ARÁNDANOS
— ¡Fuera de mi camino! — Espetó.
Un chico de cabello verde atravesó la entrada principal del Centro Pokémon como alma que lleva el diablo, dejando a las pocas personas a su paso por el establecimiento un poco desconcertados.
Movía los brazos de adelante hacía atrás, como apoyo para impulsarse y aumentar la velocidad a la que estaba corriendo.
Trató de no empujar a nadie en su camino al mostrador, cosa que resultó inútil ya que, por las prisas, pudo sentir como su hombro rozó sutilmente con el brazo de otro desconocido que afortunadamente, alcanzó a esquivar a tiempo.
Cuándo estuvo en el mostrador, extendió la pokeball que tenía en la mano en la mesa, frente al rostro atónito de la enfermera Joy.
— ¿Drew Hayden? —Preguntó con sorpresa la enfermera de cabello rosado, clavándole los ojos como si quisiera asegurarse de que no estaba imaginándolo.
No, no estaba imaginando, tenía al mismísimo Drew Hayden de LaRousse City justo frente a ella.
La enfermera Joy recordó haber estado presente desde que comenzó su corta (Pero exitosa) carrera como coordinador, había quedado enganchada de él y su ahora evolucionada Roserade desde su primera presentación, la enfermera Joy había presenciado su derrota frente a Solidad, una guapa coordinadora originaria de Pewter City a la que también admiraba.
Después, como una fiel seguidora, estuvo atenta por casi toda su travesía en Hoenn y Kanto.
El sonido de la pokeball de Drew en la mesa la hizo aterrizar de nuevo, la mirada de angustia y preocupación del joven coordinador la hicieron percatarse de que ese no era el momento de perder la cabeza.
Drew sintió un pequeño dolor en los dedos conforme fue soltando el objeto redondo, se había aferrado a él como si su vida dependiera de ello.
— Por favor, ayude a mi Flygon — Le lanzó una mirada decidida pero suplicante, lo suficientemente firme para que la enfermera sujetara la pokeball y la examinara unos segundos, abrió la boca para preguntar, pero Drew habló primero.
— Estábamos entrenando y creo que se lastimó su ala, no puede volar.
La enfermera Joy cambio la mirada, el rostro se le llenó de seriedad y asintió.
Pensar que el Flygon de uno de los coordinadores que más admiraba podía estar mal, la afligió, así que se puso manos a la obra.
Salió del mostrador con paso rápido y se perdió entre el pasillo del Centro Pokémon, directo a la sala de emergencias.
El joven peliverde relajó el cuerpo cuándo vio a la enfermera Joy entrar al cuarto con Flygon, no estaba muy tranquilo, pero al menos su compañero ya se encontraba en buenas manos.
No quería sentarse todavía, así que optó por recargar su espalda en el pilar más cercano a la sala de espera, a un lado de los sillones naranja.
— ¡Drew!
La voz de una chica se escuchó a lo lejos, había dicho su nombre lo suficientemente alto como para llamar la atención de los demás al rededor.
Él sabía perfectamente de quien se trataba.
May estaba corriendo en su dirección, tambaleándose de un lado a otro, se notaba que las piernas le temblaban y que no daba para más.
El joven se tocó el puente de la nariz.
—May... Siento haberte dejado atrás.
Ella se detuvo de golpe, apoyándose de las rodillas para tomar aire.
May tardó unos segundos en retomar la compostura, todavía estaba jadeando, posó una mano en su pecho y trató de regular su respiración.
— Eso no importa, ¿Ya están atendiendo a Flygon? — Preguntó con preocupación.
Fue entonces, que Drew logró relajar su expresión y soltó un suspiro, dejándose caer en uno de los sillones.
El joven coordinador asintió como respuesta ante la pregunta de la chica frente a él.
May imitó a su compañero y también soltó un suspiro largo y tendido, se dejó caer pesadamente en el lugar frente a Drew y cerró los ojos, más tranquila con la idea de que Flygon ya estaba con la enfermera Joy.
El chico apoyó la nuca en el respaldó e hizo un repaso mental de su día.
Había llegado a Slateport City a tiempo para registrarse en el concurso, tenía pensado un acto con Flygon, había descubierto en su paso por la ciudad vecina que agitando sus alas en la velocidad y dirección correctos era capaz de crear sonidos semejantes a las notas musicales, cosa que le pareció impactante ya que, aunque había escuchado que Flygon era capaz de hacerlo, nunca creyó presenciarlo algún día.
El pokémon expresó su felicidad cuándo su entrenador le propuso practicar para presentarlo como acto preliminar en el concurso.
Ambos tenían ganas de implementarlo, pero no tenían muy claro cómo lograrlo pues Flygon, no había sido capaz de reproducir el sonido otra vez, Drew pensó que quizá podía deberse a que la primera vez que lo hizo, se encontraba demasiado emocionado y fue algo que logró hacer como producto de la misma felicidad.
Aunque al comienzo Drew se mostró entusiasmado, decidió desistir de la idea cuándo notó que su pokémon se estaba sobre esforzando, quizá después tendrían tiempo de seguir intentando, pero por ahora, era mejor presentarse en el concurso con un acto diferente, cosa que no pareció gustarle a su amigo, ya que se mostró cabizbajo ante la idea de no participar en la ronda preliminar.
Drew lo notó, y se lamentó por eso, sabía que Flygon estaba ilusionado con la idea, pero verlo frustrarse porque no podía hacer el mismo sonido con sus alas lo convencieron de evitar causarle estrés, al menos por ahora era la mejor opción.
Flygon se había quedado sentado en una roca mientras observaba como Butterfree practicaba con Drew, se sentía desconsolado por ser apartado de esa manera, así que cuando logró percibir la pañoleta de May a lo lejos, se mostró contento.
Era su momento de demostrar que, si podía lograr música con sus alas, de probar que estaba preparado.
Avisó a su entrenador con un suave gorgoteo que salió de su garganta y se movió en círculos en su cabeza, emocionado con la presencia de la coordinadora.
A May le pareció adorable el gesto de Flygon y no le sorprendió demasiado ver a Drew ahí, ella también estaba en Slateport City por el concurso, en cuánto lo vio, sus ánimos se vieron renovados con la idea de que podría enfrentarse a él si lograba pasar la ronda preliminar.
Luego de registrase para el concurso, se había animado a perderse un poco por el bosque para preparar su acto con Beautifly, necesitaba espacio suficiente para no talar algún inocente árbol con el viento plateado de su pokémon.
Flygon guio a May hasta Drew, pero no lograron ni saludarse porque el Pokémon comenzó a dar vueltas por encima de la cabeza de la entrenadora, demandando su atención, cosa que extraño a ambos, que se lanzaron una mirada confundida por el comportamiento del pokémon.
Drew observó curioso la escena sin terminar de comprender lo que estaba sucediendo: May sentada en una roca, contemplando a su Flygon mientras este daba un par de volteretas en el cielo, se abría paso entre los árboles y se posaba frente a May, que ya estaba empezando a emocionarse con sus piruetas.
Flygon se colocó a centímetros del suelo y comenzó a mover sus alas en suaves ondas, primero lento, como tratando de calar el viento, sus hermosas alas empezaron a aumentar el ritmo poco a poco, mientras que Drew observó con terror como Flygon estaba tratando de hacer justo lo que él le pidió que no hiciera.
May no logró comprender que era lo que el pokémon quería mostrarle, pero soltó un grito de preocupación terrible cuando Flygon soltó un chillido de dolor y se desplomó en el suelo, ante la mirada atónita de Drew.
Apenas hubo tiempo para reaccionar.
En segundos, Drew lo había colocado en su pokeball y comenzó a correr en dirección al centro Pokémon, justo dónde se estaba hospedando.
Estaba preocupado por su amigo, por supuesto que sí, se regañó mentalmente por no haberse dado cuenta de lo que Flygon trataba de hacer y May se lamentó por no poder correr más rápido, solo podía observar como Drew la dejaba fácilmente atrás.
Se estaba planteando seriamente en dejar el concurso, no quería afectar a Flygon, puede que tuviera otro acto preparado, pero, no quería hacerlo sentir excluido, dependía de lo que la enfermera Joy dijera de su estado.
— Flygon estará bien.
La voz de May lo hizo aterrizar.
— Eso espero — Dijo de forma sincera el coordinador.
Las puertas del Centro Pokémon se abrieron nuevamente, anunciado la llegada de una chica de cabello grisáceo.
Se acercó cojeando al mostrador, tenía algunos raspones en las piernas y brazos, por la forma en la que caminaba, seguramente se había lastimado el pie.
La chica se asomó para buscar con la mirada a la enfermera Joy, pero como no la vio decidió tomar asiento cerca de May.
Drew desvió la mirada, ajeno a la desconocida chica, por ahora tenía cosas más importantes en las que preocuparse.
— Oh, ¿Te encuentras bien?
Drew no pudo contener una leve risa al escuchar a su compañera.
Claro que, al parecer May no pensaba lo mismo, pues desde que la conocía tenía un extraño talento de hacer amigos con demasiada facilidad.
— Sí, estoy bien — La muchacha de cabello platinado sonaba apenada — Fue un descuido mío, me caí.
— Debió ser una caída bastante fea — Dijo May — Tengo un poco de curación en mi mochila, ¿Quieres? Puede ayudarte a aliviar el dolor.
La chica no pudo negarse siquiera, porque May ya estaba buscando entre sus cosas para entregárselas, contenta con la idea de ayudar.
— ¿Cómo te llamas? — Preguntó la joven coordinadora.
— Soy Sam — Respondió antes de agradecerle con la cabeza a May por las cosas que le entregó, las extendió en la silla para poder verlas mejor y decidir que iba a utilizar.
— Un gusto Sam, soy May, él es Drew — Señaló con el dedo al chico a sus espaldas, que le lanzó una mirada desconcertada, ¿Por qué lo estaba presentando si ni siquiera estaba interesado en la situación de la chica en primer lugar?
— ¿Estás aquí por el concurso? — Preguntó May con curiosidad.
— No — Repuso la chica, tomó un poco de algodón y se frotó los raspones con alcohol — Soy una exploradora.
La chica comenzó a buscar en su mochila y sacó lo que parecía ser un recetario de pokeblocks, se lo extendió a May que lo contempló fascinada.
— ¿Son tuyos? ¿Todos estos? ¿Tú los hiciste?
Sam asintió, orgullosa.
— Me encanta preparar pokeblocks de todo tipo, estoy haciendo un viaje por algunas ciudades para encontrar las bayas más exóticas, y de ser posible, cruzarme con algo nuevo.
May exclamó maravillada, mientras hojeaba con entusiasmo el recetario en sus dedos.
Todo estaba perfectamente ilustrado, con dibujos a mano de bayas que nunca había visto, con especificaciones sobre su tamaño, dónde encontrarlos y cuál era la mejor forma de hacer pokeblocks con ellos.
Había un montón de recetas para pokeblocks rojos, verdes, rosas, amarillos, naranjas y hasta algunos de arcoíris con diferentes variantes.
Revisó con entusiasmo las hojas hasta el final del cuaderno, dónde había algunas hojas sueltas y unos dibujos de unas bayas que no se parecían a las otras en absoluto, parecían mucho más simples.
Eran redondas y pequeñas, con un pequeño cráter en el centro, el dibujo estaba hecho sin ser demasiado preciso, como si todavía fuera un borrador, ambos bocetos estaban coloreados de color rojo y morado.
— ¿Arándanos? — Preguntó May, leyendo en voz alta el título — Nunca había visto algo así.
— Es porque son sumamente difícil de encontrar — Dijo Sam, que para ese momento ya había terminado de limpiarse los raspones — Y son la causa de que esté así.
Se señaló con el dedo la piel de las piernas y las manos.
—¿Y qué son? — Preguntó May con curiosidad.
— Son un tipo de baya casi desconocida, de hecho, se dice que no es una baya y que, hasta nosotros, los humanos, podemos consumirla, como casi no se ve, la gente cree que toparse con ellas son signo de prosperidad y abundancia, en algunas partes de Hoenn las usan para desear buena suerte, como un amuleto.
—¿Un amuleto? ¿Y cómo hacen eso? — Preguntó May, alzando la ceja.
—Colocan unos cuantos arándanos en alguna bolsita para que la persona destinada lo lleve consigo, aunque no estoy segura de que esa parte sea real.
—¿Algo así existe? — Preguntó May, maravillada — ¿Y tú las viste?
Drew supo que su compañera había comenzado a divagar, seguramente con la idea de que, en efecto, fuera real
Sam asintió, luego se sonrojó y desvió la mirada a sus dedos.
— Bueno, eso creo, en la parte del barranco más cercano, hay una bajada muy inclinada, con un montón de arbustos pequeños. Creo haberlas visto ahí, solo que, no estoy segura porque en mi camino hacia abajo me caí, decidí abandonar la idea porque estaba por obscurecer y porque... ¡Sí que dolió!
Sam soltó una risa nerviosa, avergonzada por su accidente.
Los tres escucharon pasos por el pasillo.
Drew fue el primero en levantarse del sofá cuándo vio a la enfermera Joy atravesar el umbral, May le siguió con el gesto preocupada por el estado de Flygon.
Ella les lanzó una mirada tranquilizadora.
— Flygon está bien, fue un pequeño calambre en su ala derecha, recomiendo que descanse tres días completos, no puede volar por ahora ya que seguramente lo hizo por más tiempo del necesario.
— Menos mal — Susurró May
La enfermera Joy observó a la castaña con asombro, sin poder creérselo.
Primero Drew Hayden se aparecía en su turno y ahora, May Balance estaba ahí.
Grito internamente, emocionada por verlos competir juntos, nunca creyó vivir lo suficiente para experimentar algo similar
—Eh, disculpe.
La enfermera Joy desvió la mirada hacía la otra persona que estaba ahí y se vio obligada a dejar de lado sus ilusiones cuándo su mirada se posó en los raspones de la chica de cabello platinado.
Sam se despidió alegremente de May y le lanzó una mirada de despedida a Drew, que la ignoró por completo, preocupado por el estado de su Pokémon.
Para May no pasó desapercibida su actitud, pero no sabía muy bien cómo hablar con él o sacar el tema, tenía muchas ganas de preguntarle si estaba bien, de saber si iba a participar de todas formas, aunque no fuera con Flygon, cosa que no pudo hacer porque el entrenador se despidió de ella rápidamente, necesitaba tiempo para meditar y estar a solas con su pokémon, había sido muy imprudente por exponerse a ese riesgo sabiendo que, de por sí, esa técnica melodiosa les estaba costando mucho trabajo.
El concurso era mañana por la tarde.
Sacó a sus pokémon de sus pokeballs y los dejó andar en su cuarto libremente, Flygon estaba cabizbajo, como si fuera un tierno niño que estaba preocupado por haber hecho algo malo.
— Flygon no podrá volar por tres días hasta que se sienta mejor — Comenzó Drew, suavizando el tono de su voz y su cara, cosa que podía permitirse hacer solo frente a sus pokémon — Todos estamos muy emocionados por el concurso de mañana, pero no puedo participar si alguien de mi equipo está indispuesto.
Flygon se removió nerviosamente, moviendo su cola y caminando en sus dos patitas por la sala, como tratando de dar a entender que no quería que su coordinador no participara en el concurso por un descuido que había sido su culpa y solo suya.
Roserade le sujetó la mano con sus suaves pétalos, dedicándole una sonrisa, Masquerain y Butterfree revolotearon tiernamente alrededor de Flygon, animándole y dando a entender a su entrenador que él más que nadie, estaría en desacuerdo de no participar, Absol por su parte, acarició la rodilla de Drew con su cabeza suavemente, para animarlo.
Drew recordó entonces, que May estaría en el concurso.
Los enfrentamientos que habían tenido comenzaron a reproducirse como vídeos cortos en su cabeza, abrazó la sensación de adrenalina recorrer su cuerpo cuándo la batalla se tornaba emocionante.
Realmente, deseaba poder enfrentarse a ella en una batalla de nuevo.
Animado por sus pokémon, Drew se mostró más entusiasta con el concurso al día siguiente, al menos había preparado algo con Butterfree un día antes, así que se sentía bastante confiado.
No logró dar con May en los camerinos, seguramente se le había hecho tarde, como siempre.
— ¿Qué le pasa? No puede tomarse estas cosas tan a la ligera — Se dijo a sí mismo.
Trató de concentrarse en la presentación de sus compañeros para analizar sus movimientos en caso de que fuera necesario, sin embargo, no logró hacerlo.
No dejaba de lanzar miradas rápidas a la puerta del camerino, para verificar si la joven coordinadora se dignaba a aparecer.
Su presentación era justo después de la del chico de bufanda azul y su Pikachu, comenzó a caminar lentamente hacía el túnel de la entrada al escenario sin despegar la vida sutilmente de la puerta, logró ver de reojo que la puerta se abrió y la joven pelicastaña apareció con el cabello enmarañado, la vio recorrer la sala con la mirada, como buscando algo.
Bueno, al menos ya estaba ahí y eso lo dejaba más tranquilo.
Drew caminó por el túnel, hasta que escuchó de fondo los pasos apresurados de alguien acercarse a él.
Se giró bruscamente, esperando algún tipo de ataque, sin embargo, se encontró con la silueta de May, acercándose con pasos largos.
— Drew, estaba buscándote — Dijo la chica, se notaba que le faltaba el aire — Creí que no vendrías, fui a buscarte a tu habitación.
El joven sonrió.
Seguramente por eso se había tardado en llegar.
— ¿Es una broma? Me muero por quedarme con este listón — Sonrió retador.
Pudo ver como a May se le iluminaron los ojos al decir estas palabras
Supo que ella estaba tan emocionada como él de poder enfrentarse.
La muchacha extendió la mano, sujetando una bolsita de terciopelo azul con los dedos, la coloco en la mano de su compañero y espero a que él la abriera.
Drew abrió los ojos cuando vio su contenido.
Eran arándanos frescos, rojos y morados.
— Buena suerte, Drew
El chico tuvo que aguantar las preguntas que tenía en su cabeza para su testaruda compañera, la presentadora ya lo había mencionado frente al público y tenía que salir al escenario.
Escucho como su alrededor se llenaba de porras mientras avanzaba al centro de la pista.
Un destelló rojo iluminó el pantalón del muchacho y con una luz roja Flygon apareció frente al peliverde.
Drew soltó un jadeo, sorprendido
Trató de llamar a Flygon, regañarlo y ponerlo en su pokeball, todavía no podía volar, era demasiado riesgoso que estuviera ahí.
No estaba dispuesto a poner en peligro la integridad de su compañero
Alzó una mano para tomar su pokeball, todavía estaba a tiempo de disimular que había sido planeado y sacar a Butterfree, sin embargo, contra todo pronóstico, Flygon ladeó la cabeza para mirar a su entrenador.
Pudo ver la mirada decidida de su compañero, logró admirar el brillo de la membrana protectora de color rojo que recubría sus ojos, ojos que le taladraron la vista con decisión, su pokémon le sostuvo la mirada y como acto reflejo sujeto la bolsa que May le había dado, la de tercio pelo azul.
Los ojos de Flygon le recordaron los arándanos que la pequeña bolsita contenía.
Su pokémon no podía hablar, pero Drew lo entendió todo.
Flygon estaba pidiéndole, que lo dejara presentarse y que confiara en él.
Drew comenzó a sentir como una especie de seguridad desconocida le inundaba el pecho y asintió mirando a su pokémon, dispuesto a creer en él.
Flygon comenzó a batir sus enormes y brillantes alas, dejando que la luz del sol se reflejara en sus escamas para hacerlas más luminosas, se mantuvo a unos cuantos centímetros del suelo y comenzó a balancearse graciosamente por la pista, como si estuviera bailando con una pareja imaginaria.
Desde el túnel, May disfrutaba de la vista en primera fila.
Pudo contemplar las alas de Flygon ondularse con el viento, lento, tal como había tratado de hacer un día anterior, antes de lastimarse.
El pokémon esperó el momento oportuno, justo cuando una corriente de aire le rozó la punta de su ala para moverla graciosamente, como un listón, provocando por el choque del aire un sonido hermoso, semejante al de una nota musical.
Los espectadores ahogaron un grito de sorpresa, al igual que May, observaban boquiabiertos como el hermoso Flygon estaba produciendo un hermoso sonido con sus alas, balanceándolas a velocidades diferentes para ofrecer una melodía delicada y hermosa.
May no cabía en su emoción, contemplando cada detalle con asombro.
Drew le había contado que Flygon era comúnmente representado como la personificación del espíritu del desierto, como si se tratase de un pokémon místico.
Que su sentido del oído se viera hechizado por lo que estaba presenciando, la hicieron entender por qué.
Flygon finalizó su acto con un adorable gruñido que salió de su garganta, como una exclamación de felicidad, se deslizó suavemente hacía abajo, a la altura de su entrenador, que lo contemplaba maravillado y lleno de orgullo, ambos se lanzaron una mirada feliz e hicieron una elegante reverencia.
Los festejos no se hicieron esperar entre el público, todos recuperaron el aliento y comenzaron a soltar porras en señal de aprobación, jamás habían visto nada igual.
Drew ni siquiera vio su calificación en el tablero, caminó directamente al túnel con Flygon volando a su lado, esperando encontrarse con May, que los miraba con expresión maravillada.
Tenía una mano en el pecho y le brillaban los ojos.
— Flygon, me dejaste sin palabras, era esto lo que querías mostrarme ayer ¿Verdad? — Preguntó May, mirando al pokémon con los ojos llorosos, como si hubiera tocado una fibra sensible en sus sentimientos.
Entonces, mientras la vista de Drew se iba aclarando, pudo darse cuenta de un detalle que, sin saber exactamente porque, le removió el estómago.
May tenía pequeños raspones en sus piernas y brazos, no se veían frescos, algunos ya tenían costra y un leve tono rojo acompañaba el borde de las heridas.
Por su aspecto y los extraños arándanos, no tuvo que pensar mucho para entender la escena y adivinar lo que había pasado.
De alguna forma, May había logrado percibir su inquietud, ella parecía haber estado tan preocupada por él a tal grado, que se aventuró a encontrar esos arándanos y se los había entregado como gesto de buena suerte.
Y no solo eso, se había puesto en peligro al buscar en quién sabe dónde, acompañada por la mera descripción de la chiflada de los pokeblocks para buscar algo de lo que ni siquiera estaba segura que estaba ahí.
La vista se posó nuevamente en las heridas de su compañera.
May había ido a buscar esos arándanos para entregárselos a él.
Ese pensamiento, le provocó un extraño calor en el pecho.
— Los ojos de Flygon se parecen a los arándanos ¿Verdad? — Preguntó la joven de ojos azules.
— Si — Repuso Drew, acarició la cabeza de Flygon y observó a la chica frente a él — Solo que, los ojos de Flygon no fueron los que me dieron buena suerte.
Ambos se sostuvieron la mirada en silencio, sin darse cuenta de que la enfermera Joy los observaba desde el lugar de jueces, emocionada por la idea de ver a dos de sus coordinadores favoritos compartir un momento tan lindo.
