ABANICO


¿Quién era el hombre frente a él?

Un samurái, un guerrero afable con honor intacto, normas morales regentes y mucho, pero mucho orgullo.

No tenía puesta la armadura, solo portaba un kimono color azul y un hakama negro, estaba sentado frente a una tabla de madera, iluminado únicamente por la luz de las veladoras en el cuarto.

Aunque en ese momento los samuráis comprendían una parte importante de la nobleza por toda su travesía histórica, se encontraban en peligro de desaparecer poco a poco, los tiempos estaban cambiando y ya nadie requería de ellos.

Sin embargo, había un pequeño grupo de nobles que se resistían al cambio y buscaban la manera de no quedar desplazados de la realeza, así que casar a sus herederos con los nuevos señores feudales era la forma más efectiva de hacerse camino.

Los samuráis podían tomar el poder por si solos, el problema era que ya no quedaban muchos de ellos, y por sobre todas las cosas, conservar su honor era lo más importante.

—¿Seguro que podrás hacerlo? — Preguntó al joven en su espalda, que levantó la mirada ante el llamado, clavándole los ojos.

¿Y quién era él?

Un mercenario, un especialista en el espionaje, el sabotaje y los asesinatos, capaz de cometer cualquier tipo de actos moralmente cuestionables.

En resumen, todo lo opuesto a un samurái, un ninja que podía realizar los trabajos que nadie se atrevía a hacer.

Portaba ropa común y simple, de color negro, ligera, sin lazos ni cordones para evitar que se enganchara a cualquier objeto si es que tenía que escapar, tenía puesta una cogulla que cubría la mitad de su rostro y solo dejaba al descubierto sus ojos verdes, afilados y sin una pizca de compasión.

No podía verle la cara, era mejor así, principalmente por la naturaleza de su contrato y porque en realidad, estaba conteniendo las ganas que tenía de clavarle un cuchillo por el solo hecho de atreverse a cuestionarlo.

—Si — Dijo de forma escueta.

No esperó una respuesta, simplemente salió de la habitación y se puso en marcha a la campaña de la dinastía Shingen, había hecho su tarea con anticipación y sabía perfectamente lo que tenía que hacer.

Para ese encargo en específico prefirió no llevar una katana o algún otro utensilio que pudiera estorbarle, llevaba consigo un kunai afilado, era mucho más limpio y preciso por su tamaño.

Sabía que la dinastía Shingen estaba transportando a su heredera de forma secreta, con apenas algunos samuráis en el perímetro de su casa de campaña para evitar llamar la atención, llevaban ya unas horas en el mismo punto y era momento de actuar.

Al comienzo pensó que era la persona equivocada, pero supo que era a quién estaba buscando cuándo vio a su objetivo, una muchacha de cabellos castaños esconder un abanico con la figura de un dragón rojo al centro, era el emblema de la casa Shingen.

Llevaban más de tres días viajando, era claro que la heredera estaba cansada y deseaba llegar a su destino de una vez por todas.

Anhelaba estar en casa, visitar los mercados sin tener que esconderse, deseaba poder visitar el estanque de peces koi y quería con todas sus fuerzas, dormir entre un par de sábanas suaves y esponjosas.

En cuanto puso un pie en su casa de campaña, soltó un suspiro

Hubiera deseado que la boda se aplazara un poco más de tiempo, pero sabía que era mejor hacerlo lo más pronto posible, por su bien y el de su gente.

El matrimonio no era una opción romántica, era una acción que le permitiría asegurar su futuro y tenía claro que debía hacerlo.

Se dejó puesto su kimono morado, se sentó entre los bultos de tela que usaba como almohada y dejó su abanico a un lado, soltó su cabello castaño y lo desenredó con sus dedos sutilmente, luego, comenzó a cepillarlo con una peineta verde.

Movió el cuello a los lados, tratando de disfrutar de su rutina nocturna antes de dormir, pero... Detuvo su mano en el aire cuándo se dio cuenta de que no estaba sola.

Podía sentir otra presencia en su espalda.

Bajó la mano y cerró los ojos.

—Sé que estás ahí— Dijo en voz alta.

El ninja de ojos esmeralda la observó con el semblante serio.

Acostumbraba a jugar un poco antes de hacer sus encargos, le gustaba alargar las cosas para su diversión y hacer que supieran que estaba ahí era parte de su ritual para infundir miedo en su víctima.

— Haruka, de la dinastía Shingen — Dijo el nombre de la chica en voz alta, mientras se paseaba por la tienda con paso lento, cauteloso — Dime ¿No llamaras a tus guardias? — Preguntó en tono burlón

Haruka no se doblegó al escuchar su voz.

Esperaba que fuera otra persona, pero cuando escucho su característico tono socarrón, lo reconoció en seguida.

Habían pasado apenas unos años, pero sonaba exactamente igual.

Resignada, tomó su peineta de nuevo y comenzó a cepillar su cabello otra vez.

—No te tengo miedo, Shuu — Dijo ella, con tono seguro.

El joven, Shuu, soltó un bufido.

—Ese ya no es mi nombre— Dijo él.

Comenzó a caminar peligrosamente hacía ella, visiblemente afectado de que ella hubiera osado usar su nombre y para colmo, en esa situación.

—Lo era cuándo éramos niños— Repuso la chica, con tono triste.

—Ya no somos niños — Contestó él, con acidez, tratando de demostrar que no le importaba.

Haruka cerró los ojos y comenzó a recordar.

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"—El legado de los samuráis y de la familia Shingen está por terminar, Haruka, llegado el momento, tendrás que elegir entre dos opciones.

La persona que hablaba era su mentor, un joven alto y esbelto, de cabellos rojos y rubios, de mirada decidida, posiblemente solo unos años mayor que ella.

¿A qué te refieres Ryuki? — Preguntó la niña, mirando más allá del cielo — ¿Puedo irme ya? Shuu está esperándome.

El joven se acercó a ella y le sujetó la mano, dejó un pesado abanico entre sus dedos, era de latón negro y en el centro, había un dragón rojo tallado con pintura.

Haruka lo reconoció en seguida, era el emblema de su familia, de la dinastía Shingen.

Por ahora solo escúchame — Pidió— Luego podrás irte con tu amigo.

La niña levantó la ceja, esperando a que continuara.

Tendrás que redimirte al matrimonio—Dijo Ryuki

Haruka arrugó la nariz ante esa idea, pero el joven continuó hablando.

Si es el caso, tendrás que aprender a defenderte, porque mucha gente estará sobre tu cabeza — Dijo en tono duro

Haruka bajó la mirada al escuchar esas palabras.

Lo sé — Dijo la niña.

Ryuki contuvo las ganas de golpear algo, era simplemente desagradable decirle eso a una niña, pero era mejor ser claros.

Tendrás que aceptar el matrimonio o en todo caso, oponerte a él — Sentencio.

Ella levantó la mirada, curiosa de lo que estaba escuchando.

¿Oponerme a él?

Ryuki asintió

En cualquiera de las opciones que elijas, tu vida estará en peligro y para eso estoy aquí

La niña miró el techo, ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? Solo tenía diez años.

Voy a enseñarte a luchar y a cuidarte sola — Dijo mientras soltaba el abanico en sus manos."

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Haruka sonrió ante el recuerdo.

Definitivamente, en ese momento era muy pequeña para entenderlo, pero ahora era plenamente consciente de lo que tenía que hacer.

El muchacho de ojos esmeralda contempló con cierta irritabilidad el semblante sereno de la chica.

No importaba que se hubieran conocido cuándo eran más pequeños, ahora las cosas eran diferentes, ella estaba bien acomodada y tenía un buen futuro, lo supo desde la primera vez que la vio, pero para su desgracia, él había tenido que encontrar otras formas de salir adelante con el paso del tiempo.

Daba igual que cada noche la recordara, daba igual que hubieran jugado a ser emperadores o conquistadores, a esas alturas, ya no importaban ninguno de esos sueños absurdos que tuvieron cuándo eran solo unos niños inexpertos.

Después de haberse ido, hubiera deseado no encontrarse con ella nunca más, hubiera querido seguir con su vida lejos de ese lugar, sin embargo, las circunstancias lo habían llevado de nuevo ahí y aunque al comienzo decidió no entrometerse, terminó aceptando, como una forma de matar ese maldito recuerdo sobre Haruka de una vez por todas.

Tomó su kunai con una habilidad sigilosa y se abalanzó sobre ella, con el silencio preciso de un ninja.

Haruka levantó la mirada con decisión cuándo lo escuchó acercarse.

Ella no era un ninja, pero era la heredera de la dinastía Shingen y podía defenderse como lo que era: Una Onna Bugeisha.

Sujetó con firmeza el abanico de latón entre sus dedos y lo levantó de golpe para desviar la estocada de Shuu.

Fue la primera vez que se miraron directamente a los ojos después de tantos años sin saber nada el uno del otro.

Ella admiró sus ojos esmeraldas, fríos como el mismo hielo y él, contempló sus mirada zafiro, tan decidida como cuándo quería escaparse del palacio con él, para ir al mercado de la ciudad o ver a los peces koi.

No voy a desperdiciar todo lo que Ryuki me enseñó, pensó la joven.

Shuu dio una voltereta en el suelo para volver a posicionarse, Haruka aprovechó el momento para incorporarse y caminar al otro extremo de la tienda, para utilizar el espacio del lugar y evitar que el joven tuviera alguna ventaja sobre su encuentro.

El chico de ojos verdes apenas fue capaz de procesar que ella hubiera desviado su golpe, sujetó el kunai hábilmente entre los dedos y saltó en su dirección, la muchacha respiro fuertemente y abrió el abanico, dejando entre ver la figura del dragón, dando a entender que estaba lista para pelear.

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"—¡Vamos Haruka! — Gritó Ryuki, tenía entre los dedos una katana corta.

La muchacha se incorporó, tambaleándose, tenía algunos cortes en las mejillas y en los dedos

No entiendo que estoy haciendo mal — Se quejó.

El muchacho de alocado cabello soltó una enorme carcajada ante la inocencia de su discípula.

Tienes miedo — Dijo — Y si tienes miedo el arma va a dominarte, por eso es que terminas cortándote.

Haruka se dejó caer en el piso.

¿Voy a lograrlo algún día? — Preguntó en voz baja

Ryuki se acercó a ella y le dio un suave golpe en la cabeza

Oye— Se quejó la chica de cabello castaño

Lo lograrás — Dijo

¿Cómo es que estás tan seguro? — Preguntó ella, un poco más animada

Porqué necesitas sobrevivir."

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Definitivamente, no iba a deshonrar a su mentor.

Haruka uso el abanico para desviar y protegerse de algunos golpes del kunai de Shuu, haciendo que el muchacho retrocediera poco a poco, cosa que le hizo sentir cada vez más confiada de sus movimientos.

Shuu mantuvo el ritmo sin problemas al comienzo, pero apenas hizo falta un leve empujón de parte de la chica para que su espalda chocara con uno de los muebles de la casa de campaña.

Haruka aprovechó ese momento para lanzar el abanico como si se tratara de un boomerang y asestar un golpe, el latón rozó la cogulla de Shu, formando un corte en la parte posterior de la mejilla, rasgando la tela y dejando al descubierto su rostro.

La chica de ojos azules admiró su cara unos segundos antes de que Shuu se impulsara con ayuda de sus manos para dar una voltereta y salir de ese rincón sin salida, necesitaba espacio para maniobrar.

Haruka sujetó el abanico, lo sacó del mueble y lo posó a la altura de su cara, aprovechando ese instante para observar su rostro.

—No has cambiado nada — Dijo ella.

Y era cierto.

La única diferencia que logró encontrar en la nueva versión de Shuu, era que las expresiones en su rostro se notaban más serias y endurecidas por el paso del tiempo.

Su vista se posó en su cabellera, un rasgo que Shuu no solía presumir con frecuencia, ya que era demasiado vistoso, pero para ella, era precisamente lo que consideraba único desde el primer momento en el que lo vio en el estanque.

—Extrañaba tu cabello— Volvió a hablar, pero esta vez, con tristeza

El joven no pudo evitar soltar una risa burlona, divertido por su comentario.

—No estoy aquí para celebrar nuestro reencuentro, Haruka — Dijo con desdén.

—Sé porque estás aquí — Dijo ella, que también sabía en lo que se había convertido, sin embargo, no iba a dejarse vencer tan fácilmente — Hazlo, si es que puedes — Lo reto.

Los movimientos de ambos luego de ese intercambio de palabras resultaban hechizantes, eran gráciles, hábiles y precisos, si otra persona los hubiera visto seguramente hubiera pensado que estaban en medio de un baile agresivo y violento, en dónde estaban compitiendo por la vida del otro.

Y aunque el samurái parecía llevar la delantera, Haruka cometió un error de principiantes.

Se confió demasiado.

Creyó tener el control sobre la pelea, por ser más menuda y veloz, pero además de la fuerza natural que Shuu tenía por ser un hombre, ella estaba prendada a su mirada y bastaron solo unos segundos en los que sus ojos se volvieron a encontrar para que ella flaqueara y Shuu tomara la delantera.

Se abalanzó sobre ella, con el kunai en sus manos.

Haruka logró reaccionar a tiempo, tomó el abanico para protegerse del kunai, que iba directamente a su cuello, maniobró inteligentemente para hacerlo perder el equilibrio, sin embargo, no fue capaz de quitarse completamente y su espalda impactó fuertemente contra el suelo, permitiendo que Shuu tomara el control de la situación, aprovechando que estaba encima de ella para ejercer la mayor cantidad de fuerza posible para que su kunai atravesara el abanico y llegara a la piel de su cuello.

La joven actuó rápido, cerró el abanico alrededor del objeto afilado y utilizó la misma fuerza de Shuu para lanzar ambos objetos al otro lado de la habitación.

Shuu consideró unos segundos ir por el kunai, pero eso lo dejaría desprotegido y tenía que terminar con su trabajo en ese momento, de otra forma, jamás podría terminar de dejar el pasado atrás.

La respiración de ambos comenzó a aumentar de forma gradual por la adrenalina, el peliverde colocó su antebrazo en el frágil cuello de la peli castaña, él vio como se le llenaron los ojos de pánico y la escuchó soltar un jadeo ahogado.

La mirada de Haruka, tan inocente, pura y al borde de las lágrimas era algo que simplemente no podía soportar.

Desvió la mirada, porque estaba seguro de que, si ella seguía mirándolo de esa manera, no iba a poder hacerlo.

Haruka rasguñó la tela del brazo de Shuu, se negaba a aceptar que no pudiera siquiera verla, así que con la fuerza que le quedaba, levantó las manos y sujetó sus mejillas, obligándolo a mirarla directamente a los ojos.

Shuu trató de resistirse, pero sentir el roce de su piel era demasiado para él y por tercera vez en ese día, sus miradas volvieron a encontrarse.

Hace unos minutos, ambos estaban llenos de determinación, seguros de hacer lo que sea que fuera necesario para mantener sus convicciones en alto, pero ahora, justo en ese momento, los ojos de Shuu y Haruka estaban llenos de dolor por lo que estaba sucediendo y por la forma en la que ambos sabían que iba a acabar todo.

Shuu se lamentó silenciosamente por no ser más fuerte, y Haruka lamentó no haber ayudado lo suficiente a su amigo cuándo eran más pequeños.

Las lágrimas comenzaron a surcar su rostro y notó con pesadez como él la miraba con expresión afligida y arrepentida.

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"Si decides casarte, tendrás que aprender a defenderte, porque mucha gente estará sobre tu cabeza"

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Eso había dicho su mentor, y hasta ese momento, esa era la única opción que encontraba para salvar a su dinastía

Sin embargo, Ryuki había dicho otra cosa también.

Recordó entonces, con un poco más de atención a sus palabras.

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"Tendrás que aceptar el matrimonio o en todo caso, oponerte a él, en cualquiera de las opciones, tu vida estará en peligro y para eso estoy aquí, voy a enseñarte a luchar y a cuidarte sola "

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Haruka no quería casarse.

No quería tener que sacrificar su libertad por el bien de otros y Ryuki lo sabía, la conocía demasiado como para saber que, aunque ella trataría de hacer lo correcto era probable que terminaría eligiendo su felicidad.

Ryuki sabía que se metería en problemas por eso y con la intención de ayudar, le había enseñado a ser una onna bugeisha.

Haruka trató de tragar saliva, buscando aire, se aferró al rostro de Shuu y habló.

—Escapemos — Dijo en un susurro ahogado.

Haruka no podía creer que esas palabras salieran de su boca, y Shuu tampoco, abrió los ojos como platos ante la petición de la chica.

Las imágenes de ellos cuándo eran pequeños y de la última vez que se vieron antes de que él decidiera comenzar una vida como un mercenario comenzaron a llegar a su mente.

El agarré de Shuu se fue aflojando cuándo comenzó a recordar sus momentos de felicidad cuándo tan solo eran unos niños, ajenos al mundo y la forma en la que las cosas debían ser.

— Vámonos de aquí — Volvió a decir Haruka en un susurro, con los ojos brillosos.

Esos ojos de nuevo, tan cristalinos como el mar que le gustaba contemplar en sus ratos libres. No quería admitirlo, pero la razón por la que le gustaba hacer eso era porque... Le recordaba a ella.

Haruka quería seguir observando su rostro, pero poco a poco comenzó a sentir como le fallaba la vista.

Shuu contempló con terror, como ella poco a poco se desvanecía en sus brazos y como si hubiera recibido una bofetada se apartó de Haruka, retrocedió como si el contacto de su piel quemara.

¿De verdad ella quería escapar?

Haruka se removió en el suelo y tomó una bocanada de aire enorme cuándo el chico se quitó de encima.

Estaba temblando, Shuu la había soltado literalmente en su último aliento.

La peli castaña se incorporó suavemente, tosiendo para recuperar el aire.

Ella pudo notar que Shuu se notaba afligido, el pecho le subía y bajaba por su respiración acelerada, así que se acercó a gatas para buscar entrelazar sus dedos, tratando de no asustarlo.

Quería hacerle ver que no lo odiaba por lo que había tratado de hacer, y también quería que supiera que sus palabras eran reales.

—Por favor — Pidió

Shuu abrió los ojos cuándo Haruka sujetó sus dedos, ella se acercó lento, como si estuviera pidiendo permiso, Shuu quiso moverse, tratar de evitarlo, pero al final, no fue capaz de apartarse cuándo Haruka escondió su cabeza en su pecho.

Fue ahí, cuándo volvió a cuestionarse.

¿Quién era Haruka?

Una Onna Bugeisha, heredera de la dinastía de samuráis Shingen, una guerrera afable, con honor intacto, normas morales regentes y mucho, pero mucho orgullo.

¿Y quién era Shuu?

Un mercenario, un especialista en el espionaje, sabotaje y asesinatos, capaz de cometer cualquier tipo de acto moralmente cuestionable, en resumen, todo lo opuesto a lo que era la mujer que ahora descansaba en su pecho.

Estaba seguro de eso, durante mucho tiempo solo existió esa verdad en su mente, pero ahora, ella se había encargado de darle una perspectiva nueva a las cosas con una mirada.

Fue ahí, cuándo lo entendió todo.

Ella, una mujer con honor admirable, era capaz de dejar su código moral a un lado con tal de escapar con él, y si las cosas hubieran sido diferentes, él hubiera sido capaz de convertirse en un hombre honorable solo para estar con ella.

Pero ahora, ya no podían tratar de hacer las cosas bien, sin embargo, si había otra salida.

—Escapemos — Volvió a pedir ella, quería que Shuu supiera que hablaba muy en serio.

El ninja extendió la mano y sujetó el abanico, le quitó el kunai y lo guardó en su espalda, después, colocó el objeto de latón entre las manos de Haruka y posó sus labios encima de sus dedos.

—Lo necesitaremos para el camino— Dijo — Para defendernos.

Shuu quiso seguir hablando, quería disculparse, quería decirle un montón de cosas, pero simplemente, no podía hacerlo, nada de lo que pudiera decir podía ayudarlo a redimirse de lo que estuvo a punto de hacer.

Haruka pudo entender sus pensamientos al observar su mirada llena de dolor, pero ya nada importaba, simplemente quería irse de ahí, con él.

Escucharon ruidos afuera, como si un pequeño grupo de personas estuviera acercándose, seguramente atraídos por los ruidos que se escuchaban en la casa de campaña.

Shuu se puso de pie de inmediato y sujetó a Haruka suavemente.

No había dudas.

Haruka sonrió débilmente y Shuu le acarició la mejilla, después, ambos asintieron, sonriendo con complicidad.

¿Lograrían sobrevivir?

Ninguno de los dos lo sabía, por ahora, solo quedaba correr por la extensa llanura de las montañas, lejos de lo que alguna vez significó ser un ninja y un samurái.