PICNIC
En realidad, ya había perdido la cuenta de todas las veces que Solidad me había arrastrado a una situación similar, y no es que sus peticiones fueran descabelladas o molestas, el problema era que solía hacerlo con cosas que no me interesaban demasiado.
Sin embargo, tenía que admitir que su insistencia para que fuera al picnic literario que la escuela había organizado con tantas ganas no me había tomado con la guardia baja, pues los profesores se habían encargado de darle difusión a la actividad a más no poder, lo tomaron tan en serio que ya se habían encargado de pedir los permisos correspondientes para utilizar una sección del parque de la ciudad, con el argumento de darle difusión a la lectura y de proponer actividades abiertas para todo el público.
Además, me gustaba leer y necesitaba un respiro de la poca acción que había en mi monótona cotidianidad, de todas formas, tenía pensado ir por algunos libros aún si Solidad no me hubiera hecho la invitación para pasarme a una de las actividades de las que era supervisora.
Se negó a contarme sobre su labor, pero no tenía expectativas positivas respecto a ello, ya que, al pensar en el concepto de picnic literario, todo lo que había en mi mente era bastante soso.
Ya me estaba haciendo a la idea de que sería solo como un día de campo hasta que, entre los árboles, pude apreciar el panorama mejor.
Había algunas mantas de todos los colores y con diferentes estampados acomodadas por todo el pasto, las personas lucían bastante cómodas recostadas en el suelo sosteniendo algún libro en la mano, se podía notar en seguida que esa era la sección de los que preferían estar solos con su lectura.
Del otro lado, había una gran sábana extendida con una canasta al centro a rebosar de libros y muchos niños alrededor, mirando asombrados a la persona que les estaba leyendo un libro, gesticulando teatralmente para atraer la atención de los pequeños.
Justo detrás, se encontraba otro grupo de personas corriendo para llegar a la meta en el otro extremo del parque, dónde los organizadores estallaron en celebraciones cuándo un niño de rosadas mejillas fue el primero en llegar, lo alzaron por encima de sus hombros, y le entregaron una bolsa llena de libros.
Un poco más allá de la sección de juegos, se encontraban algunas mesas de madera a la altura del suelo, dónde estaban los aperitivos que reconocí del taller de cocina, los había visto trabajar en ellos durante algunos días y por supuesto, estaban a la venta, ya que era parte de la recolección de fondos para la escuela.
Prepararon emparedados, aguas frescas, postres, dulces, tartas y ensaladas, todas puestas en porciones decentes, no había nadie en las secciones de lectura con comida, imaginé, que, por obvias razones, solo era posible consumir los alimentos en esa parte designada del parque.
Justo al lado de la sección de comida, había unas carpas de lona blanca colocados en zigzag, entre ellos, pude distinguir a Solidad, que me devolvió la sonrisa cuando comencé a avanzar hacia ella.
—Drew, pensé que no vendrías — Dijo mientras posaba las manos a ambos lados de su cintura.
—Sí, claro — Respondí en forma de burla — Sabes perfectamente que iba a venir.
Ella soltó una carcajada, asintiendo
—¿Trajiste el libro? — Preguntó
—Claro — Dije mientras buscaba en mi mochila — ¿Quieres decirme de que se trata? No entiendo por qué tengo que traer uno a una feria donde se supone que yo deba recibirlos, no entregarlos.
Ella sonrió ampliamente
—Tranquilo, recibirás uno, solo que de una forma más divertida y única.
Alcé la ceja.
—¿Cómo es eso?
—Nuestro puesto es un truque de libros — Dijo mientras señalaba la mesa frente a nosotros — Tú nos das un libro y nosotros te damos uno equivalente a cambio.
—¿Eso significa que no puedo elegirlo?
Ella sonrió.
—Más o menos, pero tiene que ser equivalente, o sea que, si me traes "El alquimista", entonces podrías llevarte "El coleccionista" — Hizo gesto de desagrado.
Negué con la cabeza, alzando la comisura de los labios.
Solidad pocas veces solía mostrarse con una expresión así, a menos claro, que fuera sobre los libros, dónde solía tener una opinión bastante fuerte sobre sus favoritos.
—Descuida, no tengo nada de Paulo Coelho en mi repertorio — Dije mientras extendía el libro en sus manos.
—Mejor — Concedió ella, mientras sujetaba mi libro y le echaba un vistazo — Así que, "Corazón diario de un niño" ¿Eh? Este libro es un clásico.
Alcé los hombros.
—No es mi favorito, pero, como no sabía de qué iba tu sección decidí traer algo viejo, para ser honesto, ese libro no me encanta así que puedo desprenderme de él sin problemas.
Solidad continuó hojeando el libro.
—Qué curioso, una persona trajo el miso libro hace un rato.
—¿De verdad?
Mi amiga removió los libros cuidadosamente y levantó la copia de la que hablaba, se notaba un poco más desgastado que el mío.
Me lo entregó.
Las hojas estaban algo dobladas, pude ver por encima de algunas páginas que estaba lleno de anotaciones con lápiz, y de reojo, alcancé a distinguir algo colocado en medio de las hojas.
Un sobre.
Levanté la cara, esperando que Solidad no se hubiera dado cuenta de lo que había encontrado.
Carraspeé.
—¿Puedo llevarme este libro?
Ella alzó una ceja y me lanzó una mirada suspicaz, se cruzó de brazos y sonrió de lado.
—¿Seguro? Te estarías llevando el mismo ejemplar que me trajiste — Puso una mano en su cintura — No le veo mucho sentido.
Me sacudí el cabello.
—En realidad, creo que te conviene — Le dije — Imagina que me llevo otro libro, tendrías dos copias de "Corazón diario de un niño" — Levanté el libro entre mis dedos y señalé el que le había entregado — Entre más variedad tengas, mejor, además, esta copia está un poco maltratada.
Mi amiga se tocó el mentón suavemente, como lanzándome una mirada curiosa por saber que me traía entre manos, sin embargo, cerró los ojos y soltó un suspiro.
—Tú ganas, Drew — Dijo mientras alzaba las manos en son de paz — Puedes llevártelo.
Esta vez yo le lancé una mirada suspicaz, pues el tono que usó, me daba a entender que se olía que algo andaba mal.
Era mejor mantenerse lejos de ella cuándo se ponía en modo detective, de otro modo, terminaría por adivinar algo.
—Entonces, iré a ver cómo marcha el picnic — Le dije mientras me daba la vuelta y levantaba la mano, a modo de despedida.
—Dime si encuentras algo interesante ¿De acuerdo?
Caminé entre el pasto, evadiendo velozmente a las personas que pasaban corriendo, me adentré entre las mantas que había por el suelo y elegí con la mirada, una sábana color rojo alejada de todo el tumulto de gente.
Verifiqué que no estuviera sucia y me senté con un suspiro, tomé el libro de "Corazón diario de un niño" y busqué con prisa el sobre.
El papel era mucho más blanco a comparación de las amarillentas hojas del libro, parecía que estaba recién hecho y me jugaría a decir que lo habían puesto ahí adrede.
Dentro del sobre, había una hoja doblada a la mitad.
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¡Hola!
Fuiste el/la afortunado/a de dar con esta carta.
Estaba revisando entre mis libros viejos y encontré este, lo releí y me di cuenta de lo mucho que me gustaba cuándo era más pequeña, esa nostalgia me hizo sentir mal, los problemas que se desarrollan en la vida de los niños de la historia y sus soluciones, me hicieron darme cuenta de que, conforme crecí, todo se volvió un poco más monótono.
Estoy un poco aburrida y tengo un poco de ganas de pasarla bien este día, yo también quiero aportar mi grano de arena hoy.
Tengo un par de tareas para ti y me gustaría que las llevaras a cabo, ¿Qué dices? ¿Quieres divertirte conmigo un rato? Es la oportunidad perfecta de aprovechar el picnic.
Será como ser niños otra vez.
Si la idea no te gusta, puedes pasar de esta carta y entregarle el libro a alguien más.
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Me enderecé de golpe y eché un vistazo a mi alrededor, como para estar seguro de que estaba completamente solo.
¿Qué clase de broma era esa?
Pensé en devolverle el libro a Solidad, quizá alguien estaría más interesado en los juegos de niños.
Yo tenía cosas más importantes que hacer, como, por ejemplo, buscar un libro interesante nuevo e irme a casa, preparar mis cuadernos para la semana de clases y seguir con mi estúpida y aburrida semana.
Igual que siempre.
No pude reprimir un suspiro al pensar en eso.
Yo era la primera persona que comenzaba a quejarse de mi rutina y ahora que me había encontrado con algo interesante, estaba pasándolo por alto.
Bueno... Quizá, tenía un poco de tiempo antes de regresar a casa.
Sujeté la carta nuevamente y la abrí para terminar de leer.
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¡Qué bueno que te hayas quedado! A continuación, habrá una lista con ideas que cosas que podrías hacer.
1.- Compra un libro nuevo que jamás elegirías como primera opción, tendrás que leerlo, si no, no tendría caso.
2.- Acércate a la sección de comida y pide algo.
3.- ¿Qué tal van los juegos? ¿Por qué no te unes a uno?
4.- ¿Por qué no tratas de hacer amigos nuevos? Quizá deberías preguntarle a la persona a tu lado por su postre favorito.
5.- ¿Qué tal está tu talento para dibujar? Podrías tratar de hacer un dibujo del picnic.
6.- Hay una sección de lectura para niños ¿Y si les lees un cuento?
7.- Elije una figura de la sección de origami, no cuenta que elijas la más fácil, si no, no tendría caso.
8.- Salta en una pierna cada que veas una flor roja.
9.- ¿Qué es de un día de picnic sin una foto?
10. - ¿Qué tal escribir una historia de lo que hiciste hoy? Para no olvidar este día.
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Aunque había diez en total, solo fue necesario leer algunos pocos para darme cuenta de que, en realidad, era una lista demasiado fácil de cumplir.
Tampoco podía consumirme demasiado tiempo ¿Verdad? Igual no tenía que hacerlos todos, solo algunos cuantos.
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1.- Compra un libro nuevo que jamás elegirías como primera opción, tendrás que leerlo, si no, no tendría caso.
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Solo había una opción en mi cabeza: "Juventud en éxtasis". Era un libro bastante fácil de encontrar y solo fue necesario darme una vuelta entre algunas carpas cerca de la mirada desconcertada de Solidad para dar con él.
Pensé por unos segundos que no tenía que gastar mi dinero de esa manera, pero, de todas formas, me mentalicé para autoconvencerme de que lo necesitaba para darle una releída y recordarme lo malo que era.
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2.- Acércate a la sección de comida y pide algo.
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Una tarea aún más sencilla.
Paseé la cara en las tablas de madera, estaban casi al ras del suelo y se podía utilizar el pasto como asiento.
Contemplé la comida con atención, había visto a los chicos del taller de cocina de la escuela trabajar en ellos, invitaron a algunos alumnos de otros salones para la cata de postres y yo lo había rechazado, porque eran demasiado ruidosos, sin embargo, lo que vi en las mesas me dejó maravillado.
Había ensaladas de frutas, verduras y algunos panes salados y dulces, ligeramente dorados y con un bonito color brillante, pude notar algunas cosas suaves y esponjosas, aperitivos pequeños que se podían llevar en vasos o platos pequeños que tenías que devolver para evitar contaminar el parque, aunque todo lucia muy bien, mi vista se posó en un vaso de fresas enteras y los sándwiches Montecristo.
Compré ambas cosas y me desplacé a una de las mesas más cercanas para comer con tranquilidad.
Las fresas eran dulces y estaban en el punto preciso de lo ácido de la crema, el sabor se veía compensado con el sabor a mantequilla de los sándwiches y el queso fundido, que se derretía en mi boca en cada mordisco.
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3.- ¿Qué tal van los juegos? ¿Por qué no te unes a uno?
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Bueno, definitivamente era algo que no me hubiera animado a hacer en otras circunstancias, pero, bueno, ¿Qué más daba?
Ya lo estaba haciendo.
Decidí probar suerte en la tradicional carrera de sacos, me sorprendí a mi mismo cambiando mi actitud a una más competitiva cuándo un enano de unos ocho años de edad estaba por alcanzarme, tuve que dar un salto enorme para tratar de igualar su ritmo, sin embargo, no lo logré
Maldije internamente al niño y decidí seguirlo al siguiente juego, un improvisado juego de bolos gigantes. Pensé que el niño lo había notado porque en ocasiones me devolvía la sonrisa con gesto burlón cuándo mi tiro fallaba o solo terminaba por tirar unos cuantos botes.
Sin saberlo, me vi envuelto en una especie de batalla silenciosa con él por ver quién sería capaz de ganar más veces, influenciado por la mirada retadora del mocoso, causándome una emoción abrasadora en el pecho por el deseo de competir.
Pude reconocer entre el público a algunos compañeros del salón que me miraban desconcertados, y aunque en realidad me tenía sin cuidado lo que pudieran pensar, tenía que admitir que me la estaba pasando bien.
Después de un juego o dos, tenía un montón de libros nuevos en mi mochila, mi ropa estaba algo sucia y tenía mucha sed, motivo por el cual decidí detener mi participación en los juegos y dirigirme nuevamente a la sección de comida.
Pude ver a lo lejos a Solidad, y luego de comprobar que apenas llevaba hora y media en el picnic decidí que era momento de parar, llevé unas fresas para Solidad y compré un agua dulce de limón para mí.
Pude ver, como mi amiga soltaba una enorme risa cuándo me vio avanzar hacía ella.
—Admito que pensé que estabas a punto de ganar en el juego de bolos — Me dijo
Refunfuñé
—El enano tiene ventaja por su tamaño — Le dije mientras le extendía el vaso de fresas, me devolvió una sonrisa como agradecimiento y comenzó a saborear su postre.
—Me da gusto ver que te diviertes — Respondió — Y estoy gratamente sorprendida, creo que ni en lo más profundo de mis sueños llegué a pensar en la posibilidad de verte divertirte como lo estuviste hoy.
Me encogí de hombros, sintiéndome repentinamente avergonzado.
Supe por la risa que soltó Solidad que pudo notarlo, sin embargo, decidió no seguir diciendo nada más al respecto, cosa que agradecí internamente.
—Tampoco fue tan malo — Respondí quedamente.
Brevemente, mi mano se posó en mochila, dónde tenía los premios y el libro de "Corazón diario de un niño".
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Será como ser niños otra vez.
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Eso decía la carta.
No pude evitar sonreír silenciosamente, pese a no haber hecho las otras cosas de la lista, en realidad, me la había pasado bien.
—Será mejor que me vaya — Repuse
Solidad revisó la hora
—Pues, es bastante temprano aún, ¿Por qué no te quedas?
—Fue divertido mientras duró, pero tengo cosas que hacer.
Ella asintió.
—Bueno, pues te veo el lunes en la escuela
—Tenlo por seguro.
Cuando estuve seguro de que Solidad no me tenía en la mira, saqué el sobre del libro una vez más, lista para darle una leída nuevamente, guiado por la mera curiosidad de saber qué otras cosas decía la carta.
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¡Qué bueno que te hayas quedado! A continuación, habrá una lista con ideas que cosas que podrías hacer.
1.- Compra un libro nuevo que jamás elegirías como primera opción, tendrás que leerlo, si no, no tendría caso.
2.- Acércate a la sección de comida y pide algo.
3.- ¿Qué tal van los juegos? ¿Por qué no te unes a uno?
4.- ¿Por qué no tratas de hacer amigos nuevos? Quizá deberías preguntarle a la persona a tu lado por su postre favorito.
5.- ¿Qué tal está tu talento para dibujar? Podrías tratar de hacer un dibujo del picnic.
6.- Hay una sección de lectura para niños ¿Y si les lees un cuento?
7.- Elije una figura de la sección de origami, no cuenta que elijas la más fácil, si no, no tendría caso.
8.- Salta en una pierna cada que veas una flor roja.
9.- ¿Qué es de un día de picnic sin una foto?
10. - ¿Qué tal escribir una historia de lo que hiciste hoy? Para no olvidar este día.
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La verdad es que mientras más lo leía, más ridículo me parecía todo.
Menos mal las cosas que me había animado a hacer entraban en mi concepto de normalidad y tampoco hacía sido tan terrible, después de todo me había divertido lo suficiente.
¿Quién se había atrevido a hacer semejante cosa?
Estaba seguro de que se trataba de alguien de la escuela o al menos, de alguno de los organizadores del picnic, ya que su lista estaba hecha pensando en el picnic como escenario principal.
¿Quizá había sido la misma Solidad?
Tuve que descartar la idea, no sonaba como algo que ella haría.
Solté un suspiro y guardé la carta en el libro nuevamente, quería conservarlo como parte de una experiencia extraña y divertida, quizá no tenía a nadie a quien contársela, pero era una buena anécdota para guardar en mi mente.
—¡Drew, cuidado!
Levanté la vista por instinto cuándo escuché mi nombre, pero era demasiado tarde.
Una chica de cabello castaño y ojos azules tenía la cara a escasos centímetros de la mía, pude ver en su rostro lleno de pánico cuándo trató de agarrarse de mis hombros para no caerse, sin embargo, fue inútil, pues mis reflejos fueron más rápidos y alcancé a moverme para recargarme en el árbol más cercano, sacrificando la copia de "Corazón diario de un niño" y a la chica, que cayeron al suelo con un sonido sordo.
—Maldita sea — Dijo ella — Te lo advertí.
No pude evitar suspirar.
Podía reconocer su voz y sabía perfectamente quien era.
—Siempre causando estragos ¿No, May?
Eché un vistazo alrededor, ante la mirada desconcertada de otras personas, que observaban la escena divertidos.
May tenía una pelota en la mano, deduje que participaba en los juegos del picnic, corrió y perdió el equilibrio al tratar de detenerse cuándo se dio cuenta de que iba a chocar conmigo.
Se sacudió torpemente las rodillas, creí que comenzaría a quejarse o algo parecido, pero en lugar de eso, se levantó soltando una sonora carcajada.
—Debiste ver tu cara, Drew.
Rodé los ojos por su comentario.
May era una compañera del salón de clases, con la que sorprendentemente no lograba llevarme demasiado bien, era demasiado ruidosa, gritona y todo se lo tomaba con demasiada positividad, cosa que me irritaba mucho.
Parecía divertirse demasiado de la vida y eso ya era para mí, exasperante.
Era como si viviera en un mundo de diversión eterno.
—Oh, lo siento — Repuso rápidamente al ver mi cara y se agachó para sujetar el libro que se me había caído.
Noté como sostuvo el libro, con demasiada atención.
Me dio un poco de pánico pensar que ella podía hojearlo y encontrar la carta, así que traté de tomarlo por mi cuenta, pero me detuve en seco cuándo volvió a soltar una carcajada.
—De todas las personas que hay aquí, esto fue a parar justo contigo — Repuso.
Alcé la ceja.
—¿Perdón?
Ella extendió la mano con el libro entre los dedos y me dedicó una enorme sonrisa.
—¿Te divertiste haciendo las cosas que escribí en la carta?
Abrí los ojos.
¿Entonces era ella la autora?
Claro que más o menos me imaginé que alguien del colegio estaría implicado, pero de todas las personas del colegio, no esperaba que fuera la escandalosa May Balance.
Seguido de ese pensamiento llegó otro, ¿Solidad no se habría dado cuenta?
Busqué con la mirada a mi amiga y aunque estaba un poco lejos de mi ubicación, creí haberla visto sonreír fugazmente en mi dirección.
Sonreí para mis adentros.
Claro, era absurdo pensar que Solidad no lo sabía.
Es más, ya hasta me estaba imaginando que May se lo propuso y Solidad había aceptado divertida por lo que podría ocurrir, seguramente vio la oportunidad cuándo vio que casualmente, yo había llevado el mismo libro.
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Estoy un poco aburrida y tengo un poco de ganas de pasarla bien este día, yo también quiero aportar mi grano de arena hoy.
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Algunas frases de su carta fueron llegando a mi mente en forma de flashbacks.
Tenía que admitir que, a pesar de ser desconcertante, la situación me estaba divirtiendo un poco, además, siempre resultaba gracioso hacerla rabiar.
Ella parecía alguien radiante, pero me había dado cuenta de algo.
May estaba tan aburrida de la monotonía, quizá tanto como yo, solo que, a diferencia de mí, ella había tratado de hacer algo para afrontar su aburrida realidad.
—En realidad, creo que pude haberlo hecho mejor — Le dije.
—¿Qué podrías saber tú? — Me reprochó — Eres la amargura personificada
Me acomodé el flequillo
—¿Quieres probarme? Es más, estoy seguro de que podría ganarte en todos los juegos que hay en el picnic.
Pude notar como le brillaron los ojos, emocionada ante la idea de competir
—Pruébalo, señor perfecto — Sonrió — Demuéstrame que no eres un tipo aburrido.
No pude evitar sonreír.
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Será como ser niños otra vez.
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Planeaba divertirme como nunca lo que restaba del día
