primer one-shot del domingo de multiship.
Sesshomaru x Kagura.
Un homenaje a quienes no pueden hablar y uno a quienes no pueden escuchar y volvieron a hacerlo.
Una gran ciudad, ciertamente, era testigo de un silencioso hombre que había perdido a su hermano menor, su querido y amado hermano menor. Junto a él se fue también se fue aquella ruidosa chica que siempre lo acompañaba por un silencioso virus que acabó con ambos hace ya un año, aquel hombre de cabello blanco miraba en su oficina las fotos de sus familiares.
—»Señor Sesshomaru, ya llegaron las candidatas a asistente personal — habló su secretaria con un marcado acento argentino.
—Gracias Ayame, iré en un instante — respondió el albino.
Antes de salir de su oficina observó las fotos de su hermano y su cuñada.
"Inuyasha, mi hermanito... lamento no haberte podido proteger como pensé... Siempre vivirán en mi memoria" pensó él.
Salió de su oficina hacia la de su secretaria, allí habían varias mujeres, cada cual era diferente. Desde la más modesta hasta la más elegante, miró a una de cabello atado con un broche con formas de plumas, era la más modesta de todas.
—Tú — Sesshomaru la señaló —¿Cuántos años de experiencia tienes?
—Llevo cuatro años en el negocio — respondió esa chica, algo intimidada haciendo señas.
—¿Eres buena en lo que haces? — preguntó él con notable seriedad.
—Soy muy buena — ella respondió con determinación con lenguaje de señas.
"¿Por qué solo se comunica con señas? Yo solo lo hago con Moroha" pensó Sesshomaru confundido.
Sesshomaru miró a Ayame y luego a esa joven del broche de plumas, el albino volvió a su oficina, revisó el currículum de la joven que acababa de elegir como asistente personal. Su nombre era Kagura Black, sin duda era una mujer bastante intrigante pues sus inusuales ojos rojos gritaban misterio.
—Kagura ¿podrías traerme un café, por favor? Y de paso conoces tu oficina, está al lado de la mía — mencionó Sesshomaru.
Kagura, la misma chica del broche de plumas, asintió con calma. Y ella. Sesshomaru empezó a hacer unas señas, ahora entendió porque su hermano Inuyasha, que en paz descanse, quería aprender lengua de señas.
—¿Tienes algún problema auditivo? — Kagura negó rotundamente y señaló su garganta y empezó a comunicarse con señas —, dices que perdiste la voz por un mal procedimiento quirúrgico y que antes cantaba — Kagura asintió.
—"¿Cómo lo sabe?" — ella preguntó pero no obtuvo respuesta.
Durante los siguientes días estuvo yendo al apartamento de Inuyasha, su sobrina Moroha era cuidada por la señora Izayoi. Sesshomaru se la pasaba yendo y viniendo manteniendo el vivo recuerdo de Inuyasha y Kagome en ese lugar para que su sobrina, ahora de trece años, no los olvide jamás. La realidad por la que su difunto hermano menor quería aprender lenguaje de señas era por Moroha quien nació sorda, pero cuando Inuyasha murió debido a un virus respiratorio junto a su esposa que falleció por cáncer de garganta hace casi cuatro años, Sesshomaru aprendió.
Su empresa que compró y heredó la de su hermano menor realizaban aparatos electrónicos y una noche, mientras asistía a un curso de lengua de señas, conoció a Sango. La mejor amiga de su cuñada, le propuso un aparato que ayudara a las personas con dificultades auditivas. Y así lo hizo. Llevó a su sobrina al médico y le presentó aquellos audífonos, cuando Moroha se los puso y ella logró, por primera vez, escuchar la voz de su tío y de su abuela Izayoi, lloró de alegría y simplemente abrazó a Sesshomaru.
—Tío Sessho — Moroha lo llamó y él se volteó a verla y recibió un gran abrazo —te quiero mucho.
Un gasto que él nunca supo qué debía hacer, haber realizado esos audífonos y la operación que le realizaron el sueño a su sobrina. Él únicamente aceptó el abrazo de su sobrina Moroha, a quien siempre le recordaba a su hermano menor por su energía imparable.
De vuelta en una heladería Kagura se llevó una gran sorpresa al verlo allí con una niña de trece años, comiendo un helado los dos. Kagura se acercó a ellos y Moroha la saludó con una seña sorprendiendo mucho a la mujer.
—"¿Es su hija, jefe?" — preguntó ella con señas y Moroha se rio levemente.
—"Veo que conoce a mi tío Sesshomaru" — Moroha le respondió con señas.
—Ella es mi sobrina — Sesshomaru miró a Kagura —, se llama Moroha.
Moroha miró a Kagura, de alguna manera le recordaba a Rin, una novia que tuvo su tío un par de años atrás pero que nunca llegaron más allá. Ella le estrechó la mano sintiéndola fría pero muy firme y a la vez agradable al tacto, estaba feliz de ver a su tío con alguien que parecía apreciarlo.
—"Yo iré a dar un paseo" — Moroha se despidió utilizando señas, luego tomó su bici que heredó de su madre y se fue por la ciclovía.
—Es muy agradable — mencionó Sesshomaru con una sonrisa pequeña —, esa chaparra es mi sol. ¿Quieres un helado? Déjame te invito.
—"Ya veo" — Kagura le sonrió y le mostró el menú de la heladería señalando uno de todos.
—Banana split — mencionó él —de acuerdo.
La relación entre ambos se fue estrechando, con señas Sesshomaru le solía indicar que le ayudara a salir de reuniones aburridas con inversionistas para que pudiera irse aunque siempre se salía con la suya y terminaba ganando contratos a su favor dejando muy mal parados a sus competidores.
Ganó un contrato tan jugoso que le permitió irse con Kagura a una casa en la playa y comprarle un nuevo teléfono a su sobrina Moroha, le dolía mucho el hecho de que ahora su sobrina estuviera sola. Se la pasó un rato pensando en ella, luego sintió sobre su hombro la mano fría y suave de Kagura y él solamente suspiró.
—"¿Está bien, señor Sesshomaru?" — Kagura le preguntó escribiendo en un tablero pequeño de acrílico.
—Estoy bien — respondió el albino con seriedad —me preguntaba, en estos meses... he hablado más de lo normal. Hasta que llegaste tú... — luego rio secamente —silenciosa mujer del broche de plumas. ¿Te gustaría ser mi pareja?
No había, no existen ni existirán palabras para lo que Kagura sintió al escuchar esas palabras de aquel que, hasta ahora, era su jefe, ella solamente asintió con vehemencia ante la pregunta de Sesshomaru. Los dos se fundieron en un cálido beso. Las palabras sobraban para lo que sentían.
(...)
7 años después.
Cómo si fuera heredada de su padre Inuyasha, Moroha siguió sus pasos en la música uniéndose a la que, antaño, fuera la banda de su padre. Aunque tuviera problemas de oído y tuviera que depender de unos audífonos para escuchar, no le impidió volverse una gran pianista.
Ahora que vivía con su tío Sesshomaru y su primo, que tiene el mismo nombre de su padre, Inuyasha, en honor a él. Y verlo tan feliz junto a la chica del broche de plumas.
Cómo si el viento quisiera soplar a su favor.
