todo es mérito mío. Sakura, Ino, Temari… Todos me ayudaron… ―Naruto hizo un mohín.

―Traidores, todos―susurró para sí. Luego, sonrió―. Bueno, ahora que ya hemos terminado de hablar…

―¡Naruto! ¡La cena-

―Deliciosa, como siempre―dijo él, empezando a subir una mano por sus piernas―. Pero, ahora, quiero el postre. ―Hinata no pudo evitar gemir al sentir su lengua húmeda, caliente y rasposa lamer su hombro su hombro descubierto.

Cerró los ojos con un suspiro de placer y simplemente se dejó llevar.

Al fin y al cabo, ella había obtenido su victoria.

Era justo que ahora su alfa obtuviera la suya.

Fin Firme


Ea, ahí queda eso. No tengo nada más que decir, salvo que el capítulo estaba medio escrito cuando a mi ordenador se le dio por morirse. Afortunadamente, cuando pude llevar a que lo revisaran, no fue nada grave. Pudieron repararlo, con limpieza a fondo incluida y además me salió más barato de lo que pensaba. Ya me veía gastanto 300 o 500€ en un portátil nuevo, lo que es, literalmente, casi todos mis ahorros. Así que, nada, estoy contenta xD.

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por el suyo a Hime hinatita! ¡Lo aprecio un montón, de verdad! ¡Muchísimas gracias!

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

Bruxi.