A primera vista

—¡Ranma, despierta ya! — grita desde algún lugar el estúpido de mi amigo.

— umm…— me cubro la cabeza con la almohada mientras intento ignorar el dolor de cabeza que empieza a aparecer y por su puesto los chillidos del tonto.

Los ojos me pesan y me sumerjo nuevamente en el mundo de los sueños, pero para mí mala suerte, más parece el mundo de las pesadillas. Comienzo a temblar cuando lo veo frente a mí, ¿por qué es tan grande?, y tan… Tan… por favor no te acerques, déjame en paz.

Corro por el inmenso espacio vacío, pero siento su presencia detrás de mí. ¿Por qué no puedo ir más rápido? Miro a mis pies, se hunden, la tierra me está tragando y él está más cerca, su sonido es cada vez más fuerte, me estremezco, justo cuando está a punto de lanzarse sobre mí, despierto gritando.

—¡Ah! ¡No! Aléjate.

Me llevo las manos a la cara, fue solo un sueño, me limpio el sudor y entonces escuchó la risa nada disimulada de Ryoga que se va convirtiendo en una estridente carcajada.

—Nenita deja de llorar por el gatito y muévete que ya es tarde— dice entre risas.

Siento la bilis subir por mi garganta, lo voy a matar, me levantó de un brinco, pero con tan mala suerte que me enredo en el futón y me doy un sonoro golpe en la cabeza, lo cual ocasiona otra risotada del maldito Ryoga.

Me siento en el suelo frotándome la frente, de seguro me va a salir un chichón.

—Ranma, ¿Estás bien? — dice Shino que se ha mantenido en la puerta.

Se agacha para verme la frente — al menos no necesitas puntos— dice examinándome.

Aparto la mano de Shinno y me pongo al fin de pie.

—¡Maldito cerdo! — grito mientras lo tomo de su estúpida camisa amarilla y lo sacudo, él no demora en hacer lo mismo.

De repente, un pato gigante de peluche se interpone entre nuestras caras.

—¿Ahora por qué están peleando las niñas? — pregunta Mouse, supongo, detrás del animal de peluche.

—Porque… Porque… No lo recuerdo— Admite Shino.

Mouse suspira —¿Acaso no saben qué hora es? Ya tendríamos que estar en el dojo.

Suelto a Ryoga dándole un empujón.

— ¡Todo es culpa de Ranma que duerme como una piedra!

— ¡Cállate cerdo y muévete!

—Que no ves que eres el único que todavía está en pijama, idiota.

Bajo la mirada solo para comprobar que lo que dice Ryoga es cierto. Sin pensarlo dos veces me apresuro a ponerme lo primero que encuentro en el armario, cuando termino, Shino me alcanza una taza de té y un panecillo.

—Gashias— digo con la boca llena.

Él asiente sin más y salimos corriendo del apartamento.

Ryoga ha sido mi amigo desde que tengo memoria, justo al salir del instituto decidimos que era hora de probar suerte, entrenamos por nuestra cuenta y vivimos al día trabajando en lo que podíamos, así conocimos a Mouse, quien trabajaba en un restaurante en China y decidió unirse a nuestro viaje, por último, dimos con Shinno, es un tipo reservado, pero también sabe luchar y quiso salir del bosque donde vivía. Hace un mes llegamos a Tokio, nos encontramos con el maestro Happosai, quien nos prometió que nos iba a entrenar para empezar a competir. Espero poder ganar pronto unas cuantas competencias o si no, ¿con qué pagaremos el alquiler? Me recorre un escalofrío pensar en esas cosas de la vida adulta.

.

Hemos convertido la llegada al dojo en una pequeña competencia, aunque Shinno y Mouse no parecen tomarla muy en serio, nos siguen de cerca, pero van hablando del horario que piensan implementar para hacer la limpieza del apartamento. Aburrido.

Por estar distraído Ryoga me ha ganado algo de ventaja, apuro el paso jadeando por el esfuerzo hasta lograr alcanzarlo.

—¿Cansada, niñita? — se burla Ryoga intentando tomar ventaja.

— Para nada cerdito. ¿El que llegue último, lava los platos? — propongo.

— Mejor que lave los baños todo el mes.

—Hecho.

Aunque lavar los baños es lo que menos me agrada de los quehaceres del apartamento, estoy seguro de que Ryoga no podrá ganarme, no en vano salgo a trotar todas las mañanas.

Lo rebaso por poco y doblo a toda prisa en la esquina, cuando al fin lo veo asomarse, me doy el gusto de girar para hacerle una mueca, con tan mala suerte que tropiezo con algo y caigo. El muy idiota pasa sobre mí, aplastando la suela de su zapato en mi cabeza.

— Adiós nenita, espero que te queden relucientes los baños.

Estoy a punto de responderle con alguna mala palabra cuando escucho un quejido debajo de mí.

Me levanto a prisa perdiendo el color al ver que he aplastado a una chica, su vestido blanco se le ha subido hasta la mitad de la pierna.

—¡Perdona, perdona, yo…!

La chica se levanta de un salto y me mira con el ceño fruncido, clava sus grandes ojos marrones en mí y de pronto parece que he perdido la capacidad de hablar. Me inclino varias veces a modo de disculpa.

— ¡Ranma no pierdas tiempo! — grita Mousse halándome el brazo y obligándome a continuar corriendo.

Llegamos junto a Ryoga quien, por supuesto, sonríe pagado de sí.

— No te preocupes Ranma, Shinno compró unos lindos guantes rosaditos— se burla con voz aniñada — así no te dañarás las uñas cuando dejes relucientes los baños.

— Cállate — escupo por respuesta, con la cabeza en otro lado.

Ryoga tuerce la boca y se acerca a Shinno—¿Qué le pasa? — dice señalándome.

—Al parecer encontró a su Shampoo— responde Shinno, pero de inmediato cae en la cuenta y se tapa la boca.

—¡No se habla de Shampoo! — gritamos al unísono con Ryoga.

—Lo siento — se excusa Shinno dándole una palmadita en la espalda a Mousse.

—¿Quién es Shampoo y por qué llegaron tarde?

—¡No se habla de Shampoo! — gritamos de nuevo, esta vez se nos une Shinno.

—Tranquilo Mousse, respira— pide Shinno mientras le alcanza una bolsa de papel.

Todos miramos preocupados a nuestro amigo cegatón. De repente siento un aura asesina, me había olvidado por completo de…

—¡Maestro! Perdónenos por llegar tarde— suplica Ryoga — todo es culpa de Ranma— me acusa con el dedo estirado.

¡Maldito traidor!

.

.

.

—Ma-maestro… ¿No cree que ya son suficientes flexiones? — se queja Shinno mientras trata con todas sus fuerzas de volver a subir.

—No seas flojo niño ¿Quieres descansar? ¡Toma! — el maestro le lanza un objeto que Shinno por poco no atrapa.

De pie con la escoba, Shinno mira confundido.

—Ponte a limpiar el dojo y que quede reluciente— ordena el viejo.

—Tú, él del mal de amores, ve a arreglar la cocina— le dice a Mousse.

—Ranma y Ryoga —quiero que lleven estas bolsas a mi habitación — señala unos grandes bultos que están en un rincón.

Ryoga se deja caer desparramado al suelo y yo lo imito, después de unos segundos nos arrastramos por los dichosos bultos. ¡Cómo pesan!

Caminamos por las estrechas escaleras con dos bultos al hombro cada uno, supongo que esto también cuenta como entrenamiento.

De pronto choco contra la bolsa que lleva Ryoga, el muy idiota se ha detenido a descansar.

—¿Cómo es eso que encontraste tu Shampoo?

—¡No se habla de Shampoo! —grito contenido para no ser escuchado por Mousse.

—No me digas que "El gran Ranma Saotome" se ha enamorado.

—No digas idioteces cerdo, por tu culpa caí sobre una chica, me estaba disculpando con ella cuando Shinno y Mousse me alcanzaron, eso es todo. ¿Sabes? No todos somos como tú que se enamora de cada escoba con falda que ve.

—¡Imbécil! No será que de verdad eres una nenita— reflexiona Ryoga con un tono que detesto, estoy a punto de tirarle el bulto en la cabeza — Mousse, bueno, ya sabes lo que pasó con la innombrable, Shinno, es demasiado serio, pero el mes pasado ¿recuerdas que lo sorprendimos en una cita?

Me llega el recuerdo de haberlo visto en una cafetería con una chica de cabello corto, no supimos quién era, él tampoco dijo nada, así que lo dejamos estar.

—Pero tú — continúa Ryoga con su análisis no pedido.

—¿Yo qué?

—Nunca has mirado con interés a una chica, dime la verdad ¿Eres gay? No pasa nada, ya sabes, después que no te enamores de mí— termina el cerdo idiota con una risotada que estoy dispuesto a borrarle en este mismo instante. Suelto la carga pesada y trepo por encima de la de Ryoga, quien se da cuenta demasiado tarde, le alcanzo a dar un golpe en la mejilla. Él también suelta lo que lleva cargado y se dispone a dar la pelea.

Le lanzo una patada que esquiva por poco, de verdad quería dejarle la marca del zapato en la mejilla. Ryoga contraataca con una serie de puños, pero no me quedó de brazos cruzados, también sé atacar.

Siento algo suave que cae sobre mi cara y lo aparto con una mano, pero al darme cuenta de lo que se trata quedo paralizado.

No sé en qué momento hemos roto la tela y todo el contenido de ropa interior se ha desparramado por las escaleras. ¡Maldición!

Ryoga que no se ha percatado, me lanza un puño, a lo cual respondo poniéndole uno de los brasieres de encaje en la cara.

—¡El maestro nos va a matar! — chillo angustiado.

—¡Cállate idiota!

A la mayor velocidad posible me dispongo a levantar las prendas del suelo, aunque no puedo evitar sonrojarme hasta las orejas, mientras Ryoga trata de coser la tela que sostenía todo en su lugar.

—Ma-ma-ma— comienza a balbucear Ryoga y no tengo que girarme para saber a quién se refiere. Me recorre un escalofrío por la columna. Corro hasta dónde está mi amigo petrificado, tiembla como una hoja mientras mira a la puerta, donde la pequeña figura del maestro se hace gigantesca, o al menos eso me parece a mí.

—¡Ranma! ¡Ryoga! — brama el maestro con una voz siniestra.

—Maestro, fue un accidente, la tela se rompió — me excuso pobremente.

El maestro sonríe, pero lo hace de una forma siniestra, Ryoga traga saliva tan fuerte que me veo obligado a mirar. Error. En ese mismo instante el maestro da un brinco de su lugar, con un movimiento de su pipa, me hace estrellar contra la pared, me crujen las costillas mientras dejo salir todo el aire de golpe, por un momento todo se vuelve oscuro, a lo lejos puedo escuchar a Ryoga que se queja también.

.

.

Todo me hubiera imaginado menos tener que pasar la noche planchando y doblando "los tesoros" del maestro, suspiro cansado.

— ¿Qué te parece si nos vamos? — susurra Ryoga mientras señala al maestro que duerme plácidamente en su futón.

Asiento despacio, temiendo que el maestro escuche cualquier movimiento.

—Todavía les faltan otras cincuenta prendas — ordena el viejo mientras se da vuelta.

Va a ser una noche muy larga.

.

.

.

Doy un largo bostezo mientras lucho por mantener los ojos abiertos en lo que resta del camino de regreso a casa.

—Todo es tu culpa Ranma.

—¿Mi culpa?, cerdo idiota.

Ryoga gruñe como toda respuesta y vemos por fin la entrada del edificio, en ese momento siento la vibración en mi bolsillo. Shinno me ha escrito un mensaje preguntando si vamos a ir a desayunar.

Respondo con un "estamos afuera" y guardo el aparato.

Casi siempre utilizamos las escaleras para llegar al tercer piso, que es donde se encuentra nuestro apartamento, pero hoy sin pensarlo dos veces llamamos el ascensor. Justo cuando las puertas están por cerrarse, alguien grita.

—esperen por favor.