Disclaimer

Ranma y ninguno de los personajes de Ranma 1/2 me pertenecen, todos son propiedad y autoría de Rumiko Tahakashi. Este fanfic es realizado sin fines de lucro


Sólo un roce

El viento soplaba suavemente un fresco aire otoñal, la casa, extrañamente, se mantenía en relativa tranquilidad y silencio, una mirada azulina se posaba de forma un tanto distraída en el vaivén de la fuente de bambú mientras la quietud era rota momentáneamente por su característico sonido. Su rostro, que mostraba serenidad, descansaba sobre la palma de su mano, mientras la mesa de centro sostenía el resto de su peso, sin embargo, aunque su cara parecía apacible, la realidad es que por dentro tenía un nudo de sentimientos que jamás pensó que alguien podría llegar a tener. Últimamente se sentía extraño, como si no fuera él mismo,

Diariamente seguía discutiendo con su padre, peleando y luchando por la comida contra él, el viejo hacía lo mismo de siempre, buscarle pleito por cualquier cosa y disfrazándolo en que era parte de un entrenamiento que seguramente se había inventado o bien, encontrar a algún tipo que se pasaba de inocente y ofrecerlo como prometido, nuevamente, de alguna chica, en el mejor de los casos, en el peor estaba seguro de que sería capaz de venderlo por unos cuantos billetes, de no ser que su madre lo mataría, literalmente, si lo hiciera.

El maestro Happosai seguía en su intento de hacerle vestir prendas femeninas ya sea intentando con trucos baratos, artilugios extraños o hechizos de dudosa procedencia y enojándose cuando no lograba su cometido o se negaba rotundamente, seguía lanzándole sus famosas Happo Daikarin y queriendo hacerle robar ropa interior para su famosa colección, alegando que al ser su discípulo era su obligación ayudarle y obedecerle. No entendía por qué el viejo creería que le iba a hacer caso, si no seguía ni a su padre.

El trío de locas seguía buscándolo continuamente en un afán de que se decidiera por alguna de ellas para ser el prometido oficial de alguna de ellas, no entendía el por qué querían definir algo así, para él la situación estaba bien como estaba, no es que en verdad se fuera a casar con alguna de ellas y siendo sincero a él no le importaba, sólo le era molesto el hecho de tener que estar siendo objeto de sus locuras y discusiones.

Shampoo y su abuela seguían intentando sin cansancio en lograr que se casara con la amazónica sin importar los métodos que fueran necesarios, y últimamente las cosas se estaban poniendo algo peligrosas, habían pasado de hechizos mágicos sin sentido y casi siempre inservibles a ser un tanto más elaborados, aunque no por ello efectivos, como por ejemplo, hacía apenas una semana un tipo le había prometido a la pelimorada que, si hacía una sopa con unos ingredientes algo exóticos y se lo daba a comer a su ser amado permanecerían juntos para la eternidad, obviamente la chica lo preparó con rapidez e hizo que lo comiera sin siquiera preguntárselo, para desgracia de ambos, lo único que trajo aquello como resultado fue una noche llena de vómito de su parte, la chica, por otro lado, lloró inconsolablemente, no por el resultado y la situación tan deplorable en la que puso al ojiazul, sino por el dinero perdido, según había alcanzado a escucharle había pagado una fortuna por todos aquellos ingredientes vendidos por ese charlatán.

Decir que estaba molesto era poco, a su parecer la actitud de la china había sido bastante egoísta, ya que nunca preguntó el cómo se sentía ni qué podía hacer para ayudarle, sólo se limitó a regresar a su hogar y llorar en el regazo de su abuela, quien le regañó sólo por confiar en un vendedor ambulante. Sinceramente aquella era una noche que desearía poder olvidar, había sido una de las peores de su vida, con muchos calosfríos y regaños por parte de su prometida quien no dejaba de decirle que había sido un tonto al caer en el truco de la amazónica mientras cambiaba constantemente el paño húmedo que posaba en su frente. Él quiso replicar toda la noche que no había sido su culpa, pero entre que la chica sólo se la pasaba gritándole y él no podía parar de volver su estómago le fue imposible.

Ukyo era la otra que no había cambiado, ella seguía en su establecimiento de okonomiyakis atendiendo como siempre y él seguía acudiendo a él con regularidad para conseguir un poco de comida deliciosa y económica, sabía que no estaba bien aprovecharse de su amistad para con la chica, pero al no tener tanta solvencia económica, aquello era de las pocas cosas que podía permitirse, y de vez en cuando eran gratis, sin embargo, sabía de sobra que, al aceptar esa clase de generosidad por parte de su amiga, era seguir ilusionándola.

Si bien era cierto que nunca había tenido el coraje para decir explícitamente que jamás podría sentir por ella algo más fuerte que un gran cariño, también era cierto que siempre la trataba sólo como una amiga, y se lo había dicho infinidad de veces, que le gustaba tener a una persona como ella como su amiga, que su amistad era importante para él y que en definitiva era adicto al sabor de sus okonomiyakis, era lo más que podía hacer por ella, porque decirle de frente la verdad no podía, sabía que en eso era un cobarde, pero en verdad la apreciaba y no quería lastimarla, no quería ver ese dolor en sus ojos, esa decepción que vendría después, las lágrimas, la negación, los gritos y las peleas, y después, la soledad, esa amistad dejaría de existir, y realmente no quería eso.

Suspiró, había divagado y se había puesto algo melancólico él solo. El viento meció su flequillo causándole un poco de cosquillas en la frente. Su mirada se dirigió al cielo momentáneamente notando como algunas nubes ocultaban el sol por algunos instantes y luego lo dejaban ver, a veces le parecía gracioso ese comportamiento, pensaba como si el sol estuviera jugando escondidillas. Bufó, quien le escuchara decir eso pensaría que era un niño, un tonto o ambos, por ejemplo, estaba completamente seguro de que Ryoga se reiría de él por semanas, tal vez inclusive meses.

Ahora que pensaba en el chico cerdo, hacía un rato que no lo veía, no es que le preocupara, de hecho, agradecía que no estuviera cerca, ya que siempre hacía hasta lo imposible por quedarse a dormir en el cuarto de la peliazul lo cual causaba que su sangre hirviera, y el chico lo sabía. Ese era otro que no había cambiado para nada, Ryoga seguía siendo un chico con cero sentido de la orientación que podía perderse inclusive en una habitación, seguía buscándole pelea cada vez que se encontraban, seguían discutiendo por la misma razón que desde la primera vez que se conocieron que, si debía ser honesto, ya no estaba seguro del por qué peleaban, seguía insistiendo que se casaría con Akane, a quien catalogaba como la chica más hermosa del mundo y seguía comiendo los experimentos culinarios de la misma sin ninguna queja pese a que todos sabían de sobra que la chica no sabía cocinar y que hasta el agua se le podía quemar.

Sin embargo, por lo que más peleaban ambos, era por esa extraña terquedad por parte del chico de convertirse en cerdo cada vez que se encontraba con su prometida para que así, la tonta, lo confundiera con su pequeña mascota y lo cuidara de cualquier intento de agresión de su parte. Ambos sabían que era una actitud bastante cobarde, pero Ryoga lo disfrutaba y sabía que aquello le enfurecía como ninguna otra cosa en la vida.

Aún no lograba comprender el cómo Akane no había descubierto que Ryoga y P-chan eran la misma persona, tal vez si estaban hechos el uno para el otro, los dos eran igual de incautos y torpes y merecían estar juntos. Todo el mundo, a excepción de los hermanos Tatewaki que ellos eran una rara excepción a la regla a todo, se había dado cuenta de que el cerdo y Ryoga eran el mismo, y por alguna extraña razón, todos aceptaron tácitamente ocultárselo, no comprendía la razón, Akane era fuerte, estaba seguro que, a pesar del impacto inicial, después lo comprendería, aunque no con eso quería decir que no le dolería.

Tal vez era eso, que sabían lo mucho que sufriría la chica al saber que, alguien a quien realmente apreciaba mucho, la había engañado, al menos ese era su motivo para no decirle la verdad, no estaba seguro de los demás, pero le gustaba creer que había algo de bondad en todos sus retorcidos planes e ideas para separarlos.

La sola idea de ver aquellos ojos color avellana llenarse de dolor y lágrimas le hacían sentir un nudo en el estómago, tampoco estaba seguro de poder soportar verlos cargados de dolor, de traición, por alguna extraña razón, sentía que debía proteger esa mirada llena de alegría e inocencia cada que la chica se encontraba con el pequeño cerdo, no importando que detrás de lo que ella pensaba su inocente mascota, se encontrara un lascivo chico aprovechándose de la inocencia de la que clamaba ser su dueña. En definitiva, se llevaría aquel secreto a la tumba.

Ahora que sus pensamientos se habían dirigido a su prometida no podía evitar pensar en ella, esa era otra persona que no había cambiado, seguía siendo mala cocinera y en las artes domésticas en general, gritona, refunfuñona, marimacho, terca, poco atractiva, despistada, torpe, débil, violenta, llorona, pecho plano, pesada, entre otras miles de cosas más que la hacían la peor candidata a esposa que jamás hubiera conocido en su vida, y aún así no comprendía cómo habían tantos tipos que se sentían atraídos a ella, es decir, no tenía ninguna buena cualidad.

Cuando se enojaba lo primero que hacía era golpearlo con lo más cercano que tuviera o, en el peor de los casos, con ese mazo que su mayor objetivo en la vida era descubrir dónde lo guardaba. Cada vez que intentaba cocinar algo lo hacía con tanta premura y violencia que siempre terminaba un deshecho radioactivo imposible de comer, no importando si era algo tan simple como hervir agua para un ramen, y luego se dedicaba a cuidar al pobre incauto en cuestión por más de una semana desvelándose sin importarle su propia salud. Cuando alguien la retaba, no dudaba en aceptarlo, sin tomar en cuenta que en realidad ella era muy débil, y más de una vez había tenido que ir él a rescatarla, y muchas veces se había puesto en peligro por intentar ayudarle en el problema que ella misma había ocasionado.

Era demasiado ingenua, siempre veía como buenas personas a todos, no importando que la hubieran atacado con anterioridad, y era algo que lo desesperaba, no entendía el por qué siempre tenía que andar cuidando a todos, como a ese tal Shinnosuke, quien sólo se aprovechó de la forma de ser de la chica para coquetearle. Rascó su cabeza despeinándose en señal de desesperación, no le gustaba a dónde se dirigían sus pensamientos, así sacudió su cabeza de un lado a otro fuertemente con el único fin de alejar aquellos recuerdos.

Suspiró un par de veces intentando recobrar la calma que había perdido, pero al final le tomó algunos minutos lograrlo, posó de nuevo su vista en el estanque para ayudarse. Cuando al fin lo hizo, volvió al hilo de pensamientos que había dejado de lado por divagar.

En definitiva, nadie a su alrededor había cambiado, todos seguían igual, ni siquiera los hermanos Tatewaki habían cambiado, y dudaba que algún día lo hicieran, entonces, si nadie había cambiado ¿Por qué todo se sentía tan diferente? ¿Por qué nada le parecía lo mismo que siempre? Tal vez… tal vez era que él era el que había cambiado, es decir, sabía que había cambiado, era más alto, más fuerte, había dominado técnicas nuevas y muy avanzadas, había entrenado mucho desde la primera vez que pisó el dojo Tendo, cuando le anunciaron que sería el prometido de una chica a quien no conocía y la cual, al pensar que él también era una chica, lo trató de una forma tan única que simplemente era un recuerdo que le gustaba conservar en su memoria, pese a que, en cuanto se enteró que en verdad era un chico lo golpeó con la mesa de centro.

Ahora ya conocía más a esa chica y no se dejaba engañar tan fácilmente, ahora sabía que, cuando esa chica fruncía su seño era una señal de alerta y alejarse lo más pronto posible porque seguramente sería golpeado hasta el otro extremo de la ciudad, ahora sabía que aquella chica se enfermaba con relativa facilidad a su gusto, pero que cuando lo hacía se convertía en una chica por demás tierna, en cierto modo, no peleaba, no discutía y agradecía cualquier gesto de atención hacia ella.

También sabía que aquella chica era por demás ingenua, le podías decir que los malvaviscos fueron creados por un emperador que quería derrotar a sus enemigos lanzándoselos mientras gritaba Malvados viscos y muy probablemente te creería, sobre todo si eras una persona digna de fiar para ella, también que, si te ganabas su confianza, ella te defendería a capa y espada, sin importarle su propia integridad y salud.

Sabía lo leal que podía ser con sus amigos y familia, y que, cuando te enfermabas, era la primera que estaría a tu lado velando tu sueño y descanso, aunque no fuera buena en ello, sabías que intentaría con todo su corazón cocinarte algo saludable y nutritivo para que te sientas mejor, aunque no sepa el cómo, o en el peor de los casos, iría por más medicina para ayudarte con el dolor de estómago que ella misma ocasionó, y aunque sabía todo eso, no sentía que fuera ese nuevo conocimiento lo que hacía que sintiera que todo había cambiado.

- …ma, …ma

Salió de su ensoñación al sentir una fría pero suave mano posarse de forma dulce en su frente, lo cual debía admitir que lo asustó, pero nunca lo diría, de hecho, ni siquiera lo mostró, su cuerpo se mantuvo en una posición impasible que te haría dudar si realmente estaba vivo, poco a poco su visión se fue fijando y pudo notar frente a él, muy cerca de su rostro, un par de ojos color avellana que conocía muy bien, y lo sintió, sintió lo que era diferente.

- ¿Qué quieres Akane? – dijo lo más tranquilo que pudo, pese a que su cuerpo actuaba extraño

- Te llevo hablando un rato – le contestó mientras se alejaba un poco de su rostro, pero sin quitar aquella pequeña mano - ¿Te encuentras bien?

- Claro que sí ¿Por qué lo preguntas?

- No te molestes – respondió a la defensiva ante el tono del chico quitando su mano de dónde estaba, para desgracia del chico – Es sólo que te veías algo… distraído y melancólico

- Distraído ¿yo? – dijo con tono burlón - ¿Con quién crees que hablas? Soy el poderosísimo Ranma Saotome, nada me distrae

- Ya bueno, discúlpame por preocuparme por ti – respondió volteándole la cara en señal de que se sentía ofendida

Y, viéndola ahí, con el seño fruncido, fue que se permitió notar las diferencias sus manos estaban sudando, su corazón latía fuertemente, tanto que se preguntaba si la chica podía oírlo, aunque estaba casi seguro de que no, porque no había dicho nada, su rostro lo sentía caliente, demasiado ¿Estaría rojo? Seguramente sí, pero ¿Qué lo había ocasionado? Se encontraba bien hacía un solo momento. Más importante, ¿Cuándo había comenzado todo? Y ¿Por qué siempre era cuando ella estaba cerca?

- Oye – habló de vuelta la chica - ¿Seguro que te encuentras bien? – preguntó con sincera preocupación

- Por… ¿por qué lo preguntas?

- No lo sé, pareces… diferente

Ranma chasqueó la lengua, ahí estaba de vuelta esa palabra, absorto en sus pensamientos no se dio cuenta de que la chica se le acercó de vuelta

- ¿No estarás enfermo? – preguntó pegando su frente contra la de él

Y ahí estaban de nuevo esas sensaciones, esas diferencias, esas palpitaciones a mil por hora, esa sudoración, ese nerviosismo, pero no entendía qué las provocaba

- Tal vez estás por pescar un resfriado – comentó retirándose

Ranma notó cómo las sensaciones disminuyeron cuando ya la chica se alejó y se preguntó, si quizás, era por causa de ella, es decir, era bastante evidente, o al menos eso es lo que pensaba, con ninguna otra persona tenía una reacción similar, sin embargo, lo que ahora le causaba curiosidad era el cuándo ¿Acaso era nada más al verla? No, se veían diariamente, a todas horas. La duda seguía.

- Estás muy extraño – comentó la chica rompiendo el silencio

- No sé de qué hablas – Respondió a la defensiva mientras se acomodaba sutilmente junto a ella, de tal forma que sus brazos habían quedado bastante juntos – Tal vez eres tú la que está extraña – Los síntomas comenzaron a mostrarse

- ¿Yo? Pero ¿De qué hablas? Lo que dices no tiene sentido – dijo medio molesta, la actitud del azabache comenzaba a incomodarla – Eso me pasa por ser amable – Refunfuñó mientras volteaba su rostro en señal de indignación

La actitud causó un poco de gracia al chico, eran esos momentos donde su prometida parecía una niña, y contrario a lo que cualquiera pensaría, no le molestaba, al contrario lo sentía como una especie de respiro ante las actitudes tan maduras que solían tener el resto de sus prometidas, inconscientemente apoyó su brazo en el piso y posó todo su peso en él relajándose, con lo cual, su brazo y el de ella finalmente se tocaron, lo cual desencadenó la serie de sensaciones que había notado últimamente. A pesar de que no era la primera vez que se tocaban, cada que la rescataba tenía que hacerlo de una u otra manera, al estar así, tranquilo, pudo al fin notarlo, y algo en su cabeza embonó. No pudo evitar pensar Así que esto era.

Por alguna extraña razón las ganas de reír le invadieron, y aunque intentó evitarlo, no pudo pararlas, soltando grandes carcajadas de pronto ante la confusa mirada de la chica quien le veía como si le hubiera salido una segunda cabeza, no la culpaba. Cuando al fin se cansó, simplemente respiró profundo y se calmó, ahora todo estaba bien. Como había pensado, nadie a su alrededor había cambiado, había sido él, el que lo había hecho, y en una cosa tan imperceptible y de forma tan paulatina que le había sido imposible darse cuenta antes. Dejó caer un poco más el peso sobre la chica, más no tanto como para aplastarla, sólo para aumentar el contacto y así ponerse a pensar.

El cambio no fue inmediato, de eso estaba seguro, de hecho, en un inicio, no significaba nada, sin embargo, con la convivencia diaria, las cosas comenzaron a cambiar, primero cuando se conocieron, se sintió invadido, todo mundo lo tocaba constantemente como si no importara su espacio personal, a excepción de ella, lo cual agradeció en silencio, quien le respetó y solamente le apoyó con un suave toque en su hombro, para después invitarlo a pelear, era como si supiera lo que necesitaba, él le había devuelto la muestra de respeto tocándola con apenas la punta de su dedo al ganarle, aunque ese respeto mutuo no duró mucho una vez que se dio cuenta de que no era una chica, y el tocarse se volvió algo cotidiano, aunque no fuera de una forma sutil, sino con las cachetadas y golpes que le propinaba. Y ese contacto fue aumentando, cuando la rescataba, cuando la cargaba o cuando tenían que salir corriendo despavoridos por algún motivo, por ese motivo no se dio cuenta de aquellos cambios que comenzó a sentir.

Nunca notó que, cuando cargaba a la chica, podía sentir en ocasiones su tersa piel en los muslos producto de esa ropa tan diminuta que en ocasiones usaba, se le hizo tan común su peso que en ocasiones olvidaba bajarla, no fue consciente del hecho de que sus manos, a pesar de las constantes peleas y entrenamientos, se mantenían suaves y eran extrañamente pequeñas, más del tamaño ideal para caber en su mano, sin contar que, pese a su rudeza, podían curar de forma un poco cariñosa, aunque muy a su estilo. Tampoco fue consciente del hecho que había comenzado a notar que, cuando entrenaba, las gotas de sudor caían por el terso cuello hasta perderse en su gi, y por supuesto nunca diría que, en ocasiones, se preguntaba hasta dónde pararía aquella pequeña gota.

Suspiró con una sonrisa en el rostro y dejó caer su cabeza hasta posarla junto a la de la chica, la cual obviamente se sorprendió aún más de lo que ya estaba y se tensó, mentalmente se preguntó si acaso intentaría golpearlo con su mazo, pero no le importaba en ese momento. Para su suerte, el golpe nunca llegó, lo cual le alegró.

- Oye – le dijo con algo de nerviosismo - ¿En verdad estás bien? En serio te estás comportando muy extraño – Preguntó posando de nueva cuenta la mano sobre la frente del chico, más que nada para hacer algo porque se sentía nerviosa

- Ya te dije que sí – contestó con una voz algo melosa, mientras retiraba la delicada extremidad y sujetándola de forma suave pero firme, sin dejarla ir

Akane se sonrojó fuertemente y su nerviosismo aumentó, si bien en otras ocasiones ya Ranma le había sujetado la mano, nunca había sido de aquella forma tan…diferente. Esperó de todo, la burla, las risas, interrupciones, quizás alguna de las prometidas que habían sentido un cambio en el aura del chico y eso les indicó lo que estaba haciendo, pero nada pasó, sólo se quedaron ahí, con su mano entre la de él, y al notar que todo estaba bien y nada era dicho, decidió disfrutar el momento y la tranquilidad.

Ranma notó cada expresión de la chica, disfrutando cada una de ellas, era tan transparente que no le era difícil adivinar lo que pasaba por su mente, y aunque estaba seguro que su suerte saldría a relucir para arruinarlo, lo disfrutaría lo poco o mucho que durara aquel contacto, y es que, ahora entendía que todo pasaba cuando la tocaba, cuando la sentía, era cuando todo su ser temblaba, su corazón latía desbocado, su cuerpo lo traicionaba y sudaba más que cuando entrenaba, y le gustaba, y no pensaba seguir evitándolo. Sonrió honestamente, había descubierto lo que era diferente, y ahora que podía entenderlo, lo buscaría y haría lo imposible para tener aquellos pequeños contactos, y pensar que todo había comenzado con aquél pequeño roce sobre la tela el día que se conocieron, donde pudo conocer su calor y suavidad. De ahora en adelante, sería él el que haría lo que fuera por un roce.


Notas del autor

Este fanfic fue realizado como parte de la dinámica de la página de facebook #MundoFanficsInuyashayRanma para su #Rankane_week_2024 en su dinámica #por_amor_al_fandom

Para nuestro segundo día tenemos la temática de #dia_2_Sólo_un_roce. Como siempre, agradezco mucho la invitación por parte de #MFFIYR para participar en esta divertida dinámica.

La idea es que sea un fanfiction por día, pero como todo buen escritor, se me vino el tiempo encima y no los pude terminar, así que, posiblemente los fanfics no salgan conforme a como deberían ser, uno por día, pero intentaré que salgan los siete, por eso es que este fanfic es tan corto.

Como siempre, agradezco a todos los que leen mis fanfics, porque sin ustedes, estos no tendrían vida, y también agradezco a todos los que pueden y quieren dejarme un review, siempre son bienvenidos.