Kasumi se estremeció visiblemente. ¿Esa cosa era su pretendiente?
El padre de Kasumi se adelantó con entusiasmo para saludarlo. "¡Ah, Señor Kuno!" Dijo, haciendo una reverencia.
"Es un placer volver a verle. Gracias por visitarnos."
Tatewaki invadió el espacio personal del patriarca Tendo, en violación de todo protocolo, y le estrecho su mano con firmeza. La acción y la falta de formalidad hicieron que tanto sirvientes como nobles contuvieran la respiración, atónitos ante la audacia del recién llegado.
"Gracias por la invitación. Espero con ansias la oportunidad de discutir el acuerdo entre nuestros clanes."
El señor Tendo, sin embargo, pareció tomar el gesto de Tatewaki con buen ánimo, incluso palmeándole la espalda con una familiaridad que dejó a su familia y a los sirvientes más perplejos aún.
"Tenemos mucho de qué conversar, pero primero permíteme presentarle a mi familia." Dijo, con una sonrisa que intentaba ocultar cualquier incomodidad.
Kasumi observaba la escena con una mezcla de incredulidad y consternación. Cada movimiento de Kuno parecía una transgresión de las normas sociales que había aprendido desde niña. Su entrada dramática, su vestimenta excéntrica y su comportamiento audaz eran un desafío directo a la quieta dignidad que su familia se esforzaba por mantener.
La joven no podía evitar sentirse incómoda ante la falta de respeto de Kuno hacia su padre, un hombre que siempre había sido el epitome de la cortesía y el decoro. Sin embargo, la reacción de su padre, aceptando con aparente alegría el gesto brusco de Kuno, la desconcertó aún más. Kasumi admiraba la capacidad de su padre para adaptarse y mostrar hospitalidad incluso en circunstancias tan poco convencionales, pero no podía evitar sentir una punzada de desilusión al ver cómo las normas que había aprendido a valorar podían ser tan fácilmente descartadas.
"Ella es mi esposa, Hanako."
La mujer en cuestión realizó una impecable reverencia, "Buenos días", dijo en voz alta y con confianza. "Es todo un placer conocerle por fin."
Una vez más, Tatewaki respondió al gesto con uno propio. Con una mano sobre su pecho, hizo una profunda reverencia, su postura reflejando una exagerada muestra de respeto. "El placer es todo mío."
Ella le sonrió brillantemente, sus labios curvándose en una sonrisa que parecía irradiar euforia por estar en su presencia. Sus ojos brillaban con una chispa de entusiasmo, como si la llegada de Kuno fuera el evento más emocionante del año.
A partir de ahí, pasaron a ella. "Y esta es nuestra hija, Kasumi".
Kasumi imitó la reverencia de su madre y sus palabras, inclinándose con una gracia que había practicado innumerables veces frente al espejo. Una sonrisa congelada se plantó en su rostro, sus labios temblando ligeramente mientras intentaba mantener la compostura. Esperaba desesperadamente que sus emociones se mantuvieran ocultas tras esa máscara cuidadosamente construida.
Kuno comenzó a repetir su propio saludo con una reverencia aún más baja que antes, pero se detuvo a medias. Desde su incómoda posición, levantó la vista para observarla durante un incómodo período de tiempo. Se enderezó lentamente con aire serio y una vez que volvió a su postura anterior, la abordó sin previo aviso.
"¡BUENOS DÍAS!" gritó atronadoramente. Evidentemente, ella no había sonado lo suficientemente asertiva para su gusto y él le demostró amablemente cómo hacerlo.
A pesar de sus mejores esfuerzos, Kasumi se quedó pasmada cuando el extraño le gritó en toda la cara. La regañarían por eso más tarde, lo sabía.
Y, sin embargo, para su angustia, su padre pareció encontrar la situación bastante divertida. "¡Oh, ho, ho!" Soltó una carcajada de alegría. "Siempre riguroso con los modales, señor Kuno. Por favor, perdone a nuestra hija. Ella es un poco tímida, como le he dicho antes."
Kasumi sintió cómo el rostro le ardía mientras la atención de todos estaba sobre ella, como si fuera un objeto de estudio en una vitrina. Kuno, por su parte, parecía desinteresado ahora, ya no centrando su atención en corregirla.
"Bueno, tal vez eso es algo que puede cambiar con el tiempo", sugirió su padre, mientras se alejaba del vestíbulo hacia uno de los salones. "Una mano firme para guiarle podría ser exactamente lo que ella necesita. A penas puedo recordar el hombre que una vez fui antes de casarme con Hanako." Rio nuevamente. "Tal es la influencia de una pareja compatible".
"Estoy totalmente de acuerdo". Kuno se pavoneó a su lado, con una expresión que hizo que Kasumi se estremeciera internamente.
Kasumi luchó por recuperar la compostura mientras se retiraban al salón. ¿Una mano firme para guiarla? ¿Eso era lo que sus padres querían para ella? La idea de ser controlada por alguien más, de ser dirigida en lugar de elegir su propio camino, la llenaba de una sensación de desesperación. Alivió las arrugas que se habían formado en su frente antes de seguir a su madre al salón, tratando de ocultar su malestar tras una máscara de serenidad.
Desafortunadamente para ella, la noche fue empeorando a partir de allí. Era el asunto habitual del entretenimiento. Disfrutaron de la conversación, y otras actividades destinadas a que se familiarizaran. Y ella trató de relacionarse con el señor Kuno. ¡En verdad, lo hizo! Pero sin importar lo que intentara, la interacción entre ellos siempre terminó en algo desconcertante.
La familia había organizado discretamente que estuvieran solos por un momento, solo un sirviente permanecía cerca para asegurarse de que todo transcurriera según las normas establecidas.
El sirviente designado por la familia Tendo para acompañar discretamente a Kasumi y al señor Kuno durante su encuentro era un hombre de mediana edad, de porte sereno y respetuoso, aunque no hablaba a menos que fuera necesario y evitaba interrumpir la conversación, permitiendo que Kasumi y Kuno interactuaran con la tranquilidad de saber que no estaban completamente solos, pero sin sentirse completamente vigilados.
En un momento de tranquilidad, Kasumi decidió acercarse a Kuno e intentar entablar una conversación más íntima. Con una respiración profunda para calmar sus nervios, se dirigió hacia él mientras él observaba una pintura en la pared.
"Entonces dígame, señor Kuno, ¿a qué se dedica?"
"El negocio de mi familia está en nuestros barcos, importamos especias y seda desde tierra lejanas. Mi padre tiene un contacto en Singapur que nos surte mercancías, pagamos un poco más por una entrega más rápida de lo que obtendría si viajáramos a África para comprarlo allá directamente."
"Vaya." Ella asintió con la cabeza, sintiéndose extrañamente esperanzada. Quizás Kuno no era tan irracional como parecía.
"¿Qué hace en su tiempo libre entonces?"
"El negocio me deja con muy poco tiempo de ocio. Pero debo admitir que me gusta la poesía."
'¿Literatura?' La dama trató de ocultar cualquier indicio de sorpresa o interés.
" Yo también disfruto de la literatura." Afirmo con una pequeña sonrisa, "La obra del maestro Tomoe; 'Lagrimas', cuenta con una profundidad conmovedora-
Una tos fingida interrumpió el flujo de la conversación.
"¿Usted lee?" preguntó Kuno con incredulidad
Kasumi sintió un nudo en el estómago. Su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una expresión de desconcierto y frustración apenas contenida. "Sí, leo" dijo, su tono calmado pero cargado de tensión. "No entiendo por qué sería extraño que una mujer disfrute de la lectura."
Él alzó una ceja, evidentemente sorprendido por su respuesta. "No es que sea extraño," respondió con un tono que pretendía ser conciliador. "Es solo que las mujeres suelen tener diferentes... intereses"
Ella apretó los dientes, intentando mantener su compostura. "La literatura es una pasión que trasciende el género, señor Kuno. Los libros nos permiten explorar mundos desconocidos, comprender diversas perspectivas y enriquecer nuestro espíritu."
Kuno se rio suavemente.
"Eso suena... interesante, Kasumi, Dígame, ¿Qué tipo de literatura le interesa?"
"Disfruto mucho de los clásicos de nuestra literatura. Recientemente, he estado leyendo 'El libro de los cinco anillos' de Miyamoto Musashi. Es una obra fascinante sobre estrategia y filosofía, muy aplicable tanto en la vida cotidiana como en situaciones de mayor envergadura."
Kuno pareció momentáneamente desconcertado, como si no esperara tal respuesta. "Una elección peculiar." para una mujer, Aunque no había pronunciado esas palabras explícitamente, su voz y su expresión había dejado claro su juicio implícito.
Kasumi sonrió, aunque sus ojos no reflejaban alegría alguna.
"Peculiar quizás para aquellos que subestiman la capacidad intelectual de una mujer, señor Kuno. Es ofens-"
El joven sirviente tosió ruidosamente, interrumpiendo las palabras de la joven.
"-Sin embargo, aquellos que valoran la mente de una mujer, encontrarán que nuestras elecciones de lectura son tan variadas y complejas como las de cualquier hombre."
Kuno hizo una pausa, claramente incómodo con la dirección que había tomado la conversación.
"Bueno, es muy admirable que encuentre tiempo para tales estudios. Pero recuerde, la vida de una dama está llena de responsabilidades domésticas y sociales. No debe dejar que esas distracciones literarias la alejen de sus deberes."
Kasumi sintió que un fuego interior se encendía, pero mantuvo una sonrisa cortés. "Mis estudios no son distracciones, señor Kuno. Son parte integral de mi crecimiento personal y me ayudan a cumplir con mis deberes de manera más efectiva."
"Es una perspectiva interesante. Aunque, en mi opinión, hay un tiempo y un lugar para todo. Las tareas domésticas y obligaciones sociales requieren su completa atención. El conocimiento que adquiere mediante la literatura es sin dudas valioso, pero nunca debe eclipsar su verdadero propósito."
"¿M-mi verdadero propósito, señor Kuno?"
"Sí, Kasumi. Como mujer, tu mayor don es el de traer vida al mundo, de ser el cimiento de una familia fuerte y noble. La maternidad es tu más grande vocación, y es ahí donde radica tu verdadero valor."
La habitación parecía haberse vuelto más pequeña, la tensión palpable en el aire, envolviendo a Kasumi como una soga invisible.
Kasumi sintió cómo su mandíbula caía ligeramente, horrorizada por las palabras de Kuno. Se quedó sin palabras, su mente luchando por procesar la arrogancia y la condescendencia que había percibido en su tono. Casualmente, redirigió su contacto visual hacia un punto indefinido más allá de Kuno, intentando ocultar la furia que crecía en su interior. Cada fibra de su ser le instaba a mantener la compostura, a no permitir que su enojo se manifestara abiertamente.
El silencio se prolongaba, pesado y opresivo, mientras Kasumi aguantaba las ganas de estrangularle. Sus manos, elegantemente colocadas sobre su regazo, se tensaron ligeramente, los nudillos blanqueando con la presión contenida. La textura suave y fría de la seda de su kimono parecía casi sofocante contra su piel.
Fuera, la lluvia caía en cascadas suaves pero persistentes, un susurro constante que parecía acompañar su agitación interna. Las gotas se deslizaban por las ventanas, formando ríos serpenteantes que distorsionaban la vista del jardín exterior, un paisaje ahora borroso y desdibujado, reflejo de su propio estado emocional.
El sonido de la respiración de Kuno, rítmica y despreocupada, contrastaba dolorosamente con el tumulto en su interior. Sus ojos, normalmente cálidos y serenos, se habían endurecido, reflejando un fuego contenido que solo ella podía sentir. Su mente, aguda y analítica, recorría una y otra vez las palabras que deseaba pronunciar, pero que el decoro y la prudencia le impedían exteriorizar.
Finalmente, Kasumi cerró los ojos brevemente, buscando en su interior la serenidad que tanto necesitaba. Al abrirlos, una máscara de calma se había instalado en su rostro, aunque sus pensamientos seguían siendo una tormenta indomable.
"Tiene usted razón, señor Kuno."
No hace falta decir que Kuno Tatewaki era un individuo excéntrico. En teoría, esta sería una cualidad intrigante. La realidad, por otro lado, hacía que cualquier interacción con él fuera desconcertante.
Su familia lo amaba. Era carismático y elocuente. Su conocimiento del mundo era extenso y su gusto por lo lujoso era refinado. Era el perfecto caballero cuando se relajaba con una botella de sake para exponer sus profundas ambiciones y el efecto trascendental que producirían.
Kuno, con todo su carisma y excentricidad, simplemente no encajaba en el ideal de pretendiente que Kasumi había imaginado para sí misma. Ella anhelaba a alguien con quien pudiera compartir sus pensamientos más íntimos, alguien que la entendiera sin necesidad de palabras, alguien con quien pudiera construir una vida basada en el respeto mutuo y el afecto genuino. Kuno, sin embargo, parecía ser todo lo contrario: su arrogancia y su constante necesidad de demostrar su supuesta superioridad intelectual la hacían sentir pequeña e insignificante.
Con un suspiro de alivio, Kasumi se retiró a su habitación cuando la velada finalmente llegó a su fin. Ansiaba que Kuno se marchara y poder liberarse de su presencia. Aunque físicamente no había hecho mucho durante el día, se sentía agotada emocionalmente. Afortunadamente, su padre la excusó temprano y le explicó que se tomarían el resto de la noche para concentrarse en asuntos que no le concernían. Le molestaba ser excluida de las charlas acerca de su propio compromiso, pero aceptaba agradecida cualquier excusa para escapar de sus obligaciones.
Una vez sola en su habitación, Kasumi se liberó del apretado moño que su madre le había echo, dejando caer la horquilla en el cajón de su mesita de noche con un susurro metálico. Sin embargo, el sonido no fue el usual. La horquilla golpeó algo blando dentro del cajón. Intrigada, Kasumi sacó los objetos que había olvidado: la paloma de madera y la carta que había recibido esa mañana.
La paloma estaba tallada a prisas y pintada toscamente. Kasumi pasó los dedos por la superficie irregular y fría de la estatuilla.
Con manos temblorosas, desdobló la carta y comenzó a leer. Las palabras estaban escritas con una caligrafía horrenda, el papel estaba sucio, pero aún así el mensaje le llegó al alma. Las letras, torcidas y borrosas, parecían luchar por encontrar su lugar en el papel, pero a pesar de su presentación desordenada, cada palabra estaba impregnada de una sinceridad desgarradora.
"No dejes que te corten las alas, pequeño lirio."
Kasumi enterró su rostro en una almohada. ¿Cómo era posible que ese sin vergüenza, fuera mucho más amable con ella que su propia carne y sangre? Ella no lograba entenderlo. Todo este tiempo, sus padres le habían asegurado que todo lo que hacían era por su bienestar, le habían prometido que le encontrarían a un buen marido para que cuidara de ella. Se suponía que sería alguien amable y gentil.
Kasumi Tendo se encontraba sumida en una mezcla de confusión y dolor mientras contemplaba la carta y la paloma de madera que yacían en sus manos. Las palabras de la nota resonaban en su mente, desencadenando una tormenta emocional que la dejaba abrumada y desamparada en su habitación.
¿Era este realmente el tipo de persona que sus padres pensaban que ella apreciaría? Se preguntaba en silencio mientras las lágrimas caían silenciosamente por sus mejillas. Kuno Tatewaki, con su arrogancia y sus modales peculiares, no era el noble gentil y considerado que Kasumi había imaginado para su futuro esposo. ¿Cómo podían sus padres haberle impuesto a alguien tan inapropiado?
Quizás, se dijo a sí misma con desesperación, sus padres ni siquiera lo habían intentado. Quizás Kuno era simplemente un hombre acorde a los gustos y expectativas de sus padres, sin tener en cuenta en absoluto los suyos. ¿Acaso la estaban vendiendo al mejor postor? ¿O era Kuno el único noble que había mostrado interés en ella?
El dolor de la incertidumbre se apoderaba de Kasumi mientras se aferraba a la nota contra su pecho, sintiendo un nudo en la garganta. Lloró de impotencia y desesperanza, sintiéndose sola en la oscuridad de su habitación, donde solo su sombra podía ser testigo de su angustia.
Cada lágrima era una expresión de la profunda decepción y el desconcierto que sentía hacia sus propios padres y hacia la realidad de su destino. No entendía cómo habían llegado a esta situación, cómo podían haberla dejado en manos de alguien tan desafortunadamente inapropiado como Kuno
