MIEL


Mis pokémon y yo necesitábamos un respiro y las aguas termales de Lavaridge Town eran el lugar perfecto para descansar.

De acuerdo a las indicaciones en la ruta, Port City estaba cerca y desde ahí, tenía que tomar un barco para llegar a mi destino.

Estuve cerca de lograrlo, de no ser porque me había encontrado con una apicultora y su casita en medio de la ruta, estaba tan fascinada por su tarea y el hecho de que no hubiera nada más alrededor, que no me percaté de que tenía que partir desde hace mucho para alcanzar el último barco.

Me despedí torpemente de la mujer, pero ya era demasiado tarde.

Apenas había logrado llegar a una pequeña montaña alta a unos cuantos metros más adelante para contemplar a lo lejos el navío desaparecer, solo se veía el mar y la suave espuma que el motor había dejado como rastro.

Diablos, había pasado justo lo que no quería que pasara.

Quería llegar ese mismo día a Lavaridge Town para descansar y moverme a mi próximo destino, pero bueno, estaba a tiempo y un día de retraso no harían la diferencia, tendría que pasar la noche en Port City para irme a primera hora por la mañana.

Suspiré con pereza.

— Eso te pasa por distraída — Me regañé.

El sol ya se estaba escondiendo, así que imaginé que terminaría de oscurecer en una hora. Las indicaciones en la ruta se terminaban a esa altura y no tenía muy claro cómo llegar, así que decidí ir con la apicultora para pedir indicaciones.

Volví sobre mis pasos y comencé a avanzar con prisa en dirección a la casita de la adorable mujer, una cabaña pequeña, de madera obscura y de un piso, lo más destacable eran las dos cajitas de colmenas en la parte trasera de su jardín.

Ella todavía estaba justo dónde la dejé, de pie en la entrada, regando sus plantitas.

Ya no tenía su traje puesto y en cuanto me vio a la distancia, puso las manos en la cadera, cosa que me hizo recordar a mi madre.

— No quería decírtelo querida, pero era imposible que llegaras al muelle desde acá, todavía tendrías que llegar a Port City para tomar el barco

Me reí nerviosamente, avergonzada.

—Por eso he tenido que volver — Me rasqué la cabeza — ¿Me puede indicar como llegar al puerto? Es que las señales solo llegan unos metros más adelante.

Ella asintió y avanzó hasta ponerse a mi lado, justo en medio del camino.

—En realidad no está lejos, solo tienes que seguir esta vía, derecho, como si continuaras el camino que forma el pasto de forma natural, vas a llegar a un lugar dónde el camino se corta y se divide en dos ¿Sí? Esta parte es la importante.

Yo asentí, tratando de concentrarme en sus indicaciones

—El segundo camino, tiene una ligera desviación, hace que parezca que son tres vías, pero no, no son tres, solo son dos, tienes que tomar el de la derecha, el que tiene la pequeña desviación, no tomes la ramificación de él, de otro modo, darás una vuelta enorme en vano. Te lleva al mismo lugar, pero tardarías más tiempo.

— Oh

Bueno, no era tan complicado, ¿Cierto?

Solo tenía que tomar el camino de la derecha.

Fácil.

—¿Has entendido? — Preguntó

—Creo que sí, solo no tengo que tomar la desviación de la derecha ¿Es correcto?

Ella asintió

—Sí, te prometo que es fácil, aunque ¿Sabes? — Ella se removió, inquieta — ¿Por qué no te quedas aquí? Mañana puedes irte y tomar el barco de la tarde, podría ser peligroso que andes por ahí sola.

Moví la cabeza

—Le agradezco mucho, pero tengo que declinar su oferta, quisiera tomar el primer barco de la mañana para llegar temprano

Ella torció el gesto y me lanzó una mirada preocupada.

Eso me pareció extraño.

¿Qué la tenía tan alerta?

—Espera un momento ¿Sí? — Pidió.

La adorable señora dejó la escoba en la entrada de su casa y entro rápidamente por la puerta principal, pude escuchar un poco de revuelo adentro y después, salió dando saltitos con un frasquito en la mano, sujetándose su mandil azul.

—Por favor, llévate esto.

Me extendió un tarrito de miel, cubierto con tapa azul.

—Pero, no podría — Retrocedí, alzando las manos.

—Oh no, por favor, insisto — Me sujetó las manos y depositó el frasco ahí —Llévalo, por si acaso, tómalo como un regalo de esta viejecita.

No pude evitar sonreír.

—Muchas gracias, estoy segura de que a mis pokémon les encantará.

—Nada me alegraría más — Giró la cabeza suavemente y observó el cielo —Deberías apurarte, no quiero imaginar que tendrás que estar afuera tú sola.

Me lanzó una última mirada, suplicante.

—¿Segura que no quieres quedarte?

Guardé el frasco en la bolsa del costado de mi mochila.

—Muchas gracias, pero creo que debería apurarme.

Ella me sonrió, mortificada.

—Ten mucho cuidado.

Le sonreí para tranquilizarla, comencé a avanzar sobre el camino, y levanté la mano para despedirme de ella.

—Lo tendré, ¡Hasta luego!

La verdad, es que no me preocupaba en absoluto pasar la noche en el bosque, en mis viajes con Ash, había aprendido lo suficiente de Brock para cuidarme bien.

Ese pensamiento me hizo sentir nostálgica, recordarlos me hacía sentir un poco sola.

Es cierto que viajar así era agradable, significó un gran reto adaptarme al comienzo, principalmente porque empecé a preocuparme por cosas que antes no tenía contempladas, porque alguien más se encargaba de ellas.

Aunque, no todo había sido tan malo.

Mi estilo de pelea comenzaba a pulirse un poco, además, había encontrado a personas nuevas e interesantes. Había tenido oportunidad de encontrarme con otros coordinadores y viejos conocidos.

Especialmente con Drew.

¡Nuestros encuentros se volvían cada vez más emocionantes! Ni él podía negar que estaba progresando mucho.

No exageraba al decir que nuestras batallas me dejaban sin aliento, y el público apoyaba la idea, hasta cierto punto, ambos estábamos haciéndonos más y más conocidos.

Además, desde hace un buen tiempo había dejado de ser tan arrogante conmigo.

Si bien, seguía soltando comentarios sarcásticos, en realidad, había aprendido que era más bien su forma de bromear.

Había caminado por unos cuantos minutos, hasta que el camino se perdió frente a mí.

Noté la ausencia de pasto, lo que me daba a entender que estaba en el punto donde el camino se dividía en tres posibles rutas.

Era eso de lo que hablaba la apicultura, y aunque recordaba que explícitamente me había pedido que no tomara la desviación, me sentí frustrada con lo que tenía frente a mí: Todos lucían exactamente iguales.

El primero, definitivamente no era el indicado, había dicho que tomara el segundo sin irme por la desviación, pero es que... ¿Cómo saberlo?

Contemplé ambos caminos y al final, decidí tomar el que lucía más grande, era el más notorio y seguro ese era el correcto.

Los rayos anaranjados del sol se escondían cada vez más, lo que me indicaba que la noche estaba cerca, así que, era mejor darme prisa.

Comencé a adentrarme con paso firme y rápido, ya estaba un poco más cerca que antes y la verdad es que, aunque no había caminado demasiado, si tenía muchas ganas de llegar a descansar en una cama.

El hecho de pensar en armar una fogata y dormir en mi saco de dormir me estaba causando cierto conflicto, quería llegar lo más rápido posible al puerto.

De pronto, escuché ruiditos en el arbusto que estaba frente a mí.

Mis dedos se deslizaron entre mi bolsa, buscando una pokeball.

Si se trataba de un pokémon salvaje, había aprendido que bastaba solo con correr ayudándome de mis compañeros, me había tocado entender a la mala que tratar de enfrentarse a ellos, a veces tenía consecuencias, especialmente si viajaban en grupo.

—Cállate Alan, va a escucharnos — Susurró alguien, la voz venía del arbusto.

Pude ver dos figuras pequeñas entre la sombra, distinguí el sonido de las hojas removerse y después, otra vocecita contestar.

—¿Eres tonta? Yo creo que ya se dio cuenta.

Del arbusto, una cabeza de color amarillo se asomó, era un Pikachu, pero lucía bastante desproporcionado, era mucho más grande que uno real.

Además... ¿Desde cuándo un pokémon podía hablar?

El Pikachu levantó los brazos, pero no eran de un pokémon, eran de un humano, cortitos y rellenitos.

Por Arceus, lo que faltaba.

Un mutante.

—¡¿Qué estás haciendo?! — Otra figura se abalanzó sobre el Pikachu, este tenía una cabeza de un Charmander, jaló de los brazos al Pikachu y lo metió de nuevo en el arbusto.

—Te digo que no hay de qué preocuparnos — Escuche al Pikachu hablar — Mira, ya estaría corriendo si tuviera miedo.

Los arbustos comenzaron a moverse nuevamente y las dos figuras salieron a la luz: Eran del tamaño de un niño.

Avanzaron con paso lento, tratando de mantenerse erguidos para que las cabezas se movieran lo menos posible por su andar.

Las cabezas parecían emitir un sonido hueco, como si estuvieran hechas de cartón, una sábana negra les cubría el cuerpo y solo podía verles los bracitos, que sujetaban una caja de cartón con un lazo por en medio.

No pude evitar sonreír y solté mi pokeball.

Tan solo, eran dos niños pequeños disfrazados.

—Hola, soy May — Caminé hacia ellos, sintiéndome más segura — ¿No es muy tarde para que dos niños estén tan solos por aquí?

Ellos no dijeron nada, la figura del Pikachu se escondió detrás del Charmander.

—¿Ustedes hicieron sus trajes? — Insistí, tratando de ganarme su confianza.

—No son trajes — Bramó el Charmander, supe por su voz, que era un niño.

— ¡No seas grosero, Alan! — Dijo el Pikachu, en un tono de voz más agudo — No hagas eso, queremos dulces, no hacer que se vaya.

— El punto era asustarla y después pedirle dulces, Aileen — Respondió Alan.

— Pues yo solo quiero dulces — Repuso la niña, Aileen.

Pero, ¿Qué demonios? ¿Dos niños a esas horas en plena ruta para pedir dulces?

No parecían perdidos, es más, parecían confiados, como si estuvieran acostumbrados al bosque.

— ¿No es muy rápido para disfrazarse? Todavía no es noche de brujas —Contesté

Ambos ladearon la cabeza, como si pudieran lanzarse una mirada confundida a través del cartón que tenían puesto en sus cabezas.

— ¿Cómo qué no? — Preguntó Alan, después, le soltó un golpe en la frente al Pikachu — Eres una tonta, me apresuraste a salir para nada.

La niña comenzó a sollozar.

—No tienes por qué ser tan grosero, Alan— La defendí y avancé hacía ella.

—Pensamos que se nos hacía tarde — Dijo la niña, escondiéndose de nuevo en la espalda del Charmander cuándo vio que me estaba acercando — Nos apresuramos a salir para disfrutar de la noche de brujas en la ciudad de a lado, pero, al parecer hemos salido un poco más temprano.

El chico bufó.

—¿Ves cómo eres tonta? No pasa nada, solo tenemos que quedaros aquí para pedirle dulces de miel a los que se aparezcan en el camino — Se acercó a la niña y le acarició la cabeza — No es tan difícil ¿Verdad, hermanita? Pero si queremos dulces de miel tenemos que empezar ya.

Los dos se tomaron de la mano y sujetaron sus cajas, después, giraron sus cabezas en mi dirección, avanzando a pasitos, haciéndome retroceder.

No podía verles las caras, pero podía sentir que estaba mirándome fijamente.

—Dulce o truco — Vocearon a coro.

Sentí como una gota de sudor me resbaló por la nuca

— Lo siento — Dije — No tengo dulces.

— No te preocupes — Dijo Alan.

La niña, Ailéen asintió para reafirmar lo que su hermano había dicho.

— Solo queremos dulces de miel, nada más.

—No tengo dulces de miel — Repuse — En serio lo siento, pero, ¿Por qué no vamos a Port City? Podemos caminar juntos, allí podrían encontrar a más personas que seguro tengan lo que piden, y bueno, es un poco tarde, el sol ya se escondió, es peligroso que se queden.

— No podemos irnos de aquí — Dijo el niño mientras el Pikachu le sujetaba el hombro.

—¿Por qué no? — Pregunté extrañada

— Porque necesitamos dulces de miel — Repuso, como si fuera obvio.

Traté de buscar en mi bolsa, pero no tenía ningún caramelo, levanté las manos vacías.

— ¿Lo ven? Nada

Las cabezas bajaron la mirada y soltaron sus cajas.

—Dice que no tiene dulces de miel — Susurró la niña.

Hasta ese momento, me estaba divirtiendo genuinamente con la situación, sin embargo, de forma abrupta, el ambiente comenzó a volverse pesado.

Los niños se quedaron frente a mí, sin moverse, como si de pronto un robot se hubiera quedado sin baterías y, para mi sorpresa, su aura dulce y brillante se tornó densa y... ¿Cómo explicarlo? Un poco sombría, lo que me causó un extraño sentimiento de inquietud.

Comencé a sentir mucho frio y un temblor me recorrió el cuerpo.

—Queremos dulces de miel — Repitieron ambos.

Sus voces se tornaron lúgubres, ya no sonaban tiernas e infantiles.

—Pero, ¿Qué diablos? — Susurré.

Comencé a sentirme incómoda, como si la obscuridad de los árboles y mi propia sombra me estuvieran consumiendo, un extraño sentimiento, similar al de sentirme sofocada, comenzó a pesar, justo en los hombros.

¿Qué sucedía con esos niños?

El miedo en mi pecho comenzó a subir de forma gradual, la diversión que estaba sintiendo se vio disuelta y como un acto reflejo, comencé a correr.

Pude escuchar en mi espalda sus pisadas, corrían detrás mío tanto como se lo permitían sus cortas piernas.

Avancé torpemente entre las ramas de los árboles, y me escondí entre los arbustos, con la respiración acelerada

¿Qué diablos estaba pasando? Hasta hace unos pocos minutos estaba hablando con dos adorables niños y ahora, sentía como si estuviera enfrentándome a dos presencias desconocidas.

¿Qué debía hacer?

¿Usar a mis pokémon para pelar?

¡Eran solo niños! ¿Verdad?

Inconscientemente, me aferré a esa idea, pero, si eran solo niños, ¿Por qué me sentía tan... aterrada?

Sujeté mi pokeball y saqué a Beautifly

Pude ver como trató de abalanzarse sobre mí apenas salió, pero como si hubiera percatado de que algo no estaba bien, se escondió bajo mi brazo.

Sin duda, no se trataba de nada bueno.

—Beautifly, necesito que vueles tan alto como puedas y me digas cuánto falta para llegar a Port City — Pedí.

Beautifly se removió rápidamente en mi brazo y de forma abrupta, sentí como algo se pegaba a mi oreja.

— Dulce o truco — Susurró alguien en mi odio

Esta vez, no fui capaz de reprimir un grito, me levanté de golpe y tomé otra pokeball

— ¡Beautifly, ve! — Le grité a mi compañera, que se perdió entre las nubes y el obscuro cielo.

Esta vez, llamé a Blaziken, que apareció frente a mí con un aura protectora.

—Blaziken — Me acerqué y le sujeté el brazo — No sé qué está pasando, pero solo quiero irme de aquí, por favor, vayámonos de aquí, Beautifly regresará pronto para indicarnos el camino que hay que tomar.

Blaziken me lanzó una mirada de desconcierto, pude verlo en sus ojos, sin embargo, se arrodilló frente a mí y me señaló su espalda, para que subiera.

—Queremos caramelos de miel

Esta vez, se escuchó como si fuera un sonido fantasmagórico, aterrador, grave, como si de pronto esa presencia inocente se hubiera desvanecido totalmente y algo verdaderamente horripilante estuviera conmigo, justo detrás de mí.

Me sujeté bien fuerte a la espalda de Blaziken y cerré los ojos.

Podía sentir como Blaziken corría en zigzag, regresaba el paso, daba volteretas y me sujetaba fuerte en caso de que fuera a hacer un movimiento brusco, como si estuviera esquivando algo.

Sin notarlo, nos vimos envueltos en una persecución que duró mucho desde mi perspectiva.

Levanté la cabeza para contemplar la obscuridad, la densidad del bosque y del cielo que se extendía en mi cabeza, pudo haber sido hermoso de no ser porque de alguna manera, ahora estaba envuelta en esta extraña situación.

¡Por Arceus! No podía dejar de sentir mucho miedo.

Sentí los hombros de mi compañero tensarse bajo mis dedos. Blaziken apretó el paso, tan rápido que el viento me rozó la cara con más fuerza y violencia, apenas podía ver lo que había frente a nosotros, sin embargo, alcancé a distinguir lo que estaba sucediendo.

La figura de una de esas cosas, la de la cabeza de Pikachu nos bloqueaba el paso, estaba levitando y se veía un poco transparente, como si fuera una presencia fantasmagórica.

Cuando Blaziken trataba de avanzar, aparecía la figura del Charmander en la otra dirección.

Intenté mantener la cabeza fría para meditar mis opciones (Que no eran muchas) y sentí como el alma regresó a mi cuerpo cuándo pude distinguir la silueta de Beautifly en el aire, dando vueltas en el cielo.

— ¡Beautifly! — Grité

Regresé la cara al frente, con decisión.

Bien, Blaziken podía escapar perfectamente de esa situación.

Daba igual, esas cosas no eran niños, así que un ataque frontal, sería la mejor opción, una patada ígnea o algún tipo de movimiento bastarían para quitarlo del camino de una vez por todas.

Ya me daba igual quemar todo el bosque.

— Blaziken, ataque de frente y sigue a Beautifly, vayámonos de aquí.

Me alcé un poco en la espalda de mi compañero y le clavé la mirada con decisión a la figura del Charmander frente a nosotros.

No iba a moverse y nosotros tampoco.

Solo faltaban unos metros más para acercarnos y asestar el golpe.

— ¡Roserade, danza de pétalos!

Blaziken se detuvo de golpe y yo giré el cuello con brusquedad.

Frente a nosotros, un bonito remolino de pétalos rosados se extendió para desintegrar aquella figura, se hizo tirones y poco a poco, se desvaneció en el aire.

Busqué frenéticamente entre los árboles, esperando encontrarme con el dueño de aquella voz.

Sabía perfectamente quien era.

Me bajé de un salto de la espalda de Blaziken y corrí en dirección hacia la danza de pétalos.

Pude ver a Roderade avanzar hacia mí, levantó sus bracitos y me hizo señas, tenía el rostro lleno de angustia y a su lado, pude ver la figura de Drew, acercándose con paso veloz.

No sé qué era lo que estaba esperando, un saludo quizás, o probablemente una sonrisa socarrona de su parte, pero apenas estuvimos de frente, me clavó los ojos con enojo.

Tragué saliva.

Me sujetó de la mano rápidamente y me hizo avanzar, siguiéndolo.

—¡Rápido! —Gritó.

No fui capaz de comprender completamente que era lo que estaba sucediendo, había algunas opciones en mi cabeza, pero ninguna de ellas importaba, porque, al menos ahora, ya no me sentía sola.

—¿Acaso no puedes evitar meterte en problemas? — Me regañó — ¿Qué pensabas al ir directo a esa cosa con Blaziken?

—¡No fue mi culpa! — Balbuceé — ¡No sé cómo pasó esto!

Dimos la vuelta, siguiendo a Beautifly en el cielo.

—Te metiste justo dónde casi todos los de Port City no quieren entrar — Lo escuché jadear.

—¿De qué hablas?

—En el puerto, algunos se quejan de que esta ruta está maldita

La respiración comenzó a fallarme, sentía que ya no podía correr y los oídos comenzaron a zumbarme.

¿Qué acababa de decir? ¿Cómo que una ruta maldita?

Recordé a la adorable apicultora, y sobre cómo me había insistido para pasar la noche en su casa

¿Tan difícil era advertirme?

Si ella me lo hubiera dicho entonces sin duda no hubiera decidido adentrarme al bosque sola.

Sentí que las piernas se me estaban enredando y los pies se me resbalaron en la tierra.

Caí al suelo, llevando a Drew conmigo.

No hubo tiempo de reaccionar, ni Blaziken pudo meter el cuerpo para evitar que ambos cayéramos al piso.

Pensé que iba a regañarme, pero lejos de estar molesto, se acercó con tranquilidad a mí.

—¿Estás bien? — Preguntó.

Pude notar preocupación en su voz y en su rostro.

—Si — Susurré.

El golpe fue tan sorpresivo que de mi mochila algunas cosas salieron volando, traté de avanzar hacia ellas, pero Drew me detuvo.

—Eso ya no importa — Me clavó los ojos — Tenemos que salir de aquí.

Traté de incorporarme.

Drew tenía razón, lo más importante era salir de ahí

La figura del Pikachu apareció de nuevo, frente a nosotros.

Nos tensamos en el piso, pude ver de reojo el rostro de Drew, lleno de decisión, cosa que me hizo sentir más segura para plantarle la cara a lo que sea que fuera esa cosa.

Todos nos plantamos firmemente en el suelo, listos para pelear.

De pronto, sentimos como el ambiente empezó a relajarse, esa extraña aura densa y obscura comenzó a dispersarse.

La figura de la niña, comenzó a hacerse más y más pequeña mientras avanzaba, no hizo ademán alguno de atacarnos, cosa que confundió a nuestros compañeros, que se lanzaron miradas desconcertadas.

La niña tomó el frasco de miel del suelo, lo sujetó victoriosa y poco a poco su imagen fue cambiando a una más redonda y pequeña

—No puedo creerlo — Susurró Drew, que abrió los ojos tanto como yo cuándo la figura de un Gastly comenzó a desaparecer entre los árboles, con el tarro de miel.

Hice un repaso mental de lo que había sucedido, desde mi encuentro con la apicultora hasta ese momento y no pude contener una carcajada.

—¿Lo que quería era la miel? — Susurré.

Drew me miró, desconcertado.

—¿Qué es tan gracioso?

Me toqué la frente.

—Ya lo entiendo — Le dije con una sonrisa — La ruta no está maldita, tan solo, hay un Gastly travieso, ya había escuchado que los de tipo fantasma son algo revoltosos y que les gusta jugarles bromas pesadas a los humanos y a otros pokémon pero, no pensé que...

No pude evitar soltar otra risita, incapaz de completar la frase.

—Y yo que realmente quería probar esa miel — Dije con lastima

Me sacudí un poco el polvo y le tendí la mano a Drew.

— Imagino que como la gente del puerto no lo sabe, le adjudicaron una maldición para encontrarle una explicación lógica a lo que sucedía — Contestó el chico frente a mí.

Se levantó de un salto con ayuda de mi mano y nos quedamos mirándonos un rato.

Le lancé una mirada a mis pokémon y a su Roserade, que continuaban con la vista fija en el bosque.

Es posible que Beautifly hubiera dado con Port City y al ver a una persona que conocía saltó a pedir ayuda.

No despegué la mirada de Drew.

¿Cómo lograba siempre estar en los momentos cuándo más necesitaba ayuda?

—Gracias por venir a ayudarme — Dije de forma sincera

Se movió el flequillo en forma de burla

— Mira que tienes talento para meterte en este tipo de situaciones — Dijo Drew, caminó frente a mí y giró la cabeza, para lanzarme una sonrisa encantadora

— ¿Qué esperas? Ya no tienes miel para salvarte el cuello por si otro Gastly aparece ¿Verdad?

—¡Puedo cuidarme sola! — Le reproché, tratando de alcanzarlo.

De pronto, Drew se detuvo a medio andar, sacó algo de su bolsillo y lo contempló, en silencio.

Aquello me preocupó, no decía ni una palabra y su mirada se perdió en la lejanía.

—¿Drew? — Pregunté.

Error.

Se giró y ahora me miraba fijamente.

Aquello resultó vergonzoso.

—¿Estás bien? — Volví a preguntar.

Entonces, Drew tomó mi mano con delicadeza y colocó un objeto de madera en mis dedos.

—¿Y esto?

—Es un atrapasueños — Contestó.

Su tono me hizo refunfuñar.

—Sé lo que es — Me quejé — Eh... Acaso... ¿Me lo estás regalando?

Alzó los hombros.

—Supongo — Contestó — Lo necesitas más que yo.

Soltó mi mano y retomó el camino.

—¿A qué te refieres? — Pregunté, indignada.

Beautifly, Blaziken y Roserade se hablaban en susurros, el peliverde lo notó y les lanzó una mirada en forma de regaño.

—¿Qué miran? — Preguntó con molestia.

Mientras me apresuraba a apretar el paso y ponerme a su altura, abracé el objeto contra mi pecho.

Un atrapasueños...

Lo mirara por donde lo mirara, aquello podía considerarlo un regalo, él había dicho que lo necesitaba más que yo, pero incluso esas palabras que había usado para hacerme enojar se las había llevado el viento.

Sentí que una sonrisa tonta apareció en mi rostro porque lo único en que podía pensar, es que ahora tenía un amuleto de buena suerte.