¡YAHOI! ¡FELIZ NAVIDAD, CHICOS! ¡QUE TENGÁIS MUCHA ALEGRÍA Y FELICIDAD EN ESTAS FECHAS Y QUE PAPÁ NOEL OS TRAIGA MUCHOS REGALOS!
Por mi parte, aquí está mi regalo de navidad para vosotros: ¡una actualización! Milagroso, ¿a que sí? Pero qué puedo decir, a veces, los milagros existen (?).
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
¡Espero que os guste!
Delicioso
Empezó como un calor punzante en su bajo vientre durante la noche. Hinata había hecho los cálculos esa mañana y sabía que se trataba de su celo. Suspiró mientras terminaba de peinarse. La puesta en marcha de su asociación iba viento en popa. No podía permitirse un retraso. Por eso le había pedido a Naruto la noche anterior que por favor se fuera a dormir al dormitorio principal, que quería estar sola.
Sabía por experiencia que los supresores solo la apaciguarían a ella. El saber que estaba atravesando el celo solo servía para que la excitación de Naruto, como su alfa, se multiplicara por mil. Sabía que había sido terriblemente cruel por su parte relegarlo de esa forma. Y era más consciente que nunca de la tremenda suerte que había tenido de que Naruto la hubiese escogido a ella como su compañera.
Si se tratara de otro alfa, lo más seguro es que habría obviado sus deseos y la montaría a pesar de sus objeciones y sus súplicas. Tomaría lo que creía que le correspondía por derecho.
Pero no Naruto. Su Naruto era amable y gentil. Lo estaba empujando hasta sus límites y por eso sabía que tendría que compensárselo más adelante. Solo recordar la amarga decepción en sus ojos cuando lo echó de su nido hacía que todo en ella se tensara.
Tal vez… ¿la castigaría por su osadía? Se estremeció al pensar en ello. «No, Naruto no es así. Él es bueno y amable, no pienses tonterías» se reprochó.
Pero esa vez se había excedido. Tenía que admitirlo.
Suspiró, acabando de arreglarse. Se echó un poco de perfume y abrió la puerta de su baño privado, asomando la cabeza, con cautela. No creía que Naruto hubiese invadido la privacidad de su nido, pero toda precaución era poca ante un alfa molesto cuando su omega estaba en pleno celo.
Aliviada al no notar a nadie, Hinata salió casi de puntillas e hizo lo mismo en la puerta de su habitación. Se quedó quieta unos minutos, pendiente de hasta el más mínimo sonido de la casa. Pero no escuchó nada que delatara la presencia de su marido. Seguramente ya se habría ido a trabajar. Algo dentro de ella se sintió terriblemente decepcionada. Sacudió la cabeza, suspirando de nuevo. Estaba siendo una tonta. Seguramente Naruto no quería incomodarla y por eso se había ido antes. Sin despedirse…
Casi sin proponérselo, Hinata apretó contra su pecho el bolso que iba a llevar ese día, uno que le había regalado Naruto por su último cumpleaños. Era una edición limitada de uno de los diseñadores más prestigiosos de los últimos tiempos. Un omega cuyo talento para el dibujo y la moda le había valido un hueco entre las élites. Hinata sabía que había más historia detrás de su éxito y había intentado contactar con él varias veces para hablarle de su asociación. Nunca había recibido respuesta. Pero al parecer aquel bolso había llegado misteriosamente a las manos de Naruto con una nota que decía que se lo diese a su compañera.
Aquel recuerdo hizo que todo lo demás dejase de dar vueltas en la cabeza de Hinata. Lo importante era la asociación. Ahora mismo, esa tenía que ser su máxima prioridad.
Si Naruto quería hijos, tendrían que esperar.
Le gustase a él o no.
Naruto se pasó las manos por el pelo, frustrado, gruñendo mientras trataba de concentrarse en los papeles que tenía delante. Shikamaru se hallaba sentado al otro lado de la mesa, con una carpeta en la mano, garabateando letras en los márgenes de algún documento supuestamente importante.
Pero la mente del rubio no estaba donde se suponía que debía estar―en el trabajo―sino en la hermosa criatura con la que compartía su casa y su vida y que, a pesar de que se amaban con locura, no había podido disfrutar de su compañía como deseaba.
Hinata le había negado el placer de su compañía, de sus besos, de su toque, de sus caricias, de sus mimos…
Sacudió la cabeza cuando su alfa interior rugió, furioso, apremiándole para volver a casa y enseñarle a su omega el lugar que le correspondía. Naruto cerró los ojos y respiró hondo, luchando contra ese instinto primario supremacía que lo empujaba a regresar a su hogar para obligar a Hinata a someterse a sus deseos.
La época de celo era una de las mejores épocas del mes para las parejas ya vinculadas. No obstante y por alguna maldita razón que él no lograba comprender, Hinata lo había echado de su lecho, prohibiéndole estrictamente el paso a su nido. Por primera vez en casi un año, Naruto tenía que dormir solo, sin el cálido cuerpo de su omega pegado al suyo.
Gruño de nuevo. Exasperado, Shikamaru cerró la carpeta que tenía en sus manos con un golpe seco y lo miró, con reproche.
―Deja de gemir como un niño que se ha quedado sin caramelos. No es el fin del mundo el no tener sexo, por el amor de Dios. ―Naruto dio un respingo en su silla.
―¿Q-qué? ¿D-de qué hablas, Shikamaru? ¡Claro que- ―Shikamaru lo interrumpió con un bufido.
―Por favor, no se te habría visto el pelo hoy en la oficina si Hinata te hubiese dado manga ancha en su cama. ―Naruto se pasó las manos por el pelo, frustrado.
―Genial, ahora mis empleados saben que como alfa no tengo autoridad sobre mi omega―se quejó. Shikamaru puso los ojos en blanco.
―No digas idioteces. Muchos incluso te admiran por haber podido sobrellevar la tentación.
―Ya, claro… ―Shikamaru golpeó la mesa con el borde de la carpeta, deseando hacerlo sobre la dura cabeza de su jefe y mejor amigo.
―Idiota.
―¡¿Qué?! ¡¿Por qué soy yo el idiota?! ¡Hinata es quién no quiere saber nada de mí! Podría obligarla, claro, pero eso no-
―Y por eso digo que eres idiota. ¿No te has parado pensar que a lo mejor ella no quiere tener hijos?―Naruto frunció el ceño.
―¿Qué tiene eso que ver con-
―Más tonto y no naces, de verdad…
―Shikamaru―pronunció Naruto, en tono de advertencia.
―El celo omega, desde la prehistoria, no ha tenido más función que la de atraer al alfa para engendrar cachorros. Y durante gran parte de nuestra historia, los omegas no han tenido ningún poder o voto sobre eso. Hinata ahora tiene un propósito, una meta. Siente que está haciendo algo importante y no quiere verse relegada de nuevo a ser una simple omega, que es lo que la gente verá si la dejas preñada, cosa que no podrás evitar si te le echas encima como un animal cachondo. ―Naruto enrojeció, sabiendo que así era exactamente como se estaba sintiendo.
Recostándose contra el respaldo de su silla, reflexionó sobre las palabras de Shikamaru. Debía reconocer que su amigo tenía razón. Si consiguiese enterrarse profundamente en Hinata como su instinto le gritaba que hiciera ahora que su compañera omega estaba en pleno celo, no resistiría la tentación de vaciarse en ella, de llenarla hasta estar seguro de que ella quedaría redonda con sus cachorros.
No es que la imagen no lo sedujese o que no desease que eso ocurriera. Era lo que más quería en el mundo.
Pero Shikamaru tenía razón―como siempre, gruñó, ¿nunca se cansaba el cabrón de tener razón?―si se lanzaba sobre Hinata como un animal, estaría traicionando todo aquello en lo que siempre había creído, lo que siempre había defendido con uñas y dientes, todo aquello que había jurado cambiar sobre la tumba de sus padres.
Suspiró. No le gustaba, iba en contra de su naturaleza dominante, pero el trabajo que estaba realizando Hinata al montar su asociación era tremendamente importante, él podía ver eso.
Sonrió para sí. Esa noche le daría una sorpresa. No para seducirla, sino para decirlo lo orgulloso que estaba de ella y que independientemente de lo que pasara, él siempre la apoyaría al cien por cien en todo lo que se propusiera
Era la promesa que le había hecho―a Hinata y a sí mismo―cuando se unieron definitivamente como pareja.
Y no le fallaría. Jamás de los jamases.
Hinata terminó de ordenar los libros de la biblioteca y sonrió, satisfecha, observando lo bonita que había quedado aquella sala. Era la estancia en la que había puesto más mimo junto con las aulas y la zona de la guardería en la planta baja. El edificio que había escogido para emplazar la sede de su asociación era un antiguo reformatorio que llevaba años abandonado. A Hinata le había parecido perfecto a pesar de que estaba medio en ruinas y era lugar frecuentado por drogadictos, sin techo y trabajadores sexuales. Había logrado convencer a su compañero, su principal benefactor, de que lo comprara y lo acondicionara para ella.
―Piénsalo: un sitio que antaño era un símbolo de miedo y represión para aquellos como yo que se salían del camino marcado ahora servirá para mejorar la vida de muchas personas. ―Y Naruto, como el alfa maravilloso que era, le concedió su capricho.
Al pensar en él, Hinata suspiró. No estaba siendo una buena omega. Su conciencia lo sabía. Pero la asociación era el proyecto de su vida, el legado que quería dejar a las generaciones venideras.
Satisfecha por el trabajo bien hecho, recogió su abrigo y su bolso. Apagó las luces y salió, cerrando las puertas tras ella. Se despidió con la cabeza de los cuatro vigilantes de seguridad que patrullaban el perímetro cada noche. Había sido idea de Naruto y debía de reconocer que se sentía más tranquila con ellos asegurándose de que nadie intentase sabotear el edificio.
Miró la hora en el móvil. Eran casi las diez de la noche. Tardísimo. Seguramente Naruto estaría preocupado, preguntándose dónde estaría. Llegó al borde de la acera y escudriñó la carretera en busca de un taxi.
―¿Necesita que la lleven a algún sitio, señorita?―La voz masculina la paralizó. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral y, conteniendo la emoción, se giró.
―Hum… po-podría ser. ¿Adónde va, señor?―Una media sonrisa curvó los sensuales labios del hombre que se apoyaba de forma despreocupada contra la carrocería de un elegante coche negro.
―Mmm… esa es una pregunta complicada. Supongo que dependerá de mi acompañante esta noche. ―Hinata se acercó a él contoneando las caderas. Sabía que estaba mal provocarlo, pero estaba disfrutando demasiado de aquel juego para parar ahora.
―¿Tiene a alguien especial en mente?―Los ojos azules chispearon en el rostro bronceado de su interlocutor, dando a entender que él también estaba disfrutando aquel breve intercambio de palabras entre ellos.
―Podría ser. ―Sacó las manos de los bolsillos y las alargó, agarrándola de la cintura y atrayéndola hacia su cuerpo. Hinata dio un gritito por la sorpresa y levantó las manos para posarlas sobre el pecho masculino cuando chocó contra su pecho. Él abrió las piernas y ella se acomodó entre ellas, con la falda de su vestido rozando los pantalones de él.
Parecían dos adolescentes enamorados que quieren pasar un rato más juntos antes de tener que irse para casa para no sobrepasar el toque de queda impuesto por sus padres.
―Naruto… ―Él la acalló con un beso que, lejos de ser devastador, fue lento y suave, como si él quisiera más que nada en el mundo saborearla en vez de conquistarla. Cuando se separaron, los ojos de Hinata brillaban con confusión. Naruto sonrió para sí. E iba a sorprenderla aún más.
Separándose del coche, abrió la puerta y la ayudó a entrar. Luego, rodeó el vehículo para acomodarse en el asiento del conductor. Encendió el motor y maniobró para salir a la carretera, dónde puso rumbo hacia el centro de la ciudad. Hinata no despegó la vista de él todo el camino, confusa. ¿Adónde iban? Finalmente, Naruto detuvo el coche y se bajó. Le abrió la puerta y la ayudó a apearse también. Hinata se quedó con la boca abierta cuando vio el lugar al que habían llegado.
―Na-Naruto… ―Él rio al ver su rostro lleno de aprensión―. Es-este es…
―El mejor restaurante de la ciudad.
―Pe-pero… ¡se tarda al menos un año en conseguir una mesa! ¡Y mírame!―exclamó, mirando ansiosa para su sencillo vestido rosa pálido estilo años cincuenta. Era uno de sus favoritos, pero difícilmente era adecuado para un sitio como aquel―. ¡No estoy arreglada como es debido! ¡Ni siquiera voy maquillada!―Naruto la acalló con un beso.
―Estás preciosa. ―Hinata se sonrojó ante la muestra pública de afecto. Naruto la agarró de la mano y tiró de ella para echar a andar hacia la entrada. Un aparcacoches se acercó a ellos en cuanto pisaron la alfombra escarlata que adornaba la acera delante de la puerta del restaurante.
―Bienvenido a "La píldora roja" señor. Si me permite… ―Naruto le tendió las llaves al joven además de una generosa propina. En la puerta, un vigilante de seguridad les abrió y esperó a que entraran antes de cerrar.
La metre se acercó a ellos nada más verlos, sonriendo de manera resplandeciente. Iba impecablemente vestida con un traje chaqueta de alta costura, los cabellos pelirrojos recogidos en un original y cuidado peinado a base de trenzas y sus ojos dorados perfectamente maquillados y perfilados. Hinata sintió que quería morirse. Si hasta una empleada del establecimiento tenía mejor apariencia que ella…
―Bienvenido, señor Uzumaki. Su mesa de siempre está libre. Si me permite acompañarle…
―Hoy no, Karui. ―Miró un momento con calor para Hinata antes de volverse de nuevo hacia la joven pelirroja―. Me gustaría algo más… privado. ―La metre pareció desconcertada unos segundos, luego, sus ojos se abrieron ligeramente, sorprendidos, para acto seguido retomar su postura seria y profesional.
―Por supuesto. Síganme. ―La joven tomó dos cartas y los precedió por un pasillo lateral que Hinata no había notado hasta entonces. Estaba escondido entre dos biombos que daban paso al salón principal del restaurante, pero parecía que su destino era otro.
Intrigada, Hinata se dejó guiar. En ningún momento Naruto le soltó la mano. Subieron unas escaleras hasta el piso superior. Allí, las escaleras daban paso a otro pasillo más ancho. Había varias repartidas aquí y allá, bastante apartadas unas de otras, como si quién lo hubiese diseñado no supiese muy bien dónde colocarlas. No obstante, el efecto era bastante armonioso.
Karui los guio de nuevo por aquel pasillo irregular, hasta pararse delante de una de las puertas.
―Espero que el salón estrellado sea de su agrado. Aquí tienen las cartas. Si necesitan algo, no duden en llamarme. Si me disculpan…―Antes de que la joven se fuera, Naruto le alargó un par de billetes. Karui arrugó el ceño y abrió la boca, dispuesta a rechazarlo.
―Cómprale algo bonito a Chōji por su cumpleaños. ―Karui cerró la boca y sus mejillas se sonrojaron. Aceptó la propina y se despidió con una reverencia de la pareja.
Cuando estuvieron al fin solos, Naruto abrió la puerta e hizo pasar a Hinata antes que él.
La peliazul no pudo menos que quedarse con la boca abierta nada más entrar. Nunca jamás, en toda su vida, había estado en un salón semejante. La habitación estaba enteramente recubierta de ventanas: a los lados y por todo el techo, dejando que se viera a través del cristal transparente el cielo estrellado.
El suelo era de mullida moqueta color azul real, al igual que el tapiz de las sillas que rodeaban una mesa en el centro, decorada con un mantel blanco con bordados en el mismo tono azulado.
―Es-esto es… ―Sintió a Naruto cerrar la puerta, acercarse y abrazándola desde la espalda. La besó en la oreja y le acarició la cintura.
―Quería hacer algo especial por ti. Últimamente has trabajado muy duro. Te mereces una noche inolvidable. ―Hinata sintió que las lágrimas acudían a sus ojos. Dios, no se merecía al alfa que tenía―. Ven, vamos. ―Naruto la guio con la mano en la espalda hasta las sillas. Separó una y la ayudó a sentarse, luego se sentó a su lado―. Ojea la carta y dime qué te apetece. ―Hinata miró a su alrededor, confusa.
―¿No hay camareros?―Naruto sonrió de forma misteriosa.
―Esta es una sala privada. Se suelen alquilar para encuentros importantes de negocios, de políticos o también… de amantes. ―Hinata sintió que enrojecía ante la última palabra.
―¿A-amantes?―repitió, en un tartamudeo. Naruto entornó los ojos hacia una esquina, y fue entonces cuando Hinata notó el enorme sofá que rodeaba una de las paredes. Enseguida el rostro se le acaloró solo de pensar en lo que Naruto y ella podrían hacer en ese sofá.
Solo son las hormonas hablando, se dijo, apretando las manos sobre su regazo. Respirando hondo, tomó la carta y empezó a leer. Casi se desmaya al ver los precios, pero hizo un esfuerzo por no parecer sorprendida. Sabía que su compañero podía permitirse algo como eso y más, pero aun así nunca había sido del tipo despilfarrador.
No obstante, sabía que Naruto se ofendería si ella hacía algún comentario al respecto, así que optó por fingir que todo eso era normal.
―Hum… cre-creo que me apetece el mero al horno… ―dijo, esperando que en su tono no se filtrase nada de la ansiedad que sentía. Naruto rio al ver el esfuerzo que ella hacía por fingir sentirse cómoda.
―Creo que yo también sé. ―Hinata vio con curiosidad como él cogía una tablet en miniatura de encima de la mesa y tecleaba algo. Luego, volvió a dejarla dónde estaba―. He pedido un vino blanco para acompañar. Espero que te guste. ―Ella asintió, rígida. Naruto amplió su sonrisa y se puso de pie―. Ven, ¿te apetece bailar?―Pulsó de nuevo la tablet y un jazz suave empezó a sonar por toda la habitación.
Como en trance, Hinata se dejó guiar. La pareja bailó al ritmo de la melodía. Dieron una vuelta completa a la habitación siguiendo el compás.
―Naruto, esto…
―Te lo contaré mañana. Hoy, solo quiero mimarte. ―Hinata aceptó sus palabras y siguió moviéndose junto con él. Naruto la hizo girar y cuando la atrapó de nuevo la besó. Hinata gimió al sentir la lengua masculina invadir su boca―. Delicioso…
―Na-Naruto…
―Sssssh. Déjame consentirte, preciosa. ―Hinata tragó saliva cuando él la levantó por la cintura y, sin dejar de besarla, la llevó hasta el sofá―. Esta noche es para ti, para demostrarte lo mucho que te amo. Quiero que confíes en mí. ¿Me dejarás hacer?―Ante su mirada límpida llena de sinceridad Hinata no pudo hacer menos que asentir. Sonriendo satisfecho, Naruto se arrodilló frente a ella y poco a poco le levantó la falda. Cada vez que dejaba un pedacito de piel al descubierto lo besaba con devoción.
Hinata gemía ante esos contactos tan leves. La anticipación, la espera, aumentaba su excitación, y eso hizo que se removiera, incómoda.
Poco a poco, Naruto subiendo por sus muslos con besos delicados y pausados. Le quitó los zapatos y le acarició los tobillos; le mordisqueó el hueco detrás de las rodillas y lamió el interior de sus muslos. En ningún momento se paró a pensar en su propio placer. Todo lo que hacía, cada toque, cada beso, era entera y exclusivamente para ella.
―Na-Naruto… ―Cuando finalmente la tocó dónde Hinata más lo necesitaba, el orgasmo que la atravesó casi la hizo perder el sentido. Pero lejos de detenerse, eso solo hizo que Naruto la acariciara con más ímpetu, con más fuerza―. Naruto, Naruto… oh, Dios, no puedo… ―El clímax la sacudió una vez más. El celo, a pesar de los supresores, hacía a su cuerpo más sensible y receptivo. Y su alfa lo sabía.
Sin embargo, él no se desnudó ni hizo amago de querer saciarse. Con los ojos nublados por la pasión y la lujuria, Hinata lo miró. Él le sonrió desde su lugar feliz entre sus muslos. Le dio una pequeña lamida a su clítoris y Hinata tembló, los dedos de sus pies curvándose a causa del placer.
―Te lo dije―le susurró, incorporándose para poder alcanzar sus labios y dándole un beso devastador―. Esta noche es para ti. ―Y esta vez, Hinata comprendió el significado de sus palabras.
Su alfa quería que supiera que él respetaba sus deseos, que no la forzaría jamás a hacer algo para lo que no estaba preparada.
Sintiendo que era la omega más afortunada del planeta, Hinata cerró los ojos y dejó que Naruto hiciese lo que quisiera con su cuerpo.
Y allí, bajo las estrellas que adornaban el cielo nocturno, Naruto hizo que su dulce omega no se arrepintiera jamás de haberlo escogido a él como su eterno compañero.
Porque, lejos de lo que pensase la sociedad, había sido Hinata quién lo había aceptado.
Por y para siempre jamás.
Fin Delicioso
Ea, después de mil años, aquí está. Me propuse en su momento allá por el verano terminarlo y estoy en ello. Sobre todo porque quiero traeros más cositas que se me van ocurriendo, pero como no quiero ser de esas acumuladoras que nunca termina nada, prefiero ir despacito, paso a paso xD.
¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores, sí.
Acosadores, no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
