Tarde recordé que no había actualizado aquí ^^'' pero bueno, aquí se los dejo, aprovecho que actualicé otro fanfic que tenía para dejar esto también.

Disfruten del episodio y no olviden dejar su comentario, saluditos~


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


NADIE, SOY YO

Capítulo 7 — Sueño de día, Infierno de noche


De repente podía notar el aire cortado, las mareas de su soledad aplacadas, una brisa soplando directamente hacia él, casi podía sentir la frescura del verano, a la distancia sus hijos y esposa, todos felices hasta que lo supo, era sólo un sueño.

Despertó de repente, totalmente incómodo, no evitaba ver a la nada por unos prolongados minutos. Quién sabe cuánto duró así hasta que se repuso y comenzó a pensar en las horas que había dormido, quizás 5, iban a ser más pero se conformaba con el resultado.

Tal vez tener un buen sueño no lo calmaba, ver a su familia bien y feliz le recordaba todos y cada uno de los malos giros que dio como hombre, padre y héroe. Ya no estaba ciego, ahora podía ver, y de sus pecados resaltaba su gran interés en cambiar un poco la visión que tienen ellos de él.

Esperando siempre que fuera suficiente hasta el día que la vida le fuera arrebatada o que él mismo deba quitársela a causa de su consciencia de inmerecida existencia.

— ¿Papá? —dijo con sorpresa Fuyumi al verlo en el comedor, con una taza de café.

— Oh —volteó hacia ella sosegadamente.

— ¿Qué haces? —lo veía comer un panecillo tostado—. No, no —se acercó negando con la cabeza— deja que te prepare algo.

— Estoy bien —contestó el pelirrojo. Era cierto.

— Para nada —decía mientras buscaba preparar un desayuno apropiado—. Es… la primera vez que te veo aquí —bajó la mirada algo pensativa para luego volver a él— creo que puedo prepararte algo, permíteme, se que te vas a las 8 y todavía son las 6.

— Gracias —dijo aunque en su interior se sentía algo extraño.

Quizás era la primera vez que pasaba tanto tiempo en casa, usualmente iba de pasada, sólo unos minutos o tal vez entrenar por horas encerrado para luego salir de nuevo a su agencia, quedarse hasta altas horas de la noche revisando casos, a veces sin comer, sin dormir por un par de días, llegar para reponer energías sin salir y volver a la misma insana rutina.

Al poco tiempo escuchó su teléfono, lo sacó y verificó el número, era de la agencia de policía, debía atender. Odiaba tener que romper su poca usual rutina de desayuno pero era necesario.

— ¿Sí? —salió de la cocina de camino a un espacio abierto.

Siento interrumpir, Endevor-sama. Le hablo de parte del forense, encontramos algo curioso en el estómago del asistente, del caso Belli.

— ¿Qué es tan urgente? —dijo Endeavor, veía en dirección a Fuyumi, quien parecía estar disfrutando cocinar un típico desayuno para su padre.

Son diamantes, ya fueron cotejados y no tienen marcas. Lo demás estará en el informe.

— ¿Tienen algún reporte de robo de diamantes?

No, nadie reportó diamantes robados. Tal vez deba hablar con el señor Belli. El detective a cargo envió una patrulla por él, estará en la estación de policía.

— Yo voy. Hablaré con Belli. Hay más preguntas por hacer, que espere en la sala de interrogación.

Le pido que se apresure, el jefe insiste en no retenerlo sin razón, así que esto debe ser casual.

— No hay problema. Iré en seguida —dijo y encendió sus flamas— ¡Fuyumi! —gritó desde donde estaba.

La joven de cabellera blanca fue a él rápidamente, veía curiosa la intensa mirada de su padre.

— Tengo trabajo. Otro día haremos esto —pasó por su lado dándole una pequeña palmada en el hombro.

¿Qué era eso? Se preguntó su joven hija, ¿fue un gesto cariñoso? No sabía cómo interpretarlo dado que su padre no era muy asiduo al afecto, ni si quiera cuando fue una niña estuvo atento, ni cuando consiguió su propio trabajo, ni cuando alguna vez ganó un reconocimiento en su propia carrera… era raro pero se sentía especial.

Vio marchar a su padre, quizás con una ligera sonrisa en su rostro. Al menos lo estaba intentando, pensó de Endeavor; ser un padre ausente por tanto tiempo le hizo apreciar hasta el más ridículo detalle que él tuviera, quería ser normal y que su familia también lo fuera.

— Hawks… —dijo con un oído en el teléfono y otro en el volante.

¿Endeavor-san? —la voz del plumífero héroe se escuchaba adormilada.

— Te necesito en la estación de policía en 5 minutos —pidió casi un imposible.

¿¡Qué!? —dijo Hawks totalmente sobresaltado.

Y le colgó para tirar su teléfono al asiento de acompañante, tomaría un atajo, dio un giró en U muy peligroso esperando que nadie lo viera o detuviese, debía llegar con Belli, habían cosas por aclarar.

Una mirada al pasado más oscuro de este hombre le hizo pensar en todas las consecuencias de sus acciones, cómo un tórrido pasado amoroso (en el caso de este) le hizo estar en medio de una investigación, era como si se comparara a ambos. Uno atormentando una basta serie de mujeres, el otro destruyendo su propia familia por su ambición.

Pero eso no era lo único que pasaba por su mente, ¿qué podría haber sucedido para que el asistente tuviera diamantes sin reportar en su estómago? ¿Era un ladrón? ¿Fue asesinado por un cómplice?

Pronto llegó a la comisaría, dejó aparcado su auto lo mejor que pudo y acomodando su traje fue a prisa hasta la sala de interrogación donde Casus Belli todavía se veía a través del ventanal policiaco, uno que impedía que aquellos en su interior vieran más allá.

Pasando de largo a algunos oficiales entró de inmediato ahí.

— ¿Qué lo trae por aquí? —saludó Belli con una pregunta, lucía cómodo.

— Puede irse —dijo Endeavor al policía que acompañaba al magnate.

— Me siento un total criminal —dijo divertido el magnate jugando con la silla en la que estaba sentado.

Ahora que el 3ro se había marchado podían hablar con mayor libertad, el pelirrojo apoyó su mano sobre la mesa y vio con cuidado las expresiones del acaudalado hombre.

— Nunca me dijo cuál era la relación con su asistente, ¿puedo saberla?

— ¿Puede? —dijo Belli.

— Permítame hacer las preguntas.

— Cuando me trajeron aquí nunca mencionaron que mi vida privada estaría en tela de juicio.

— Le aseguro que es lo que menos tomaré en cuenta para esta investigación. Sólo necesito los detalles para llegar a un punto.

— ¿Qué quiere saber? —Belli cambió su expresión.

— Encontramos diamantes sin reclamar en el estómago de su asistente, así que… —tomó una silla para sentarse frente a él y apoyar sus codos sobre la misma— tal vez usted ha empezado un nuevo ciclo de crímenes como en su época dorada.

— Pensé que eso estaba olvidado —añadió sin mostrar un atisbo de vergüenza— lo que le haya pasado a la gente no es culpa mía, ¿acaso debo retraerme de amar o ser amado?

— Nunca se probó nada, lo sé mejor que nadie pero todas esas mujeres, muchas de ellas hicieron locuras y derramaron tantas lágrimas de amor, tantas que fue difícil rastrearlas a todas, ¿eso lo benefició? —miró sin ningún sentimiento hacia él.

— Diamantes sin reclamar, ¿eh? Eso me suena a desperdicio.

— Exacto, también pensé en eso, usted, desde su retorcido amor al dinero, jamás hubiera dejado que algo tan valioso se perdiera en un cadáver. Por eso —mostró dos dedos de su mano— es posible que su heredero tenga un interés en su negocio.

— Imposible —aquel hombre rico levantó la mirada molesto— él no sería capaz de algo así porque no tiene mi quirk.

— Es una sorpresa.

— Él no puede convertir diamantes en lágrimas, lo sé, ya lo probamos.

— ¿Entonces por qué tomó su tutoría? Su madre no se lo cedió, fue su abuela. Él no tenía un quirk fantástico, ¿qué podía hacer que un hombre tan ambicioso tomara un chico sin nada para ofrecer? —preguntó nuevamente Endeavor presionando los botones más bajos de su nuevo sospechoso.

— Es mi hijo —bajó la guardia— ¿qué más necesito para ser parte de su vida? Sin importar cuánto me odie o lo mucho que me desprecie, estaré ahí, yo arruiné su infancia, no dejaré que se pudra en la miseria con una vieja en una casucha.

— Es complicado, ¿no? —preguntó Endeavor.

Sabía cómo era todo eso, el desprecio era poco comparado a la dicha de tener al ser amado al lado, sin cuestionárselo vendería su alma al demonio con tal de regresar en el tiempo y hacer las cosas bien. Algo como, jamás entrar en la vida de Rei.

Pero el mundo no giraba porque él quisiera, nada lo hacía, por lo mismo no era dueño de las voluntades, del destino o de lo que sucediera.

— ¿Fue su hijo? —preguntó nuevamente al ver a su acompañante en silencio.

— Creo que es suficiente. De ahora en adelante si quiere hablar con cualquiera en mi casa, deberá dirigirse a mi abogado. Buena suerte —se levantó indignado.

Como si Belli tuviera el poder de impedirle investigar un potencial sospechoso, si algo había aprendido en toda su carrera era el no soltar pistas como si nada, debía ser como un sabueso. Podía saborear el final de este caso.

— Endeavor-san, ¿qué pasó? Acabo de ver salir a Belli —apareció Hawks por la puerta.

— Localiza al hijo, estoy seguro de que huirá o saldrá del país.

— ¿Qué quieres decir? —preguntó Hawks.

— Es nuestro principal sospechoso. Por cierto, ¿sabes cuál es el quirk del muchacho?

— Eh… sí, lo tengo anotado —sacó su libreta.

— El padre mencionó que no es capaz de crear diamantes con lágrimas y según él, su era de provocar crímenes pasionales acabó. No lo sé, sentí que me ocultaba algo —tomó su propio mentón con sus dedos y como si fuera un tic se rascó la media barba.

— Aquí está —llegó a una hoja con garabatos— según me dijo puede transformar comida y algunos objetos, temporalmente, en lo que él quiera. Con un único limitante, el tamaño y peso.

— Parece un buen quirk para el contrabando.

Se levantó de la mesa y fue caminando hasta la salida, Hawks le siguió mientras se despedía con la mirada de los oficiales. Todavía lo tenía dudoso, ¿sería el padre o el hijo? Aparentemente el muchacho no tenía un quirk letal, de hecho no era nada interesante, probablemente Belli tenía razón. Tal vez quería formar un lazo familiar, establecerse finalmente.

O tal vez no.

No era como si Belli no supiera nada del asunto, sí, lo sabía… y debía ocultar su secreto el tiempo que necesitara, por el momento enviaría a su hijo al extranjero, sin importar si lo hizo o no, era su deber alejarlo de todos los males.

Pero los secretos no eran propiedad exclusiva de criminales, todos los tenían, incluso alguien como Yaoyorozu, quien pronto tendría que entender el significado del peligro de guardarlos por demasiado tiempo.

— ¿Cómo van los preparativos? —preguntó Iida.

— Todo va de maravilla —contestó Mina sonriendo y mostrándole algunos carteles que había terminado.

La escuela preparaba el festival Tanabata, un evento basado en una antigua leyenda de Japón acerca de dos amantes separados que una vez al año podían estar juntos. En la actualidad el Tanabata moderno sólo insta a los participantes escribir deseos o poemas en pequeños trozos de papel y colgarlos en las ramas de árboles de bambú.

Todas las clases habían repartido deberes, algunos debiendo ocuparse de los puestos de comida, como otros del entretenimiento así como los restantes de las decoraciones.

— Oh, Mina-san, ¿sabes si llegaron los árboles de Bambú? —preguntó Momo algo preocupada.

— Ya deberían estar en la entrada, ¿llamaste al portero?

— Sí, pero dice que nadie ha llegado con más cargamento y casi es medio día.

— No es posible —decía la pelirosada— intentaré hablar con los distribuidores —sacó su teléfono y se fue corriendo a la entrada de la escuela.

Iida vio con desconcierto la escena y pensó en una manera de ayudar, sabía de un vivero en el cual trabajaba un conocido de su madre, alguien con el quirk apropiado para salvar esta situación.

— Momo-san —se dirigió a la preocupada pelinegra— ¿me permite algo en donde escribir una dirección? Creo que conozco a alguien que puede arreglar esto.

— Claro —usando su quirk rápidamente formó una pequeña libreta de hojas limpias con un lápiz y se lo entregó.

El teléfono de Yaoyorozu sonó, contestando sabía que era Mina, totalmente alertada porque el pedido de árboles artificiales de Bambú no llegaría y menos hasta la hora de inicio del festival, que sería aproximadamente a las 8.

— Dice que cancelaron el pedido por error pero si mandan otro camión con plantas no llegará a tiempo —le dijo Momo a su acompañante.

— Bien, no hay problema, si vas a la dirección que te di, encontraremos a alguien que pueda ayudar, tú podrías elegir el cargamento, pediré prestada a la escuela la camioneta, ¿sabes conducir?

— No —contestó Momo.

— Dame unos minutos, preguntaré si alguien sabe, para que te acompañe.

— Gracias.

Pero en su afán no dejó de estar alerta para llamar a Mina y contarle la buena noticia, esperaba que ella no estuviera hecha un desastre, solía alterarse con los detalles no resueltos.

Sin perder tiempo se ocupó en hacer algunas llamadas más para asegurar que el cargamento de bambú llegaría a tiempo para el festival. Terminando su tarea informativa pensó en ir con Mina al puesto de control pero escuchó algo.

— Hey —dijo Iida y la pelinegra volteó.

— Yaoyorozu-san él podrá ayudar, según me dijo terminó sus deberes con Aizawa-sensei y puede asistirte, además sabe conducir y podrán llevarse la camioneta que la escuela nos prestó para emergencias como esta —decía Iida entregándole las llaves al acompañante designado.

— Eres Hitoshi Shinsou de la clase…

— Clase C —le respondió.

— Muchachos, no hay tiempo que perder. Vayan por favor.

Y mientras estos caminaban juntos perdiéndose entre la multitud de estudiantes trabajando y moviéndose alrededor de ellos, un par de ojos dispares no perdían ningún movimiento de esto. Sus puños apretados demostraban que la situación era totalmente desagradable para él.

Tan sólo podía recordar caminar por el pasillo con el pelimorado viendo a Iida acercarse, preguntándoles quién de ellos podía ceder su tiempo a una tarea importante para el festival.

Rápidamente Todoroki se ofreció pero para su sorpresa no pudo seguir con su ofrecimiento dado que requería saber conducir para llevar a cabo la tarea.

Por lo mismo Shinsou le entregó sus papeles y se fue con el delegado de clase para encontrarse con Momo.

— Todoroki-kun —dijo Uraraka.

— ¿Qué? —respondió volteando hacia ella, encontrándose con la peculiar mirada de Bakugo también.

— Ten cuidado con eso —dijo el rubio alejando a Uraraka del ya molesto Shoto.

Sin querer había activado parte de su quirk, fuego sobresalía de sus mejillas y cabellera, se encendió al imaginar… al pensar… al si quiera dejarse llevar por un instante por aquellos celos que lo consumían.

— Lo lamento —apagó su fuego.

— Creo que me ocuparé de esto —dijo Ochaco quitándole los adornos de papel un poco quemados de la mano de Todoroki.

— Contrólate —advirtió Bakugo con molestia y se fue con la preocupada joven de pelo castaño.

A una distancia más prudente y con un tono más bajo Ochaco no dejó de hablar del suceso con su compañero quién también ayudaba con los adornos del salón que les habían encargado.

— Eso fue raro.

— Déjalo, no nos incumbe.

— Claro que no pero… la manera en que miraba a Yaomomo-chan me preocupó.

— Te dije que lo dejes —miró furioso a Ochaco.

— Supongo que sí.

— Voy por más pegamento, no te muevas ni hagas nada.

— No iba a hacerlo —dejó de mirarlo, en realidad empezó a ignorarlo.

Al salir de aquel salón se dirigió directamente a otra área, el pegamento era lo de menos, tal vez también estaba preocupado por la reacción explosiva de su compañero y dado que no quería ningún problema la noche del festival decidió intervenir, un poco.

— Pssst —llamó a la distancia al peliverde, quien parecía estar alegremente charlando con Mei del departamento de apoyo— ¡Deku imbécil! —gritó Bakugo ya cansado de intentar ser discreto.

Midoriya volteó hacia él con ojos asustados y pidiéndole un poco de tiempo a su compañera se alejó para ver a su amigo en el pasillo.

— ¿Kacchan? —preguntaba con la cabeza baja.

— Escucha idiota, deja de coquetear y haz algo con el tarado de Todoroki.

— ¿Por? —preguntaba curioso— ¿pasó algo?

— No lo sé, no lo escuchaste de mí y no tengo nada que ver, sólo ve y averigua —se alejó.

Quizás muchas cosas pasaban entre Momo y Shoto aún, después de la promesa que se habían hecho de esperar hasta que ella pudiera liberarse de sus cadenas o secretos no habían hablado claramente, esto convertía en una olla hirviendo al muchacho de ojos dispares, el cual se moría por hablar con ella nuevamente.

A su vez Momo estaba un poco más tranquila sin imaginar la tormenta por la cual su compañero emocional estaba pasando, no era su culpa, tan sólo esperaba que él lo pasara como ella. Tal vez lo que hacía explotar a Shoto era saber que Shinsou preguntaba por su interés amoroso, no podía desechar la idea de que él podía querer algo más que una amistad.

Inspeccionar a los rivales era algo que Shoto sería capaz de hacer.

— ¿Por dónde? —decía Shinsou ya en el asiento de conductor.

— Toma —le entregó el papel con la dirección.

— ¿Por qué tenemos que ir ambos? —le preguntó Shinsou con frialdad—, deberías quedarte y ser de utilidad en algo más.

— Es un vivero muy grande y necesitamos algunas flores especiales.

— Qué pérdida de tiempo —arrancó los motores para empezar a conducir y salir de U.A.

— ¿Entonces por qué te ofreciste? —preguntó Momo algo molesta por su actitud.

— ¿Luzco como alguien que puede negarse al delegado de la clase A? Aizawa-sensei lo sabría y no quiero quedar mal con él.

— Oh.

Concluyó que el viaje tampoco sería nada cómodo, pondría música para apagar el silencio incómodo pero no quería acercarse más al pelimorado, quien conducía con una cara de pocos amigos.

— ¿Quieres saber por qué Todoroki no pudo venir? —preguntó secamente el conductor malhumorado.

— Ni si quiera sabía que él se hubiera ofrecido, todo fue muy rápido.

— Ambos fuimos designados por Aizawa-sensei para unas tareas con nuestras clases, por eso estábamos juntos cuando encontramos a Iida-san.

— Sigo sin entender tu pregunta —contestó Momo un poco seria.

— Él no quiso venir —mintió para ver su reacción.

Pronto notó el cambio de expresión en la pelinegra, la cual parecía estar seria al principio para luego agachar la mirada.

— ¿Pasó algo con la pareja dorada de U.A.? —preguntó Shinsou a la decaída Momo.

— No tengo nada que decirte —añadió Momo mirando por la ventana.

— Me imagino que es difícil para ti mantener una relación pura con él, después de estar con su padre —dijo rápidamente el pelimorado.

El cambio de ambiente se notó al instante haciendo que Momo estuviera congelada, no quería mover ni un centímetro sus músculos, se había tensado por el miedo y el horror de aquellas palabras. Sus delicados y hermosos ojos se giraron hacia el conductor, el cual sin ninguna vergüenza o pena seguía como si nada pasara.

— ¿Qué acabas de decir? —preguntó con cuidado ella.

— ¿Yo? —preguntó Shinsou con inocencia—. No he dicho nada, ¿estás bien? —preguntó, estaba divertido en su interior.

— Te escuché claramente, detén el auto —pidió al entender el juego de este.

— No. Tenemos un deber, no podemos detenernos por tu imaginación.

— Basta de esto, no te conozco de nada y te escuché claramente. Para el auto.

Con un gesto de molestia y el ceño algo fruncido, Shinsou accedió, acomodándose a un lado de la carretera mientras veía a Momo debatirse entre salir de ahí o quedarse por el bien del festival.

— Cometes un error.

— Hablaré con Aizawa-sensei de esto y reportaré tu comportamiento con U.A.

— Jaja —sonrió Shinsou— eso es lindo —añadió descaradamente divertido— ¿acusarme? ¿Realmente lo harías? Podrías reportarme y citar palabra por palabra lo que dije para merecer un castigo.

— ¿Por qué dices cosas tan horribles? —preguntó volteando con enojo y algo de indignación.

— Porque se tu secreto. Sé que estás relacionada con Endeavor y porque con tus deslices le has creado problemas a gente que no merece sufrir consecuencias.

— Endeavor y yo no somos…

— ¡Tch! Mírate, convencida de que no mientes a nadie, de que no lastimarás a quienes están a tu alrededor, si hay algo que detesto es a la gente como tú. Quieres parecer una dama virtuosa y honrada pero en el fondo sabes muy bien que hay algo incorrecto, algo que no puedes dejar de hacer, ¿verdad?

— ¿Qué sabes tú de mi vida? —preguntó molesta con una mano en la puerta, lista para abrirla.

— Sé que eres la amante de Endeavor y con eso me basta.

— ¡No es cierto! —gritó en respuesta.

— Siempre llegas tarde y acompañada de él, es un gran escándalo. Apuesto a que las televisoras locales pagarían una fortuna por los vídeos que tengo —mentía acerca de tener más vídeos, sólo tenía uno y le bastaba.

— ¿Por qué haces esto? ¿Qué quieres? —preguntaba ella a punto de llorar, todavía podía contenerse.

— Quiero que digas la verdad, muy fuerte y claro.

— No tengo nada que confesar, no he hecho nada malo. Por favor, vuelve pronto a U.A. y entrégale el pedido a Mina-san —salió del auto y se fue caminando en dirección contraria a la ruta de los autos en la carretera.

Será un escándalo, sin importar como se sepa, lo será y arruinarán la vida no sólo de él sino también la de su amigo, Endeavor era influyente, incluso en su declive podría destruirlos a ellos también. La única manera de que esto no explotara a más inocentes era que Momo confesara su crimen.

¿Las consecuencias? A Shinsou sólo le preocupaba que nadie más saliera afectado, incluso le dolía tener que ver a Shoto todos los días, consideraba que era un chico prodigio con todo servido en bandeja de plata pero no lo odiaba, le tenía consideración por ser talentoso, esperaba competir contra él en alguna ocasión pero el verlo ilusionado con una mentira, le recordaba un pasado tormentoso. Algo que tal vez no repensaría en esta ocasión, algo que lo había marcado en su infancia y que deseaba que no le pasara a nadie más.

Yaoyorozu por su parte siguió caminando hasta tomar el transporte público, no quería regresar a U.A. y tampoco a su casa, quería llorar un poco pero no deseaba que más extraños la vieran compartir sus lágrimas.

Estaba desolada, luego de esta intervención con Shinsou, algo en ella le perturbaba, ¿por qué creía que ella tenía una relación con el padre de Shoto? Era horrible pensar en algo tan retorcido, ¿por qué? Por un instante todos sus encuentros con Endeavor le hicieron sentir vergüenza de sí misma.

Ella lo había dejado tocarla, lo había dejado ser parte de su vida, conversaban por las noches, así Enji conocía más de su hijo, de cómo era entre sus amigos, en U.A. y lo que le gustaba. Recordó también cuando las mariposas de su estómago revolotearon al contemplarlo, así como no podía hacerlo con Shoto. Comparando sus facciones, su manera de actuar, de moverse, de sonreír.

¿Realmente había algo de qué preocuparse?

Bajó del transporte y al término de una cuadra llegó a la agencia donde trabajaba, se adentró intentando no llamar la atención de nadie, subió por el ascensor, casi dejando salir sus lágrimas, rogando por llegar a tiempo al pequeño rincón del mundo donde nadie la juzgaría.

Llegó hasta los archiveros y cerró la puerta para luego acomodarse en una esquina, atrás de un estante y llorar, dejar fluir el río de emociones dentro de sí. El sufrimiento de tener que ocultar la miseria de su familia, el dolor de tener que trabajar para alguien que había salvado el buen nombre de los Yaoyorozu y que éste a cambio sólo le pida saber de su hijo, eso no era malo, era… no sabía lo que era.

Millones y millones por sólo platicar, ¿tal vez?

Abrazó sus piernas y siguió llorando, rogando por entender qué estaba haciendo mal, pidiendo al cielo saber cuándo podría ser libre de este secreto, de decirle a los demás que su familia iba a caer en quiebra hasta que Endeavor dio de gratis millones para salvar sus negocios a cambio de… ¿platicar?

¿¡Quién iba a creer eso!? Era una tonta, nadie lo haría y Shoto… menos.

Y entre tanta cavilación la noche finalmente llegó, Endeavor yacía en su oficina, aún trabajando en algunas pistas mientras la demás gente se retiraba, las luces automáticas también parecían apagarse en los pasillos.

Por un segundo mientras se quitaba sus gafas de lectura vio hacia la puerta de cristal, recordaba que ese día sería el festival en U.A., la pelinegra le había pedido permiso para asistir, no la vería hasta el Lunes, siendo ese día Sábado. Suponía que era joven, tenía derecho a tener un día libre y más si ese lo dedicaba a pasar con su hijo, quien seguro estaría feliz.

— Endeavor-san —entró a su oficina Hawks.

— ¿Qué pasa? —preguntó serio.

— Parece que el hijo de Belli huyó a un área rural, iré con un grupo de búsqueda y en cuanto lo traigamos te llamaré.

— Me parece bien —contestó— infórmame de lo que encuentren.

— Claro, oh… y por cierto, no debiste cerrar el archivero —hizo una mueca— si no querías que durmiera ahí sólo me lo hubieras dicho. Necesitaba unos formularios y no pude sacarlos.

— ¿Por qué no me los pediste? —preguntó.

— No es urgente, puedo hacerlos mañana. En fin, me marcho —se despidió con un gesto.

— "El archivero" —dijo el pelirrojo mientras algunos pensamientos asentaban sus recuerdos.

Debería ir a investigar, no podía quedarse sin hacer nada, después de todo, su agencia entera necesitaría en algún momento algún documento de ahí.

El solitario pasillo le dio la confianza de apagar sus llamas mientras realizaba este corto viaje, al llegar efectivamente comprobó que el archivero estaba cerrado por dentro. Golpeó con su puño pero nadie contestaba, movió la manija y tampoco hubo resultado.

Por un minuto suspiró y pensó que sería bueno cambiar las cerraduras, estaban viejas y… con un empujón entró de golpe. Todo totalmente oscuro, cerró como pudo la puerta ya rota, encontrándose con el interruptor. Entonces lo encendió y notó un desastre.

Vaya… —dijo recordando que Yaoyorozu había prometido arreglarlo.

Vio entonces en una esquina la punta de unos zapatos, se acercó para ver a una agazapada pelinegra en el suelo.

¿Qué haces aquí? —preguntó muy intrigado.

Momo ni si quiera quería levantar la mirada, se cubría completamente con su cabellera, fue cuando Endeavor se puso firme y levantó más la voz.

Levántate —dijo con autoridad pero ella no hizo caso— ¿crees que esto es un maldito juego? —le dijo agachándose y levantándola por el brazo.

La joven no quiso mirarlo, no quería hablar, estaba apenada y le dolía tan sólo pensar en todo lo que Shinsou había soltado durante su corto viaje.

Estos son documentos muy importantes, no es lugar para lo que sea que estés haciendo. Ahora muévete y vete a U.A.

No se movió, el pelirrojo aún más molesto la tomó por el brazo pero ella se hizo soltar de golpe chocando contra unos casilleros viejos y ahí se quedó.

¿Qué pasa contigo? —preguntó de nuevo.

Le tomó entonces la barbilla y le obligó a mirarlo, luchó por momentos pero finalmente se dejó, era difícil mantener la mirada.

Sus ojos llorosos, tan rojos e hinchados a su alrededor, Endeavor la soltó entonces para preguntarle de nuevo en tono más calmado lo que le sucedía pero ella seguía sin decir nada.

Esperando lo peor Momo apretó los dientes, dispuesta a recibir el empujón o castigo que hiciera falta para sacarla de ahí, se encorvó todavía más pero en lugar de más reprimendas sintió las manos de este hombre sobre sus hombros.

¿Confías en mi? —le preguntó y asintió dado que él también había confiado ella antes, esperó entonces su próxima acción.

La movió, apoyándose en sus hombros, hasta el rincón donde ella había estado por horas, se dio la vuelta y apoyó su espalda en la pared para estar frente a frente.

Si no quieres hablar, lo entiendo pero no es normal. Tengo trabajo que hacer, mucha gente depende de mi, no sólo en la agencia, en todo el mundo, sus ojos están puestos en el héroe Nº 1. All Might dejó un espacio casi imposible de llenar —pronunciar su nombre le hizo apretar los hombros de Momo sin querer— y ahora tengo a mi interna encerrada aquí, llorando sin decirme lo que le pasa, ¿crees que es justo? Mírame —le pidió ahora sin agresividad— ¿estás avergonzada de algo? No tienes que estarlo. Nada ha pasado para que si quiera pongas tus ojos en el piso.

La pelinegra elevó un poco entonces su barbilla, su cabellera ocultaba su rostro, Enji usó una mano para acomodar aquellas largas hebras color oscuro a un lado y así poder verla.

Así está mejor —la animó— ahora dime qué pasó.

N-No… puedo —murmuró entrecerrado sus ojos, aguantando otra vez las ganas de llorar.

Enji suspiró de nuevo, tal vez en un pasado la hubiera echado sin si quiera darle la oportunidad de reponerse, pero ahora era otro, un hombre que proclamaba querer ser diferente, que luchaba con sus demonios, los cuales le exigían el horror en copas de oro.

Bueno, supongo que nos quedaremos aquí hasta la mañana —se sentó en el piso.

¿Ah? —vio que Endeavor le ofrecía una mano.

Siéntate —le pidió él y la haló por la mano hasta que estuvo sentada a su lado.

Así se mantuvieron por unos minutos esperando que la joven decidiera decir algo más.

¿Cree que soy buena para Shoto-kun? —preguntó sin previo aviso.

¿Desde cuándo tienes tan baja estima? —le contestó con otra pregunta.

Es sólo que… me pregunto si luego de todo, seguiré mereciéndolo, yo… no sé si sea capaz de seguir adelante. Además nadie creerá que usted pagó todas mis deudas por nada, creerán que ya no soy pura —añadió con vergüenza.

¿Esa es tu preocupación?

No se enoje —pidió.

¿Por qué no serías pura? —preguntó algo irritado—. ¿Acaso has estado con otro hombre de manera impropia?

No, yo… no… es que… —el rojo de sus mejillas la hizo cubrir su rostro con las manos.

De pronto lo entendió.

¿Crees que cruzar palabras conmigo es impuro? ¿Te he dado esa impresión? —preguntó Endeavor algo preocupado.

¡Para nada! —contestó de inmediato.

La temblorosa reacción de la pelinegra hizo reflexionar brevemente al héroe, el cual se preguntaba hasta donde llegaría su peculiar relación. Era claro que nadie pagaría tantos millones por una conversación, ¿acaso alguien le había implicado que ambos tenían algún tipo de relación? ¡Bastardos!

Rodeó entonces con su enorme brazo a la pequeña Yaoyorozu, estaba helada, como si fuera a tener una especie de ataque de nervios y la atrajo hacia él. No, lo que ellos hacían no era nada.

Hablar o consolar, abrazar o tomar su mano, no, no era impuro. Había tenido una esposa, algunas amantes ocasionales y una que otra aventura de una noche pero de todo ese mundo recorrido, su experiencia le decía que él no estaba corrompiendo a la joven que tanto le había dado en estos días.

Su ternura, su comprensión y paciencia…

¡Alto!

No, no, no, no, no.

Dio entonces unas leves palmadas al hombro de Momo queriendo ser fraterno al revelar algo que su mente había ocultado por mucho, ella levantó la mirada ya limpiándose las lágrimas para dejar que sus ojos se encontrasen.

La vio muda, sin expresión, llorosa y pidiéndole un poco de comprensión.

Ternura… —murmuró él a sabiendas que hacía lo incorrecto.

Una voz en su interior comenzó a gritarle, desesperadamente gritarle que no hiciera lo que su instinto le mandaba, le gritaba a todas voces, le rogaba que no dejara que este sentimiento de inevitabilidad lo detuviera de consolarla.

El último.

Acercó su rostro y pensando en que ella no merecía más que lo mejor le rozó los labios tan delicadamente que ni si quiera parecía que estaba haciendo lo que estaba haciendo.

La pelinegra, guiada por aquel sentimiento de autodestrucción, de pensar que no merecía nada, ni si quiera el perdón de la propia sociedad en la cual vivía, cerró sus ojos y dejó que el roce de labios se convirtiera en un beso.

Después de todo… ambos se merecían lo peor y lo peor eran ellos mismos.

Pero entonces despertó.


Fin de Episodio 07