ATRAPASUEÑOS


Era casi una costumbre para Roserade y para mi dar una vuelta en los prados de las ciudades que visitábamos y como en Port City había un clima sensacional para las flores, ella estaba principalmente emocionada con la idea de explorar el lugar.

Quizá en otras circunstancias hubiera estado tan feliz como mi compañera, pero llevaba algunos días sin poder dormir adecuadamente por culpa de ese estúpido sueño que me despertaba a mitad de la noche y que estaba afectando visiblemente mi estado de ánimo.

Era el mismo sueño todos los días.

Comenzaba conmigo y Roserade caminando en medio de un espacio vacío y negro, de pronto, Beautifly y May aparecían a lo lejos, saludándolos con su singular alegría, yo me acercaba para hablarles, pero al avanzar unos cuantos pasos una especie de mancha transparente y negra surgía de la misma obscuridad y se abalanzaba sobre May, cubriéndola por completo de pies a cabeza, impiéndole moverse.

Ella me llamaba, podía escuchar sus gritos de angustia y yo trataba de tranquilizarla mientras corría para socorrerla pero, no importaba que repitiera su nombre con todas mis fuerzas, la voz no salía de mi garganta y era precisamente eso lo que me hacía entrar en una especie de estado de pánico que me terminaba por despertar de un sobresalto y con la respiración entrecortada, tardaba un poco en darme cuenta de que todo estaba bien y que estaba en mi habitación pero el resto de la noche no podía conciliar el sueño.

Esa situación me hacía estar más irritable de lo normal y quizá era por esa razón hasta las cosas más simples como el sol en exceso y aquel grupo de personas murmurando algo sobre una maldición en la ruta 121 me estaban tocando los nervios.

—¡Te digo que lo que vi es real! — Escuché decir a alguien, era un chico de camisa amarilla.

La persona a su lado, un joven de playera azul bufó con la nariz.

—No, no lo es, los fantasmas no existen — Respondió con firmeza — Además, ¿Cómo es que estás tan seguro? Solo viste una mancha negra.

El de camisa amarilla se sonrojó de la vergüenza y los otros comenzaron a reírse, luego, levantó los brazos al cielo, mirándolos con decisión.

—Entonces vamos juntos, mañana por la noche — Propuso — Si vamos todos las posibilidades de que nos asusten son menos, ¿Qué dicen? Así verán que lo que les digo no es broma.

Solté un suspiro exasperado por la conversación.

Sí, claro, fantasmas.

¿Por qué la gente se empeñaba en crear historias de ese estilo siempre?

Y peor aún

¿Por qué había personas que creían en ellas?

—¡Rose!

Bajé la mirada para observar a Roserade, su llamado parecía uno de atención, me miraba con preocupación y hasta ese momento no me había percatado de que tenía la cara arrugada.

Relajé los músculos del rostro.

Definitivamente mi compañera no tenía la culpa de que estuviera más susceptible de lo normal.

Me agaché hasta quedar a su altura y le dediqué mi mejor sonrisa

—Lo siento — Dije de forma sincera — Solo estoy un poco cansado.

Ella ladeó la cara.

—¿Rose, rose?

Negué con la cabeza

—No, no tenemos que regresar, nunca habíamos visitado esta ciudad, vamos al prado que tanto quieres conocer y veamos qué hay de interesante, descansaré después.

Ella dudó unos segundos, le lanzó una mirada a la ruta 121, con preocupación, ansiosa por llegar al campo de flores blancas y amarillas frente a nosotros.

—Tranquila, nada puede contra ti — La animé — No hay fantasmas.

Ella relajó el rostro por mis palabras y como si fuera un niño que no puede resistirse a un caramelo, comenzó a trotar, animada.

Observar su felicidad era todo un agasajo.

Se quedaba quieta en medio de los rayos del sol, dejando que la luz entrara en lo más profundo de sus poros, tenía los ojos cerrados y los brazos extendidos a los lados, como si en cualquier momento fuera a levitar, luego, daba una pirueta para demostrar su dicha y se dedicaba a admirar cada flor que se le cruzara en frente, aspirando su aroma y bailoteando por lo largo y ancho del jardín mientras que yo, solo deseaba que se aburriera lo más pronto posible para volver a tocar la cama.

Hubiera deseado dormir un poco mientras Roserade se quedaba en el prado, pero no quería arriesgarme a cualquier tipo de accidente por perder a mi amiga de vista y para ser honesto, no podía solo darme el lujo de privar a Roserade de una de sus actividades favoritas, así que lo mejor que podía hacer era esperar recargado en un árbol, con la mirada perdida al frente y con los ojos entrecerrados por los rayos del sol.

Nunca en mi vida me había sufrido de no dormir bien, y en realidad no sabía muy bien cómo afrontar esa situación, claro que había tenido sueños inquietantes antes, pero nunca ninguno me había perturbado tanto mis descansos por la noche como ese y no podía dejar de preguntarme el motivo.

Nunca había soñado con alguien y por supuesto que había sido una sorpresa enorme que fuera con mi rival, al comienzo pensé en llamarla, pero luego de meditarlo mejor, creí que era estúpido creer que era alguna especie de premonición.

Sí, claro, fantasmas, premoniciones... Toda una vil mentira.

Me levanté del árbol y comencé a caminar, con la intención de distraerme de mis pensamientos.

El lugar era precioso a pesar de no ser enorme, la tierra se sentía suave incluso por la suela de mis zapatos y bueno ¿Qué decir de la vista en general? Había una agradable combinación de flores moradas, rojas, violetas y anaranjadas esparcidas como confeti en la hierba.

Roserade avanzó conmigo, dando saltitos y dejando un leve rastro entre la hierba alta hasta que ambos nos detuvimos al darnos cuenta de que, frente a nosotros, había otras dos personas caminando en nuestra dirección.

Por instinto comencé a caminar más lento y guardé silencio.

—En realidad, usted es la invitada, así que sin duda debería presentarse— Dijo uno de ellos, era un hombre, alto, con ropa de vestir y cabello negro, un mechón rubio dividía su cabello en dos y se estaba colocando unos anteojos cuadrados.

—Lo haré, Kokuran — Dijo otra persona, una mujer — Pero sabes que no puedo ignorarlo.

Era una chica bajita, de la estatura de una niña, de larga cabellera rubia a la altura de los pies, su ropa era de color rosa pálido y llevaba un sombrero grande y esponjoso, los listones en su atuendo y cabello la hacían lucir como si fueran los pétalos de las flores del prado que nos rodeaba.

Su rostro lucía tranquilo y somnoliento, pero no se notaba cansada en absoluto, al contrario, parecía rebosante de vida.

—Entiendo, señorita Catleya — Dijo el hombre posando una mano en su pecho — Mis disculpas.

Ella alzó la mirada al cielo.

—Aprecio la puntualidad y la atesoro — Sonrió — Nunca dejaría esperando a nadie y menos si se trata de Cintia, además, no deberías decir algo tan vergonzoso frente a otras personas.

Ambos se detuvieron cuándo estuvieron frente a Roserade y yo.

La mujer, Catleya sonrió amablemente.

Roserade y yo nos lanzamos una mirada incómoda, apenados por haber escuchado su conversación aún si hubiera sido de forma involuntaria.

—Lo sentimos — Dije mientras hacía una leve reverencia, miré a mi compañera y ladeé la cabeza — Roserade, retirémonos.

Me di la vuelta para desaparecer, pero pude ver de reojo como la joven rubia avanzó hacía mí al tiempo que sujetaba mis manos con delicadeza.

—Luces cansado — Dijo con pena.

La acción tan repentina me sobresaltó, traté de alejarme por la sorpresa, pero me detuve cuándo sentí que sus manos se abrieron paso entre las mías, depositando entre el hueco un objeto pequeño y redondo.

—No tenga miedo, joven — Dijo el hombre de traje, supuse que había hablado al ver mi reacción — La señorita Catleya tiene algo importante que decirle.

Bajé la mirada para mirarle la cara, curioso.

—¿Perdón? — Pregunté bajito, un poco a la defensiva.

Ella mantuvo el mismo gesto tranquilo, intercambió una mirada con Roserade, que no hizo ademán alguno de atacar y luego de unos segundos ella apartó sus manos de las mías.

Mi compañera sujetó mi camisa, dándome a entender que podía estar tranquilo.

Pero, ¿Qué diablos? Apenas había intercambiado una mirada con la chica.

Levanté la mirada para observarlos, ¿Por qué todos parecían saber algo que yo no? Ese sentimiento me causó desagrado y me hizo sentir como un idiota.

— Los sueños tienen una forma curiosa de afectar nuestro subconsciente— Dijo Catleya — Lamento ser tan repentina, pero tenía que entregarle esto.

Esa simple frase bastó para descolocarme e irritarme todavía más.

Era una coincidencia ¿Verdad?

Que estuviera hablando sobre los sueños y que yo estuviera pensando en eso ¿No?

Si, sin duda, era solo una coincidencia.

—Si esto es una broma, no tiene que entregarme nada — Respondí.

Kokuran carraspeó.

— Las visiones de la señorita Catleya no son ninguna broma — Dijo con una mano en la espalda.

Alcé una ceja

—¿Qué visiones? — Pregunté incrédulo, mirando directamente a la joven rubia, esperando que ella me respondiera y no su acompañante.

Ella clavó los ojos en lo que había dejado en mis manos, animando a ver el contenido, era un atrapasueños en forma de llavero.

—No me creería si se lo contara — Dijo Catleya — Solo debe saber, que estoy aquí para ayudarle con aquellos sueños que le atormentan y por supuesto, para avisarle que no tiene que desconfiar de ellos.

Era demasiado para ser solo una coincidencia, no había compartido mi sueño con nadie, ni siquiera con Roserade.

Aún así, fui reacio.

—Creo que se equivocaron de persona — Dije con firmeza, tomé el objeto y lo extendí hacía la muchacha.

Catleya negó con la cabeza y retrocedió un paso hacia atrás.

—Yo nunca me equivoco — Dijo en tono indulgente, después, giró sobre sus talones y comenzó a avanzar hacía el hombre, que me miraba con severidad.

—Tiene suerte de que su subconsciente le esté afectando a tal grado de que la señorita lo notó y se tomó el tiempo de tratar de ayudarle — Dijo Kokuran — El obsequio que acaba de recibir simbolizan los buenos deseos de la señorita para con usted.

Levanté una ceja.

—¿Buenos deseos para qué? Es solo un atrapasueños — Estaba comenzando a exasperarme.

Levanté la mirada para encontrarme con sus siluetas unos pasos más adelante, perdiéndose poco a poco ante mi mirada confundida.

—Los atrapasueños no son solo catalizadores para los malos sueños, también proveen protección y bienestar a quien lo porta, puedo sentir a leguas que hay algo que no lo deja dormir bien, su intento de racionalizar le impide ver lo que está claro frente a usted.

— ¿Lo que está claro frente a mí? — Susurré

— Deje que su corazón lo guíe, si trata de encontrarle sentido a lo evidente solo logrará más aflicción y está claro que eso está afectando sus sueños — Dijo ella, sin dejar de caminar — Lo que desee hacer con el atrapasueños de ahora en adelante es cosa suya.

Me quedé ahí, plantando, con el objeto entre mis manos y con Roserade danzando entre la hierba, ajena a todo el revuelo que había causado esa mujer en mi cabeza.

Todo parecía muy sospechoso, comenzando por el hecho de que se acercó a mi como si tuviera la certeza de que algo me estaba sucediendo y habló como si supiera exactamente por lo que estaba pasando.

El atrapasueños entre mis dedos era redondo y de color rosado, cabía perfectamente en la palma de mis manos a excepción de las plumas, que sobresalían por su tamaño, los hilos del aro estaban entrelazados de tal forma que se asemejaban a los pétalos de una flor, además, estaba lleno de algunas cuencas de color verde y una perla brillante al centro.

Moví el atrapasueños a contraluz, causando un reflejo de colores que solo me hizo soltar un quejido y desviar la mirada.

— Diablos — Todavía estaba demasiado sensible de la vista.

—¿Rose, rose? — Inquirió mi compañera con preocupación, acercándose para cerciorarse de que estuviera bien.

Yo asentí y guardé el objeto en mi bolsillo.

—Lo lamento, creo que de verdad necesito descansar — Le dije a Roserade — No podemos presentarnos así a nuestro siguiente concurso ¿No crees?

No tenía cabeza para pensar, mucho menos después de esa extraña conversación con Catleya y Kokuran, lo mejor era mejor regresar a mi habitación en el centro Pokémon y tenía que tratar de dormir.

Mi compañera asintió, pude notar que no terminaba de creerse mi falso optimismo, estaba seguro de que iba a replicar cuándo noté que levantó uno de sus ramos y señaló hacía arriba, justo por encima de mi cabeza.

—¡Rose! — Gritó.

Hice sombra con la palma de mi mano encima de mis ojos para ver hacía el cielo,

Simplemente maravilloso, justo cuando estaba a punto de irme.

Enfoqué la vista al frente y entonces, sentí que el aliento se me cortó al divisar la figura de un Beautifly, acercándose a mí.

No, no es posible, pensé.

Tal y como si me hubieran cambiado de chip, me sentí más despierto que nunca, un extraño sentimiento de agitación inundó mi pecho, y sin pensármelo dos veces comencé a correr con Roserade a mi lado directo en las entrañas de la ruta 121.

Debe ser una broma.

—¡Maldita sea! — Grité mientras trataba de ordenar mis pensamientos.

La conversación de los niños hablando sobre la maldición de la ruta, recordar mi sueño y como una figura negra consumía poco a poco la silueta de May, ese extraño encuentro con aquellas dos personas en el prado y lo que ella había dicho... Todos los acontecimientos estaban haciendo ruido en mi cabeza

¿De verdad estaba maldita la ruta?

¿Será que May había tenido un encuentro desafortunado y mi sueño había sido una advertencia?

Kokuran mencionó que esa extraña mujer tenía visiones

¿Era eso posible?

¿Será que estaba relacionado con lo mismo y por eso me había dado el atrapasueños?

Diablos, tenía muchas preguntas en mi cabeza y ninguna tenía una respuesta sensata.

Beautifly comenzó a volar en círculos unos metros más adelante, pero lejos de estar un poco más tranquilo, la escena que se desarrollaba frente a mis ojos estaba poniendo a prueba mi capacidad de sosiego.

May estaba en la espalda de Blaziken, ambos en posición de combate, el pokémon estaba por abalanzarse en un ataque frontal a una figura fantasmagórica, esa silueta lucía tal como la de mi sueño, pero esta se notaba un poco diferente ¿Qué era? ¿Un Pikachu? Solo podía verle la cabeza.

Apreté los dientes

¿Qué diablos estaba pensando al hacer eso?

— ¡Roserade, danza de pétalos! — Grité.

La danza de pétalos se extendió en forma de remolino hasta la figura, la hizo tirones y los restos se desintegraron en el aire en segundos.

¿Qué demonios era eso?

Blaziken se detuvo de golpe cuándo vio el ataque y Roserade avanzó hacía May haciéndole señas, ella se bajó de un salto de la espalda de su compañero y pude ver cómo comenzó a buscar frenéticamente entre los árboles.

Una sensación de alivio me recorrió el pecho cuándo la vi, sana y salva, pero ese sentimiento se vio remplazado por el enojo rápidamente.

Pude ver como levantó la mano, como si quisiera saludarme, pero al ver mi cara trató de retroceder, apenas la tuve de frente le clavé los ojos, furioso.

Pude escucharla tragar saliva.

Ella miraba en mi dirección, así que seguramente no pudo ver que los pedazos de aquella figura comenzaron a unirse de nuevo como si fueran un rompecabezas, tomé la mano de May firmeza y comencé a correr en la dirección contraria, sin soltarla.

—¡Rápido! —Grité.

Era muy fácil leerle el rostro a May, en algunas ocasiones era divertido, pero justo ahora, solo rogaba que no se desmayara de la impresión en cualquier momento, aunque, quizá Flygon podía ayudarme a cargarla si eso ocurría.

¿Quizá debería llamarlo?

—¿Acaso no puedes evitar meterte en problemas? — La regañé — ¿Qué pensabas al ir directo a esa cosa con Blaziken?

Ella abrió la boca, con los ojos llorosos.

—¡No fue mi culpa! — Balbuceó — ¡No sé cómo pasó esto!

Identifiqué a Beautifly en el cielo y la seguí, corrimos unos cuantos metros con la respiración agitada hasta llegar a una zona un poco más despejada, dimos la vuelta unos árboles más adelante y continuamos corriendo.

—Te metiste justo dónde casi todos los de Port City no quieren entrar — Jadeé.

Cerró su mano alrededor de la mía, con fuerza.

—¿De qué hablas? — Preguntó en un titubeo, temerosa.

Alcé las comisuras en una leve sonrisa.

Claro, por supuesto que no lo sabía.

—En el puerto, algunos se quejan de que esta ruta está maldita

Pude notar como su agarré se aflojó así que yo la sujeté con seguridad, llevándola prácticamente arrastras, sus piernas se enredaron solas y sentí un tirón en el brazo.

Ambos caímos al suelo.

Pensé en gritarle de nuevo, pero no podíamos seguir corriendo si se había lastimado, era mejor cerciorarme de que todo estaba bien, de otro modo, definitivamente tenía que llamar a Flygon o pedir la ayuda de Blaziken.

Después podría terminar de regañarla, por ahora, era indispensable salir de ahí.

—¿Estás bien?

Ella asintió.

—Si — Susurró, apenada.

El golpe fue tan sorpresivo que de su mochila algunas cosas salieron volando, pude ver que trató de estirar el brazo para tomar algunos artículos, pero la detuve.

—Eso ya no importa — Le clavé los ojos con intensidad — Tenemos que salir de aquí.

La figura del Pikachu apareció de nuevo, frente a nosotros.

Nos tensamos en el piso, pude ver de reojo el rostro de May, lleno de pánico y verla en esa situación tan indefensa me hizo sentir la necesidad de protegerla.

Y si ese era el caso, entonces lo haría.

Me apoyé en mi rodilla sin quitarle la mirada a la figura frente a nosotros, esperando lo peor.

Si, definitivamente, iba a protegerla.

El aura densa y obscura comenzó a dispersarse a medida que esa cosa avanzaba hasta convertirse en la figura de un niño, la silueta se hizo más pequeña y redonda, nos ignoró por completo y caminó hacía las cosas que había en la tierra.

Blaziken, Beautifly y Roserade, se lanzaron miradas desconcertadas.

El Pikachu tomó un frasco con tapa azul y lo levantó, victoriosa, se dio la vuelta hacía el bosque y contemplé con asombro como se transformaba en un Gastly mientras desaparecía entre los árboles.

—No puedo creerlo — Susurré.

Entonces, ¿Era solo un pokémon fantasma?

La cara se me terminó de descolocar de la sorpresa cuándo escuché a May soltar una risa.

—¿Lo que quería era la miel? — Se preguntó, después, volvió a reírse

Levanté una ceja.

—¿Qué es tan gracioso? — Pregunté.

Ella movió la cabeza de un lado a otro.

—Ya lo entiendo — Sonrió ampliamente — La ruta no está maldita, tan solo, hay un Gastly travieso, ya había escuchado que los de tipo fantasma son algo revoltosos y que les gusta jugarles bromas pesadas a los humanos y otros pokémon, pero, no pensé que...

Volvió a reírse, incapaz de completar la frase.

—Y yo que realmente quería probar esa miel — Dijo con lastima

May se levantó y se sacudió el polvo, después avanzó hacía mí, extendiéndome la mano.

Suspiré, aliviado.

¡Al fin!

Al menos una cosa en el día tenía explicación y por suerte era una lógica, quizá podía sonar como un disparate, pero los relatos de los niños y lo que había visto por lo menos tenían justificaciones.

Los fantasmas no eran reales, definitivamente.

— Imagino que como la gente del puerto no lo sabe, le adjudicaron una maldición para encontrarle una explicación lógica a lo que sucedía — Expliqué en voz alta y me apoyé de la mano de May para levantarme de un salto.

Ella volvió a reírse y yo solté un suspiro, divertido por sus reacciones, hace solo unos segundos parecía que iba a morir del miedo y ahora estaba riendo sonoramente.

¿Cómo es que alguien podría llegar a meterse en tantos problemas como May?

—Gracias por venir a ayudarme — Sonaba un poco apenada.

Moví la cabeza y me acomodé el flequillo.

— Mira que tienes talento para meterte en este tipo de situaciones — Le dije con una sonrisa, pude ver un pequeño destello rosado en sus mejillas.

Era divertido verla avergonzada.

— ¿Qué esperas? Ya no tienes miel para salvarte el cuello por si otro Gastly aparece ¿Verdad?

May movió la cabeza a los lados, después, la escuché caminar detrás de mí.

—¡Puedo cuidarme sola! — Me reprochó.

Sonreí y metí las manos en mis bolsillos, pude notar con la punta de los dedos el atrapasueños que Catleya me había entregado.

Lo saqué y lo observé con atención, recordando mi encuentro con ella.

Si hasta el asunto del fantasma tenía sentido, esa conversación con ella también.

Ella había dicho que estaba ahí para decirme que no tenía que desconfiar de mis sueños y que tenía que dejar de hacer lo que trataba de hacer ahora mismo, encontrarle sentido a las cosas y solo... sentirlas, porque según ella, todo estaba claro frente a mí.

—¿Drew? — Preguntó May.

Levanté la mirada y observé su rostro, todavía absortó en mis pensamientos.

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"Su intento de racionalizar le impide ver lo que está claro frente a usted"

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El rostro de May ya no lucía lleno de pánico, sus mejillas estaban sonrojadas por nuestra carrera, se notaba un poco despeinada y su ropa estaba un poco sucia.

Se veía adorable.

Detuve en seco mis pensamientos.

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¿Adorable?

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"Deje que su corazón le guíe, si trata de encontrarle sentido a lo evidente solo logrará más aflicción y está claro que eso está afectando sus sueños "

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Recordé con vergüenza lo que había sucedido hace unos minutos y sobre el sentimiento de querer protegerla que me inundó.

—¿Estás bien? — Volvió a preguntar, sin quitarme los ojos de encima.

Asentí, felicitándome mentalmente por mi capacidad de hacer como si nada.

Sujeté su mano con suavidad, ella no se resistió, pero pude notar como se sonrojaba, dejé el atrapasueños en sus manos mientras me preguntaba si acaso mi rostro lucía igual de avergonzado.

Quizá Catleya tenía razón.

Quizá el atrapasueños podía ayudarme a calmar mi subconsciente y ayudarme con las pesadillas.

—¿Y esto? — Preguntó.

—Es un atrapasueños — Dije con obviedad.

—Sé lo que es — Se quejó, luego, frunció el ceño, tratando de acomodar sus pensamientos — Eh... Acaso... ¿Me lo estás regalando?

Me alcé de hombros.

—Supongo — Dije — Lo necesitas más que yo.

Solté su mano y comencé a caminar otra vez.

—¿A qué te refieres? — Preguntó a mi espalda, con tono indignado.

En cuanto retomé el paso, me di cuenta de que Beautifly, Blaziken y Roserade estaban atentos a la escena, cuchicheando entre ellos.

Puse los ojos en blanco.

—¿Qué miran? — Pregunté con molestia.

Esperaba poder dormir bien esa noche o de otro modo, posiblemente debía considerar la idea de pasar un poco más de tiempo con May.