CANASTA


Se había dado cuenta de que probablemente estaba perdida desde que dejó de percibir los pasos de su entrenador en su espalda y se encontró con un hermoso bosque con árboles de tronco ancho y copas llenas de hojas tan verdes y brillantes como su cuerpo.

Drew y sus pokémon estaban en Olivine City para descansar un poco antes de moverse a su siguiente concurso.

El coordinador se había percatado de que Roselia estaba más curiosa de lo normal por la ciudad apenas llegaron, pero lo que Drew no sabía era que su compañera se encontraba fascinada por el sonido de unas campanitas que él no lograba percibir, pese a eso, la siguió divertido entre los árboles hasta que, luego de un rato, el pokémon se encontraba solo.

Ding, dong, ding, dong

Roselia se giró sobre sus piecitos cuándo escuchó ese sonido de nuevo, el que estaba persiguiendo antes de perder de vista a su entrenador.

Afinó la vista y pudo distinguir movimiento entre los árboles.

Una chica de cabello obscuro y largo apareció entre los rayos del sol, llevaba puesto un kimono rosa con detalles violetas y amarillos, semejante al diseño de una mariposa, tenía un moño morado en su cabeza y unos altos zapatos de plataforma color negro.

Un Spritzee estaba con la misteriosa chica, se movía de un lado a otro para avisarle que por fin habían encontrado lo que estaban buscando.

—¡Oh! ¡Con que aquí estás! — Exclamó al ver a Roselia, que buscó con la mirada a los lados, para estar segura de que se estaba refiriendo a ella.

Flu, flu — Canturreó el Pokémon rosado.

La mujer del kimono asintió.

Flu, flu — Respondió con una sonrisa.

No fue el hecho de que parecía hablar con su Pokémon lo que sorprendió a Roselia, lo que si llamó su atención fue que tenía entre sus manos, yacía una pequeña canasta cilíndrica de mimbre con un listón atravesado.

La joven levantó la canastita hasta posarlo a la altura de su oído y esperó unos segundos, como si estuviera escuchando algo del fondo con atención.

Roselia ya había visto canastas así antes, pero se sintió atraída de inmediato por el objeto cuándo reconoció el sonido de las campanitas salir de él.

¿Qué podía decir al respecto? Se consideraba a sí misma como un alma curiosa.

—¿Rose, rose? — Preguntó.

La pelinegra se agachó hasta posarse a la altura de Roselia, clavándole sus preciosos ojos violetas.

—Me llamo Valerie — Dijo — Siento ser tan repentina, pero, queremos pedirte un favor ¿Puedes?

Roselia ladeo la cabeza, atenta.

Podía sentir que Valerie no era una mala persona, es más, emitía una especie de aura mística y agradable, su presencia irradiaba aún más que el verde e iluminado bosque.

—¿Sabes dónde te encuentras? — Preguntó Valerie, quería estar segura de que el pokémon no estaba desorientado, siempre le causaba pesar mandar a un pokémon por instrucciones de sus aliadas sin especificaciones, así que prefería cerciorarse.

Roselia asintió.

—Que lista — Dijo Valerie mientras le dedicaba una sonrisa, aliviada y encantada con la criatura, luego se acercó muy despacio a ella, como si quisiera que ninguna palabra se le escapara de los labios — Escucha, nadie más podría hacerse cargo de esto, ellas me guiaron a ti.

Roselia escondió la cara entre los ramos de sus manos, avergonzada.

—Quieren que tú las lleves al faro de Olivine City— Dijo Valerie mientras pasaba la canasta por arriba de su cabeza, aunque era pequeña entre sus manos era del tamaño perfecto para Roselia — ¿Puedes hacerlo? Solo debes seguir el camino derecho para salir del bosque, ahí arriba se encuentra el faro.

Roselia entonces se percató, de que la canasta tenía un dibujo del faro en la tapa, sujetó el cilindro para analizarlo mejor, luego de memorizar la imagen, asintió en dirección a la mujer y levantó sus bracitos mientras daba una pirueta en un pie, contenta.

—Fantástico — Sentenció Valerie, aplaudiendo por la gracia del pokémon.

Spritzee dio un parte de volteretas y luego de esa pequeña celebración ambos comenzaron a avanzar por el bosque y tal como el aura mística que emitían, ambos desaparecieron gradualmente, dejando a una maravillada Roselia, contemplando la nada.

Luego de unos segundos, sujetó la canasta y rozó la parte superior otra vez.

Entonces, lo único que debía hacer era llevar el objeto al faro y listo.

Comenzó a caminar, pero... Cayó en cuenta de que dependía totalmente de su entrenador para desplazarse.

Roselia se tapó la boca.

Definitivamente tenía que encontrar a su amigo, pero por otra parte... Se le había encomendado una importante misión, Valerie pensaba que era lista ¿Verdad? Por supuesto que podía hacerlo

Volvió a escuchar un sonido entre los árboles.

Al comienzo creyó que era la mujer con kimono y que había vuelto para darle algún otro tipo de indicación, pero se vio más aliviada y contenta cuándo a quien vio aparecer entre la luz del sol fue a May, la amiga de su entrenador.

—¿Roselia? — Inquirió la chica de ojos azules, sorprendida — ¿Eres tú? ¿Qué haces aquí?

Tenía puesta ropa mucho más casual, un vestido veraniego de color celeste y el cabello levantado en una coleta, la chica movió la cabeza a los lados, buscando evidentemente al coordinador.

— ¿No estás con Drew? — Preguntó, extrañada.

Estaba segura de que Drew no dejaría a Roselia sola, nunca.

Se agachó para examinarla ligeramente, quería saber si no estaba lastimada pero sus pétalos y su piel se veían rebosantes de vida, no lucía preocupada y tampoco perdida así que descartó la idea de que alguno de los dos estuviera en problemas

Sin embargo, seguía siendo extraño haberla encontrado sola ahí.

Roselia no contestó su pregunta, no tenía tiempo para eso. Sujetó una rama y trazó el dibujo que tenía en la tapa de la canasta, luego, levantó el cilindro y se lo mostró a May.

—¿Y esto? — Preguntó con curiosidad, trató de forzar la tapa para abrirla, sin éxito, parecía estar sellada.

Regresó la vista al suelo, observó el dibujo con atención y no tardó mucho en reconocerlo.

—Es el faro de Olivine City— Dijo

Roselia asintió, contenta.

— ¿Tienes que ir ahí? — Preguntó May

Roselia volvió a asentir y se balanceó de un lado a otro.

—Ya entiendo — Concedió la coordinadora — Seguramente Drew está ahí ¿Verdad?

El padre de May, Norman era originario Olivine City (al igual que ella) se habían mudado desde que era pequeña a Petalburgo City pero de vez en cuando podían permitirse de ir a Johto para entrenar o pasar el rato, conocía el lugar como la palma de su mano y sus pokémon podían andar por ahí sin problema.

Sin embargo, tenía rato que Beautifly no aparecía, su compañera solía perdía la noción del tiempo volando por el bosque, así que había decidido darse una vuelta para recordarle que tenía que regresar temprano, solo por si acaso.

Eso no la tenía preocupada, después de todo ella y sus compañeros ya estaban costumbrados a estar en Olivine City, pero ese no era el caso de Roselia y Drew.

—Entonces, vamos — Dijo May, se levantó y estiró las piernas — No está muy lejos de aquí, yo te llevaré para que te encuentres con Drew.

Roselia levantó las manos, victoriosa.

Definitivamente era un pokémon muy listo.

Ambas emprendieron su camino hacia el faro, Roselia iba por delante danzando por allá y por acá, dejándose guiar por el sonido de las campanas de la canasta, sonido que May tampoco podía distinguir, sin embargo, eso no le impidió admirar al pokémon, feliz.

Las veces que la había visto con Drew irradiaba elegancia y belleza, tenía una imagen específica de ella por ser compañera de su rival, pero en realidad era muy tierna y adorable.

Roselia iba de arbusto en arbusto, olfateando cada flor que se le aparecía de por medio, provocando en May unas enormes ganas de comérsela a besos.

No pudo evitar sonreír.

—No entiendo como alguien tan dulce como tú viaja con alguien como Drew.

Roselia se detuvo en plena vuelta y ladeó la cabeza en dirección de May, confundida por su comentario.

La coordinadora soltó una risita y señaló hacia adelante

Un par de árboles más adelante se encontraba el muelle y unos metros más adelante, una construcción de color azul, con una linterna apagada arriba.

—El faro está justo ahí — Dijo.

Roselia lanzó un grito triunfal y comenzó a avanzar, sujetando la canasta en alto.

May la siguió, no sin antes echarle una última mirada al bosque.

Había algo extraño y podía sentirlo, no era algo negativo, al contrario, a diferencia de otras ocasiones, Olivine City se notaba más radiante que nunca y era eso lo que la hacían sentir diferente, no podía decir con certeza que era, porque todo se veía exactamente igual, pero definitivamente, se sentía algo distinto en el ambiente.

Roselia no cabía en su emoción, estaba a punto de lograr lo que se supone era su misión con Valerie, pero se detuvo de golpe cuándo entre los rayos del sol y su estatura distinguió dos siluetas en la base del faro.

—¿Rose? — Inquirió Roselia, esperanzada de que quien estuviera ahí pudiera notarla, se movió un poco para bloquear los rayos del sol y soltó un pequeño grito de alegría cuándo se dio cuenta de que era su entrenador y junto a él, Beautifly se encontraba volando.

—¡Roselia! — Exclamó el joven, que la reconoció de inmediato — ¿En dónde estabas? — Inquirió en tono serio.

Se agachó para verla mejor, comprobó visualmente que estaba sana y salva y soltó un suspiro de alivio, pocas veces Roselia se comportaba de esa forma, pero era importante hacerle ver que no podía hacer de las suyas siempre.

Su vista se posó rápidamente en el objeto que tenía colgando.

—¿Y esto? — Inquirió — Beautifly también tiene uno.

El coordinador había pedido de vista a Roselia luego de avanzar unos metros entre los árboles del bosque, trató de llamarla y luego de un rato se encontró a Beautifly quien también tenía una canasta colgando de su cuello.

Beautifly se mostró eufórica al reconocerlo, el coordinador le explicó que Roselia se había perdido, se imaginó que probablemente May también habría perdido a Beautifly y ambos comenzaron una búsqueda en la que el Pokémon era el guía, por tener un campo de visión con un rango mucho más amplio.

Volvió la vista a Roselia y examinó de nuevo el objeto, parecía un trabajo bastante artesanal y pulido, como si hubiera sido hecho con delicadez y cuidado.

Beautifly se posó frente a Roselia, quien había ignorado el regaño de su entrenador, para saber con lujo de detalles lo que le había sucedido.

Intercambiaron versiones ante la mirada confusa de Drew, que no podía entenderlas y ambos pokémon se dieron cuenta de que les había sucedido lo mismo, habían escuchado ese agradable sonido y se habían encontrado a Valerie con la misma indicación: Llevar las canastas al faro.

Pareciera que Beautifly trató de decir algo más, pero clavó la vista al frente, soltando un suave canturreo cuándo su coordinadora apareció.

Drew se levantó cuándo la vio avanzar y sonrió.

Durante su viaje en Johto se habían encontrado en muchas ocasiones diferentes, ya no estaba sorprendido de encontrársela tan seguido y estaban un poco más acostumbrado a la presencia del otro, sin embargo, pocas veces la veía con ropa diferente.

—¿Qué hay, May? — Saludó Drew.

—Qué bueno que te encontramos pronto — Dijo May, posó su vista en Beautifly y sujetó la canasta con curiosidad —¿Tú también Beautifly? Roselia también tenía una cuándo la encontré.

—Gracias por cuidar a Roselia — Dijo Drew de forma sincera.

May levantó la mano, restándole importancia.

—No es nada, yo agradezco que hayas encontrado a Beautifly, pierde la noción del tiempo cuándo estamos aquí — Dijo May, regañándola sutilmente — No se puede controlar.

—¿Frecuentas ese lugar? — Preguntó el joven de cabellos verdes.

—Esta es mi ciudad de origen — Dijo con una sonrisa — De vez en cuando venimos a entrenar.

Drew guardó el dato en su memoria, por si acaso, luego, regresó la vista a las canastas que llevaban sus compañeros y recordó que May había dicho que al encontrarse con Roselia ya la tenía puesta.

Él creyó que May se la había entregado a su pokémon en caso de perderse, por el dibujo del faro, pero que Roselia apareciera con el mismo objeto y que May le diera a entender que estaban familiarizadas con el lugar lo hicieron descartar la opción de que estuviera perdida.

—Entonces, la canasta que tiene Beautifly no es tuya — Afirmó Drew.

May negó con la cabeza.

—Yo pensé que la canasta de Roselia era tuya — Respondió, rascándose la cabeza

Drew posó sus dedos en la barbilla, meditando sus opciones.

—Si no son tuyas ni mías, entonces, ¿De quién son? — Preguntó en un susurro.

—Son obra de Valerie — Dijo una tercera voz.

Los chicos volvieron la mirada a la puerta del faro, en dónde se encontraba un señor mayor, sujetando la entrada con una mano y con la otra, un bastón de color café.

—¿Quién es usted? — Inquirió Drew, a la defensiva.

—Buenas tardes, señor Artur — Repuso May rápidamente, interrumpiendo al chico.

Drew juntó las cejas, extrañado por el comportamiento de la castaña, May le lanzó una mirada sutil, lo que le hizo recordar que ella le había dicho que solía frecuentar Olivine City con sus compañeros, así que cambió su actitud a una más considerada.

El anciano sonrió como respuesta.

Tenía cabello canoso y vestía un atuendo de una pieza de color rojo.

—Que gusto verte aquí, May, ¿Cómo se encuentra tu padre? — Preguntó con una sonrisa

—Está perfecto — Repuso ella, avanzó hasta ponerse frente a él y señaló a Drew — Vengo con un amigo, señor Artur

Drew avanzó y extendió la mano.

—Lamento mi falta de tacto, soy Drew.

El anciano se hizo a un lado para dejarlos pasar al interior del faro

—Soy Artur, y no te preocupes, podemos dejar las formalidades de lado — Señaló con una sonrisa a Roselia y Beautifly, que seguían tratando de explicar entre ellas como habían terminado con esos objetos — Veo que Valerie anda haciendo de las suyas de nuevo.

Drew y May comenzaron a adentrarse, Drew sujetó la puerta y la cerró cuándo todos estuvieron dentro.

—¿Valerie? — Preguntó Drew.

Los tres comenzaron a subir las escaleras, acompañado del eco que el mismo pilar producía.

—Yo sé quién es— Repuso May — Es una diseñadora de modas y líder del gimnasio en Laverre City.

Drew levantó una ceja

—¿Ciudad Romantis? — Inquirió el peliverde — Pero, esa ciudad está en la región de Kalos.

Roselia y Beautifly seguían absortas en su burbuja de felicidad, emitían suaves sonidos con cada paso que daban para subir las escaleras, claramente contentas por la mención de Valerie.

—Sí, está en la región de Kalos, pero ella es originaria de aquí — Dijo el anciano — Es una líder de gimnasio muy capaz, tiene la mente de un estratega y además de ser muy fuerte, es un tanto peculiar.

Drew se tocó la barbilla, guardan la información en su mente.

—Ash me lo contó — Repuso May — Creo que esa peculiaridad que menciona es que ella puede hablar el dialecto de los Pokémon tipo hada ¿Verdad?

El anciano asintió y Drew parpadeó, sintiéndose repentinamente interesado, guardó silenció unos segundos y volvió a hablar cuándo llegaron a la cima del faro.

—Ya veo, pero, hay algo que no entiendo — Repuso Drew —¿Por qué está tan seguro de que ella tiene algo que ver en todo esto? Su gimnasio ni siquiera está aquí.

May asintió, como si de repente hubiera recordado que estaban en medio de un misterio y que en realidad parecía ser importante, el anciano sonrió por la reacción de ambos.

—Es solo una conjetura, pero estoy bastante seguro de que ella está implicada, además, ya les ha pasado a otros viajeros — Contestó — Valerie es... Especial, muchos misterios la rodean.

Drew suspiró, ante la poca información que estaba recibiendo, tratando de hilar todo en su cabeza, sin embargo, Beautifly, Roselia y May estaban intrigadas con la idea y ya se encontraban más que atentas a las palabras del señor del faro.

—Había escuchado rumores sobre eso — Dijo May — Se dice que "La doncella de una tierra con historia" Además de ser una buena entrenadora, es capaz de entrelazar el destino de las personas y sus pokémon por sus conexiones con el mundo mágico.

May se sintió repentinamente avergonzada por decir eso en voz alta, sonaba como un disparate.

El anciano cerró la puerta y se recargó en el barandal, atento al horizonte.

—La verdad es que es un misterio si Valerie tiene conexión con el mundo mágico — Dijo — Pero es una coincidencia que ya haya ocurrido antes.

—Bueno — Drew habló — Sea real o no, estoy seguro de que yo no le di esa canasta a Roselia.

—Quizá se trata de una broma — Repuso May, levantando los hombros

Artur la imitó.

—Nunca lo sabremos, hace mucho tiempo que no veo a Valerie por aquí, pero lo que...

Roselia y Beautifly llamaron la atención de los tres individuos, comenzaron a revolotear por el faro, sujetando las canastas con alegría, como si fueran una ofrenda a los rayos del sol.

—¿Qué ocurre? — Inquirió May, acercándose a ambas.

Ninguno de los presentes, salvo los pokémon, por supuesto, eran capaces de ver y escuchar las cosas que estaban ocurriendo, ellos no podían escuchar el suave sonido de las campanitas de las canastas, tampoco percibieron los destellos de luz emerger de los objetos para rodear a sus entrenadores, ante las miradas maravilladas de Beautifly y Roselia, que avanzaron a la par de las luces a sus entrenadores.

Beautifly se posó en la cabeza de Drew tal como hacía con May, gesto que le pareció conmovedor, Roselia por su parte, hizo una pequeña reverencia ante May, guiada por aquellos destellos.

Drew era un poco más racional, pero para su suerte, May no.

La chica sintió una fuerte conexión con Roselia, era fácil para ella percibir y asimilar las emociones fuertes, y quería, de alguna manera, poder transmitir esa conexión con Roselia a Drew.

Se dio la vuelta y le lanzó una mirada al chico con excesiva efusividad, cosa que sobresaltó un poco al muchacho, que no pudo evitar sonrojarse ante el acercamiento de la chica.

El anciano sonrió, admirando la escena.

Casi toda su vida, se había dedicado a cuidar del faro y hasta hace poco, ese extraño fenómeno había comenzado a suceder, fue curioso la primera vez que ocurrió con una pareja, pero cuándo siguió repitiéndose, decidió hacer conexiones.

La coordinadora había dicho que Valerie era capaz "de entrelazar el destino de las personas y sus pokémon", pero lo cierto es que esa situación, terminaba uniendo más bien a los propios entrenadores.

Cuándo Valerie era pequeña, solía pasar tiempo en faro, diciendo que sus pequeñas amigas le habían enseñado a comunicarse con los pokémon tipo hada, decía que le hablaban sobre el destino, enseñándole como tejer sus caminos para cruzarse finalmente por obra de sus canastas, objetos que, hasta dónde él sabía, ella había aprendido a hacer.

Pero, ¿Quién le había enseñado a hacer esas canastas? ¿Sus amigas? ¿A qué se refería Valerie cuándo hablaba de que le estaban enseñando a tejer el destino? Y ¿Qué eran exactamente sus amigas?

No estaba seguro de que Valerie tuviera conexiones con el mundo mágico, pero era evidente que, sin duda, había algo místico entre las miradas que el chico de cabellos verdes y la joven de ojos zafiros se lanzaban.

—¿Drew, te gustaría tener una batalla? — Preguntó May, son los ojos radiantes.

Drew sonrió de lado.

—Te propongo algo mejor

—¿Y qué es? — Inquirió May

—No he comido desde que llegué a Olivine City— Dijo

—Entonces, estás con la persona indicada para mostrarte las atracciones de este lugar — Repuso.

—Lo sé — Dijo el chico, lanzándole una mirada encantadora.

El corazón de May saltó con esa enorme sonrisa que el chico le dedicó.

¿Desde cuándo se veía tan radiante?

Aunque Beautifly ya estaba volando hacia la puerta para bajar del faro, Roselia se quedó unos segundos para contemplar entre los rayos del sol anaranjados como su entrenador sonreía de forma tan cálida, observó a la coordinadora, con la mano en el pecho y luego volvió la vista a Drew, que se había dado cuenta de que lo estaba observando.

Desvió la mirada, avergonzado.

Entonces, Roselia lo supo.

Definitivamente, era un pokémon muy listo.