Buenas a todos, gracias por todos sus comentarios y apoyo, nada más pasaba por aquí aprovechando que es Halloween para dejarles un episodio para que lo disfruten mientras pasan esta fecha tan divertida, a los que celebren día de muertos (en México) o día de todos los santos (en algunos países de Latinoamérica Sur) también se los dejo :v y a los que no celebren nada, nada más disfruten y tengan un hermoso día.
Estos días pienso hacer una encuesta de los días que voy a usar para actualizar este fanfic, estén atentos para votar y participar, ¿dónde? En mi página de FB /StarlingShadow
Nº Mínimo de comentarios para próxima actualización: 5-8
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
NADIE, SOY YO
Por Clarisce
Capítulo 5 – A puerta cerrada
Era como si en ese momento estuviera sólo él, mira por la ventana, todavía de noche, casi de madrugada, pero supone que amanecerá dentro de poco porque ve por la tenue luz de la luna un reloj de la pared.
Momo no apareció, Shoto estaba algo preocupado, por la tarde sabía que Asui recibió una llamada para pedirle que le reserve un asiento (aunque él ya lo había hecho), iría a llegar tarde, muy atípico de ella. Era muy pronto para pedirle a Aizawa que llamara a su casa para asegurarse de que nada le hubiera pasado, además él no era nada. Ni si quiera su… novio.
— Todoroki —dijo sorprendido Midoriya, quien pasaba por el salón de descanso para recoger un par de cosas que había olvidado la noche anterior durante la película, este se encontraba acomodado en un sillón.
— Me dormí —contestó al instante viendo la curiosa mirada de su amigo.
— Uhm, ¿hay algo en lo que te pueda ayudar?
— ¿Tanto se me nota? —giró su rostro a otra parte para que no lo viera.
— No quiero molestar —admitió Deku al sentir entrometerse demasiado.
— Je, para nada —dejó caer su espalda en el mullido mueble— ¿podemos hablar? Necesito sacar esto de aquí —señaló su pecho, ahora sí lucía agobiado.
El joven de pelo verde fue hasta su compañero y se acomodó en uno de los brazos del sillón que quedaba relativamente cerca, mientras juntaba sus manos.
— Llevo días pensando en cómo decírselo, tú sabes a… Yaoyorozu.
— Oh, eso significa que quieres ¿salir con ella? —le preguntó con total inocencia.
— Tal vez sólo quiero que sepa que voy en serio, quiero que pueda confiar más en mi de lo que siempre lo ha hecho. Cada vez que hablamos, yo se que sólo somos amigos, lo hemos sido desde el principio de todo esto por eso creo que hay una barrera.
— ¿Una barrera?
— Sí, hay algo que la atormenta pero nunca me habla de eso. Quiero que pueda o se sienta libre de decirme lo que pasa por su mente, si quiere.
— Oooh, ya veo —decía un poco impresionado, no tenía nada de experiencia, ¿qué podía decirle?
— Pero tengo miedo de que aún si comenzamos a salir, ella no quiera abrirse —miró a un costado notándose preocupado.
— ¡No te preocupes! —intervino animado Midoriya mientras se levantaba para ponerse frente a su amigo—. Estoy seguro de que sus corazones podrán encontrarse, incluso si no sales con ella, se que confía plenamente en ti.
— Pero… —miró al piso, lo que iba a revelar algo vergonzoso— ella me gusta —dijo como un hilillo de voz— y… —recordó la pregunta de Shinsou— no quiero que salga con otra persona sólo porque estoy siendo cuidadoso.
No era sólo la preocupación que le provocaba la joven Yaoyorozu, era la idea de derrumbar todas sus paredes, además del peligro de alguien más, alguien que se acercaba peligrosamente por fuera. Tal vez no sería Shinsou específicamente pero la sola idea le cambiaba radicalmente el ánimo.
Antes no odiaba al pelimorado con el quirk de lavado de mentes, ahora lo veía como un posible peligro.
Sí, se tenía en alta estima, era un chico con muchos valores, tanto en el área profesional, como social pero no hay quien mande en el corazón. Si Yaoyorozu se enamorara de alguien, sabiendo cómo es, ella no consideraría posición social o aspecto, su corazón era libre, tierno y sin prejuicios a la hora de querer, por lo menos desde la visión de Shoto, así era ella.
— Ve a dormir, pensarás mejor con una almohada de tu parte —agregó Midoriya, le dio la mano y Todoroki la tomó.
Tenía razón, Deku podía ser un chico sin experiencia e inocente en esta área, pero le daba esperanzas de seguir con su plan, iba a pedirle a Yaoyorozu que salieran, iba a derrumbar todas sus paredes, ser… la persona en la que pudiera confiar, a quien pudiera hablar si tenía un problema o si no iba a llegar en varios días, ser… ese alguien especial con quien contar en un día lluvioso como soleado.
Ya por la mañana, finalmente, la pelinegra pudo regresar a los dormitorios, fue traída casi por obligación por Endeavor en un taxi que tomaron juntos desde el hospital, ¿pero por qué por obligación? Ella se negaba rotundamente a volver con él, si alguien los veía podrían contarle a Shoto y eso, eso la mataría.
Los días, por suerte, pasaron con normalidad y mientras decidía cómo hablar del asunto con Shoto, antes de todo lo que ella había pensado, él la tomó desprevenida apareciendo.
— Oh no… —dijo escondiéndose tras una pared.
— ¿De quién nos escondemos? —preguntó Hawks escondido tras la misma pared.
— ¡Ahh! —gritó pero se cubrió la boca al instante.
— Wow, calma, lo siento —se disculpó el plumífero héroe con un rostro de arrepentimiento por asustarla así.
— Es sólo que… —asomó su cabeza por la pared, viendo a una distancia notable a Shoto entrar a la oficina de su padre.
— Ahhh, el hijo del jefe finalmente llega —dijo casi entendiendo el drama.
— Él no sabe que trabajo aquí —contestó Yaoyorozu.
— Bueno, en algún momento iba a aparecer, supongo que debería saberlo por ti antes de que te vea rondando por los pasillos —decía Hawks apartándose de la pared para luego irse.
Tenía razón, aunque retrasara el asunto, era hora de decir lo que pasaba, no podía demorar más la situación que entre penosas mentiras se escondía, no era bueno para ellos como amigos tener un secreto así.
— Bien —se dio ánimo mientras tomaba aire y retomaba una postura confiada para ir hacia la oficina de Endeavor con las cosas que le habían pedido.
Durante su caminata a aquella horca imaginaria pudo notar cómo ambos Todoroki's se fijaban en ella, se quedó un segundo detrás de la puerta de cristal pero luego la abrió y entró colocando toda su confianza en un rostro poco serio.
— Señor, le traje… los informes que me pidió —dijo Yaoyorozu dejando sobre el escritorio lo que Endeavor le había pedido hace algunos minutos.
— Ya era hora —el recriminó Endeavor.
La situación natural fue pronto interrumpida por el sobresalto de Shoto, el cual antes que levantar la voz y preguntarle a su compañera la razón por la cual estaba ahí, respiró hondo y cerrando sus ojos con calma, los abrió para mirar hacia la pelinegra.
— Yaoyorozu, ¿puedes dejarme a solas con mi padre un momento? —preguntó cortés.
— Estoy trabajando con él porque envié mi solicitud —remarcó lo que Endeavor y ella habían acordado— y la aceptó, por favor no pienses nada equivocado —agregó de inmediato.
— Lo entiendo —contestó con mirada amable— es sólo que mi padre y yo estábamos en algo, ¿podrías dejarnos a solas?
— Claro, eh… estaré afuera cuando termines.
— Me parece bien —le dijo con una sonrisa, Momo salió pero nada le quitaba la sensación a extrañez que le daba aquel aspecto contenido que le mostró el rostro de su amigo.
Shoto se acercó a la puerta también viendo marchar a la joven al tiempo que bajaba las persianas para cubrir la oficina, volvió hasta donde el escritorio de su padre y con ojos asesinos lo miró desde arriba.
— ¿Qué haces? —preguntó con toda su rabia en cada letra.
— Ya la oíste —contestó Endeavor sin mirarlo, sin quitarle atención a los papeles que le trajo la pelinegra.
— ¡No digas estupideces! —le gritó quitándole lo que sostenía y tirando parte de lo que se encontraba en el escritorio para luego verlo directamente— ¿por qué la trajiste a trabajar contigo?
— Creo que malinterpretas las cosas, ella dijo claramente que introdujo su solicitud, puedes preguntar en U.A. si es cierto. No intervine en nada para que ella viniera a mi agencia.
— Viejo idiota, ¿crees que va a ser fácil manipularme con la chica que me gusta aquí? No nací ayer. Esto ha sido un paso muy predecible y bajo el que has tomado para tenerme bajo tu control pero no voy a seguir la corriente.
— ¡Shoto…!
— Cállate, de tu boca sólo sale peste mentirosa. No voy a dejar que la arruines a ella también, ¿amenazaste con acabar con su carrera o es algo que tiene relación conmigo? Yaoyorozu no vendría a tu agencia aunque fueras el último héroe profesional en el área. Estoy seguro de que algo hiciste para que ella aceptara.
— No es así —pausó— hijo, escucha —tomó valor para admitir algo difícil.
— ¡¿Ahora soy tu hijo?! —interrumpió irritado—. Maravilloso. No cuentes más conmigo, considérame fuera. Haré las cosas a mi manera, después de todo no eres el único héroe en la ciudad al cual puedo acudir para una pasantía. Pero si la sigues manipulando o extorsionando o si quiera haces algo que pueda afectarle en el área profesional me veré en la necesidad de hacer algo mucho peor —advirtió con un gran mal humor— y te lo digo en serio, si de alguna manera intervienes en su futuro, me iré de casa.
— Es un poco extremo para hacer todo eso por una chica. Piensa un poco en tu futuro.
— No es sólo por ella, estoy harto de que quieras manipularme. Esto me incomoda, ¿sabes por qué? Porque es mi vida, sea lo que sea que haga no tiene que involucrarte a ti, porque nosotros no somos una misma entidad, ¡entiéndelo! —se dio vuelta y salió.
Estaba tan molesto que ni si quiera había visto a la pelinegra parada al lado de la puerta, la dejó con el amague de detenerlo, por un segundo sus helados ojos hicieron que retrocediera.
Tomó el ascensor y trató de relajarse mientras bajaba a la planta baja, antes de pisar fuera de la agencia notó como alguien lo llamaba, volteó y vio a una muy cansada Yaoyorozu correr hacia él, agitada y sin palabras, apoyando sus manos en sus rodillas mientras recuperaba el aliento.
— ¿Viniste por las escaleras? —preguntó sorprendido Shoto.
— S-Sí —contestó y recomponiéndose levantó la mirada— no te vayas, por-por favor.
— No quiero hablar —contestó todavía irritado.
— Debí decirte antes esto, yo sólo… —tragó saliva— no podía.
— ¿Es cierto lo que dijiste? —preguntó con seriedad.
— ¿Cierto qué? —pecaba de sonar confundida.
— Cierto que quisiste venir a la agencia y que aplicaste sin que mi padre ejerciera algún tipo de manipulación.
— Yo aplique, no creí que me aceptaría, además… pensaba que podría trabajar contigo —en parte era cierto, más por lo de trabajar con él.
— Así que todos estos días que has estado fuera es porque te tiene aquí, ¿no?
— Sí.
— Incluso el día que no llegaste a dormir —preguntó Shoto, estaba haciendo las preguntas correctas y más difíciles de contestar.
— Tenía algunos deberes, los terminé y me fui a casa porque ya era tarde.
El muchacho entrecerró los ojos y tomando a Yaoyorozu por los brazos con suavidad la condujo a su lado para tenerla más cerca.
— Teníamos algo pendiente, podías llamarme, no… no quiero que me digas todo lo que haces pero… pensaba que podíamos compartir un momento a solas. Han sido días tan ocupados para ambos, es difícil estar juntos, yo sólo quisiera… —divagó en sus deberes en U.A.
— ¿Tenías planes? —preguntó Momo.
— Quería preguntarte algo, tú sabes, algo que he dejado pendiente mucho tiempo —mostró una leve sonrisa mientras agachaba la mirada.
— Todoroki-kun… no… no estoy lista —confesó luego de ver su rostro.
¿Cómo podía aceptar ser su novia con todos los demás secretos y mentiras entre ellos? No iba a lastimarlo de esa manera, no quería que fuera de ese modo. Esperaba tener una relación, salir, ser… más que amigos, como siempre lo fantaseó. Cómplices enamorados tal vez, un primer beso, un… toque de sus cuerpos.
— No te lo estoy preguntando ahora —respondió de inmediato evitando el rechazo.
— ¿Eh? —con la sorpresa en su rostro miró a los tiernos ojos de su compañero, el mismo a pesar de haber lucido como un demonio momentos atrás, ahora era un terrón de azúcar para ella— yo tengo muchas cosas pendientes, mi vida… es un revoltijo, no me siento lista por eso, yo… a mi… me gustas —confesó con el sonrojo de sus mejillas— pero no puedo seguir adelante contigo o aceptar tus sentimientos porque necesito ser honesta por completo.
— Esperaré —contestó de inmediato Shoto— sé que tienes otras cosas en la mente y que tal vez tus problemas no te dejen acercarte a mí pero aquí estaré, también… me gustas —le confesó tomando su mano— pero eso no significa que vendré a la agencia por ti. Mi padre ha rebasado barreras y sé que algo hizo para tenerte cerca. No se qué ni cómo te mantiene mintiendo, pero cuando lo sepa, te liberaré y… volverás a escuchar de mí, ¿ok? Mientras no te enamores de otro porque no lo permitiré —estaba decido.
Soltó su mano y salió por la puerta, el espacio que le daba debía ser ahora, perderla por desesperación sería estúpido.
— ¿Esto es un sueño? —se preguntó viendo marchar a su príncipe.
Efectivamente, era un sueño dorado, para Todoroki era como si viera a través de todo lo que sucedía a su alrededor; tan consciente del poder de su padre, de todo lo que yacía detrás para manipular a la chica que le gustaba, de todos sus problemas e incluso de la incapacidad de aceptar sus sentimientos en ese momento. Era obvio que guardaba un secreto.
Yaoyorozu era brutalmente inocente y amable con los demás, tanto así que cualquier detalle, por más mínimo que fuera y no lo hubiera dicho en voz alta, hacía que se cohibiera.
Pero, a pesar de ver las cosas, no tenía todo el cuadro.
— Ah… —se quejaba con las manos en la cabeza, su migraña había vuelto. Enji apenas podía consigo mismo, codos en el escritorio, mirada abajo.
El sonido de la puerta se hizo notar, no quiso ver quién era porque ya había tenido suficiente por ese día, si era Hawks con otra ocurrencia iba a matarlo, su paciencia rozaba el límite.
— Tome —dijo la reconocible voz de Momo.
Endeavor elevó la mirada y la vio con un vaso de agua y una pastilla en la otra mano.
— ¿Cómo tienes eso? —le preguntó curioso.
— Su médico me contactó y me pidió que le diera esto si tenía algún sobresalto.
— ¿Sobresalto? Sí, claro —tomó la pastilla y el vaso de agua— ¿Shoto se fue?
— Sí, hace un momento —contestó queriendo dar la vuelta y marcharse.
— Dejó la agencia. Lo que pensaba… se arruinó, puedes renunciar si quieres —estaba pensativo—. No tomaré ninguna represalia contra tu familia o sus bienes, si te preocupa —iba a liberarla de todos sus secretos, era su oportunidad de correr, de abandonar esa vida miserable en la que no podía mirar a la persona que quería a los ojos.
La pelinegra se detuvo antes de abrir la puerta y volteando, apoyó su espalda en la misma, viendo desde lejos a Enji, lo observaba no sólo con lástima, parecía golpeado, acostumbrado al desprecio que tanto se merecía. Ahora que la liberaba lucía más desconsolado que en otras ocasiones, quizás porque había perdido la oportunidad de tener a su hijo a su lado, ¿por qué no podía soportar verlo sufrir? ¿Por qué tenía que haber sido un padre tan miserable en el pasado? ¿Por qué tuvo que robar la inocencia de sus hijos con su maltrato? ¿Por qué se esforzaba tanto en recuperar un poco de su amor? No iba a tener a Shoto nunca, no a menos que volviera en el tiempo y eso era imposible.
— No me iré —contestó y aprovechando las persianas abajo se acercó a Enji nuevamente— sabe, yo hacía esto cuando mi padre tenía un mal día en el trabajo, ¿qui-quiere que lo intente? —preguntó Momo con inocencia en su mirar.
Endeavor parecía ensimismado en dudas pero su cuerpo respondió asintiendo y siguiendo las instrucciones de la joven, fue hasta el sencillo sofá que Hawks había traído días atrás, quizá para dormir en él, pero con la excusa de que era para que el pelirrojo se relajara (mentiras). Sentado ahí, Momo se puso atrás de él y subió al mueble apoyándose en sus rodillas para luego poner sus manos en los potentes hombros del agobiado héroe.
— No se queje —advirtió divertida la pelinegra mientras comenzaba a masajear sus hombros.
Iba a contestar pero con la esperanza de dejar esta acción seguir cerró la boca al igual que sus ojos, un masaje no iba a calmar sus pensamientos, tal vez…
Con sólo 5 minutos parecía ya más calmado, no podía mentir, el pelirrojo reflejaba el efecto de esto en su respiración y cuerpo, también porque la pastilla le había quitado el dolor de cabeza, ¿qué era esa sensación que lo tomaba por sorpresa? ¿Paz? No… no podía permitirse sentir aquello.
Le dolía, no lo había aceptado antes pero, el desprecio de Shoto le dolía, sí, sí, se lo merecía, eso y tal vez mucho más, de él y de todos sus hijos pero, ¿eso quitaba el hecho de que el dolor le consumía el alma? Iba a morir, pronto dejaría este mundo lleno de arrepentimientos y sin tener una sola oportunidad.
Aquel pequeño que atormentó, aquella familia que aisló en sufrimiento, tal vez este infierno era su pago y lo que sentía cada vez que lo maldecían, era un mínimo de lo que ellos sufrieron. No tenía que entender este dolor, DEBÍA sentirlo al máximo, debía estar solo; así que tal vez, este pensamiento apareció: debería de morirse de una vez.
— Basta —le dijo entonces tomando una de las manos de Momo.
— Esta bien, me detendré —contestó la pelinegra sintiendo esta aura en el ambiente.
— Alguien podría entrar y tendrías más problemas.
— La puerta está cerrada —dijo Momo como si fuera cómplice.
Entonces sintió la mano de Enji apresar la suya con más fuerza, la apretaba como si necesitara decir algo, como si quisiera… confesar su gran y depresivo infierno.
— Puede apretar mi mano el tiempo que necesite —dijo Momo moviéndose para sentarse en frente del héroe pelirrojo.
— ¿Podemos estar en silencio? —preguntó, todavía sin mirarla—. Sólo… dame unos minutos.
— Sí —contestó en un susurró.
Ahí estaba él, cada célula de su ser queriendo desaparecer, sin si quiera poder mirar a nadie a los ojos desde su despertar, sin poder decir nada hablar de su inminente final con nadie, sintiendo el peso de su soledad aplastarle desde que amanece hasta que anochece. El karma de sus males le apresaba en ese sentimiento, la insatisfacción de vivir le decía que podía acabar con todo ya mismo, ¿por qué esperar al conteo de su aneurisma? ¿Por qué no simplemente morir? Debería rendirse. Al final, ¿quién iba a extrañar a un bastardo como él?
— Todo estará bien… —susurró la pelinegra intentando consolar al hombre que le había pedido silencio, mas este le volvió a apretar la mano con delicadeza.
No estaba enojado, ni si quiera estaba en ese mundo pero aquel toque, aquel simple toque de compasión lo hizo agradecer por tenerla en su vida, tal vez estaba dejando a su hijo en buenas manos.
Endeavor comenzó a pensar que tal vez su hijo podría aspirar a ser feliz luego de su partida, con Yaoyorozu a su lado, quizás no sería difícil superar las heridas que le fueron dejadas en su infancia, tal vez… ella podría curar su corazón, tal y como lo hacía con él, ahora que estaba vivo.
x
xx
xxx
Fin de Episodio 05
